¡Demonios!
Sí que me tardé en este capítulo. Pero al igual que en el anterior, es el trabajo el que no me permite avanzar con mayor rapidez. Pero aquí estoy, todavía sigo presente.
Disclaimer: Halo no me pertenece; si fuera mío, ahora estaría nadando en dinero.
Capítulo 13: Huyendo y peleando parte 2.
Estaban rodeados por todos lados, no había un ángulo que Harrison no hubiera cubierto con sus hombres. Los marines y Spartans en el lugar los apuntaban con sus armas dispuestos a dispararles en el momento que ellos intentaran cualquier movimiento. Estaban entre la espada y la pared y no parecía haber nada que pudieran hacer ya.
―Estamos perdidos, John, no hay salida de esto ―dijo Kelly, que permanecía sobre la espalda de su amigo de toda la vida.
―Siempre hay una salida ―contestó el hombre al comentario de su compañera.
Cortana que estaba detrás de John y Kelly miraba hacia todos lados moviendo sus ojos de manera rápida. No había salida posible, estaban a merced de Harrison.
―Bien, jefe. Creo que ya sabe a lo que vengo. Y sinceramente espero que se rinda pacíficamente. Lo cual, me parece algo realmente sensato dada su posición actual.
―John, ya acabó todo. Debemos rendirnos ―dijo Kelly con pesar en su voz.
―No ―respondió él.
―Nos tiene rodeados, no hay nada que podamos hacer ―insistía la Spartan en su espalda.
―Tienes razón ―John bajó a la mujer.
―John ―Cortana se acercó a quien desde hacía mucho consideraba su marido. Él la miró.
―Todo estará bien. Lo prometo.
Cortana sabía que él mentía, lo podía ver en sus ojos.
―No prometas a una chica...
―Lo sé. Pero ya habrá ocasión para cumplir esa promesa.
―Bien. Confío en ti.
Los tres pusieron sus manos tras sus cabezas y se hincaron en el suelo. Harrison, viendo tal acción, sonrió con satisfacción. Por fin tenía al responsable de la muerte de su familia y no había tenido que pelear contra él.
Varios Spartans se acercaron y los esposaron, levantándolos en el instante mismo que Serin, y sus Spartans llegaban al lugar, alertados por las luces que habían visto a la distancia entre los altos árboles del bosque.
―Harrison ¿Qué sucede? ―preguntó la almirante.
―Lo tenemos, señora ―contestó el hombre con una gran sonrisa de triunfo. La mujer sonrió también.
―Excelente ―luego se acercó hasta donde estaban los tres prisioneros―. Te lo dije ―afirmó viendo a Cortana de frente, mientras esta la miraba con verdadero rencor en sus ojos.
―No cantes victoria tan pronto. Aún pueden pasar muchas cosas ―dijo Cortana en un intento por borrarle la sonrisa a la almirante.
―¡Por supuesto que pasarán muchas cosas! ―luego se le acercó al oído―. Entre ellas, tu vivisección ―Cortana se revolvió en el lugar, pero fue detenida por el Spartan que la tenía sujeta―. Llévenselos.
El camino de regreso al campamento fue eterno para los tres fugitivos, pero más para Cortana, que no paraba de pensar en todas las atrocidades que Serin le haría. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, sentía que ese era el fin y que todo el esfuerzo de John por ponerla a salvo había sido en vano.
Cuando llegaron al campamento, cada uno de los prisioneros fueron puestos en tiendas distintas para evitar que se coordinaran en un intento por escapar. Cortana fue puesta en la más alejada de ellas a petición de la almirante, quien tenía planes para ella; Kelly fue llevada a la improvisada enfermería del lugar para ser tratada por su fractura; John fue despojado de su armadura y puesto en una sala insonorizada al igual que la de Cortana y era allí donde el contralmirante se encontraba, mirando fijamente al Spartan que lo había obsesionado durante 14 años. John había sido esposado para evitar un intento de escape.
―Creo que entiende por qué lo tengo en esta sala ―comentó Harrison al momento que cruzaba sus piernas y ponía sus manos sobre la mesa que se interponía entre él y el Spartan.
―Si.
―¿Podría decírmelo? ―el Spartan dudó durante unos segundos―. ¿Sabe por qué lo tengo aquí?
―Por el hecho ocurrido hace 14 años, en el cual su familia murió ―John lo recordaba perfectamente, como cada acontecimiento de su vida desde que fue sometido a las dolorosas mejoras que Catherine le proporcionó.
―Y supongo que también sabe cuales son mis intenciones para con usted.
―Si.
―¿Sabe? Desde hace 14 años me he hecho muchas preguntas sobre lo acontecido durante esa evacuación. Sin embargo, las he descartado quedándome solo con una. ¿Por qué dejó que murieran?
―Usted sabe la respuesta.
―¡Pero no es suficiente! ―gritó encolerizado―. ¿Sabe usted lo que es perder a un ser querido y no poder hacer nada? ¿Sentir la impotencia al no poder ayudarlos, cuidarlos del peligro? ―hubo algunos segundos de silencio.
―Lo sé ―la mirada de John le daba a entender a Harrison que no mentía.
―¿Lo sabe? ―el contralmirante estaba asombrado por la respuesta.
―Si, señor.
―¿A caso me está diciendo que los Spartan de su generación tienen sentimientos? ―el contralmirante soltó una ligera carcajada al pronunciar la última palabra. John notó eso y sintió algo de molestia al saber que el hombre frente a él se burlaba de su respuesta.
―El hecho que haya sido entrenado desde mi infancia en un ambiente militar y que haya presenciado miles de muertes no me hace inmune al sentimiento de pérdida.
―Entonces ¿usted ha sentido algo cuando ha visto morir a otra persona?
―No solo eso.
―¿A qué se refiere con «eso»?
―Puedo recordar todos los rostros de las personas que han muerto bajo mi mando. Especialmente a los que murieron en mis brazos pidiéndome que los ayudara. Padres, hijos, hermanos, amigos.
―¿Y no siente remordimientos?
―Cada muerte que he presenciado me causa remordimientos. Porque fui entrenado para proteger a la humanidad cueste lo que cueste y el no poder salvar a esas personas es una falta grave a mi juramento.
―Su juramento.
―Así es.
―Mi familia debía ser evacuada sin importar nada más. ¿Por qué no cumplió con esa orden? ―la cejas de Harrison se juntaron haciendo evidente su enojo.
―Usted sabe perfectamente lo que sucedió ese día.
―¡Le exijo que me revele lo que realmente sucedió! ―la molestia en la voz del contralmirante era patente.
―Lo siento, señor. Pero no hay nada más que revelar. Todo está en los informes de ese día.
―Sabes que puedo ordenar tu ejecución en este mismo instante si no me lo dices.
―No hay nada que no se haya dicho ya de ese suceso.
―Si ese es el caso, tus amigas sufrirán las consecuencias.
―De todos modos, no hay nada más que contar. Por lo tanto, no hablaré más.
―¿No te importa lo que les pueda pasar?
―Ellas son mi familia. Pero amarlas no cambia el hecho de que los sucesos de hace 14 años pasaron tal cual están escritos en los informes. Por otra parte, su afán de venganza es conmigo, si usted se ensaña con ellas, no seré el hombre manso que está frente a usted, porque ellas no tienen nada que ver con eso.
―Entonces, admite su culpa.
―Como lo he hecho durante 14 años, señor. Usted estuvo presente el día que asumí la responsabilidad por no poder rescatar a su esposa e hijos.
―¡Es usted un cínico!
―No es cinismo lo que me empuja a decirle estas palabras, sino mi deber como soldado.
Siendo consciente de su fracaso, Harrison se incorporó y salió de la sala, dejado a John solo.
La mirada del Spartan se perdió en el recuerdo del día en el que la familia del contralmirante murió.
El Covenant había llegado al planeta un día antes, y desde entonces, las batallas no habían hecho más que aumentar su intensidad. John había sido comisionado para llevar a cabo la evacuación de la familia del entonces capitán Harrison. Había llegado al vecindario donde se encontraba la casa del hombre antes de que la batalla lo alcanzara. Tocó la puerta, pocos segundos después la esposa de Harrison abrió, sus ojos verdes mostraban un terrible temor y no era para menos, las fuerzas del Covenant habían sumergido al planeta entero en una batalla por la sobrevivencia en muy poco tiempo.
―Señora. Soy el jefe maestro de UNSC sierra 117. Estoy aquí para evacuarlos de inmediato.
―Si, lo sé. Ya estamos listos ―contestó la mujer, visiblemente nerviosa y con lágrimas en los ojos.
―Tome solo lo indispensable y sígame. El Covenant ya está por llegar a esta zona.
La mujer corrió al interior de la casa, donde sus hijos la esperaban con una mochila cada quien, conteniendo solo algunos efectos personales.
―Niños, es hora de irnos ―Daniela, que era el nombre de la mujer, tomó a María, su hija más pequeña, en brazos para evitar que los retrasara durante la huida. Daniel, el mayor, tomó la mano de Sara, la segunda hija del matrimonio Harrison.
Los tres niños miraron con sorpresa al Spartan que esperaba pacientemente en la puerta de su casa, pues habían pensado que enviarían a marines comunes a evacuarlos.
―¡Es un Spartan! ―gritó emocionado Daniel con su voz entre niño y adulto, sus ojos café claro no dejaban de contemplar con asombro la estatura del supersoldado―. Es bastante alto.
―Ya estamos listos ―confirmó la mujer.
―Entonces nos vamos ―John emprendió la marcha con sus cuatro responsabilidades hacia un warthog que había conducido hasta el lugar para agilizar su movilización, mientras en otro warthog, un grupo de marines esperaban para escoltarlos.
Una vez los cuatro evacuados estuvieron en el vehículo, John arrancó y pisó el acelerador a fondo, tratando de alejarse lo más pronto posible de ese lugar. El warthog corría velozmente, esquivando escombros y otros vehículos, además de la gente que corría apresurada tratando de llegar a cualquiera de las naves dispuestas en la ciudad para evacuar.
―¿Cómo está mi esposo? ―preguntó Daniela, visiblemente nerviosa.
―Él está comandando la nave en donde la evacuaremos junto a sus hijos ―contestó John sin quitar la vista del camino. Una sucesión de disparos y explosiones pusieron en alerta a todos en los dos vehículos. La batalla parecía haber alcanzado el lugar por donde transitaban, lo que dificultaría enormemente su avance. John se comunicó con los marines del otro warthog―. Preparen sus armas. El Covenant está cerca.
