Disclaimer: Nada de lo que reconozcan me pertenece, los personajes son de la maravillosa Stephenie Mayer. Solo me divierto con ellos junto a mi imaginación. La trama es mía.
Summary: Nueve años han pasado desde la última vez que Isabella sintió la felicidad en primera persona. Desde ese momento, su vida gira en una absoluta oscuridad; siendo presa de las decisiones de los demás. ¿Podrá la reaparición de alguien importante brindarle la fuerza que necesita para que, por primera vez, luche por su felicidad?
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¿Qué es la felicidad?
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Capítulo Beteado por IsabellMcEwan (Betas FFRT)
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Capítulo 13: Mi resaca, tu culpa
"No hay nada que se quede tan grabado en la memoria como el deseo de olvidarlo".
Michel de Montaige
BPOV
El sendero estaba completamente oscuro, no veía nada a mí alrededor como era costumbre. Seguí caminando con pasos inseguros hasta que mis pies se toparon con una roca. Sin pensarlo, me dejé caer sobre ésta y me senté. Recorrí el oscuro bosque con mis ojos, pero no podía ver nada, solo escuchaba mis respiraciones.
En algún momento, el cielo comenzó a esclarecer y por primera vez pude ver el bosque en su máximo esplendor. Una infinidad de un paisaje verde, y árboles se presentaron frente de mí. Miré hacia todas las direcciones completamente embelesada con el paisaje. Elevé mi cabeza hacia el cielo y cada vez el sol salía más del horizonte, iluminando tenuemente con sus débiles rayos.
Me maravillé al ver las mariposas que aleteaban a mí alrededor, algunas blancas, otras naranjas y con varias combinaciones de colores. Sonreí con todas las fuerzas, ¿hace cuánto tiempo no me sentía tan libre?
Pisé con mis pies descalzos el suave césped y caminé por los alrededores. Acaricié las plantas, visualicé la gran variedad de colores y aromas. Me acerqué hasta las rosas y me maravillé con la textura y el olor de una rosa roja. La llevé a mi nariz e inspiré su perfume, suspirando de satisfacción.
De repente mi cuerpo se tensó al sentir una mano apoyada en mi hombro. Quise darme vuelta para ver de quien se trataba, pero sea quien fuese el sujeto no me dejó moverme.
—Esa no es tu rosa —dijo su aterciopelada voz. Yo había escuchado esa voz antes, ya la conocía.
No respondí, me había quedado sin habla.
El misterioso sujeto me quitó la rosa de las manos y la dejó en un costado. Suspiró en la piel de mi cuello, causándome escalofríos en todo mi cuerpo. Cerré mis ojos y traté de regular mi respiración. Al abrirlos nuevamente, delante de mi rostro tenía una delicada rosa naranja. Subí mi mano hasta ella y la tomé en mis manos, sonriendo por alguna causa desconocida.
—Ahora sí —volvió a decir esa voz en la sensible piel de mi cuello, quitó la rosa de mis manos y la enganchó al costado de mi oreja derecha.
Volví a estremecerme pero no por miedo, sino por algún sentimiento desconocido para mí… pero era agradable. No estaba aterrada en un lugar extraño como pasaba en la mayoría de las veces, sino que todo se me hacía muy familiar… como si yo antes ya hubiese estado aquí.
Me di la vuelta decidida a conocer al extraño sujeto, pero cuando lo hice me encontré sola en el medio del bosque, cegada por la intensidad de los rayos del sol.
Sonreí por alguna extraña razón de felicidad y me tumbé en el césped, mirando fijamente al cielo sin dejar de acariciar suavemente la flor que descansaba en mis manos, buscando alguna forma en las escasas nubes que lo cubrían. Sentí a mi lado un movimiento, miré a esa dirección pero no podía ver su rostro, mi vista se concentró en el movimiento de su mano acercándose a la mía para tomarla y entrelazar sus dedos en los míos.
—Este es nuestro lugar, Bella —murmuró su aterciopelada voz—. Jamás lo olvides.
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Apreté mis ojos para tratar inútilmente que la claridad no me molestara.
Los rayos del sol se filtraban en las ventanas y me vi completamente cegada. Mi cabeza dolía como los mil demonios y mi garganta estaba seca y rasposa. Tomé una almohada y la apreté en mi cabeza, gemí de mal humor.
Cuando mí aturdimiento acabó, aparté mi cabeza del almohadón y entrecerré los ojos hasta que pude acostumbrarme a la luz del sol.
Un momento… ¿la luz del sol?
Me erguí sobresaltada para quedar sentada en la cómoda cama, miré hacia todos lados en busca de un reloj y cuando di con él, marcaban las dos de la tarde.
¡Woow!, ¿He dormido toda una noche sin levantarme sobresaltada por las pesadillas diarias?, esto era nuevo… completamente nuevo, y me asustaba… solo un poco.
Mis ojos recorrieron el cuarto. Nada me era familiar, todo era absolutamente extraño. ¿Dónde estaba? ¿Qué era este sitio? ¿Cómo llegué aquí?
Mi corazón comenzó a latir frenéticamente, me destapé y me fijé en mi atuendo. Aún tenía el vestido que usé ayer en la noche y no sé por qué motivo sentí algo de alivio.
Anoche.
¿Qué había pasado anoche?
Lo último que recordaba latentemente era haber hablado con mi hermano, mi cuñada y Edward.
Edward.
Mis ojos se abrieron grandemente. Recordé con episodios borrosos, haber tomado una especie de jugos que, a simple vista, se veían amigables; también se vino a mi cabeza la imagen desfigurada de Edward cuando un tal… ¿Quetza, Kun, Quil?, no lo recuerdo bien, se sentó a mi lado y Edward lo sacó de allí.
Me concentré en seguir recordando… música, apretujones, gritos, canciones… ¿hubo un baile? ¿Yo había bailado?
