Hola, he vuelto. Lamento la enorme espera pero por motivos que escapan de mi voluntad no había podido dedicarme a terminar de adaptar este capítulo. No los entretengo más pero lean la nota de abajo.

Disclaimer: La historia no me pertenece, es de Yare quien me dio su permiso para adaptarla y los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer.


14. Una Vida Casi Perfecta.

Cuando los rayos de la mañana que se colaban por las rendijas de la persiana le dieron de pleno en la cara, ni si quiera se molestó. Hacía días que estaba tan contenta que cosas que antes la ponían de mal humor ni si quiera lograban inquietarla. Estaba feliz, alegre… y cada vez que se acostaba para dormir sólo podía pensar en lo mucho que deseaba que se hiciera pronto de día. Era su primera semana de vacaciones después de un trimestre agotador, y si al hecho de tener dos semanas de descanso se le sumaba que había logrado aprobar todo-incluida matemáticas-resultaba comprensible que estuviese deseando levantarse para aprovechar el día al máximo.

Animada y desperezándose a su paso, se reincorporó y se miró en el espejo. Salvo por el pelo, que lo llevaba un poco alborotado, no tenía tan mal aspecto. Así que tras peinarse y recogerse el cabello en un improvisado pero cómodo moño, cogió aire y abrió la puerta al oír como uno de sus compañeros de convivencia salía de su habitación.

-Buenos días, fierecilla.

-Buenos días.

La sonrisa que hasta el momento se había formado en su rostro se amplió al ver a Edward esa mañana. Y es que si de verdad había un motivo por el que estaba tan feliz y radiante o por el cual estaba deseando que llegase el día siguiente cada vez que se acostaba, era Cullen. Cómo habían cambiado las cosas desde que una noche, tras tirar la basura, le había confesado que no estaba segura de querer seguir fingiendo que no había pasado nada entre ellos. Que nunca se habían besado.

-¿Mala noche?-Cuestionó el chico, observándola con fingida preocupación-Menuda cara llevas. Por poco me da un infarto.

Con la boca ligeramente abierta a causa de la indignación, la joven Swan, fingiendo estar ofendida, le golpeó repetidas veces en el pecho mientras Edward, quien parecía disfrutar de la situación, no hacía más que reír.

O no. Quizás no habían cambiado tanto las cosas, después de todo. Edward seguía metiéndose con ella, haciéndola rabiar, gastándole bromas… Y ella seguía enfadándose, haciéndose la ofendida, agrediéndole físicamente-sin hacerle daño, claro-cuando surgía la oportunidad…

Isabella, con la respiración ligeramente entrecortada, dejó de golpearle y le miró sin borrar esa sonrisa tonta de su rostro. Cullen, quien también había dejado de reír y de oponer resistencia, la miró y sonrió también.

-Estás preciosa esta mañana-Confesó en un murmullo apenas audible, acercándose un poco más a ella.

No obstante, sí que había algo que a ciencia cierta había cambiado. Ambos lo habían notado, y a ninguno de los dos parecía molestarle.

Tras mirar a ambos lados para asegurarse que el joven Swan aún seguía en la ducha, Edward se inclinó sobre Bella y la besó. No fue más que un simple roce de labios, pero al ver la sonrisa en el rostro de la castaña nada más separarse, volvió a inclinarse sobre ella, ésta vez para darle un beso mucho más apasionado e intenso que el anterior.

Entreabriendo los labios para permitirle acceso a su boca, Isabella se puso de puntillas mientras rodeaba el cuello del chico con sus brazos. Aun recordaba con claridad el cosquilleo y la inseguridad que había sentido la primera vez que el chico la había besado tras lo ocurrido en el parque y su confesión en la entrada de su casa. Estaba nerviosa, indecisa… pero después de tantos días y tantos besos que ya se habían dado a espaldas de Sam, esa inseguridad había pasado al olvido y sólo perduraba ese agradable cosquilleo en todo su cuerpo que solía producirse cuando tenía a Edward cerca.

-Da gusto estos recibimientos de buena mañana-Comentó el chico, quien aún tenía sus manos en la nuca y la espalda de ella-Deberíamos convertir esto en una rutina.

-Estoy de acuerdo-Coincidió Bella, sonrojada, pero sin poder disimular su felicidad.

Sus ojos volvieron a encontrarse en lo que llevaban de mañana y nuevamente hicieron el ademán de acortar la distancia que separaba sus labios. No obstante, un oportuno estruendo en el baño les recordó que no estaban solos y que debían ser extremadamente precavidos. Después de dos semanas conviviendo con él, incluso el propio Edward sabía que era mejor no buscarle las cosquillas al joven Swan. Y es que, si se las buscabas, al final las acababas encontrando.

-Sí, lo sé, lo sé-Terció el chico, haciendo una mueca cuando al inclinarse nuevamente sobre el rostro de Bella, ésta había negado con la cabeza y señalado hacia la puerta del cuarto de baño-Tu hermano.

-El mismo-Suspiró, dedicándola una sonrisa culpable-Sólo serán unos días más.

-Eso mismo me dijiste el martes-Masculló, disgustado. Finalmente se encogió de hombros-¿Pero qué se le va a hacer? Después de todo, el intruso soy yo y no él.

-¡Tú no eres un intruso!-Protestó la castaña indignada, pegándole un pequeño manotazo en el pecho.

-Eso díselo a tu hermanito, que aprovecha la menor oportunidad para recordármelo.

Un poco molesto por tener que contenerse cada vez que el joven Swan estaba cerca, Edward se pasó una mano por su cabello alborotándoselo un poco más y torció la boca en una muestra de disgusto.

Isabella, quien comenzaba a plantearse si el besar al chico podía ser algo adictivo, se mordió el labio inferior y sonrió de forma culpable cuando los ojos mieles de Edward volvieron a encontrarse con los suyos. Sí, lo sabía, debían andarse con pies de plomo. ¡Pero se moría por volver a besarle de nuevo!

-Está bien, uno pequeñito-Accedió, acercando el dedo índice al pulgar para demostrarle lo pequeñito que debía ser el beso.

-Yo no sé dar de esos-Bromeó Edward, acercándose a ella hasta acorralarla contra la pared-Pero veré que puedo hacer.

Soltando una pequeña risita nerviosa, la joven Swan dejó caer los brazos hasta sentir el frío tacto de la pared en sus dedos. Estaba acorralada, con una movilidad prácticamente nula y con el chico cada vez más cerca de ella. Pero eso en vez de inquietarla-como sin duda hubiese pasado unas semanas atrás-le produjo un regocijo en el estómago difícil de explicar. Por muy cerca que estuviese Cullen de ella, nunca era suficiente.

-Pequeño entonces, ¿no?-Cuestionó el castaño, con una sonrisa de fingida indiferencia.

Isabella se mordió el labio inferior, indecisa, y movió la cabeza ligeramente, como si se lo estuviese pensando.

Edward, a quien el comportamiento de la joven Swan no podía resultarle sino encantador, le dedicó ésta vez un sonrisa radiante antes de apoyar sus manos en la pared. Justamente a ambos lados de Bella.

-¿Estás intentando intimidarme?-Preguntó, frunciendo el entrecejo-Porque conozco métodos de persuasión mucho más eficaces.

-¿En serio?-Dudo, divertido-Entonces algún día tendrás que enseñármelos. Pero de momento...-murmuró, acortando un poco más la distancia que había entre sus labios-... voy a enseñarte uno de los míos.

La joven Swan dejó de sonreír para observarle expectante. Entreabrió los labios y contuvo la respiración permitiendo que la de Cullen fuese más palpable con forme se inclinaba sobre ella. Su corazón latía de forma frenética y no pudo evitar maldecir la distancia que aún les separaba. Ansiosa por hacer lo más breve posible la espera, le cogió de la camiseta del pijama y le pegó un pequeño tirón hacia ella. Realmente estaba cansada de esperar.

Sin embargo, cuando tan sólo faltaban un par de milímetros para que sus labios entrasen en contacto, la puerta del baño se abrió mostrando el enorme cuerpo de Sam y la expresión suspicaz de su rostro.

-¿Qué estáis haciendo?-Preguntó, frunciendo el ceño e intentando disimular el rechinar de sus dientes.

La pareja, que había pegado un salto para separarse y que ahora se encontraban a dos metros de distancia, se miraron con fingido desconcierto y se encogieron de hombros. Después de todo, ¿qué podían estar haciendo?

El ceño fruncido de Sam se acentuó, pero no dijo nada. Tan sólo se limitó a observarles para segundos después acercarse a ellos con calma.

-Ya-Dijo, chasqueando la lengua y tirándole a Edward la toalla húmeda al rostro-Y tú vete a ducharte, ¿quieres?

El joven Cullen, que había cogido la toalla al vuelo, la envolvió en un ovillo y se dispuso a lanzársela a la espalda cuando el chico se giró para alejarse recorriendo el largo pasillo.

