Hola!
Perdón por la demora, es que intentaba meter una escena que simplemente no me gusto y la elimine.
Este capítulo es largo. En Word hace 17 páginas, y espero que las disfruten, ya que mi única meta es poderles traer una historia que me encanta y que gracias a mi amiga Elizabeth podemos traerla muchísimo más mejorada que la original.
Para ser sincera, este y el primer capítulo son los más parecidos a la historia original.
Por cierto, mi amiga Elizabethshane y yo publicaremos una historia nueva. Para que pasen a leerla. Se llama Solo por ella. La subiremos en unos días más :D
Autor: MARZELINEFILTH Y ELIZABETHSHANE
CAPITULO 14: "EL LLANTO DESPUES DE LA HUIDA."
La comida llegaba de manera agradable a su nariz. Solo olfatear un poco, y ya sentía el alimento escurriendo desde su boca hasta su garganta.
Enseguida su estomago protesto. No había desayunado, y ahora se sentía cansada y mareada. Todo por culpa del Señor Taisho.
"¡Higurashi!"
Kagome tan solo deseaba seguir su camino, hasta llegar a la cocina, donde podría ignorar el salón de música y a las jovencitas que intentaban cantar de forma armoniosa y en verdad lo hacían horrible; y donde podía comer para poder olvidar lo ocurrido en la mañana. Hizo una nota mental de no volverse a saltar el desayuno.
No quería hablar con ningún aristócrata, solo con la gente que la comprendía… y que la quería. Pero sobre todo, no deseaba hablar con Naraku, el capitán del comandante Taisho. Un hombre del cual estaba segura debía cuidarse.
"¡Kagome!"
Ella se paró en seco y se volvió para mirarlo. Una sonrisa sensual y maliciosa sobresalía de los labios del moreno. Jamás había visto al hombre tan de cerca, ahora entendía el porqué de que muchas mujeres lo buscaran.
"Me alegra verla en esta hermosa tarde."
Kagome dio un paso atrás para alejarse de Naraku, fingiendo querer ver si todavía la lluvia seguía corriendo en los jardines. Pero él se acerco. Dio dos pasos adelante y ella por inercia volvió a dar dos para atrás.
"Es optimista de su parte decir que es una hermosa tarde, cuando pareciera que el cielo se caerá por tanta lluvia."
Naraku sonrió. "Disculpe mi tonta excusa, pero no había podido hablar contigo desde que regresaste."
¿Por qué se mostraba tan encantado? Cuando era niña siempre pensó que era muy atractivo y misterioso, pero ella no podía estar más en lo correcto. Claro que era guapo, eso le servía para moverse como serpiente sin ser tratada como tal. ¿Y misterioso? Tanto como para que los vellos detrás de la nuca se le erizaran al sentirlo tan cerca.
En ese momento le haria caso a su conciencia que le decía: aléjate.
"¡Vaya!, pero como has cambiado. Te ves hermosa."
"Gracias." Dijo Kagome, sin en verdad creerle.
A ella no le gustaba el cabello de Naraku, que estaba en ese día recogido en una coleta alta, como tampoco le gustaba su pálida piel, ni sus ojos perversos o su sonrisa lujuriosa. No se parecía en nada a Sesshomaru, que era elegante, arrogante y prepotente.
"Ya no eres una niña, puedes decirme Naraku."
"Gracias… señor Naraku." Él le mostró su mejor cara. Y ella inmediatamente le demostró que no caería. "Y usted puede llamarme señorita Higurashi." Dijo, recordando como la llamaba Sesshomaru.
"¿A dónde se dirige?"
"A la cocina." Dijo con una sonrisa de oreja a oreja.
"¡Vaya!." Resultaba más que evidente que a Naraku no le gustaban los orígenes de Kagome.
Y ella descubrió que le gustaba que él lo recordara. Pero a pesar de sus pronósticos, Naraku comento: "Te acompañare."
Kagome dejo su sonrisa y curvo sus labios en una mueca poco visible para algunos, pero demasiado delatadora para que Naraku se diese cuenta de su desagrado.
Él la seguiría al fin del mundo solo para arruinar a los Taisho. Traicionaría a Sesshomaru, a Ryuukotsusei y a Sara. Tres pájaros de un tiro y solo para obtener dinero, poder y placer. Y esa mujer le daría la información que necesitaba. La obligaría a que lo hiciera, pero primero debía ganarse su confianza. Así, que para liberar la tención le platico sobre los viajes que había hecho, sobre su capacidad como militar y lo difícil que era la vida después de una guerra.
Kagome pensaba que Naraku había sido agraciado con una familia noble, una excelente educación y amigos en la alta sociedad como lo eran los Taisho. Sesshomaru lo había convertido en alguien de confianza, ignorando como todo el mundo odiaba lo altanero que era el moreno.
En cierta forma Naraku había tenido las cosas muy fáciles en su vida. Ella lo envidiaba de esa manera.
Para disimular su irritación por falta de conversación por parte de la joven, Naraku dijo: "Había pensado que sería bueno ponernos al día."
"Pero… nunca me había hablado hasta ahora," Kagome se detuvo. "¿Cómo piensa que nos pondríamos al día?"
"Créeme, si no fuera por mi ética, habríamos hecho algo más que hablar. Desde que te vi…" detuvo su caminata y jalo con cuidado a Kagome para detenerla. La estaba sujetando arriba del codo, y eso a ella no le pareció lo más correcto. "La primera vez, me di cuenta que eras una bella mujer." Entonces se acerco y la miro con seriedad. "Pero eres tan joven. No habría sido justo para ti que te apasionara con mi… conversación." La arrincono contra la pared.