John pisó el acelerador a fondo, provocando una sensación de vértigo en sus acompañantes al sentir cómo el vehículo aceleraba de repente. Solo faltaban dos kilómetros para llegar hasta la nave donde pronto partirían hacia otro lugar más seguro, cuando la explosión de una granada de plasma sacudió el vehículo haciendo perder el control a John y provocando que se estrellaran contra una pila de escombros al lado de la calle.
―¡¿Qué fue eso?! ―preguntó Daniela a punto de gritar de miedo.
―Una granada de plasma ―John tomó su arma y bajó del vehículo―. ¡Rápido, bajen del warthog, no estamos a salvo aquí!
El otro warthog se detuvo pocos segundos después al ver lo que había sucedido con el primero.
―Jefe maestro ¿se encuentra bien? ―preguntó uno de los marines.
―Hagan espacio para que la esposa del capitán Harrison y sus hijos se vayan ―ordenó el Spartan.
El marine que iba en el asiento del copiloto se bajó de inmediato dándoselo a Daniela, quien de inmediato comenzó a subir a sus hijos. Se disponía a subir cuando otra granada explotó cerca de ellos, provocando que el warthog volcara violentamente, arrojandolos a todos fuera de él.
Daniela calló a unos tres metros del vehículo, su hombro izquierdo recibió la mayor parte del daño al caer al suelo; Daniel estuvo a punto de ser aplastado por menos de diez centímetros; fue una suerte que María, la más pequeña, no hubiera recibido daño alguno, pues había quedado debajo del warthog volcado; la menos afortunada fue Sara, cuya cabeza impactó contra el suelo después de volar casi cinco metros desde su posición original.
Una rápida sucesión de disparos de plasma rodearon a todos en el lugar. John, corriendo de inmediato hacia Daniela la tomó de un brazo y la escondió detrás de la pila de escombros donde originalmente se habían estrellado. Después corrió hasta donde un marine ya auxiliaba a María, la más pequeña de los niños. Daniel, por su parte, trataba de levantar a su hermana, quien no reaccionaba a las palabras y acciones de su hermano mayor. John se acercó a ellos y examinó a la chiquilla temiendo lo peor.
―¡No despierta! ―gritaba Daniel al borde de la histeria.
―No hay nada que hacer. Está muerta ―fue la respuesta de John, al tiempo que bajaba su rostro hacia el suelo―. Tiene fracturado el cráneo, el golpe la mató al instante. Lo siento ―Daniel no podía creer tal cosa. Su hermana no podía estar muerta, eso era imposible. Mas la siguiente orden de John no le permitió seguir pensando―. Debemos ir hasta donde están los demás.
―¡No la voy a abandonar!
―Tienes que dejarla aquí ―pese a que la voz de John era tan fría como de costumbre, por dentro entendía lo que aquel niño debía estar sintiendo. Él mismo lo había sentido al ver morir a sus amigos.
―¡No!
Sin esperar una objeción más, el supersoldado tomó al chico en brazos y corrió hasta cubrirse detrás de los escombros.
―¡¿Dónde está Sara?! ―preguntó Daniela a su hijo.
―¡Está muerta! ―contestó el muchacho antes de estallar en llanto.
―¡¿Qué?! ¡Ella no puede estar muerta! ―no gritaba, pero era evidente que la mujer era presa de la desesperación. No pasó mucho tiempo cuando, levantándose del suelo, intentó correr hasta el cuerpo inerte de su hija. Solo que John la atrapó y no la dejó ir, protegiéndola así de varios impactos de plasma.
―Debe quedarse aquí. Es peligroso cruzar ―advirtió John a la vez que disparaba su arma impactando a dos grunts.
Varias rondas de plasma impactaron contra el montón de escombros y una más golpeó a uno de los marines, que calló hacia atrás tomándose la cara al ser quemado por el gas supercaliente. Otro marine se acercó a él quitándole las manos del rostro solo para ver que los ojos de su compañero habían desaparecido junto con buena parte de su rostro, revelando los músculos y partes del cráneo chamuscados.
El primero en contestar el fuego fue John, logrando derribar a tres grunts que se habían adelantado. Tres elites regresaron el fuego, todos se escondieron.
Daniela, que no había olvidado que el cuerpo de su hija seguía a merced del enemigo, aprovechó que todos estaban distraídos peleando contra el Covenant para correr hasta el lugar donde yacía el cuerpo de su segunda hija. Al percatarse de eso, Daniel corrió tras su madre, seguido de María, la más pequeña, que al verse sola corrió hasta el único refugio que conocía... los brazos de su madre.
Los dos niños llegaron junto a su madre justo al tiempo que eran rodeados por numerosos grunts y jackals. Se abrazaron a ella. John se percató de eso y se levantó del lugar donde había estado luchando para matar a los alienígenas que rodeaban a la familia de Harrison.
Daniela, al verse rodeada por aquellos seres, tuvo varios pensamientos en los que imaginaba las torturas que sufrirían sus hijos si eran capturados por el Coventant. Ella se había enterado de las atrocidades que el Covenant le hacía a la gente por informes que clandestinamente había conseguido con un oficial de comunicaciones unos meses antes. También sabía que no diferenciaban entre adultos y niños.
Teniendo eso en mente, Daniela sacó un arma de entre sus ropas e hizo un disparo contra un grunt que se había adelantado hasta ellos. Sin embargo, al ver que las balas del arma no le alcanzarían para matarlos a todos, solo vio una posibilidad, que, aunque difícil de aceptar, liberaría a sus hijos de una muerte lenta, dolorosa y humillante.
―Danny, hijo. Perdóname.
―¿Qué? ―preguntó el niño a la vez que volteaba a ver a su madre.
Con todo el dolor de su alma, la mujer disparó contra Daniel, impactando limpiamente en su corazón, quitándole la vida al instante. Después apuntó hacia María, quien se había abrazado a ella y en ese momento lloraba por el ruido del arma al ser disparada y el miedo que le provocaba la presencia de aquellos alienígenas.
―Perdóname, mi amor ―dijo antes de matar a la benjamina de la familia con un disparo en la cabeza.
Los soldados del Covenant no entendían lo que pasaba y John, que había presenciado todo mientras corría hacia ellos, no daba crédito a lo que sus ojos veían. Daniela había asesinado a sus propios hijos en un desesperado intento de salvarlos de una muerte larga y tormentosa. Haciendo eso a un lado, disparó contra los grunts y los jackals que rodeaban a la mujer, matándolos a todos. Llegó rápidamente hasta Daniela y se arrodilló junto a ella para descubrir que la joven mujer había recogido a sus hijos y acariciaba sus cabecitas apoyadas en su regazo manchado de sangre.
― Preferí quitarles la vida a que ellos sufrieran sin tener culpa de nada.
―¡No debía hacerlo, yo podía salvarlos! ―reclamó John evidentemente afectado por lo acontecido.
―¿Pero a qué precio? Mis hijos eran mi vida. Sin ellos no tiene caso seguir viviendo. Mi hija mayor murió por culpa de esos malditos; yo no podría vivir con el remordimiento de no haber podido protegerlos. Y con esto que acabo de hacer, los he protegido del sufrimiento y la humillación... Aunque he condenado mi alma a vagar en la oscuridad eternamente.
Los ojos de la mujer estaban inundados de lágrimas, las mismas que se derramaban una tras otra. John, comprendiendo el dolor y el remordimiento de esa mujer bajó su rostro al suelo. Sin embargo, no aprobaba lo que había hecho.
―Esto no debió suceder ―comentó el Spartan entre dientes.
―No... nunca. Sé que lo que hice no es digno de una madre, pero, no podía dejar que mis hijos sufrieran algo peor que la muerte.
―Entrégueme el arma ―pidió John.
―Yo no merezco vivir ―la mirada de Daniela lucía perdida en la nada. Para John fue evidente que había perdido la razón.
―Por favor, deme esa arma ―insistió el supersoldado.
Daniela miró fijamente al Spartan y luego habló por última vez.
―Por favor, dígale a mi esposo que nuestros hijos estarán bien y que lo amo ―después, se puso el arma en la sien y jaló el gatillo quitándose la vida instantáneamente.
Uno de los marines que había estado combatiendo contra el grupo de fuerzas del Covenant se acercó a John, sorprendido de lo que había visto.
―Cuando la desesperación y el dolor se combinan, somos capaces de hacer cualquier cosa con tal de evitar el sufrimiento ―dijo el soldado con pesar al ver la dramática escena.
―El amor por nuestros seres queridos también nos puede orillar a cometer actos como este ―respondió John, consciente de la sobrecogedora situación.
―¿Qué haremos jefe?
―No debemos decirle al capitán Harrison lo que aquí pasó. Eso sería peor a que se enterara que el Covenant asesinó a su familia.
―¿Le dirá que el Covenant asesinó a sus hijos y a su mujer?
―Y asumiré la responsabilidad por ello.
―¡Pero ella fue quien mató a dos de sus hijos! ―protestó el marine.
―Fue un momento de locura y dolor. No podemos culparla por eso ―dicho eso, John caminó hasta uno de los grunts muertos y tomó el arma del alienígena―. Esto ayudará a confirmar la causa de la muerte ―inmediatamente después disparó contra los cuerpos inertes de la familia de Harrison, teniendo cuidado de impactar en los lugares donde estaban los agujeros de bala, destruyendo la evidencia y convirtiéndose así mismo en responsable por la muerte de aquellas cuatro personas.
Desde entonces habían pasado 14 años, mismos que había estado engañando al contralmirante, haciéndole creer que había sido el Covenant el responsable por la muerte de su familia y echándose la culpa por no poder protegerlos del fuego cruzado. Y seguiría haciéndolo por lo que le quedaba de vida.
Aún recordaba los rostros, los nombres y las edades de aquella familia. Daniela, la esposa de Harrison, tenía 35 años a la hora de su muerte; Daniel, el mayor de los hijos, tenía 14; Sara, la de en medio, 10 y María, la más pequeña, apenas 5. Nunca, desde que tenía memoria, había visto algo semejante y esperaba no volver a presenciar algo así jamás. Y al estar enterado del embarazo de Cortana no quería pasar por algo similar con su hijo.
