Disclaimers: La historia me pertenece… en casi su totalidad, los personajes son propiedad de J.K. Rowling y son utilizados sin intención de lucro alguno. Las personalidades de algunos de los personajes así como su edad no corresponden a lo que la magnífica Rowling estipuló dentro de la saga de Harry Potter.

¡Hola! Bueno, un martes más, un capítulo más, no sé que más decir, tal vez ya les harté de que en cada capítulo siempre diga lo mismo, pero... considero que es bueno que les agradezca por el apoyo, por sus favs, por sus follows y por sus bonitos reviews, así que sin más, espero que les guste el capítulo, nos leemos el jueves.


El hombre al que la mujer llamó Goyle, la sujetó del cabello y la arrastró hasta un bonito árbol, si no se equivocaba, era un sauce llorón, era el único árbol bajo esas rocas que parecían que con cualquier brisa por suave que fueran caerían en picada hacía el árbol.

Cayó de bruces sobre el lodo cuando la aventó. Había un poste de concreto puro, que le llegaba al hombro al hombre, había una cadena lo suficiente larga como para que rodeara medio sauce, le colocó la cadena con las esposas y le sonrió arrogante el hombre.

—Te sentirás como en casa –se burló –como la cerda que eres –volvió a empujarla haciendo que cayera sobre su trasero.

No dijo nada, simplemente se limitó a verlo alejarse, su caminar era engreído, pero algo le decía que si las cosas hubiesen sido completamente diferentes, Goyle pudo verse muy valiente por ser el encargado de llevarla ahí, pero… si hubiese sido atrapado por La Orden, estaría llorando y probablemente se hubiese meado en sus pantalones.

oOo

Luna observó a Draco, se suponía que estaba vigilando, pero sabía que su mente estaba junto a la chica encadenada al sauce, Pansy también observaba a Draco y su semblante ausente, cosa que la hizo enfadar, Luna sentía pena por ambas chicas, la primera por ser encadenada al sauce, una vez la habían castigado y Remus le había encadenado al lodo, no había sido la experiencia más bonita de su vida y eso que sólo había pasado tres horas ahí, no se imaginaba una cantidad más grande, ya que siempre solían tardarse en programar los juicios, así que máximo, estaría atada una semana, sino es que dos.

—Draco –lo reprendió Pansy, pero el rubio ni siquiera le prestó atención.

Luna tuvo que morderse el interior de la mejilla para no reírse de la expresión de su amiga, estaba celosa y furiosa, al inicio ella misma la había convencido de que sólo era su imaginación, pero… hoy se había sorprendido al ver que la intuición de Pansy era bastante buena, y… a pesar de que en un inicio permitió las pequeñas venganzas de Pansy para con la pelirroja, ahora estaba en un lugar neutro, y si tenía que elegir un bando, elegiría el de Draco y su pelirroja, porque… la chica tenía que ser diferente a lo que todo mundo pensaba ahora, al lograr enamorar a Draco, que difícilmente, ponía sus ojos en otras mujeres.

— ¿Puedes cubrirme? –le preguntó a Luna y esta asintió.

—Draco –lo sujetó Pansy –no vas a ir con ella ¿cierto?

—Por supuesto que no –frunció el ceño –la próxima vez que la vea, quiero que sea cuando su cuerpo esté sin vida colgado –soltó furioso.

—Bien –asintió más tranquila la chica.

—Intenta no tardarte, Remus vendrá a ver que todo esté en orden en media hora.

—No me tardaré.

Desapareció por la cueva, y sus pasos lo llevaron hasta una parte alejada, pero aun así, podía ver a la pelirroja atada, siempre los vigilaban desde ese punto, para que no pudiesen verlos pero ellos sí, para ver si estaban intentando escapar, pero Ginevra estaba sentada sobre el lodo, con la vista baja, sabiendo que no podía tener la cabeza erguida, porque no había nada de dignidad en lo que había hecho, le había mentido, se había ganado su confianza para que la llevara ahí, y era la persona más peligrosa sobre todo el país, y había arriesgado todo, por una basura como ella.

Avanzó hasta la oficina de la profesora McGonagall, estaba sentada, revisando un par de cosas, le sonrió apenada en cuanto lo vio.

