NA: Una nota inicial, solidaria con las personas que están pasando por dificultades en este momento; no solo como mexicana, me refiero a otros sitios en que están ocurriendo afectaciones que exceden a las situaciones normales. Fuerza para todos ustedes, que pueden no estar leyendo esto, para sus familias, sus amigos, sus conciudadanos. Y para los demás, si tienen la oportunidad de apoyar o ayudar, muy provechoso será para quienes lo necesiten.
El día que tu corazón me encuentre
por MissKaro
Catorce
Kotoko sintió una gota de sudor descender en su nuca, y no por sus cólicos, sino por escuchar a oba-san. Si Konomi y Yuuki no terminaban juntos con las estratagemas de Noriko-san, no creería que habría otro modo.
Ella quiso hacerlo dulce, pero la mayor parecía habérselo tomado a pecho, como si el propósito de su vida fuese ver a su hijo con novia. Se preguntaba si haría lo mismo con Irie-kun y cualquier mujer.
Eso le dio una punzada en el pecho, pero se había resignado a guardarse los recientes aceptados sentimientos por él. No pasaría por lo mismo de antes, incluso si él se portaba amistoso con ella. No arriesgaría a terminar con el corazón herido, peor que antes, porque esa vez sentía emociones más fuertes por Irie-kun, producto del contacto más cercano. Resguardaría su corazón y se confirmaría con verlo de lejos, o de cerca, sin ser nada más que la hija del amigo de su padre, y su empleada.
Eso no la haría tan feliz como estar a su lado románticamente, pero le evitaría el profundo desamor que vendría por el rechazo.
Tan triste era que no aspiraba ser correspondida.
Si de jóvenes, cuando podría decirse que estaban en niveles más cercanos, consiguió una oportunidad, así de adultos, y exitoso como era Irie-kun, menos posibilidades tendría.
Así era, no sería la primera joven pasando por eso, ni la última.
—Te perdiste mucho tiempo, Kotoko-chan, ¿hay algo que te preocupe?
Pestañeó ante las palabras de Noriko-san y negó.
—¿Qué me decía, oba-san? —preguntó, con una sonrisa.
—Hay algo que quiero enseñarte, mira.
Ella colocó un álbum rosa sobre sus piernas, y Kotoko se imaginó que era de su boda, sin título.
En su lugar, al abrirlo, vio a una niña que le parecía tremendamente familiar.
—¿Quién es ella?
Noriko-san rió ligeramente. —Onii-chan —susurró, haciéndola palidecer.
¿De verdad? ¿Y por qué vestía así?
—Siempre quise una niña y durante el embarazo lo pensé tanto que me volví loca comprando cosas. Cuando nació onii-chan, decidí no malgastarlas... Y luego, se veía tan lindo que seguí haciéndolo. Pero eso hizo una brecha entre los dos, nos llevábamos tan bien.
Sintió un escalofrío, Noriko-san era de temer.
—¿Por qué una brecha? —musitó, hojeando.
—Un día de natación descubrieron que él no era niña, sino niño. Y desde entonces se volvió terriblemente cerrado, además de que con su gran capacidad mental se aisló de los otros, creyéndose diferente. Y dejé de notarlo divertido.
Kotoko rechazó las acciones de la madre de Irie-kun, aunque advirtió su arrepentimiento; se sintió terriblemente mal por él, pasando por eso. Halló sentido a su modo de ser y hasta su rechazo.
Pobre Irie-kun.
Pero ella se haría su amiga y lo ayudaría a divertirse, tan solo como apoyo por ese triste momento que debió vivir y sus consecuencias. Adquirió un poco de sentido su última charla.
—Cuando él estaba por terminar la universidad, conversamos y le pedí disculpas —continuó Noriko-san—. Y dejé de insistir, solo un poco, con juntarlo a alguna chica. Él me confesó que en su segundo año tuvo un noviazgo muy breve, y que lo ocultó porque ella no fue importante y por cómo era yo con él. Insistía como modo de resarcirme y de verlo feliz... es lo que siempre he querido.
¿E iba a hacer lo mismo con Yuuki? Debía hacerle falta entretenimiento.
—Oba-san —pronunció ella débilmente, sin saber qué decir.
—Hasta tuve que resignarme a que se fuera dos años. —Suspiró—. Admito que le sirvió estar lejos de casa, quizá mi insistencia lo hizo incluso ser más frío. Pero estar lejos le sirvió. Mi onii-chan, en algunas cosas, es otro. Aunque sufrí teniéndolo lejos, fue bueno para él. Estoy alegre de que haya vuelto, por supuesto.
Noriko-san rió, recompuesta de su momento melancólico.
—Con Yuuki ha sido distinto y Konomi-chan parece perfecta para él.
Kotoko asintió, asombrada del cambio de actitud.
—Faltará onii-chan, él ya está en edad, y no hay rencores, ahora que ha vuelto puedo buscarle quién esté a su lado.
Eso le dolió un poco, pero afirmó con la cabeza.
—Quiero una nuera y nietos, ¿qué opinas, Kotoko-chan?
¿Se habría dado cuenta que sentía algo por su hijo?
Seguro que no.
—¡Mamá! —llamó Yuuki desde otra habitación.
Noriko-san corrió a ocultar el álbum y respondió a su hijo.
—Él no lo sabe, petición de onii-chan —le susurró. ¿Y por qué ella sí podía saberlo?
—¿Dónde está mi camisa azul? Onii-chan llegará pronto con Rika y quiero lucir bien.
—Oh, sí, está en mi habitación, la planché esta mañana.
Yuuki asintió y salió de la habitación.
—¿Quién es Rika? —quiso saber, producto de los celos.
