Pequeños Milagros
Autor: Quetzalli
Resumen: El tiempo se acaba y ahora que tienen al fénix negro falta esperar que no sea demasiado tarde para Josie. Dos secretos serán revelados y Sirius pagará las consecuencias de uno.
Parejas: Harry-Severus, Remus-Kingsley
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
N/A: ¡I'm still alive! Antes de empezar este capítulo quiero agradecer profundamente todos sus maravillosos comentarios, se que ha pasado muchísimo tiempo desde la última actualización y pensaba que me abrían olvidado cuando abro mi lista de comentarios y me encuentro con que debo contestar muchísimos. ¡Eso es maravilloso! Como no tengo modo de agradecerles, les prometo actualizar con mayor presteza.
Por eso, este capítulo está dedicado a todos ustedes que me han tenido paciencia y muy en especial a Naty Pino que me impulsó a regresar. Muchísimos besos y abrazos quetzalescos.
Capítulo 14
El tercer milagro
Un fuerte golpetear sacó a Severus de la cuidadosa observación del fénix, en el suelo como un muñeco de felpa que alguien ha arrojado. Su varita reposaba a unos centímetros, un recordatorio del conjuro que acababa de lanzar.
—¿Tienen las lágrimas?
La voz de Remus sonaba más grave de lo habitual, casi gutural, como si estuviera intentando controlar al lobo que vivía en su interior. Tenía una mano sobre el hombro de Severus para llamar su atención y el gesto se debatía entre la preocupación y una ira contenida.
—Las tenemos —respondió Draco quien seguía agachado junto a Harry, intentando acomodar al fénix lo mejor posible, pronto llegó Sirius a su lado y con un movimiento de su varita lo regresó a su forma humana.
—Tienen que terminar la poción —los apresuró Remus—, el medallón de Josie está empezando a oscurecerse, no queda mucho tiempo.
—¿Qué tiene que ver el medallón en esto? —preguntó Severus saliendo por fin de su letargo.
Los tres magos que lo acompañaban se miraron entre sí.
—Cuando esté completamente negro Josie habrá muerto —fue todo lo que dijo Remus antes de echarlo del salón de los menesteres— nosotros cuidaremos de Harry.
Morir. Su pequeñita estaba agonizando.
Con mayor velocidad de la que se permitía, Severus corrió por los pasillos hasta la enfermería donde lo recibió un cuadro espantoso. Josie respiraba con dificultad, estaba tremendamente pálida y con sólo ver sus labios entreabiertos Severus sentía que se le partía el corazón.
—Hay que terminar la poción —le dijo Draco, agitado por la carrera.
El proceso restante no era difícil, ambos lo conocían de sobra después de estudiar la famosa poción por días. Con mayor temor del que estaba dispuesto a aceptar, Severus vertió las lágrimas mientras seguía el proceso de transmutación que volvió el espeso líquido en un suave color dorado antes de terminar como una diluida poción escarlata.
Fue Draco quien embotelló la dosis correcta y se la entregó a Draconiss, Severus temía tirarla y acabar con todo el esfuerzo así que ni siquiera guardó el resto de la poción en los frasquitos encantados que la conservarían por años, de ser necesario. Lo único que atinó a hacer fue seguir al que fuera su alumno y ver desde una prudente distancia, igual que cualquier otro padre ansioso y preocupado, como le era administrado el remedio a su pequeña.
—Creo que todo saldrá bien —dijo Draconiss, después de observar a Josie por unos minutos que a Severus le parecieron eternos—, está reaccionando a la poción favorablemente —agregó con una sonrisa.
—¿No es maravilloso el milagro de la vida? —sollozó Azalea con los ojos ligeramente enrojecidos por el llanto.
—Es lo más asombroso que existe —le dio la razón Severus antes de sentarse en la cama más cercana, cubriendo el rostro entre sus manos—. Apenas puedo creer lo que hizo Harry.
—Ha peleado demasiado contra la Fiebre Puzzle para darse por vencido ahora —comentó Draconiss arreglando el cabello de Josie para cuando la niña despertara, le acomodó su pijama para que se viera linda y después de un rato de indecisión, tomó el medallón que pendía del cuello de la niña y lo sacó de su cuello estudiándolo cuidadosamente hasta convencerse que parecía ahora hecho de plomo.
