Estoy de nuevo por aquí, este capítulo es fundamental para lo que viene de la historia, pues es un gran parteaguas y los misterios poco a poco se irán deshaciendo, ya estoy más desocupada y tengo tiempo de subir capítulos más frecuentemente, así que esperenlos y sobre todo, no paren con sus reviews, eso me motiva a escribir más rápido. Hasta pronto chicas, XOXO.
Fuego.
Fuego por todas partes. Varitas alzadas, gente corriendo, un grito de una mujer a lo lejos. Edificios colapsando… en medio de todo ese caos, ese hombre. Encapuchado y con las manos descubiertas. Avanzando lentamente.
Tatuajes en los nudillos, una cicatriz en la palma de su mano.
Y ahí, justo entre las sombras del fuego: la Marca Tenebrosa.
Hermione abrió los ojos de golpe.
La luz se adentraba en el cuarto con poco afán mientras que las cortinas se movían con el aire que entraba de la ventana entreabierta. Hermione permanecía acostada de lado con los brazos a un lado de su cabeza, mientras intentaba estabilizar sus pensamientos y hasta su cama olió la lluvia que estaba por venir.
Cerró los ojos con fuerza para evitar marearse mientras se sentaba en el borde de su cama y se tallaba la cara para despertar. Los sueños la estaban matando.
Ahora que sabía que aquel hombre era real, no podía evitar tener más miedo que nunca. Y ahora, después de casi dos semanas del incidente, descubría que también tenía la Marca Tenebrosa.
"Así que después de todo el hijo de puta sí es un mortífago" pensó. Pero de eso en más, no sabía nada. Seguía en el mismo punto de inicio; porque a pesar de que tuviera nuevas pistas, no podía conectar ninguna ni hacerles sentido.
Draco Malfoy se había marchado y ya habían pasado tres semanas y media de eso. No tenía noticias, ni un indicio, nadie sabía nada y para acabarla, si Nott y Zabini sabían algo, huían de ella. Nott había estado vigilándola últimamente, sentándose detrás de ella en las clases y mirándola desde el Gran Comedor. Hermione suponía que era para ver si de casualidad la castaña se comunicaba con Malfoy, y sentía la necesidad de gritarle en la cara que ella tampoco sabía un carajo de donde estaba el rubio.
Además, aparte de estarse ahogando con la ausencia del Slytherin, Harry y Ron no se habían comunicado desde el incidente de Abergavanny, Hermione les había escrito, a ambos. Pero no había obtenido respuesta y hace ya dos semanas que eso había ocurrido. Estaba comenzando a volverse loca.
Hermione terminó de darse una ducha y se untó un poco de bezoar que Luna le había conseguido de la enfermería después de haber resultado herida tras el conflicto que tuvo con ese hombre de tatuajes raros. Días después de haber sido atacada, la herida había comenzado a infectársele, así que para no levantar sospechas, robó un poco de bezoar, en caso de que le hubieran hechizado con una magia tóxica. Aun así, todavía dolía bastante.
Se puso el uniforme y se decidió a bajar al Gran Comedor a desayunar algo, así quizá se quitaría de encima todo lo que la aquejaba.
El poltergeist de Peeves estaba haciendo un desorden y discutiendo con la directora McGonagall cuando Hermione pasó al Gran Comedor.
Fue a sentarse con sus amigos tratando vagamente de concentrarse en el tema que estaban discutiendo y en el partido de Quidditch de esa tarde, pero le resultaba casi imposible. Después de un rato, Ginny y Luna decidieron que estarían más cómodas desayunando en los jardines, así que Hermione las siguió hasta que encontraron una mesa en uno de los jardines cerca del Gran Comedor y decidieron posicionarse ahí.
―Me parece casi increíble la cantidad de tarea que deja el profesor Binns― decía Ginny mientras se sentaba y desenvolvía la manzana de una servilleta― ¡Lleva años aquí! Ya debería de importarle un comino dejar esos tontos ensayos de dos pergaminos.
—Es un fantasma, durará aquí toda la vida, no creo que le importe mucho— contestó Luna, dándole un sorbo a su zumo de naranja.
— Mione, te ves fatal— le dijo Ginny— ¿Has dormido?
— No mucho— dijo la castaña, saliendo de su ensoñación.
— ¿Qué tal va la herida? — preguntó Luna, señalando con la cabeza el costado de la chica. Hermione asintió levemente.
