Entre la Espada y el Hielo
Historia Catorce

Prompt: Campamento Gitano
Pedido por: HoeLittleduck
Palabras: 3086
Rating: M (violencia, sangre, situaciones comprometedoras)

Resumen: Un perturbado corazón puede causar la mayor tragedia. Así lo vio la joven gitana con su don, pero no así el joven aristocrático que quiso manchar su honra.

Disclaimer:Frozen de Disney, ni sus personajes me pertencen, simplemente los uso para el desarrollo de un argumento sin fines de lucro


Había movimiento en el campamento a oras muy tempranas. Los hombres guardaban las tiendas y las mujeres recogían las cosas para subirlas a las carretas, la joven Elsa, en su traje de telas azules y con su pañuelo de tela negra adornando su cabello suelto, observaba esto con un nudo en la garganta.

Su hermana apareció caminando con un balde en sus manos, al ver a la mayor, la saludó.

- Iré en busca de agua, no me tardo- comentó sonriendo antes de seguir su camino-

Elsa asintió con la mirada y con una suave sonrisa en sus labios carmesí, pensando en miles de cosas a la vez.

Estaba nerviosa. Había implorado a su padre semanas por ese día. Agradecía que por fin le haya hecho caso, observó sus manos que sujetaban su bola de cristal dándole un vistazo rápido a las formas abstractas que surgían en su interior.

Necesitaba guardar su herramienta de trabajo y relajarse. Pronto las carretas se pondrían en movimiento y ella podría descansar.

Fue donde al espacio las adivinas estaban guardando sus cosas y lo dejó en el cofre de costumbre, cerca de las telas de seda que se usaban para adornar las consultas de las videntes.

Se asustó al ver como se caía uno de los rollos ordenados y emergía una persona entre ellas.

Palideció.

Era un hombre de porte gallardo y fina ropa así como su sombrero de copa. Llevaba un bastón delicado en su mano que se veía manchado ante su uso para llegar hasta el campamento, sus guantes inmaculados estaban levemente sucios y su rostro era decorado por una mirada de color verdosa agravada que, en conjunto a su respiración, hacía ver que no estaba bien.

- ¡S.. señorito Westergard!- exclamó la gitana al verlo.
Los ojos de la chica mostraban sorpresa, temía aquel encuentro, se los predijeron las cartas y los sueños y bien sabía que esa visión no traía nada bueno.

El joven se quitó con suavidad su sombrero negro haciendo relucir su cabello rojizo decorado de patillas bien trabajadas como todos los de estatus social en Londres.

- Señorita Elsa- comentó en un hilo de voz y haciendo una pequeña reverencia con su rostro- Necesitaba verla a toda costa.

El joven se acercó asustando a la gitana cuando este tomó su mano y la beso con desesperación. Ella, en el acto, se apartó de él.

- Váyase- dijo la gitana con suavidad. Sabía que eso no estaba bien en miles de sentidos, su don de nacimiento así como su corazón le decía aquella verdad- Por favor, no esta bien que me vea.
- Mentira- susurró Hans acercándose con suavidad a la joven- Esta muy bien, demasiado bien… señorita, es la primera vez que hago algo tan correcto en mi vida.

Elsa negó con la cabeza ante las palabras del caballero frente a ella.

- Está equivocado señorito- dijo Elsa- No es correcto, por favor, vuelva a la ciudad y retome su vida, mi caravana se irá hoy mismo y no me volverá a ver.

El rostro del muchacho cambió desfigurándose ante la sorpresa de aquellas palabras.

La gitana le dio la espalda y comenzó a caminar hacia otro lado de la caravana, llegando a la carreta que compartía con su familia.

Necesitaba alejarse de aquel hombre antes que algo terrible ocurriera, su casa era un buen refugio hasta saber que se pondría en movimiento.

Esperaría ahí la partida, dejando atrás a la ciudad de Londres y esperando que aquella grotesca visión entintada en color carmín no se hiciera realidad.

Al cerrar la puerta sintió una fuerza contraria . Observó con espanto el rostro del joven caballero ingles aparecer por el marco de la puerta, ahora abierta. Sus ojos de color esmeralda centelleaban de una manera extraña y su boca estaba levemente torcida por la manera en que se mordía el labio.

