NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE WILLIAM JOYCE CON DREAMWORKS, SOLAMENTE ME DIVIERTO AL ESCRIBIR.

¡Hola a todo el mundo! ¿Cómo han estado?Sé que me tarde más de lo usual con este capítulo pero intenté profundizar mucho una escena particular que creo les encantará. Fue un capítulo arduo de hacer, pero me siento satisfecha con el resultado; pensé alargarlo más pero sería redundante, así que el sig, capítulo promete más intensidad. Por ahora vamos a ver solo de Tooth y de Jack. Próximamente veremos de más personajes =)

Comentarios:

Shadamy1510: Auch... yo nunca he tenido que darle un rodillazo a alguien, pero si lo necesitara no dudaría de hacerlo, hay hombres muy patanes en el mundo ¡me alegra que te sepas defender bien, sobrina! =D

Ileidy: Exactamente, y Pitch quedó muy dolorido.

andreri: ¡Acertaste quién dirige la marcha! Jack será en los próximos capítulos un estrés andante todo comenzando con éste capítulo; como si las cosas se fueran a desmoronar (¿más?) Y sobre lo de Aster, aún estoy pensando exactamente qué le va a escribir el juez, aunque tengo una idea de sus palabras.

Rosary-Stefanys-Strigidae'31:¡Muchas gracias por seguir leyendo! precisamente, creo que esa parte donde Jack considera a Pippa y Tooth como el centro de sus vidas fue lo que más me gustó del capítulo anterior. Espero que también te guste este capítulo =D

Fanatica1Asoaso: ¡me alegra que te haya gustado! Y lo de Pitch... bueno, fue necesario.

Dark Jacky: Efectivamente, la grabadora tendrá importancia más adelante. Y bueno, no me dijiste quién promovió la marcha ¡espero que le hayas atinado! mil gracias por leer y comentar =)

¡Disfruten!


Capítulo 14

La Marcha

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Lunes 20 de diciembre, más tarde.

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La marcha de padres de familia había sido cuidadosamente diseñada. Pasaría frente a la escuela primaria, seguiría por la avenida principal de donde desprendían casi todos los vecindarios y llegarían a la secretaria de educación. Más de 500 personas caminaban gustosas gritando por los derechos de los niños ¡Su derecho a la diversión!

Mientras los padres pasaban frente a la escuela, causando un enfado desmedido en Pitch y absoluta sorpresa en Jack y Tooth, un hombre se alejó del grupo para caminar hacia el umbral de la escuela. Un hombre que era acompañado por una mujer y por tres niñas idénticas.

—¿Papá?—Tooth no daba crédito a eso.

Jack pudo ver de reojo el duelo interno que estaba teniendo su novia. Apretó con ternura su mano y después le dijo:

—Iré por los niños—que seguían en el preescolar—Te veo en el umbral ¿de acuerdo?

Tooth asintió sin verlo, Jack le dio un beso en la mejilla deseándole la mayor suerte posible y caminó por el pasillo hacia el preescolar. Tooth apenas lo vio alejarse y se acercó hacia el umbral.

Alan Less tenía una expresión nerviosa mientras veía a su hija mayor bajar las escaleras de la escuela con pasos cuidadosos, sin dejar de verlo en todo momento. Antes de que Alan dijera algo, Rebeca se adelantó, tocó con ternura el codo de su marido dándole a entender que le diera espacio; después de eso cogió la mano de sus trillizas y caminó hacia su Tooth. Alan se quedó ahí, estático, a cinco pasos atrás de su esposa y viendo cómo las mujeres más importantes de su vida se reunían para charlar.

—Hija—le sonrió Rebeca—Tu padre planeo toda esta marcha.

Tooth no cabía de asombro.

—Pero… ¿Por qué?—es decir, claro que la marcha iba a ayudarlos mucho ¡ella se avergonzaba de que una idea tan sencilla no se le hubiese ocurrido! ¿Pero cuál era la razón de que su padre de un día al otro haya decidido ayudarla?

