Los personajes de Naruto no son mios y blah, blah, blah

Capítulo 14

- ¿Qué? - el tono frio, sin sentimientos hicieron que los chicos que estaban al pendiente de la conversación dieran un brinco y se removieran incomodos en sus asientos.

- Pues como te decía, tenemos una invitación a una cena… una recepción o algo así- Dijo con calma intentando apaciguar su impulso creciente de furia. De verdad quería darle un golpe a su hermano.

- Y se puede saber ¿porque este sujeto piensa siquiera que iremos? - se escuchó un gruñido no muy lejos de ellos y al ver por el rabillo del ojo notaron a cierto azabache con su característico ceño fruncido viendo en su dirección.

- Hermano puedes quitar esa actitud, resulta irritante y deberías saber que mi paciencia es limitada- mantuvo la calma mientras probaba un bocado de ramen, mientras dirigía una breve mirada de disculpa a Sasuke.

Todos los chicos habían decidido ir a comer después del entrenamiento/casi muerte. Y como los sobrenaturales no conocían la comida del lugar Naruto sugirió su tan amado ramen, y el resto no pudo negarse a cumplirle su capricho. Tenían que admitir que no sabía mal, pero no se comparaba con el sabor de su mundo.

La compañía resultaba amena y entre platicas algunos reían, parecía que el mal rato había quedado olvidado; hasta que salió el tema de la invitación que extendió Itachi en medio del torneo y que casi obligo a aceptar a la vampiresa, para total disgusto de su hermano -más por celos que por la falta de caballerosidad en el detalle-.

- ¿Por qué me lo dices hasta ahora? – pregunto bajando un poco el volumen de su voz como si con eso consiguiera hacer menos notorio su enojo.

- Hasta ahora me acorde- respondió con simpleza mientras hacia un gesto despreocupado y se alzaba de hombros intentando relajarse.

Su hermano bufo por lo bajo y detecto como sus manos se aferraban a los palillos intentando descargar su ira contra ellos, o quizá contenerse de tomar su mano y arrastrarla fuera del local para pedir muchas explicaciones. Ninguna de las dos le gustaba.

- ¿Debo decirte que vamos a ir no importa tu berrinche? - ante esto recibió una mirada colérica de su gemelo. Obviamente la noticia no le había hecho gracia.

Gruño un poco antes de volver a comer, y con eso pensó que la plática se pospondría hasta que llegaran a la casa y pudieran hablar a solas. Y ella no podría estar más de acuerdo, no le gustaba discutir siendo el centro de atención. Ella odiaba la atención.

-Sabes… la invitación te permite llevar a algunos de tus amigos- dijo el moreno entrando en la conversación aparentemente muerta de los albinos.

- ¿En serio? - alzo una ceja mientras ladeaba un poco la cabeza, bien llevar amigos era una forma de distraerse en aquella "fiesta-recepción-cena-lo-que-sea". -Pues gracias lo tendré en cuenta.

- ¿Y puedo saber de dónde surge este gesto de desinteresada cordialidad? – pregunto Kris recibiendo un codazo nada disimulado de parte de la chica de ojos celestes.

- Mi padre solo quiere darles la bienvenida- contesto con la misma hostilidad que había empleado el vampiro, "dos pueden jugar este juego" pensó con malicia.

"El que se refiera a su papá como padre dice mucho de su relación, ¿no crees?" le comunico el vampiro a Layra. "Eso creo, igual no parecen ser muy cariñosos los de su clan".

Tanto Sasuke como Naruto notaron el "silencio compartido" de los hermanos, no sabían lo que hacían en realidad, pero era como cuando ellos solo necesitaban de una mirada para comunicarse todo. Era muy parecido a esa clase de conexión. Y no les gustaba. Y aunque les pegara en el orgullo de ambos ninjas, tenían celos.

-Y… ¿A quién van a llevar? - se incluyó en la conversación el chico rubio.

La pregunta desconcertó un poco a los ángeles, quienes despertaron de su trance y tuvieron que parpadear un par de veces para ubicarse, y tal gesto pareció tan sincronizado como dos gotas de agua, que acentuó el parecido entre ellos.