-Edward-Masculló Bella por lo bajo, agarrándole del brazo y conteniendo una risita-No le toques las narices.

El castaño sonrió y asintió colgándose la toalla al hombro. Isabella tenía razón. Era mejor no forzar más las cosas por muchas ganas que tuviese de vengarse del joven Swan. Especialmente después de la bochornosa situación en la que le había puesto varios días atrás.

Dejó la cesta de mimbre en el suelo a un metro de él y comenzó a recoger la ropa que estaba colgada en el tendedero. Isabella la había tendido poco antes irse al hospital y ya que había sido ella quien había hecho la comida y puesto la mesa, recoger él la colada era lo mínimo que podía hacer. Normalmente de lavar la ropa y recogerla-además de plancharla-solía encargarse el señor Swan, pero ahora que estaba ingresado debían repartirse las tareas del hogar.

Miró sus calzoncillos un poco avergonzado y los lanzó a la cesta intentando no pensar en que horas antes habían estado en manos de la chica. Digamos que prefería que la joven Swan no manejase ese tipo de cosas tan… íntimas.

No obstante, cuando sus manos se encontraron con unas bonitas braguitas a rayas y de llamativos colores, supo que la chica pensaría lo mismo en cuanto se enterase. Ante la simple idea no pudo evitar sonreír. En su mente se había formado el rostro de Isabella, más sonrojado incluso que cuando le hacía alguno de sus comentarios, y casi podía jurar que oía su voz chillona gritando cosas sin sentido para ocultar la vergüenza que sentía.

No supo si fue porque estaba despistado o porque se sentía como un pervertido tocando la ropa interior de la castaña, pero tuvo que agacharse para coger las braguitas cuando éstas se le cayeron al suelo.

"Idiota" Suspiró, cogiéndolas.

-¿Se puede saber que estás haciendo?

Apoyado en el marco de la puerta que daba a la galería y con los brazos cruzados, Sam le observaba tan furioso que incluso el italiano podía palpar su ira. El joven Swan le miraba con una de esas sonrisas forzadas con las que se intentaba ocultar la oleada de cólera que le corroía en esos momentos.

Un poco intimidado pero no dispuesto a demostrarlo, el joven Cullen se reincorporó lentamente, aun con las braguitas en la mano.

-Es evidente ¿No?-Inquirió, lanzando la prenda a la cesta-Recogiendo la ropa.

-Pues fíjate, a mí no me ha parecido eso-Contestó Sam, sin borrar esa sonrisa que helaba la sangre de cualquiera menos la del italiano-Quiero creer que estoy confundido, pero yo diría que lo que tenías en las manos eran las bragas de mi hermana.

-Bueno, al menos que tú utilices este tipo de prendas como ropa interior…-Se mofó Edward, cogiendo del tendedero otra de las braguitas de la castaña-… la única chica de ésta casa es Isabella.

El rostro del joven Swan se contrajo. El chico sabía que se había pasado de la raya y que Sam estaba haciendo un gran esfuerzo para no lanzarse sobre él y ahogarle con sus propias manos, pero no podía evitarlo. Si para Sam él era una amenaza, para Edward el hermano de Isabella era un suplicio. Estaban midiendo sus fuerzas y todavía había mucho que batallar antes de determinar cuál de los dos era el más fuerte.

-Suelta las bragas de mi hermana-Le exigió, sin moverse de su sitio-No me hagas emplear la fuerza.

-Creía que para recoger la colada debía de coger las cosas-Objetó, sarcástico.

-No te hagas el listillo conmigo, mocoso-Le advirtió, acercándose un poco a él-Sé muy bien como sois los chavales de vuestra edad, y no voy a permitirte que te aproveches de ella. Vas a necesitar algo más que tu cara bonita para convencerme de que vales la pena-Sonrió, sarcástico-Y encontrarte jugando con las bragas de mi hermana no es una forma. ¡Así que dámelas!

El joven Cullen enarcó una ceja pero no hizo ningún gesto de cederle a Sam la prenda. ¿A que había venido ese discursito? Además, estaba convencido que si sabía tan bien como eran los chicos a esa edad era porque el mismo Sam había tenido diecisiete años. Pero prefirió morderse la lengua y dejar de sacar objeciones.

-Dame las bragas, mocoso.

-Está bien-Accedió, extendiéndoselas-Todas tuyas.

-Gracias-Siseó el aludido, arrebatándoselas de un tirón y metiéndoselas en el bolsillo delantero de su pantalón vaquero-Y que sea la última vez que…

-¿Qué estáis haciendo los dos aquí?

El joven Swan se giró mientras Edward se hacía a un lado para observar a la recién llegada. Debido a su caluroso debate, ninguno de los dos había oído cerrarse la puerta de la entrada por lo que la presencia de Isabella en la galería les sobresaltó.

La castaña, que parecía bastante desconcertada tanto por encontrarse a los dos chicos juntos como por la parte de la conversación que había podido escuchar, frunció el entrecejo y le quitó las braguitas que colgaban del bolsillo de su hermano.

-¿Y esto?-Cuestionó con los ojos desmesuradamente abiertos. Su rostro no tardó en adquirir una brillante tonalidad rojiza-¿Son mías?

Los dos aludidos se miraron un par de veces sin dejar de mover los brazos en un gesto elocuente que no tenía nada que ver con su nula capacidad de habla. Ninguno de los dos sabía bien que decir, y confiaba en que el otro pudiese dar una explicación lo suficientemente coherente y poco mal sonante para que Bella no se enfadase.

-Sam, ¿me puedes explicar cómo han ido a parar mis… mi ropa interior a tu bolsillo?-Preguntó, mirándole de forma acusadora- ¿Qué estabais haciendo?

-Según el mocoso, recogiendo la colada-Contestó, señalándole con el pulgar con cierto desdén-Pero le he pillado jugando con tus… con tu ropa interior.

-¡¿Qué?!-Exclamó la castaña, mirando al italiano horrorizada.

-¡No! ¡No, Bella!-Negó Edward, incluso más sonrojado que ella- ¡Te juro que eso no es cierto! Se me han caído, eso es todo. ¡Sólo me he agachado a recogerlas!

-Pues a mí no me ha dado esa impresión-Objetó Sam, haciendo una mueca-Ya te lo había advertido, hermanita. Éste mocoso es un pervertido.

-¡Eh, un respeto! Que aquí el único pervertido que hay eres tú-Protestó Edward, cuya tonalidad rojiza se había intensificado-Sólo a ti se te ocurriría pensar eso. No será porque tienes antecedentes, ¿verdad?

-¡Pero serás...!

Tras la acusación del italiano, el joven Swan perdió el control y ambos dejaron de medir sus palabras-si es que en algún momento lo habían hecho-Sus voces se fueron elevando progresivamente hasta llegar a un punto en el que ninguno de los dos sabía muy bien lo que estaba diciendo el otro. Isabella, por otro lado, sólo conseguía captar palabras sueltas que siempre resultaban ser sinónimos de "pervertido", "imbécil" o "embaucador de monstruos inocentes como ella". Eso sin duda debía de haberlo dicho Sam.

"Si él supiera que soy yo la que quiero que me embauque" Pensó, sarcástica.

Y menos mal que no sabía todavía que desde hacía dos días su relación con Edward no era estrictamente de compañeros de convivencia. Porque si no estaba segura de que el joven Cullen no lo contaba. No es que dudase de la fuerza de Edward-es más, estaba segura que contra cualquier otra persona el italiano ganaría sin dificultades-pero cuando Sam se ponía sobre protector no había nadie que pudiese con él.

Soltando un suspiro de resignación, miró las braguitas que aun llevaba en la mano y se decidió a intervenir cuando Sam cogió a Cullen de la camisa de forma intimidante.

-Parad. Parad-Pidió, llevándose la mano con la que sujetaba las braguitas a la cadera-¡Estaos quietos de una vez!

Los dos chicos giraron la cabeza para mirarla y se alejaron a regañadientes. Isabella parecía enfadada y ambos sabían que era mejor no confirmarlo.

-A ver, Edward-Suspiró nuevamente y miró al castaño ignorando su propio sonrojo-¿Estabas...eh... jugando con mis... eh... mi ropa interior?

-¡No!-Exclamó el aludido, avergonzado-¡Sólo quería echarte una mano!

El joven Swan, que le miraba de forma acusadora, hizo el ademán de hablar, pero un gesto de Isabella fue suficiente para contenerle. La chica, que no había podido evitar mostrar una pequeña sonrisa al ver como habían cambiado las tornas, carraspeó ligeramente al percatarse de la doble intención que había percibido su hermano en las últimas palabras del chico.

-¿Echarme una mano?-Repitió, divertida. Por una vez no era ella la más inocente de la habitación.