— Mejor, aunque todavía me duele si hago movimientos muy bruscos.
Ginny se inclinó sobre la mesa para que los que pasaban por ahí no escucharan de casualidad.
— ¿Has hablado con mi hermano o con Harry? — preguntó— No he recibido cartas de Harry en una semana, eso no es muy normal que digamos…
Hermione soltó un suspiro mientras se aflojaba la corbata.
— No, les he escrito, pero no he obtenido ninguna respuesta.
— Ron si me escribió— dijo Ginny, con manzana en la boca— Me pregunto por ti, está preocupado.
Hermione se removió en su asiente y alzó la mirada a su amiga pelirroja.
— ¿Ah, sí? — dijo, fingiendo que le importaba. Por el rabillo de ojo miraba a Theodore Nott y a Zabini sentados en una mesa con otros chicos de Slytherin, y Nott la miraba atentamente. Mientras Ginny terminaba de tragar, la castaña volteó completamente para mirar al castaño y Theo le alzó una mano levemente a modo de saludo.
Jamás había hablado con él, pero le correspondió el saludo.
— ¿A quién ves? — preguntó Ginny y como estaba de frente a la castaña, se giró para mirar a quien saludaba Hermione.
— Nott— respondió Hermione, encogiéndose de hombros mientras probaba un bocado del pan de elote que yacía en la mesa. Ginny se giró de vuelta a ella.
—¿Ese Slytherin? ¿Son amigos? — preguntó la pelirroja.
— No— dijo Hermione, simplemente. Sin querer dar explicaciones de nada y es que simplemente, no había que darlas.
— Bueno, te decía— continuo la Weasley— Me escribió para ver como estabas. Le importas, Hermione, más de lo que tú crees.
— Pudo haberme respondido una carta de las que le mandé y de paso preguntarme exactamente lo mismo— dijo la castaña, mirando el periódico Quisquilloso de ese día que Luna había traído.
Ginny dio otro mordisco a su manzana y negó con la cabeza.
— Tiene miedo de decir algo que no te guste. Dice que quiere darte tu espacio para que vuelvas cuando estés preparada.
Hermione hizo lo posible por no poner en su rostro la mueca amarga que estuvo a punto de florecer en sus facciones. ¿Cómo explicarle a Ginny? Ron la había decepcionado tantas veces, con Lavender, después todos estos años haciéndola llorar, arruinando su baile de Navidad en cuarto grado. La castaña quería al pelirrojo, lo había amado con todo su ser, pero él se dio cuenta demasiado tarde que quería estar con ella.
—Yo…— Hermione dio un suspiro— Yo no volveré con Ron, Ginny.
La pelirroja puso una cara confusa. Luna también se giró para mirarla, extrañada.
— Sé que mi hermano lo arruinó bien y bonito la última vez, Herms— le dijo Ginny— Pero te ama y está dispuesto a venir por ti y hacerte feliz en cuanto acabes este curso.
Hermione apretó los labios y a su mente vinieron imágenes. El verano que estuvo con Ron fue maravilloso, dentro de lo que pudo esperar, estaba más enamorada de él que nunca, pero luego la había ignorado y había terminado con ella por una decisión que ella consideraba importante. Y luego estaba Malfoy… Hermione sabía que sus sentimientos hacia el rubio todavía no podían ser expresados en voz alta, pero en su mente por lo pronto, no había alguien más.
— Ginny— la castaña negó con la cabeza— Quiero bastante a Ron, con todo mi corazón, pero ya no le amo.
— Si ya no le amas no tiene sentido que aprietes las cosas, entonces— dijo Luna tranquilamente.
Ginny miró a Luna con la boca abierta y luego a Hermione.
— ¡Has estado enamorada de él toda la vida!
— Ya no— le dijo Hermione, suspirando, mientras sentía el viento pegarle en la espalda y despeinarle los cabellos.
— Entonces deberías dejar de hablarle— dijo Ginny, alzando una ceja. Hermione la miró y la chica alzó las manos en señal de inocencia— ¿Qué? Yo solo digo.
— Lo haré si él decide que no podemos ser amigos— dijo, simplemente— Aunque me dolería bastante.
El cielo estaba nublado y el viento se llevaba las hojas secas y amarillas de los árboles por ahí. Hermione se sentía sola.