¡Dios! Mi cabeza estaba a punto de estallar.
Concéntrate Bella, concéntrate. ¿Qué más había hecho?
Que de seguro me había visto patética, ridícula y como una total idiota, era seguro. Solo esperaba que no haya pasado una total humillación de la que me arrepentiría toda mi vida, ¿Cómo vería a la cara a mi hermano? ¿A Edward?
¡Puta madre, era una completa idiota!
Suspiré enterrando mi cabeza en mis manos, tenía unas horribles ganas de llorar y… ¡el dolor de cabeza no me ayudaba en nada!
—Buenas tardes, bella durmiente —dijo una voz cálida entrando al cuarto.
Elevé mi cabeza de mi escondite y me quedé hipnotizada por un momento en los preciosos orbes esmeraldas que me miraban con preocupación, y con un intenso brillo en su mirada.
—Te traje un jugo de naranja y unos analgésicos, estoy seguro que lo necesitarás… ¿cierto? —inquirió burlón.
Gruñí y, cuando se sentó a mi lado, agarré el vaso con jugo y me tomé mitad de vaso en un solo trago. Gemí de satisfacción al refrescar mi garganta.
Escuché unas risitas a mi lado y entrecerré los ojos acusatoriamente.
—¿Qué es tan chistoso? —pregunté con voz ronca.
—Nada —contestó sonriendo.
Fruncí el ceño pero negué divertida. Era tan fácil hacer muecas extrañas junto a Edward.
Tomé la pastilla que me entregó y terminé el delicioso jugo de un solo trago. Luego, sacó una bandeja de vaya-uno-a-saber-de-dónde y la colocó encima de la cama, justo delante de mis piernas cruzadas en forma de indio, cubiertas por la manta.
—Como durmió tan profunda y pacíficamente que me daba pena despertarla, he preparado un almuerzo para los dos. —Sonrió—. He podido preparar esto, la cocina no es lo mío, pero sé que gustará, o eso espero.
Mi vista se centró en un delicioso plato con puré con una pata de pollo. Mi estómago respondió con un gruñido. Edward rió fuertemente y me pasó el plato, al cual lo agarré al instante.
—La pata para ti y el muslo para mí —dijo, burlón.
—Eso era algo sabido, sabes que es la mejor parte del pollo —tomé el tenedor y el cuchillo en mis manos y me dispuse a cortar la presa.
—Es discutible, pero si estás en lo cierto. Sé que esa es tu parte preferida. —Me guiñó un ojo y yo los rodé en respuesta.
Comimos en un cómodo silencio y cuando estuve satisfecha y mi dolor de cabeza cesó en gran medida, busqué en mi cabeza la mejor opción para comenzar con el interrogatorio.
—¿Puedo preguntarte algo? —dije con timidez.
—¿No lo estás haciendo ya? —devolvió la pregunta con diversión. Puse los ojos en blanco en respuesta—. Está bien, solo pregunta.
—¿Dónde estamos?
—¿Está perdida, dulce Bella? —enarqué una ceja.
—Evidentemente esta no es mi casa.
—Lo sé y tampoco la mía —dijo y rápidamente ante mi confusión agregó—: Es el departamento de Garrett y Kate, anoche en la salida del bar nos lo prestaron; no nos pareció una buena idea llevarte a tu casa.
Chasqueé mi lengua… ¿Por qué no me acordaba de nada?
—¿Ellos están aquí? —pregunté confundida.
—¿No te acuerdas de nada… nada? —quiso saber y lo noté algo nervioso.
Negué con la cabeza—. Lo último que recuerdo fue haber aceptado una gran cantidad de jugos que a simple vista se veían inofensivos, pero veo que no lo fueron. —Arqueé una ceja—. ¿Cómo es posible que haya perdido la cabeza solo con unos jugos frutales, Edward?
—Si te digo que no sé nada de lo dices, ¿me crees? —puso cara de perrito mojado.
—Te conozco, Cullen. ¿Por qué me diste alcohol cuando yo te pedí que no lo hicieras? —Jugueteé con mis dedos—. No estoy acostumbrada a tomar y solo con unas copitas me pongo algo… alegre.
—Lo siento, te juro que no fue mi intensión… pero… —se calló abruptamente.
—¿Pero?
—¿Lo encontré aburrido? —sonó como una pregunta.
—¿Aburrido? —repetí.
Algo me decía que cierto hermano mayor estaba implicado en esto. Antes de tomar el segundo jugo me había mirado sospechosamente y ahora entendía la razón del porqué de esas miradas.
—¿Te lo pidió Jasper? —pregunté.
—¿Eh? —se hizo el desentendido.
—Fue él. Él te dijo que me des alcohol porque sabe que me afecta rápidamente y quería verme hacer el ridículo. ¿Fue así?
—¿Cómo haces? —Preguntó confundido y luego abrió los ojos al percatarse que había echado al agua a mi hermano—. No te enojes con él, solo quería verte sonreír.
—¿Verme sonreír?
—Sí, Bella. Él me dijo lo difícil que le era verte tan triste y pensó que darte alcohol era una buena idea para hacerte desinhibir. Tendría que haberme puesto firme y hacerle entender que era mala idea. Lo siento —dijo cabizbajo.
Me quedé en silencio varios minutos. Me sentía muy mal conmigo misma, ¿Qué clase de daño me estaba permitiendo hacerle a mi hermano?, él era la única persona que siempre se mostró leal conmigo y yo le pagaba de la peor manera. Él extrañaba a su hermana y yo no hacía nada al respecto para hacerlo sentir bien. Jasper prácticamente estaba solo, nuestros padres decidieron darle la espalda hace muchos años y yo era la única familia de sangre que le quedaba. ¿Por qué no me di cuenta antes?, mi comportamiento era igual o peor que el de las personas que se hacían llamar padres. Había dejado a Jasper mucho tiempo solo y había aceptado solo verlo una vez a la semana desde que me mudé a Seattle, siendo que él era lo más importante que tenía. Lo único favorable que sacaba de esto, era que lo veía mucho más seguido desde que el amo y señor controlo todo se había ido y me había animado a salir de mi impuesta vida de mierda.
