Acto XIV. Si su corazón es de cristal, juguemos a destrozarlo…
Jamás había bebido tanto, no así, no hasta sentir que el mundo entero se movía bajo sus pies y que su mente se desvanecía en medio de una bruma extraña que finalmente lo había hecho apartarse del mundo.
El terrible dolor de cabeza había terminado por despertarlo recordándole que nada de lo que había pasado en los últimos días había sido un sueño. La verdad era que a medida que su cuerpo le reclamaba el abuso del alcohol que había hecho la noche anterior, su mente iba recordando también el motivo que lo había llevado a beber como estúpido en la soledad de su habitación a la que ni Yuri ni nadie más había acudido.
No claro, él no esperaba que el Rey Cisne fuera a buscarlo después de que éste se hubiera encargado de terminar con su corazón porque Yurio sabía que ese vacío en el centro de su pecho se debía a que dentro de él ya no había un corazón. Mientras el joven rubio intentaba mantenerse en pie delante del lavabo, él se daba cuenta que ahí donde antes había existido un corazón ahora solo estaba esa nada dolorosa que se parecía mucho a un agujero negro y que termina robándole a uno la energía y las ganas de vivir.
Yurio sintió que su estómago se revolvía y el chico tuvo que vomitar. Él sabía que tenía que recomponerse antes de volver a ver a Yuri porque aquello era inevitable, los dos tenían que verse, los dos tendrían que volver a bailar juntos aunque en ese preciso instante Yurio no sentía gana alguna de estar cerca de él, no podía. Él sabía que cuando volviera a encontrarse de nuevo con aquellos ojos marrones lo único que él querría hacer sería destruirlo, hacerle daño, hacerle sentir el mismo dolor que lo tenía a él en aquel estado tan deplorable en el que se había hundido los últimos tres días.
Ni siquiera le había importado que Minako le advirtiera que aquella mañana todos los bailarines debían presentarse al ensayo general de la representación sin excusa alguna y que más le valía comportarse a la altura de su papel. Claro, era obvio que a esas alturas Minako ya estaba enterada de lo que había sucedido entre él y Yuri pero aquella advertencia estaba de más, él sabía lo importante que era que se mantuviera en sus cabales para no echar a perder la representación.
Sí, él sabía que había sido un reverendo idiota al haber bebido así antes de un evento tan importante pero no había podido evitarlo. El dolor en su corazón solo se detenía adormeciéndolo mientras bebía una cerveza tras otra porque en medio de la neblina que provocaba el alcohol, él podía olvidarse de las palabras de Yuri, él podía olvidarse de las cosas que él y Yuri habían tenido y que no podrían volver a tener jamás porque al maldito cerdo aquel se le había ocurrido enamorarse de la zorra Nikiforov.
Y a final de cuentas ¿Qué demonios tenía la zorra que él no tuviera? ¿Por qué con solo unos meses de conocerlo, aquel estúpido rufián se había robado el corazón de Yuri, un corazón de cristal que era tan frágil pero aun así tan cálido y dulce? Yurio sentía miles de emociones contradictorias en aquel justo instante mientras las ultimas gotas de vomito lo hacían fruncir la nariz y sus pies lo llevaban directamente a la regadera porque a pesar de su dolor él era un profesional y tenía que bailar. Tenía que volver a estar cerca de Yuri y pretender que era el príncipe Sigfrido de Odette, eso era lo que de verdad tenía que hacer.
El joven abrió la regadera y sin importarle que el agua corriera helada sobre su cuerpo, Yurio dejó que las gotas frías abrieran sus poros y se llevaran un poco del malestar que sentía aun. Sí, tenía que fingir ser el maldito príncipe del Rey Cisne por un rato y aunque sabía que aquello era malo, el joven no pudo evitar pensar que después el príncipe destruiría a la doncella encantada llevándose con él la esperanza de romper una maldición eterna y Odette quedaría refundida en las sombras del brujo y algo en el alma del rubio quería que fuera sí también con Yuri: quería romperlo, eso era lo que deseaba y aunque el chico jamás habría imaginado que aquella veta cruel saliera de él para desear que Yuri sufriera, estaría mintiendo si decía que deseaba que Yuri fuera feliz.