Kelly permanecía en la enfermería, esperando a que el médico se dignara en aparecer. La habían encamado a la espera de que su pierna recibiera el tratamiento correspondiente. Aún conservaba el entablillado que Cortana le había hecho horas antes, mas no el dolor, que fue calmado con la ayuda de algunos medicamentos proporcionados a la hora de entrar en aquella enfermería.
Sabiendo que en la puerta estarían al menos dos Spartan vigilando, se hizo a la idea de que no saldría de allí fácilmente, por lo que, mirando hacia todos lados, buscó algo que le sirviera como arma en caso de que se diera la oportunidad de fugarse.
Con sumo cuidado de no hacer ruido con las cadenas que la aprisionaban, Kelly se bajó de la cama donde la habían situado y saltando en un solo pie se acercó hasta unas gavetas, donde buscó algo de utilidad. Encontró muchas cosas inútiles, y entre todas ellas, un bisturí. Ella sabía como usar cuchillos y cualquier otro utensilio con filo, por lo que con esa herramienta era más que suficiente para asegurarse una huida rápida o al menos, lo que su pierna rota pudiera permitirle.
Regresó a la cama y se acomodó justo antes de que el medico entrara al lugar. Ella sonrió con la confianza que solo un Spartan puede tener en una situación como esa.
Cortana por su parte, había sido encerrada en una sala similar a la que John había sido llevado, solo que era Serin quien estaba frente a ella. La mirada de la chica se debatía entre el odio por aquella mujer y el miedo de saberse atrapada. Pero temía más por la vida de su hijo no nato, el mismo que no tenía culpa de nada y era objeto de odio de la mujer frente a ella.
―Y bien, dime ¿qué se siente saber que John está bajo nuestro poder? ―Cortana no contestó―. ¿No dices nada? Bueno, es tu decisión.
―Sabes que John no se quedará de brazos cruzados solo porque lo tienen encerrado.
―¡Claro! Eso es algo que se puede esperar del ¡gran Spartan 117! ―había burla y sarcasmo en la voz de la almirante.
―Sigue burlándote. A ver si sigues riéndote cuando él te ponga las manos encima.
―Eso no sucederá. Mis hombres ya han sido instruidos para que lo liquiden si él se atreve a hacer algo contra mi.
―En todo caso Serin. No importará lo que hagas. Él no se fijará en ti ―las palabras de Cortana eran seguras.
―Tal vez tengas razón. Pero ¡¿qué importa?! Eso no quitará el placer de verte muerta por mis propias manos. Además, recuerda que estás esperando un hijo de él, y le he prometido que se lo presentaría en cuanto tú estés muerta ―la expresión de Serin era la viva imagen de la locura.
Aquellas palabras le hicieron imaginar a Cortana lo que la almirante haría con ella y su hijo. Una profunda ira nació de las entrañas de la joven al saber las intensiones de la mujer frente a ella. Si no fuera porque estaba esposada se habría lanzado contra Serin y la estaría estrangulando.
―Estás loca, no me cansaré de decirlo.
―¿Loca? Tal vez ―rió un poco―. Aún así, estas en mis manos y nadie te defenderá de mi ―la mujer se levantó de su asiento provocando un sobresalto en Cortana. Pero aquello había sido una falsa alarma, ya que Serin salió del cuarto.
La almirante caminaba fuera de la improvisada sala de interrogatorio, imaginando las cosas que le haría a Cortana cuando tuviera la oportunidad. Su sonrisa evidenciando la locura padecida.
―¿De verdad piensas hacer lo que dijiste? ―escuchó una voz tras ella, la misma con la que había conversado en la Infinity cuando Palmer la descubrió accidentalmente.
―¡Claro! ¿Por qué no?
―Quizás porque si lo haces, John se enojará contigo y te odiará. Y tú no quieres eso ¿o si?
―¡No! Yo quiero que él me ame como yo lo amo a él ―el rostro de la almirante había recobrado la calma. Aún así, su mirada estaba perdida en el limbo, soñando con una vida al lado de John.
―Entonces, si matas a Cortana, tú quedarás como la mala de la película. De hecho, en este momento ya lo eres y John no estará contento.
―Pero todo lo que estoy haciendo lo hago por él.
―Eso no sirve Serin. John no verá eso, sino el daño que le harás a Cortana.
―¡Ella es culpable de que él no esté conmigo ahora!
―Si eso es así, entonces no tengo objeción para que la mates. Aunque, cuando lo hagas, perderás toda esperanza de que John te ame.
―Aunque él no me ame después de eso. Yo debo acabar con Cortana. Ella es la única mujer en la que John se ha fijado realmente y eso... eso no puedo perdonarlo.
―Entonces ya no hay nada de que hablar ―la voz desapareció.
―Ya nada queda por hablar ―dijo Serin una vez se sintió sola―. Pero aún hay mucho qué hacer.
Palmer le había dado un lugar a Alicia para que durmiera. La chica se veía realmente cansada y por lo que había escuchado, sabía que Serin y el almirante Harrison estaban cerca de atraparlos, si es que no los habían atrapado ya.
La situación era desesperada, y tenían pocas oportunidades de hacer algo bien. Sobre todo porque era más que seguro que Harrison y Osman habían llevado muchos Spartan a la superficie del planeta.
―¿En qué piensas Sara? ―preguntó Lasky.
―Todo esto es muy complicado. Siendo sincera, creo que fallaremos en esta misión.
―Quizás sea así. Pero no por eso debemos rendirnos. El jefe y Cortana nos necesitan.
―Habla como si le debiera algo al jefe.
―Le debo la vida, Palmer, ya deberías saberlo.
―¿Lo dice por lo de Circinus IV?
―Así es ―el capitán guardó silencio unos momentos antes de proseguir―. Solo tres sobrevivimos a ese ataque. Nadie más pudo salir de ese planeta con vida. De no ser por el jefe, nadie habría sobrevivido. Estoy en deuda con él.
―Se nota que lo admira... Bueno, muchos lo admiramos. Aunque su personalidad fría no es algo que agrade mucho a las personas.
―Eso es cierto. Aunque parece que eso ha cambiado. A la vez que ha conseguido pasar como una ser humano común, seguramente se ha sabido adaptar a una vida fuera de la guerra.
―Tengo entendido que él fue reclutado a la edad de 6 años.
―Mas bien, secuestrado.
―No me imagino como debió ser su vida antes de ser un Spartan.
―Ni yo; lo conocí cuando él ya era jefe maestro, y apenas tenía mi edad, quizás un poco mayor; éramos apenas unos adolescentes cuando él y sus compañeros ya había visto más acción de la que muchos podrían soportar.
―Entonces él es menor de lo que creía ―Palmer guardó silencio por unos segundos―. Es curioso, porque se comporta como un hombre de más edad.
―Es el sufrimiento al que seguramente ha estado sometido toda su vida.
―Pero parece que últimamente ha estado disfrutando de la vida ―la mujer sonrió.
―Bueno, se lo merece ¿no crees? ―comentó Lasky con un tono que parecía alegre.
―En todo caso, capitán. ¿Qué haremos si ya fueron atrapados?
―Infiltrarnos es una idea estúpida y a la vez la única con posibilidades de éxito.
―Dicen que las ideas descabelladas a veces son las mejores.
―En ese caso, hagámoslo.
Un phantom encubierto aterrizaba cerca de la zona de choque donde Cortana, Kelly y Alicia se habían estrellado, no se acercó más debido a que el campamento de UNSC estaba precisamente en esa zona. Sin embargo, lo hicieron lo suficientemente cerca para poder observar e idear una estrategia. No sabían que John, Cortana y Kelly habían sido capturados, por lo que su máxima prioridad era observar a que un movimiento sospechoso se diera para ellos entrar en acción.
Estamos cerca del lugar, Inquisidor, nos mantendremos al margen y observando. Hay mucho movimiento en este lugar, parece que los humanos encontraron algo.
En la nave, el Inquisidor escuchaba atentamente. Después de tener aquella discusión con Catherine su orgullo había sido herido, pues la pequeña doctora le había restregado en la cara que eran unos cobardes. No lo había dicho abiertamente, pero estaba seguro que había querido decirlo. Además, estaba la posibilidad de que la mujer con cuerpo de niña ideara alguna treta, como sólo los humanos podían idearlas, y todo para rescatar al Spartan y a su mujer.
―Manténganse en esa posición y no hagan nada, a menos que sea necesario.
El equipo Majestic se había movilizado hacia donde una mancha de luz podía divisarse por encima de los árboles. Estaban seguros que ese era un campamento levantado por los hombres que Harrison había llevado a minister. Sin embargo, no iban todos, Grant se había quedado con Alicia para cuidarla.
―Debemos tener cuidado ―Lasky sacó un dispositivo de comunicación de entre sus ropas―. Roland ―llamó. De inmediato, la imagen holográfica de la inteligencia artificial de la Infinity apareció ante los ojos de todos.
―A sus órdenes, capitán.
―Quiero un mapa de la zona donde Harrison aterrizó y la situación actual.
―En seguida, señor ―la I.A. hizo un saludo marcial y desapareció. Volviendo a reaparecer varios segundos después con la información ordenada por el capitán―. El contralmirante ha levantado un campamento y según las bitácoras de varios marines, han capturado a tres sujetos, dos mujeres y un hombre ―Lasky temió lo peor.
―¿Quienes son esos sujetos?
―Los tres prisioneros son: Cortana, ex I.A. de UNSC, Kelly 087 y John 117, al parecer, en este momento están siendo interrogados por personal de UNSC.
―Maldita sea, esto es malo. Gracias Roland.
―Ha sido un gusto, señor ―la imagen de Roland desapareció definitivamente.
―¿Qué haremos? ―preguntó Palmer.
―¿Qué sugieres?
―Por el momento observar. No tiene caso iniciar un enfrentamiento contra tantos efectivos, solo llevaríamos las de perder y no es bueno para nuestra reputación.
―Estoy de acuerdo. Por lo pronto observaremos y si hay oportunidad de hacer algo, lo haremos sin titubear. Spartans, sigamos adelante.
El grupo continuó su camino para llegar hasta el lugar donde tenían cautivos a John, Cortana y Kelly.
Catherine despertó sobresaltada, la preocupación no la dejaba descansar a gusto. Sentía que debía hacer algo por sus amigos. Sin embargo, su condición infantil no le ayudaba mucho. Pensó durante varios minutos seguidos un modo de poder ayudar a John y a las chicas, hasta que dio con uno, bastante estúpido, y que no obstante, podría funcionar. Se levantó como impulsada por un resorte y corrió hasta el puente.