—Me alegro que estés vivo y aquí, no te preocupes, no te acusaremos por traición, si es por lo que estás aquí.

— ¿Por qué le crees a Covín? –preguntó.

—Calvin –corrigió la mujer –le creo porque he corroborado yo misma la información, el chico no ha dicho nada que nuestros hermanos en Londres no me informaran, a eso fui, Draco, a saber qué tan peligrosa era ella, de no ser la gran cosa, le hubiese permitido unirse a nosotros, claro, con sus pruebas de lealtad y todo, pero vaya sorpresa, su archivo personal en el sistema aparece como Confidencial.

—Ella dijo que era porque estaban…

—Verás, Draco, el hecho de que el archivo de Dolores Umbridge apareciera como si no fuese nada, me pareció curioso, ellos sólo protegen a las personas importantes, como ella, el profesor Dumbledore, el Dirigente Principal y el Gran Canciller ¿sabes por qué sólo esos perfiles son los únicos privados?

—No –admitió.

—El Gran Canciller, cabeza principal de La Orden, Dirigente Principal, suplente del Gran Canciller, y luego está la Jefa del Departamento de Defensa ¿Por qué Ginevra confidencial, si Dolores era la jefa? –Sonrió –esa chica es bastante joven, incluso más que tú, y tiene uno de los tres puestos más grandes en el gobierno.

—Es demasiado inteligente –justificó Draco.

—Claro que lo es, es tan importante y aun así, logró convencerte de que era una simple pasante de laboratorio, es una maravillosa actriz, ahora pregúntate ¿en qué más te engañó?

—Ella salvó mi vida –le informó.

—Y le estaré eternamente agradecida por ello –admitió –pero no voy a perdonarle la vida.

— ¿Cuándo será el juicio? –preguntó.

—Aun no lo sé, Remus y yo tenemos que acomodar el caso y los cargos por los cuales es acusada, nos tomará una semana, tal vez dos, pero no esperamos que exceda más que eso, y por favor, Draco, te lo suplico, no intervengas en eso.

—No lo haré, confío ciegamente en los ideales que perseguimos, profesora, jamás me atrevería a desacatar una orden de usted y mucho menos una sentencia por parte del consejo.

—Bien… y si no estás aquí para apelar a mi bondad ¿Qué haces?

—Quiero que me dé permiso para ir en busca de Theodore.

—Es cierto, Theodore no regresó contigo –frunció el ceño –bien, pero esa expedición irá en cuanto tengamos un veredicto.

—De acuerdo –asintió y salió de la oficina sin decir más.

oOo

Luna se detuvo a un metro de la pelirroja, su turno había acabado, ya era de noche y Draco jamás permitía que las mujeres vigilaran de noche, así que ya la habían relevado.

—No es un lugar cómodo ¿cierto? –Le sonrió cuando Ginevra levantó la vista –Remus me encadenó tres horas ahí, por insubordinación, fue lo peor que me ha pasado.

—No es tan incómodo, a decir verdad –se encogió de hombros –el lodo le da un poco de tortura, lo mantienen fresco, y eso te mantiene fresco a ti, en la época de calor, debe ser una maravilla estar aquí.

—Pero no es época de calor, el clima está enfriando.

—Lo sé… no quiero sonar grosera, porque sin duda es amable de tu parte que vengas pero… ¿Qué haces aquí?

—Quería charlar contigo –se llevó las manos a los bolsillos de sus pantalones, Luna era una chica unos centímetros más baja que ella, su cabello platinado le llegaba hasta la mitad de la espalda, era esbelta, pero atlética, y sin duda era amable y encantadora –eso es todo, después de todo, lograste engañar a mi hermano.

— ¿En verdad son hermanos? –Preguntó.

—No, él es Malfoy, yo soy Lovegood –se encogió de hombros –pero me trata como tal, siempre ha tenido debilidad por cuidar a las chicas indefensas, Remus lo crío de esa manera, un buen caballero siempre defiende a los débiles, las mujeres y los niños, su debilidad, sin duda es la debilidad de los demás ¿tonto, no es cierto?

—Admirable, a decir verdad, hay pocas personas que piensan en los demás antes que en sí mismo, lo he visto mucho en donde crecí.