Había sido invitada a una comida familiar con los Irie, y que Irie-kun llegara con una mujer, le daba mala espina, y le provocaba malestar en el estómago. No quería ver que era alguien de quien estuviera interesado, porque llevarla a casa era un anuncio formal.
Al menos habría querido no presenciarlo, pensó abatida.
—Rika, es una prima Irie. Está de visita desde América, onii-chan fue por ella al aeropuerto.
Se tranquilizó y respiró con normalidad.
Y como si los hubieran invocado, la puerta principal sonó, y pronto apareció en la entrada una joven muy hermosa, que le hizo sentir empequeñecer a su lado.
De cabellos castaños oscuros y ojos brillantes, casi negros, la joven sonriente de figura perfecta, parecía sentirse de lo más cómoda sujetada del brazo de Irie-kun, que asentía amable a algo dicho por ella.
—Rika, ¡qué grande estás! Mírate, pareces toda una americana. —¿Fue su imaginación o lo último sonó como insulto?
La recién llegada, sonrió mostrando una perfecta dentadura y abrazó a Noriko-san, antes de sentarse y encararla a ella.
—Irie Rika —se presentó con algo de arrogancia, o así le pareció.
—Aihara Kotoko —devolvió de modo suave, algo intimidada.
Tenía ese efecto con los Irie, y era una lástima que ese día fuese a estar rodeada de ellos, sin el apoyo de su padre y su esposa, que habían viajado fuera por su luna de miel y regresarían hasta el día siguiente.
—Encantada, Aihara-san. ¿Puedo preguntar si eres novia de Nao-kun o Yuu-kun?
Se sonrojó porque su apariencia le hiciera pensar del último, y negó exageradamente.
—Onii-chan, ¿puedes subir la maleta de Rika al cuarto de invitados?
Él asintió y se fue, sin decir palabra.
—Kotoko-chan es hija del amigo de papá, Rika.
—Oh, entonces lamento la confusión.
Kotoko rió forzadamente.
—No te preocupes. Suele pasar.
—¿Puedo ofrecerte una bebida, Rika?
—Lo agradecería, gracias. Con agua está bien.
Y así Kotoko quedó sola con esa joven que no le parecía muy amigable.
—Así que… ¿amiga de la familia? Espero que no tengas ningún interés en Nao-kun… porque yo soy su futura esposa.
Abrió los ojos a más no poder, y asintió, internamente dolida, pero comprensiva de que alguien como ella fuera para él. Qué bueno que le había dejado advertida y que no hubiese hecho el ridículo de decirle lo que sentía.
—Hacen buena pareja, Irie-san.
—Eso mismo pienso yo.
Entonces llegó un animado Yuuki, que acaparó toda la atención de la recién llegada.
Y estaba bien, porque no habría podido decir nada más con lo comprimido que tenía el corazón.
No se atrevió a mirar arriba al regreso de Irie-kun y permaneció escuchando las anécdotas de infancia de los tres, en la conversación de Yuuki e Irie-san, que se sentía muy fuera de lugar. Aun con Irie-kun a su lado, no se sentía feliz como hubiera deseado.
Tras volver a irse después de llevar la bebida de Irie-san, Noriko-san volvió, haciéndole elevar la mirada al escuchar que cargaba deliciosos dulces con ella.
Quizá solo eso serviría para levantarla, con el estómago vacío las penas eran peores, y endulzarse sería para bien.
Noriko-san colocó el tazón con dulces de envoltorios coloridos, y ella buscó uno de color marrón, con sabor a chocolate.
Extendió la mano para coger uno, al mismo tiempo que Irie-san lo tomaba.
Eso le obligó a apartar la mano, riendo apenada.
—Es tuyo, Irie-san —manifestó, y eso le hizo sentir como si tuviera doble sentido.
—Gracias, llevo años sin probar estos dulces, y me encantan.
Se lo imaginó y asintió, moviendo disimuladamente los dulces, sin encontrar otro de sus favoritos, así que se conformó con uno uno de naranja.
—Era una suerte que hubiese uno marrón, a Yuuki le encantan y son de los que casi nunca quedan —expresó Noriko-san, en tono extraño—. Sospecho que tendrá en su habitación, ¿o no?
El menor negó, mientras seguía comiendo dulces verdes.
—No hay problema, es poco importante —aseguró—. Puedo disfrutar de los otros e Irie-san tiene tiempo sin ellos.
—Eres muy bondadosa, Kotoko-chan, la próxima vez tendré suficientes. Y entonces sólo tú y Yuuki se pelearán por ellos.
—¿Y qué con Irie-san?
—Yo estaré una semana, tengo que regresar porque en septiembre tengo cursos de la Universidad. En América comienzan las clases, apenas.
Kotoko asintió, pensando que debía ser muy sólido entre ambos para que debieran mantener la distancia.
Noriko-san anunció entonces que podían pasar al comedor, donde se instaló una nada apacible comida familiar de domingo para ella, porque tenía que escuchar hablar a Irie-san sobre su maravillosa vida, y tratar de ignorar que Irie-kun observaba atentamente a su prima, sentada junto a ella.
El tiempo transcurrió y la comida deliciosa de Noriko-san se acabó, permitiendo que los demás se desperdigaran en la casa, para sus propios asuntos.
Ella permaneció con Noriko-san, practicando inútilmente un bordado, por lo que decidió darse una escapada al baño, para lavarse los ojos de ver tan chiquito.
Decidió no hacerlo cuando en el pasillo se encontró a Irie-kun e Irie-san platicando muy cerca, con una mano de ella posicionada en su brazo.
Tragó y rápido se dirigió al baño, tratando de mantener sus sentimientos a raya.