Al llegar, encontró al Inquisidor sentado en el asiento del capitán observando un enorme monitor con lo que parecía ser información de la superficie del planeta, más específicamente la zona donde todo se estaba llevando a cabo.
―Inquisidor ―llamó Catherine. El Sangheili volteó a mirarla.
―Pensé que ya dormía.
―Acabo de despertar. Pero ese no es el motivo por el que estoy aquí.
―¿Y cuál es?
―Acabo de idear algo para ayudar a John.
―Espero que sea para liberarlos.
―¿Qué?
―Ellos han sido capturados.
―¡Maldita sea!
―Solo nos queda esperar una oportunidad para rescatarlos.
La mente de Catherine comenzó a moverse nuevamente. Si john, Cortana y Kelly estaban cautivos, lo más seguro era que Harrison y Serin estuvieran ahí, lo que realmente dificultaba las cosas.
―¿Hay algo más que no me haya dicho?
―Si. Un grupo de Spartans descendió al planeta varios minutos después que el contralmirante y la almirante. Al parecer el grupo es liderado por el capitán de la Infinity.
―¿Lasky?
―Si.
―¡Debemos contactarlos! Con lo que ese hombre respeta a John, no creo que haya bajado para perjudicarlo.
―¿Qué planea hacer?
―Lo que sea necesario para liberarlos.
Lasky y su grupo habían llegado a las inmediaciones del campamento militar.
―Muy bien soldados. Debemos encontrar un punto débil en la vigilancia del lugar.
―No veo ningún Spartan, solo marines ―comentó Thorne.
―Seguramente fueron comisionados para vigilar a los prisioneros. Eso nos debería dar un poco de ventaja para entrar, aunque el rescate será otra cosa ―aseguró Palmer.
El sonido del comunicador de Lasky alertó a todos. El capitán contestó.
―Aquí Lasky.
―Capitán Lasky ―se escuchó del otro lado. Parecía que era una niña quien hablaba.
―¿Una niña? ―preguntó Hoya confundido.
―Capitán Lasky. Soy la doctora Catherine Halsey. Necesito hablar con usted inmediatamente.
―Supongo que es su clon ―comentó.
―Eso no es importante ahora. Debemos vernos inmediatamente.
―Por mi no hay problema, solo que no sé donde se encuentra usted.
―No se preocupe, yo lo encontraré. Dígame sus coordenadas y estaré allí en unos minutos.
Catherine había abordado un Phantom junto a otro grupo de elites y el Inquisidor. La nave estaba próxima a entrar en la atmósfera.
Diez minutos después, la nave aterrizaba en un claro alejado del campamento para evitar que los descubrieran. Diez elites fuertemente armados bajaron junto al Inquisidor y Catherine, quien no esperó a que los demás se movilizaran.
―¿A dónde va? ―preguntó el Inquisidor.
―No podemos perder tiempo ―la pequeña doctora se perdió entre la maleza del bosque. El sangheili la siguió de cerca, al igual que los demás. Pocos minutos después llegaba al lugar donde el capitán y el equipo Majestic aguardaban a que alguna brecha en la vigilancia se abriera y ellos pudieran introducirse en el campamento ―Buenas noches, señores y señorita ―la doctora se presentaba en brazos del Inquisidor, quien se había ofrecido para cargarla todo el camino.
―Doctora Halsey, supongo ―saludó Lasky a la pequeña―. Usted debe ser el Inquisidor ―los dos se dieron la mano.
Los Spartan se sorprendieron de que el capitán no se hubiera asustado por la presencia de un elite en el lugar.
―Señor, es un elite ―mencionó DeMarco, visblementei incómodo.
―Lo sé. No se preocupen, están aquí para ayudarnos. Lo que nos vendrá realmente bien.
―¿Usted sabía de su presencia? ―Palmer preguntó.
―Hace unos días que lo sé. Pero no nos adentremos mucho en explicaciones. ¿Tiene algún plan doctora?
―Primero quiero saber cuál es la situación ―la pequeña miraba hacia el campamento.
―Ellos tienen al jefe, a Cortana y a la Spartan Kelly 087.
―¿Qué hay de Alicia? La chica que estaba con Kelly y Cortana.
―Está en el bosque con Grant, una de nuestras Spartan, no se preocupe.
―Es un alivio saberlo. Pero ¿han sabido algo más?
―Todo el perímetro está vigilado, no hay manera de entrar, y no podemos saber cómo están el jefe y las mujeres ―Palmer contestó.
Catherine se puso a pensar a la vez que observaba el campamento siendo vigilado por varios marines.
―Infiltrarse será difícil e iniciar un ataque sorpresa solo nos expondrá y no tendremos garantía de salir victoriosos ―guardó silencio por varios segundos―. Y si...
―¿Tiene una idea? ―preguntó Lasky.
―Y si alguno de ustedes me da su arma, no importa si es una pistola y alguno de los elites me presta su módulo de camuflaje puedo aprovechar mi tamaño y la invisibilidad para burlar la vigilancia y averiguar donde está mi familia.
―Eso es muy arriesgado doctora ―comentó Lasky.
―El que no arriesga no gana, capitán ―los ojos de la doctora reflejaban su autoconfianza.
―De acuerdo. Tome mi arma ―el capitán le pasó su pistola y un cargador.
―Aquí está mi módulo de camuflaje ―ofreció el Inquisidor―. Pero tenga cuidado, el efecto no dura mucho y deberá esperar unos segundos antes de volver a utilizarlo.
―De acuerdo. Deséenme suerte ―ni bien terminó la frase, la pequeña se lanzó hacia el campamento.
Faltaban escasos diez metros cuando activó el camuflaje y se deslizó entre dos guardias. Llegó hasta unas cajas de suministros justo en el momento que el camuflaje perdía su efecto. Miró sus alrededores dando tiempo a que el dispositivo de invisibilidad se recargara, parecía que Osman y Harrison no querían por nada del mundo dejar que John se escapara, ya que había un guardia cada diez metros ofreciendo una vigilancia muy cerrada, imposible de penetrar sin un dispositivo como el que llevaba en sus ropas. El módulo avisó a su portadora que ya se había recargado. Catherine activó nuevamente el aparato y avanzó hasta lo que parecía ser la tienda de un oficial, mas no sabía si de Serin o de Harrison.
―No debimos dejarla ir ―comentó Palmer.
―Si la doctora es la mitad de lista que su fama presume, entonces no creo que tenga problemas para encontrar al jefe y a Cortana ―Lasky, a pesar de esas palabras, también tenía sus dudas.
―Ordenaré a mis guerreros que se posicionen por si acaso algo sucede ―el Inquisidor miró hacia atrás, donde el resto de elites esperaban sus órdenes. Solo bastó un movimiento de cabeza para que entendieran y corrieran para rodear el lugar y avisar al otro grupo de sangheili en el lugar.
―Disculpe inquisidor ―habló Hoya.
―¿Qué sucede Spartan? ―preguntó el alienígena.
―Usted conoce al jefe maestro más que nosotros ¿cierto?
―Quizás.
―¿Es cierto que él y Cortana son pareja?
―¿Cómo se te ocurre preguntar esas cosas en un momento como este? ―reclamó DeMarco.
―Oye, creo que estoy preguntando algo que todos queremos saber. Por lo menos yo sí.
―Si él no amara a su mujer, no estaría haciendo esto ―contestó el enorme ser con su grave voz.
―Además, si no fuera por eso, Cortana no estaría embarazada; Hoya, a veces pienso que eres algo estúpido ―comentó Thorne, quien había permanecido callado todo ese tiempo.
―Oye, es simple curiosidad.
―¿O pensabas ligarte a Cortana? ―comentó Madsen, que tampoco había hablado en todo el rato.
―Silencio ―habló Lasky―. En vez de estar comentando tonterías deberían estarse preparando para una posible eventualidad. Dispérsense y no hablen más.
Sin oponer resistencia, los Spartan se distribuyeron alrededor del campamento, a excepción de Palmer, que se quedó junto a Lasky por petición del mismo.
John, que hacía varios minutos se había liberado de las esposas, aún permanecía en silencio dentro de la sala de interrogatorios, pensaba en la manera de salir de allí y rescatar a Cortana y Kelly. Sin embargo, sabía que en ese momento la puerta del lugar estaba siendo vigilada por lo menos por dos Spartans completamente equipados. Si intentaba abrirse paso entre ellos, el campamento prontamente estaría en alerta y acabarían con él y quizás con Cortana y Kelly. Pero si no hacía algo, Serin le haría daño a su mujer y a su hijo no nato. Estaba atrapado sin salida. Haría falta un milagro para que pudiera salir de allí. Desgraciadamente él no creía en esas cosas.
Catherine se acercó hasta el primer edificio improvisado que encontró, siguiendo su lógica y todo lo que había aprendido durante su servicio en UNSC dedujo que estaba ante una sala de interrogatorio, no le cabía la menor duda de eso, de lo que sí dudaba era de quién estaría adentro. Solo esperaba que no fueran ni Harrison ni Serin, o todo su plan se iría al infierno.
Se asomó hacia donde debía estar el frente y divisó a cuatro Spartans apostados en la puerta, debía distraerlos. Pensó durante unos segundos y vio entre la penumbra que brindaba la iluminación del campamento un pequeño montón de piedras, las mismas que le dieron la idea del engaño más típico; lanzó las pequeñas rocas procurando hacer el suficiente ruido con ellas para que los cuatro supersoldados se distrajeran y le permitieran entrar en el lugar sin ser vista aprovechando el camuflaje.
El plan dio resultado pero solo con dos de los Spartan. Debía hacer que los otros dos se distrajeran también.
En la lejanía, dos Elites que no habían perdido de vista a la doctora se dieron cuenta de la treta que estaba llevando a cabo y decidieron ayudarla haciendo ruido entre los árboles. Los dos Spartan restantes cayeron en la trampa rápidamente, dejándole vía libre a Catherine para que entrara en la sala de interrogación. La pequeña activó nuevamente el camuflaje y se dirigió rápidamente a la puerta del cubículo y activó el mecanismo para abrirla.
John escuchó la puerta activarse, y previendo una posibilidad de escapar se posicionó rápidamente a un lado de la puerta para sorprender al que entrara, mas el sorprendido fue él cuando vio que nadie entró.
Catherine entró rápidamente y miró hacia todos lados sin ver a nadie, cosa que la desconcertó, pues esperaba encontrar a alguien allí dadas las circunstancias. El camuflaje perdió su efecto mostrándola plenamente.