Kagome molesta por el atrevimiento, uso sus manos como escudo, separando el cuerpo de Naraku una distancia muy pequeña. Estaba tan cerca… casi podía sentir su aliento en la cara.
Igual que Sesshomaru, Naraku sabía en qué momento ponerse seductor. Kagome lo cuestionó con la mirada. ¿Estaba tratando de prenderla?
"déjame decirte que parís te hizo muy bien." Continuo. ¿La muy maldita no tenía ganas de ser seducida? Ella no tenía la suficiente belleza. Aun así creía que era muy decente para seguir alejando con pequeños empujones su cuerpo.
"¡Aléjese de mí!" Exigió apretando los puños.
La observo de arriba hacia abajo como queriéndola desnudar, y ella descubrió que era de los pocos hombres que podían conquistar con la mirada.
El señor Taisho no era así; cuando el examinaba a alguien, el observado deseaba cubrirse con las manos para que el no pudiese ver su alma.
"Sesshomaru dice que hablas muy bien el francés. ¿Qué otros talentos tienes debajo de… esa linda apariencia?" Naraku se alejo de ella. Y ella se sintió completamente tranquila.
"Si le contara mis talentos, estos ya no serian ocultos."
"Eso es muy cierto." Naraku sonrió con una sonrisa de lado, una muy coqueta. "Imagino que Sesshomaru te ha comentado algo de sus viajes"
"El señor Taisho no me cuenta nada a mí." Kagome apretó los dientes con enfado. Claro que él no le contaba nada. Ella no era su esposa para conocerlo lo suficiente. "Puede preguntarle a la señorita Sara, ella es su prometida, así que ella es la más adecuada para que le comente sobre el señor Taisho."
"Hablas de Sesshomaru como si los mayores de treinta fuésemos unos ancianos." Naraku soltó una carcajada. Había estado con Sara toda la mañana después de que discutieron, ella le había rogado por un poco de amor. Y nadie mejor que él sabía que Sara era la que menos sabía sobre los planes de Sesshomaru.
Kagome sonrió con falsa inocencia. "Claro que no." El sarcasmo se hizo muy notorio.
Tratando de controlar la irritación, Naraku dijo: "Por supuesto, soy mucho mayor que tu. Casi diez años; casi tan viejo como Sesshomaru, aunque tu pareces encontrarlo lo bastante joven como para…" Un error demasiado apropósito.
Kagome estaba molesta, no dejaría que un engreído estúpido la ofendiera. "¡¿Para qué, señor?!" pregunto de forma muy brusca.
"Olvídalo, no creo que entiendas lo que te diré."
Kagome no olvidaría tan pronto su falta de respeto. No le diría a Sesshomaru, el no lecreería. Naraku era su privilegiado. Ella solo la institutriz.
"¿Le has traducido alguna carta?"
Esa pregunta la sorprendió. Pensó que le diría alguna cosa morbosa, pero el muy desgraciado había cambiado de tema abruptamente. "No. aunque, ayer escuche decir en la cena algo sobre Kioto." Estaba harta de Naraku. Le dolía la cabeza horriblemente y con tal de que se fuera le diría lo que había escuchado a Inuyasha decir.
Naraku frunció el ceño. "El señor Sesshomaru me ha acompañado a esa hermosa región."
Kagome se sorprendió por lo que dijo el capitán. Él era el trabajador y Sesshomaru era el señor, el era quien acompañaba a Sesshomaru. Ella quería recordarle eso, pero deseaba llegar rápido a la cocina para estar con su padre y sus amigos.
Así que dijo: "El comandante Taisho irá a Kioto la próxima semana. Me parece que el emperador mandara a una tropa ya que llegara un embajador de Estados Unidos."
Naraku se olvido de ella, enfocándose en la información que se le había dado. Se dio la vuelta y se alejo. Enseguida recordó que tenía que tener de su lado a esa chiquilla, así que por arriba del hombro dejo salir un gracias y siguió su curso.
Aliviada de que el capitán se hubiese ido, se encamino con rapidez a la cocina. Dio vuelta en un pasillo, pero fue tomada de la cintura y metida a una de las habitaciones. Kagome reconoció esa habitación, era una para huéspedes.
Kagome asustada, se retorció y logro darle una gran bofetada a su captor.
"¡¿Por qué hiciste eso Kagome?!"
"¡Inuyasha!" Ella se sonrojo y pidió disculpas. "Me asustaste."
"Kagome." Le rodeo la cintura con sus brazos y le sonrió mirándola a la cara. "Confiaba en que pasarías por aquí."
Ella amaba esa sonrisa altanera del joven. Pero odiaba el olor a sake y opio que todo su cuerpo despedía. Tenía la cara llena de arañazos y la nariz roja. Pese a todo ella lo veía más guapo que a Sesshomaru.
"Inuyasha, Naraku me pregunto algo sobre tu hermano y algún viaje, y le platique sobre lo que habías dicho en la noche. Sobre que tu hermano ira a Kioto la próxima semana."
Inuyasha soltó una carcajada. "Kagome, eso es una mentira, solo lo dije para que dejaran de preguntar si me uniré como Sesshomaru a los samurái del emperador."
Kagome rio. Naraku cayó en una mentira demasiado inocente.
Aquel era Inuyasha, el joven de quien ella se había enamorado. Arrogante y sofisticado. Ella no podía amar a Sesshomaru cuando no le llegaba a los pies a su medio hermano. Sesshomaru con esa frialdad jamás podría tener eso que ella amaba de Inuyasha.
"¿Qué te paso en el rostro?" Kagome le paso una mano por las mejillas.
"¡En la mañana no quisiste acompañarnos! No tenia con quien pasarla bien." Una mentira demasiado ensayada. Claro que lo había pasado bien, se había besuqueado con las dos hijas gemelas del señor Sato, y ambas encantadas habían decidido seguirle el juego. "Estos rasguños no son nada, solo me caí por culpa de un árbol"
Otra mentira. Las dos muchachas lo habían abofeteado cuando intento besar a una tercera.