-Si...quiero decir ¡No!-Se apresuró a corregir Edward, al percatarse del juego de palabras en el que se había visto involucrado. Ahora sí que no había diferencia entre su rostro y un tomate maduro-A ver, quería echarte una mano recogiendo la ropa. Has hecho la comida, recogido la mesa, has tendido la ropa...-Añadió, señalando con la cabeza la cesta que había a sus pies-Pensaba que era lo justo.

El joven Cullen apartó la mirada abochornado y Bella volvió a sonreír, esta vez con ternura. Si no fuese porque estaba su hermano presente, se echaría en sus brazos y le besaría hasta dejarle sin respiración. ¿Cómo podía ser tan sumamente encantador?

Sam, que se había percatado de la mirada de enamorada que le estaba dirigiendo su hermana al italiano, chasqueó la lengua y le arrebató las braguitas a la castaña para mostrarlas como si fuera la prueba principal del crimen.

-Yo sé lo que he visto-Insistió-Y sé lo que estaba haciendo.

El bufido molesto de Edward trajo a Isabella de vuelta. Y es que estaba segura de que si no le ponía fin a eso, era cuestión de segundos que ambos chicos se insertasen en una nueva pelea verbal.

-Entonces, si es cierto lo que dices...-Comenzó, perspicaz-¿Qué debería pensar yo ahora de ti? También tienes mi ropa interior en tus manos.

-¡Pero yo soy tu hermano!

-Y él es mi...-La joven Swan miró a Edward de reojo y se corrigió-...nuestro invitado, y sólo quería ayudarme recogiendo la ropa. De todas formas, para que esto no vuelva a pasar Edward, te agradecería que para la próxima recogiese yo mi ropa interior.

-Claro-Terció el castaño, encogiéndose de hombros con indiferencia.

-Entonces todo arreglado.

Isabella sonrió y él le devolvió la sonrisa ante la indignación del joven Swan quien, dando grandes zancadas, se dirigió hacia la salida lanzando a su paso las braguitas al interior de la cesta

-Puede que a mi hermana y a mi padre les engañes pero yo no me fío de ti ni un pelo-Le advirtió, girándose hacia Edward cuando estaba en el umbral de la puerta-Te tendré vigilado.

Y lanzándole una de sus miradas más intimidadoras, Sam abandonó finalmente la habitación demasiado ofuscado para quedarse un minuto más.

-Me tendrá vigilado-Repitió Edward, sarcástico-Como si ya no lo hubiese hecho desde que puso un pie en esta casa. En fin...-Suspiró, para después mirarla con picardía- ¿Sabes lo que eso significa?

Isabella negó con la cabeza.

-Que va a ser mucho más divertido besarte.

Cada vez que recordaba lo ocurrido, el regocijo y la vergüenza se fusionaban. Por una parte sentía una profunda satisfacción-además de la que le causaba la propia acción-cada vez que besaba a Isabella. Y esto ocurría cuando Sam no les veía. Era como apuntarse un tanto aunque el joven Swan no fuera consciente. Mientras que por otra parte no podía evitar sentir una profunda vergüenza al recordar lo ocurrido esa tarde. ¿En qué maldito momento se le había ocurrido echarle una mano a la castaña con la colada? Y es que, aunque sabía muy bien que era inocente de la acusación, no podía evitar sentirse un poco culpable al contemplar el rostro de Bella. Y es que en algo Sam tenía razón: Era un pervertido.

Sí, lo era. Y la explicación más plausible eran los sueños subiditos de tono que tenía con su hermana. Unos sueños que le comprometían enormemente si tenía en cuenta que desde la vuelta del señor Swan a casa, el hermano de la castaña y él eran compañeros de dormitorio. Exacto. Pese a que Sam se encontraba bastante bien, el joven Swan había decidido alargar su estancia en la casa familiar. ¿La excusa que había puesto? Ninguna. Sam había sido claro: "Me quedo para vigilar al mocoso" Así que podía dar gracias a Dios de que Sam Swan tuviera un sueño tan profundo, porque si no probablemente ya le habrían descubierto.

Y es que Isabella le estaba volviendo loco. Loco de verdad.

-¡Bella!-Llamó Sam desde el final del pasillo-Deja al mocoso que se duche y vamos a desayunar.

-Voy.

La joven Swan le soltó el brazo y comenzó a andar hacia su hermano, pero cuando no había dado más que un paso, Edward la cogió nuevamente de la mano.

-¿Por qué no te duchas conmigo?

En fin, era un pervertido. Él ya había comenzado a asumirlo. Pero de todas formas, pervertido o no, no iba a perderse la tonalidad rojiza que tomaba al rostro de la castaña al oír alguno de sus comentarios.

-¡Edward!-Exclamó, bajando el tono de voz al percatarse de la mirada curiosa que les dirigía su hermano a unos metros de ellos-Idiota. Ya hablaremos cuando estemos solos.

-No, no creo que sea hablar precisamente lo que hagamos.

Él amplio la sonrisa de su rostro y ella solo pudo responder sonrojándose un poco más. Negando con la cabeza y vocalizando un "luego hablamos" le hizo un gesto de despedida con la mano y bajó las escaleras en compañía de su hermano.

oOoOoOo

Sacó del armario uno de sus vestidos más veraniegos y lo dejó extendido sobre la cama. Había quedado con Bells y quería tenerlo todo preparado para que no se le hiciese tarde. Aunque estaba convencida que, conociendo a la joven Swan, lo más probable es que tuviese que esperarla diez minutos al menos.

Sonrió ante la idea y miró hacia el tocador cuando el teléfono móvil vibró sobre la pulida madera. Acababa de llegarle un mensaje, y con cierto anhelo que no conseguía explicar, se apresuró a acercarse hasta allí para averiguar quién se lo había enviado.

¿Seguro que prefieres quedar

con Bella que conmigo? Vale,

no respondas, pero que sepas

que me has roto el corazón.

Podía imaginarse la expresión burlesca en el rostro de Riley nada más terminar de leer la última frase. Sin embargo, pese a que eso siempre conseguía sacarle una sonrisa, ni si quiera logró curvar los labios en un intento de una.

Desanimada y sintiéndose peor consigo misma por esperar algo que no podía ser, se sentó al borde de la cama y suspiró sin dejar de mirar la pantalla del móvil. Durante unos instantes había cruzado los dedos para que ese mensaje fuera de Jacob. Pero era inútil seguir engañándose. Lo suyo ya había llegado a su fin, había quedado enterrado, y era lo mejor. Además, Jacob ya parecía haberlo superado. E incluso tenía a un par de candidatas para ocupar su sitio en su corazón.

Haciendo una mueca de desaprobación ante la idea, se dejó caer sobre el mullido colchón e intentó recordar la conversación que había oído en los servicios el último día de clase. Claro que era algo que no le iba a costar demasiado, Después de todo no dejaba de repetirse una y otra vez en su cabeza.

Tiró de la cadena y se giró para abrir la puerta del compartimiento cuando las voces de unas chicas que acababan de entrar a los servicios la obligaron a detenerse. Sabía que estaba mal escuchar conversaciones ajenas y que debía hacer algún ruido para alertarlas que estaba allí y que su conversación no era tan confidencial como ellas creían. Pero la mención de Jake en la conversación hizo inclinarse la balanza de la curiosidad y lo correcto hacia la primera.

-¿Y te has dado cuenta como me sonreía?-Preguntó, soltando un pequeño grito de júbilo-¡No me lo puedo creer! Soy la chica más feliz del mundo.

-No me extraña-Corroboró su amiga, quien al parecer se estaba lavando las manos-Black es uno de los chicos más guapos del instituto. Y encima es el capitán del equipo de fútbol-Añadió, como si eso fuera la guinda del pastel-¿Qué más podría pedir una chica con dos dedos de frente?

Ambas chicas rieron y Renesmee, oculta en el compartimiento, frunció el entrecejo con cierto escepticismo. ¿Por qué no habían mencionado lo inteligente, divertido, agradable, detallista y cariñoso que era? Probablemente porque ninguna de las dos lo conocía tan bien como ella.

-No sé, si siguen las cosas así creo que le voy a pedir de quedar algún día-Comentó la primera, a quien Renesmee creyó reconocer como la alumna de primero que últimamente acorralaba a Jacob por los pasillos-Quizás estas vacaciones. Me encantaría salir un día con él.

-¿Pero tan bien van las cosas?-Inquirió su amiga, sorprendida-No sé, veo que os lleváis bien, pero ten en cuenta que hasta hace muy poco estaba saliendo con Swan.

-Y mira como han acabado las cosas-La aludida chasqueó la lengua, pero prefirió ignorar el comentario-Además, ya me ha pedido que le llame por su nombre. Jake. ¿A qué suena bien?

Más carcajadas se oyeron en los servicios del instituto y ésta vez Nessie tuvo que hacer un enorme esfuerzo por no intervenir. Estaba furiosa, y un poco celosa también. Después de todo si era cierto que había percibido cierta camaradería entre la chica y el joven Black. ¿Y si no eran exageraciones de la muchacha? ¿Y si era verdad que Jacob estaba interesado en conocerla?