Yurio odiaba a Yuri con la misma intensidad con la que lo había deseado la vida entera. Lo odiaba al punto de querer infringir en su corazón una herida tan profunda y tan llena de veneno que no le permitiera al joven Katsuki recomponerse de nuevo, quería dañarlo y condenarlo a no encontrar la felicidad de la mano de nadie más. Yurio quería hacer añicos el corazón de cristal del Rey Cisne, quería que Yuri anduviera vagando por el mundo muerto en vida del mismo modo en el que él se sentía en aquel momento y aunque una parte de sí mismo se sentía despreciable por pensar esas cosas, el odio lo ocupaba por completo, el odio borraba todos los buenos recuerdos, el odio lo cegaba.
Yurio sintió que lagrimas amargas volvían a rodar por sus mejillas y se sintió roto y enfermo. Porque aunque su dolor lo cegaba, también sabía que aquella situación había sido culpa suya pero siempre era más sencillo culpar a los demás. Tenía que controlarse, tenía que frenar aquel temperamento suyo porque él estaba seguro de que lo único que conseguiría dañando a Yuri sería seguir hundiendo en su alma una espada que lo heriría también. No, quizá lo que los unía jamás volvería a ser lo que había sido pero no por eso podía destrozar a Yuri. No podía hacerlo, no podría perdonárselo jamás por hacerlo.
El joven suspiró de forma cansada y al terminar su ducha rápida, se dijo que trataría de mantenerse frío, podría hacerlo, tenía que hacerlo. A pesar de que su instinto asesino asomaba en sus ojos verdes él también sabía que debía controlarse, no podía darle el gusto a los demás de verlo destrozado hasta la locura, no podía dejar que los demás vieran el modo profundo en el que su ruptura con Yuri lo había afectado.
Así pues, Yurio decidió proseguir con su rutina, él sabía que apenas tenía el tiempo suficiente para llegar al auditorio en el que se llevaría a cabo el ensayo general de la representación y aunque estaba hecho una mierda ni siquiera se le había pasado por la mente la posibilidad de llegar tarde a un evento tan importante porque él era el dueño del segundo rol principal así que tenía que llegar incluso más temprano que todos los demás. Por eso, después de vestirse rápidamente con ropa cómoda y su enorme abrigo azul que lo protegería del despiadado viento de los últimos días de noviembre, Yurio salió a la calle y no le tomó más de veinte minutos llegar al enorme auditorio que a esa temprana hora de la mañana parecía desierto y vacío.
Yurio suspiró agradeciendo la soledad del lugar y sintió que quizá después de todo su corazón podría soportar la cercanía de Yuri. Porque el viento frío de la mañana parecía haberse llevado el dolor de cabeza y en su pecho solo estaba ya el dolor sordo de la perdida y el ardor de los recuerdos felices al lado de Yuri que lo aguijoneaban sin piedad. Pero a pesar de eso el joven creyó que podría soportarlo, tenía que soportarlo, no podía arruinar su baile aunque quisiera destrozar a Yuri.
Una sonrisa burlona apareció en sus labios mientras comenzaba a vestirse con las mayas blancas que usaría durante el ensayo. Aquella mañana no tendría que usar aun el hermoso traje del príncipe que estaba guardado ya en su camerino. Aquella sonrisa venía del hecho de que cada nuevo pensamiento en su mente le parecía una reverenda contradicción. Odiaba a Yuri por haberle hecho sufrir pero también lo amaba porque eso había hecho toda su vida y aunque quería destruirlo, aquel amor remanente lo instaba a protegerlo recordándole que si arruinaba la danza de Yuri también se arruinaría a sí mismo y no podría permitir que aquello sucediera.
Además, Yurio estaba seguro de que tarde o temprano Victor Nikiforov terminaría por destrozar al estúpido tazón de cerdo y él esperaba estar ahí para reírse de Yuri y decirle: "ves, te lo dije, eres un idiota que cambió un amor de verdad por la lujuria y la pasión de una puta cualquiera" ¡Oh, cómo se reiría de Yuri cuando eso pasara al fin!