Kagome, sin poder evitarlo, comenzó a reír. Entonces al ver la cara de enfado de Inuyasha, le apoyo la cabeza en el pecho y su risa se intensifico.
Como era lógico y debido a su enfado, el solo la tomo de los brazos y la alejo. "¡Me lastimo por tu culpa y todo lo que haces es burlarte!"
El tono que el usaba estaba teñido de molestia, cuando Kagome lo miro, lo único que pudo ver fueron esos ojos altaneros y centellantes. Si a Sesshomaru le hubiese pasado lo mismo, el solo la habría fulminado con la mirada. Inuyasha era rebelde en muchas maneras, Sesshomaru era solo un tipo frio sin sentimientos. Y Kagome estaba agradecida de haber escogido al hermano correcto.
"Eres un tonto, Inuyasha." La joven lo dijo de broma. "¿Por qué es mi culpa? Yo ni siquiera he ido."
"¡Porque no estabas ahí para evitar que hiciera estupideces!"
Kagome no dijo nada, pues si las carcajadas no habían enfurecido tanto a Inuyasha, el comentario de la chica si lo hizo.
"Si soy un tonto y un libertino… pero yo sé que me amas."
Kagome rio. "No necesitas de mi. Eres un hombre. Puedes cuidarte solo."
"¿Crees que soy un tonto?" pregunto agachando la cabeza. No parecía nada triste, más que nada estaba ansioso de ser adulado.
"No. Eres encantador." Vio sonreír a Inuyasha, y un hueco se le hizo en el estomago. "Ahora entiendo porque Kikyo está completamente enamorada de ti." Kagome no supo porque dijo eso.
"¡Que tiene que ver Kikyo en esto!" irritado Inuyasha le dio la espalda. "No me importa nada de ella, ¿Escuchaste? De ahora en adelante su nombre no será pronunciado en mi presencia."
Kagome se asusto. "¿Que hizo para que estés tan molesto?"
Inuyasha guardo silencio un momento y después su orgullo se fue al carajo. "Ella estuvo hablando toda la mañana de lo encantador y fantástico que era Naraku…"
"¿La señorita Kikyo estuvo hablando de él?" pregunto muy sorprendida. Sintiendo en el pecho una ligera felicidad.
"¿No me escuchaste? Estuvo hablando todo el desayuno con Yura sobre lo hermoso que le parecía, y lo caballeroso que era." Ella se dio cuenta que en verdad estaba furioso. Kikyo lo había ignorado toda la mañana, y eso que se había sentado a su lado. Él no soportaba la indiferencia.
Kagome lo miro indignada. "¡¿y porque te enojas conmigo?!"
"¡Porque no me importa que esa tonta este enamorada de Naraku!"
"¡Pero eso no es mi culpa!" Kagome quería felicitar a Kikyo. Chica lista; había hecho lo que se le pidió y con éxito. Entonces se sorprendió a sí misma, ella no quería que Kikyo tuviese éxito. Kagome amaba a Inuyasha.
"¡Además, los últimos días me has estado evitando!" su tono de voz era acusador, incluso lo hizo evidente al apuntale con el dedo índice. "¡¿ES QUE NO SOY LO SUFICIENTE HOMBRE PARA TI?!"
"¡No se trata de eso!" Kagome sabía que él había estado bebiendo, y que estaba más que furioso con ella.
"¡Tal vez prefieras la compañía de mi hermano! Igual que Kikyo!"
"¡¿Qué?!"
"¿Qué, tu capacidad de pensar no te da para más?" Inuyasha se pego apropósito la cabeza con la palma izquierda de su mano. "¡Kikyo y tu parecen más atraídas por Sesshomaru que por mi!"
Tercamente arremetía a gritos contra Kagome. Ella odiaba las escenas, y esa más que cualquier otra, pero las acusaciones de Inuyasha contenían atisbos de verdad.
"Yo no quiero al señor Taisho." Susurro.
"¡¿Solo me quieres a mi?!" bufo él, agarrando de los brazos a la joven y acercándola a su cara. Con claro sarcasmo y susurrando, dijo: "¡Claro que me amas! Pues entonces dime, ¿Dónde está tu dormitorio? ¿Dónde está tu futón? ¿¡EN LA HABITACION DE SESSHOMARU!?"
Con una fuerza que Kagome no supo de donde la saco, se libero de Inuyasha, y le pego tremendo golpe con el puño cerrado que hizo que el joven se tambaleara. El por reacción se tomo el área lastimada.
Se sintió tremendamente culpable al haber dicho esas estupideces.
"¡ERES UN TONTO!" El grito de la morena hizo eco en la habitación. Dejando a un Inuyasha mas que intimidado. "¡Jamás me vuelvas a hablar!"
Ella giro sobre sus talones, "¡Y si tanto te importa Kikyo cásate con ella, que a mí ya no me importa!" abrió la puerta, y se alejo muy ofendida. No le importaba que la despidieran, estaba harta de esa mansión. Estaba harta de Inuyasha. Y sobre todo estaba harta del mayor de los Taisho.
Había avanzado bastante, ya le faltaban algunos metros para poder llegar a la cocina, pero la voz de un hombre la detuvo.
"Señorita Higurashi."
Kagome se dio la vuelta, dibujando en el suelo un tambaleante circulo, y clavo su mirada acusadora al sirviente de Sesshomaru, que ya había sido desplazado a sus deberes de nuevo. Ahora era Ayumi, una de las doncellas de lady Izayoi, quien cuidaba de las niñas.