—Ha agotado su magia —explicó entregándolo a Severus—, no sirve más que de recuerdo porque es muy pesado ahora para que lo lleve puesto.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó Severus considerando si Albus le había compartido la información a alguien más sobre el medallón y olvidó decirle las instrucciones a él o si omitió el secreto deliberadamente para fastidiarlo.
—Todos los medallones de protección que hizo Harry tienen esas características —dijo Draco incrédulo, como si no pudiera entender la pregunta de Severus.
—¿Ha-harry? No es posible… esto, era un regalo de Albus.
—Quizás él le enseñó a cómo hacer los medallones —comentó Azalea de forma práctica—. Harry entregó uno a cada paciente de la Fiebre, ganamos mucho tiempo gracias a ellos y salvamos muchas vidas.
—¿A cada paciente? —repitió Severus sintiéndose estúpido por preguntar.
—Incluso me dio uno a mí —dijo Draco mientras tomaba el medallón y lo estudiaba—. Aunque el mío no tenía ningún grabado y es más pequeño, ahora parece una moneda de plomo sin ningún valor. Creo que Harry siempre ha tenido sus preferencias.
—¿Qué insinúa Sr. Malfoy? —inquirió Draconiss fingiendo un enojo que estaba lejos de sentir.
—Bueno, los medallones de mis hijos tienen la figura de un animal simpático que hacía piruetas cuando limpiabas el medallón y el mío no tenía nada, pero esto es tres veces más grande, tiene dos animalitos y mucho trabajo de grabado —explicó Draco con su voz de erudito—. Eso demuestra que tiene favoritismos.
—¿Harry Potter con favoritismos? ¡Claro que no! —negó Azalea—, había noches que pasaba encantando esos medallones y eran conjuros muy complicados. Lo que pasó fue que ya no tenía tiempo de hacerlos "bonitos", los últimos ni si quiera tenían grabado y los de los adultos menos.
Severus recuperó el medallón, era la primera vez que lo veía bien así que le dedicó un momento al análisis profundo de las figuras, ninguna era un "animalito gracioso".
—La serpiente de Slytherin y el águila de Ravenclaw —dijo en voz alta—. Igual que la figura en la que se escondía el medallón.
—Harry pudo haberse dedicado a la fabricación de esas cosas y vivir tranquilamente en el anonimato y la riqueza —dijo Sirius al entrar al la enfermería, obviamente había escuchado lo último de la conversación.
—¿De qué cosas? —preguntó Draco para asegurarse.
—De las "estatuas oficiales por tu boda" —respondió galante el animago—, así las llamamos porque sólo entonces las regala Harry, son muy bellas. Recuerdo que le dio una de dos leones a Hermione y Ron. La de Remus y Kingsley es un lobo y un águila. Tal vez debo casarme para que me de una… La tuya era un águila y una serpiente ¿cierto Severus? Creo que fue la primera que hizo, nos preguntó a qué casa pertenecía Jodie y tuvimos que buscar en el anuario porque ni Remus ni yo nos acordábamos, como realmente no la tratamos.
—Creímos que era un obsequio de Dumbledore —dijo Severus, agradeciendo por estar sentado en una de las camas de la enfermería ante la revelación de que Harry Potter de todas las personas había bendecido su hogar.
—¿Por qué creerían algo así?
—¡Estaba junto a una nota de Albus!
—No envió la tarjeta entonces —comprendió Sirius—, estuvo pegándola y despegándola de la base varias veces antes de envolver la estatuilla.
—¿Por qué? —siguió preguntando Severus ante las miradas incrédulas de los presentes que nunca lo habían visto perder el control de esa manera.
—Kingsley lo invitó a tu boda, Remus quería que se distrajera porque había estado deprimido y una fiesta siempre es un buen pretexto para obligar a alguien a salir de su encierro voluntario. Al final no pudo asistir pero envió el regalo.
—¿Por qué no pudo asistir Harry a la boda? —preguntó Severus sintiendo un peso en la boca del estómago que le advertía sobre la respuesta.