— Ay, Hermione— dijo Ginny, encogiéndose de hombros— Yo de verdad que no te entiendo. Por fin se dio cuenta de que estaba enamorado de ti y tú desaprovechas esa oportunidad.
— Las personas no son oportunidades, Ginevra— le dijo Hermione, armándose de paciencia— Son personas y ya.
— Lo entiendo, Herms— Ginny se llevaba unas uvas a la boca— Pero Ron te conoce mejor que nadie. La verdad es que mucha suerte encontrando a alguien de nuevo— dijo riendo levemente— Ya vez, que le guste estar horas en la biblioteca y todo eso…
Eso fue la gota que colmó el vaso. Hermione dejó el periódico en la mesa y miró a la pelirroja.
— ¿Qué quieres decir Ginny? ¿Qué nadie que no sea Ron me podría querer?
Ginny se atragantó con sus uvas.
— No, no yo…
— Olvídalo— Hermione comenzó a agarrar sus cosas para marcharse— No quiero escuchar lo que tengas que decir. Ron también asumía que nadie que no fuera él podría quererme, como si me estuviera haciendo un favor.
Ginny se puso de pie en cuanto Hermione lo hizo y la agarró del brazo. Luna estaba mirando a Ginny con cara de pocos amigos, indicándole que lo había echado a perder todo.
— Hermione, lo siento, yo no quise…
— Déjalo— le dijo la castaña, mientras se quitaba con brusquedad del agarre de la pelirroja, quien se quedó perpleja. Hermione se colgó bien su mochila y comenzó a caminar de vuelta al castillo.
— ¡Hermione! — le gritó Luna— ¡Espera!
Ginny también le gritaba, pero la castaña camino más rápido y desapareció en el interior.
…
Hermione caminó hasta los pasillos donde estaban las aulas donde tomaba clase para entregar trabajos y tareas, como los estudiantes comenzaban ya a prepararse para los EXTASIS, ese día solamente era para que fueran a entregar proyectos, ensayos y tareas y después podían irse.
Pero lo sentía, lo sentía tan cerca. Alguien siguiéndola, a través de las paredes y los pasillos. Pero de todas maneras, cada vez que se giraba para ver quien estaba, todo estaba vacío, ni un alma caminaba detrás de ella.
Hermione estaba harta, el estrés, la confusión y la escuela la estaban matando, además de que estaba enfadada con Ginny, enfadada con sus amigos por dejarla ahí sin saber nada, enfadada con Malfoy por haberse ido… Había decidido en el lapso de estas tres semanas y media, que dejaría la investigación a un lado hasta que Malfoy volviera, pues tenía la esperanza de que volviera pronto.
Ahí en el castillo, en su torre, la ausencia se sentía más horrible que nunca. Nunca pensó que extrañaría a ese imbécil, nunca pensó que le gustaría ESE imbécil y ahora estaba ahí, durmiéndose sintiéndose vacía, despertando con una esperanza de encontrárselo en la puerta. No sabía tampoco si el rubio se sentía igual que ella, y eso también la consumía viva. Besarlo era divertido, pero ¿y si para él solamente eran besos? No quería pensarlo.
Terminó de entregar sus trabajos y decidió volver a su torre a terminar otros más deberes que debía, y también porque era el único lugar donde no sentía que la perseguían.
Cuando hubieron pasado las horas, la castaña se puso unos jeans, unas botas cafés y un suéter café claro con cuello alto, pues ya hacía bastante frío afuera. Agarró una chaqueta y se marchó rumbo a las salas de entrenamientos de los chicos, pues le tocaba con ellos ese día.
"Ojos de amanecer" "Tú también tendrás la Marca" eran cosas que se repetía en su mente sin querer una y otra vez y de nuevo cuando salió a los pasillos, se sintió observada.
La sala de entrenamiento estaba hecha un mar de ruido y desorden cuando entró. Aunque admitía que los chicos estaban mejorando sus hechizos y contra hechizos bastante rápido y aunque al principio discutían por todo (una vez Gisele de Gryffindor le hizo la maldición tragacaracoles a Emmaline y la chica tuvo que irse a enfermería) ahora los chicos se llevaban mejor y estaban aprendiendo a trabajar juntos.