"¿Y qué si es así?" Se cuestionó Renesmee, intentando aparentar indiferencia "Ya no hay nada entre vosotros. Nunca lo ha habido"

-¿Y cuándo piensas pedírselo?-Se interesó su compañera, entrando al compartimiento contiguo al de Nessie-Quiero decir, lo de la cita.

-Supongo que después-Contestó entusiasmada- ¿Por qué sabes qué? ¡Me va a acompañar a casa! Bueno, en realidad hasta la mitad del camino. Es que...-De nuevo otra risita-... le he dicho que vivía cerca de su casa y que podíamos irnos juntos.

-¡Pero si vives al otro lado!

-Lo sé, peor es que quiero pasar el mayor tiempo posible con él-Se excusó la chica, como si eso fuese explicación suficiente para su engaño-Lo peor de todo es que no sé si voy a poder contenerme para no besarle. Cada vez que miro su boca... ¡Ah! ¡Qué labios!

-Ya lo creo.

-¿Y si finjo que me desmayo para que me haga...?

Pero la entusiasta chica no llegó a concluir su frase. Renesmee, que no había podido permanecer ni un segundo más oculta en el compartimiento oyendo semejantes sandeces, abrió la puerta y caminó hacia los lavabos con fingida naturalidad. La estudiante, que había reconocido a la joven Dwyer, bajó la mirada intentando ocultar su sonrojo.

-¿Para qué te haga qué?-Insistió su amiga desde el compartimiento, sin saber que ya no estaban solas-¿El boca a boca? No es mala idea, pero ya de paso yo le pediría que me hiciera también otras cosas. Y no precisamente los deberes, ya me entiendes.

Entre risas abrió la puerta tras tirar de la cadena y se dirigió hacia los lavabos al igual que había hecho la joven Dwyer. Pero al levantar la mirada y ver en el espejo los ojos avellana de la morena, la sonrisa de su rostro desapareció para mostrar una mueca de compromiso.

Pero Renesmee no dijo nada. Tan sólo se limitó a secarse las manos y a abandonar el servicio como si nunca hubiese sido testigo de la conversación del posible futuro ligue de Jacob con su mejor amiga.

No obstante, sí lo había sido. Y desde entonces no había podio pensar en otra cosa. En especial, porque al parecer Jacob sí que estaba dispuesto a intentar conocerla.

De nuevo ese sentimiento de molestia y celos la dominó, pero no tardó en aplacarlo. La frase "es lo mejor" se repitió otra vez en su mente pese a que estaba segura que conforme intentaba convencerse de ello, su propia voz se convertía en un eco. Un eco cada vez más lejano. Y es que en el fondo, sabía que ella misma se estaba engañando.

oOoOoOo

Bajó las escaleras dando pequeños saltos que demostraban su alegría y frunció el ceño al encontrar al joven Cullen hablando por teléfono. El chico la miró y le dedicó una sonrisa antes de hacerle un gesto con la mano para darle a entender que quería hablar luego con ella.

Isabella asintió y entró al salón-cocina, lugar donde el señor Swan reposaba tumbado en el cómodo sofá que había a unos dos metros de la televisión. Charlie, que en esos instantes estaba leyendo una revista, alzó la mirada y saludó a su hija, quien se apresuró a acercarse a él para acomodarle mejor los cojines tras la espalda.

-Estoy bien, no te preocupes-Insistió, cuando la castaña se dispuso a añadirle un cojín más bajo la pierna adolorida y que en esos momentos reposaba sobre una montaña de cojines-Ya apenas me duele.

-Ya, seguro-Contestó Bella, no muy convencida. Si algo tenían en común los tres Swan es que cuanto más les dolía algo menos querían aparentarlo, y mucho menos decirlo-De todas formas, déjame que sea yo por una vez quien te mime. ¿Qué te apetece comer?

-Me da igual-Respondió, encogiéndose de hombros-Aunque creo que Sam me ha dicho que va a hacer él la comida.

-¿En serio?-Suspiró, desilusionada. Quería hacer algo por su padre, ya que todo lo que hacía nunca le parecía suficiente-Bueno, ¿entonces quieres que haga algún postre especial? Puedo ir a comprar los ingredientes ahora mismo.

Charlie sonrió y negó con la cabeza. Sabía que lo único que quería su hija era disminuir esa sensación de impotencia que tenía al ver a su padre sin poder moverse apenas. Pero debía relajarse ya que desde que le habían dado el alta en el hospital no había hecho otra cosa que estar pendiente de él.

-¡Ya sé!-Exclamó entusiasmada, girándose y dirigiéndose hacia la cocina-Voy a hacer un flan.

El señor Swan extendió el brazo para detenerla, pero cuando de su boca comenzaron a salir las primeras palabras, la castaña ya había desaparecido.

-¿A dónde va?-Preguntó Edward, quien acaba de entrar al salón.

-A hacer un flan-Contestó el aludido, resignado-Esta Bella... Es capaz de hacer cualquier cosa con tal de complacerme y no sabe que lo que me hace más feliz es verla a ella feliz. Verla sonreír.

-Ella es feliz haciéndole feliz a usted.

Charlie no contestó. Tan sólo se limitó a observarle durante unos segundos, reflexionando sobre las palabras del chico, antes de ampliar su sonrisa.

-Edward, ¿Puedo pedirte un favor?

-Claro-Asintió, extrañado-Si está en mi mano, no dude que lo haré.

-Lo sé, y te lo agradezco-Le aseguró, mirando fugazmente hacia la cocina-¿Tienes planes para esta tarde? Porque si no es así, me gustaría que llevases a Isabella a dar un paseo-Explicó-Desde que me han dado el alta apenas ha salido de casa.

Edward asintió y se dirigió hacia la cocina. Aunque el señor Swan le había pedido que llevase a Isabella a alguna parte, lo cierto era que él ya había pensado en hacerlo. Charlie tenía razón. Desde que le habían dado el alta Bella estaba tan pendiente de su padre que apenas había salido de casa. Renesmee les visitaba continuamente, pero a parte de ella y el panadero, ninguno de los dos tenía más contacto con el mundo exterior. A él no es que le molestase precisamente, podía pasarse veinte días manteniendo sólo y únicamente el contacto con Bella y no le molestaría. Pero cuando Sam entraba en la reducida lista que era su vida social...Además, ese día quería pasarlo con ella. Después de todo no era un día cualquiera para la mayoría del mundo y quizás tan poco para él.

Cuando entró a la cocina encontró a Bella subida a la encimera, al parecer buscando algún ingrediente en los armarios más altos. Ingrediente que por cierto no debió encontrar cuando su ceño se frunció al cerrar la pulida puerta de madera.

-¿Te puedo ayudar en algo?

La pregunta debió sobresaltar a la chica, ya que la brusquedad con la que movió la cabeza para observarle le hizo perder el equilibrio, por lo que si Edward no la hubiese agarrado a tiempo posiblemente habría caído al suelo.

-¿Y tú eres la estrella de las animadoras?-Se mofó el joven, divertido.

La joven Swan, que podía sentir los brazos del chico alrededor de su cintura, se liberó de la presión y le miró con cierto disgusto.

-Y tú eres excesivamente sigiloso-Le reprochó, encaminándose hacia el otro lado de la cocina-Me has asustado.

-Ya lo he visto.

Isabella le sacó la lengua en un gesto de burla y él sonrió un poco más aliviado. Durante unos instantes había creído que se había enfadado con él por el comentario, pero al parecer sólo estaba molesta por la falta de ese imprescindible ingrediente para hacer el flan.

-Me voy un momento a por azúcar-Informó, quitándose el delantal que se había puesto nada más entrar a la cocina-¿Me acompañas?

Pero el chico, que estaba más pendiente de que no les sorprendiesen el señor Swan y mucho menos su hijo, la cogió de la mano y la atrajo hacia él, rodeándola nuevamente con sus brazos.

Bella podía sentir el contacto de su espalda con el pecho duro de él y la calidez de su aliento rozándole el cuello cuando el chico se inclinó para besarla. Cerró los ojos y se permitió disfrutar unos instantes de ese momento dejándose llevar por el olor de la loción de afeitar y la colonia que Edward se había puesto después de ducharse. Era tan relajante y embriagador que se resignó a aceptar que no podía ni quería estar en otro sitio que no fuera entre sus brazos.

El joven Cullen siguió recorriendo la curva del cuello de la chica con sus labios. Tenía la piel tan suave y cálida que no había podido resistirse pese al riesgo que corrían. La atrajo un poco más hacia él y con una mano la obligó a girar lo suficientemente el rostro como para que a la hora de inclinarse pudiese besar sus labios sin dejar de estrecharla entre sus brazos. Isabella había cerrado los ojos y él se permitió hacer lo mismo durante unos segundos. Quería disfrutar de ese momento ya que con Sam rondando por la casa, eran contados los momentos que tenían de intimidad.