—Lo aceptaron en San Mungo para prepararse como sanador un par de días antes, entre los requisitos está un examen general de salud y fue el único que Harry reprobó —explicó Sirius rascando su cabeza mientras intentaba encontrar las respuestas correctas—. Lo internaron por unos días.
—¿En serio les hacen un examen físico? —le preguntó Draco a Draconiss.
—Por supuesto, la sanadora Lucero C. Volador es muy cuidadosa de los alumnos para evitar parásitos como la señorita Larson, aunque no siempre es infalible —respondió ella sin ocultar su disgusto.
—¿Cómo sigue Harry? —preguntó Severus para evitar maldecir al escuchar el nombre de esa maldita mujer que había arriesgado la vida de Josie por una estupidez.
—Se recuperará pronto, ahora está dormido así que Remus me pidió que viniera a avisarles que todo está bien y a que me informara sobre el estado de Josie.
—Ella sanará —afirmó Draconiss luego de revisar de nuevo a la pequeña paciente.
—¿Por qué internaron a Harry antes de mi boda? —preguntó Severus aliviado por las noticias y sin dejarse distraer.
Sirius arregló un poco las mangas de su túnica en un claro gesto nervioso antes de aclararse la garganta y responder.
—¡Qué más da! Él nunca dijo que fuera un secreto —murmuró para sí—. Lo internaron porque tenía una ligera anemia y eso podía afectar su embarazo.
—Embarazo —repitió Severus comprendiendo lo que Harry había enfrentado a unos meses de haberse graduado, justo cuando la vida de todos parecía perfecta después de la guerra—. Necesito hablar con Harry.
Los presentes intercambiaron esas miradas incómodas que a nadie agradan hasta que Sirius habló:
—Entiendo pero ¿no crees que es mejor esperar un poco? Josie aún no despierta.
—Querrá ver a su papá en cuanto despierte —secundó Draconiss.
—¡No iré ahora! —refunfuñó Severus conteniendo un dolor de cabeza—, sólo quiero que esté informado de que necesitamos hablar.
—Yo le informaré —se atrevió a sonreír Sirius y fue entonces que Severus comprendió que había llegado el final de su carrera como amenaza de los merodeadores.
¿A dónde iría a parar el mundo ahora?
° ° ° ° °
Sabía que llegaría el momento en que Severus pidiera todas las respuestas, sólo había esperado que no fuera demasiado pronto pero después de lanzarle al hombre un Imperio era cuestión de tiempo, por eso el anuncio de Sirius no tomó por sorpresa a Harry, simplemente avivó el malestar en la boca de su estómago mientras esperaba en la soledad de sus habitaciones privadas en Hogwarts la llegada del hombre que amaba.
El hombre que quizás ya no lo amara a él.
No muchos perdonan una imperdonable, ¡por todo lo mágico! Por eso se les conocía como imperdonables.
—Josie te manda saludos —fue lo primero que escuchó desde la puerta.
La inconfundible silueta de su único y verdadero amor se dibujó ante la luz del exterior mientras Harry se preguntaba de dónde salían esos cursis pensamientos románticos, quizás del estar a oscuras por demasiado tiempo, exactamente desde que Remus y Sirius salieran para "darle espacio".
Severus avanzó por la pequeña estancia hasta llegar al par de sillones individuales cerca de la chimenea donde estaba Harry que lo invitó a sentarse frente a él con un gesto.
—Me alegro que esté… —con vida pensó pero decidió que no era lo ideal así que optó por un— mejorando.
Severus le dedicó una de esas miradas destinadas para los momentos en que los alumnos de Gryffindor decían justo lo que él quería escuchar antes de avergonzarlos profundamente con un interrogatorio que tenía como único objetivo descubrir que tan acertadas eran sus sospechas antes de determinar el castigo.
—Según Draconiss y Azalea fue gracias a cierto medallón que logró vivir lo suficiente para sanarla —la voz de Severus estaba cargada de un tinte adolorido que no le iba nada bien y no era ningún buen presagio—. Debiste enviar el obsequio con una tarjeta, así habríamos podido agradecerte Jodie y yo.
Por muy consternado que el Maestro en Pociones estuviera, nunca dejaría de ser el sarcástico profesor Snape, reflexionó brevemente Harry al escuchar cómo acentuaba el nombre de su esposa fallecida.