Y todo eso era posible gracias a la llegada de… ¿quién?
De Edward.
Ya no servía de nada no admitir que todo mi "cambio" se dio gracias a él. Desde que volvió a aparecer en mi vida, fue como si una fuerza desconocida se apoderara de mí. Quizás la descripción era algo exagerada, pero yo lo sentía así. Cuando estaba junto a Edward, la Bella de antes se moría por salir de lo más profundo de mí ser. Moría de ganas por reír abiertamente junto a él, bromear con él, reír con sus bromas y hacerlo sentir bien.
Solo quería ser la de antes y volver a empezar; mandar todo a la mierda y ser capaz de luchar por mi felicidad.
Pero cada vez que esos pensamientos intervenían en mi mente, me recordaba el enorme daño que le causé. Yo fui la principal culpable de todas nuestras desgracias y eso no tenía perdón.
Si lo volvía a lastimar, no podría vivir con eso a cuestas.
No dos veces.
—¿Estás muy enfadada? —preguntó Edward en voz baja.
Sacudí mi cabeza y me di cuenta que me había callado muchos minutos, perdida en mis pensamientos. Esbocé una sonrisa triste y negué.
—No, no es eso. —Aseguré—. Supongo que divertí a mucha gente, ¿no? —encogí mis hombros.
—Quizás —se hizo el misterioso.
—¿Me dirás lo que hice?
Hizo un gesto pensativo y luego respondió—: ¿Segura que quieres saber?
Me tensé—. ¿Tan malo fue?
—Muy, muy malo —aseguró, afirmando sus palabras asintiendo con la cabeza.
Oculté mi rostro entre mis manos. ¿Por qué carajos tuve que tomar esos malditos jugos?
—¡Hey! —Dijo Edward acercándose más a mí y descubrió mi rostro de mi escondite—. No te pongas mal, no fue tan malo.
—¿Qué hice?
—Además de hacernos conocer tus bragas negras a prácticamente todo el bar, nada. —Dijo casualmente.
—¡¿Qué?! —chillé horrorizada.
Edward comenzó a reír en fuertes carcajadas y golpeé su pecho lo más fuerte que pude. Sus risas no cesaban y repartí golpes seguidos por su fuerte pecho, maldiciéndolo por mentirme y tomarme el pelo.
—Espera… espera… —decía entre risas.
—Eres. Un. Mentiroso. —Contesté, golpeándolo suavemente una y otra vez.
—Era… una broma… para… ¡au! —siguió riéndose a carcajadas.
Volví a pegarle una vez más pero esta vez él fue más rápido y logró recostarme en la cama para colocarse arriba mío —soportando todo su peso con sus antebrazos—, tomó mis manos fuertemente con las suyas y las elevó sobre mi cabeza; dejándome paralizada y con la respiración agitada.
Mi pecho subía y bajaba al igual que el de Edward. Habíamos quedado más cerca de lo que pensé y sus ojos verdes me miraban fijos, con una fuerte intensidad.
—No hemos visto tus bragas, Bella —rodó los ojos—. Lo único gracioso que hiciste fue pararte junto a las demás mujeres en los sillones y bailar como loca, además de dañar gravemente mi sistema auditivo con una tonta canción de elefantes.
—¿Elefantes? —pregunté confundida.
—Sí y por tu culpa tendré pegada esa canción todo el día.
—¡Oh, lo siento! —dije sarcástica—. Habrá sido mi borrachera, pero fue por tu culpa.
—¿Mi culpa? —elevó una ceja y sus manos viajaron a mi cintura.
Cerré mis ojos unos segundos al verme abrumada por su cercanía.
—T-Tu me di-diste los t-tragos y y-yo los b-bebí —dije con dificultad.
—Me gusta tu confianza en mí —sonrió cálidamente y volvió a mirarme, alejó su brazo de mi cintura y la llevó a mi frente para apartar un mechón de cabello—. Tu cabello sigue siendo una maraña cuando te levantas.
—Gracias supongo, señor portador de un cabello perfecto —rodé los ojos y su cuerpo tembló a causa de la risa, mandándome descargas eléctricas en todo mi organismo.
Volvimos a mirarnos a los ojos sin despegarnos en lo más mínimo. Su vista bajó a mi boca y yo inconscientemente mojé mi labio inferior con mi lengua y lo mordí. Sin darme cuenta mis manos, antes inertes al costado de mi cuerpo, subieron hasta engancharse en la fuerte y ancha espalda de Edward. Él cerró los ojos y volvió a mirarme, aunque esta vez sus ojos se mostraban más oscuros que de costumbre.
Voló a mi cabeza una imagen algo parecida.
La cercanía junto a Edward, si bien era nuevo estar tan cerca y juntos desde que nos volvimos a ver, no lo sentí como algo extraño. Sentía como si nosotros ya hubiéramos estado en una situación similar. ¿Era eso posible?
—¿Edward, nosotros…? —pregunté en un murmullo, sin dejar de acariciar su espalda, que en algún momento comencé a frotar.
—Nosotros… —me alentó a seguir… ¿esperanzado?
Me quedé en silencio ante otro flash borroso. Visualicé que estaba en una cama, abrazada junto a Edward y nuestros rostros muy juntos —incluso más que ahora—, yo le decía… ¿bésame?
Me tensé… ¿podría ser que le haya dicho eso? O ¿lo había soñado?, esperaba que lo segundo fuera lo que sucedió, no me perdonaría volver a lastimarlo, esto estaba mal.