"El señor Taisho me envía." Comento el no muy alto hombre que tenía cara de sapo. "Quiere que usted se presente en su despacho. Es acerca de..."
Kagome cerró los ojos tratando de controlar su ira, incluso apretó los puños pero eso no sirvió, así que volvió a abrirlos sus ojos chocolates, y susurro apretando los dientes. "Señor Jaken, ¿Volverá a ver a el señor Taisho?" el solo asistió molesto por ser interrumpido. "Entonces dígale que me espere, y solo hasta que me sea oportuno ir a su despacho."
Jaken se sorprendió. "¿Cómo te atreves, niña?" Nadie le daba ese tipo de respuestas a su amo, y menos la hija del jardinero. "Nadie le exige a mi amo seme…"
"¡Y A TI QUE TE IMPORTA!" grito Kagome dándose media vuelta para seguir hasta la cocina.
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Al entrar, se alzo un grito de bienvenida.
"Miren quien ha llegado." Dijo Shipo con alegría abrazando a su amiga. "Nuestra Kagome."
La furia de Kagome desapareció al ver a sus amigos admirándola y sonriéndole.
Le encantaba la cocina. Había crecido ahí, siempre viendo a su madre cocinar y, tras la muerte de esta, Kaede siguió consintiéndola. Conocía a todas las cocineras, le había hecho bromas a los lacayos y ahí podía ser ella sin miedo a pensar que dirán los demás. Ahí no importaba que clase social fuera, ni que el señor Taisho la hubiera seducido. Allí no importaba lo confundida que estaba por amar un hombre y sentir muchísimo deseo por su hermano. Allí podría ser ella misma; incluso sabía que era eso.
Eri, una muy amiga de Kagome, le hizo un gesto para que le enseñara su vestido extranjero. "Que hermosa te ves Kagome." Ella era la encargada de las doncellas que servían a lady Izayoi y a las niñas. Acto seguido de andar piropeando a la joven, le dio una bandeja a uno de los sirvientes y lo mando a que lo entregara.
"Kagome pero que bonita estas." Ahora eran Yuka y Enju, eran unas joven que había sido traída desde Osaka para servir a la familia.
Kaede dejo caer el cucharon y se abalanzo a Kagome para abrazarla. Todos la rodearon lanzando exclamaciones de asombro e hicieron que recordara todas las cosas que habían pasado desde que ella se fue, hasta que Kaede hizo que todos volvieran a sus actividades.
"Siéntate Kagome, te serviremos algo de comer." Dijo Sota que estaba esperando que todos se alejaran de su hermana para poderla tomar del brazo y sentarla junto a él en el suelo. Su ropa estaba un poco sucia debido a su trabajo que consistía de alimentar a los caballos. "Aquí en verdad servimos exquisita comida, no como los franceses que sirven caracoles." Sonrió su hermano
Kagome estuvo a punto de decir que ella los había probado y que le habían fascinado. "La comida huele riquísima."
Todos los empleados que se dedicaban a los cuidados de los jardines estaban sentados fuera de la cocina con mesas repletas de comida: los mozos de cuadra y los jardineros subalternos, en otro extremo de la mesa estaban los caballerizos, y metiéndose a la cocina estaba el padre de Kagome, con la cara todavía húmeda debido a que recién se la había lavado y con el cabello hacia atrás. En los últimos cuatro años había perdido un poco del color de su cabello, pero en general, su aspecto físico tosco era, hasta donde ella recordaba, el mismo de siempre. Sin embargo hablaba menos y con mas parsimonia; Kagome pensó que era debido a la falta de una mujer, y deseo que pronto encontrara a una mujer buena que lo quisiera de verdad.
"Buenos días, padre." Kagome se puso de pie e hizo una reverencia.
"Kagome, me alegro que nos visites." Dijo él, respondiendo la reverencia. Shippo hizo lugar para que el padre de la joven se sentara junto a ella.
Aunque deseara estar sentada al lado de Kagome, Kaede no podía hacerlo, ya que tenía que supervisar que toda la servidumbre de la mansión estuviese bien alimentada.
"Tenga señorita, Kagome." Dijo uno de los sirvientes acercándole un plato de arroz.
"Gracias." Sonriéndole tomo el tazón. Sota le dio unos palillos, y ella y su padre empezaron a comer.
"Es tan alegre Paris como dicen, Kagome?" pregunto Shippo mientras comía su arroz.
"¿Ibas toda la noche a las fiestas?" pregunto Yuka sonriente.
"Háblanos mas de los extranjeros, Kagome. ¿Te gustan más que los japoneses?" pregunto Serina. Una joven mayor que ella. No era muy del agrado de las demás sirvientas del lugar debido a que solía tomar las cosas sin autorización.
Con los palillos suspendidos sobre su arroz, Kagome sonrió. "Si, parís es tan alegre como dicen Shippo. No, no siempre iba a las fiestas. Y Serina, a decir verdad los extranjeros son muy atractivos."
"No creo que superen la belleza del señor Taisho." Dijo Serina sorprendiendo a todos. Era bien sabido que ella estaba obsesionada con el comandante.
"¡Serina! Guarda silencio." Pidió Kaede molesta. Si algún señor escuchaba diciendo esa a una sirvienta, toda la culpa la tendrá ella por no poner disciplina. "Y todos ustedes, dejen comer tranquila a Kagome." Ordeno.
Kagome devoró muy rápido el arroz. Y cuando levanto la vista de su plato se encontró con la mirada de sorpresa de todos, y la calurosa sonrisa de Kaede.
"No hay nada como una buena comida, ¿verdad?" Sota comento alegremente.
"Kagome, cuéntanos como te va con el joven Inuyasha." Ahora fue Shippo el que le hablo.