—Jamás pude decidir que escribir. Sirius estuvo supervisando la nota de Remus y Kingsley, corrigiendo cada palabra hasta que fue lo suficiente convincente y melosa, eso fue demasiado para mis nervios.
—No era necesario un editorial, sólo tu nombre —dijo Severus en su característica forma de hablar cuando el nombre de Sirius salía en la conversación, aunque sin el acostumbrado rencor.
—Tampoco creí correcto que recibieras un obsequio mío aún cuando no recordaras lo que pasó entre nosotros —musitó Harry conteniendo sus emociones en ese momento delicado.
—Hubiera sido embarazoso —reconoció Severus— si yo hubiera recordado lo que pasó entre nosotros. ¿Era tan difícil confiar en mí? —le reprochó sin contener la tristeza y el dolor— ¿acaso pensaste que te pelearía la custodia de Heather?
—¡No! —exclamó ofendido Harry antes de adoptar un gesto perdido—, no… sólo que no creí oportuno el momento. Al principio no creí que pasara nada y después no estaba listo para lo que decidieras, ya fuera permanecer con tu esposa o no, para cuando decidí que Heather merecía conocer a su otro padre… las cosas no resultaron como yo esperaba.
Hasta ese momento Severus había sido muy cuidadoso de hablar de su difunta esposa, pero ahora Harry casi pudo ver en sus ojos negros el momento en que él encontraba la pieza perdida en el rompecabezas que ellos representaban.
—¿Conociste a mi esposa? —preguntó sin ninguna inflexión en la voz, esperando que sus sospechas no fueran ciertas.
Harry desvió la mirada hacia un punto en el vacío, incapaz de ocultarle más la verdad a Severus y preguntándose por milésima vez si acaso le había ocultado la verdad por temor a su reacción.
—Remus me dijo que debía preguntarle al padre de Heather antes de nombrarla, de lo contrario me arrepentiría toda la vida por robarle la oportunidad a ambos de conocerse —empezó a explicar esperando que su voz no se quebrara—. Aún no había ingresado a trabajar en San Mungo para mi preparación como sanador así que entendí que era el momento oportuno. Tenía 4 meses de nacida Heather y yo contaba con un mes más para dedicarme a mis estudios, así que partí a buscarte.
Severus no lo interrumpió comprendiendo que era un momento difícil para Harry, pero su mirada presagiaba muchas preguntas.
—Llegamos una mañana soleada, recuerdo que había una mujer ofreciendo flores de mayo a la venta. A ella le pregunté por ti, era una mujer muy agradable que me recordaba a Molly, de inmediato señaló tu casa diciendo que aun lado tenías tu Apotecaria.
¡Nunca había visto una casa que reflejara tanto la personalidad de alguien! O por lo menos su jardín —intentó bromear Harry—, lleno de ingredientes para pociones, hermosos y cultivándose en perfecta armonía, pero todos, incluso las flores tendrían un propósito final.
Ella estaba regando el jardín con un movimiento de varita y en el momento en que la vi supe que no podía competir contra ella. ¡Incluso haciendo algo tan sencillo se veía elegante! Me sentí como un adolescente torpe junto a ella. Entonces me vio, me invitó a pasar y sirvió el té como acostumbraba tía Petunia cuando había una visita importante y todo lo que podía pensar era en cuan feliz debías de ser con ella, en un hogar cálido, lleno de amor.
Hablamos de muchas cosas sin importancia hasta que me miró fijamente antes de empezar un interrogatorio sobre la Orden del Fénix y lo injusto que sería obligarte a servir de nuevo justo ahora que empezabas a recuperarte de la guerra. Me costó trabajo, pero le garanticé que no venía a buscarte por eso.
Cuando empezaba a verme como si fuera humano de nuevo y no un insecto ponzoñoso, Heather recordó que comía cada tres horas y despertó llorando todo lo saludablemente que lloran los bebés de 4 meses. Estaba alimentándola cuando ella me dijo que estabas en un congreso de Maestros en Pociones en Francia, por lo que estabas ausente, cuando se acercó a ver a Heather con detenimiento y tus ojos la miraron desde la carita de mi bebé.
Un gemido ahogado me reveló que había descubierto el motivo por el que estaba buscándote y no le agradó nada. Dijo que sería mejor que dejara su casa y enviara una carta explicándote todo porque aún faltaban dos meses para tu regreso.