Sacudí mi cabeza y alejé las confusas imágenes de mi cabeza. Al abrir mis ojos Edward volvía a mirarme intensamente, pero queriendo descifrar qué era lo que pasaba por mi cabeza. Siempre había sido muy bueno leyéndome a través de mis ojos o gestos.
—¿Hay algo que quieras preguntarme? —inquirió.
Muchas cosas en realidad, pero no sabía cómo decirlas o formularlas. No podría decirle: «Oye Edward creo que nos besamos, ¿es eso cierto?», me moriría de la vergüenza.
—C-Creo que no —dije tartamudeando.
Mi vista se concentró en su boca y quise lanzarme sobre ella. ¿Cómo voy a pensar algo así?, el alcohol hacía lo que quería conmigo.
¿Cuántas veces me había perdido horas y horas besándolo, disfrutando de cada contacto con él? ¿Cuántas veces había vuelto a revivir esos maravillosos momentos en mi mente?
Tenerlo prácticamente arriba mío, sintiendo todo su calor corporal sobre el mío, solo me hacían recordar a esas infinidades de veces que solo estábamos los dos, siendo Edward y Bella y disfrutando del estar juntos, solos los dos.
Me fijé en sus labios, tan apetecibles… conocidos pero desconocidos a la vez. ¿Tendrían el mismo sabor? ¿Me volvería a sentir en las nubes al rozar sus labios con los míos? ¿Serían tan cálidos como recordaba?
Quiero besarte.
—Hazlo —respondió Edward en un murmullo, chocando su frente con la mía.
¡Oh, por Dios!
Abrí los ojos sorprendida, quise golpearme y quedar inconsciente. ¡Había pensado en voz alta, maldita sea!
—Y-Yo… —dije con las mejillas en llamas, sintiendo como mi respiración se volvía errática.
—Como había extrañado tu rubor, pequeña —dijo Edward acariciando mi mejilla tiernamente.
Me había vuelto a llamar pequeña… ¿Cuánto tiempo esperé para volver a escucharlo de sus labios?
Clavé mis ojos en los suyos y como una especie de imanes, nuestros rostros comenzaron a acercarse, sentí su respiración en mis labios y sin darme cuenta cerré los ojos preparándome para el tan esperado beso. Nuestras narices se chocaron y cuando sus labios rozaron los míos mandándome una placentera descarga eléctrica recorriendo mi espina dorsal, yo llevé mis manos hacia su nuca jugueteando con los mechones de su cabello.
Su boca rozó la mía y yo incliné más rostro para, por fin, acortar la distancia y pegar sus labios a los míos. Solo pudimos acariciar suavemente nuestras bocas, ya que el ruido estrepitoso de la puerta abrirse nos hizo sobresaltarnos. Edward rápidamente rodó hacia un lado de la cama y yo por inercia me tapé hasta el cuello con la manta.
—¡Lo siento! —exclamó Garrett con los ojos bien abiertos—. Ya me voy y continúan —elevó las cejas y sentí mi cara arder.
—No, no te preocupes —dijo Edward saliendo del aturdimiento—. ¿Cómo estás?
—No mejor que tú —contestó con una sonrisa, mirándonos—. Por cierto, gracias por avisar que están con vida, me cansé de llamarte, aunque creo hacerme una idea del porqué no respondías.
—Ya para Garrett —regañó, el chico de cabellos cobrizos.
Sonrió y llevó su vista hacia mí.
—Hola Isabella-Bella, ¿Cómo te lleva la resaca?
—¡Garrett! —exclamó Edward.
—¿Qué? —Preguntó inocente—. Solo quiero saber cómo está, Kate tiene un humor de perros.
—Dejemos que se cambie, vamos afuera —Edward se levantó y me sonrió con ternura—. Ven a la sala cuando estés lista, el baño es aquella puerta —señaló con su dedo índice.
Tomó de la camisa a Garrett y lo arrastró —literalmente— hacia afuera, cerrando la puerta atrás de sí mismo.
Me levanté de la cama y, al hacerlo, se me dio todo vueltas como si estuviera en algún carrusel. Fui despacio hacia el baño e hice mis necesidades, que por cierto mi vejiga había aguantado mucho tiempo. Una vez que acabé, me coloqué frente al espejo.
Mi reflejo —por más que me veía como si un tren me acabara de atropellar y luego volví a ser aplastada por un camión con acoplado—, me veía con los ojos encendidos, como hace rato no los había visto. Mi cabello era más cercano a ser un nido de pájaros que un cabello en sí, pero le daba una forma chistosa a mi aspecto. Mi maquillaje había quedado una parte en la almohada y la otra corrida por mi mejilla. ¿Con este aspecto quería besar a Edward?
Me reprendí mentalmente… ¿En qué estaba pensando?
No le podía volver a hacer esto, él era la persona más buena, amable, cariñosa y divertida que conocía. Juré que no lo volvería a lastimar, y eso es lo que haré, trataría de sacarlo de mi memoria, manteniendo solo los hermosos recuerdos junto a él que jamás olvidaría.
No iba a cubrir su luz con mi oscuridad.
Salí del cuarto de baño y comencé a buscar mis zapatos… ¿Dónde los había dejado?; busqué debajo de la cama, entre las sábanas, por todos lados, pero no obtuve resultado.
—¿Buscas esto? —dijo una voz femenina a mis espaldas.
Me di la vuelta y en el umbral de la puerta estaba una hermosa mujer rubia, con su cabello cayendo en cascada por sus hombros y espalda. Si no recordaba mal, ella era Kate la prometida de Garrett, el mejor amigo inglés de Edward.
—Sí, gracias —contesté acercándome a ella para que me diera mis zapatos.
—¿Cómo te tratan las consecuencias del alcohol? —preguntó sentándose en la cama y palmeando su lado, para que me sentara allí.
