Disclaimer: Ranma 1/2 o cualquiera de sus personajes no me pertenecen. Son de Rumiko Takahashi.


ALGO INESPERADO

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CAPÍTULO 14

Durante toda esa semana Akane no le dirigió la palaba a su hermana. Evitaba estar con ella en la misma estancia y en la mesa la ignoraba por completo. El pensar que hacía todo aquello sólo por diversión era demasiado doloroso. El resto de la familia tomó la situación con filosofía, algunos porque sabían el verdadero trasfondo de la cuestión y otros porque temían hacer enfadar aún más a la pequeña de las Tendo.

El sábado se preveía un día duro para Akane, pues al no haber clases su hermana estaría todo el día en casa, con lo que eso le suponía.

Se levantó temprano para irse a correr, como cada mañana. Ese momento consigo misma, centrada nada más que en la carretera y en el siguiente paso de su carrera, era como una droga para ella. El ejercicio matutino le servía para relajar la mente y enfrentar el día con mayor vitalidad. Desde que su maldición se había vuelto permanente había aumentado progresivamente los kilómetros que corría cada mañana. El aumento de resistencia física y la necesidad de tener ese ratito para ella hacía que cada mañana estuviera al menos dos horas fuera de casa.

Nabiki, que conocía bien las costumbres de su hermana, lo tenía todo organizado para ese momento. Uno a uno fue despertando a toda la familia, a excepción del artista marcial, y fue contándoles el resultado de sus pesquisas y el plan que tenía preparado. Le costó trabajo evitar que los dos patriarcas no montaran una fiesta allí mismo, y poco a poco y por orden de la muchacha, fueron dejando vacío el dojo Tendo.

Al cabo de una hora Ranma despertó. Le pareció muy rara la falta de los sonidos cotidianos de la mañana. Para empezar no escuchaba a su padre roncar, cosa harto extraña, pues el voluminoso panda no se caracterizaba por levantarse antes que él los fines de semana. Tampoco escuchaba el trajín en la cocina que provocaban Kasumi y Nodoka, así como no se oía ni una sola voz en el salón. Todo aquello le resultó bastante raro, así que con sigilo deslizó la puerta de su habitación y se dirigió al piso inferior, en busca de los habitantes de la casa.

Al no encontrar a nadie abajo se fue hacia el dojo, pues era el único lugar en el que podrían estar… ¿escondidos, quizás? Con esa familia todo era posible.

Abrió con cautela la pesada puerta y tampoco allí encontró a nadie, aunque algo sí que le llamó la atención. Sobre su gi de entrenamiento, que había dejado pulcramente doblado la tarde anterior, había una nota que estaba seguro no era suya.

Con cuidado la tomó y comenzó a leer. Era de Nabiki.

Querido cuñadito:

Si te conozco como creo que te conozco, habrás llegado hasta aquí buscando el por qué de tanto silencio en esta alborotada casa. He pensado que estaría bien daros un poco de intimidad a ti y a mi hermanita y he convencido a la familia para salir fuera este fin de semana.

Ayer por fin tuve noticias de mi contacto y al parecer todo salió a la perfección. Pronto el castaño y la pelirroja serán parte del pasado. He de decirte que los echaré de menos, sobretodo a la pequeña pelirroja. La verdad es que le había tomado cariño después de estos años con ella… en fin, estoy segura de que tú no la extrañarás en absoluto.

Si vas a mi habitación verás encima de la cómoda los dos barriles que tanto ansías. Ve con cuidado no los rompas ni la cagues de nuevo, ¡no creo que pueda volver a conseguirlos!

Tómalo como mi regalo de bodas y de todos vuestros futuros cumpleaños.

Dile a mi hermana que la quiero mucho, y que no se sienta mal por nada de lo que ha pasado esta semana. Ya hablaremos cuando vuelva.

Saludos,

Nabiki.

Ranma se quedó de piedra. ¿En serio la cura estaba tan sólo a unos metros de él? Cuando por fin lo asimiló corrió veloz hacia del cuarto de la mediana de las Tendo, aunque aún albergaba una pequeña duda por si aquello era tan sólo una broma macabra de su cuñada. No sería capaz... Parecía muy sincera cuando le contó toda aquella historia unos días atrás.

Entró como un rayo en la habitación y, tal como decía la nota, allí estaban los dos barriles que contenían el fin de sus desdichas.

