Capitulo Decimocuarto. Tengo Que Deja De Hacerlo.

Querido James.

No sé cómo poder decirte esto. Probablemente esta es la carta mas difícil que he escrito en mi vida, pero empezare en decirte lo mucho que significas para mí, lo mucho que me gustas. ¡Dios mío! Y lo mucho que te amo. Eres cariñoso, guapo, inteligente y mil o mas cualidades que me hacen derretir cada vez que me miras a los ojos o cuando tus labios se funden con los míos. Me encanta acariciarte, besarte, jugar con tus cabellos. Cuanto quisiera que con solo eso pudieras amarme. Pero no puedo. Y eso me duele más de lo que tú, yo o el mundo pueda imaginar. Simplemente no estás hecho para amarme y yo no estoy hecha para puedas amarme. Es por eso que debo dejarte ir. Pues mereces a alguien que puedas amar. Y me duele no poder ser esa persona, pero me duele mucho mas seguir intentando. Y seguir fracasando. Es por eso que te digo adiós, para poder curar las heridas que me has hecho. Perdóname amor.

Te amo. Pero tengo que dejar de hacerlo.

Ann.

James Sirius Potter, solo en su cuarto y sentado en su cama, leía esta carta, humedecida por las lagrimas de una muchacha destrozada por culpa de su melancolía, de su falta de pasión, de su incapacidad de expresar lo que él veía claro. Que él era incapaz por el momento de tener una relación, con nadie.

¿Qué le pasaba? ¿Por qué se hacía eso? Tenía una relación con la muchacha mas fantástica y hermosa que había conocido y el era incapaz de hacerla feliz. ¿Por qué? Se reprochaba haciéndose preguntas que no podía encontrar respuesta ¿Por qué la hacía sufrir? Ella merecía una persona que le brindara todo el amor, cariño y pasión que él no había podido darle. Ella había sido muy buena con el. Lo había escuchado, lo había consolado en los momentos malos. Pero el nunca pudo devolverle ese cariño y atención que ella tanto necesitaba y merecía.

En el muy predilecto y muy famoso Colegio de Magia y Hechicería Lethbridge House, en el corazón de la Provincia de Manitota, en la costa norte del inmenso Lago de Winnipeg, se habían dado muchas expectativas cuando se enteraron de que el mejor jugador de Quiddich del colegio salía con una de las más hermosas y buenas estudiantes del colegio. El único hijo del gran Harry Potter, salvador del mundo mágico y un exitoso fiscal de la capital Canadiense, salía con una joven perteneciente a una de las familias más importantes del mundo mágico en Canadá. Muchas soñaban siquiera con hablar con él sin tartamudear, a pesar de lo poco intimidador y lo muy amable que el intentaba ser, sino lo molestabas.

En su adolescencia solo pensaba en sus grandes pasiones: El Quiddich y la música. A diferencia de lo que pudieran pensar, el nunca había sido un conquistador, pues había heredado la timidez de su padre. En realidad, el Quiddich y la musica, era lo único en que pensaba, cosa que lo hacia inrresistible para las chicas, pues verlo volar en su escoba, o tocar en grupo o en solitario con su guitarra, más la combinación de cierta indiferencia, mucha seriedad y atractivo, hacía mucho más efecto que la arrogancia, poco cerebro y una sonrisa encantadora.

Más aun así, a James Potter no se le veí rodeada de un grupo de admiradoras, que apesar las tenía. El, en su vida, apenas había tenido unos cuantos insignificantes noviazgos para el momento en que se atrevió a pedirle a una de sus más preciadas amigas que le diera el honor de ser su pareja. El todavía recordaba cómo había empezado toda esta trágica aventura. Se recordaba en día en que le pidió que fuera su pareja en el baile de noche de Hallowen.

Flash Back

Era una fría mañana de otoña. La niebla cubría un inmenso lago, que a sus orillas una gigantesca mansión no se veía tapada por esta niebla. Esta mansión, al estilo Victoriano, estaba rodeada por un gran patio, que finalizaba al sur con este impresionante lago y al norte con un bosque de robles al cual no se le podía ver sus límites. El suelo de este bosque de robles estaba cubierto de las hojas que ya habían caído, producto del enfriamiento estacional. El viento hacia que estas hojas migraran lentamente al sur para así invadir poco a poco el gigantesco terreno del Colegio de Magia y Hechicería Lethbridge House.