—Apenas me levanté, fue horrible. Estaba perdida, con la sensación que mi cabeza era cortada en dos y una raspadora en mi garganta. —Me encogí de hombros—. Por cierto, gracias por brindarme asilo.
Kate sonrió—. En realidad debes agradecerle a Garrett, yo no estaba enterada de nada. No sé que mezcla hicimos anoche, pero estoy segura que no beberé en mi vida. ¿Puedes creer que apenas llegué a casa de Tanya vomité sobre la alfombra?
Negó poniendo una mueca de horror.
—Yo no he tomado en años, así que ya te imaginarás en qué estado estoy. No recuerdo nada.
—¿No te sientes como en la película "¿Qué pasó ayer?*"?
Me encogí de hombros—. No la he visto.
—¿No? —preguntó perpleja—. Bueno, podríamos juntarnos alguna tarde y la vemos… ¿Qué dices?
Parpadeé sorprendida. ¿Me estaba invitando a ver una película con solo una noche de conocernos?
—Quizás sé lo estarás pensando y dirás que soy una confianzuda, pero no es así —habló siguiendo el hilo de mis pensamientos—. Lo más probable es que pienses que no te conozco, y es la verdad. Pero… no lo siento así, yo ya te he visto antes, ¿sabes?
—¿C-Cómo? —pregunté confundida.
—Lo que escuchaste, sé que eres una persona importante para Edward y solo basta eso para que me caigas bien. Quiero a Edward como un hermano y en Londres nos hicimos muy cercanos, nos denominábamos "los tres fantásticos" —rodó los ojos—. Cuando dije que ya te conocía lo digo de verdad, husmeando una tarde en el departamento de él, encontré una foto tuya.
Mis ojos se abrieron muy grandemente.
—Obviamente no era actual, te veías muy jovencita… ambos, en realidad. —Suspiró—. Sé que pensarás que no tendría que meterme en esto, pero… no puedo evitarlo. Edward siempre ha sido un hombre muy bromista, bruto y espontáneo; pero desde que lo conozco lo veo incompleto, como si le faltara una pieza importante para ser el verdadero Edward. ¿Entiendes dónde quiero ir?
Clavé mi vista en mis manos, negando con la cabeza sin mirarla a los ojos.
—Lo que quiero decir es que, desde que volvimos a Seattle lo veo distinto. Está feliz, sonríe por cualquier cosa y hasta me dejó elegirle la ropa para el cumpleaños de tu hermano. Él jamás lo había hecho, nunca se preocupó por impresionar en algún lado. Isabella, Bella o como te guste que te llamen, tú estás haciendo regresar al verdadero Edward, el legítimo. Y sé que él te está ayudando a cambiar, yo no sé que habrá pasado entre ustedes y tampoco voy a obligarlos a que me lo digan… pero ¿no crees que nueve años son suficientes para intentar cambiar las cosas estancadas?
—Kate no es algo fácil de hablar y…
—Yo lo entiendo, te juro que lo hago. Pero si ambos se necesitan, ¿Por qué evitar las segundas oportunidades que nos da la vida?; como te dije antes, nunca lo vi así, ni siquiera cuando conoció a Emma.
Enarqué una ceja, ¿Emma? ¿Quién era Emma?
Cuando iba a preguntar mi duda en voz alta, la puerta de la habitación se abrió y entró Edward en ella. Nos sonrió y luego su atención se puso en mí.
—¿Quieres que te lleve a casa?, no debo ser la persona favorita de tu gorila uno —enganchó las manos en los bolsillos de su jean negro, esperando impaciente mi respuesta.
—Ehr… sí, claro. —Contesté, vi el reloj y marcaba casi las cinco de la tarde. ¡Vaya que se había pasado la hora!
Me puse mis zapatos y me levanté de mi posición. Me despedí de Kate y cuando llegamos a la sala hice lo mismo con Garrett. Me habían caído muy bien los dos, eran muy simpáticos y se notaba a leguas que amaban a Edward, me encantaba verlo rodeado de personas que lo querían y valoraban, él se merecía ese trato.
De ese departamento solo me fui con una duda urgente: ¿Quién mierda era Emma?
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Descendí del taxi y Edward pidió amablemente que el taxista esperara hasta que él volviese.
—Gracias por todo, Edward —comencé, a modo de despedida.
Él me miró fijamente y esbozó una sonrisa.
—¿No quieres preguntarme nada? —tiró su cabello para atrás.
Lo miré y mi cabeza comenzó a viajar, ¿Por qué sentía que me estaba perdiendo de algo?, y encima, creo que ya sabía para donde iban los hechos, no era para nada una casualidad de que hoy me haya levantado, si bien con resaca, con un humor mejorado por haber dormido toda una noche entera luego de años y años sin poder hacerlo.
—Erh… no sé —dije sinceramente, me sentía muy tímida de repente. Además que sospechaba que algo había pasado entre los dos, pero ¿quería saberlo?
—Cuando quieras, solo hazlo. Hasta luego, pequeña —me besó en la mejilla, muy cerca de las comisuras de mis labios.
—Cla-claro, hasta luego —contesté. Me sonrió y se encaminó hacia el taxi. Antes de montarse en él, volteó su cabeza en mi dirección y esbozó una sonrisa maliciosa.
Oh, oh.
—Por cierto Bella… —sonrió aún más—, tus besos son exactamente como los recordaba o incluso mejor.
Sin decir más, se subió al coche y éste rápidamente desapareció. Podría jurar que escuchaba sus carcajadas desde aquí, aunque sabía que eso era prácticamente imposible.
Yo me quedé petrificada, mirando sin mirar hacia el camino en donde él se había ido. Su comentario me dejó estúpida. ¿Entonces lo que sospechaba era verdad? ¿Si había pasado algo entre nosotros?
¿Por qué diablos me tenía que olvidar de las cosas importantes?