—Estás enamorada de él ¿cierto? Es la única teoría que encaja en mi mente, porque… siendo tan inteligente como Draco presumía que eras… no hubieses accedido a venir aquí, sabías desde un inicio que la profesora jamás hablaría contigo y que terminarías muerta por traición, y aun así, viniste.

—En realidad quería que tu líder accediera a hablar conmigo, no estoy aquí como una persona de La Orden, sino más bien como Ginevra Weasley, una ciudadana más.

—Es imposible para un nido rebelde separar esas cosas, has sentenciado a más inocentes a la horca en el último año.

—Lo sé y no ha sido fácil, como tampoco es fácil mandar personas inocentes a la muerte, pero hay cosas que se tienen que hacer, Luna.

—Ya veo –sonrió divertida.

Eso era lo que había enamorado a Draco, su personalidad tranquila y sus ideales, tal vez, ellos peleaban en bandos enemigos, pero ambos tenían sus ideales fuertes e infranqueables, las palabras de Ginevra hacían que cualquier persona se pusiera a pensar más allá de lo que la guerra era. Y a Draco siempre le había gustado pensar, que alguien, dentro de La Orden, realmente le importaba todo el mal que hacían, y esa persona era una chica bonita, delicada y frágil, todas las cualidades que a él le fascinaban, aunque no lo admitiera, era por eso que había salvado a Pansy, era por eso que se había enamorado de Pansy, porque él seguía viendo a esa niña frágil y temerosa que salvó en Westbury… pero se topó con alguien que necesitaba más de él, en todos los aspectos.

—Siempre hay que sacrificar lo que más amas por el bien común.

— ¿Y qué es lo que más amas, Ginevra? –la observó Luna.

—Por el contrario a lo que tus amigos piensan, no tengo nada mío –sonrió –lo poco que me queda, y a la vez, es lo más grande que tengo, es la amistad de un chico llamado Neville Longbottom, pero creo que pronto lo conocerás.

— ¿Cómo puedes estar tan segura? –frunció el ceño.

—A Neville jamás le preocupó rebelarse a mis órdenes, a pesar de mi alto cargo, siempre estuvo para mí, arrastrándome de vuelta al suelo, cuando una amistad es así, sabes que es sincera, entonces puedes pedir lo que sea, y no hay nada que rompa eso –sonrió –le pedí a Neville que ayudara a tu amigo Theodore Nott a volver aquí, sin importar más, de igual manera he traído a tu hermano de vuelta.

—Creo que es estúpido –musitó la rubia –sacrificarlo todo por alguien que sin duda va a darte la espalda…

—Es un poco más complicado que eso, Luna, tengo una misión, sin duda, pero… hay veces, que las ordenes que tienes que seguir y tus sentimientos están en constante fricción, en constante pelea, y siempre hay que hacerle caso a algo, y no siempre la razón está en la lógica –sonrió –hay veces, que tienes que sacrificarte por lo que amas. Y no hay muchas personas dispuestas a hacer algo así –Luna se limpió las lágrimas que estaba por derramar.

—Estás aquí, atada y dispuesta a morir por él ¿no es cierto? Porque podrías escaparte, lo sé, has tenido el tiempo suficiente para hacer un análisis, como esos que tanto hacen los de ustedes, escapar y dejarlo a él afrontar sus acciones.

—Sólo lo engañé, no es su culpa.

—Claro que es su culpa, que lo adore como un hermano no hace que no vea sus propios errores, créeme, Theo siempre lo dice, que el amor no te ciegue, saber de qué son capaces las personas siempre te mantiene tranquilo, porque no te sorprenderás de sus acciones, no esperes nada de nadie…

—Así no te decepcionarás cuando no hagan lo que esperabas –completó.

—Exacto, permaneces aquí, porque de no hacerlo, sabes que lo condenarán a él a muerte ¿cierto? Si tú escapas o si pasa algo, lo matarán a él, lo sabes.

—Nadie puede estar aquí, Luna –dijo la voz tranquila de Remus.

—Lo siento, Remus –sonrió la rubia.

—Me sorprende verte a ti, y no a Draco –admitió el hombre.

—Dudo que él se acerque, le ha dicho a Pansy que sólo quiere volver a verla cuando su cadáver esté colgado cerca del río –la miró con disculpa.

—Está bastante molesto entonces.

—No soporta las mentiras y las traiciones, no en las personas que confía.