Kagome apretó las manos y confió en que su padre no la hubiese visto. "Esta mejor, ya se le quito el sarpullido y la mayoría de sus accidentes no pasaron a graves."
"Creo que ahora tiene algunos cuantos rasguños y moretones." El padre de Kagome dijo mientras bebía un poco de agua.
Kagome sonrió. Ahora, Inuyasha sería también dueño de un negro moretón en un ojo.
"Pero, hermana… ¿El joven Inuyasha trato de sobrepasarse?" pregunto Sota haciendo que Kagome casi escupiera el agua que estaba apenas tomando.
"Si él se atreve a hacer eso le pondré fresas en la comida." Kaede se molesto.
"¡No!" aclaro Kagome. Inuyasha era el favorito de la servidumbre, sobre todo en el sector femenino, y sobre todo de Ayumi, a quien el engatusaba para que le llevase alguna que otra botella de sake a su alcoba en media noche. "El joven Inuyasha se ha comportado muy bien conmigo." Excepto ese día.
"Me comento Kohaku que tú te has estado encargando de las niñas." Dijo Sota.
"¿Quién es Kohaku?" pregunto Kagome.
"Es el hermano de la señora Sango."
"Kagome, ¿Cómo se siente trabajar con el señor Taisho?" pregunto Satsuki notando la furia en los ojos de Serina. Y sonrojándose cuando Shippo la miro.
"Pues… bien." A Kagome se le quitaron las ganas de seguir en la cocina. Y todo porque a la servidumbre se le había ocurrido preguntar por el serio señor Taisho. Acosada, esa era la mejor palabra para explicar cómo se sentía.
"El señor Taisho es más guapo que el joven Inuyasha." Dijo Serina sin importarle nada. "No sé porque decidiste enamorarte de alguien como el joven Inuyasha."
"Fácil. El señor Taisho intimida, el joven Inuyasha es rebelde. Hay muchísima diferencia entre esas cosas." Maki intervino por Kagome. Ella era la hija de unos lacayos que habían estado sirviendo a la familia de Izayoi durante tres generaciones.
"Pero…"
"Por favor, no empiecen a discutir por eso." Pidió el señor Higurashi.
"Recuerda Kagome, casarte con un rico es tan fácil como casarte con un pobre." Eri lo dijo sin hacer caso a Higurashi.
"Eri soy consciente de lo que debo hacer, no nece…"
"Yo ya no entendí nada." Fue Yuka la encargada de interrumpirla. "¿Estas interesada en el joven Inuyasha o en el señor Taisho?"
"Claro que en el joven Inuyasha." Contesto Shippo de nuevo por su amiga.
"Pues cualquiera de los dos es buen partido para mi hermana." Sota hablo como si Kagome no estuviese ahí.
"Yo creo que le conviene Inuyasha." Yuka volvió a interrumpir.
"¡Cállense!" grito Kagome desesperada porque nadie le hacía caso. "¡No me casaría con el señor Taisho! ¡No tiene demasiado dinero ni demasiado poder como para hacerme querer algo tan frio y sin sentimientos!"
Al terminar su declaración, nadie dijo nada. Kaede, con un carraspeo en la garganta, hacia señales con la cabeza en dirección hacia la puesta corrediza.
Kagome volvió la cabeza a la sombría figura que estaba en la entrada de la cocina.
Sesshomaru, cuya anchura de hombros tapaba la vista de Kagome, tenía los puños apretados y los pies bien firmes sobre el suelo.
Había ido a buscarla; pues nunca aceptaba respuestas como las que ella había dado. La había llamado para decirle que tenía que volver a parís, que sus boletos ya estaban comprados, que le daría dinero necesario para que perdonara todas sus estupideces. Pero al verla ahí, tan enojada, hermosa, y sonriéndole a los sirvientes lo dejaron dudoso. ¿Deseaba en verdad alejar a Kagome? El mismo se respondió… Jamás.
Pero Kagome estaba hablando mal de él, delante de la servidumbre. Y quiso hacerla pagar un poco.
La mirada dorada de Sesshomaru recorrió la cocina con la frialdad del invierno.
Todos los que estaban sentados en el suelo se levantaron e hicieron una exageradísima reverencia hasta ponerse su cara casi en el piso.
Entonces, Sesshomaru miro a Kagome y con una voz tan fría que los sirvientes varones sintieron la piel erizarse, dijo: "Ven conmigo, ahora."
Pero Kagome pudo distinguir una mirada de furia…una furia que ella había negado que el poseyera. Y con un miedo que ella no entendió porque lo sentía, se negó a ponerse de pie.
"Te he ordenado que vengas." Dijo Sesshomaru al ver que ella no había hecho caso.
Kaede, la ayudo a levantarse. Su padre la miro con confianza.
Con las piernas temblorosas, se levanto. Con lentitud, avanzó con torpeza hacia Sesshomaru, sin mirarlo, con la vista puesta más allá de él.
Sesshomaru no se aparto para hacerle sitio y que ella saliera. Primero salió el, dándole a entender que él era superior. Y, después de que ella cerrara la puerta tras sí, Sesshomaru le agarro el brazo justo por encima del codo, tal como haría una institutriz con un niño problemático.
Kagome intento zafarse con un tirón, pero él no se lo permitió. "¿Me puede soltar?"
El no contesto, solo se limito a empujarla por delante de él.
"De ahora en adelante no me sentiré inclinado a ser amable con la hija del jardinero, en especial cuando esta habla a mis espaldas."
"Pero en ningún momento he hablado mal."
"Claro que si."
Al doblar el pasillo, Kagome forcejeo hasta soltarse y se volvió para quedar cara a cara con ese detestable, arrogante, sínico y narcisista hombre.