En la orilla del Lago Winnipeg un joven alto, de pelo negro y constitución atlética, debido a el duro entrenamiento de su deporte y pasión favorita, el Quiddich, estaba observando el paisaje mientras pensaba seriamente y se daba valor para hacer una de las cosas que menos estaba acostumbrada a hacer. Invitar a una muchacha que le gustaba a un baile.

Todos sus amigos, hasta uno que otro maestro entrometido, le habían hecho una campaña feroz para convencerle de que diera ese gran salto, para que dejara la indecisión e hiciera de una vez por todas lo que debería haber hecho hacia tanto tiempo. Invitar a Ann Johnson al baile de Hallowen. Un baile que apenas faltaba un día.

Seguía encismado en sus pensamientos y por eso no se dio cuenta de la presencia de una joven muy hermosa, de un pelo negro muy liso, ojos verdes y de un cuerpo que era la envidia de muchas. Esta se le había acercado muy sigilosamente y se le había caminado de tal forma que se encontraba a pocos centímetros de la espalda de James. La joven, con temerosidad, le toco el hombro y el joven se volteo bruscamente.

-¡Ann! Me asustaste- le dijo James sorprendido.

-Lo siento James- dijo ella tapando con su mano una risita- espero que no te haya interrumpido.

-O no descuida, no interrumpes nada importante- le dijo James embelesado por la hermosura de esos ojos verdes, los cuales no cambiaría por el más caro de los diamante. En casi un susurro dijo- No es nada que pueda esperar.

-Que bien, y… ¿Qué hacías?- pregunto Ann.

-Oh, nada- respondió este sobreponiéndose- solo pensaba en…

Y se interrumpió, pues la mirada de ambos se vieron atraídas por una fuerza de atracción más poderosa que cualquier otra. James creyó entonces de que esto parecía casi el destino, pues en ella estaba pensando y fue ese momento el que le dio el valor para atreverse a hacer lo que el sabia que tanto deseaba hacer. Pero también se exponía a que sus ilusiones fuesen hechas pedazo.

-Solo pensaba en ti- le dijo por fin. Ella le miro casi en shock, pero rápidamente enrojeció y bajo la mirada a sus pies.

-¿En mi?- pregunto ella todavía fijando su mirada al piso- Y…¿Por qué James Potter pensaría en mi?

-Porque…- y en ese momento sintió como si se le fuera la respiración, pero con gran esfuerzo se sobrepuso- porque tengo tiempo…queriendo…ehmm…

-¿James?- le dijo ella subiendo y sonriendo- ¿Qué tienes tiempo queriendo saber?

-O yo…Es que yo… ehmm… me imagino que… que sabes de lo del Baile de Hallowen y yo…quería saber si tu…si yo pudiera…

Y en ese momento Ann le agarro una de sus manos y la apretó un poco. James quedo impactado y se quedo mirando a esa increíblemente suave y maravillosa mano que le hizo sentir una de las mejores sensaciones de su vida. La suave mano de Ann apretada delicadamente la suya. El pulgar de James rápidamente, como si tuviera vida propia, empezó a hacer suaves caricias a la mano de la hermosa joven, que sonreía.

-Si quiero ir contigo al baile de Hallowen- le dijo Ann, mirándolo fijamente, pero su rostro ahora era serio.

-¿En verdad?- le pregunto James incrédulo- ¿Estás segura?

-Si, tonto- le dijo ella riendo- si quiero ir contigo.

-Perdón por bueno…No poder hacer de este un momento mas…- y se interrumpió, enrojeciendo. Ella sonrió también sonrojada.

-¿Romántico?- pregunto Ann.

-Bueno, yo…yo iba a utilizar, bueno…especial ¡Pero esa palabra también se me paso por la mente!

-Está bien. Es lindo verte nervioso- le aseguro acercándosele a el.