Viendo cómo la incertidumbre estaba comenzando a causarle dolor a su hija, Rebeca decidió que su silencio debía ser roto. Las trillizas siempre inquietas ahora vieron a su hermana mayor con tranquilidad, sintiendo en la tensión del ambiente que debían permanecer calladas.

—¿Recuerdas la cuenta de banco que te di, amor, después de ese día?

Tooth asintió. Esa cuenta de banco había sido su salvación cuando su ex novio la dejó en ceros. Con el dinero semanal que su madre le dio pudo ponerse a trabajar, pagar sus deudas y terminar de ahorrar para vivir sola; todo mientras vivía en la casa de la señora Adams, la cual amablemente nunca le cobró un centavo.

—Bueno, esa cuenta de banco nunca la pagué yo—confesó al fin Rebeca, sintiendo cómo se quitaba un enorme peso de encima—La hizo tu padre, solo para ti.

Y Tooth sintió que el mundo en el cual estaba parada se rompía dejándole caer hacia una realidad abruptamente diferente.

¡Eso era imposible! Su padre, que nunca le había hablado, que jamás se preocupó por ella, que la echó de la casa sin escuchar sus sollozos…

—También le daba dinero a la señora Adams para que no te cobrara nada y pagó un abogado que metió a ese patán a la cárcel.—continuó su madre.

Tooth suspiró, llevándose una mano a la cabeza de forma que pudiera ocultar sus ojos. Había llorado de felicidad cuando supo que su ex novio había ido a la prisión. Ahora sabía que eso había sido obra del hombre a pocos metros de distancia. Ese hombre que le dio la vida.

—¿Por qué nunca me dijiste?—inquirió a su madre, conteniéndose de llorar—¿De verdad papá hizo todo eso por mí?

Rebeca asintió con una sonrisa. Las niñas veían como su hermana mayor estaba a punto de llorar y también su madre. Silenciosamente se preguntaron entre ellas si algo iba mal.

—Cielo, tu padre cometió errores—soltó la mano de Lana para colocarla sobre el hombro de su hija mayor, apretándolo cariñosamente—Pero jamás te ha desamparado.

Le costaba creerlo. Pero si algo sabía Tooth era que su madre jamás mentía.

—Solo escúchalo mi vida. Ha sido tan difícil para ti como para él.

Después de eso Rebeca tiró de las manos de sus trillizas y las guio de vuelta a la marcha. Escuchó a lo lejos que las niñas murmuraron preguntas que su madre prontamente silenció. Había que darles tiempo y espacio al padre y a su hija.

Alan estaba a unos cinco metros de distancia frente a su hija. Había escuchado débilmente la conversación anterior. Si bien le había pedido de favor a Rebeca jamás mencionar esas cosas, no estaba enojado de que su esposa hubiera decidido hablar al fin de la otra parte de los acontecimientos. Había sido un bruto por no tomar las medidas correctas desde el principio.

Tooth no podía negar que la situación le era muy parecida al pasado. Minutos atrás, se había quitado a Pitch de encima casi de la misma manera en que se quitó a su ex novio. Ella no salió corriendo a la casa de papá ésta vez, pero su padre sí estaba frente a ella. Fue como si el pasado se reconstruyera y ahora su padre iba a hacer las cosas bien. Tooth rezaba que esa impresión fuera la realidad.

Alan se tomó el tiempo de apreciar completamente a su hija. Algo que apenas y había hecho desde años atrás. No había crecido mucho, acaso uno o dos centímetros desde la última vez que le vio. Pero estaba más delgada y tenía el cuerpo más tonificado, realzando aún más su belleza. El cabello que siempre tuvo hermoso de alguna extraña manera le brillaba aún más y tenía un ligero maquillaje en sus ojos. No es que hubiera cambiado mucho, en los ojos violetas de su hija había un brillo diferente que no tenía relación con sus lágrimas contenidas.

Su hija había madurado.