El hombre que estaba viendo era el señor Taisho de siempre, pero deseo que apareciera aquel sexi hombre que le había robado parte de su inocencia.
Un maldito conquistador.
Kagome camino con aire indignado por el vacio pasillo. Sesshomaru la siguió pisándole los talones.
"Estabas hablando de mi con los sirvientes."
"¡No es así! Ellos estaban haciendo preguntas, yo solo contestaba. ¡A mí era la que me estaban haciendo sentir incomoda!" Las lágrimas acudieron a sus ojos. Agradeció que Sesshomaru no la estuviera viendo. "¡Estoy metida entre dos mundos distintos y a usted lo único que le importa es su magnífica presencia!"
Sesshomaru la sujeto con fuerza del brazo, impidiendo que se zafara. Kagome sorprendida dio un gritito y se vio muy cerca del rostro de Sesshomaru.
"Cuando decidiste casarte con Inuyasha, ¿no se te ocurrió que tendrías que decidir si estar en la casa o en el jardín?" La burla estaba en cada palabra dicha por ese hombre.
Por supuesto que no lo había pensado. En sus sueños, Kagome podía desayunar con los sirvientes y cenar con la aristocracia japonesa. Odiaba a Sesshomaru Taisho por hacerla ver la realidad.
"Cuando decidí que me casaría con Inuyasha no se me ocurrió que su hermano me humillaría en su despacho." Susurro con fiereza Kagome.
Sesshomaru se rio a carcajadas, esa risa macabra la hizo temblar de miedo. Se escuchaban de manera siniestra, parecidas a la de un demonio que estaba a punto de hacer algo malvado.
"Estas furiosa porque te humille."
Entonces con una fuerza superior a la de ella la empujo a la misma habitación que había compartido con Inuyasha.
Kagome empujo el pecho de Sesshomaru, algo absurdo para alguien que conocía bien la firmeza de aquel hombre, además de su fortaleza física.
"¡Suélteme!" grito asustadísima.
Haciendo caso omiso, Sesshomaru cerró la puerta tras él, empujo a Kagome a la pared más cercana y coloco las manos detrás de ella para que no se moviera.
Kagome lo miro con dureza.
"Esta divirtiéndose conmigo porque sabe que tiene más fuerza que yo y eso lo hace sentir poderoso sobre mí."
"Si."
"¡Es un cínico!" grito ella tratando de zafarse. "¡Usted me ínsito en su despacho y ahora me tiene aquí!" la misión fue imposible. "¿Por qué me trata así?" Kagome quiso mirarlo con dureza. "Usted sabe muy bien lo que fue. Fue un acto deliberado de... Se divirtió conmigo con la única intención de demostrar que manda sobre mí.
"Si." Aunque no le gustaba admitirlo.
"¡Y no se atreva a decir que yo le provoqué! Nada de lo que ocurrió en el estudio fue culpa mía."
"Asumo toda la responsabilidad."
A él tampoco le gustaba aquello. Y tampoco hizo que Kagome se sintiera mejor.
"¿Por qué? Quiero saber por qué."
"Perdí los estribos. Te pido que dispenses mis acciones por la aflicción que te haya podido causar." Se estaba dirigiendo a ella con frases cortas, rápidas y contundentes, utilizando las palabras de arrepentimiento adecuadas, pero en un tono de irritación tan acusado que Kagome bien podría haber estado apuntándole con una pistola a la cabeza.
Ella no agradeció el sentimiento.
"¡Esa no es una excusa!"
"¡Ya lo sé! ¿Crees que no lo sé?" dijo fastidiado, muy poca gente lograba sacarlo de sus casillas, y Kagome lo había logrado. Se apartó de ella y se puso a dar vueltas, permitiendo que Kagome consiguiera un poco de espacio para respirar; entonces, retrocedió de nuevo para robarle el aire. "Perdóname."
Eso era el fin del mundo. Él, el gran Sesshomaru Taisho, disculpándose y mas con una mujer.
"Esa no es una disculpa, es más bien una orden." Kagome no sería engañada tan fácilmente.
"Me disculpo por hacerte daño en mi despacho."
"Solo quiero saber, ¿porque me trata de una manera tan fría?"
"¿Frio?" Sus dorados ojos se abrieron de sorpresa. "¿Una disculpa de mi parte te parece fría?"
"Si." Entonces las mejillas de Kagome se tiñeron de rosa. Ese hombre había batallado tanto por pedir disculpas y ahora ella estaba haciéndolo sentir mal. Sin darse cuenta se fue acercando poco a poco a la cara de él, hasta que alcanzo a distinguir su perfecta piel blanca. Se estaba perdiendo en sus ojos…
Pero el ruido de una puerta cerrarse con rudeza, la saco de su fantasía.
"¡Aléjese de mi señor Taisho!" grito la joven desesperada, ella había estado a punto de besarlo, y esa sí que sería una tontería.
"¡Cállate!" e inclinándose sobre ella, la beso.
Kagome se quedo anonadada. Sesshomaru actuó como si ella fuese su juguete y que podía hacer con ella lo que le placía, como si una disculpa a regañadientes la iba a sacar de su irritación.
Pero la beso con desesperación; la abrazo como si ella fuese su felicidad; aspiro su aliento como si de eso dependiera su vida. el beso era salvaje, los empujones de su lengua eran dulces y lentos, y sí, Kagome debía rechazarlo de inmediato, pero el calor de la pasión creció y le calentó la sangre, y ella cedió, derretida, y deseó volver a encontrarse en el estudio, jadeando bajo el cuerpo de Sesshomaru.
Cuando se separo para recuperar el aliento, escucho la voz de ella aun reprochándole.
"¡Deberías sentirte mal por lo que me estás haciendo!"
"¿Es que tu nunca te callas?" Sesshomaru se harto de los gritos de ella.