- No pienso dejar que me separen de usted, señorita Elsa- dijo el joven de manera suave pero con decisión en su voz.

Logró entrar y a Elsa le dio un vuelco a su corazón, no le gustaba esto, estaba mal…
Una gitana no podía estar con un extraño a solas de aquella manera.

Hans cerró la puerta con suavidad y, de manera firme y dominante, tomó la mano de la gitana.

- Yo la amo- sentenció- me ha hechizado en cuerpo y alma. ¿Cómo puede permitir que no pueda estar cerca de usted?

Los ojos de la joven se entristecieron.

- Usted está comprometido – le explicó la joven de manera firme- Recuérdelo bien, lo conocí con su novia y ella está enamorada completamente de usted ¿qué no lo ve?.

Hans negó con el rostro y, extrañamente, una sonrisa oscura se generó en sus labios.

- ¿Estoy comprometido?, si- dijo en un hilo de voz- Por conveniencia, no porque yo desee. – sus ojos alcanzaron a la gitana. Haciendo a esta ahogar la respiración ante la manera torcida en que sus ojos centelleaban- Soy el último de trece hijos de una familia bien posesionada, señorita. Esperan mucho de mi, que siga el ejemplo de mis hermanos mayores, yo mismo cortejé a esa dama en busca de la aceptación de mi familia y la sociedad, la unión de nuestros apellidos y las diez mil libras anuales que son su dote. Pero eso es todo. No es ni lo más cercano que he buscado para mi vida: Es una joven poco agraciada, de voz chillona, ignorante que simplemente se pavonea por su herencia. No es como usted, Elsa.

La joven trató de soltarse de su mano, pero era imposible. Hans no la lastimaba, pero la presión sobre su muñeca era fuerte y evitaba cualquier movimiento. Su mirada cerúlea mostraba miedo ante esto en conjunto a las palabras en tono sincero pero con frialdad que el caballero le confesaba.

- Por favor, señorito- suplicó la gitana – Esto no está bien.
- Usted me tiene así- jadeo el pelirrojo con desesperación- Me robó el corazón aquel día en que entré a su consulta. Fue por mi prometida, quien tenía curiosidad de usted: la famosa vidente gitana de ojos zafiro. Su forma de caminar, su habla, la sinceridad en sus palabras… aquel alo de misterio que la rodea, todo lo que es usted… Tuve que volverla a ver tantas veces como pude ¿no se acuerda cuantas libras dejaba en su cajita de pagos? No era para saber mi futuro, ya lo conocía: era usted, Elsa.

Ante cada palabra dicha por el joven. Elsa se sorprendía más. No porque cada palabra fuera una revelación. Su don y las cartas ya le decían cuales eran los secretos que el pelirrojo escondía. Cada vez que el joven aristocrático le hacía una pregunta secreta entre las miles de cartas del taro siempre sacaba el arcano de "Los enamorados" y la de "La torre" : la pasión y la destrucción. Sus visiones la alertaron de los sentimientos del muchacho y las barajas que comenzó a tirar sola en su habitación por aquel presentimiento le advirtieron de lo oscuro y peligroso que podían llegar a ser.

Por eso pidió al rey de los gitanos, su padre, que se retiraran de aquella ciudad, necesitaba alejarse lo más pronto posible, por el bien del joven, de su pueblo y por su propia integridad.

- Lo siento mucho- susurró la joven ante la sorpresa del joven aristócrata- No puedo corresponderle a sus sentimientos, joven Hans. Por favor, olvídese de mi. Por su bien.

Los ojos del joven se clavaron con sorpresa a los de la gitana sin que esta lograra descifrar lo que estaba pensando: ¿desilusión? ¿tristeza? ¿enfado?. Una gama de sensaciones cruzaban la mente del pelirrojo ante aquella mirada.

- ¡No, no!- escuchó Elsa antes de que sintiera una fuerte presión sobre sus hombros y su espalda fuera a dar con las maderas de una de las murallas de la carreta.

Un leve quejido escapó de los labios de la gitana, unido al ruido de la madera y de algunas cosas que estaban sobre una mesita cayendo estrepitosamente al suelo.

La mirada de Hans había cambiado en una leve sonrisa con un son maniaco que asustó a la joven.

Esa expresión la vio en una visión y cada vez entendía a que se debía.