Connor estaba cargando a Blair, la más pequeña de los Slytherins de cabeza mientras la chica reía. Emmaline y Sara estaban jugando cartas en el suelo enseñándole a August a jugar y Stephen y Alan se perseguían con una chispa loca.
Hermione se quedó sin saber que hacer ahí recargada de brazos cruzados en el marco de la puerta cuando sintió una presencia a un lado de ella.
— ¿Cómo te va con eso de tener dos casas? — preguntó Annie quien se había puesto a un lado de ella acompañada de una chica rubia de Slytherin, riéndose mientras miraba el desorden que estaban armando entre ambas casas.
Hermione soltó una risa y se encogió de hombros, antes de que pudiera hablar, la chica de Slytherin miró a Hermione con una mueca extraña (ni de disgusto ni de placer) y luego se giró a Annie.
— ¿A que hora terminas?
Annie se encogió de hombros.
—Mis alumnos van muy mal— dijo, riendo levemente— así que probablemente un par de horas. Te buscaré.
La rubia la miró y Hermione lo supo: esas dos eran pareja. Una vez Hermione creyó oír el rumor de que Annie jamás había tenido novio, ni un beso, ni un "ligue" y ahora sabía por qué. No pudo evitar sentir que las estaba interrumpiendo, así que desvió la mirada hacia donde los chicos seguían jugando entre ellos.
La rubia se fue por el pasillo de vuelta a sus clases y Annie se quedó con la castaña.
— Así que… ustedes…— Hermione le sonrió a Annie y la chica se sonrojó.
— Oh, sí— dijo roja pero orgullosa— Lo estamos intentando y creo que vamos de maravilla.
Hermione le sonrió de vuelta y soltó una risita.
— Sí, lo supe en cuanto me miró de esa manera— le dijo y Annie se unió a sus risas.
— Es algo celosa — dijo— Pero solamente con las brujas extraordinarias, como lo eres tú. Te admira bastante.
—¿De verdad? — Hermione se sorprendió— No tenía idea, es decir, es una…
— ¿Slytherin? — Annie sonrió— Lo sé, los Slytherin son un dolor de pie— dijo, sus ojos grandes y negros estaba viendo a los chicos del torneo— Pero son fascinantes una vez que les quitas su armadura.
"Lo sé" pensó la chica, con la imagen del rubio en su cabeza.
— Te dejo, parece que tienes mucho trabajo que hacer— le dijo Annie, dándole una palmada y sin más, se marchó con los seleccionados de Hufflepuff.
Hermione había aprendido a apreciar a sus chicos, incluso a los de Slytherin, quienes eran fraternos, astutos y jugadores limpios, cualidades que muchas veces se apagan ante el prejuicio de que eran una casa racista y traidora, cuando no todos lo eran. Además, ninguno de la casa de la serpiente tenía el pensamiento supremacista de la sangre pura, August, de Gryffindor, era hijo de muggles y lo respetaban como a cualquier chico.
Después de entrenar un par de horas y medir sus avances, determinar que la chica de cuarto grado de Slytherin, Blair, era la mejor de todos ahí (la chica era la que más rápido aprendía) decidió que la clase terminaría antes, pues los chicos querían seguir jugando entre ellos un rato.
Les dijo que los vería la siguiente semana y se marchó rumbo al torneo de Quidditch entre Hufflepuff y Ravenclaw de esa tarde.
Pero de repente, algo en el aire cambió.
Hermione recorría uno de los pasillos desiertos del castillo cuando sintió como nunca antes la presencia de alguien tras de ella. Otra vez. Solamente que esta vez se sentía peligrosamente más cerca que antes. Hermione siguió caminando, pero tragó gordo.
"No te detengas" se dijo a sí misma mientras metía las manos a sus bolsillos y con la derecha apretaba la varita. "No mires atrás".
Siguió su camino, tratando de permanecer constante y repasando en su mente todo lo que sabía de hechizos de defensa en caso de que pasara la peor de las situaciones. Pero la presencia se comenzó a hacer más cercana, más cercana, Hermione lo sentía en medio del todo el silencio. Y entonces, lo sintió respirar a un lado de su cuello.
"Hermione Granger" murmuraron en su mente y la chica se giró con la varita en alto en un arrebato de desesperación.
Pero detrás de ella no había nadie.
Hermione apretó los labios y siguió con la varita en alto y los puños apretados.
— Da la cara— susurró, quedamente. Estaba segura de que había alguien ahí, estaba segura de que era aquel hombre.