Comprendí que ya no era bienvenido así que arropé a Hether de nuevo y abandonamos el último lugar a donde hubiera querido ir. Antes de alejarme, tu esposa sugirió Serenity como segundo nombre de Heather, dijo que iba bien con la calma en sus ojos, así que cuando tuve que nombrarla la llamé así, como el último recuerdo de ti que nunca contestaste ni una de mis cartas.
—Jamás recibí tus cartas —aceptó Severus aunque Harry no supo si aceptaba el hecho en sí o las implicaciones—. Nunca creí que Jodie revisara mi correo y mucho menos que me negara nunca.
—Yo pensé que no querías saber nada de nosotros y dejé de escribir después de avisarte de la ceremonia de nombramiento hasta que la Fiebre Puzzle se convirtió en mi peor pesadilla.
—¿Cómo pudiste pensar algo así? —preguntó Severus claramente ofendido.
—¿Qué debía pensar? —se defendió Harry.
—Que Jodie estaba celosa de ti y temió que la dejara —explicó Severus comprendiendo que Harry había considerado a esa mujer muy por encima de él.
—¡Claro que no! —rechazó el joven sanador.
—Harry, no sé si alguien te lo explicó antes, pero para que un mago pueda participar del milagro de la vida es necesario que exista amor verdadero —dijo Severus con convicción—. Tal vez estaba demasiado ebrio para recordarlo pero yo sabía que estaba enamorándome de ti durante los entrenamientos que sostuvimos, sólo que no supe cuánto te amaba hasta que te perdí.
—¡Pero te casaste con el amor de tu vida! —chilló Harry sin poder contenerse, después de todo ese era el punto que lo atormentaba, que a pesar de haber muerto Jodie Snape continuaba proyectando su sombra para opacar el amor de Severus.
—No, me casé con el amor de mi juventud, pero no con el amor de mi vida. Lo supe cuando la vi de nuevo y no paraba de recodarte, pero soy un hombre de palabra y ella me había esperado —explicó Severus con una media sonrisa melancólica—. Creo que lo mismo le pasó a Jodie, pero no en baldo me había esperado y no creo que tuviera la fortuna de encontrar a su verdadero amor. Debió temerte tanto que llevó sus celos más allá de lo sano y… perjudicó a muchos.
Harry quería gritar contra la mujer que evitó la ayuda de Severus, una ayuda que podría haber salvado a Heather o que podría haber sido inútil, pero una ayuda al fin. Recordó todo el tiempo que se sintió vacío y derrotado, los ojos negros de Heather llenos de esperanza preguntando por su papá, las manitas haciendo los dibujos que le obsequiaría y lentamente esas manitas y esos ojos se convirtieron en Josie.
No podía odiarla porque también había amado y a su modo, protegido.
—Espero que Josie mejore pronto, quiero que vayan los dos a mi casa —dijo por fin comprendiendo que ninguno de los tres fue culpable—. Hay algo muy especial que me gustaría hacer.
—¿Puedo tener un adelanto? —preguntó Severus con dulzura.
—Sólo si me prometes perdonarme.
—No tengo nada que reprocharte, mucho menos perdonar.
—Te lance una imperdonable —le recordó Harry temiendo un reclamo posterior, era mejor terminar con todos los secretos antes de que fuera demasiado tarde.
—¡Querías que yo te lanzara un cruciatus! —recordó Severus sin contener su indignación—, no puedo ni imaginar como me sentiría si no me hubieras obligado… Josie pudo morir. Aunque pudiste haber obligado a alguien más.
—Draco era mi primera opción —aceptó Harry recordando que se hubiera ahorrado muchas horas de sufrimiento si el rubio hubiera entregado toda la información que poseía antes—, pero luego me di cuenta de que eras el padre de Josie, harías cualquier cosa por ella y quizás hasta me perdonarías por ser un criminal convicto y me esperarías cuando saliera de Azkaban.
—Las imperdonables se castigan con prisión de por vida —gruñó Severus aunque con un brillo juguetón en los ojos.
—Soy Harry Potter, me hubieran perdonado después de cincuenta años de prisión.