—Así que hubo un momento en el que confió plenamente en ella.

—Así es –admitió Luna.

—Ve con los demás –ordenó.

Remus se quedó frente a ella, observándola atento, se acuclilló frente a ella y sonrió, en algunos aspectos, esa chica le recordaba a la mujer que él había amado, y sentía que el corazón iba a rompérsele cuando le dijera a Draco las cosas.

—Has sido sentenciada a muerte –afirmó el hombre –no habrá juicio alguno.

—Es una guerra, Sr. Lupin –le sonrió al ver la tristeza en su rostro –todos vamos a morir en algún momento, sin importar por quién luchemos.

—Es cierto –admitió –es triste ver morir a alguien tan joven, sólo eso.

—Sé lo que es condenar a alguien y verle morir, no tiene que describir la forma en la que ese escalofrío le recorre el cuerpo, y como la culpa le persigue el resto de los días, pero es una guerra, y todo se permite en ellas –sonrió.

La noche pasó lenta para muchos dentro del campamento, Luna observaba a Draco, que comía sólo porque no les permitían desperdiciar lo poco que tenían, pero sabía que por sus ganas, no estaría comiendo.

—Estás enamorado de ella ¿cierto? –lo interrogó aprovechando que Pansy se había ido a dormir.

—No sé de qué hablas –frunció el ceño.

—De que te enamoraste de esa chica –soltó frunciendo el ceño –a eso me refiero, Draco, te he visto observarla, jamás le has dedicado ese tipo de miradas a Pansy, he visto cómo te preocupas por ella, aunque lo disimulas muy bien con los demás ¿sabes por qué? Porque no te conocen como yo, puedo jurarte que Theo también sabe que estás enamorado de la pelirroja –reprochó –puedo jurarte que Remus también lo sospecha, porque has sido muy cuidadoso con él.

— ¿Quieres saber que siento por ella? Bien, te lo voy a decir, estoy hecho una maldita fiera, la odio, quiero que la sentencien a muerte, la quiero muerta, pasé tantos meses cuidando de ella, protegiéndola y no, jamás confió en mí como me hizo confiar en ella.

—Tal vez quería protegerte ¿no lo has pensado? –se burló.

—No, la ignorancia de ningún modo puede figurar como forma de protección, simple y sencillo, Luna, ella merece la muerte, me hizo traerla aquí, ¿para qué? Para informar a los suyos y que vinieran a masacrarnos.

—Estás furioso –musitó.

—Sí, mi sangre está hirviendo de la furia que tengo hacía ella, todo ese…

—Sólo puedes enfadarte de esa forma con alguien a quien realmente amas, Draco, estás enfadado porque sabes que si hubiese confiado en ti su posición, hubieses hecho más cosas por mantenerla más protegida ¿eso es lo que te molesta, no? –se burló –que jamás te dijo que realmente estaba en la mira de todos los rebeldes, de saberlo, hubieses estado fuera de su puerta, es más, hubieses estado al pie de su cama cuidando de ella, pero no, pensaste que nadie le intentaría dañar, por eso bajaste un poco la guardia, por eso estás furioso, porque tal vez tus descuidos le hubiesen hecho perder la vida, no me engañas, Draco, te conozco muy bien, estás completamente enamorado de ella, esa furia, no es más que pasión desbordada, porque no puedes tenerla de las formas que quieres hacerlo.

—Sin duda has perdido un tornillo, Lunática –musitó, haciéndola sonreír, sólo la llamaba así cuando le daba la razón, pero lo más probable, es que ni siquiera él supiera que había admitido sus sentimientos por Ginevra.

Luna bajó la vista, Ginevra iba a morir por él, y él… iba a morir después de eso, no sabía que hacer por ayudarlos, y deseaba que Nott estuviera ahí, el sabría qué hacer.

oOo

Remus observó a Draco a lo lejos, se suponía que tenía que estar vigilando, pero estaba tan distraído, que incluso un recién nacido podría degollarlo.

—Deberías hablar con él, Remus –lo animó Minerva.

—No sabría qué decirle, él no va a creerme nada en ese momento.

—Lo conoces mejor que nadie, eres como un padre para él, le entrenaste y le enseñaste que las personas son peores que las armas, él estaba tan confiado de poder leer a las personas que ahora piensa que todo lo que creyó aprender de ti, fue mentira, que jamás lo aprendió por mucho que te esforzaste por instruirlo bien.