"No estoy aquí" su voz, irreconocible, sonaba en su cabeza.
— ¿Dónde estás? — volvió a susurrar, dando vueltas sobre sí misma esperando encontrarlo.
"Estoy en tu cabeza".
Hermione cerró los ojos con fuerza, tratando de expulsar a quien fuera que estuviera haciendo eso de su mente y cuando los abrió, la sensación se había ido. La castaña bajó la varita, un poco más tranquila, pero en cuanto se volteó, dio un grito y se echó para atrás. Delante de ella, repentinamente, había aparecido Theodore Nott.
— Wo, wo— le dijo, alzando los brazos y calmándola cuando Hermione le apuntó con la varita— No creí que fueras tan agresiva, Granger.
Hermione entrecerró los ojos y bajó la varita.
— ¿Nott? ¿Qué haces aquí?
— Yo…— el chico pareció pensársela un rato— Pasaba por aquí. Ya sabes…
— ¿Me has estado siguiendo? — preguntó. Últimamente lo veía en todos lados y alguien la estaba acosando así que era su mejor conjetura.
— ¿Qué? — el chico tomó una expresión de estupefacción— No, no claro que no… es solo que te oí decir algo cuando doblaba el pasillo— dijo el chico, con sus ojos verdes analizándola. Theo era un cabezón, pero esta vez parecía sincero.
La chica se dio cuenta que estaba conteniendo el aire y lo soltó sonoramente mientras guardaba por completo la varita en el bolsillo.
— Es solo… Pensé que alguien me seguía— dijo finalmente, restándole importancia con un mohín.
— ¿Todo en orden? — preguntó, mirando a todos lados a ver si veía a alguien. La castaña asintió.
— No te preocupes.
El chico la miró con una expresión que Hermione no pudo leer.
— Bien, te veo después— le dijo y se marchó.
Hermione se quedó unos momentos ahí, de pie, pero finalmente se acomodó el cuello de la chaqueta y continuó hacia su destino.
….
Había banderas por todas partes, los chicos gritaban de un lado a otro. Hermione decidió que necesitaba relajarse un poco y paso a sentarse junto a Annie y otros chicos, quienes ya habían llegado y se habían apostado una buena cantidad de galeones por sus equipos. Ginny estaba sentada junto a Luna y Seamus y Hanna, pero seguía bastante enfadada con su amiga pelirroja como para ir con ellos.
— ¡Daniel es bueno, pero no tan bueno como William! — decía Annie, cruzándose de brazos. Hermione se sentó junto a ella y la pelinegra le dedicó una sonrisa de bienvenida mientras todos los chicos se recorrían para dejarle un asiento. La castaña volvió a sentir que jamás recibía esa clase de atenciones.
Daniel Avery jugaba en el equipo de Ravenclaw, aunque decían que se había perdido varios entrenamientos por tareas y exámenes, y que aunque fuera muy bueno, estaba de mala forma. Hermione incluso se unió al centro de apuestas y apostó por Ravenclaw, que era su casa favorita después de Gryffindor, mientras Annie le murmuraba "traidora" con expresión chistosa.
El partido empezó y comenzó a ponerse más bueno que nunca. Daniel era el mejor del equipo, pero el otro chico al que se refería Annie estaba haciéndole difícil el trabajo.
— Te lo dije— le decía Annie señalando a su compañero de torre— Avery es bueno, pero piensa mucho lo que va a hacer, si simplemente lo hiciera…
Annie era una excelente acompañante; y como era aficionada al Quidditch, de tanto que comentaba y explicaba a Hermione algunas cosas, la chica se distraía de pensar y le agradecía eso a la Premio Anual de Hufflepuff infinitamente.
Hermione se levantó para comprar unos dulces cuando un zumbido se apoderó de sus oídos. Por el rabillo del ojo, vio que Annie cambiaba su expresión a una de horror y en un movimiento rápido, la agarraba del brazo y la tiraba el suelo.
El fuego fue lo siguiente que vio Hermione. La Bludger había impactado con la grada en la que estaba Hermione y esta estaba a punto de desmantelarse por completo.
Hermione se enderezó del piso mientras Annie tosía y miró a su alrededor. Todo era un caos, una nube de humo se extendía por todos los estudiantes y los envolvía.