Kris haciendo gala de todo su encanto y caballerosidad característica, coloco una sonrisa galante y pregunto- ¿Nos quieres acompañar?

Las exclamaciones ahogadas no se hicieron esperar, los que comían con tranquilidad, pero con una oreja en la conversación tragaron lo que tenían en la boca con el intento de callar un grito, claro que lo único que consiguieron era la falta de aire en los pulmones y el instinto de escupir.

La vampiresa no pudo evitar soltar una pequeña risa al ser consciente de los chismosos que ahora mismo se ponían morados por tener algo atorado en la garganta, y ella no sabía distinguir si era un comentario o un bocado, pero le daba igual. Tuvo que hacer un esfuerzo titánico para evitar que su risa se convirtiera en una carcajada al ver el rostro del moreno frente a ella que se debatía mentalmente entre partirle la cara al idiota que se atrevía a coquetear con el dobe o recomponer su rostro a una expresión serena y soltar un nada disimulado comentario mordaz seguido de un insulto que involucraría a la madre del chico de cabello blanco.

Y ¡Oh por Dios! Estaba ganando la primera opción.

Esto no podía seguir así, de pronto paso su atención al chico que aún no contestaba la pregunta, quien estaba tiernamente sonrojado lo que le daba una apariencia de lo más "apetitosa" y muchos podían compartir la opinión de querer "comérselo". Así que como buena hermana tenía que intervenir para calmar un poco a los chicos a su alrededor.

-Si Naruto, nos encantaría la compañía de un buen amigo de aquí para hacernos sentir más cómodos- y claro que su comentario también iba acompañado de su mejor sonrisa mostrando los dientes - No hay problema ¿verdad? – esta vez dirigió su vista al chico de ojos ónix sin quitar su sonrisa y tal vez ampliándola un poco más al notar como la tensión en su rostro disminuía, pero que el de su cuerpo aumentara y que su mirada no se apartara de la suya.

- Esta bien.

No necesitaron más que esa confirmación para seguir comiendo en paz, y ahora acompañados de las miradas emocionadas y confusas del rubio que solo caían en su hermano. Lo que la hizo llenarse de un calorcillo en el pecho, que no supo distinguir si fue de orgullo o felicidad.

Pero eso podía quedar para después, lo pondría en el rincón de "cosas que averiguare cuando llegue el momento"

Por ahora podía disfrutar de un minuto de una vida normal, de una vida tranquila, sin sangre ni malos recuerdos, una vida que ella sabía que no podía tener, por tanto, tenía que disfrutar mientras durara. Porque cuando llegara la hora de despertar, ella tendría que volver a pelear, por su hermano, por su tío, por la felicidad de aquellos a quienes amaba.

Luego de la agradable comida, todos se retiraron a la casa en donde se hospedaban, algunos más felices que otros.

Al entrar a la casa Uzumaki no pudo ni dar un paso cuando le tomaron de la muñeca y la arrastraron a tropezones hasta la habitación de su hermano.

- ¿Qué fue lo que paso? – Pregunto en cuanto cerró la puerta de la habitación.

- Primero: Sabes cómo detesto que me jalonen como si fuera muñeca de trapo o que se yo. Segundo: Quita tu actitud agria porque estoy muy cerca de golpearte. – se cruzó de brazos y sentó al borde de la cama aparentando una calma que no tenía.

Y su hermano solo atino a bajar la cabeza, avergonzado de su actitud para con ella, sabía que había exagerado -mucho- pero era su instinto proteger a su hermanita de todo, porque era lo que él más amaba en el mundo. Y no iba a permitir que cualquier imbécil se la quitara.

Su hermana percibió su arrepentimiento, como si fuera ella quien lo sentía – porque ellos compartían un nexo muy fuerte, podían sentir, escuchar y ver lo que el otro si querían – se levantó y abrazo a su hermano, acunándolo entre sus brazos lo más que podían – como cuando eran niños, y él no podía estar lejos de su hermanita –. Pronto su hermano respondió aquel gesto, mimando a Layra acariciando su largo cabello mientras ella ronroneaba del gusto – porque ella amaba los mimos, más si venían de su hermano – se olvidaron de los problemas unos minutos, disfrutando de la mutua compañía, de su pequeño mundo solo para ellos.