Con ese pensamiento en mente que lo hizo sentir un poco mejor, Yurio decidió caminar al escenario y calentar un poco pero a medida que se acercaba al lugar al que todos sus compañeros llegarían después, el joven rubio escuchó el rumor de dos voces que lo hicieron volver a sentir un odio inmenso que no podía ser reprimido, aquel odio era demasiado intenso para poder contenerlo dentro de él: porque Yuri Katsuki estaba en los brazos de Victor Nikiforov y aunque Yuri lloraba, Yurio pensó que aquello sin duda era una treta, solo una patética excusa que Yuri había inventado para poder estar cerca de la zorra aquella que miraba al hombre frente a él como quien mira al más grande de sus tesoros y aquello fue algo que Yurio no pudo tolerar porque el amor que había en aquella mirada azul era tan real y tan palpable que no había forma de negarlo, no había forma de burlarse de él.
Y las manos de Nikiforov limpiaban las lágrimas de las mejillas de Yuri y el murmullo de la voz del ruso llegaba perfectamente a sus oídos y lo lastimaba como si aquel sonido fuera un chorro de aceite hirviendo:
-No pasará nada malo, tienes que creerme- decía Victor sonriendo de modo dulce, algo que hizo que Yurio quisiera borrar aquel gesto de sus labios por medio de un buen golpe-. Tu madre está en buenas manos, mi Yuri, ella está luchando aun, tienes que creerme…
-Mari dijo que es posible que no volvamos a verla viva si no sale de la unidad de cuidados intensivos donde está ahora- decía Yuri con una voz rota que dolió incluso en el alma de Yurio a pesar de todo-. Mari me dijo que es posible que tengamos que despedirnos de ella esta misma noche y yo…
-No, nada de eso va a pasar- dijo Victor acariciando la mejilla del Rey Cisne y Yurio tuvo ganas de gritar al ver que Yuri recibía aquella caricia con anhelo como si las manos de Victor pudieran sanarlo de verdad-. Hiroko no va a decir adiós, ella tiene que verte bailar, ella va a mirarte bailar…
-Voy a arruinar el ensayo, no me siento bien- dijo Yuri mirando al suelo-. Sé que debo controlar lo que siento, sé que debo concentrarme pero no puedo, de verdad no puedo…
-Sí podrás, yo confío en ti- dijo Victor con esa empalagosa voz que hacía pensar a Yurio que sí era posible odiar más a aquel estúpido-. Si el gatito se pone difícil, mírame a mi ¿sí? Mírame a mí y piensa que bailas conmigo, piensa que estás entre mis brazos y que yo no te dejaré caer, yo estaré ahí para ti y te protegeré si algo malo sucede…
-Tengo que controlarme…- dijo Yuri cerrando los ojos y sin pensarlo más se aferró al cuerpo de Victor con un abrazo férreo que le daba idea al rubio de que al hacer eso, Yuri se sentía de verdad protegido-. No voy a arruinarlo, te prometo que no voy a arruinarlo. Lo haré por mamá, lo haré por ti y sobre todo por mí… no puedo fallarme una vez más, Victor, no puedo, no me dejes hacerlo por favor, no me dejes arruinarlo…
-Nadie te hará daño…- dijo Victor aferrando al Rey Cisne con fuerza también-. No pienses en nada mientras bailas, solo piensa en tu sueño. Cuando estés en el ensayo muéstrame el baile que más te gusta hacer ¿vale? Baila con el corazón, su majestad, róbame el alma una vez más con tu danza, embruja y seduce a todo el mundo ¿quieres?
-Lo haré…- dijo Yuri sintiendo que el dolor en su corazón le daba paso a otra cosa un poco más parecida a una voluntad férrea.
-Claro que lo harás…- dijo Victor besando una vez más la frente de Yuri, haciendo que el muchacho de los ojos marrones le dirigiera una mirada llena de adoración que terminó por causarle nauseas a Yurio quien seguía observando aquella escena que se parecía mucho a un intercambio intimo entre dos amantes legendarios.
El rubio resopló con fuerza y decidió esconderse en su camerino hasta que alguien lo llamara. Después de haber visto aquella escena el chico tenía ganas de destruir todo a su alrededor, tenía ganas de salir y gritarle a Yuri que era un estúpido y un cualquiera, solo otra maldita zorra que jugaba con el corazón del mundo entero, solo una jodida puta que jamás sería más que eso.
Y al encerrarse en su camerino Yurio solo volvió a sentir la necesidad incuestionable de destruir a Yuri, de borrar de sus labios esa sonrisa esperanzada que las palabras de Nikiforov ponían en sus labios.