—Estás muy seguro de ti mismo Potter —dijo Severus en su mejor tono Cretino Grasiento.
—Ahora lo estoy —aceptó Harry tomando la mano de Severus—, ahora lo estoy.
No hubo más palabras entre los dos, porque es muy difícil hablar cuando se esta besando.
° ° ° ° °
—Juro que lo mato si ese imbécil rechaza a Harry y lo hace llorar —gruñó por milésima vez Sirius luego de Remus y Draco "sutilmente" le ordenaron sentarse y dejar de marear a los habitantes de la enfermería.
—¡Por favor Sirius! —intentó razonar Remus.
—Ningún ¡Por favor Sirius!, Harry ha estado esperando por él años, ha salvado a su hija y aunque no entiendo cómo lo ama incondicionalmente. Si Snape se atreve a rechazarlo por el uso de una maldición yo…
—No vayas a decir algo de lo que te arrepientas tío —le advirtió Draco que había logrado hacer las pases con esa rama de su familia desde hacía un tiempo.
—… lo muerdo —fue el último ladrido de Sirius.
—Menos mal que estás vacunado —bromeó Kingsley después de besar a Remus.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Sirius encontrando otra persona en quien desahogarse, los últimos de ese ejercicio se estaban poniendo de mal humor.
—Vine tan rápido llegó mi relevo —todavía con un brazo alrededor de la cintura de Remus—, no puedo esperar a saber los avances de un romance tan azaroso.
Draco hizo un discreto y elegante sonido con la nariz que hizo saltar a Sirius porque era casi igual a lo que hacía su madre cuando creía que él no era lo suficiente Black.
—¿Qué? —dijo Kingsley con una sonrisa—, no todos los días se oye de tanto dolor y tanta espera. Ya no hay historias con esa profundidad, romanticismo, misterio y entrega, como en Love Curse.
—Muy cierto —suspiró Azalea—, aún recuerdo la historia de Eve Blume, la bruja del cabello dorado y su galante mago Werner Edwards que luchó contra los puristas para desposarla a pesar de ser hija de muggles. Fifi LaFolle es genial.
—¡Por favor! —expresó su descontento Draco—, es una bendición que no fuera una novela por entregas como las que leía mi madre Susan continuaría leyendo Love Curse.
—¿Cómo puedes decir eso? Love Curse es la mejor novela romántica de todas —intervino Kingsley, soltando a Remus para enfatizar sus palabras al agitar sus brazos.
—¡Claro que no! —insistió Draco con la erudición de cualquier Malfoy— La historia de Sybil es una novela romántica incalculable junto a la que Love Curse es sólo una sombra.
—¿En serio es buena? Me la han recomendado pero no estaba seguro de comprarla y es muy difícil de conseguir —comentó Kingsley— sé que sólo se hizo una pequeña edición.
—Es muy buena —dijo Draconiss encantada de una conversación inteligente que no tuviera nada que ver con maldiciones y niñas en peligro de morir—, Harry me consiguió una cuando le comenté que la estaba buscando, claro que está dedicada a él pero un día tendré una personalizada para mí o no volveré a escuchar sus problemas en mi consulta.
—¿Les gustó La historia de Sybil? —tartamudeó Sirius en un modo muy poco usual en él.
Varias cabezas asintieron antes de regresar a elogiar la narrativa y desventuras de la pobre Sybil, exiliada por su familia por seguir sus convicciones y a su corazón en la lucha por rescatar a un joven huérfano de las garras de parientes horribles y maquinaciones de magos siniestros. Sin olvidar el talento de Belt Orion que entrelazaba todo con la mejor narrativa.
—¿La novela trata de un huérfano cuya vida corre peligro y la valiente bruja que lo rescata? —recapituló Remus considerando la información recibida.
—Dicho así suena horrible —enfatizó Draconiss—, es mucho más que eso, hay conflictos contra los pensamientos más anticuados y ridículos de la sociedad mágica en una época de guerra con mucho romance, aventura y misterio.
—Lo mejor es cuando Sybil se convierte en una animaga y decide no registrarse para poder cuidar de su ahijado en forma de lechuza —suspiró de nuevo Azalea—, así es como conoce a W. W.
—¿W. W.? —repitió Kingsley encantado por los detalles.