Y él no había estado presente en esa etapa.

Recordó la última noche que la vio de verdad, ella llorando y sollozando con sus maletas en la mano. Y él negándole su apoyo. Se maldijo a sí mismo nuevamente y bajó los ojos al suelo. Recordó entonces la tabla de madera en sus manos con hojas de papel. Esa tabla lo animó a dar los cuatro pasos restantes para quedar cara a cara con su hija.

Tooth no se movió, miró a su padre caminar hacia ella y el abrigo negro ondear por el viento. Alan la miró fijamente, respirando hondo. Y habló.

—Me encontré esto en tu casa—dijo, señalando la tabla. Tooth reconoció entonces que eran las firmas de la causa—Y leí todo eso de la reforma.

Tooth se forzó mantener una mirada neutral, aunque sus intenciones reales eran de llorar.

—Muchas felicidad, hija—le dio a tabla, Tooth la tomó con manos un poco temblorosas—Siempre has conseguido lo que te propones. Me alegra saber que lo sigues haciendo.

¿A qué se refería con eso? Todavía le faltaba una firma. A no ser qué…

Tooth inmediatamente miró las hojas. Y encontró ahí, bajo la firma de su madre, la elegante letra su padre. Su padre que ahora estaba apoyando su causa. Su padre que había organizado esa marcha por la ciudad. Su padre.

Eran demasiadas emociones contenidas. Todo lo que su madre le había dicho cayó calando en su corazón. De repente, la vida que ella se había formado no la había hecho gracias a su madre. No. Fue gracias al padre que jamás la dejó, pero que estaba demasiado avergonzado con su persona como para mirar a su hija a los ojos y pedirle una disculpa.

Alan vio a su hija cerrar los ojos para contenerse de llorar. Pero él mismo ya había dejado que unas cuantas lágrimas bajaran por sus ojos. Cuando Toothiana volvió a mirarlo, dos sigilosas gotas de agua cristalina rodaban por su mejilla.

De forma lenta y tierna, Alan levantó sus manos y las curveo alrededor del rostro de Tooth. Ella no se movió, anhelado el tacto. Los dedos de su padre rozaron su piel cual pétalo de una rosa, pétalos fríos por al aire invernal. Y con sus pulgares limpió aquellas lágrimas en las mejillas de la dentista, en un gesto que había hecho previamente un montón de veces cuando su hija era una niñita. Esa caricia llena de afecto los golpeó a los dos ¿Cómo habían permitido que sus diferencias los separaran de esa forma por tanto tiempo?

—Lo siento—dijo Alan, balbuceando ligeramente—De verdad lo siento…

Tooth negó suavemente, las manos de su padre sobre sus mejillas eran ahora cálidas y confortables, le transmitían seguridad. Y sobre todo, amor. Muchísimo amor. Ese amor que solo los padres pueden dar y que ella rechazó año con año, negándose a extrañarlo.

—No—dijo, llorando abiertamente—Yo lo siento.

Y antes de saber cómo, padre e hija se dieron aquel abrazo por el que tanto habían estado esperando durante años. Tooth enterró su carita en el pecho de su padre, sintiendo cómo esos familiares y cálidos brazos la envolvían de forma natural transportándola a sus recuerdos más tiernos de la infancia. La colonia de su padre, la misma en todo ese tiempo, inundó sus fosas nasales y la hizo llorar con mayor intensidad. Hasta ese momento, no se había querido decir a sí mis cuanto había extrañado a su padre. Nunca hasta ese día en que al fin lo sentía a su lado.

De la misma forma, Alan se aferró a su hija mayor como si su vida se le fuera en ello. El perfume de su hija, el olor de su shampoo, la suavidad de su cabello y cómo su cuerpo su pequeño cuerpo podía sentirse entre sus brazos tan fino y delicado. Casi tan delicado como cuando la cargó de recién nacida. Ella era su hija. Una parte de él mismo. Y solo hasta ese momento que la tuvo nuevamente en brazos, se volvió a sentir completo.