¿Que nadie le haría daño? Claro que sí, claro que alguien le haría daño. Yurio lo haría, él tenía que hacerlo. Él tenía que castigar a Yuri porque el chico Katsuki no se merecía tener un "felices para siempre" mientras él estaba viviendo un infierno.
-Si tu corazón es de cristal entonces jugaré a romperlo, maldito cerdo- dijo Yurio sintiendo que nuevas lágrimas de rabia salían de sus ojos-. Vas a sufrir como yo, vas a llorar como yo y no hay nada que tu maldita zorra pueda hacer para detenerlo…
El joven Plisetsky limpió las lágrimas de su rostro y suspiró profundamente antes de sonreírle a su reflejo que se proyectaba en el enorme espejo del camerino dándole a sus ojos un aire mortífero que no prometía nada bueno para aquellos que estuvieran cerca de él.
Destruir. Destrozar. Herir. Lacerar. Matar todas las esperanzas que aun hubiera dentro de Yuri Katsuki, eso era lo que Yurio haría y el mundo podía pensar lo que le diera la gana pensar de él ¿Qué más daba? Todo tenía que derrumbarse y él sería el encargado de hacer que el infierno se desatara aunque él también estuviera condenado a arder en aquellas llamas.
Yuri sentía las miradas que se dirigían hacia él y hacia Victor mientras los dos calentaban en medio del escenario y los demás bailarines se congregaban a su alrededor. Yuri estaba seguro de que sus compañeros estaban lanzándole miradas de superioridad y de burla pero el muchacho estaba intentando concentrarse en los ojos de Victor que con una sola mirada y sin decir palabras estaban indicándole qué movimiento hacer, que posición tomar o qué giro llevar a cabo. Yuri tenía miedo de acercarse a sus amigos a quienes también había visto llegar ya y aunque en sus ojos no había existido la misma malicia del resto de la compañía Yuri se sentía avergonzado, Yuri se sentía incapaz de estar con ellos una vez más.
-Estira los dedos de tus pies, la línea de tus piernas lucirá sucia si no lo haces- dijo Victor con calma y Yuri se apresuró a obedecerlo-. Eso es, majestad, bien hecho. Haz lo mismo en los saltos, tu cuerpo es un pincel y el escenario es tu lienzo, cuenta tu historia Rey Cisne, háblales a todos de tu amor, de tu dolor…
Las palabras de Victor hacían que Yuri se enfocara en la danza y no en las miles de ideas terribles que el chico estaba manteniendo a raya a fuerza de voluntad. Yuri sentía que la música de los ojos y las palabras de Victor era lo único que lo mantenía sereno como si aquella actitud del ruso fuera una presa que contenía un torrente enorme de emociones negativas que amenazaba con ahogarlo: la preocupación por su madre, el miedo de enfrentarse a Yura, la ansiedad que le ocasionaban los comentarios a sus espaldas y las risitas tontas que llegaban de todos lados del auditorio y sobre todo, los dedos de sus compañeros que lo señalaban sin esconderse y aquellos rumores que podían resumirse a el siguiente postulado: "pero mira, Yuri Katsuki es un cualquiera, Yuri Katsuki es una ramera que duerme un par de noches en un cama y luego se pasa a otra sin vergüenza alguna. Es un cínico, es un desgraciado. Fingía inocencia pero no es sino una perra cualquiera que siempre está persiguiendo al mejor postor".
Yuri escuchaba todo aquello de forma clara y aunque lo único que quería era derrumbarse en el suelo y esconderse de todos, esconderse para no volver a salir a la superficie nunca más, el chico decidió hacerle caso a Victor y dejó que sus ojos se posaran en aquella mirada azul que desde la noche anterior le habían servido de refugio. Sí, tenía que ser fuerte porque lo peor ni siquiera había empezado. No podía darse el lujo de derrumbarse, ya no. A pesar de que su corazón doliera en su pecho, tenía que obligarse a seguir adelante aunque a cada minuto que pasara él sintiera la ansiedad de encontrarse de nuevo con Yura cada vez más cerca.
-Excelente, eres un cisne negro perfecto- dijo Victor cuando los dos terminaron de llevar a cabo la apasionada danza de Odile y Sigfrido- ¿Lo ves? Puedes hacerlo, puedes bailar así con quien sea, y lo harás…
-Lo haré- dijo Yuri sintiendo un poco más de confianza en sí mismo-. Lo haré aunque esté muriendo de miedo, no puede ser tan malo, no puede ponerse peor ¿verdad?