—Admito que sé que está confundido, Minerva –la observó por encima de su hombro y le sonrío –ustedes las mujeres no son las únicas complicadas, el dilema interno de Draco no es que a ella le fuese muy fácil engañarlo, en este momento, lo que se está preguntando es otra cosa.

— ¿Y qué es esa pregunta tan complicada? –lo observó.

—Es una que implica un millón más, se está preguntando si el convivir con ella tantos meses no fue nada como para que no confiara en él, se está preguntando si La Orden no tomó más de él que lo que él tomó de La Orden, y comienza la ira con la siguiente, se pregunta ¿por qué le afecta que el veredicto este puesto sobre la mesa? ¿Por qué la muerte de Ginevra Weasley lo deja así de inquieto? –Minerva sonrío.

—De no estar en la Orden por tanto tiempo, no le inquietaría mucho ¿no es cierto? De ser otra personalidad dentro de La Orden tampoco, dime algo, Remus, de ser Dolores Umbridge la que estuviera encadenada en el lodo ¿haría algo al respecto?

—No movería ni un dedo –admitió el hombre.

—En conclusión –pidió, aunque sabía la respuesta.

—Está enamorado de Ginevra Weasley.

—Pídele a Draco que la mate –ordenó Minerva y se puso de pie.

— ¿Por qué él? –se giró hasta la mujer.

—Porque voy a probar la lealtad de nuestro hijo –negó –lo quiero como un hijo, más de que si lo fuera, y si no es capaz de terminar con el problema de raíz, por mucho que se le quiera, podría poner en desequilibrio toda la ventaja que tenemos.

—Puedo hacerlo yo.

—Quiero ver las agallas que tiene –negó –quiero saber que tanto fue lo que La Orden tomó de él, pero lo más importante, quiero saber. Cuanto ha pasado a formar parte de él Ginevra Weasley.

—Ya sabes la respuesta –se burló Remus.

—En ese caso, tenemos a dos traidores a la patria en el campamento, y es mejor exterminar al mal de raíz.

Ginevra levantó la vista, la pequeña niña estaba hincada frente a ella, con un pedazo café entre las manos, se lo extendió y ella lo tomo con una débil sonrisa.

—Es pan –musitó la niña –debes estar acostumbrada a algo mejor, pero... Es todo lo que tengo.

—No puedo aceptarlo –le devolvió el pan pero la niña no lo tomó.

— ¿A caso es muy poca cosa para que alguien tan importante para la patria lo tome?

—No puedo quitarte algo que te hace más falta a ti –Ginny sujetó las manos de la pequeña y deposito el pan en sus manos –yo ya soy una chica grande –hizo un gesto a la niña que la hizo reír divertida –te lo agradezco, pero me sentiría más feliz si lo comieras tú, yo no voy a necesitarlo dentro de poco.

—Ve con tu madre, Kristin –ordenó Draco.

—La pulsera –comentó Kristin –era de un material poco brillante, se consumió en la fogata... aunque intenté salvarla ¿Era especial?

—Demasiado –se apretó la falda bajando el rostro.

— ¿Quién te lo dio? –Kristin volvió en sus pasos y se hinco frente a Ginny.

—Mi madre –se mordió el labio para evitar llorar –era un poco más pequeña que tú, me lo obsequio en mi cumpleaños, pero está bien.

—No, no está bien –negó la niña –era especial para ti.

—Te diré un secreto –le dijo intentando sonar normal pero le falló la voz –mi tía una vez me dijo que mientras más cosas importantes tienes, más daño puede hacerte la gente, pero mi profesor me dijo que era mentira, que las personas pueden tomar lo que más amas para dañarte, es cierto, usarlo en tu contra y volver algo que amas en algo malo, pero nadie podrá arrancarte de tu corazón el recuerdo de lo que amas.

—Ve con tu madre, Kristin –volvió a repetir Draco.

—Sí –le contestó a Draco y se alejó corriendo.