John también se desconcertó cuando vio a Catherine parada a solo centímetros de él con un arma en la mano y con cara de no entender lo que sucedía.
―Catherine ―habló John, asustando a la pequeña.
―¡Maldita sea John me asustaste!
―¿Qué haces aquí?
―¿No es obvio? Vengo a rescatarte. Toma ―le extendió el arma que llevaba en su mano derecha, él la tomó―. Tenemos que largarnos de aquí cuando antes, los Spartan que vigilaban la puerta no deben tardar mucho.
―Bien ―John tomó a la pequeña en brazos y salió del lugar rápidamente.
―Toma, es el módulo de camuflaje del Inquisidor, me permitió llegar hasta ti.
―Hay que ir por Cortana y Kelly.
―¿Y dónde crees que estén?
―Cortana seguramente estará en la otra sala de interrogación.
John tomó a Catherine en brazos, activó el camuflaje y se dirigió rápidamente hacia donde estaba la otra sala de interrogación, mas sin embargo, el efecto del dispositivo de invisibilidad se terminó, dejándolos descubiertos y obligándolos a ocultarse.
Durante el tiempo que duró la recarga del dispositivo observó el lugar en busca de algo que pudiera serles útil para escapar de allí. En la cercanía vio un warthog, del cual memorizó su ubicación. El dispositivo se recargó nuevamente y reemprendieron la marcha hacia la sala de interrogación encontrándose con una situación similar a la de la otra sala, solo que en esa ocasión solo eran dos los Spartans que vigilaban el lugar.
―Catherine ―dijo John―. ¿Cómo distrajiste a quienes me vigilaban?
―Arrojé unas cuantas piedras a unos árboles cercanos para hacer ruido.
―¿Fue todo? ―preguntó John no pudiendo creer la respuesta de la chica.
―¿Qué más quieres que te diga?
―Tengo la impresión de que ya no hacen a los Spartan como antes.
―Te escuchaste como un anciano.
―Silencio. Alguien se acerca.
Los dos se ocultaron detrás de unas cajas de suministros. Frente a ellos, un Spartan se cruzó con lo que parecía ser una charola con alimentos. John se movió preparándose para saltar sobre el sujeto. Ni bien estuvo en una posición cómoda, se abalanzó sobre el hombre quitándole el casco y propinándole un fuerte golpe en la cabeza con el arma para dejarlo inconsciente y moviéndose rápidamente para evitar que la charola cayera al suelo. Alargó el brazo para que Catherine tomara la comida y él pudiera arrastrar al Spartan dormido, lo que era sumamente difícil, incluso para la fuerza superior de John.
―Oye, si querías cenar bastaba con que te quedaras en la otra tienda ―comentó con sarcasmo la doctora.
―No empieces Catherine ―comenzó a quitarle la armadura al Spartan, aprovechando la habilidad que había adquirido durante aquellos meses en Minister para quitarse la propia en poco tiempo sin necesidad de las herramientas que había en los centros de mantenimiento Spartan.
―Ya veo. Eres brillante.
―Soy sierra 117, no debes subestimarme.
―Y ahora eres presumido ―la pequeña doctora sonrió.
Una vez que John despojó al Spartan de su armadura, se la puso. Tomó la charola con comida.
―Quédate aquí ―le dijo a Catherine.
El hombre se acercó al lugar donde los otros Spartan vigilaban.
―¡Hey! ¿Qué tenemos aquí? ―preguntó uno de los Spartan vigilantes.
―Es la cena para la invitada ―contestó John fingiendo la voz, no quería que lo reconocieran.
―Oye tu voz suena diferente ¿qué te pasó?
―Mucho karaoke la otra noche ―respondió. Sabía que en algunas ocasiones algunos Spartan se reunían en la Infinity para pasar el rato destrozando canciones en la máquina de karaoke de la sala de oficiales.
―Si, esas noches suelen dejarnos bastante mal de la voz. Por cierto ¿qué le traes a la preciosa? ―John destapó la comida ―Delicioso.
―¿Ya puedo pasar?
―Claro, viejo.
John entró en la sala. Encontró a Cortana recostada en la mesa dormida, se acercó a ella sin hacer ruido y la observó dormir. Le parecía tan tranquila así. Mas no se detuvo en su observación y la movió para despertarla, lográndolo en pocos segundos.
Cuando despertó, estuvo a punto de gritar por el susto, pensando que tal vez habían mandado a ese desconocido a matarla.
―Silencio. Soy yo ―aclaró John.
―¿John? ―él se quitó el casco.
―¿Cómo hiciste para... ―él le tapó la boca.
―Primero hay que salir de aquí y buscar a Kelly.
―Lo haría, pero estoy encadenada ―le dijo mientras le mostraba las esposas alrededor de sus muñecas y sus tobillos.
Él se acercó y haciendo uso de la fuerza extra proporcionada por la armadura, rompió las cadenas. No se preocupó por el ruido a sabiendas de que las paredes eran a prueba de filtraciones de sonido.
―Hay dos guardias en la puerta, debemos encargarnos de los dos. Te recomiendo que no mates al que tengas que atacar.
―De acuerdo ―la chica se levantó preparándose para atacar, pero fue detenida por John.
―Pero antes, debes cenar ―la chica lo vio extrañada.
―Yo creí que...
―Esta es comida de verdad, se la quité al Spartan que portaba esta armadura.
―¿En serio?
―No preguntes y come.
Cortana consumió los alimentos rápidamente, no había tiempo para los modales estando tan hambrienta. Y es que, no haber comido desde el día anterior era lo peor. Mientras veía cómo John vigilaba la puerta, la chica terminó de cenar.
―Bien, ya comí. ¿Ahora qué?
―Saldremos y sorprenderemos a esos dos.
―De acuerdo ―ella se tronó los dedos de ambas manos.
Se posicionaron de tal manera que el hombre ocultaba a la chica tras de él. John abrió la puerta, los dos Spartan en el exterior ni siquiera si inmutaron por el sonido, sabiendo que era un compañero el que saldría. No contaban con que ese «compañero» era el mismísimo Jefe maestro y que estaba a punto de patearles el trasero.
Ni bien los dos fugitivos estuvieron fuera, se abalanzaron contra los dos guardias. John despachó al suyo en un santiamén, aprovechando el factor sorpresa. Cortana no fue tan afortunada y luchaba con todas sus fuerzas contra su adversario.
―No te entretengas, Cortana.
―¡No me estoy entreteniendo! Este tipo es duro y yo no tengo armadura.
Finalmente y como pudo, la chica rodeó el cuello del Spartan y lo sofocó hasta dejarlo inconsciente.
―Toma su arma, ponte su armadura y busquemos a Kelly ―John tomó el arma del otro supersolado.
Cortana se puso la armadura de uno de los Spartan de la misma manera que John lo hizo con el que había atacado minutos antes.
Estando los dos por fin libres, debían encontrar a Kelly, no podían abandonarla a su suerte en ese lugar y menos con una loca como Serin.
―¿Por fin me dirás cómo escapaste?
―Cuando lo sepas no lo vas a creer.
―Espero que no sea nada ridículo.
Ya con las armaduras puestas era más sencillo pasar desapercibidos y por consiguiente, encontrar a Kelly. Caminaron hasta donde Catherine se había quedado. Al verla, Cortana no supo si reír o enojarse.
―No me digas que tú rescataste a John.
―Pues si no quieres no te digo.
―Basta de charla, tenemos que hallar a Kelly. Catherine, ve hacia donde vimos el warthog y ocúltate cerca, si escuchas disparos, corre hacia el bosque y no nos esperes.
―Como digas ―la pequeña activó el camuflaje y desapareció literalmente.
―Cortana, tú y yo iremos por Kelly.
Los dos se encaminaron tratando de actuar lo más normalmente posible, lo que era difícil para Cortana, debido principalmente a lo poco que conocía a esos Spartans. La chica seguía a John, quien, siguiendo la lógica de un campamento militar, se dirigió hacia donde debía estar la enfermería, al ser más que probable el hecho de que la mujer estaría allí dada la fractura de su pierna.
―¿A dónde vamos? ―preguntó Cortana.
―A la enfermería.
Una vez en el lugar, John preguntó por Kelly.
―¿Está aquí la prisionera Kelly 087? ―procuraba fingir su voz para que no lo reconocieran.
―Aún está en observación ―respondió el Spartan apostado en la puerta.
―¿Dónde está tu compañero?
―Fue por allí a buscar un lugar donde desechar la comida ¿por qué?
―Porque quiero saber que tan fácil será deshacerme de ti en este instante ―John no dio tiempo a reaccionar al Spartan cuando ya lo estaba estrangulando con su arma. Varios segundos después, el sujeto estaba en el suelo, acomodado de tal manera que pareciera dormido.
Entraron en la enfermería y buscaron el habitáculo donde tendrían a Kelly, lo cual no fue muy difícil, teniendo en cuenta el tamaño reducido del lugar y lo vacío del mismo. Lo que si fue difícil de asimilar fue lo que Kelly estaba haciendo con el médico que la atendía.
El sujeto en cuestión, estaba con los pantalones a medio bajar y con el rostro rojo y sudoroso, su expresión demostraba la emoción que sentía en ese momento.
―¡Kelly! ¿qué estás haciendo? ―preguntó Cortana cuyo rostro, si no hubiera estado cubierto por el casco, habría mostrado la sorpresa que la tenía poseída.
―¡Espera! ¡Espera! ¡No es lo que parece! ―después de terminar la frase golpeó al sujeto mandándolo a dormir ―¿Quiénes son ustedes?
Cortana se quitó el casco.
―¿Qué le ibas a hacer al médico? ―preguntó la chica con el rostro rojo de vergüenza.
―¿Tú qué crees? ―le mostró el bisturí que había sustraído de una de las gavetas del lugar.
―¡Eres una cerda!
―Todo era un plan para salir de aquí.
―Y obtener algo de placer también, supongo ―la molestia era más que evidente en la voz de Cortana.
―Ya no discutan y vámonos antes de que alguien se dé cuenta de nuestra presencia aquí ―John cortó la conversación antes de que se fuera por rumbos vergonzosos.
―En realidad estaba a punto de hacerle una segunda circuncisión al médico ―comentó Kelly tratando de aclarar la situación.
―Eso nos lo platicas después, ahora debemos escapar ―dijo John cansado de eso.