Victor negó suavemente con su cabeza y Yuri recibió aquel gesto con una sonrisa llena de fe que Victor deseó pudiera quedarse en aquellos labios durante todo el ensayo. Y es que aunque el ruso también era consciente de los murmullos a su alrededor- algo a lo que él estaba de sobra acostumbrado- también era cierto que en el ambiente se respiraba la calma llena de estática que antecede a las tormentas, esa calma que no es más que el preámbulo de un infierno próximo a desatarse. Victor lo sentía rodeando a la compañía entera y a pesar de que él también estaba muriendo de ansiedad, él sabía que tenía que conservarse sereno.
Minutos después Minako y Celestino hicieron su arribo al escenario y todo el mundo comenzó a tomar sus lugares tras bambalinas. Yuri suspiró buscando con la mirada a Yurio por todo el escenario pero su antiguo mejor amigo no estaba ahí y el chico de los ojos marrones comenzó a sentirse menos tranquilo ¿Le había pasado algo? ¿Yura lo odiaba a tal grado de negarse a bailar con él?
La señal del director de escena que aquella mañana lucia también triste y desalentado distrajeron a Yuri de sus pensamientos trayéndolo al mundo real en un santiamén. Después de todo él era el encargado de empezar con la representación llevando a cabo la obertura en la que Odette era mostrada convirtiéndose en un cisne blanco y el chico decidió que llevaría a cabo su papel superando las expectativas de todos los demás.
Y lo cierto era que desde el primer paso, el Rey Cisne había conseguido que los rumores se detuvieran porque en aquel instante la compañía en pleno estaba contemplándolo con admiración y algo de envidia al notar que su cuerpo parecía ser uno con la música y que las líneas que su danza dibujaba estaban produciendo un espectáculo sin igual en los ojos de quien podía admirarlo. Yuri estaba bailando con el corazón, Yuri estaba mostrándole a los demás que era más, mucho más de lo que ellos murmuraban.
Y a medida que la música avanzaba el Rey Cisne encontraba más sencillo olvidar todo lo demás para concentrarse solamente en su papel. En aquel instante no necesitaba mirar a Victor porque él sabía que Victor estaba mirándolo también mientras tocaba el piano y aquel acompañamiento musical era suficiente para hacerlo sentir seguro. Y su corazón de cristal se sentía fuerte por primera vez en días, su corazón de cristal estaba fortaleciéndose por medio de la danza. Él había hecho que sus compañeros se callaran y que no dejaran de verlo y en aquel instante Yuri sentía que podía hacer lo mismo con el público que lo contemplaría la noche del estreno.
El joven Katsuki terminó la obertura con una sonrisa apacible en sus labios y el aplauso solitario de Victor quien no había podido reprimir las ganas de expresar de algún modo lo hermoso que el baile de Yuri habida sido y aunque los demás bailarines estaban dedicándole una mirada molesta, Yuri le dedicó una sonrisa dulce y el ruso sintió que todo saldría bien después de todo. Tenía que salir bien. No podía pasar nada malo, no.
Pero la verdad era que cuando algo andaba mal, definitivamente podría ponerse mil veces peor.
El ensayo general de la obra siguió su curso. Los demás bailarines seguían presentando una danza digna de cualquier escenario internacional. Incluso Yurio, quien había hecho su aparición en el escenario de forma calma y aparentemente serena, estaba luciéndose delante de los ojos de los directores y de los demás bailarines quienes en realidad estaban esperando ver otra cosa: el primer baile de Sigfrido y Odette, la danza de la noche estrellada del primer encuentro.
Yuri sentía que su corazón era un tambor que se detuvo abruptamente cuando Otabek Altin le hizo la señal para entrar a escena mientras Yurio llevaba a cabo la danza de la caza que pronto se vería interrumpida por la aparición de Odette a la orilla del lago. El joven Katsuki tomó aire de forma profunda y diciéndose que era momento de enfrentarse al miedo mismo, el Rey Cisne entró a escena decidido a bailar del mismo modo encantador en el que había estado haciéndolo pero la mirada con la que Yurio lo recibió basto para hacerlo tropezar en medio del escenario porque los ojos verdes de su compañero de danza jamás lo habían mirado así antes: aquellos ojos estaban llenos de odio, de un odio negro y terrible que bastaba para amedrentar a quien fuera.
