Capitulo 14.
Verificando a toda prisa que no hubiera nadie observándolo, Shikamaru buscó la llave que Naruto siempre guardaba oculta en una de las vigas del edificio y entró con urgencia al interior de la pequeña casa.
No tenía mucho tiempo, se recordó a sí mismo, obligándose a ignorar el lamentable estado en que se encontraba la casa de su amigo, mientras avanzaba hacia el cuarto que fungía de dormitorio: había una gruesa capa de polvo sobre el piso y los muebles, en las esquinas habían botellas, vasos que en algún momento debieron contener ramen… y sin embargo, en cuanto abrió el pequeño closet de Naruto y provocar el derrumbe de objetos amontonados que cayó a sus pies, el estratega no pudo seguir ignorando el hecho de que su amigo era exageradamente desorganizado y vivía prácticamente en un cochinero…
-Tsk, mendokusai – gruñó por lo bajo retrocediendo un par de pasos, incapaz de detener aquella cantidad de basura acumulada, que inconvenientemente para él, se precipitó abruptamente hacia el suelo levantando una gran cantidad del polvo acumulado…
Y aunque el muchacho intentó cubrirse parte del rostro para evitar el polvo, lo cierto es que fue imposible de evitar: en aquella pequeña estancia había suficiente polvo como para rellenar la calabaza de arena del Kazekage, y aunque por un instante el Nara consideró esperar a que todo aquello se asentara, al sentir el fino polvo colarse en su nariz y garganta, provocándole unas ganas tremendas de toser, se precipitó hacia la ventana…
¡Al diablo con que los vecinos no se dieran cuenta de que había entrado a la casa de Naruto sin permiso!, pensó el de la coleta casi desesperado, sacando incluso la cabeza por la ventana mientras buscaba poder respirar aire fresco… y de no haber tenido en mente todavía lo importante que era obtener un cambio de ropa de manera urgente, lo cierto es que Shikamaru hubiera salido huyendo en ese mismo momento…
Pero el muchacho no lo hizo. No.
Tras unos segundos en los que estuvo tosiendo, armándose de valor y llenando los pulmones de aire limpio, el joven estratega se apresuró a internarse de nuevo en aquella nube de polvo en que se había convertido el hogar del jinchuriki de Kyubi, y con los ojos más bien cerrados buscó a tientas en el closet del rubio un par de prendas, las que fueran, y sin detenerse a comprobar el color ni el tamaño, salió a toda prisa del pequeño departamento, sin molestarse en devolver la llave a su escondite y mucho menos de ir a cerrar la ventana…
No sabía por cuanto tiempo más su amigo se encontraría fuera de la aldea, y sin embargo, Shikamaru confiaba en que ya tendría tiempo más tarde de encargarse de poner un poco de orden en el desastre que había provocado. Al menos eso se dijo mientras corría de vuelta por las calles de la aldea hacia el departamento de Temari, aunque todavía con el molesto polvillo en la nariz y garganta…
De hecho, mientras corría, la tos volvió a acosarlo, y cuando llegó bajo el árbol en que había prometido esperar a la ojiverde, agitado por la carrera y por la tosesilla molesta con que su organismo había decidido combatir la molestia y despejarle las vías respiratorias, el Nara tuvo que hacer un enorme esfuerzo por mantener la compostura lo más pronto posible para no darle a saber a la rubia nada de su precipitada aventura…
Y sin embargo, su esfuerzo fue mayormente vano, dado que al abrir la puerta, la embajadora de Suna fácilmente notó la agitada respiración de Shikamaru, aunque claro, ella se lo achacó a sus intentos por contener la tos…
-Shikamaru, ¿porqué no pasas y preparo un poco de té? – dijo Temari casi sin pensar…
-No es necesario, estoy bien – le respondió al instante él, también casi sin pensar... y sin embargo la ojiverde, entrecerrando los ojos al escuchar su voz ligeramente asfixiada por la irritación en su garganta, sin hacerle caso a su respuesta, abrió completamente la puerta y le con voz firme y seria que no admitía réplicas, le ordenó…
-Entra ahora mismo vago, si no quieres que te arrastre hasta acá – le dijo, mirándole mal…
Y aunque por un instante el muchacho consideró replicar, evaluando los posibles riesgos que aquella actitud le causaran a su integridad y a su plan, finalmente accedió…
-Hai, hai – dijo, y Temari, sonrió victoriosa…
-Con un solo hai es suficiente – dijo, y sin notar la mueca de sorpresa de Shikamaru al escuchar aquella frase que solía usar su madre, la de coletas se dirigió tranquilamente hacia la cocina a prepararle un buen té caliente…
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