Tomaron a Kelly sobre sus hombros y salieron de la enfermería a toda prisa. Varios segundos después de que se habían retirado del lugar, el compañero del Spartan inconsciente en la puerta llegó.
―Uff, amigo, sí que me hacía falta ir al baño ―miró a su compañero sentado en el suelo―. ¡Diablos! Está dormido otra vez ―ni siquiera se molestó en despertarlo poniéndose en guardia nuevamente.
Cargar a Kelly era relativamente fácil, lo problemático sería que los descubrieran en ese momento y tuviera que defenderse.
―Chicos ¿Cómo lograron escapar? ―preguntó Kelly.
―Es mejor que no te enteres en este momento ―respondió Cortana.
Caminaban lo más rápido que podían tratando de evitar que la pierna de Kelly se lastimara más. Sin embargo, cada segundo perdido aumentaba la posibilidad de que los descubrieran, justo lo que estaba por suceder.
Serin, después de haber conversado con su «amiga» imaginaria, regresaba hacia la sala donde había encerrado a Cortana, mas no llegó al ver a los dos Spartans que había dejado como guardias inconscientes en el suelo, uno de ellos sin armadura. No esperó a asimilar la información cuando ya estaba informando la fuga. Parecía que esos dos tenían una habilidad innata para escaparse de todos los lugares donde los ponían. Tomó el comunicador que transportaba en su costado derecho y dio el aviso.
―¡Los prisioneros han escapado! ―ni siquiera sabía si todos habían escapado, pero lo suponía.
Pocos segundos después, el sonido de la alarma inundaba el lugar movilizando a todo el personal y sobresaltando a los fugitivos.
―¡Me lleva el diablo! ―masculló Cortana.
―¡Rápido, debemos llegar al warthog! ―apuró John a la vez que alistaba su arma por si un tiroteo se iniciaba.
Serin había vuelto al centro de control a toda velocidad, solo para escuchar lo que más temía.
―Señora, sierra 117 y 087 han escapado de la sala de interrogatorio y enfermería respectivamente.
―¡Mierda! ―la ira se mostraba franca en el rostro de la almirante―. ¿Es que nunca están quietos? ―salió a toda prisa arrebatándole el arma a un marine en el lugar―. ¡Muévanse, señoritas! ¡No quiero que esos tres se escapen! ¡Quiero grupos de tres Spartans y tres marines! ¡El equipo Carmesí viene conmigo!
―¡Están cerca de un warthog! ―gritó un marine al verlos.
Todos corrieron hacia donde el marine había dicho preparando sus armas.
―John, esto se va a poner feo, vale más que salgamos de aquí lo más pronto posible ―avisó Kelly, que se había acomodado en la parte trasera del warthog.
―¿Dónde está Catherine? ―preguntó John viendo hacia todos lados, tratando de ver a la doctora.
―¡Aquí estoy! ―gritó la pequeña al momento que salía de entre unos arbustos.
En la lejanía, Lasky, Palmer y el Inquisidor escucharon la alarma.
―¡Escaparon! ―afirmó Lasky al momento que se acomodaba para emprender la carrera hacia el campamento. No había que ser muy inteligente para saber que John y sus acompañantes se verían en grandes problemas para poder escapar.
El sonido de disparos terminó de alertar a todos alrededor del campamento.
―Equipo Majestic, hora de entrar en acción ―ordenó Palmer a la vez que le arrojaba un arma al capitán Lasky.
―Guerreros, a luchar ―ordenó el Inquisidor.
―Inquisidor ―llamó el capitán. El sangheili lo miró―. Procure que sus guerreros no asesinen a nadie, no sería bueno tener problemas con UNSC por algo así.
―Eso será muy fácil ―contestó el alienígena.
Todos salieron de sus escondites y corrieron hacia el campamento.
Apenas Catherine subió al warthog, los disparos comenzaron a llegar. John saltó dentro del vehículo y encendió el motor, pisó el acelerador a fondo y emprendió la huida.
―¡Yo en el arma! ―gritó Kelly poniéndose de pie a pesar del dolor que suponía su pierna rota. Apuntó la ametralladora para comenzar a disparar inmediatamente. Pronto la M14 comenzó a escupir plomo poniendo a raya a todo aquel que se atreviera a acercarse. Aún así, la Spartan tenía cuidado de no matar a nadie.
―¡Rápido, un warthog! ―ordenó Serin. En ese instante, Harrison se presentaba conduciendo uno. La almirante saltó a la parte trasera alistando la torreta para disparar.
Harrison pisó el acelerador a fondo y emprendió la persecución.
―¡John, aquí no hay caminos! ―gritaba Cortana asustada al ver que John se había metido por en medio del bosque.
―No hay alternativa.
―¡Nos siguen! ―gritó Kelly desde atrás a la vez que disparaba.
―¡De haber sabido que esto iba a pasar no hubiera venido! ―gritaba Catherine mientras se cubría la cabeza detrás de Kelly. Los casquillos de la munición cayendo sobre su cabeza.
Los árboles del bosque y el peso extra de las armaduras que John y Cortana portaban hacían sumamente difícil la conducción y disminuía la velocidad del vehículo enormemente, provocando que el otro warthog se fuera acercando peligrosamente. Kelly disparaba sin parar desde su puesto. Lo mismo hacía Serin desde su respectivo puesto tratando de herir a cualquiera de los que viajaban frente a ella, aunque su principal objetivo era herir o mejor aún, matar a Cortana.
Pronto, varios warthogs más se sumaron a la persecución volviendo más difícil la huida. Lo que quedaba del equipo Carmesí iba en uno de ellos; desde su posición, el equipo Majestic se había percatado de eso.
―Comandante, el equipo Carmesí ha iniciado una persecución, iremos tras ellos ―avisó DeMarco justo en el momento que se subía en el asiento del conductor de otro warthog seguido de Thorne y Hoya, quienes se montaron en el asiento de pasajeros y torreta respectivamente.
―Adelante, Majestic, pero procuren no matar a nadie, no queremos tener problemas con el alto mando.
―Lo tendremos en cuenta. DeMarco fuera ―el Spartan cortó la comunicación.
Los dos oficiales se quedaron en el campamento para intentar detener la escaramuza, algo que parecía realmente difícil viendo lo animado de la situación. Los dos corrieron rápidamente hasta el centro de mando, donde el capitán tomó rápidamente un micrófono y comenzó a hablar.
―Soy el capitán Thomas Lasky ¡Alto el fuego! ―aquellas palabras desconcertaron a todos los marines y Spartans en el lugar, ya que no esperaban tal orden y menos teniendo en frente a todos esos elites armados―. Los elites son nuestros aliados.
Cuando todo el alboroto se calmó fue Palmer la que habló.
―Soy la comandante Sara Palmer. Se ordena a todos los marines y Spartans en el campamento detener a la almirante Osman y al contralmirante Harrison, así como al equipo Carmesí, el jefe maestro y sus acompañantes deben ser protegidos a toda costa.
Aquello no tenía sentido para el personal de UNSC en el campamento. Primero les ordenaron capturar al Spartan 117 y luego protegerlo, además, era demasiado raro que los elites fueran sus aliados en eso. Lasky notó eso y volvió a tomar el micrófono.
―Señores, no puedo darles todos los detalles en este momento. Sin embargo, debemos proteger al jefe y a su familia ―el capitán salió de la sala de control y se dirigió rápidamente a un scorpion abandonado en el campo.
―Señor, permiso para conducir el scorpion ―pidió Palmer.
―No en esta ocasión, comandante ―Lasky entró en la cabina y encendió el enorme aparato de más de 60 toneladas.
Varios Spartans y la comandante abordaron el tanque y emprendieron la marcha en la dirección donde habían partido en persecución Harrison y Osman.
La espesura del bosque se había cada vez mayor, por lo que maniobrar en tales condiciones le había dado a John y compañía un respiro al no poder ser un blanco fácil para las armas de quienes los perseguían.
―Debemos estar atentos. Serin y Harrison no se detendrán por nada ―advirtió John.
―De eso ya nos dimos cuenta ―comentó Kelly, que mantenía su posición detrás de la torreta del warthog a pesar de su pierna fracturada, demostrando gran resistencia al dolor.
―Yo opino que deberíamos escondernos ―dijo Catherine al tiempo que tomaba la pistola adherida magnéticamente a la pierna de John.
―Debemos continuar ―opinó John.
―Opino lo mismo ―dijo Kelly.
―¿Alguien recuerda que aún nos están persiguiendo? ―preguntó Cortana al ver que otro warthog se aproximaba hacia ellos a gran velocidad aprovechando una amplia brecha entre los árboles.
―¡Se aproxima un warthog lleno de Spartans, creo que es el equipo Carmesí! ―avisó Kelly alistando la ametralladora.
―Tal vez vienen a vengarse ―comentó John con voz tranquila a pesar de la situación.
―¿Pues qué les hiciste? ―preguntó Catherine apuntando con la pistola, que lucía enorme en sus manos.
―Asesiné a dos de ellos cuando Cortana y Kelly huían hacia el bosque ―dijo al tiempo que desviaba el vehículo para evitar el choque con el otro warthog.
―¡¿Que hiciste qué?! ―preguntó Catherine sorprendida después de recuperarse del tirón provocado por la maniobra del warthog.
―Ya escuchaste, asesinó a dos miembros del equipo Carmesí ―respondió Kelly.
―¡Demonios, John! ¡Como si no tuviéramos problemas, vas y asesinas a dos personas! ―reclamó Catherine.
―Secundo la opinión ―agregó Cortana apuntando su rifle hacia el equipo Carmesí y disparando una ráfaga de metralla.
―Ya basta de tanta charla y concentrémonos en lo importante ―terminó John con la conversación.
Por su parte, Serin y Harrison se mantenían cerca del equipo Carmesí, a la espera de que el grupo de Spartans lograra detener a los fugitivos.
―¡Maldita sea, Harrison, mueve este maldito warthog y alcánzalos! ―protestaba la almirante.
―Lo haría si no hubiera tantos árboles, maldita bruja ―murmuró el contralmirante.
―Te escuché inútil ―contraatacó Serin al tiempo que dejaba la ametralladora y saltaba a la parte delantera del warthog, tomaba al contralmirante del cuello de su uniforme y lo arrojaba fuera del vehículo para tomar el mando del mismo, haciendo que el hombre se estrellara contra un árbol y quedara inconsciente y herido―. Ahora sí serán mios ―murmuró la mujer una vez tuvo el completo control del vehículo.