-Si bueno- dijo el bajando la mirada-yo tenia tantas cosas en la mente que quería decir. Miles de cosas sobre lo fantástica que eres y lo mucho que bueno…me gustas.

-¿En verdad?- pregunto ella sorprendida.

-Si bueno…me gustas mucho, pero yo no soy muy bueno para estas cosas. Dios siento mi corazón como si me saliera.

-Y yo también James, y si eres bastante bueno. Tan bueno que haces que me gustes mucho más de lo que me gustaba.

-¿Yo te gusto?- pregunto ahora James sorprendido. Y ella sorpresivamente lo beso, un beso que James correspondió rápidamente, poniendo sus manos en su rostro para poder hacer este un tierno beso. A los minutos estos se separaron mirándose fijamente a los ojos, que llameaban.

-¿Responde a tu pregunta?- pregunto Ann.

Rato más tarde, ya en la noche, James esperaba sentado muy pacientemente en un banco que había en un pasillo con muchas puertas y este bando estaba enfrente a la puerta de una habitación. Esperaba algo o alguien.

Por las ventanas de ese pasillo se filtraba la luz de una luna cuarto creciente y el estaba vestido muy elegantemente, con una Flux negro de tres botones, camisa blanca y una corbata gris oscuro, que a pesar de lo poco apretada que estaba el sentía que lo ahogaba. Se la estaba aflojando más de lo normal, cuando de la puerta de la habitación, salía una hermosa joven de pelo negro y ojos azules.

James paro de aflojar la corbata y se quedo boquiabierto, y casi infartado, al verla. Estaba preciosa. Llevaba un vestido rojo muy precioso. Su pelo negro estaba suelto pero muy bien peinado y liso. Su vestido, que no muy revelado, dejaba percibir la forma de su cuerpo, que James pensó que podría admirar pero el resto de su vida y no habría sido una vida desperdiciada.

Ella lo miraba sonriente y un poco ruborizada, cuando este, muy torpemente se levanto. Podía ver que las rodillas de James estaban trabajando duro para el muchacho no cayera al suelo, ya que este concentraba cada neurona en esa hermosa joven que el tenia la fortuna de llevar al baile. Ninguna neurona estaba destinado a hacer que el muchacho dejara de actuar como un retrasado mental.

-James, ¿quieres ir al baile? ¿O prefieres quedarte aquí?- pregunto ella, en tono burlón. Pero este todavía no reaccionaba- ¿James?

-Si, si… digo no, no vamos al baile- dijo este por fin- te ves muy hermosa. No puedo creerlo.

-¿Creer que?- pregunto ella sonrojándose.

-Que… que puedas llegar a ser más hermosa que ayer- dijo James, todavía estupefacto. Ella bajo la mirada, ruborizada aun más, pero con una sonrisa radiante en su rostro.

-¿Ósea que ayer no era hermosa?- pregunto Ann repentinamente muy seria.

-Oh… Ah- el joven Potter no esperaba eso, y se sintió fuera de juego- yo no… claro que…

-James.

-Yo quería…Yo no decía- siguió balbuceando el pobre pelinegro.

-James- dijo Ann con paciencia- solo bromeaba.

-Oh…- solo pudo decir James, y cuando vio la sonrisa maquiavélica de la muchacha y como reia, se la quedo mirando, hasta que la joven se dio cuanta de su mirada seria.

-¡James! Perdóname-dijo ella apenada- solo bromeaba. No quería… ¿Estas molesto conmigo?

-No, solo pensaba- contesto con simpleza, con una voz suave. Cosa que hizo que a la muchacha sintiera un vuelco en el corazón.

-De lo tonta que soy- dijo cubriendo su rostro con las mano- lo siento. Soy una inmadura. Perdoname.

Pero James sorpresivamente, la agarro de la cintura, con la mano izquierda, para acercarlo a él, y con la diestra, descubrió el rostro de la joven, el cual se le habían escapado unas pocas lagrimas. Y sin pensar ni decir nada más, beso a la joven. Y cuando se despegaron, Ann dio un suspiro, antes de abrir sus ojos, y ver a su novio, mirándola con una sonrisa.