— ¡Salgan! — les grito, haciendo vociferador con su varita— ¡Ahora!
Todos los chicos comenzaron a salir despavoridos hacia las escaleras, para bajar de la enorme grada.
— Carajo— dijo Annie, mientras se limpiaba la sangre de la frente. Hermione vio que tenía una herida ahí por efecto de la caída.
— Tienes que salir ahora Annie, ayuda a los chicos, yo iré al final.
— ¿Qué? ¿Estás loca? — la chica se puso de pie, estaba gritando— ¡No voy a dejarte aquí sola!
—¡Estás herida! — le gritó Hermione, mientras con su varita echaba chorros de agua que apenas y podían mermar un poco el fuego para que los chicos pasaran.
Annie se tapó los oídos y gritó. Hermione la agarró del brazo y le repitió la orden.
—¿Annie? ¡Annie! — le decía, indicándole que saliera con los chicos.
— No oigo— dijo entonces, mirando a Hermione. No alarmada, pero si muy confundida, le agarraba las manos y negaba con la cabeza— Hermione. No escucho nada.
Hermione casi quiso ponerse a llorar. Seguramente sería una sordera parcial, pero no quería arriesgarse más. La chica la agarró y murmuró con sus labios un lo siento antes de lanzarla por la grada.
Justo cuando Annie iba a tocar el suelo, la castaña pronunció un aresto momentum para que aterrizara despacio, esperando que alguien la pusiera a salvo.
Comenzó a gritarles a los chicos que fueran saliendo lo más fluidamente posible, pero cada vez que los chicos se movían y llegaban hasta las escaleras, la grada se balanceaba y tronaba bajo su peso. Hermione sabía que en cualquier momento esta se vendría abajo y no tendrían manera de sacarlos a todos sin rasguños de los escombros.
Hermione pronunció un montón de encantamientos tratando de mantener recta la grada en lo que los chicos salían y comenzaban a bajar las escaleras a toda velocidad, y aunque el fuego se calmaba y no los alcanzaba una vez en las escaleras, el humo los estaba dejando sin respirar.
Cuando la Gryffindor fue la única que quedó en la grada se apresuró a irse a las escaleras y comenzó a bajar a toda velocidad. Cuando llegó hasta el suelo y salió vio a la chica rubia de Slytherin sostener a Annie mientras la chica trataba de llegar a Hermione y al parecer, seguía sorda. Todos los chicos se abrazaban y los profesores comenzaban a contener el fuego y los cimientos con magia.
— ¡No! — se escuchó una chica de Hufflepuff— ¡Mi hermano sigue adentro! — dijo, señalando el edificio— ¡Por favor!
Hermione la miró. Ginny y Luna llegaron hasta ella.
— ¡Hermione! ¿Estas bien? — le decía Ginny, preocupada. Pero Hermione no la escuchaba.
Se quitó la chaqueta y se la dio.
— Sostenme esto— dijo y se fue de regreso a la grada.
Escuchó los gritos de Luna y de Ginny pidiéndole regresar, pero no les hizo caso. Justo a mitad de las escaleras se encontró al chiquillo, que estaba asustada sentado en una mientras se tapaba los oídos y miraba abajo. El fuego había alcanzado las gradas y las vigas se estaban derrumbando.
Hermione llegó hasta él y lo levantó.
— ¡Hey! — le dijo y el chiquillo volteó con ella. Era un Gryffindor. — ¿Cómo te llamas?
— Matt— le dijo, al parecer era de primer grado. Debía de tener once años.
— Matt, agárrate de mí ¿entendiste? Saldremos de aquí.
El chico asintió y la castaña lo abrazó y lo pego a su cuerpo.
Hermione miró la salida y apuntó. Vio el rostro del hombre en su cabeza, pero lo hizo a un lado. Alzó más la varita.
— Ascendio.
Ambos salieron disparados hacia la salida, y cayeron justo en el pasto del campo de Quidditch. La chica de Hufflepuff se fue a abrazar a su hermano y le dio las gracias a Hermione, mientras una figura varonil la ayudaba a levantarse.
— ¿Estas loca? — Daniel la puso de nuevo de pie— ¡Pudiste haber muerto!
— Gracias por la confianza, Avery— le dijo la chica, recargándose en sus rodillas mientras tomaba aire. El muchacho iba con el uniforme de Quidditch de Ravenclaw y con la escoba en la mano.