-Levántate y deja de hacer estupideces, cerdo- dijo Yurio acercándose a él mientras los demás bailarines en la compañía comenzaban a murmurar de nuevo-. Te dije que ser la puta de un rufián te dejaría sin energía para bailar del modo en que debes hacerlo ¿te lavaste acaso? No sabes el asco que tengo al saber que debo tocarte ahora. Preferiría bailar con alguien más pero no hay más remedio así que ¿qué demonios estás esperando? ¡Levántate!
Yuri se quedó pálido al escuchar las palabras de Yurio y aunque escuchar aquello dolía profundamente, el joven agradecía que su compañero hubiera dicho aquellas horribles cosas en un volumen bajo. Yuri sentía que aquellas palabras dolían más que el golpe que se había dado en la rodilla pero no dijo nada. Simplemente se levantó dispuesto a empezar de nuevo con el ensayo pero algo en la mirada verde de Yurio le decía que el baile de los dos estaba destinado a ser solamente una tortura para los dos.
Sin decir nada más, Yurio lo tomó entre sus brazos con fuerza, una fuerza que estaba haciéndole daño al joven Katsuki quien sin embargo no tenía ni la más mínima idea de cómo reaccionar ante aquel estado de ánimo en su compañero de baile. Yuri simplemente siguió bailando pero su danza antes limpia y delicada, era ahora más una serie de tropiezos el uno tras el otro que ni siquiera las indicaciones e Minako o de Celestino podían cambiar.
-Siempre has sido un completo inútil en cuanto a la danza se refiere pero hoy estás mil veces peor, cerdo- dijo Yurio con la misma voz suave y mortífera que parecía ser un arma que hería de forma profunda- ¿Por qué no te retiras de una vez? Llevas toda tu estúpida vida tratando de ser algo que no eres ¿Por qué no aceptas de una vez que eres una estúpida bola de grasa que no está lista para esto, que jamás lo estará? ¿Sigues queriendo que los demás te tengan lastima? Fue por eso que Minako te dio el papel principal ¿No lo ves? Te lo dio porque su mejor amiga es tu madre no porque tú tengas talento de verdad…
-Yurio, me haces daño- dijo el joven Katsuki sin poder decidir si aquellas palabras habían salido de sus labios a causa de la fuerza con la que Yurio estaba tomándolo de la mano o por las palabras de su compañero.
-¿Qué sabes tú de daño?- dijo Yurio sin poder evitar hundir sus uñas en la piel de Yuri quien se sentía atrapado en una pesadilla-. A ti jamás te han herido del modo en el que me heriste a mi ¿no crees? Tú eres el fabuloso Rey Cisne por el que Victor Nikiforov daría su vida ¿no es cierto? Apuesto a que él ha limpiado todas tus estúpidas lágrimas después de coger contigo ¿no es así? ¿Al menos está pagándote? Porque seamos sinceros, mejor amigo, los mejores amigos siempre son sinceros el uno con el otro ¿no crees? Por eso tengo que ser sincero contigo, ramera cisne, así que escúchame bien…
-No quiero escucharte- dijo Yuri intentando zafarse del agarre del otro chico que había convertido su danza en una pelea absurda de pasos sin ton ni son-. Detén esto, si no quieres bailar conmigo, detén esto y déjame pedirle a Minako que te busque a otra pareja de baile…
-¡Oh, el cerdo va a huir como lo ha hecho siempre!- dijo Yurio sin gana alguna de soltarlo- ¡Solo sabes hacer eso! Pero no te voy a dejar ir aun, no todavía. No he terminado contigo ¿entiendes? Tienes que escucharme, querido amigo, tú dijiste que querías conservar a tu Yurio ¿no es así? Pues aquí estoy y tengo que ser sincero contigo, lo hago en nombre de nuestra amistad…
-Yura...- dijo Yuri con un tono suplicante que hizo sentir al joven de los ojos verdes más decidido a terminar con aquel corazón.