-Solo pensaba en lo hermosa que me pareció esa risa- le dijo con una sonrisa, cosa que la hizo enrojecer a la rubia.

-¿Vamos?- le dijo Ann por fin, al recuperar el habla. Este le extendió la mano, que ella agarro y cogidos de la mano caminaron juntos hasta un gran salón.

Había muchas mesas y personas con trajes elegantes y magníficos. Había música, baile, conversaciones y risas en este increíble salón, apenas iluminado por unas velas en las mesas y unas lámparas de cristales de colores que iluminaban muy pobremente la pista de baile. Pero claro, la iluminación, aunque escasa, era perfecta para una noche de baile y diversión, y porque no… un poco de romance.

Y allí estaban ellos. Una joven pareja, sentados y hablando entre ellos. Incrédulos todavía de que acabaran de emprenderé una aventura que ninguno de los 2 sabia como terminaría. ¿Bien? ¿Mal? Solo el tiempo los diría.

-Tú también me gustas mucho James- le dijo Ann, acariciando la mano de ese joven, que estaba sentado al frente de ella, en una mesita para ellos dos.

-No puedo creer que estemos saliendo.

-Y yo no puedo creer que por fin te dieras el valor de invitarme a salir- le dijo Ann riendo.

-Yo tampoco lo puedo creer. Pero la verdad no creo que eso cuente, porque creo que ni siquiera te invite. Si no fueras tan inteligente, no podrías haber descifrado mis balbuceos.

-Pero de todas maneras, cuenta- le aseguro Ann, seriamente. Él le sonrió- ¿qui… quieres bailar?

Pero James empalideció. Bailar. El sabía que había heredado no solo la timidez de su pare, sino también su torpeza para eso, que para algunos era un placer, para él era una Odisea. El muy nervioso, bajo la mirada y se llevo la mano a la cabeza, para despeinárselo. Que iba James a imaginarse que esa manía, lo había heredado de su abuelo.

-No… no sé. Es que yo…- trato el de decir.

-No, no tienes que hacerlo si no quieres- dijo ella, un poco apesumbrada. Creyendo que él no querría bailar con ella.

-N…no es que no quiera- dijo el agarrando la mano de ella- Si quiero, pero, me da miedo decepcionarte. No soy muy bueno en esto del baile. Lo siento

-No te preocupes James- la seguro ella con una risa forzada- no tienes que hacerlo.

Pero el subió la mirada y muy apenado y sintiéndose de lo peor, se puso a pensar si él era suficientemente bueno para ella. Y tomo la decisión de que trataría de serlo.

James se levanto y le tendió la mano.

-¿Me darías el honor de bailar contigo?-le pregunto muy serio. Ella subió la mirada, sorprendida por el cambio y por un momento pensó que era una broma. Pero como vio a James tan serio, sonrió y agarro su mano y se fueron juntos hasta la pista.

Era una melodía lenta y muy bonita. Todos los presentes bailaban con sus respectivas parejas abrazados y moviéndose despacio, al ritmo de la música. Y entre todos ellos, había una pareja que no lo hacía tan mal, a pesar de los movimientos un poco torpes y una que otra pisada que le daba James a Ann. El pobre le susurraba bajas disculpas al oído de la chica, cada vez que esto pasaba, mientras se maldecía por tu torpeza.

-Ey James, bonito ritmo ¿Cómo se llama?- pregunto burlón un muchacho alto y atlético del equipo de Quiddich- ¿"Pisadas Nocturnas"?

-Bueno Ryan, al menos lo intenta- le respondió Ann, enfadada. James no quiso responder, ya que una cosa podría llevar a otra y no quería pelear esa noche. No frente a ella. Así que con mucho esfuerzo, guardo su enojo.

-Ey James, si fueras tan bueno para bailar, como lo eres para el Quiddich, yo pensaría que Ann es muy afortunada. Pero no lo eres, así que Ann, lo lamento- le dijo en tono mordaz un muchacho alto y de pelo rubio, que era rival de James en puesto de buscador del equipo de Quiddich Lethbridge House. Este lo envidiaba, pues cada vez que el Colegio jugaba contra otros colegios de magia del país, James siempre era el buscador. Y ahora que había encontrado una falla, y no iba a desperdiciar la oportunidad de humillar a James. Y este se separo de Ann y tanteo en sus bolsillos para buscar su varita.