Ranma se quedó parado mirando fijamente el barril en el que se veía una etiqueta escrita a mano en la que se podía leer "Agua de la poza del hombre ahogado". Cogió lentamente el barril, con mucho cuidado, como si de tan sólo un roce pudiese quebrarse y, sumido en estado de estupefacción, se arrodilló en el suelo, incapaz de creerse lo que tenía entre las manos.

Un sinfín de imágenes de la pelirroja comenzaron a pasar por su mente. Se vio vestido de mujer en multitud de ocasiones, en bañador, en kimono, en mallas… Se vio siendo menospreciado por sus contrincantes, siendo manoseado por el maestro, por Kuno… Siendo besado por Mikado… Esa última imagen se repetía una y otra vez, pues no concebía mayor humillación. Y con aquella imagen en la mente, hizo algo que no acostumbraba a hacer: Lloró.

Lloró por aquellos años de maldición impuesta. Lloró de alivio. De frustración. De rabia. Desahogando sentimientos que de normal reprimía. Lloró por todo lo que no lloró durante todo ese tiempo. Y lloró de felicidad, porque entre sus manos tenía el fin de todo aquello.


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Akane llegó de su carrera matutina cansada y sudada. Lo único que le apetecía era darse un buen baño y comer los deliciosos bollos de Kasumi. Al entrar notó el silencio de la casa vacía, pero antes de averiguar dónde se había metido su familia se dirigió al piso superior, directa a su habitación a por ropa para cambiarse. Al pasar por el cuarto de su hermana vio algo que le chocó completamente. Su prometido estaba en el suelo, de espaldas a ella, con la mirada fija en algo que tenía entre las manos. Se acercó un poco más a él y se percató de las lágrimas que surcaban sus mejillas.

- ¡Ranma! ¿Qué…qué te pasa? - Akane miraba extrañada cómo su prometido lloraba como no lo había visto en años.

El chico se sobresaltó al oírla, pues estaba totalmente en otro mundo y no se había percatado de su presencia. Se giró y la vio a su lado, agachada, mirándolo con cara de preocupación.

- ¿Qué tienes? - Repitió.

Ranma dejó el barril en el suelo y atrapó a Akane en un fuerte abrazo lleno de sentimientos que la chica no lograba descifrar. Esto la preocupó aún más.

- ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? Estás… llorando - Le dijo ella, deshaciendo el abrazo y mirándolo directamente a la cara, quitándole una lágrima solitaria que quedaba en su barbilla.

Sin mediar palabra, Ranma cogió el barril y se lo pasó a su prometida. Ella lo miró y leyó la etiqueta, abriendo enormemente los ojos y la boca, incapaz de pronunciar palabra. Acto seguido Ranma le acercó el segundo barril, el que contenía la cura para ella. Al leer la etiqueta aún se sorprendió más.

- Pero… pero… ¿Cómo…? - Las palabras no salían de su boca. Suerte que ya estaba arrodillada en el suelo, pues si no se hubiera caído de la emoción.

Estaba perpleja. No entendía cómo de repente aquellos barriles estaban en su casa, en manos de su prometido, y en el cuarto de… ¿Nabiki? Akane no entendía nada. ¿Qué tendría que ver su hermana con todo aquello? ¿Eran reales esos barriles? ¿De verdad el agua de las pozas estaría allí dentro?

Miró a su prometido. Los restos de lágrimas aún se veían en sus mejillas, pero una radiante sonrisa cruzaba su rostro de lado a lado. Por su expresión parecía que todo aquello era cierto.

Al verla allí, Ranma había vuelto a la realidad. Los días de la pelirroja habían llegado a su fin, pero antes tendrían que acabar los días del castaño.

- El por qué y el cómo te lo contaré luego - Dijo el chico, mientras quitaba la tapa de uno de los barriles - Ahora vamos a darnos un remojón. Ve pensando qué vestido te vas a poner hoy - Le guiñó un ojo a la vez que le sonreía.

Internamente Ranma le rogaba a los dioses para que aquello funcionara. Al no saber exactamente qué era lo que Shampoo le había tirado para que la maldición se volviera permanente, tampoco estaba cien por cien seguro de que aquello fuera la cura para ella, pero no perdía la esperanza.

Colocó el barril sobre la cabeza de Akane y lo vació lentamente, viendo cómo delante de sus ojos, su adorada marimacho volvía a la normalidad. Su cabello azulado, su blanca piel, sus jugosos labios. Envuelta en aquel chándal cuatro tallas más grande que ella, y con el pelo chorreando, sencillamente le pareció el ser más hermoso de todo el planeta.