Varios marines presenciaron el acto de la almirante y se detuvieron a socorrer al oficial.
―Esa mujer está loca ―comentó un Spartan que había llegado al lugar después de saltar del warthog en donde viajaba para ayudar a los marines.
El scorpion avanzaba lentamente entre los árboles, pero tal avance se había cada vez más complicado debido a la alta densidad de la población vegetal del bosque.
―A este paso, muy pronto dejaremos de avanzar ―comentó Palmer, que controlaba la ametralladora del tanque.
―Eso no será problema ―dijo Lasky al tiempo que disparaba el cañón principal del vehículo, derribando un árbol de más de cien metros de altura y dañando varios alrededor.
―Qué poco amor por la naturaleza, señor ―comentó la comandante.
―Eso o no avanzamos ―respondió el capitán acelerando el aparato a su máxima velocidad.
Mientras tanto, con John y compañía...
―¡John, es Serin, se acerca muy rápido! ―avisó Catherine.
Kelly no esperó más y comenzó a disparar contra los dos warthog que ya les habían dado alcance, pero, incluso con su condición de Spartan, aquello era sumamente difícil, ya que el movimiento provocado por el terreno irregular le dificultaba apuntar adecuadamente.
―¡Dispárales Catherine! ―gritó Cortana a la vez que vaciaba su arma intentando dañar el motor del warthog en el que Carmesí los perseguía.
―¡Barranco a 50 metros! ―avisó John justo en el momento que una granada explotaba en su lado del vehículo, cosa que no pasó a mayores.
John pisó el acelerador a fondo y con apenas tiempo para que sus acompañantes reaccionaran, hizo saltar el vehículo por los aires hacia una caída de varios metros.
Catherine casi sale despedida del warthog, si no hubiera sido por Kelly que la tomó de una pierna y la acercó a ella se habría estrellado contra el suelo y habría muerto en el acto.
―¡Estás loco, John! ―gritó la pequeña poco tiempo después de tocar el suelo y destrozarse los amortiguadores del vehículo.
―Cuando James se entere lo que has hecho con este warthog, no te volverá a prestar el suyo ―comentó Cortana casi riéndose, a pesar del susto.
―¿Por qué ríes? ―preguntó John.
―¿Cómo supiste que este no era un precipicio profundo?
―No lo sabía ―dijo bajando del warthog antes de que Serin los alcanzara en ese lugar―. Rápido, tenemos que internarnos en el bosque.
―¡Estás loco, John! ―gritaron las tres mujeres al unísono.
―Nenas lloronas ―comentó en un murmullo.
Cuando los cuatro estuvieron fuera del warthog se dirigieron inmediatamente a esconderse entre la maleza del lugar.
Serin y el equipo Carmesí habían presenciado todo, pensando en lo loco que John debía estar por saltar a un barranco de casi 10 metros de profundidad.
―Equipo Carmesí, bajemos, esos cuatro no deben estar lejos ―ordenó Serin.
Los cuatro bajaron de sus respectivos vehículos y emprendieron el descenso hacia el pequeño valle que se extendía unos cuantos cientos de metros a la redonda.
―Ese maldito pagará por lo que le hizo a nuestros compañeros ―comentó el líder del equipo.
―No. Los quiero vivos a él y a Cortana, a las otras pueden hacerle lo que quieran.
Los tres Spartans se vieron unos con otros. Uno de ellos encogió sus hombros en señal de consuelo.
Desde los matorrales, John observaba la orilla del barranco, sabía que no podría huir eternamente y menos con Kelly en ese estado, si ella tuviera su pierna sana, en ese momento ya estarían lejos de allí, pero no era el caso. Tenía que proteger a Cortana y a Catherine a como diera lugar, no había motivo para que no lo hiciera. Y no solo porque amaba a esa mujer, sino porque ella le daría un hijo y no permitiría que lo asesinaran antes de nacer, no mientras él, sierra 117, siguiera respirando.
―Cortana ―llamó él a su mujer.
―Si ―contestó ella.
―Tú, Catherine y Kelly váyanse de aquí; distraeré a Serin y a Carmesí.
―Pero ellos son cuatro, te van a matar si los enfrentas tú solo ―protestó Cortana, sabiendo que lo que John intentaba podía calificarse como suicidio―. No voy a permitir que lo hagas. Tú te vas con nosotras.
―Cortana. Si no le pongo fin a esto, jamás podrás vivir en paz. Ella te perseguirá todos los días de tu vida y yo no quiero que eso suceda.
―Pero, John...
―Cortana ―llamó Catherine. La chica la miró―. Él tiene razón. Lo que va a hacer tampoco me gusta, pero no hay otra alternativa. Tarde o temprano esto tenía que suceder ―En el momento que la pequeña doctora decía esas palabras, John salió al claro para que Serin lo viera. La niña se percató de eso y lo siguió con la mirada―. Además, no puedes solo pensar en él. Ahora estás esperando un hijo suyo y no creo que le gustara que el bebé saliera lastimado ―le tomó las manos―. Debemos irnos.
―Pero...
―Vamos, Cortana ―llamó Kelly poniéndose de pie, manteniendo su pierna lastimada en el aire.
―Ven con nosotras, hermana ―pidió Catherine.
Cortana lo pensó, John y Catherine tenían razón, su hijo debía nacer sano. Miró por última vez a su hombre, que permanecía parado en medio del claro, a un lado del warthog en el que habían llegado.
Una comunicación llegó hasta sus oídos, la voz correspondía al capitán Lasky...
―A todas las fuerzas de UNSC en el bosque, soy el capitán Lasky, se les ordena no atacar al jefe maestro o a alguna de sus acompañantes.
Serin y el equipo Carmesí escucharon tal orden.
―Ignoren esa orden soldados ―ordenó Serin a los Spartans que estaban con ella.
―No tiene que ordenarlo, señora. Tenemos una cuenta pendiente con 117.
―Eso me alegra, pero no quiero que lo maten. Si acaso, le pueden dar una paliza.
―Eso es suficiente para nosotros.
―En ese caso, tienen luz verde.
Ni bien la almirante terminó de hablar, los tres Spartan comenzaron a correr hasta el valle, donde encontrarían a John esperándolos. Los tres enormes hombres parecían bestias salvajes corriendo tras su presa, sus piernas se movían a toda velocidad, ansiosos por destrozar a golpes a quien se había atrevido a asesinar a sus compañeros.
John los vio y esperó, sabía que no podría enfrentarse a los tres él solo, pero haría todo lo que estuviera en su poder para ganar tiempo y que Cortana pudiera huir. El equipo Carmesí ya estaba cerca, se puso en posición para enfrentarse a ellos.
Solo 20 metros lo separaban de su enfrentamiento, la distancia fue cubierta en muy poco tiempo, alistó su arma y solo unos cinco metros antes de que estuvieran por alcanzarlo, comenzó a dispararles con el rifle que le había quitado al Spartan que atacó esa noche.
Los escudos de los otros Spartans brillaron, la oscuridad de la madrugada los hacía parecer antorchas encendidas. Los Spartan IV, sabiendo que si se quedaban demasiado tiempo bajo el fuego, sus escudos caerían, se hicieron a un lado, cada uno en una dirección diferente para dificultarle a John el trabajo.
El arma pronto estuvo sin balas, por lo que John sacó su cuchillo y se puso en guardia, el primero que lo atacó lo hizo por la espalda, pero gracias al rastreador de movimiento supo que se acercaba. Se volteó para enfrentarlo cuando otro le saltó desde un lado. No tuvo tiempo de reaccionar cuando los dos ya lo estaban golpeando, disminuyendo sus escudos.
Haciendo uso de su mayor experiencia, se dejó caer al suelo y de inmediato saltó a un lado para escapar y ganar tiempo. En ese mismo instante el otro Spartan le saltó encima y le arrancó el casco. John apenas pudo zafarse de él, contraatacó propinándole violentos golpes en el estómago mandándolo sin aire al suelo. No tuvo tiempo de ir tras él cuando los otros dos ya estaban nuevamente encima.
Uno de ellos casi lo golpea en el rostro, si no hubiera sido porque se agachó, le habría arrancado la cabeza. El otro Spartan saltó sobre él y comenzó a golpearlo fuertemente. John se protegía el rostro con su brazo derecho, hacía mucho que había perdido su cuchillo e intentaba deshacerse del que estaba sobre él golpeándolo.
Serin observaba desde la lejanía, Carmesí estaba cumpliendo su trabajo, pero les estaba costando más tiempo del debido.
―¡Vamos Carmesí, parece que no pueden contra él! ―gritó la almirante, tratando de enojar más a los Spartan y que aumentaran la violencia con la que atacaban a John.
―Que bien lo haces Serin ―escuchó la mujer a sus espaldas.
―¡No ahora! ―dijo ella.
―¿Por qué no?
―Vete, no quiero escucharte cuando estoy a punto de ganar.
―¿A esto le llamas ganar? Y ¿Qué pasó con Cortana? Si no me equivoco, querías matarla.
―Ella seguirá después.
―¿Estás segura?
―¡Ya cállate! No necesito que mi conciencia me esté hablando en este momento ―se giró. Ante ella, su propia imagen de niña la miraba sonriendo con malicia, o más bien, maldad.
―¿Estás segura? ―volvió a preguntar.
―¡Claro que lo estoy!
―Entonces, deberías correr para alcanzarla, no sea que alguien la ayude a escapar y entonces te quedes sin tu deseada venganza.
El rostro de Serin se desfiguró de ira y sin pensarlo mucho corrió hacia el bosque para darle alcance a Cortana.
La joven mujer apoyaba a Kelly sobre su hombro mientras Catherine corría delante de ellas, varios minutos habían transcurrido desde que abandonaron a John en aquel claro del bosque. La chica aún no estaba de acuerdo con haberlo dejado, pero tenía un hijo al cual proteger. Aunque no avanzaban tan rápido como querían, se las habían arreglado para avanzar rápidamente a pesar de la pierna fracturada de Kelly.
―¡Vamos, chicas! Tenemos que alejarnos lo más que podamos ―decía Catherine al frente.
En apenas unos minutos, Serin las había alcanzado, ya podía verlas entre los árboles, llevó su cuerpo al máximo para alcanzarlas. Cuando por fin estuvo a poca distancia, sacó su pistola y disparó, dándole a Kelly en la espalda.