Atrás quedaron cualquier tipo de resentimiento, de rencor o de dudas. Solamente existían ellos dos en ese momento. Ellos y el amor fraternal que solo pueden experimentar un padre con su hija. El tiempo los devolvió al pasado, a esos días en que Tooth era la única princesita de papá y toda la nostalgia emergió renaciendo con el nuevo perdón. Ya no había nada por lo cual echar culpas. Absolutamente nada. Ahora había que dejar atrás el pasado y reiniciar.

A la distancia, Norte y Sandy estaban al lado de Rebeca. Las trillizas miraron sonrientes cómo su papá y su hermana al fin parecían llevarse mejor. Norte no había visto a Alan ni a Tooth juntos desde que la dentista llegó a Burguess ya licenciada; verlos en la explanada delantera de la escuela abrazándose de esa tierna forma le hizo recordar cuando Tooth era una niña consentida de papá que jugaban con carreras de trineos en el invierno.

Sandy recordaba vagamente esos días, no era tan viejo como Norte. Nunca había preguntado abiertamente porqué Tooth se había distanciado tan severamente de su padre, cuando Alan había demostrado ser muchas veces un buen hombre. Se trató de algo intenso y profundo, de eso estaba seguro, pero ahora que Tooth estaba bien el asunto carecía de importancia. La vida se vivía momento a momento y ahora era el tiempo de la felicidad.

—Ya era hora—dijo Norte, ganándose una mirada soñadora por parte de Rebeca.

La señora Less también lloraba, pero de felicidad. Su familia al fin estaba reunida.

—¿Entonces se han conseguido las mil firmas?—preguntó Norte, recordando que eso también era importante.

Rebeca asintió.

—Mi esposo puso la última que faltaba.

Sandy casi saltó de felicidad ante esa excelente noticia. Un poco nervioso por interrumpir aquel emotivo momento, Norte caminó a paso lento hasta llegar con Tooth. Carraspeó ligeramente para ganarse la atención de los dos.

Ni Tooth ni Alan dejaron de abrazarse, pero si voltearon a verlo.

—Lamento interrumpir—y era cierto—Pero tengo un mandado por el centro y sería buen momento de entregar las firmas ¿No crees?

Tooth recordó la tabla en su mano y la miró, antes de recordar lo que significaba. Estaba tan feliz y conmocionada que se había despistado.

—Ah claro… podemos ir en un rato más ¿verdad?—preguntó, mirando a su padre.

Hinchado de felicidad, Alan asintió. No podía negarle nada a Tooth en esos momentos.

—¡Ah cierto!—recordó la dentista—Jamie y Sophie están en el preescolar con Jack. Si quieres voy por ellos…

—No, de aquí puedo ir yo.

Recordando entonces que precisamente por eso ella estaba en la escuela, preguntó de forma algo amenazante.

—¿No se supone que estabas atorado en la fábrica?

—Lo estaba—repuso el ruso—Pero mi hijo llegó a tiempo y lo abandoné en la tempestad.

Después de eso entró a la escuela. Tooht miró las firmas embelesada y por ese momento, se sentía la chica más feliz del mundo.

—¿Esperamos a Norte?—le preguntó su padre.

—Creo que sería lo mejor—dijo emocionada—A él y a Jack.

Alan asintió. El tema de Jack era otro asunto importante, pero lo dejaría para después. Por ahora agarró la mano de su hija para que los dos caminaran lado a lado finalmente, después de tanto tiempo, acercándose a Rebeca, Sandy y las trillizas.

Parecía que en la vida de Tooth, todo estaba retomando su equilibrio.

Pero mientras ella veía su vida crecer, otro chico la veía desmoronarse.

-o-

Jack estaba en el preescolar, parado frente a la ventana. Él, Jamie, Pippa y Sophie no perdían de vista en ningún momento las acciones de Tooth. La dentista se veía muy dubitativa mientras Alan se acercaba a ella, y pudieron ver que intercambiaron unas cuantas palabras. Por la distancia no pudieron apreciar todo, pero sí tuvieron una excelente visión del abrazo que se dieron.