Akane recuperó su cuerpo aún sumida en estado de shock. Lentamente notó cómo bajaba de estatura, cómo crecían sus senos, cómo se estrechaba su cintura… Se llevó las manos a la cara y la notó tersa y suave… Dos enormes lagrimones surcaron sus mejillas.

Ranma lanzó el barril a un lado y la abrazó con desesperación. La alegría le inundaba por dentro. Estaba tan feliz que, para su sorpresa, sus ojos se volvieron a humedecer. ¿Desde cuándo se había vuelto tan sensible? Se separó de ella y le acarició la mejilla, llevándose con su pulgar las lágrimas de Akane.

- Estás guapa hasta cuando lloras - Cuánto había añorado aquel rostro, aquella sonrisa. Ranma la miraba embelesado. Aún no podía creer que todo aquello fuera real. No tendría vida suficiente para agradecerle a Nabiki aquel regalo.

Akane, que aún no había hilado dos palabras seguidas, seguía sin entender nada de lo que pasaba. Sólo sabía que ella había vuelto a normalidad y que había otro barril con el que Ranma también lo haría. Como si le leyera los pensamientos, Ranma se acercó con el agua de Nannichuan en la mano y se la dio a la muchacha. No se lo iba a decir en ese momento, pero si la cura de ella no hubiera funcionado, él no hubiera utilizado el agua para volver a la normalidad. Era algo que harían juntos… o que no harían.

- ¿Quieres hacer los honores? - Le preguntó él, con una sonrisa, ofreciéndole el barril.

Akane tomó el agua e, imitando a su prometido, vació lentamente su contenido sobre el oscuro cabello del muchacho. Nada pasó. La pelirroja no apareció. Tan sólo el agua resbalando por los azabaches cabellos del chico.

Se quedaron mirando a los ojos, ambos empapados, callados, pero con una sonrisa que delataba la inmensa felicidad que les embargaba en esos momentos. Igual que Ranma hiciera con ella minutos antes, Akane pasó la mano por la mejilla del muchacho, en una tierna caricia.

- Tú también estás muy guapo - Le susurró en una sonrisa.

Akane cerró los ojos, en espera de un beso que llevaba deseando desde hacía ya demasiado tiempo, pero por el contrario, recibió un estirón por parte del muchacho, que le había cogido fuertemente la muñeca y la llevaba casi a rastras por el pasillo.

- ¿Qué.. qué pasa ahora? - Preguntó confundida.

- ¡Falta la comprobación!- Gritó el muchacho, en estado de euforia - ¡Tengo que ver que esto es cierto!-

Se dirigió a toda prisa hacia el baño y sólo soltó a la chica cuando estuvieron ambos parados al lado de la bañera. Cogió la ducha y se la dirigió hacia él mismo, a la vez que abría el agua fría.

Nada.

Seguía siendo tan varón como el día en que nació.

Acto seguido enfocó la ducha hacía su prometida y la mojó de arriba a abajo. Ella tampoco sufrió cambio alguno.

En ese momento Ranma sí fue consciente de que por fin había logrado lo que tanto había anhelado. Cogió a Akane por la cintura y, alzándola, comenzó a dar vueltas con ella, riéndose a carcajadas. Akane también reía, feliz por él, por ella, por ambos.

Cuando la cabeza empezó a darle vueltas, Ranma dejó de girar y bajó lentamente a la chica al suelo, con sumo cuidado y sin dejar de mirarle a los ojos. Akane lo miraba maravillada. Le acariciaba una y otra vez el rostro, fijándose en que eran sus manos, sus pequeñas manos de mujer, las que lo tocaban.

Ranma tampoco podía apartar su vista de ella. Había sido largo tiempo de no ver aquella carita de ángel que lo volvía loco. Su vista se centró en la boca de la muchacha. Aquellos apetitosos labios con los que soñaba cada noche. Despacio, disfrutando del momento, fue deshaciendo la distancia que los separaba, hasta que un sutil roce les provocó un pequeño escalofrío a ambos, que los recorrió de arriba a abajo, fruto de tanto deseo contenido.

Se besaron lentamente, deleitando, recordando, saboreando… Se separaban para mirarse un segundo, para constatar que todo aquello era cierto, para perderse en los ojos del otro, para amarse con la mirada… y volvían al placer de saborear los labios anhelados.