-Yura nada, mi querido cerdo- dijo el rubio con una voz que trasmitía odio puro-. Yura murió ¿no lo ves? Tú lo mataste, tú lo heriste de tal modo que Yura jamás volverá a levantarse y es tu culpa, todo es tu culpa ¿Tú quisiste a Yura? La verdad es que yo lo odio ahora del mismo modo en el que te odio a ti ¿sabes por qué lo odio? Porque Yura fue lo suficientemente estúpido para enamorarse de alguien como tú, de alguien que no vale nada, de alguien que es un estúpido en todo lo que hace y que solo sabe llorar ¿Qué? ¿No es cierto? Eso hacías antes en los brazos de Nikiforov ¿no es así? El pobre y desvalido Yuri estaba llorando en los brazos de su amante porque su mamá está a punto de morir ¿no es así? Hiroko debe estar muriéndose también por culpa tuya, también debes darle vergüenza, también ella preferiría estar muerta antes que verte convertido en la vergüenza que eres ahora…
-Cállate…- dijo Yuri sintiendo que algo empezaba a romperse en su interior.
-No, no voy a callarme- dijo Yurio levantando a Yuri con fuerza del suelo simplemente para volver a bajarlo a él con fuerza desmedida-. Deseo que tu madre esté muerta ¿sabes? Todo lo que deseo es que Nikiforov te haga pedazos porque eso mereces ¿no lo ves? Las personas como tú merecen que les suceda una desgracia tras otra porque solo de ese modo pueden darse cuenta de que la vida no es como la fantasía de una representación de ballet. Te mereces el dolor, cerdo, te mereces sufrir más que nadie en el universo y te prometo que arruinaré la noche del estreno también, arruinaré tu vida porque eso mereces y ¿sabes qué es lo mejor? Que al menos Hiroko estará muerta antes de verte fallar en el escenario como lo has hecho toda la vida porque eres un fracaso, solo un jodido fracaso que ahora se ha conformado también con ser solo la ramera nueva de un estúpido cualquiera…
Sin poder evitarlo, Yuri empujó al rubio lejos de él provocando que en el escenario se hiciera de nuevo el silencio. El joven Katsuki se sentía enojado y dolido, profundamente herido pero no iba a darle el gusto a Yurio de verlo derrumbarse, él no quería quebrarse delante de aquel demonio de ojos verdes que esperaba destrozarlo por completo.
-Ser una ramera que se entrega a un estúpido cualquiera es mejor que ser alguien como lo que tú eres ahora- dijo Yuri intentando sonar firme-. Lo que soy ahora es mil veces mejor que ser alguien que es capaz de decir cosas tan bajas y viles como las que estás diciéndome en este momento…
-¡Ensayen de nuevo desde el principio!- dijo Minako a la desesperada dándose cuenta de que la tensión entre sus bailarines principales era demasiada-. Esto es un baile profesional, señores, sus disputas personales se pueden quedar fuera del escenario…
-Dile eso a tu cerdo- dijo Yurio levantando la voz-. Soy yo el que debería pedir detener esto ¿por qué me haces bailar con un estúpido como él? Es tan torpe, tan poca cosa…
-Yuri, por favor- dijo Minako sin saber muy bien si era buena idea continuar con aquello-. Eres un profesional Yuri, hazlo bien, por favor…
-Acabemos con esto- dijo el joven de los ojos marrones acercándose a Yurio para empezar el baile done lo habían dejado-. A mí también me da asco tocarte ahora pero ¿qué puedo hacer? bailemos bien y acabemos con esto…
Yurio volvió a tomar la posición de baile que los dos habían detenido antes y esta vez, para asombro de todos los presentes, los dos bailarines estaban entregando el alma al moverse al son de los violines que eran la música de fondo de un encuentro mágico. Yuri sabía que no podía bajar la guardia mientras estuviera cerca de Yurio pero decidió olvidarse de todo lo que el chico Plisetsky había dicho para dar lo mejor de sí mismo y al parecer estaba funcionando. O al menos era así hasta el último levantamiento en el que, con una sonrisa llena de maldad, Yurio lo soltó dejándolo caer sobre el suelo provocando que el joven Katsuki cayera sobre su rostro en la superficie de madera que lo recibió sobre ella con estruendo.