— Aun así, fue fascinante— le dijo el chico, dándole una palmada en el hombro mientras la chica sacaba una carcajada.
— ¡Todos los años pasa lo mismo! — decía McGonagall mientras apagaba todo— ¡¿Me pueden decir quien rayos se encarga de fabricar estas gradas?! ¡Todos los malditos años! ¡Todos!
Hermione vio como trasladaba a Annie a la enfermería, y su novia de Slytherin le daba un asentimiento a lo lejos a modo de agradecimiento antes de irse tras la camilla, Hermione le devolvió el gesto.
— Tendré que quedarme a ayudar— dijo Avery— Apuesto que fue culpa de los Hufflepuffs, pero sospecho que McGonagall no tendrá piedad de nosotros.
— ¡Esa bola fue de ustedes! — decía uno de Ravenclaw.
— ¡Su bateador es un agresivo! — le contestó el de Hufflepuff.
— ¡Dejen de discutir! — decía McGonagall— ¡Los equipos de Ravenclaw y de Hufflepuff se quedan! ¡Todos los demás adentro! ¡Ahora!
Hermione se volvió a poner sobre sus rodillas. Daniel volteó con ella, preocupado.
— ¿Cómo esta Annie?
— Sorda— dijo la castaña— Pero estoy segura que no es permanente. La señora Pomfrey hará algo, ya lo verás.
— ¿Podrías checarla por mi? — le dijo Daniel— Es mi compañera. No quiero que le pase nada.
Hermione asintió.
— No te preocupes, estará bien.
— ¡vengan ya! — gritó de nuevo la directora.
Hermione respiraba pesadamente, le dio unas palmaditas en el pecho.
— Yo acabo de hacer el ejercicio que nunca había hecho en mi vida, así que, ánimo— le dijo y Avery soltó una carcajada para después irse corriendo justo a dónde estaban todos.
En ese momento Ginny y Luna llegaron corriendo hacia ella.
— Tú si que estas loca— le dijo Luna, sacudiéndole el polvo— Pudiste haber muerto.
Hermione soltó un suspiro.
— Será mejor que me vaya a la torre, creo que si sigo respirando moriré— dijo, sintiéndose todavía muy agitada.
— Hermione…— Ginny dio un paso adelante hacia ella, pero Hermione seguía evidentemente herida con ella, así que le dedicó una mirada que lo indicaba y simplemente, sin decirle nada, la castaña se marchó de nuevo hacia su torre.
…
La torre estaba caliente, la duquesa había desaparecido de la puerta, pero seguramente estaría tomando el té con sus amigas del otro cuadro, así que le dio igual. Hermione traía el cabello rizado suelto, sujeto solamente con dos trenzas que se juntaban en el medio, pero sentía su cabello hecho un nido de pájaro.
Le dolían sus costillas, sus pulmones y todo adentro. Mientras caminaba hasta su cuarto pensó en el hombre de los tatuajes, que ahora sabia que era un mortífago y que estaba en inmiscuido en el asesinato de esa banshee en Abergavanny, sabía que había encontrado la manera de meterse dentro de su mente y seguirla a través del castillo, pero no sabía cómo lo hacía.
La marca seguía en su pecho, pero aunque había consultado todos los libros de Runas Antiguas, no encontró nada sobre ella.
Hermione solamente quería dormir y olvidarse de todo eso, quería dejar de pretender que todo estaba bien unos momentos.
Abrió la puerta de su habitación rápidamente y con la mirada gacha comenzó a quitarse la chaqueta. Pero al levantar la vista, se detuvo.
Frente a ella estaba Draco Malfoy.
Tenía ojeras, aunque menos que antes, el cabello rubio despeinado y las manos en los bolsillos de su pantalón oscuro. Estaba vestido con un suéter. Su mirada ardió en cuanto la miró y Hermione se quedó sin respiración, simplemente viéndolo.
— Tardaste en llegar, Granger.
Hermione quería hacer muchas cosas: pegarle, gritarle, reclamarle por haberla dejado y desaparecido con ninguna explicación mas que una emergencia familiar, quería gritarle que estaba enamorada de él, que lo quería junto a ella, que se sentía perdida, pero en vez de eso solamente pudo hacer una cosa.
Se terminó de quitar la chaqueta, la aventó al piso y se lanzó a sus brazos.
Continuará…