Poco a poco los besos subieron de intensidad. La boca ya no era suficiente y, para Ranma, el cuello de Akane se volvía adicción pura. Sabía dónde besarle para provocarle aquellos pequeños gemidos que tanto había añorado. De tan sólo escucharlos, los pequeños escalofríos que antes le recorrieran pasaron a ser corrientes eléctricas que le lanzaban descargas inundándolo completamente de deseo. Había echado tanto de menos tenerla entre sus brazos, acariciarla, besarla… que nada era suficiente para aplacar las ganas que tenía de ella. Sus manos recorrían ansiosas el cuerpo de la muchacha, ávidas por descubrir lugares antes inexplorados.

Akane aceptaba gustosa los avances del chico, pues en el tiempo en el que la maldición se apoderó de ella, anheló aquellos fuertes brazos rodeándola, tocándola con deseo, deseándola con cada toque.

Aquellas caricias en su cuello eran incluso mejores que como las recordaba. Con cada roce del muchacho sentía algo bullir en su interior. Cuando, además, él sonreía sin apartar los labios de su clavícula y le susurraba con ternura cómo había echado de menos aquello, una sensación indescriptible la consumía por dentro.

A pesar de estar ambos empapados de pies a cabeza, el calor comenzó a ser sofocante en aquel baño. Akane lentamente fue desabrochando cada uno de los cierres de la camisa del chico. Quería deleitarse tocando y acariciando cada centímetro de aquel trabajado torso.

Él no se quedó atrás y se deshizo de la chaqueta y la camiseta deportiva que ella llevaba.

Cuando sus cuerpos entraron en contacto mil sensaciones distintas los recorrieron. Jamás habían llegado a ese punto. Las manos de Akane recorrían la espalda y el torso de Ranma con movimientos circulares, disfrutando cada centímetro de su piel. El chico cerró los ojos, dejándose llevar por tan placentero contacto. Aquellas caricias lo transportaban al séptimo cielo.

Armándose de valor, y con movimientos algo torpes, propios de quien hace algo por primera vez en su vida, Ranma empezó a desabrochar el cierre del pantalón de su prometida, pero aquel cierre era endemoniadamente complicado para sus temblorosos dedos. Akane, al ver las dificultades por las que pasaba el chico, le miró dulcemente y apartó sus manos.

- Tranquilo, Ranma, ya lo hago yo - Le dijo con voz suave.

Viendo el camino que tomaba las cosas, y con el último resquicio de razón que le quedaba, Ranma se separó de su prometida y la miró fijamente a los ojos, en busca de su aprobación para el gran paso que estaban a punto de dar.

- ¿Estás… segura… de esto? - Preguntó en voz baja entrecortada.

- Estoy más que segura, Ranma. - Contestó ella en un susurro, rodeándole el cuello con los brazos - Te quiero -

Él le regaló una sincera sonrisa - No más que yo a ti - Le dijo, antes de volver a besarla y cargarla en brazos hasta su habitación.


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Tumbados en la cama, de lado, mirándose a los ojos sin decir nada y ruborizados hasta las cejas, los muchachos no acababan de creerse lo que acababa de suceder. Sí, era cierto que el haber recuperado sus cuerpos era algo impresionante, pero entregarse por completo a la persona amada había sido… bueno, no existían palabras para describirlo.

Akane sostenía la sábana entre ellos, tapándose, como avergonzada de mostrarle su cuerpo a él. Mirándola fijamente, sonriendo, Ranma le colocaba un mechón travieso que no quería volver a su sitio.

- ¿Sabes? He decidido que así es como más me gustas - Le dijo dulcemente.

- ¿Así, cómo? - Murmuró ella, perdida aún en el mar de sus ojos.

- Así, desnuda y con el pelo revuelto -

Akane se ruborizó aún más, si es que eso era posible, y escondió su rostro en el pecho de él.

- ¿Qué te pasa? - Preguntó él, riendo.

- ¡No me digas esas cosas! - Le contestó ella desde su pecho.

- ¿Qué cosas? ¿Que me gustas? -

- No tonto, ya lo sabes - Separó su cabeza para mirarlo.

- Hace un momento no te importaba para nada lo de estar desnuda -

- Hace un momento no pensaba mucho, la verdad -

- Me encanta ver cómo te sonrojas - Le regaló otra caricia que iba a ir seguida de un beso, pero algo lo interrumpió a mitad.

- ¿Eso son tus tripas? - Le preguntó Akane, entre carcajadas.