-Vale, te acompaño a comprar-Accedió, separando unos instantes sus labios de los de ella-Pero a cambio tienes que prometerme que esta tarde vamos a salir aunque sea un rato. Tu padre está bien y no podemos desperdiciar todas las vacaciones quedándonos en casa.

-Ya, pero...

-Me lo ha pedido tu padre-Admitió, interrumpiéndola-Está perfectamente, de verdad.

La joven Swan hizo una mueca antes de girarse para buscar su mirada. El chico aun la rodeaba por la cintura, así que ella hizo lo propio y colocó sus brazos alrededor de su cuello.

-Sí, supongo que tienes razón-Se resignó, soltando un suspiro-Creo que le he estado atosigando un poco con tantos mimos-Edward asintió resignado y ella le pegó un pequeño golpe en el pecho fingiendo estar ofendida-De todas formas esta tarde no puedo quedar. Renesmee me convenció ayer para acompañarla a comprar un obsequio para su madre. Ha hecho un buen negocio y Nessie quiere recompensarla.

-Vaya, así que tienes la tarde ocupada ¿eh?

Isabella asintió un poco extrañada por el deje de decepción que había percibido en sus palabras. No obstante el chico no tardó en dedicarle una sonrisa así que supuso que no habían sido más que imaginaciones suyas.

-Pero si quieres salimos mañana-Se apresuró a añadir la castaña. Lo cierto es que ella también tenía muchas ganas de estar un tiempo a solas con él-O el sábado. Podemos ir a cenar el sábado, si te apetece.

Edward cabeceó en señal de asentimiento y deshaciéndose de los brazos de la joven Swan, se dirigió hacia la salida.

-¿O es que hay algún motivo por el que quieras quedar hoy?-Inquirió Bella, nuevamente con cierta sospecha a causa de su actitud reservada-Si quieres puedo llamar a Ness y decirle que...

-No, no. No pasa nada-Contestó, haciéndole un gesto evasivo con la mano pese a que aún le daba la espalda-El sábado está bien. Por cierto...-añadió, girando ligeramente la cabeza para poder observarla con un único ojo-...hay un paquete de azúcar sin abrir detrás del arroz. Se lo escondí a tu hermano con la esperanza de que tuviese que dejarnos solos para ir a comprar-Confesó, dedicándole una sonrisa-Nos vemos.

Isabella le siguió con la mirada hasta que abandonó la cocina. Estaba raro pero ¿Por qué? ¿Tendría que ver con eso que quería decirle? ¿O quizás con el hecho de que el teléfono no había dejado de sonar en toda la mañana y que todas las llamadas eran para él?

Preocupada pero intentando confiar en Edward, la joven Swan abrió la despensa y sonrió. Efectivamente, el azúcar estaba detrás del arroz.

OooOoOo

-¿Y este?-Propuso Isabella, extendiéndole el brazo.

La joven Dwyer se inclinó sobre su muñeca y olió la fragancia antes de negar lentamente con la cabeza. Olía bien, pero no era del gusto de su madre.

-Demasiado floral-Explicó, colocándose de cuclillas para seguir probando los perfumes que había en las repisas inferiores-Oye Bells, ¿Cómo te van las cosas con Cullen?

La aludida, que aun revisaba las estanterías superiores, bajó la mirada y sonrió pese a que la morena no la estaba observando.

-Muy bien-Admitió, para seguidamente soltar un suspiro-Claro que me irían mejor si mi hermano no se dedicase a estropearnos los pocos momentos asolas que tenemos.

-Ya veo-Sonrió Renesmee, oliendo el perfume con el que acababa de impregnarse la muñeca-Este me gusta. ¿Qué te parece?

-Es perfecto-Sentenció tras olerlo, asintiendo con convicción-Le va a encantar.

-Eso espero.

Entusiasmadas con la elección, se dirigieron hacia el mostrador y pagaron el perfume que una vez en su caja envolvieron. La dependienta les hizo una leve reverencia a la que ellas respondieron con otra y salieron de la tienda para mezclarse con la muchedumbre que esa tarde recorría las concurridas calles de Phoenix.

-¿Sabes Ness?-Divagó, retomando la conversación que habían iniciado en la tienda-Creo que me gusta Edward.

La declaración no pareció sorprender a la morena, quien siguió mirando al frente al igual que Isabella. Ninguna de las dos se atrevía a mirar a la otra. La joven Swan se sentía culpable pensando en lo poco que había tardado en olvidar a Jake y lo mal que lo habían pasado sus amigos por su causa. Era como si lo que creía sentir por el joven Black no fuera en realidad tan fuerte como pensaba. Tenía la sensación que lo que sentía por Edward se parecía más al amor que lo que había sentido por Jacob alguna vez. Y eso la corroía por dentro. Sus amigos se querían de verdad y ella era la única que les había impedido estar juntos. Ella era el único obstáculo. Un obstáculo sin sentido.

La joven Dwyer siguió caminando intentando contener las ganas que tenía de echarse a llorar. No, no le había sorprendido en absoluto la declaración de Bella ya que ella ya sospechaba desde hacía semanas lo que sentía la joven Swan por el italiano. Sin embargo, no podía evitar sentirse como una traidora ante el vuelco de alegría que había dado su corazón al oír esas palabras de los labios de su amiga. Era como si esa pequeña esperanza que durante tanto tiempo había intentado mantener oculta, se hubiese hecho realidad. La posibilidad de estar con Jake. Una posibilidad que incluso ahora era más remota que el primer día.

-Lo siento-Musitó la castaña, sacando a Renesmee de sus pensamientos-No debería haberte dicho nada. No después de lo que has pasado por mi culpa.

-No, en absoluto-Se apresuró a contestar la chica, dedicándole una ligera sonrisa-Soy tu amiga y me alegra que me cuentes estas cosas. Pero que sepas que tú no tienes la culpa de nada-Le recordó-Además, ya sabía lo de Cullen.

Bella sonrió. Esta vez era ella a la que el comentario no la había pillado por sorpresa. Renesmee era muy intuitiva y probablemente hubiese adivinado sus propios sentimientos antes que ella misma.

-Pensarás que soy una tonta, que no sé lo que quiero.

-No. Jamás he pensado eso de ti-Negó, apretando los labios con desaprobación-Sí que sabes lo que quieres, porque quieres a Edward.

-Aun no estoy segura-Farfulló. Pero finalmente suspiró, resignada-Creo que sí.

La joven Dwyer soltó una risita divertida mientras se dirigía a uno de los bancos de piedra que había en la calle principal.

-Me alegro mucho por ti, Bells-Murmuró, sentándose en el banco. Había sinceridad en sus ojos-Realmente me alegro.

-Gracias-Contestó, sentándose a su lado. Tras unos instantes de silencio miró a su amiga, dudosa-¿Puedo hacerte una pregunta?-Renesmee la miró sin entender, pero finalmente asintió-¿Por qué no me dijiste que creías que me gustaba Edward?

Ella miró hacia el cielo y sonrió tristemente. ¿Por qué no se lo había dicho? Esa era una buena pregunta. Una pregunta con demasiadas posibles respuestas. Quizás por eso intento elegir aquella que se ceñía más a la realidad.

-Supongo que por miedo a ver algo que en realidad no existía-Contestó, en un susurro apenas audible- Temía seguir estando inconscientemente agarrada a esa esperanza que apareció con la llegada de Cullen. Pero ahora sé que no son imaginaciones mía-Sonrió, mirándola-Ahora ya lo sé. Lo he sabido antes de que me dijeses nada porque en todo este tiempo no ha habido nadie que te haya hecho sonreír como él. Ni Seth, ni James ni... ni si quiera Jacob.

En el rostro de Isabella se formó una expresión de sorpresa tras la observación. No se había percatado de ese detalle, pero ahora que se lo decía no podía más que admitir que estaba en lo cierto. Edward era especial y lo que sentía por él más todavía. Y es que acababa de confirmar lo que ya sospechaba desde hacía días: lo que sentía por Edward no lo había sentido por nadie. Ni si quiera por alguno de los tres chicos que en cierta forma le habían roto el corazón. Lo que sentía por Edward, sí, era distinto. Más fuerte, más... intenso.

-Además, no podía perderme tu cara al darte cuenta de lo que sentías por aquél al que habías jurado odiar-Añadió, divertida-Realmente estás adorable con esa expresión.

Bella se llevó las manos a las mejillas enrojecidas y negó con la cabeza para finalmente cubrirse todo el rostro con las manos, avergonzada. Pero cuando le permitió a su amiga volver a ver sus grandes ojos verdes, estos se habían ensombrecido. No era justo que ella estuviese tan feliz cuando su amiga lo estaba pasando tan mal. Y mucho menos cuando parte de la culpa de que se sintiese así era suya por mucho que la morena dijese lo contrario.