Eso era suficiente para que Jack suspirara de alivio. Aquel abrazo tan emotivo solo podía significar que habían arreglado sus diferencias, o la mayoría de ellas. Era algo tan bueno estar nuevamente ligado hacia la familia. Jack sabía que ahora firmando las paces con su padre, Tooth cerraría las heridas del pasado y podría hacerse plenamente feliz.

El maestro pudo ver perfectamente la camioneta de Norte llegar y al ruso caminar hacia Tooth y Alan. No supo que dijeron, pero sí vio al enorme hombre de canas entrar a la escuela.

—Creo que viene por ustedes—les dijo a Jamie y Sophie—¿Listos para las vacaciones de invierno?

—¡Lista, lista, lista!—saltaba Sophie, emocionada y sonriente.

Causó una pequeña risa en Pippa por su energía y Jack se inclinó frente a la niña.

—¿Recuerdas que debes hacer, verdad Sophie?

—¡Abrazar y abrazar!—contestó con ternura, refiriéndose a lo que debía de "regalarle" a sus padres en navidad.

—Muy bien dicho pequeña.

Pasos fuertes se escucharon desde el pasillo anunciado la llegada de Norte hacia la puerta del preescolar.

—¡Niños!—dijo él.

—¡Abuelo!

Norte extendió sus brazos para que ambos pequeños corrieran hacia él envolviéndolo en un abrazo de recibimiento. Con sonoras carcajadas, el ruso aceptó el afecto de sus nietos devolviéndoles un abrazo más fuerte.

Pippa se acercó a Jack.

—Tooth y su papá estaban peleados ¿verdad?—le preguntó a su hermano con algo de inocencia y mucha curiosidad.

—Más o menos—le dijo Jack.

Pippa solamente asintió, comprendiendo ahora porqué todos parecían tan felices de que la dentista le diera un abrazo a su padre.

—¡Jack, buenas noticias!—gritó Norte cuando dejó a sus nietos en el suelo—¡Mil firmas exactas, hijo! ¡Mil firmas!

Jack rio más que feliz ¡Habían recolectado todas las firmas! Eso sumado a la marcha les dejaba el camino abierto para poder ponerse de frente a la secretaria de educación y pedir con tranquilidad la anulación de la reforma. De repente, cualquier miedo o ansiedad que hubiera guardado en su interior desapareció como por arte de magia. Había logrado su cometido, recolectando mil firmas. Se sentía tan feliz consigo mismo, que sus hombros se sintieron más relajados.

Pippa fue más efusiva, pues ella saltó de emoción aplaudiendo con sus manitas ¡Lo habían conseguido! Jack se había preocupado y trabajado mucho con los demás para que su campaña rindiera frutos ¡Y lo habían logrado!

—¡Jack eso sensacional!—dijo la niña, desbordándose toda la admiración que ya sentía por su hermano y ahora, admirándolo más.

—Lo sé.—le sonrió a su hermana—¡De verdad logramos!

Y se inclinó para cargar a su hermana besándole las mejillas con genuina felicidad.

No se habían dado cuenta de que Pitch Black estaba en el umbral de la guardería, escuchándolos, viéndolos, frunciendo el ceño ante esa celebración.

Habían recolectado las mil firmas. Ahora, las probabilidades de que la reforma se llevara a cabo eran tan pocas, casi nulas. Por no mencionar que esa maldita marcha ponía todo en su contra. Todo se salía de su control; con los puños temblándole emblanqueciéndole los nudillos, Pitch entró al preescolar recuperando su porte erguido y casi altivo.

—Buenas tardes—saludó con ese tono de hipocresía tan habitual en él—Señor Norte, temo que debo hablar un momento a solas con el maestro Frost.