Ginevra cerró los ojos, tenía que esperar a estar sola para poder llorar tranquila, esa pulsera era literalmente lo único que tenía de su madre, y se había quemado, destruido por culpa de sus descuidos, suspiró resignada y observó a Draco, que estaba de pie a medio metro de ella, así que se puso de pie, no iba a darles el lujo de quebrarla, tomaría toda aquella fuerza que no tenía, para no quebrarse.

—Debe estar muy feliz de que los puestos cambiaran ¿no es así?

—No. Aquí. En la resistencia, no somos unos malditos desalmados sin piedad, si estás aquí atada es porque con tus acciones te lo has ganado, has condenado a más hombres que nadie a la muerte en este último año ¿lo sabes?

—No soy estúpida, conozco mejor que nadie los cargos por los cuales soy prisionera –le otorgó una mirada distante, como si todos esos meses juntos jamás hubiesen existido y se acabaran de conocer apenas ese día –y si quieres, puedo recitarte el nombre de cada una de las personas a las cuales condené, el método que elegí según sus crímenes y como gritaban.

— ¡Te mataría yo mismo con mis propias manos! –la sujetó del cuello de forma violenta, cosa que era totalmente fuera de su carácter, la espalda de Ginny se estrelló contra el árbol que había detrás de ella –eres el ser más despreciable sobre la tierra, mereces sufrir la muerte más cruel –se acercó más a ella, levantó el rostro de la chica y él se agachó un poco. Tragó saliva al verle, los ojos chocolate brillaron pero no había gota de miedo, la respiración de Draco se agitó al sentir su propio aliento en los labios de la pelirroja.

—Nunca has tenido el valor de hacerlo –le retó –hubieses podido llegar con mi cabeza, ser un gran héroe ¿y que eres a cambio? –Sonrío –sólo eres un mal chiste, Draco Malfoy.

—Te mataría en este momento si no fuese porque tu juicio está siendo programado, pero todos sabemos que terminaras muerta.

—No te detengas –Draco la soltó cuando Remus lo animó –no habrá juicio. El consejo deliberó que las pruebas son contundentes.

— ¿Qué? –Remus sonrío ante la incredulidad plasmada en el rostro de Draco.

—Te sorprendes, como si pensaras que se le fuese a perdonar y suplicar que se uniera a nuestras filas.

—Solo pensé que se le haría un juicio justo, a diferencia de...

—Minerva ha decidido que sea por tu mano –observó a la pelirroja que no perdió los estribos, que escuchó tranquila y solemne su condena –hace un momento expresaste el deseo de matarla con tus propias manos, no se ha estipulado un método, queda a tu consideración.

— ¿Por qué yo?

—Minerva consideró que eras la persona más correcta aquí, después de todo lo que has estado deseando desde que supongo la pusieron a tu cargo –se giró y se alejó un poco –el cuerpo sin vida deberá ser presentado para ser enviado a la Orden a más tardar mañana a esta hora, mientras tanto, se le obligará permanecer en ayuno absoluto.

—Morir por una buena causa es mejor que morir por nada –suspiró Ginevra alejándose un poco de Draco.

oOo

Avanzó enfadado, no podía creer que Remus lo echara para hablar con ella, era la primera vez en años que Remus John Lupin le ordenaba a Draco que se fuera, jamás, ni cuando hablaba con la profesora McGonagall hacia eso, y ahora... De la nada, lo echaba.

—Estás enojado –murmuró Pansy.

—Remus se quedó hablando con Ginevra.

— ¿Y por qué te molesta eso? –frunció el ceño enfadada.

—Porque me echó, jamás lo había hecho.

—Tal vez quería ver qué tan señorita realmente es, es un hombre, y tú más que nadie tiene esos instintos muy despiertos –se pegó a él siendo muy bien recibida –ves a que me refiero –gruñó –te he extrañado tanto, Draco –lo besó –y por tus ganas, tú la pasaste muy solo allá.

—Bastante solo, pensando en ti en cada momento –la besó de forma desesperada.

Cayeron en el duro suelo en la maltrecha tienda de campaña, las manos de Draco iban de un rincón a otro del cuerpo de Pansy, sus labios estaban pegados a la piel de la chica, mientras ella le daba más acceso de su cuerpo, separó las piernas permitiendo el acceso libre para él, se quitó la playera negra dejando sus pechos al descubierto para Draco, que sonrío, realmente había extrañado eso.