-No, no la hagas. Solo te meterás en problemas y el no vale la pena- le dijo Ann deteniéndolo- Por favor.

-Tranquila Johnson, a diferencia de su padre, el no tiene tantas agallas. ¿O si Potter?- dijo Gavin Bradford. Eso fue más de lo que James podía escuchar y saco su varita. Pero en ese momento un anciano mago se acerco a ellos.

-Espero que no pienses usar eso aquí joven Potter- dijo el anciano señalando la varita de James- No creo que a tu padre le agradaría que te pelearas en una linda noche como esta.

-No creo que a su padre le agrade nada de lo que Potter hacer, señor Director- dijo Gavin.

-Silencio señor Bradford. A diferencia de a Ud, a mi me enorgullece que el señor Harry Potter nos escogiera a nosotros para hacer de su hijo un potencial gran mago. Tan grande quizás como su padre. Ahora quiero que ambos se calmen y que esta fiesta continué.

Dicho esto se marcho del lugar magestualmente. James y Gavin se miraban desafiantes. James todavía estaba tentado a destrozar al rubio, pero este se dio cuenta de los deseos de James y sonriendo burlonamente, se llevo a su pareja de ahí, para seguir bailando.

-James, el es un imbécil. ¡No lo escuches!- le dijo Ann. Este la miro fijamente- por favor.

Su semblante todavía estaba colérico, además de que por dentro ardía de odio y rabia, pero cuando sus ojos se encontraron y ella dijo esto, James simplemente se calmo. Pero la noche no estaba destinada a terminar como un cuento de hadas, porque en ese momento, James se percato de que muchos los miraban, murmuraban y algunos hasta se reían.

El semblante de James se puso furioso otra vez y muchos agarraron miedo y apartaron la mirada. Gavin Bardford podría haber humillado frente a todos a James Sirius Potter, pero seguía siendo James Sirius Potter, y nadie se atrevería a enfrentarse ni a burlarse de él. Y menos cuando este estaba furioso. Muy furioso. Pero aun así, ya para James, el baile ya había perdido todo su encanto y nada que pudiera hacer Ann podría devolverlo. Pensó que ya nadie en el mundo le podría dar una razón para seguir humillando a Ann.

-James, ¿estás bien?- le pregunto ella, susurrando. Pero James, se aparto de ella y dijo.

-Lo lamento- se volteo y se fue de allí con paso decidió y seguido por la mirada de varias personas, pero sobre todo la de una muchacha que empezaba a escapársele las lagrimas.

-Vuelve- susurro ella, casi para sí mismo, mientras lo miraba desaparecer entre la multitud.

Fin del Flash Back

Ella era una persona increíble. Hermosa, amigable, inteligente, cariñosa y con muchos amigos. Verdaderos amigos y ella podría haber salido con cualquiera. Con cualquiera que ella hubiese deseado. Pero ella lo escogió a él ¿Y el que hizo? La lastimo. Con su temperamento, su ira, su melancolía. Todo al principio fue muy hermoso. El baile, los besos, las caricias. Pero después, algo en él hizo que la alejara. Algo.

Y es que él no sabía que era. Solo sabía que algo hacia que el pensara en otras cosas. Como si tuviera una necesidad de hacer otros planes o cosas que la verdad ni el sabia sin en verdad era lo que él quería. El quería hacer cosas que ni sabía si le gustarían. Pero tenía que hacerlo. James Sirius Potter quería demostrar algo, pero no sabía que, ni a quién.

El baile, solo fue el principio, ya que Ann encontró la forma de devolverle a James la capacidad de olvidar y sonreír. Pero los logros de ese esfuerzo que Ann tuvo que hacer para mantener la relación fueron muy efímeros. Otras cosas se encargarían de terminar el trabajo que Gavin Bradford había comenzado