Renesmee debió adivinar lo que estaba pensando la castaña porque tras soltar un suspiro de resignación negó con la cabeza.

-Olvídalo, Bells-Pidió, confirmando en la expresión de la aludida que sus sospechas eran acertadas-No voy a intentarlo con Jacob. Es imposible.

-¡¿Pero por qué?!-Cuestionó, exaltada-Jake te gusta y él a ti te quiere. Sé que quizás pienses que es un poco tarde, pero he visto cómo te mira. Ness...-Suspiró-Jake no mira a nadie como te mira a ti.

La joven Dwyer apretó los labios intentando contenerse. No quería recordar a la superficial chica del cuarto de baño por la que al parecer Jacob tenía cierto interés.

-¿Le quieres?-Preguntó repentinamente, sacándola de sus pensamientos-¿Aun le quieres?

Pero Renesmee no contestó. Tras unos instantes de un sepulcral silencio entre ellas, que sólo era roto por el ruido del tráfico y las conversaciones de los transeúntes, la morena se levantó sin apenas mirarla, colocándose el bolso en su hombro derecho.

-¿Vamos?

No, prefería no contestar. La respuesta era muy dolorosa y era innecesario pensar en ella cuando nada ni nadie iban a cambiar las cosas. Isabella lo sabía y asintió.

oOoOoOo

Bufó molesto y siguió esquivando a la gente que venía de cara sin preocuparse por si el joven Biers le seguía. Cuando el chico se había presentado en casa de los Swan para proponerle dar una vuelta, ya de por si le había parecido una mala idea. Pero ahora que se encontraba en plena salida, sólo podía lamentarse por no haber seguido su instinto y haberle cerrador la puerta en las narices.

Salir con Riley Biers era pararse cada pocos metros para pedirle el número a una chica. Era oír de fondo risitas cuando pasaban frente a un grupo de chicas que se los comían con los ojos. Era recibir miradas burlonas por parte de hombres de la edad de sus padres y miradas reprobatorias de aquellas señoras que podían ser sus abuelas. Era, en definitiva, llamar la atención en estado puro. Algo de lo que él llevaba huyendo desde hacía bastante tiempo.

Con esto no quería decir que si no iba con Riley no fuese a recibir esas miradas inquisitivas por parte de numerosas chicas o que no tuviese que oír de fondo el sonido de risitas cuando pasaba frente a algún grupo de amigas, sino que resultaba mucho más difícil ignorar esos detalles cuando a tu acompañante parecía encantarle la expectación que causaba su propio físico y el del joven Cullen.

-Anda que me esperas ¿Eh?-Le reprochó el rubio, cuando consiguió alcanzarle-Encima que te estaba consiguiendo el número de esa despampanante morena...

-Yo no necesito el número de ninguna despampanante morena-Contestó con cierta brusquedad-En realidad no necesito el número de ninguna.

-Eso supongo-Bromeó, pasándole un brazo por los hombros-Es la parte positiva de vivir con tu novia en la misma casa ¿no?-Rió, mirándole con picardía-Una de las tantas.

El joven Cullen puso los ojos en blanco y se deshizo del brazo del chico sin miramientos. Cada segundo que pasaba se arrepentía más y más de haber accedido.

-Pues tú deberías hacer lo mismo-Objetó, haciendo una mueca-Se supone que te gusta Dwyer ¿no?

-Sí, pero que estés a dieta no significa que no puedas mirar.

-Tú haces algo más que mirar.

-De momento sólo pedirle el número-Contestó Riley, alzando las manos de forma conciliadora -Lo juro.

El joven Cullen sonrió y Riley pareció animarse ante el gesto. Y es que en el fondo, muy en el fondo, Biers le caía bastante bien. Era despreocupado e inmaduro. Igual que él hasta hacía dos años.

-Además, siempre viene bien tener recursos por si Nessie falla-Añadió, bajando la mirada. Sus labios se curvaron en una triste sonrisa-Y los dos sabemos que las posibilidades de que falle son bastante altas.

Edward no contestó. No se creía con el suficiente derecho para opinar, y mucho menos para darle o quitarle esperanzas a nadie. La vida era impredecible. Él lo sabía muy bien. Así que aún había una esperanza para el joven Biers. Pero sospechaba que esa esperanza era bastante remota.

-A ella le gusta Jacob-Sentenció, encogiéndose de hombros-Es hora de aceptarlo.

Riley hizo una mueca de desagrado y sonrió a una chica que pasaba por su lado. Era la mejor forma de aparentar que no le afectaba tanto esa realidad como en realidad lo hacía. Ser inmaduro, presuntuoso y mujeriego parecía la cuartada perfecta y la más fácil de sobrellevar. Pero Edward sabía que era eso, una cuartada. Con él no era necesario fingir. Y así se lo hizo saber al chico.

-¡Es que no sé qué le ven todas!-Exclamó, dolido-¡Hay tíos mucho mejores que él! Pero aun así a ellas les encanta.

-Será por las gafas-Opinó el italiano, intentando suavizar un poco las cosas.

-¿Tú crees?-Cuestionó Riley, frunciendo el entrecejo. Estaba pensando en la veracidad de esa posibilidad-Porque si es así estoy dispuesto a ponerme la montura sin cristales.

Los dos rieron y ambos se sintieron más relajados tras aquello. Si es que en el fondo tenían tanto en común...

Edward soltó un suspiro y se pasó una mano por el cabello. Le entendía mejor de lo que creía y de lo que le estaba dispuesto a confesar. Aunque su relación con Bella estaba cambiando, él aún tenía presente el hecho de que a la joven Swan le gustaba Black. Sí, correspondía a sus besos, a sus abrazos, e incluso ella misma se los daba, pero eso no quería decir que sus sentimientos hubiesen cambiado. Por dolorosa que fuera la realidad, así era. Desconocía los motivos por los que Isabella había entrado en ese juego-aunque los sospechaba-pero estaba convencido que no había sido por él.

Riley había dicho antes, medio en broma medio en serio, que una de las ventajas de vivir con tu pareja era precisamente el que no necesitabas llamarla para hablar con ella. En ese momento no había querido corregirle para decirle que Isabella no era su novia. Claro que aunque hubiese querido hacerlo tampoco hubiese sabido cómo. Y es que no estaba seguro de lo que eran en realidad. De si eran algo. No sabía definir su relación, y en esos instantes prefería no pensar demasiado en ello. Quería a Bella, y de momento se conformaba con tenerla a su lado aunque fuera a medias. Mientras ella quisiera, él no pensaba oponerse.

-No, Cullen. Black es un buen tío-Admitió, resignado-Y eso precisamente es lo que me da más rabia. No puedo odiar a gusto a una persona cuando es prácticamente perfecto.

-No es perfecto-Contrapuso, con mayor brusquedad de la pretendía-Ni tampoco tan bueno, porque si no, no habría jugado así con los sentimientos de Isabella.

El joven Cullen se había sentado en un banco y Riley le siguió negando con la cabeza. Ya no había la menor expresión de burla en su rostro.

-Aun no has perdonado ni a Jacob ni a Nessie ¿Verdad?

-Yo no tengo nada que perdonarles-Contestó, huraño- Eso le corresponde a Bella y si ella lo ha hecho yo...

-Tú no estás dispuesto a darle una segunda oportunidad ¿Cierto?

Edward ladeó la cabeza sin determinar claramente cuál era su respuesta. Pero es que esa era otra de las cosas que no sabía. Por una parte si quería darles una segunda oportunidad. Sabía que se la merecían y lo importante que era que creyesen en ti cuando pensabas que lo habías perdido todo. Pero por otra, no podía dejar de tenerles cierto resentimiento. Sabía lo mal que se lo habían hecho pasar a Isabella y eso le resultaba difícil de perdonar. Pero sabía que si aún no les había perdonado del todo-tal y como parecía haber hecho Bella-era simplemente porque le resultaba más fácil centrar su resentimiento en ellos que en él mismo.

-Tienes razón-Admitió, ocultando su rostro entre sus manos-Creo que estaba intentando hacerles responsables de algo en lo que no tienen nada que ver. Bueno, ya veré que hago de ahora en adelante.

-¿A qué te refieres?-Inquirió Riley con curiosidad.

Pero la presencia de dos chicas frente a ellos fue suficiente para que el joven Biers se olvidase de su propia pregunta. Edward, que sólo por eso se había sentido aliviado por la interrupción, se hizo a un lado unos instantes para comprobar como detrás de las chicas pero a unos pocos metros de ellas, se encontraba el resto del grupo de amigas en un corrillo que no dejaba de observarle. Frunciendo el ceño cuando una de las chicas le saludó con la mano, volvió a su anterior postura y fingió prestar atención al azulado cielo de ese día.