—Wilbur Wels —explicó Draco, con apenas un dejo de sobriedad.
—¡Ah! —exclamó Remus entendiendo todo de inmediato.
Un gran error sin duda porque todas las miradas se dirigieron hacia él, esperando que repitiera toda la historia en orden cronológico y sólo se encontraron con esa mirada superior que le había dado un lugar entre los Merodeadores, dirigida ni mas ni menos que hacia Sirius que intentó escapar transformado en perro de la habitación pero Remus lo detuvo con un oportuno Petrificus Totalus.
—¿Nos perdimos algo cariño? —preguntó Kingsley a nombre de todos.
Sirius se veía ligeramente sonrojado cuando Remus lo obligó a volver a su forma humana, nervioso y agitado, nada como su usual forma de ser.
—¿Hay algo que quieras compartir con nosotros Sirius? —lo molestó el hombre lobo.
—¿Yoooo? ¿Cómo qué?
—No sé —sonrió Remus con maldad—, algo así como: "Draconiss estoy tan agradecido por tu apoyo a Harry, que me gustaría obsequiarte una copia autografiada de La historia de Sybil", sin olvidar por supuesto una para Kingsley, Azalea y ¿Draco quieres la tuya a tu nombre o el de Susan?
—¿Tú eres Belt Orion? —fue la respuesta de Draco intentando controlar una risa nerviosa.
Sirius asintió luciendo todo lo apenado posible.
—¿Por qué? —atacó Kingsley aunque un poco lejos porque Draconiss estaba ahora junto al animago entregándole una tarjeta con su nombre para que lo escribiera correctamente.
—Un día quise probar a escribir algo diferente pero… no estaba muy seguro de la reacción del público así que convencí a Lockhart de que lanzáramos la novela bajo un seudónimo y con un tiraje pequeño, pero tuvimos problemas con la distribución porque él quiso darle prioridad a una publicación segura. Creí que a nadie le había gustado porque quedaron varios ejemplares en bodega.
—¡Genial! Quiero uno para mi madre que lloró cuando nuestra vecina le quitó su copia antes de que pudiera terminarla para prestarla a su hija —saltó Azalea emocionada—. ¿Puedes poner la dedicatoria como: "besos para Gladis"?
—¿Harry lo sabe? —preguntó Remus divertido.
—¡No!, yo… él… le mandé una copia y me dijo que no lo había leído así que creí que lo había odiado —reconoció Sirius derrotado.
—Harry sólo lee tus libros, los de sanación, defensa y hechizos —rió francamente su mejor amigo—, debiste decirle que eras el autor si querías que lo leyera.
—Creo que Susan me mataría si llego con una copia a mi nombre —murmuraba Draco—. Pero si no le consigo uno a mi madre ella se encargará de que deseé estar muerto.
—¡Está bien! Hagan su lista y les conseguiré los ejemplares que necesiten —dijo Sirius derrotado.
—Acabas de hacer una buena acción Padfoot —le confió Remus mientras se hacía la lista con las dedicatorias—. Además no creo que debas avergonzarte, eres un buen escritor y tu público te ama. Dile a Lockhart que haga una reimpresión.
—Lo haré —aceptó Sirius pensando que no era tan mala idea seguir los dictados de su musa.
—Así que sólo me resta preguntarte desde cuando sales con W. W. —insinuó Remus en un murmullo apenas audible.
° ° ° ° °
Continuará
N/A: ¡Nos estamos acercando al final! Como verán las cosas ya casi se solucionaron y e final de este capítulo fue así porque se supone que este es un fic divertido aunque estaba coqueteando demasiado con el drama, espero les haya gustado porque a mi me encantó escribirlo, de hecho no estaba contemplado más que en mi cabeza pero mi musa insistió que lo compartiera con ustedes.
Felicidades para tods los que acertaron en sus suposiciones contra Josie y mención honorífica y especial para quien sea más rápido en adivinar la identidad de W. W., quien llegó a este fic un poco tarde pero estuvo ahí desde el principio por quienes se preocupaban de que Sirius estuviera solo en este fic.
De nuevo mil gracias por todos sus comentarios y apoyo, no tengo más que besos y abrazos cibernéticos para ustedes y su enorme paciencia.