Len paseaba por las largas calles de la aldea en completa soledad, aun no quería regresar al hogar de la simpática rubia.

Se sentía pésimo, sabía que había actuado como un idiota, un verdadero idiota. Había intentado actuar como alguien que no era, y el tiro le salió por la culata. Esa persona arrogante, ruda y grosera no era él, de hecho, era todo lo contrario a él. No podía creer que había actuado de esa manera tan infantil solo para probarle a los ángeles – o tal vez a sí mismo – que podía ser más fuerte. Lo cual no era cierto.

Aun con sus disculpas aceptadas, incluso con el apoyo de sus amigos, no se sentía bien, se sentía enfermo. No quería volver a actuar de aquella forma solo por sus celos desquiciados.

Se sentía solo y triste, así que prefería dar una larga caminata por algún lugar tranquilo para poder pensar, aclarar la mente y luego poder volver con sus amigas y no tener que fingir su sonrisa usual.

Sin darse cuenta llego a un bosque, los arboles con sus copas frondosas con un hermoso color verde, un rio a la orilla de estos donde se podía ver el reflejo azul del cielo ondeando en la superficie, también había un puente muy diferente a los que el usualmente veía en casa. Pero el lugar estaba solo, y era muy bonito.

Se sentó a la sombra de un árbol que quedaba pegado al rio, con su mano jugando chapoteando en el agua, mientras la brisa mecía sus cabellos. Cerro los ojos un momento.

Quiso recordar, el calor del verano – y su mente jugándole una mala broma, evocó el recuerdo de la sonrisa de Kris, pero no como aquellas coquetas o pequeñas que ofrecía a sus compañeros, sino una real, grande, mostrando todos los dientes, una que el recibía muy a menudo – sacudió la cabeza intentando sacar la imagen. Se concentró otro poco, esta vez quiso recordar la nieve del invierno – pero su mente parecía no querer dejarlo en paz, y ahora imagino la nieve caer sobre un bello manto de algodón que luego curiosamente se transformó en el cabello platinado que reconocía era de la vampiresa – se removió incomodo en su lugar, su mente no lo dejaba tranquilo. En un último intento trato de recordar cómo se sentía la primavera, la imagen que tenia de la primavera era de la playa, con la brisa refrescante, el aroma salado del mar, como la luz se refleja en la superficie del agua, las burbujas emergiendo desde lo profundo del océano, colores infinitos del mar donde el predominante eran las diferentes tonalidades del azul – y de nuevo su mente torturándolo jugo con los azules hasta convertirlos en un par de ojos celestes centelleantes que amenazaban con tragarlo – no definitivamente no se podía concentrar.

Sacudió su cabeza con mayor vehemencia y mando sus hermosos recuerdos a la bóveda al fondo de su mente prometiéndose que los vería después cuando su mente estuviera de mejor humor.

- ¿Qué haces? – la voz que sorpresivamente escucho lo hizo saltar en su lugar. Volteo rápidamente para encontrarse con nada más y nada menos…

- Sai – susurro su nombre con mucho asombro. Luego de eso se quedó en silencio durante unos segundos, hasta que se dio cuenta que era muy tonto – Hola – saludo he intento ofrecerle una sonrisa simpática, pero se dio cuenta de que no podría hacer una verdadera, así que fingió una.

- Sabes cuándo te conocí, admiré tu facilidad de expresarte, esa sonrisa tan bonita. Y no necesito conocerte para saber que la que tienes ahora es falsa – dijo sentándose cerca del chico de ojos esmeraldas.

Len solo pudo acomodar lo que dijo como una bofetada, y bajo la vista avergonzado.

- ¿Estas bien? – pregunto, alguna vez leyó en un libro que lo mejor que puedes hacer cuando alguien se siente triste es escuchar.

- Define bien – dijo con una sonrisa ladeada. No esperaba que lo entendiera, era una broma que habían creado cuando niños, cada vez que se sentían mal pedían a su mejor amigo que lo definiera, entonces este debía contestar: "Si no sabes cómo es estar bien, definitivamente estas mal" con otra sonrisa. Realmente ayudaba. Era como un juego.