Besó el cuello de Pansy y su nariz se hundió en el cabello azabache, cerró los ojos y la sujetó de la nuca mientras se adentraba en ella.

Abrió los ojos cuando ella comenzó a gemir a causa de las fuertes embestidas de él, el cabello lo tenía aun en el rostro y se tensó completamente cuando sus ojos le jugaron una mala pasada al volver el color azabache en un rojo pasión.

Draco –gimió Pansy. Pero él escuchó la voz de Ginevra gemir su nombre.

Apresuró las embestidas un poco más, jamás lo había hecho y a pesar de que le parecía incorrecto pensar en otra mientras estaba con su novia, lo hizo, continuó con el vaivén. Preguntándose si realmente la voz de Ginevra sonaría así al gemir su nombre en el sexo.

—Voy a matarla –le confesó a su novia después de un rato.

— ¿De qué hablas? –se recostó sobre el pecho del rubio y pasó su dedo índice sobre los pectorales de éste trazando líneas imaginarias.

—Remus me lo dijo, que la profesora McGonagall decidió que fuera yo quien matara a Ginevra.

—Así vengaras a nuestros amigos muertos, Draco –lo besó.

—Por cinco meses estuve cuidando de ella, cuidando de su vida, para que irónicamente. Sea yo quien la mate. No sé cómo voy a hacerlo.

—Se piadoso, pero no tanto, que sea suave, y lento.

—No lo sé...

—Asfíxiala –sonrío –ve como poco a poco sus ojos pierden vida y como pelea por un poco más de aire. De la misma forma que nuestros amigos murieron en la horca... Pero ten el privilegio de hacerlo con tus manos.

—La mataré en la madrugada –dijo decidido y besó la frente de Pansy.

Tomó sus cigarrillos y salió a fumar cuando se le hizo insoportable quedarse ahí, con sus bonitos ojos chocolate en su mente, con su rostro pálido y bello, con las pecas esparcidas por su fina nariz y sus labios delgados y rosas, con la sensación de la piel suave y tersa de su largo cuello, del contacto y la cercanía, sabia como se sentía tocarla, sobre la ropa, pero aun así sus manos habían dibujado el contorno de su esbelta y bien hecha figura.

—Estás acabado ¿cierto? –se burló Lupin.

—No sé de qué hablas –gruñó.

—No soy idiota, sé lo que convivir con una mujer tan guapa como Ginevra Weasley por mucho tiempo ocasiona. Sólo ten un poco de cuidado, no me has mirado directamente a los ojos. Y has sido precavido, no sé cuál es, dime, tengo teorías, la primera es que te sientes un poco atraído sexualmente por ella, la segunda y por lo poco que vi hace unas horas: has pasado tanto tiempo en celibato que buscas sólo a una mujer, la tercera: estas obsesionado... Tal vez no así, sino más bien, quieres estar entre las piernas de Ginevra por tres cosas: una: deseo, pasión o dos: porque te es atractiva la idea de que es imposible de cierta forma, y la última y no menos importante, realmente te estas enamorando de ella.

—Tienes una buena imaginación, ahora sé porque vamos a la cabeza en la guerra, usas tu gran imaginación para crear defensa.

—También fui joven, y amé, Draco, mientras no comiences a pensar en ella estando con Pansy, estas a salvo, de lo contrario. Espero que no la llames Ginevra por accidente.

Tomó un baño en el río, se vistió lo más cómodo que pudo y fue hasta donde estaba Ginevra prisionera, eran las cuatro cuarenta y seis de la mañana, y tenía que hacerlo.

Se detuvo a medio metro, estaba dormida, con el cabello sucio a causa del lodo, usaba sus brazos como almohada y estaba acostada en posición fetal, estaba temblando, tenía frío.

Se levantó asustada cuando él dio un paso decidido para despertarla, se puso de pie y se refugió en el árbol, no lo había reconocido en un inicio.

—Es usted –hizo su cabello hacia atrás –bastante bien, pero le faltó un poco más de fuerza en la pisada y posiblemente si muero de un infarto.

—Mi novia pidió otra forma.

—Tiene las ideas un poco movidas ¿lo había notado?

—Vio una masacre, lo considero dentro de los límites su demencia.

—Usted debe de estar loco igual –se encogió de hombros –no me importa cómo quiere que me mate, hágalo, podré dejar esta estúpida platica por fin.