Jack frunció el ceño. Recordó que minutos atrás ese idiota se había propasado con su Tooth. Cualquier cosa que quisiera hablar con él, definitivamente no podía ser buena. Norte presintió eso, pero Pitch era después de todo, y por desgracia, el jefe de Jack. Ante esa jurisdicción no podía hacer nada. Tomó ambas manos de sus nietos y miró al director con ojos gélidos y amenazantes. Pitch al verlo, casi se asustó.

—Te esperaremos en el umbral Jack ¿De acuerdo?

Norte miró al maestro y le guiñó el ojo. Jack se sintió más tranquilo, así que asintió.

—Claro, los alcanzo en un momento.

—Pippa, ven con nosotros por favor—pidió el ruso.

La niña miró furtivamente a su hermano y Jack asintió. Pippa no estaba muy convencida, pero caminó hacia Norte y le dio la mano a Jamie para salir del enorme y colorido salón. Antes de cruzar la puerta, Pippa volteó para ver a su hermana; ella simplemente presentía que iba a pasar algo malo. Jack le dedicó su sonrisa más especial: la sonrisa de que todo iba a estar bien, Respiró hondo y se fue.

Quedando solos, Jack miró a Pitch de forma inquisitiva. No estaba en absoluto feliz con su presencia, pero a final de cuentas él era su jefe y no podía ignorarlo, al menos no por ahora.

—Interesante su jugada, maestro—le dijo Black fingiendo admiración—Ese numerito en el festival dando lástima a la gente, ésta marcha…

—La marcha no fue mi idea—rebatió rápidamente. No mencionó nada del festival porque no quería recordar que Henry los había encontrado.

—Como sea—Pitch se encogió de hombros—Le dije claramente desde que usted se negó a aceptar mi propuesta lo fácil que iba a ser perjudicarlo en caso de que me diera algún problema.

Los ojos amatistas de Pitch miraron fijamente a Frost, entrecerrando los ojos y frunciendo el ceño. Estaba enojado, muy enojado.

—Y me has dado varios problemas—escupió las palabras.

Una sonrisa torcida apareció en el rostro de Jack de forma involuntaria. Años atrás, causar problemas era su pasatiempo favorito. Los vecinos del barrio donde vivían habían aprendido a temerle a su presencia. Todo eso cambió cuando Pippa nació, su hermana que necesitaba de un buen modelo a seguir. Y ese cambio se agudizó cuando se convirtió de la noche en la mañana en el tutor de la niña. Pero claro, los viejos hábitos nunca mueren, y causar problemas le era extrañamente reconfortante.

Más reconfortante eran cuando se causaban problemas por hacer algo correcto. Jack se había preocupado mucho en hacer esa campaña para evitar la reforma educativa, con esas mil firmas lo había conseguido. Se sentía feliz consigo mismo, prácticamente realizado y las ansiedades se habían alejado de su cuerpo, dándole una sensación de paz.

Pero esa sensación se desvaneció al siguiente segundo cuando recordó que Pitch Black, seguía siendo su jefe. Y que tenía acceso a mucha papelería que obviamente era perjudicial para su persona. No podía arriesgarse a molestar a nadie, y de hecho había sido en extremo cauteloso para que la gente apenas y se diera cuenta de que él estaba en contra de la reforma educativa.

Pitch en cambio se había percatado de las emociones contradictorias en el chico frente a él y sonrió de forma petulante. Era el momento.

—Así que lo diré de la forma más sutil posible—y juntó las manos tras su espalda, dándose la media vuelta—Está despedido.

Jack abrió desmesuradamente los ojos.

¿Cómo había dicho?


¡Tarán! eso es todo por ahora.

Creo que este capítulo me quedó más corto que el anterior... no lo sé a ciencia cierta porque no los comparé, pero creo que el siguiente me quedará más largo (lo que llevo ya es algo y me faltan cosas de poner) espero que les haya gustado y también espero actualizarles pronto porque lo dejé en una parte muy crítica xD

¡Mil gracias por leer!

chao!