Suspiré exasperada por mi Alzheimer** repentino, ¿Qué estaba haciendo?, ¿Por qué habría actuado de esa manera?, ¿Por qué no me sentía para nada arrepentida si en verdad era que nos habíamos besado?
Porque te mueres de ganas de treparte encima de él, bobita.
Claaaro y volver a dañarlo, soy patética. —Me auto respondí en silencio.
Ahuyenté las imaginarias voces de mi cabeza y entré al edificio, me extrañó no ver a Tyler detrás de mí, pero no venía al caso. Saludé al conserje y me subí al elevador.
Al llegar a la puerta de mi departamento, saqué las llaves de mi cartera y la abrí. El piso se encontraba en perfecto silencio y tenuemente iluminado con los últimos rayos del sol de la tarde. A simple vista parecía no haber nadie, pero seguramente Bree estaría en la cocina.
Pasé por la sala para irme hacia mi habitación, pero me sobresalté al ver una figura humana en una silla giratoria. Ésta rápidamente se dio vuelta y dos ojos claros se clavaron en los míos mandándome dagas.
—Te estaba esperando, Isabella —dijo, con voz mordaz.
—¿Q-Qué haces aquí? —pregunté en un murmullo.
—¿Dónde estabas? —no respondió mi pregunta.
Me quedé muda, un poco asustada por el odio en su voz.
—¿Te has divertido?
—¿Por qué lo tendría que haber hecho? —devolví la pregunta en voz baja.
—Isabella, Isabella —chasqueó la lengua—. ¿Qué estás haciendo? ¿Se te olvidó cual era tu comportamiento a seguir? ¿Volviste a tu adolescencia y te sientes rebelde al aparecer a cualquier hora en tu casa, vistiendo así? —me señaló de arriba abajo.
—No sé de qué hablas —contesté tratando que mi voz no fallara.
—No sabes de qué hablo —repitió—. Mira jovencita, no sé qué te traes entre manos, pero no dejaré que sigas haciendo lo que se te da la gana. ¿Adónde fuiste? Y no me vengas con excusas porque sé perfectamente que Tyler no fue contigo.
Abrí y cerré la boca varias veces.
Piensa rápido Bella, piensa rápido.
—Vengo de terapia.
Enarcó una ceja—. ¿Un sábado?
—El jueves mi terapeuta no pudo atenderme y me pidió si podía ir hoy. Como ves, fue lo que hice —encogí mis hombros.
—¿Tengo que suponer que vistes con ese tipo de ropa para ir a terapia?
—Siempre me dices que cuide mi imagen para con los demás, esta vez eso hice. El vestido me pareció bonito y no recuerdo haberlo usarlo en alguna oportunidad.
—¿Piensas que me voy a tragar tu cuento?
Traté de mantener mi rostro imperturbable.
—¿Dónde piensas que iría, sino?, no soy una persona con vida social y tengo en claro cuáles son mis obligaciones.
—¿Dónde está Tyler?
Mantuve silencio tratando de que una buena idea se me formara en mi cabeza, pero no se me ocurría nada. ¿Qué podía decirle?
Mi salvación apareció cuando la puerta de entrada se abrió y dejó ver la gigantesca figura de mi guardaespaldas —ahora una de mis personas favoritas—.
—Ahí está Tyler, mamá —dije y para mis adentros suspiré de alivio.
—Buenas tardes, señora Swan. —Saludó el aludido.
—¿Dónde estabas?
—En el camino de regreso hemos tenido un problema con el auto, me quedé a tratar de repararlo en el estacionamiento, la señora Isabella subió antes que yo.
¡Oh Dios, adoraba a mi gorila!
—¿Se ha roto el auto?
—Hubo una falla en el sistema eléctrico del vehículo, aunque ya pude repararlo.
Renée lo miró asintiendo y luego llevó su vista hacia mí. Sabía que no estaba convencida del todo, pero no podía pensar de otra manera, las pruebas y excusas que teníamos eran muy convincentes.
—Puedes retirarte, Tyler; hablaré con mi hija. —Tyler asintió y desapareció del lugar.
Miré a mi madre y ésta señaló con la cabeza el sillón para que tomara asiento; eso fue lo que hice.
—Quiero que hablemos de lo que sucedió la semana pasada.
—¿Del recordatorio que dejaste en mi mejilla? —pregunté despreocupadamente.
—No seas insolente —siseó—. Además fue tu culpa, porque no era para ti.
Ah… bueno.
—¿Tengo que tomar eso como una justificación? —abrí mis ojos y Renée los giró.
—No tengo nada que justificar y menos a ti —escupió—. Lo único que voy a decirte es que no quiero que te juntes más con esa trepadora. Demasiado es aguantar que te sigues viendo con el traidor de tu hermano.
—¿Qué te hizo Alice?
—Esa pregunta está fuera de lugar, ¿no crees? —Cruzó sus brazos encima de su pecho—. Y otra cosa, estaré vigilándote. Pasado mañana te buscaré para una merienda en el Club.
Bufé sin omitir sonido.
—Hablé con tu padre hoy y todo está marchando perfecto. Podrías ser una buena esposa por primera vez y llamar a Emmett, él se pondrá muy feliz si te escucha.
—Ya hablé con él.
—Lo sé, pero te estoy diciendo que tomes tú la iniciativa, Emmett necesita que le recuerdes cada día que estas enamorada de él.
¿Enamorada de él?, ¡no me jodas!
—Sé que es lo que tengo que hacer, mamá. —Crucé mis piernas.
—A veces no parece. Últimamente estás rara, espero que no sea para preocuparme —sus ojos me escrutaban intensamente.
—No hace falta que te preocupes por mí, de hecho nunca lo hiciste —me encogí de hombros.
—¿Te das cuenta como no puedo mantener una charla contigo como dos personas civilizadas? Siempre me sales con esos comentarios sarcásticos, los odio.