Sai no entendió la pregunta, sin embargo, trato de responder con la mayor honestidad de la que era capaz. – Si necesitas que te lo diga, estas peor de lo que pensé-

El comentario aturdió al otro chico quien pensó que el otro simplemente lo dejaría estar, cuan equivocado estaba y la respuesta había sido tan fluida y parecida a su juego de niños que no pudo impedir que la verdadera felicidad que usualmente albergaba dentro de él aflorara en una sonrisa destellante, incluso sus ojos habían recobrado el brillo característico. Soltó una risa suave y natural. - ¡No me esperaba eso, pero gracias!

El pelinegro no entendía todavía, pero se sentía orgulloso de haberlo ayudado a sonreír, porque su sonrisa era muy bonita, contrario a todas las falsas que el había aprendido a actuar. Quizá si pasaba más tiempo con aquel chico, podría tener una sonrisa real, y tan bonita como esa.

De pronto a Sai se le ocurrió que sería genial plasmar esa sonrisa en uno de sus dibujos, así que rápidamente saco su acostumbrada libreta y empezó con su boceto.

- ¿Qué haces? - no pudo evitar preguntar cuando noto que el otro se distraía con su libreta. Se asomó un poco y pudo notar las ligeras pinceladas que conforme iban tomando forma se convertía en un rostro. - ¿A quién dibujas?

-A ti- contesto con simpleza.

-Ah…

1,2,3

- ¡¿Que?!- se exalto un poco. Vamos que nadie lo pintaba a él. Todo lo contrario, él tenia grandiosos dibujos de todos sus amigos y quizá un par en donde el salía, pero todos suyos.

- Si te mueves perderé el dibujo.

Len no reaccionaba, pero pensó que lo mejor sería quedarse quito un rato, así después podría ver el dibujo terminado. Y depende quizá hasta podría burlarse un rato del moreno, ¡Porque nadie era tan genial como él para cualquier expresión artística!

El inframundo

En las profundidades de la oscuridad, el ruido viscoso que hacia la sangre al escurrirse por las paredes del inframundo era perturbador. Los chillidos enloquecidos de los demonios causarían terror en cualquier ser vivo.

-Mala niña- el susurro sonó tan fuera de lugar en medio del caos que los demonios sintieron pánico en su interior. Los dientes afilados de aquella sonrisa tétrica se mostraban amenazantes, la sangre escurría por sus labios rojizos. Su cabello oscuro cubriendo gran parte de su rostro, y la cabeza cercenada en sus piernas completaba la escena de terror.

- ¡Oh! Cariño, mami pronto ira por ti- canturreo con voz dulzona. La cabeza entre sus piernas giraba sus ojos a todas partes sin poder hacer otra cosa mientras Lamashtu acariciaba su pelo rojizo – Mi bebé, mi niña – sus uñas crecieron hasta convertirse en garras – ¡Pequeña traidora! – grito haciendo retumbar su voz en las paredes provocando que una columna callera y matara a los demonios desafortunados que terminaron debajo de esta. – Lamentaras el día en que creíste poder ganarme ¡Volverás suplicando piedad! Te arrancare la piel, ¡Y matare a todo aquel que se meta en mi camino! – sus ojos rojos brillaban en la oscuridad, los chillidos de los demonios asustados aumentaron. Y ella no pudo más que reír enloquecida.

Del otro lado del espejo

-Amithra- llamaba una niña rubia cuyo cabello se encontraba atado en dos coletas - ¡Amithra! – "¿Dónde se metió?" Pensó con preocupación, la llevaba buscando desde hace horas y no podía dar con ella.

No muy lejos de ahí, en el techo para ser exactos se encontraba una chica de cabellos lila-rosados mirando a la nada mientras el viento movía su cabello. Un escalofrió recorrió su columna y de pronto creyó que el ambiente se había enfriado súbitamente, pero no era así. "Tengo un mal presentimiento" pensó.

- ¡Amithra! – escucho la voz de su compañera llamándola.

-Ya voy Mei deja de gritar- alzó su vos lo suficiente para que la otra la escuchara, mientras se ponía de pie y antes de saltar no pudo evitar ver sobre su hombro como sintiendo que alguien la observaba "debió ser mi imaginación".