- No me puede rechazar- susurró el caballero con un son frío y maquiavélico sin soltarla de los hombros- No después de lo que me ha hecho sufrir y lo que me ha hecho sentir, ¿me ha hechizado? ¿me ha lanzado algún maleficio? ¿por qué no he podido dejar de pensar en usted?
- Nunca he hecho nada para atormentarlo señorito- gimió asustada la gitana- No sería capaz de hacer sufrir a nadie, mi don es de avisar y ayudar a las personas, nunca para dañarlas.
- Entonces ayúdeme…- imploró Hans, soltando la presión con que sujetaba de los hombros a la jovencita- Ayúdeme a no sentirme culpable cuando haga lo que quiero hacer.

El rostro de la joven mostró sorpresa antes de ver como sus labios eran atrapado por joven inglés cerrándolos en un peso suave pero posesivo generándole un vuelco en su corazón.

No podía estar pasando esto, era peligroso.

Como pudo, trató de empujar a Hans pero era en vano, su pecho la cercaba más a la madera de los muros haciéndola sentir con mayor fuerza el tacto y aroma a colonia que llevaba el joven. Trató de hablar, razonar con él, pero ante el primer movimiento de su boca, Hans logró acrecentar el beso con movimientos suaves y atreviéndose a tocar con su lengua los labios de la gitana para encontrarse con su suave paladar.
El agarre del joven aristocrático sobre los hombros fue reemplazado por sus manos tomando el rostro de la gitana, quien mantenía los ojos cerrados ante lo que estaba pasando y por la sutil caricia de las manos del joven sobre sus pómulos y como su pecho la cerraba más entre él y la pared.

- Elsa…- susurró Hans cuando, por falta de aire, tuvo dejar de besarla. Simplemente para comenzar a descubrir con sus labios, aquel cuello níveo.
- No...- Elsa apenas si podía hablar ante la falta de aire y el miedo- basta, recapacite… por favor.

No hubo respuesta.

Hans estaba en un trance por su mente nublada de deseo, mientras creaba líneas imaginarias con la punta de sus labios sobre el cuello de la joven.

En un descuido. Elsa pudo empujarlo, dejando la posibilidad de escapar, pero Hans fue más rápido.

Agarró su muñeca y ante la falta de equilibrio , logró sentar a Elsa de rodillas en el suelo, logrando acostarla debajo de él en un breve pero suave forcejeo. Elsa no tenía las fuerzas suficientes para enfrentársele y él no quería lastimarla.

Con respiraciones entrecortadas pudieron verse en los ojos del otro, la mirada de Hans era oscura y penetrante.

Elsa trató de levantarse, pero el peso de Hans sobre su cintura era demasiado para que pudiera moverse. Dejándola a la merced del pelirrojo.
Con sutileza, el muchacho comenzó a quitarse los guantes, dejándolos caer en el suelo. Sus manos desnudas acariciaron el mentón de la joven, para volver a juntar sus labios con pasión, ante los movimientos incómodos de la joven buscando una salida que no existía.

- Sea mía, por favor, Elsa- susurró Hans cerca de su oído haciendo estremecer a la gitana debajo de él- ¿Qué no lo ve?

La masculina y tibia mano tomó la de la gitana, depositando aquella blanquecina palma sobre su pecho donde reposaba su pañuelo de seda, suelto y sucio ante los movimientos y la caminata hasta el campamento.

- Mi corazón nunca había estado tan agitado como ahora, señorita- suspiró Hans sin soltar su mano de la joven- Nunca me había sentido así por nadie, me está volviendo loco.

Elsa se estremeció ante el hecho.

Nuevamente quiso escapar, pero fue en vano.

- Suélteme…- susurró Elsa.

Quería gritar, pero temía que fuera peor… si la encontraban así estaría acabada. El campamento la vería como manchada por romper las leyes, no podía hacer eso.

Una exclamación brotó de su boca al sentir la segunda mano del caballero bajar.
Sintió sus dedos recorrer su figura hasta llegar al inicio de su vestido, levantando las enaguas que cubrían sus piernas.

- No… basta, por favor- pidió Elsa buscando moverse.

Era inútil, el joven generó una suave caricia por las piernas de la gitana haciendo a esta cerrar los ojos de vergüenza y miedo.

- Es tan suave… - cantó Hans con una risa soñadora- Cuantas veces soñé en acariciarla así.