-Decidme, chicas, ¿Os puedo ayudar en algo?-Preguntó Riley, acercando su rostro al de una de ellas.

-Bueno yo... esto... nosotras nos preguntábamos si... bueno...

El joven Cullen hizo una mueca de disconformidad a la par que el joven Biers intentaba contener una risita de profunda satisfacción. Le gustaba ver lo nerviosas que podía poner a las chicas. Y ésta en particular era toda una delicia.

-...si estabais esperando a alguien-Concluyó al fin, aliviada de haberlo dicho-Porque si no es así, nos gustaría que os vinieseis con nosotras.

-¡Oh claro!-Exclamó Riley, entusiasmado. El chico se reincorporó-¡Sería un placer!

-En absoluto-Intervino Edward, resignado, ejerciendo presión sobre el hombro del chico para obligarle a sentarse-Lo siento. Tenemos novia.

Ante esa afirmación tan rotunda, a las chicas no les quedó más remedio que volver por donde habían venido, mascullando por lo bajo, ante la indignada mirada de Riley y la resignada expresión de Edward. De verdad que ese chico era un caso aparte.

-¡¿Pero por qué has hecho eso?!-Cuestionó, mirando al grupo de chicas y a él con los ojos desmesuradamente abiertos-¡Las teníamos en el bote!

-A ti se te olvida con mucha facilidad lo que hemos hablado antes ¿Verdad?

El joven Cullen negó con la cabeza ante la mueca despreocupada de su acompañante y se reincorporó, metiendo una mano en uno de los bolsillos del pantalón.

-Anda, vamos a tomar algo-Propuso el castaño, consiguiendo en un instante volver a animar a Riley-Esta vez invito yo.

-¿Y eso?-Inquirió, frunciendo el entrecejo-No estarás intentando comprar mi perdón ¿No?

-¿Es que tienes que perdonarme por algo?-Preguntó Edward, divertido. Pero esa expresión no tardó en desaparecer para dar paso a una un poco más sombría y pensativa-No. Es que hoy es mi cumpleaños.

OooOoOo

La casa de la chica era mucho más pequeña de lo que él estaba acostumbrado. De habitaciones estrechas y techos altos, intentó abstenerse a hacer algún comentario demasiado sincero sobre la decoración de la vivienda. Al igual que intentó no hacer ningún comentario sobre la vestimenta que esa tarde llevaba la joven. Era cierto que era un día soleado y caluroso, pero él estaba convencido que esos pantalones tan sumamente cortos y esa camiseta excesivamente escotada no se los había puesto expresamente para sobrellevar el calor.

Después de rechazar con educación la diversidad de bebidas que la chica le ofrecía, recorrieron el estrecho pasillo y se detuvieron frente a una de las puertas. El nombre de la joven-Renata-estaba escrito en una pequeña cartulina pegada a la pulida madera de la puerta.

Renata le sonrió ligeramente antes de abrir la puerta para mostrarle su habitación. Era de las mismas proporciones que el resto de la casa y en ella había dos camas, tal y como le había comentado la joven el día que le había pedido de camino a casa que fuese un día a la suya para arreglarle el ordenador. Jacob, que le había comentado minutos antes que se le daba bastante bien la informática y todo lo referido a las nuevas tecnologías, tuvo que aceptar pese a que sospechaba que eso no era más que una "emboscada". Y es que desde hacía días estaba convencido que Renata había malinterpretado su amabilidad. A él no le importaba ser su amigo, pero por las miradas indiscretas que ella le dirigía, no estaba muy convencido de que Renata estuviese dispuesta a conformarse con eso. Quizás por eso había aceptado ir esa tarde a su casa. Así al menos podría aclarar el malentendido antes de que se complicasen un poco más las cosas.

-Y este es el ordenador-Indicó, acercándose al aparato más moderno que había visto en toda la casa. Ahora sí que dudaba realmente de la veracidad en las palabras de la chica-De todas formas no hay porque darse tanta prisa. Si quieres podemos descansar un rato, sentarnos, hablar o...-Renata se inclinó un poco sobre él fingiendo que cogía algo de la mesita que había tras el chico. Supuso que así tendría un buen plano de su escote-... hacer otra cosa.

El joven Black permaneció impasivo. No le había impresionado en absoluto su discurso ni tampoco su escote. Tenía ganas de terminar con eso cuanto antes. Al parecer había juzgado mal a la chica.

-En realidad tengo un poco de prisa-Se excusó, rodeando a la chica y poniéndose de cuclillas frente a la torre del ordenador-Así que es mejor que vayamos al grano. ¿Qué es lo que le pasaba al ordenador?

Renata, que no había contado con la posibilidad de que su plan fallase tan estrepitosamente, tartamudeó unos cuantos monosílabos sin sentido hasta que finalmente logró decir que el ordenador no arrancaba.

Jacob asintió y sacó un poco la torre para comprobar si todos los cables estaban en su sitio. Estuvo un par de minutos cerciorándose de que no hubiese ninguno suelto, pero al parecer todo estaba en orden. Presionó el botón azulado de inicio y tal y como le había dicho Renata, no ocurrió nada. El ordenador no se había encendido y Jacob comenzó a sentir curiosidad. Quizás esa cita no había sido una "emboscada" después de todo.

Pero la mirada nerviosa y el juego de manos de Renata le hicieron volver nuevamente a sus sospechas. Estaba demasiado nerviosa para que fuese verdad.

Con el entrecejo fruncido y negándose a que sus sospechas fueran ciertas, siguió el cable principal con la mirada que conectaba el ordenar con el enchufe de la pared y sonrió al comprobar como éste estaba desenchufado. Se inclinó un poco más y lo enchufó antes de presionar nuevamente el botón azulado de inicio. El ordenador arrancó y él volvió a sonreír.

-Era el enchufe-Explicó, reincorporándose. Había decidido no decirle a la chica nada de sus sospechas. Era inútil ridiculizarla de esa forma-Estaba desenchufado.

-¡Oh!

Renata se sonrojó y él volvió a sonreír. Ambos estaban pensando lo mismo, pero ninguno de los dos quiso ponerlo en palabras.

-Debe de haber sido mi hermano pequeño-Se excusó, procurando no mirarle a los ojos-Siempre me está molestando.

Jacob asintió y se fue reincorporando ante la mirada indecisa de la joven. Definitivamente nada había salido como había planeado y eso le molestaba. Quizás hubiese salido todo mejor si le hubiese invitado directamente a salir. Pero pese a lo que le había dicho a su amiga en los servicios, cuando tuvo al joven Black frente a ella no fue capaz de articular palabra. Así que finalmente decidió elaborar una estratagema que le diese algo de ventaja.

-Bueno, será mejor que me vaya ya-Dijo Jacob, dirigiéndose hacia la puerta de la habitación-No creo que a tus padres les haga gracia encontrarme aquí cuando vuelvas.

Jacob abandonó la habitación y comenzó a recorrer el pasillo que le llevaría hasta la salida de la vivienda. Pero cuando no había dado más que un par de pasos, Renata le detuvo agarrándole del brazo.

-No te vayas-Pidió, abrazándole por la espalda-Mis padres no van a volver hasta tarde. Tenemos la casa para nosotros solos.

-Renata...

-Me gustas-Declaró, abrazándole con más fuerza-Me gustas mucho y yo sé que también te puedo llegar a gustar a ti.

Soltando un suspiro y lamentándose por haber permitido que eso llegase hasta ese punto, se deshizo lentamente de ella y se giró hasta que sus ojos entraron en contacto.

-Renata, creo que me has malinterpretado-Se sinceró-Me caes bien, pero no me gustas. No eres la chica que estoy buscando.

-¿Es por la ropa?-Inquirió, mirando su vestimenta-Es lo que me han aconsejado mis amigas que me pusiese. Te aseguro que yo no soy...

-Me gusta otra chica-Aclaró. Sus ojos se habían ensombrecido-Lo siento.

El joven Black se giró y de nuevo reanudó la marcha hacia la salida. Pero esta vez Renata no necesitó agarrarle de ningún sitio para hacerlo detenerse. Sólo tuvo que mencionar a Renesmee para conseguirlo.

-Así que no me he equivocado, ¿eh?-Sonrió la chica, llevándose una mano a las caderas-Pues bien, si quieres saber cómo lo sé será mejor que me invites a tomar algo al Centro.

-...-

-Vamos, no pierdes nada-Insistió, con la otra mano en el pecho-Y te prometo que después de esta cita no volveré a molestarte.

oOoOoOo

-¡Hola! ¡Ya estoy en casa!

Tan animada como siempre pese a que estaba un poco cansada por la caminata, dejó los zapatos en la entrada y tras ponerse las zapatillas de estar por casa, se dirigió hacia el salón. Su padre, aun recostado en el mismo sofá en el cual le había visto antes de marcharse, la saludó y se interesó por como lo había pasado esa tarde con Renesmee. Al parecer estaba realmente contento de que se hubiese animado a salir a dar un paseo. Y ella también se alegraba.