- Ami, llevo buscándote hace horas – puso un puchero adorable en su boca.

-Ya, ya tranquila. Una ya no puede comer galletas en paz- dijo pasando los brazos por detrás de su cabeza en actitud despreocupada.

Su compañera no pudo más que sacarle la lengua antes de darse media vuelta.

La chica de ojos rosas casi suelta una carcajada al ver la inmadurez propia de su amiga.

- ¿La niña al fin se dignó a bajar de su trono? – pregunto burlonamente mientras aparecía por el umbral de la puerta. La oscuridad de la habitación hacia resaltar sus ojos bicolor

La aludida solo rodo los ojos con notorio fastidio y escupió -Si quieres puedo volver a intentar cruzar.

-No, ya me disté suficientes problemas. Mejor quédate comiendo galletas.

Ocultándose en las sombras

- ¿Tenemos un trato? – pregunto viendo a su nueva cómplice.

-Por supuesto, dinos el día y nosotros haremos nuestra parte - respondió cruzando los brazos sobre su pecho mostrando toda su confianza y soberbia.

-Bien te avisare tan pronto tenga listo lo demás- se dio la vuelta y desapareció.

- ¡Oh Layra! Te metiste con la persona equivocada. Pronto sabrás de lo que soy capaz- en sus ojos se reflejaba el odio profundo que sentía, muy dentro de ella algo se reventó.

- ¿¡Una fiesta!? -preguntaron a voz en grito, la emoción era palpable entre los que estaban ahí.

-Eso dije- suspiro fastidiada, casi se arrepentía de haberlos llamado, si bien sabía que la mitad de ellos habían estado de chismosos en su plática durante la comida era muy diferente a decirlo de frente en donde ellos podían sacar todo lo que habían guardado entre sus ahogos.

-Sí y como ustedes "me caen bien" quiero que nos acompañen- jugo con su humor un poco, la mayoría sonrió correspondiendo con gracia la burla y otros más reaccionaron infantilmente.

Reunidos en el patio de la casa Uzumaki estaban reunidos los hermanos vampiro y unos cuantos de sus amigos. Dígase Sora, Len, Kaily e Hinari.

-Sora – llamo el ángel- ¿Y los demás? – estaba seguro de haber invitado a más chicos de su grupo.

- ¡Oh! Sahara dice que lo siente, pero se encontraba mal, quizá es la falta de energía demoniaca o algo así- respondió la pelinegra.

-Las hermanitas dijeron que les encantaría ir, pero primero quieren ver si tienen un atuendo adecuado o de lo contrario no asistirán- ahora fue el de ojos esmeraldas el que respondió.

- Los magos se mostraron interesados, parecían nerviosos, quizá se animan a venir, pero no estaría tan segura- dijo la castaña, y tuvo el impulso de agregar algo más pero mejor se quedó callada.

Nadie menciono nada de la chica faltante, a la sirena nadie la había invitado; nada personal, pero desde el incidente antes de la arena ella se mostraba reacia a cualquier contacto innecesario con los humanos, incluso hace bastante tiempo que nadie la veía. Y eso era raro.

-Por cierto… ¿ya le avisaste a nuestro tío? – busco a su hermana con la vista hasta dar con ella que se encontraba a un lado del elfo.

-Si no te preocupes, ya le envié una invitación. Seguro vendrá – dijo ella restándole importancia con un gesto, ella estaba ahora más interesada en el inusual comportamiento aislado del chico de pelo verde quien parecía rehuirle la mirada.

-Entonces habría que prepararnos, ¿cierto? – la loba estaba muy contenta.

Los demás asintieron, decidieron entrar para arreglarse entre todos para el evento que tendría lugar esa misma noche. Las chicas se encargaron de decir que traje llevaría cada quien, mientras los chicos se quedaban un poco alejados platicando amenamente.

…..Continuara…..

¿Qué tal? Lo sé está muy corto, hubiese sido más largo si mi nueva co-escritora no fuera tan exigente. Esto es por ti Shani. En fin, dejen sus comentarios, tomatazos, algún dulce….