Moviendo las telas, llegó hasta el inicio de su cintura, perfilando con suavidad la fina silueta de la joven.

Era la primera vez que hacía algo así, ante su posición en la ciudad, era a él a quien servían en todo, incluido en el placer: ¿a cuantos burdeles habría asistido para una compañía que le hiciera realidad sus caprichos de carne? No le importaba como fueran con tal que hicieran los que el deseara hasta el momento en que aquella gitana se presentó en su vida.

No podía evitarlo, nunca se había sentido atraído por alguien de esa manera en toda su existencia. Si, sus necesidades se mantenían, ahora buscaba en los burdeles a las jóvenes más blancas y rubias que existían, ordenando que se vistieran con telas gitanas para simplemente susurrar "Elsa" ante los gemidos de la prostituta del momento.

Esta vez no era una fantasía, los ojos y cabellos así como las ropas eran de la joven de sus deseos, también el tacto de la piel suave y el aroma a pino de su cuerpo.

Su mano sintió la tibieza de la entrepierna de la gitana, asustando a su dueña.

- No.. basta, por favor- susurró la rubia ante la caricia prohibida.
- Es tan delicada y tibia- jadeo Hans- Quiero tocarla como nadie lo ha hecho, Elsa. Que sea solamente mía.

Con deseo su mano rozó la entrepierna de la joven, generando una sutil caricia que calentó la sangre del joven y heló por completa a la gitana que recibía las atenciones.

- Es primera vez que tocó a alguien así- le dijo en el oído el joven- Quiero que usted sea la primera en sentir mis atenciones, la quiero servir Elsa.
Su boca gruesa se dirigieron nuevamente al cuello blanco de joven, rozándolo con sus labios alertando a la gitana de más caricias mientras sentía sus piernas temblar y su femeneidad humedecer.

- No… no quiero esto…- lloró la gitana.
- Shhh- susurró Hans con cautela- Prometo que seré gentil, mi amada.

Su dedo indice bajo co cautela por la piel desnuda de la joven, llegando al inicio de su entrada.

La dueña de aquel cuerpo gimió ante la suave y pecaminosa presión del joven, ruborizándose de la vergüenza y del miedo ante la mirada atenta de su captor que, con prudencia, masajeaba con cuidado aquel punto de su cuerpo. Haciéndola suspirar de manera involuntaria.
- Mi querida señorita- jadeo el joven- No sabe cuanto la adoro.

Sus labios bajaron a la mejilla de la joven, buscando besarla y nuevamente bajando a su cuello.

No podía sentir eso ahora, no en aquella situación. La sensación que solo debía sentir en su noche de bodas, cuando sería finalmente desflorada por el gitano indicado, para luego mostrar orgullosamente su ajuar manchado a su familia, su símbolo de pureza y virginidad perdidas luego de desposarse.
Si la vieran ahora, sería señalada por ser una mala persona y gitana manchada. No quería eso.

¿Qué podía hacer? Siendo prisionera de esos brazos y su cuerpo reaccionando ante las atenciones del joven pelirrojo.

Desvió su rostro, evitando ver a ese hombre que le estaba causando la destrucción de su vida. Buscando un punto en la habitación, tratando de perderse de donde estaba y que estaba pasando.

Un leve brillo apareció sobre el piso, donde estaban las cosas que se habían caído hace un rato atrás, podía reconocer la forma del vidrio ya roto de lo que fue un bello florero que tenía algunas hierbas aromáticas. Las plantas se habían esparcido por todos lados así como los cristales, salvo la base afilada de lo que fuera el adorno.

Logró soltar uno de sus brazos y trató de acercarse a aquel pedazo de vidrio.

Santa Sara, la patrona de su pueblo errante, se apiadó de ella, dejando el quebrado material cercano a sus dedos. Con la adrenalina que corría en ella tomó el pedazo de vidrio como una daga.

El grito de Hans resonó en la carreta ante el dolor que emergía en su cuello. Sujetó su piel con su mano descubierta mientras la sangre comenzaba a caer en leves gotas manchando la madera del piso.

Elsa logró alejarse de él, asustada y sujetando su arma manchada en carmín.

Un jadeo suave resonó en la garganta de Hans, mientras perdía el aliento.

- E… Elsa…- jadeo con los ojos temblorosos.