La mujer se desplomó, y de no ser por Cortana, habría tocado el suelo. La chica miró hacia atrás, solo para percatarse que Serin estaba en esa dirección con un arma apuntándole.
―¡Kelly! ―gritó Catherine mientras volvía para auxiliar a su querida Spartan.
―¡Eres una maldita Serin! ―gritó Cortana―. ¡No tenías por qué hacerle eso a Kelly!
―Ella me estorbaba ―contestó la mujer sin atisbo alguno de remordimiento y sí con satisfacción.
―Catherine, quédate con Kelly y ve que puedes hacer por ella. Yo voy a ponerle fin a esto ―si no fuera por el caso, Catherine y Serin habrían visto la furia en los ojos de Cortana.
La joven se quitó el casco. Quería ver directamente a la mujer cuando se enfrentara a ella. Corrió de inmediato, cargando contra la almirante, quien de inmediato levantó su arma y comenzó a dispararle, mas Cortana se cubrió con su brazo y el escudo hizo el resto, pronto estuvo sobre ella y la despojó de su arma.
―Te aprovechas porque traes armadura, pero sin ella no eres mas que una inútil ―profirió Serin.
―Entonces te daré el gusto de ver cómo te destrozo sin ella ―Cortana se alejó de la almirante y en poco tiempo, las pesadas piezas de metal caían al suelo, dejando a la chica descubierta totalmente. Solo el traje térmico la protegía―. ¿Te gusta así? ―preguntó.
―Ahora sí sabrás de lo que soy capaz ―dijo Serin al tiempo que se lanzaba contra ella e intentaba golpearla.
Cortana se cubrió muy bien a pesar de ser inexperta, las lecciones que había recibido de John y Kelly estaban rindiendo frutos. Se había trenzado en franco combate cuerpo a cuerpo con Serin, quien, a pesar de tener más experiencia, no había combatido contra un Spartan en años, lo que provocaba que Cortana llevara una ligera ventaja, además, la chica, siendo mucho más joven y habiendo sido compuesta con todas las mejoras de un Spartan, era más ágil.
―¡Perra maldita! ¡Te voy a sacar las tripas nada más tenga oportunidad! ―gritaba Serin, sus ojos inyectados de sangre por la ira de no poder vencer fácilmente a su contrincante.
―¿Y crees que lo voy a permitir? ―preguntó Cortana mientras se lanzaba contra la almirante.
Anticipando el golpe, Serin se cubrió y al mismo tiempo lo regresó, impactando de lleno contra el rostro de Cortana, que ante la falta de experiencia no pudo evitarlo y se vio proyectada hacia atrás casi a punto de caer, lo que inclinó la balanza en favor de la mujer mayor.
Serin, viendo la oportunidad, se lanzó contra la chica, dispuesta a cumplir con la promesa hecha segundos antes. Por lo que, sacando un cuchillo oculto entre sus ropas trató de apuñalar a su rival. Fue mera suerte, pero la ex I.A. logró esquivar la primera estocada, pero no la segunda, logrando ser herida en el hombro derecho, el dolor fue enorme.
Aprovechando el momento, Serin volvió a lanzar otra estocada, pero fue esquivada y al mismo tiempo, despojada de su arma. Las cosas se habían puesto parejas nuevamente.
―Ya va siendo hora de que te detengas, Serin ―comentó Cortana.
―¡Jamás! !Te voy a matar y le mostraré tu cabeza muerta a John! ―se lanzó nuevamente contra la chica, que la esquivó en el mismo instante que ella intentaba derribarla.
―¡Ya cálmate, maldita loca! ―gritó Cortana al tiempo que la golpeaba en la nuca y la enviaba al suelo boca abajo, incapaz de moverse. Le había desviado varias vértebras, las cuales, oprimieron la médula espinal y la dejaron paralizada, solo siendo capaz de respirar y hablar.
―¡Maldita perra! ¿qué me hiciste?
―Deberías estar agradecida de que no te maté ―dijo Cortana al tiempo que caminaba hacia donde había dejado tirada la armadura para ponérsela nuevamente. Luego se acercó hacia donde Catherine curaba a Kelly―. ¿Cómo está? ―preguntó.
―Por fortuna, la herida solo es superficial. Ella estará bien ―sonrió al decir aquello.
―Me alegró. Pero debo volver a donde está John.
―¿Qué? ¡No puedes hacer eso! ¡Él te dijo explícitamente que debíamos huir!
―Lo siento Catherine, pero no puedo abandonarlo a su suerte. Es el padre de mi hijo y no permitiré que mi bebé crezca sin él ―se dio la vuelta y comenzó a caminar con rumbo a donde habían abandonado a John, tal como lo había hecho el día anterior, solo que en esa ocasión, ya no tenía un arma con la cual disparar.
―¿A dónde vas, perra? ―preguntó Serin, aún boca abajo, pero siempre desafiante.
―A rescatar al hombre que tú intentas destruir ―se acercó a Serin y la volteó, quedando sus rostros muy cerca―. Voy a ayudar al padre de mi hijo ―luego la golpeó en el rostro mandándola a dormir.
―¡Cortana, no vayas! ―gritó Catherine, pero la chica ya estaba lejos para cuando dijo aquello.
Los ojos de John se notaban cansados, su respiración era agitada y algunas gotas de sangre corrían por su rostro mezclándose con el sudor, provocando esa molesta sensación de ardor al hacer contacto el líquido con las heridas en la piel. Cortana, quien había llegado hacía algunos instantes, lo veía desde lejos queriendo correr para ayudarlo, pero sabía que si lo hacía, él se lo reprocharía, pues sus palabras fueron tajantes cuando le dijo que debía huir y proteger a su hijo.
Aún así, ella sufría por lo que sus ojos veían. John estaba malherido, su armadura ya no ofrecía la protección necesaria para su cuerpo, los escudos habían caído y los continuos ataques de los otros tres Spartans impedían que se recargaran, por lo que era muy complicado que John pudiera recuperarse.
Las lágrimas corrían sin cesar, no podía soportar verlo así, él estaba arriesgando su vida para que ella salvara la propia. «Mi vida sin ti no será vida», pensó antes de lanzarse hacia el campo de batalla en que se había convertido aquella pradera.
Haciendo uso de la capacidad mimética de su armadura, la cual había descubierto hacía unos minutos atrás, cuando corría de vuelta al prado, Cortana logró alcanzar la torreta del warthog en el que habían huido y disparó tratando de alejar a los Spartan que rodeaban a John. La acción tuvo éxito, pero su posición había sido revelada. Uno de los atacantes de John se separó del grupo para abalanzarse sobre ella.
Apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando el sujeto ya estaba propinándole sendos golpes para bajar sus escudos y aniquilarla. Haciendo uso de las técnicas que John le enseñó, ella pudo quitarse de encima al hombre. Se puso de pie inmediatamente mientras se preparaba para la pelea más importante de su corta vida como humana.
En el otro extremo de la pradera, los escudos de John por fin se habían regenerado gracias a la intervención de Cortana, por lo que ya estaba listo para continuar con el combate, el cual, para su alivio y a la vez pesar, sería contra uno menos. Aún así, no estaba seguro de sobrevivir a aquello.
Todos los vehículos llegaron poco tiempo después, varios Spartans saltaron desde el barranco para acercarse y ayudar a John. Sin embargo, un phantom los detuvo, de él, bajaron varios elites, y al frente el inquisidor, quien activó su espada de plasma y se lanzó al ataque, los otros elites permanecieron en su lugar.
La distancia que los separaba finalmente fue recorrida y Thel 'Vadam separó de John a uno de los Spartan que aún lo atacaban. Aprovechando la sorpresa, el sangheili lo atravesó con su espada, quitándole la vida de inmediato.
John reaccionó rápidamente, y se trenzó con el Spartan restante dándole muerte a los pocos segundos de haber quedado uno contra uno. Sin embargo, no todo estaba terminado. Cortana seguía enfrascada en una pelea desigual contra el última Spartan, quien ya la tenía a su merced, y estaba a punto de apuñalarla en el vientre.
John, haciendo uso de sus últimas fuerzas corrió hasta ellos y saltando sobre el sujeto, lo tomó por la cabeza y le torció el cuello dándole muerte instantáneamente. Por fin todo había acabado.
Ya sin fuerzas, John se desplomó, golpeándose contra el suelo. Cortana viendo eso, se acercó a él y lo abrazó.
―¿Estás bien? ―preguntó preocupada.
―Ahora lo estoy ―dijo mirándola fijamente a los ojos. Luego preguntó―. ¿Dónde están Catherine y Kelly?
―Ellas están en el bosque, junto a Serin. Kelly está herida, esa maldita le disparó en la espalda ―John trató de incorporarse al escuchar que Serin estaba con sus amigas. Pero Cortana lo detuvo―. No te preocupes, Serin no podrá hacerles nada.
―No debiste volver ―le reprochó él.
―Oye. Ambos debemos cuidarnos mutuamente ¿Lo recuerdas? Además, pronto serás papá, y no me gustaría que nuestro hijo crezca sin conocer a su padre ―ella sonrió. Él regresó el gesto.
En ese momento, el scorpion que el capitán Lasky dirigía llegó al lugar.
―¿Qué sucedió? ―preguntó Palmer antes de saltar del vehículo.
―El jefe, Cortana y el Inquisidor acabaron con el equipo Carmesí ―contestó una marine―. Y ahora están conversando muy cariñosos.
Sara se acercó al borde del precipicio y observó, luego suspiró con pesar.
―Bien... ―dudó unos instantes―. Arréstenlos ―todos la miraron sorprendidos.
Varios marines y Spartans protestaron ante la orden, aquello no parecía justo.
―Obedezcan soldados ―ratificó el capitán.
―Pero, señor ―Thorne, que había presenciado la pelea protestó.
―Esto tampoco me gusta Thorne. Pero él quebrantó el reglamento y debe pagar por ello.
Aunque a Thorne le parecía que aquello era injusto, obedeció la orden, DeMarco y Hoya se le unieron y en poco tiempo se acercaron a donde la pareja aún permanecía en el suelo.
―Jefe, lo siento ―dijo Thorne―. Pero está arrestado por los cargos de deserción de las fuerzas armadas, robo de propiedad de UNSC y el asesinato de tres de sus integrantes.
Cortana no podía creer lo que sus oídos escuchaban.
Ya estamos cada vez más cerca del final de esta historia, quizás, dos o tres capítulos más.