"¿Por qué debería de…?"
Él le cogió la mano y se la llevo hasta su entrepierna.
Kagome abrió la boca y los ojos de la sorpresa. Sabía cómo estaba hecho un hombre, por supuesto, en los libros había dibujos. Pero era muy diferente tocar a un hombre, y descubrir lo que el deseo era capaz de provocar… En ese momento la mente se le nublo.
La exploración le resulto atractiva. Sesshomaru hizo que la mano de la joven subiera y bajara, deslizándose por aquella extensión.
Kagome pensó que era muy grande, se podía sentir a pesar de que el aun tenía su ropa puesta… y sintió el impulso de echarse a correr.
Sesshomaru cerró los ojos y apretó un poco la mano de ella contra su virilidad.
"Me prometió que me dejaría en paz." Susurro Kagome con miedo.
"Mentí." Tomo ambas manos de ella y las subió hasta su cuello, volvió a besarla y balanceó sus caderas contra las de ella.
Alguien bajaba corriendo las escaleras.
¿Por qué un hombre como él podía provocarle tanta euforia? Era injusto que ella olvidara los pecados de Sesshomaru con solo que la besara. Le hacía recordar la lujuria, la excitación y sobre todo la pasión que vivieron.
Quería estar furiosa con él, su orgullo se lo pedía. Pero deseaba estar acostada con él, sintiendo su virilidad cerca de ella, y que los pasos desesperados que se oían por todo el piso de madera dejaran de escucharse.
La voz de una mujer joven paso corriendo fuera de habitación: "¡SEÑOR TAISHO!"
Kagome se sorprendió: Era Ayumi.
Sesshomaru se aparto. La miro a los ojos con una mirada que jamás había divisado Kagome en el. Y con una ternura que ni el mismo comprendía que tenía, le dio un beso en los labios, rozándolos sintiendo como ambos en ese tacto se sentían excitados.
"¡SEÑOR!" grito Ayumi corriendo de un lado al otro sin saber qué hacer.
Sesshomaru se alejo dejándola sola en la habitación. Kagome sintió un vacio.
"¿Qué sucede?"
La voz de Ayumi sonaba quebrada y desesperada. "¡Las niñas han desaparecido!" Le enseño un pergamino. "La señorita Rin dejo esta nota." Y se soltó a llorar. "Dice que La señorita Shiori escapo y que ella va tras ella."
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"¿ Por qué has venido?"
Caminando apresuradamente detrás de Shiori, Rin le contesto a su prima. "Porque cada vez que te metes en problemas eres el centro de atención; y la verdad es que me estoy hartando de esto."
Lo cual era cierto, pero también estaba preocupada por su prima. Durante el último año Shiori le había amargado la existencia. Había llegado tan bonita y con el cabello tan plateado como su padre, bailando y cantando como una artista, se creía la mejor debido a su arrogancia y, en general se había convertido en una plaga asiática. Pero había algo diferente en aquel berrinche.
"¿A dónde crees que vas?" pregunto Rin.
Shiori se volvió y dio un pisotón en el suelo. "A casa."
"Pero tu casa está allí." Rin señalo hacia la mansión. Se habían metido al bosque, no por el camino de la vereda, más bien por donde estaban todos aquellos arboles que cubrían la tierra, dirigiéndose hacia el lago. Había comenzado a llover, las ramas dejaban caer enormes gotas de agua que caían sobre las niñas.
"Esa es tu casa." Shiori se giro de nuevo para seguir su camino
"También es tu casa."
"¡No! ¡Esa es tu casa! Lo único que extrañare será a la señorita Higurashi."
"Si regresas nos dará más clases divertidas como la del otro día."
"No quiero. Nadie me extrañara a mí. Nadie me leerá." La voz de Shiori se hizo más pastosa. La mujer hermosa le había dicho que huyera para que la pudiesen extrañar. Y parecía que la única que se había dado cuenta de su fuga era Rin.
"La señorita Higurashi nos leerá, y tu papa también te extrañara." Rin vio como ella se limpiaba la nariz con la manga de su kimono. "¿No trajiste un pañuelo?"
"¡No! No soy tan elegante ni tan distinguida como tú. Todos los demás lo saben."
Rin se harto de que su prima solo hablara incoherencias. "Creí que todos se encargaban de hacerme saber que no era tan bonita como tú."
"¡No es verdad!"
"Claro que sí, todos me dicen que me parezco a mi madre."
"Es que estas horrible."
"¡Claro que no!" Rin le propino un empujón justo en medio de la espalda.
Shiori trastabillo hacia delante, se volvió como hecha una furia, y le devolvió el empujón. Era más chica y pequeña que Rin, pero consiguió darle un buen empujón, y Rin tuvo que agitar los brazos para no caerse de espaldas.
"¡Cretina.!"
"¡Tonta!"
Shiori renuncio a la lucha, se dio vuelta y echo a correr. Corrió como el viento sin dejar de sollozar.
Rin titubeó. No sabía cómo Shiori había conseguido pasar sin que se diera cuenta Ayumi, pero ella había tenido que fingir que estaban jugando al escondite y la pobre criada confió en ella. Debería volver y decírselo a papá, pero para entonces Shiori habría desaparecido. Se estaba comportando de manera muy extraña, llorando hasta que la nariz le empezó a gotear y se puso feísima, y luego, en lugar de luchar, había salido huyendo. La decisión no era fácil, pero Rin echó a correr detrás de su prima.
La lluvia empezó a caer en abundancia y con mayor intensidad que hacía unos momentos. Los rayos empezaron a bramar. Rin esperaba que Shiori callera y así poder llevarla a la mansión. Pero Shiori corría con rapidez.