-¿Lo ves?- dijo el joven rubio sintiendo que quizá se había pasado un poco al ver que una alarmante cantidad de sangre manaba del labio y de la nariz del Rey Cisne que seguía mirándolo con los ojos vidriosos-. Eres tan idiota y tan poca cosa en el baile que ni siquiera sabes cómo caer. Y no llores, imbécil, levántate ahora y baila conmigo, guárdate esas lágrimas para el funeral de tu madre…
Aquella fue la gota que derramó el vaso. Sin poder contenerse más, Yuri se levantó del suelo y dejándose llevar por el dolor y la rabia cruzó el rostro de Yurio con un puñetazo antes de salir del escenario de forma rápida sin que le importara que Minako y todos los demás estuvieran gritándole que se detuviera. Pero Yuri no escuchaba, Yuri no sentía más que un profundo deseo de desaparecer, de no existir, de irse lejos a un lugar en el que las palabras de Yurio ni los dedos acusadores de sus compañeros pudieran perseguirlo jamás. Ni siquiera escuchaba la voz de Victor que se alzaba en medio de todas las demás. Él solo sabía que debía seguir corriendo y alejarse de aquellos que habían terminado por romperlo de verdad.
Nadie pudo alcanzar al Rey Cisne y Yurio se sintió estúpido de pronto como si el golpe que Yuri le había asestado hubiera sido un despertador que lo había traído de vuelta a sí mismo. Pero ya era demasiado tarde, era completamente tarde porque había logrado lo que había querido hacer: había roto el corazón del Rey Cisne, lo había roto en mil pedazos.
-Estás suspendido de mi compañía, puedes volver a Rusia cuando te plazca y demandarme con quien quieras- dijo Minako acercándose a él con una mirada airada que no auguraba nada bueno-. Aunque lo cierto es que deberías agradecerme por no presentar cargos en tu contra ya que heriste físicamente a mi protagonista a propósito y tengo a una compañía completa que testificará en tu contra…
-Yo…- dijo Yurio sintiéndose golpeado por las palabras de Minako-. Yo no quería que…
-Recoge tus cosas y vete, no vuelvas a acercarte a Yuri hasta que madures ¿quieres?- dijo la mujer con voz seca-. Admito que fue mi culpa por no detener esta locura a tiempo pero debes aprender algo muy importante de la vida aun, Yurio: no puedes herir a alguien de forma tan despiadada sin destruirte a ti mismo también. Así que arregla lo que tengas que arreglar dentro de ti pero hazlo lejos de mi compañía. Me ha tomado toda la vida construirla ¿sabes? No voy a dejar que un chiquillo malcriado arruine el trabajo de mi vida, quizá otros te dejaron hacerlo pero yo no…
-Minako…- dijo el rubio sintiendo que el mundo estaba derrumbándose a tu alrededor-. No puedo irme, yo no… el estreno, el estreno es en una semana y…
-Nos dejaste muy en claro que esta compañía y el estreno no te importan - dijo la mujer zanjando la cuestión-. Llamas inútil a tu compañero de baile pero eres tú quien todavía no aprende a controlarse lo suficiente como para no permitir que sus emociones lo lleven a actuar de un modo tan estúpido e irresponsable como lo has hecho. Cometiste errores de un novato, Yurio y si sigues así no llegarás a ningún lado. Piensa en eso pero hazlo lejos de mi compañía si no quieres que sea yo la que empiece un proceso legal en tu contra. Y por cierto quiero que sepas que no me costará nada conseguir un reemplazo para ti ¿sabes? En el mundo hay mil millones de bailarines imbéciles pagados de sí mismos como tú, así que encontrar a otro no me será difícil ¿No te gusta lo que digo? ¿No eras tú el que estaba alardeando de que la sinceridad es la panacea de este mundo? Pues yo estoy siendo sincera y amable contigo aunque no lo mereces. Vete ya, tu compensación económica por despido llegará al número de cuenta que le proporciones a Celestino pero no esperes que te demos una carta de recomendación. Buenas tardes…
Los pasos de Minako se dejaron escuchar en medio del escenario vacío donde Yurio se quedó de pie como aturdido, sin entender todavía qué demonios le había pasado. Delante de sus ojos solamente estaba la imagen de Yuri levantándose del suelo con su leotardo blanco cubierto de sangre. Sangre que él había hecho brotar. Fue en ese instante en el que las lágrimas comenzaron a correr por su rostro pero él sabía que eran lágrimas inútiles porque había destruido a Yuri y con ello no había hecho más que destruirse a sí mismo también…