Avanzó hasta ella y la sujetó del cuello, pero no ejerció presión, dejó que sus dedos sintieran la suave piel debajo de ellos.

—Me odiará aún más —sujetó la mano izquierda de Draco un segundo sin decir nada –pero si planea asfixiarme hasta matarme necesitara ambas manos –colocó la mano de Draco en su cuello –las personas tienden a defenderse y luchar por una bocanada de aire –sonrío –admito que eligió bien el método, es peor que la horca –se tensó cuando la escucho decir eso –el cuello se rompe la mayoría de las veces cuando el cuerpo cae y la cuerda jala tratando de evitar la caída y se fractura, otras veces dura unos segundos, sin embargo... La asfixia es diferente.

— ¿Por qué lo es? ¿Sólo porque tú lo dices?

—Porque hay alguien frente a ti, sabes que si logras deshacerte de él podrás volver a tener tu suministro de aire, pero no es así, mientras que por la horca mueres porque se te rompe el cuello, por la asfixia mueres a causa de un fallo general, puedes morir de un paro cardiorrespiratorio a causa de que el cerebro no tiene suministro de aire, puede ser de cinco a ocho minutos, pierdes movilidad en extremidades y la lucha porque te suelten hace que tu poco aire se termine —lo sujetó de las muñecas y cerró más las manos entorno a su propio cuello –intentaré no luchar –sonrío –se lo juro.

Abrió las piernas un poco y se acercó a ella y cortó el suministro de aire de Ginevra, ella echó la cabeza hacia atrás después de unos segundos, sus manos y pies se movieron involuntariamente y recordó cuando Quirrell la estaba asfixiando, Ginevra golpeaba la mano equivocada, golpeaba la mano de la pistola.

Ginny cayó de rodillas cuando la soltó, tosía desesperada, imaginaba el ardor que ocasionaba el oxígeno al entrar por sus vías respiratorias.

— ¡Es un idiota! –Le chilló –si no es de ese modo va a hacerlo, tiene que.

—No voy a hacerlo –se alejó.

—Van a matarnos a los dos si no lo hace, tiene que hacerlo.

—No es algo de hacer, sino de querer –negó, frustrado de su propia debilidad por ella, por saberla segura.

—Bien –se puso de pie –tendré que hacerlo yo.

Draco la observó confundido, del dobladillo de la falda sacó una cosa extraña plateada y flexible.

— ¿Qué es eso? –preguntó frunciendo el ceño.

—Un método usado por los soldados de la Orden, Neville me lo dio la noche antes de que le pidiera que pasara lo que pasara, me jurara por sus padres y por nuestra amistad y por mí, que sacaría a Theodore del complejo.

La observó confundido y sorprendido, ella había buscado la forma de sacar a Nott del complejo, observó sus dedos, esa cosa la había hecho como una pequeña pelotita brillosa.

— ¿Puedo saber qué hace?

—Al llegar a la tráquea se infla de tal forma que impide que el aire entre o salga, una vez que se infla la única forma en que vuelva a su tamaño es cuando consuma por completo el oxígeno del cuerpo –sonrío –Neville me dio la idea, yo la desarrolle –se encogió de hombros y la echó en su boca.

— ¿Qué demonios hiciste?

Le sonrío, y cayó al suelo, la sujetó cuando comenzó a sacudirse, ahora entendía porque los soldados sufrían ese tipo de ataques cuando eran capturados y serían interrogados.

La sujetó en brazos y apretó su estómago, Neville había usado esa maniobra con un soldado una vez, tenía un ataque y... Tal vez el idiota había creído que ese tipo de cosas no funcionan.

Ginevra escupió algo, sus pulmones volvieron a jalar oxigeno de una forma desesperada, pero aun así la dejó inconsciente.

—Eres una tonta –sonrío y la recostó en el suelo.

Uso la horquilla que se había dejado la vez que Quirrell la había dejado inconsciente y abrió las esposas, negó abatido y la tomo en brazos, esta vez estaba eligiéndola a ella, traicionando a Remus, que era un padre para él, a la profesora McGonagall que era como una madre, a sus amigos, y dejando a su novia, por todo lo que odiaba.

La eligió a ella. A Ginevra. Aunque eso significara. Elegir a la Orden.