Iban bordeando el bosque los arces, arboles de hojas rojas y los bambús, dirigiéndose en oblicuo hacían el río.
Rin corrió tan rápido que la alcanzo y la atrapo. Cogiéndola por el brazo, grito: "¡Hay que cubrirnos de la lluvia!" y señalo un gran árbol que las mantendría lejos del agua por un momento. "Dejemos que pase la tormenta."
Las dos niñas echaron a correr hacia gran árbol de hojas rojas. Cuando llegaron al lugar y las espesar ramas las cubrió del agua, Rin comenzó a temblar. "¿Crees que Kami-sama este furioso con nosotras?"
Shiori la miro como si su prima hubiese perdido la razón. "¡NO!"
Un relámpago cayó tan cerca que las ensordeció un momento. Ambas soltaron unos gritos de puro miedo y se quedaron inmóviles.
"Pero hemos sido malas. Aunque la verdadera mala eres tú, ¿Por qué no quieres volver a casa? ¡Al lugar que vas nadie te espera!" Rin estaba muerto de miedo. Así que lo mejor que se le daba era despotricar contra su prima.
Con una voz temblorosa, Shiori contesto: "Aquí no hay nadie. Mi madre se fue. Mi padre no me quiere; ni siquiera el tío Taisho me deja llamarlo por su nombre. Aquí no hay nada para mí." Y termino con un llanto que parecía a la de un gatito hambriento. "Abuela ni siquiera parece saber que existo."
"Eres una tonta. Yo te quiero. Te lo demuestro estando aquí, muerta de miedo por los relámpagos y temblorosa por el frio."
Shiori guardo silencio, no sabía que decir, así que espero un momento y con su infantil voz, dijo: "¿Enserio?"
"Si, eres una boba."
"¡Rin!" Shiori abrazo tan fuerte a su prima que la tiro de un sentón.
Rin correspondió el abrazo, dándose cuenta que así, abrazándose la una a la otra, entraban en calor más rápido.
"Ahora seremos hermanas, y compartiremos todo."
Pero un ruidito, un leve sonido, hizo que le tapara de un manotazo la boca a Shiori.
Shiori lanzo un grito de protesta por el golpe. Ofendida, dijo: "No puedes echarte para atrás."
"Cállate." Susurro.
Entonces la voz se hizo más sonora.
"¡Nuestros padres, han venido a salvarnos!" Shiori grito exaltada, mientras se alejaba de su prima.
Y cuando estaba a punto de ponerse de rodillas, Rin la agacho contra el piso.
"Espera Shiori, tal vez no sean nuestros padres." En voz baja. "Hay hombres malos en el mundo, algunos intentan hacer daño a la familia, y nosotros seriamos el blanco principal."
"No es verdad." Shiori se arrastro por el piso para alejarse del agarre de su prima. "¿Por qué querrían hacernos daño?"
"Se están acercando." Rin agudizo el oído para distinguir la voz, pero no lo consiguió. ¿Qué hacia un extraño curioseando por ahí? "Debemos quedarnos aquí, escondidas. En cuanto se deje de escuchar ruidos, nos arrastraremos hasta otro árbol y correremos a la mansión. Yo iré primero." La voz se acerco aun más. "Apresúrate. Aléjate gateando, y si me pasa algo, avísale a mi padre."
"¡Rin!" el miedo hizo que la niña susurrara.
Pero no estaba tan asustada como Rin, quien soltó a su prima y la ínsito a que avanzará detrás de ella. Subir a los arboles no era una opción, Shiori era demasiado pequeña como para subirla a uno.
Tras asegurarse de que nadie las veía, hizo un ademan con la cabeza a su prima para que siguiera su camino.
"Señorita Rin." Llamo la voz. Una voz de un hombre joven. "Sé que anda por aquí. Muéstrese. Su padre me pidió que la llevase a la casa."
Rin no reconoció la voz.
"Soy Hakudoshi. Indíqueme donde está y yo la salvare de la tormenta."
¿Hakudoshi? Ella no conocía a ningún hombre de su padre que se llamara así. El corazón le latía con tanta fuerza que no podía respirar, le hizo gestos con la cabeza a Shiori para que no avanzara. Y empezó a retroceder evitando hacer ruido. Así poder volver a la oscuridad que les brindaba los troncos de los arboles.
"Ah, con que, aquí estas." Hakudoshi susurro.
Rin vio como Hakudoshi asustaba a Shiori por la espalda. La había sorprendido justo en el grueso tronco del árbol. "¡Te atraparé!"
Rin grito como una niña tonta, para poder distraer a Hakudoshi de atrapar a su prima, pero otra persona la agarro por el kimono y la llevo a rastras hasta dejarla tumbada en el fango.
"Esta es la indicada." Grito ese otro hombre a Hakudoshi, quien solo ignoro a Shiori y salió a ver a la presa principal.
Rin diviso a Goshinki, uno de los militares que acompañaba a su padre, y que tenía un aliento tan asqueroso como el de los cerdos.
Lo único que le quedaba por hacer era gritar, gritar para que la rescataran, pero la fuerte mano de Goshinki rompió el aire y se estampo en la mejilla de la niña; eso fue suficiente como para que guardara silencio.
"¿Qué hacemos con la pequeña albina?" pregunto Goshinki.
"Esta no nos sirve. Ella fue muy específica con decir que quería solo a la más grande. Dijo que podíamos hacer lo que quisiéramos con la más pequeña."
Rin se dio cuenta enseguida que el hombre delgado y con cabellos blancos era el que daba las órdenes. Y tuvo miedo, enseguida se notaba la seriedad y la frialdad en sus ojos.
"¿La matamos?" Pregunto Goshinki mientras tomaba a Rin de los cabellos, para que no gritara ni se moviera.
CONTINUARA…
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