¿Odias la verdad, mamá?
—Tampoco me acuerdo que hayamos tenido una charla en donde yo hablara de lo que me pasara —traté de mantenerme serena—. Digo…, las que tuvimos solo fueron para imponer diferentes cosas… pero creo que eso no viene al caso ahora, ¿no?
—Eres una malagradecida, siempre nos importó tu bienestar por sobre todas las cosas.
—El dinero no da cariño, mamá; pero ahora es tarde. —Sacudí mi cabeza—. Si no te molesta me gustaría ir a bañarme.
—Puedes hacerlo, no te retengo más —se levantó de la silla al igual que yo—. Busca algo sofisticado para ir al club, veo que después de todo aprendiste a vestirte como alguien de nuestra altura. Colocó su cartera alrededor de su brazo y volvió a mirarme . En una semana estarán de regreso y todo volverá a la normalidad.
¡¿Una semana?! ¿Solo una?, ¡Mierda, mierda, mierda!
Se fue sin despedirse, dejándome completamente asqueada por su comportamiento.
Al menos la naturaleza era sabia y no me dejaría comportar como ella.
Cerré la puerta de mi habitación con un portazo y me dispuse a ir a la ducha, la necesitaba urgentemente; me sentía pegajosa, con olor a fiesta, alcohol y… ¿perfume de hombre?
Enterré mi nariz en mi fina chaqueta y exhalé el perfume de Edward que había quedado prendado en él. ¿Cómo podía, después de tantos años, seguir oliendo igual?, el aroma de Edward era una completa intoxicación para mí, pero de la no quería salir.
Cerré mis ojos y las imágenes de hoy en la tarde se vinieron como un remolino. Estar tan cerca de él me hacía sentir como en casa, como si eso estuviera bien y sea mi lugar en el mundo.
¿Era muy malo volver a sentir todas esas emociones juntas?
Mi consciente sabía que tenía que alejarme de él para no volver a dañarlo, pero no era capaz de hacerlo. Tampoco su acercamiento ayudaba mucho, hoy habíamos estado a punto de besarnos y él parecía querer corresponderlo. Luego, ese comentario… ¿si nos habíamos besado ayer, entonces?
Maldito alcohol, maldita memoria que no me dejaban recordar qué había hecho anoche.
Si nos besamos… ¿cambiarán las cosas entre nosotros?
No debía dejar que eso ocurriese, debería alejarme temprano antes que tarde. Aún estaba a tiempo de salvarlo de mí, del horrible monstruo en el que me había convertido.
Edward me había dicho en una oportunidad que su hogar ya no estaba en Seattle, sino en Inglaterra. Él volvería allí ya sin rastros de mí en su vida, con nuestra historia completamente cerrada para volver a empezar y juntase con una mujer que realmente se mereciera. Podría hacer la vida que siempre soñamos juntos, solo que sin mí. Tendría un hogar cálido, una mujer cariñosa que pudiera llenarlo de hijos y amor.
Yo ya no tenía lugar en su camino, mi tiempo ya había acabado hace muchos años.
Fue lo más hermoso que me pasó en mi vida, sí… pero, debían quedar ahí… enterrados en mi memoria.
Dejé la chaqueta apartada junto a la ropa para lavar y fui hasta el baño a ducharme y despejar mi cabeza, la cual últimamente tenía más trabajo que de costumbre.
Una vez que salí del reconfortante baño y me cambié y sequé el cabello, fui en busca de algún ser viviente en el departamento. La primera en aparecer fue Bree, quien estudiaba en el mueble de su habitación, golpeé la puerta entreabierta y ella se sobresaltó al verme, pero igualmente me sonrió cálidamente.
—¿Cómo te fue anoche? —preguntó una vez que entré a su habitación con su consentimiento.
—Supongo que bien, aunque hay muchas que no recuerdo —contesté apenada.
—¿Por qué dices eso?
—Ingesta de alcohol —encogí mis hombros.
¿Te has emborrachado? —abrió los ojos desmesuradamente.
Mis orejas picaron de vergüenza, solo me limité a asentir.
—No te la puedo creer —ahogó una carcajada y luego se dio cuenta de lo que hizo, se sonrojó y murmuró apenada—: Lo siento.
—No te preocupes, sirvió para que aprendiera que no debo confiar en mi hermano en un bar donde hay venta de bebidas alcohólicas.
—¿Dónde pasaste la noche?, no me contestes si no quieres.
—¿Cuántas veces te dije que no me molestan tus preguntas, Bree? Somos amigas, ¿no? —asintió—. Me quedé con…
¿Cómo denominaba mi relación actual con Edward?, ¿un amigo?, ¿un exnovio?, ¿Mi primer amor?
—Edward —agregué simplemente, no tenía sentido que le buscara una denominación a su persona—. Él es alguien muy cercano a mí y a mi hermano.
—Entiendo, ¿fue una borrachera fea o…?
—No estoy para nada acostumbrada al alcohol, así que diré que fue horrible.
—Sé de eso, una vez salimos con mi hermana y un grupo de amigos y nos bebimos hasta el agua de los floreros. Yo fui la más perjudicada, terminé vomitando hasta mi nombre y ensuciando completamente el auto de un amigo. Hasta el día de hoy me siguen bromeando con ese tema. —Reímos—. Prometí no volver a beber luego de eso, pero fallé completamente.
El sonido del teléfono interrumpió nuestra improvisada charla, Bree se levantó rápidamente y fue en busca del aparato para poder contestarlo. Una vez que atendió, llegó hacia mí y me lo entregó.
La miré interrogativa preguntando quien era en silencio y me respondió con un encogimiento de hombros, sonrió y me dejó sola con el aparato en mis manos.
—¿Bueno? —pregunté.