La nombrada comenzó a llorar.

- Yo… - Hans no pudo seguir hablando.

Se desvaneció y su cuerpo cayó dejando que la mancha roja en el piso comenzara a expandirse.

Las manos de la gitana comenzaron a temblar sin percatarse de que alguien abría la puerta. Apenas si reconoció el cabello pelirrojo de su hermana en cuanto esta entró y observó la escena.

- ¿Hermana…?- los ojos de la gitana pelirroja se abrieron y una de sus manos escondió su boca del asombro.- Por la Santa Sara…
- Yo…- Elsa no podía hablar.
Anna había oído un grito en la carreta y se aventuró a saber que estaba pasando, pero nunca pensó encontrar tal macabra escena: observó el cuerpo del joven ingles y su hermana sosteniendo el vidrio manchado en sangre. La rubia lo soltó escondiendo sus rostro con sus manos.

- Él me quería deshonrar- sollozó- Perdió la cabeza, mi visión.. todo rojo… lo siento.

Anna se dirigió hasta su hermana y la escondió con sus brazos, buscando tranquilizarla.

Elsa bebía un poco de agua de hierbas en la carreta de una familia amiga junto a su hermana. Escucharon el sonido de la puerta abrirse, dejando paso a Adgar, el rey de los gitanos, padre de las niñas.

- Hemos dejado el cuerpo del otro lado del río- comentó el rey- Los animales harán su trabajo y lo encontrarán cuando sea muy tarde.

Elsa bajó la vista, conteniéndose las ganas de llorar de nuevo. Adgar se acercó a ella, tomándola por el mentón.

- Mi hija, no estoy a favor de lo que hiciste, pero entiendo todo- dijo su padre- Te has protegido a ti como tu honra de gitana- La mirada del rey se ensombreció- Pero no podremos volver a esta ciudad en mucho tiempo, te buscarán querida o nos buscarán a nosotros. No puedo adivinar si aquel muchacho comentó sus planes con otra persona o dejó algún mensaje sobre tus sentimientos enfermizos hacía ti.

Elsa asintió.

El rey besó su frente con delicadeza.

- Mi pobre hija…- le susurró- Debí ser más cauto de tus advertencias y predicciones. Naciste con un don maravilloso, yo pequé como padre al no escucharte en el primer momento.
- No diga eso, padre mío- dijo Elsa, sus ojos estaban hinchados- Hizo lo que pudo, se que sonaba a un capricho y comprendo que muchos gitanos deseaban quedarse por los buenos negocios… si hubiera visto antes los sentimientos que el joven estaba teniendo ante mi… me hubiera alejado antes para no generar esta tragedia.
- Santa Sara actúa de maneras misteriosas- dijo su padre abrazándola- Descuida, nos iremos pronto.

Las telas se recogieron y los caballos comenzaron a moverse tirando de las carretas con las familias. Anna siguió abrazando a su hermana, la cual no quería moverse de donde estaba. Se encontraba descompuesta y culpable. Desde aquel día soñaba como sus manos se entintaban con el carmín de la sangre de aquel joven a quien arruinó y cortó su vida de manera trágica.


¡Hola a todos!
¿Qué les pareció este cortito? No se esperaban tal final ¿verdad? es todo gracias a HoeLittleDuck quien me pidió un prompt de campamento gitano con una Elsa de vidente o bailarina gitana y un Hans como aristocrático y con un rating M, por tanto todo es culpa de ella jeje. Personalmente adoré escribir este corto. Me inspiré mucho en la época victoriana con lo que adoro las obras de Jane Austen (¿alguien puede encontrar la parte inspirada en Orgullo y Prejuicio?, no ¿nadie?) y también en las películas de Sherlock Holmes protagonizadas por Robert Downey Jr.

Buenos mis queridos, me gustaría dejarles un adelanto de lo que Lonely Frozen Wolf me hizo escribir pero… no lo he iniciado todavía. Simplemente diré que debo hacer algo con "Rodeo Montubio", veremos que se me ocurre.

Si han quedado con gusto a poco, ¿por qué no leen "Pasión de Invierno" de A Frozen Fan? El mejor fic del mundo mundial con esta pareja que ya está finalizado así que si no lo has iniciado : ¡que rayos esperas!

¡Nos vemos y buen viernes!