-¿Y Edward?-Preguntó, buscándole con la mirada por todas las habitaciones que desde allí estaban a su vista-¿Está en su habitación?

-Todavía no ha regresado-Contestó Charlie, prestando nuevamente atención a la película que estaba viendo-Ha venido un amigo a buscarle y se ha ido con él.

-¿Un amigo?-Repitió, extrañada. Debido a su carácter reservado, Edward no solía salir con nadie que no fuera ella-¿Y Sam?

-Ha salido con Leah, creo.

La joven Swan asintió y, tras darle un beso a su padre en la frente, abandonó el comedor y subió las escaleras que daban al segundo piso. ¿Con quién habría quedado Edward?

"No será una chica, ¿verdad?" La simple idea la aterró, pero no tardó en hacerla sonreír "No, eso es imposible. Papá ha dicho que era un amigo"

Un amigo. Un chico. Suspiró. Se estaba preocupando por tonterías. Pero, ¿Por qué se le aceleraba el corazón? ¿Y por qué se ponía tan triste ante la idea?

Entró a su habitación y se lanzó sobre la cama, pensativa. Sí, su padre había dicho que era un chico, pero... Suspiró nuevamente. En realidad no tenía ni si quiera derecho a pensar en esas cosas. Edward podía salir con quien quisiera. Además, ellos no eran novios ¿Cierto? ¿O sí?

Ahora que lo pensaba detenidamente, ¿Qué eran ellos? ¿Amigos? ¿Amigos con derecho a roce? ¿Compañeros de convivencia que se iban besando por las esquinas? Quizás esa era la definición más adecuada para lo que eran en esos momentos, pero no la definición que a ella le complacía. ¿Novios? Sí, esa le hubiese gustado. Pero no lo sabía. No sabía que eran y si Edward tenía las mismas ganas que ella de poder definirse como pareja. Ella le quería, pero ¿Y él a ella?

Se dio la vuelta y pasó a mirar el techo mientras sus pensamientos iban y venían con libertad. No fue hasta que oyó la puerta de la entrada cerrarse y unos pasos subir las escaleras que saltó de su cama y corrió para abrir la puerta de su habitación.

Edward la miró sorprendido cuando la joven Swan salió del dormitorio con la respiración un poco entrecortada. Pero no tardó en sonreír cuando ella hizo lo mismo.

-Bienvenido a casa.

-Gracias-Contestó, divertido-¿Me esperabas?

Isabella se encogió de hombros intentando disimular el alivio que sentía al tenerlo de vuelta. Intentando ser discreta-algo que al parecer no consiguió, por la mirada que Edward le dirigía-escudriñó con la mirada el rostro y el cuello del chico para confirmar que no había rastro alguno de carmín. Finalmente sonrió con verdadero alivio.

-¿Y bien?-Se interesó Edward, soltando una risita-¿He pasado el examen?

La chica se sonrojó ante el comentario y el joven Cullen volvió a reír. Al parecer no sólo se había percatado de su escudriño sino que además sabía a qué se debía.

Mirando hacia atrás para asegurarse que no subía nadie por las escaleras, la cogió de la mano y la arrastró hasta la habitación de la castaña, cerrando la puerta tras de sí.

-He salido con Riley-Explicó, cogiéndola por la cintura y atrayéndola haca él-Ha venido esta tarde y nos hemos ido a dar una vuelta.

-Siento no haber podido salir hoy contigo-Musitó, recordando de súbito la expresión en el rostro del chico cuando se había visto obligada a rechazar su propuesta-Pero te prometo que el sábado de recompensaré. Así que no quedes con nadie ese día, ¿eh?

-Descuida-Asintió, inclinándose para rozar su nariz con la de ella-¿Pero por qué esperar hasta el sábado si puedes compensarme ahora?

Bella volvió a sonrojarse pero asintió lentamente y correspondió al beso con entusiasmo cuando sus labios se encontraron después de varias horas sin hacerlo. Ninguno de los dos pensaba reconocerlo, pero habían echado de menos ese contacto. Un contacto que conforme pasaban los días se hacía más necesario.

La joven Swan, que tenía las manos sobre el pecho del chico, se agarró de la camisa mientras Edward la guiaba hasta la cama. De espaldas, sólo dejó de retroceder cuando no pudo seguir haciéndolo.

Dejándose llevar por la sensación que les proporcionaba el saber que Sam no les interrumpiría en esa ocasión, Isabella se recostó sobre la cama sin dejar de besarle y él sobre ella.

-Por un momento he pensado que habías quedado con una chica-Confesó, separándose durante unos instantes de él. Edward se rió-No sé por qué te ríes. Podría pasar.

-¿Teniéndote a ti en casa?-Cuestionó el chico, frunciendo el entrecejo-No lo creo.

El castaño, que había tenido especial cuidado a la hora de situarse sobre ella para no hacerle daño, ocultó su rostro en el cuello de Bella para así poder besarlo con auténtica dedicación.

-¿Eso ha sido un halago?-Inquirió la joven, sin poder reprimir un gemido cuando sintió como los labios del chico descendían peligrosamente por su cuello-¿Me estás piropeando, Cullen?

-Sólo estoy intentando ligar contigo-Bromeó, alzando la mirada para encontrarse con los centellantes ojos verdes de ella-A veces hablas demasiado, ¿Lo sabías?

Ella hizo un mohín de disgusto y él volvió a reír. Le gustaba sentirse como se sentía. Esa sensación de despreocupación que sólo tenía cuando estaba cerca de Isabella. Bella... realmente le gustaba. Le gustaba su forma de ser, su mirada, su sonrisa y sus labios. Le encantaban sus labios cuando estaban rojos y húmedos como ahora.

-Anda, calla y bésame-Le pidió, sin poder contenerse por más tiempo.

Se miraron durante unos instantes a los ojos y finalmente sus labios se encontraron. Isabella entrevió la boca mientras sus lenguas jugaban en la cavidad del uno o del otro. Resultaba sofocante y abrasador-especialmente por qué ninguno de los dos había dejado de acariciar al otro en ningún momento-pero ambos tenían claro que no cambiarían ese momento por ningún otro. Les gustaba la vida que tenía en ese momento. Una vida casi perfecta.

Diez minutos después, y maldiciéndose por haber llegado más tarde de lo esperado, el joven Swaan subió de tres en tres las escaleras que daban al segundo piso y abrió la puerta de la habitación de su hermana sin llamar. Isabella, que estaba en el suelo con el enorme libro de japonés abierto por la página cincuenta y cuatro, alzó la mirada con fingido desconcierto.

-¿Pasa algo?

-¿Dónde está el mocoso?-Preguntó, escudriñando la habitación con la mirada.

-¿Eh? ¿Te refieres a Cullen?-Cuestionó, encogiéndose de hombros-Supongo que en vuestra habitación. ¿Por qué?

Sam negó con la cabeza y frunciendo el entrecejo, cerró nuevamente la puerta, como si hubiese alguna pieza que no encajaba en el puzzle. Isabella oyó como su hermano entraba al dormitorio que compartía con el joven Cullen y le decía algo al castaño-aunque pareció más bien un gruñido-antes de cerrar también esa puerta y bajar a saludar a su padre.

Cuando los pasos del joven Swan se perdieron en el salón, ambos se dirigieron a las puertas de sus dormitorios y las abrieron, encontrándose la sonrisa del otro al otro lado del pasillo.

-Por poco-Comentó Bella, bastante aliviada.

-Sí, por poco-Coincidió Edward, pasándose una mano por su alborotado cabello-Habrá que agradecerle a tu vecina que nos haya pitado para avisarnos.

-Habrá que hacerlo-Sonrió.

Y es que ese casi que impedía que su vida actual fuera perfecta, lo constituía principalmente la presencia de Sam Swan en la misma. Eso, y el hecho de no saber que eran ellos en realidad. ¿Amigos? ¿Novios? Bueno, fuesen lo que fuesen lo único que tenían claro era que se gustaban. El único problema, ahora, era el hacérselo saber al otro. El único problema al menos por el momento.

Continuará...


Bueno quiero pedirles nuevamente disculpas por la tardanza, se que fue mucho tiempo pero el principal motivo de mi demora es la universidad. Creía que este semestre no sería muy pesado pero es horrible, entonces eso me impide tener mucho tiempo libre.

Quiero que sepan que no pienso abandonar la adaptación, la voy a continuar pero no les prometo un día fijo de actualización porque no voy a poder cumplirlo. En una semana tengo vacaciones por navidad y fin de año, trataré en ese tiempo de adaptar los capítulos que tengo.

Espero que hayan disfrutado mucho el capítulo, recién termine de adaptarlo y se los subo de una. Cualquier opinión, reclamo, lo que sea que quieran decirme pueden hacerlo por un review.

Nos leemos.