Tu voz suena más pequeña por teléfono —dijo su aterciopelada voz y soltó unas risitas—. ¿Estás mejor?
—¿Edward? —mi corazón comenzó a bombear fuertemente.
—Ese fue el nombre que me pusieron mis padres, sí. —Volvió a reír.
—¿Cómo conseguiste mi número? —esto era extraño, pero no por eso mi pulso era calmo.
—Hum, lo conseguí luego de regañar a Jasper por lo que hizo… o bueno hicimos. Además de explicarle que estabas bien y que yo mismo te había dejado en tu departamento. ¿Te molesta?
—No, no… no es eso —interrumpí rápidamente—, solo me sorprendió.
—¿Eso es bueno?
—Supongo que sí —sonreí como boba.
—Genial —me lo imaginé sonriendo también—. ¿Cómo va tu dolor de cabeza?
—Mejorando, la ducha ayudó mucho.
—Me alegra escuchar eso —suspiró—. ¿Te gustaría salir alguno de estos días?
Mordí la uña de mi dedo pulgar—. ¿Cómo?
—Kate ha quedado encantada contigo y me exigió, si escuchaste bien, que te invitara a cenar en su departamento. —Mi estómago se retorció de emoción—. ¿Qué dices?... ¿te gustaría?
—Claro, cuenten conmigo —solté sin pensármelo dos veces.
—¡Genial! —exclamó contento—. Aún no sé cuando tengamos libre por el hospital, pero a penas sepa te digo.
—Gracias Edward, de verdad. —Dije.
—No me agradezcas nada pequeña, es un placer para mí —el nudo en mi estómago se intensificaba—. Igualmente, nos seguiremos viendo ¿no?
—Aún queda mucho Seattle por recorrer, ¿cierto?
—Gracias a Dios por ello —contestó, causándome una sonrisa.
Nos quedamos en silencio unos minutos, hasta que escuché de lejos que lo llamaban.
—Ya voy mamá —dijo. Ahogué una carcajada—. No te burles, no es nada fácil que te traten como un niño. —Bufó.
—No me estaba burlando, Eddie —me justifiqué con sorna—. Será mejor que vayas, no queremos hacer esperar a Esme.
—La verdad es que no, la hora de la cena es importante para ella, ¿ahora también tú me llamas Eddie?
Sonreí a medias, todavía detestaba ese apodo iniciado por su hermana.
—Siempre lo fue para ustedes, es el único momento en que se reúnen todos y comparten la mesa —mi voz sonó más triste de lo que pretendía—. ¿Nos vemos mañana, Eddie? —agregué rápidamente para que no notara mi cambio de ánimo.
—Por supuesto Bella. Entre tú y mi hermana van a volverme loco —rió—, hasta luego pequeña borracha y no tomes jugos de frutas, puede darte una buena resaca mañana —dijo con burla, rodé mis ojos.
—Mi resaca, tu culpa. —Contesté con una sonrisa. Escuché sus carcajadas del otro lado.
—Lo que te dije hoy en la tarde fue cierto. —Concluyó y finalizó la llamada.
Me tiré en la cama con una enorme sonrisa en el rostro, abrazando el teléfono en mi pecho, sintiéndome una adolescente en todo sentido de la palabra; las mariposas en mi estómago migraban por todo mi cuerpo.
Si solo quedaba toda una semana por delante, ¿Por qué no disfrutarla?
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¡Holaa! Antes que nada, lamento mucho la demora, pero tuve que quemarme las pestañas para un examen de la Universidad ¬¬ y, para colmo, hoy mi internet murió inexplicablemente. ¡Bendito vecino que me deja robarle el Wifi! jajajajajaj
Bueno, nuevo capítulo... ¿Qué les pareció? Si les gustó o no déjenmelo saber :), en este caso vemos la parte fea de la borrachera y, "aparentemente", Bella olvidó el beso... aunque yo no le creo mucho LOOL
Gracias, gracias y gracias por todo su apoyo; los favoritos, alertas y review's son mi motor de inspiración. De verdad, miles de gracias por dedicarle un tiempo a la lectura de la historia; lamento no haber podido responder los review's, lo haré apenas pueda :3
Bienvenidas a las nuevas lectoras.
Gracias a Amelia, mi linda Beta, que corrigió el capítulo, :3.
Sin más me despido y, como lo dije en otras oportunidades, en mi perfil podrán encontrar los links de mi Facebook y el grupo dedicado a mis historias, pueden enviarme la solicitud que con gusto los agregaré. O bien, les dejo el enlace: www facebook com/ groups /335389406582045/ (sin espacios y recuerden agregar los puntos)
¡Hasta la próxima actualización, buena semana para todos! (:
Abrazos de oso.
Alie ~
Gracias en especial a todos ustedes que se toman el tiempito extra de comentar en cada capítulo:
chiquitza, janalez, DANIELADRIAN, Gretchen CullenMasen, isaaa95, KarenMasenCullen, Gigi Cullen, robsten-pattison, lunatico0030, Ayin, Morgan Luna, Samantha, riu-123, Stupid-Lamb23, stewpattz, Noelle, tefy. Y, por supuesto, a las chicas del Facebook.
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Aclaraciones:
*¿Qué pasó ayer?: En inglés "The Hangover", es una película estadounidense que cuenta la historia de una desmadrada despedida de soltero en la que el novio y tres amigos se montan una gran juerga en Las Vegas. Como era de esperar, a la mañana siguiente tienen una resaca tan monumental que no pueden recordar nada de lo ocurrido la noche anterior.
**Alzheimer: es una enfermedad neurodegenerativa que se manifiesta como deterioro cognitivo y trastornos conductuales. Se caracteriza en su forma típica por una pérdida inmediata de la memoria y de otras capacidades mentales, a medida que las células nerviosas (neuronas) mueren y diferentes zonas del cerebro se atrofia.