- ¿Qué quieres? ¿Sabes la hora qué es? ¡Estoy acostumbrado a desayunar pronto! - Espetó el chico.

- Sí, ya lo sé. La verdad es que ya es casi mediodía - Dijo ella - Al parecer algo te ha distraído hoy - Le guiñó un ojo.

- Sí, eso parece - Contestó él sonriendo, mientras se levantaba de la cama - ¿Bajamos? Voy a desmayarme como no coma algo. Seguro que Kasumi nos dejó algo preparado -


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Una vez ya en el salón, comiendo los deliciosos platos de la mayor de las Tendo, Akane comenzó con el interrogatorio que hacía rato llevaba en la cabeza.

- Y bueno, ¿voy a seguir con la intriga mucho más?¿Me vas a contar la historia de todo esto o lo tengo que averiguar sola? -

- ¿No te basta con saber que tu estupendo prometido te consiguió la cura? - Contestó él, sonriendo de lado.

- Ehhh…pues no. Quiero saber la historia entera, y sobretodo quiero saber por qué no me dijiste nada. Yo creía que no había secretos entre nosotros - Le recriminó ella.

- Lo prometí -

- ¿Lo prometiste? - Akane frunció el ceño - ¿A quién? -

- A Nabiki -

- ¿Nabiki? ¿Y qué tiene que ver Nabiki en todo esto? -

- Fue ella quien consiguió los barriles - Le dijo él, mirándola, esperando su reacción.

Akane abrió los ojos de par en par. Entre panecillos y bolas de arroz, Ranma le contó toda la historia que le había relatado su cuñada la semana anterior. También le explicó lo de la nota que encontró en el dojo y el por qué su familia no se encontraba allí. Akane escuchaba perpleja. Había juzgado mal a su hermana, y la había ignorado deliberadamente toda la semana cuando ella se estaba esforzando tanto por conseguirles el agua. Su rostro se tornó serio. Ranma supo al instante qué era lo que pasaba por la mente de su prometida.

- Akane, no te preocupes, tu hermana entiende que te enfadaras con ella. Cuando vuelva aclarareis las cosas -

- Es que me siento fatal, Ranma - Murmuró ella - Yo estaba muy enfadada y sin embargo ella sólo trataba de ayudarme. Soy una persona horrible -

- Eres la persona más maravillosa que yo me haya cruzado nunca, así que no digas eso - Le cogió la barbilla para que lo mirara y atendiera a sus palabras - Cuando Nabiki vuelva todo se solucionará. Os daréis un abrazo y la semana que viene ni os acordareis de esto -

- Ojala sea así -

- Estoy seguro de que será así -

Mirando a Akane, vio que seguía con el tema de su hermana en la cabeza, así que se propuso hacerle olvidar aquello por lo que quedaba de día.

- ¿Oye, qué te parece un poco de entrenamiento ahora? - Dijo, acabando con el último bollo que quedaba - Seguro que tienes oxidado ese bonito cuerpo tuyo -

- ¿Ahora? - Preguntó ella - Acabamos de comer, ¿quieres que vomite todo o qué? -

- Cierto… - Se quedó pensativo - Pues vayamos al parque a dar un paseo. ¿Ya decidiste qué vestido usarás hoy? -

Esa idea le gustó más a la chica, que subió a toda prisa a abrir su armario y vestirse para la ocasión. Lo primero que hizo al llegar a su habitación fue tirar toda la ropa de hombre a una esquina, pues ya no le serviría para mucho, felizmente. Luego se dispuso a probarse faldas y vestidos, a fin de elegir uno apropiado para su cita.


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Ya era de noche cuando subieron al tejado. A pesar de que aquel día no había nadie en casa y se respiraba tranquilidad en todos los rincones de aquel hogar, se les había hecho costumbre subir a contemplar las estrellas juntos. Aquel día, más que ningún otro, querían estar juntos cada segundo.

Recostados sobre las tejas, con la cabeza apoyada en el brazo de él y disfrutando de un cómodo silencio, Akane hacía repaso mental a su vida, a cómo había cambiado desde que el artista marcial entrara en ella, un frío día lluvioso. Aventuras, desventuras, peleas… pero sobre todo amor, eso es lo que aquel chico le había traído. Se abrazó con fuerza a él, enterrando su cabeza en su cuello.

- Mmmmm.. . Gracias - Le susurró.

- ¿Gracias? ¿Gracias por qué? - Preguntó él, sin saber a qué venía aquello.

- Por estar en mi vida. Por quererme - Le miró tiernamente a los ojos.

- Entonces las gracias te las tengo que dar yo a ti, por dejarme estar en tu vida… y por enseñarme a querer -

Ella le sonrió y le dio un fugaz beso en los labios, volviendo a recostarse sobre su hombro.

- ¿Y ahora qué? - Preguntó Akane, mirando las estrellas.

- ¿Ahora qué de qué? - Contestó él con otra pregunta, pues no sabía a lo que se refería su prometida.

- Pues que sin maldición, sin prometidas… tu vida se va a volver algo aburrida, ¿no? - Preguntó en tono de broma.

- Aburrida no. Mi vida va a ser normal. Y no sabes lo que anhelo tener una vida normal. Además, me queda una prometida, ¿no? - Bromeó él.

- Siento decirte esto, Ranma, pero no creo que tu vida sea normal nunca - Akane se incorporó, quedando sentada a su lado, mirándole - Siempre aparecerá alguien retándote, otra prometida o… - Se quedó callada de repente.

- ¿O qué? - Preguntó él, intrigado de por qué había dejado de hablar.

- O puede que vuelva Shampoo - Contestó ella en un susurro, como no queriendo tentar al destino.

- No creo que vuelva, pero si lo hiciera, créeme que no dejaría que se acercara a ti -

- También puede que vuelva a por ti, airén - Contestó con sorna.

- No te preocupes por ella, no vale la pena. Además, tengo un as en la manga -

- ¿Ah, sí? -

- No vacié tu barril entero. Aun que da un poco de agua para ti, por si las moscas -

Akane se quedó callada unos segundos. Luego le sonrió dulcemente. Él siempre hacía cosas como esas, pensando en ella.

- Tampoco yo vacié tu barril…- Le comentó ella - Aunque lo hice pensando en el tío Genma, la verdad -

Ranma sonrió para sí mismo - Bueno, mejor la guardamos junto con la tuya, para posibles problemas futuros. No estoy seguro de que mi padre quiera utilizar el agua. Con mi madre cerca, a veces le conviene mucho convertirse en panda y pasar de todo -

- Sí, tu padre es único para según qué cosas - Sonrió Akane, recordando cómo su tío se escabullía de su mujer.

- Sobretodo fue único para encontrarme esposa - Le contestó Ranma, incorporándose y mirándola a los ojos - Ni yo la hubiera elegido mejor -

Akane sonrió ante el comentario, con una sonrisa de aquellas que sabían que a él le encantaban, y poco a poco se acercó a besarle. Quién le hubiera dicho que aquella promesa hecha entre dos hombres, antes incluso de que ella naciera, le iba a traer a aquel muchacho tan maravilloso a su vida. No podía pedir nada más. En ese momento era inmensamente feliz.

FIN

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Vaya! Se me ha hecho hasta raro escribir la palabra fin! Jejeje.

Antes que nada quería dedicarle este último capítulo a Romina, primero porque me he deshecho de la pelirroja (ohhhh), con lo que a ella le gusta…. segundo porque no se han ido a China y porque no ha aparecido Shampoo…jejeje… pero sobre todo por estar ahí desde el principio. Gracias!

La verdad que cuando empecé a escribir es te fic no pensé que me iba a llevar tanto. Pensaba que en cuatro capítulos lo acabaría todo, pero mira, aparecieron Ukyo y Shampoo haciendo de las suyas y claro, la cosa se alargó. ;-)

Como ya dije, es el primer fic que escribo, y la verdad que en algunos momentos se me ha hecho cuesta arriba. No pensaba yo que esto sería tan complicado!

Estoy segura de que me habré ido al OOC en alguna ocasión, pero me ha parecido muy difícil imaginarme cómo serían ellos una vez se confesaran sus sentimientos y estuvieran en una relación estable. Supongo que cada una de nosotras tiene su manera de imaginárselos juntos y seguro que muchas de vosotras pensáis que esto o aquello hubiera estado mejor de otra forma. Por favor, hacédmelo llegar. Quiero saber vuestras opiniones al respecto, también en cuanto a la redacción o la ortografía (intento no cometer faltas, pero alguna habrá, seguro). Pienso que todo eso puede ayudar a una novata como yo a mejorar para el futuro.

Bueno, deseo que os haya gustado y que hayáis pasado un rato agradable con nuestra pareja favorita.

¡Muchas gracias por estar al otro lado!

Ele.