Mis Angelitos
Capítulo 12: Historia de amor
El beteo de este capítulo está a cargo de mi maravillosa beta Pichi LG que aguanta mis horrorosos errores con infinita paciencia.(Betas FFAD www. Facebook groups/ betasffadiction)
Disclaimer: Los personajes no son míos sino de la maravillosa Stephenie Meyer, la historia es completamente mía al igual los personajes que no reconozcan.
Este capítulo está especialmente dedicado a mi beta Pichi, que tuvo el capítulo extremadamente rápido.
Edward POV
Luché para que las lágrimas no salieran, pero fue imposible. Una a una comenzaron a salir descontroladamente y pronto mi vista se nubló por ellas. Los niños lo notaron y me miraron preocupados.
―¿Estás bien?
―Lo sentimos, no pensamos que te molestaría el que te llamáramos así…
―No me molesta en absoluto.
―¿Entonces, por qué lloras?
―Porque estoy feliz. Ustedes me hacen feliz. Me encanta que me llamen así, pueden decírmelo las veces que quieran y cuando quieran.
―¿Seguro?
―Completamente.
―¿Entonces, podemos llamarte así las veces que queramos?
―Por supuesto. Es más, me encantaría que lo hicieran.
―¿Está bien si no lo hacemos todo el tiempo? Es que nunca hemos tenido un papá y nunca pensamos que llegaríamos a tenerlo. Están los abuelos y todos nuestros tíos pero no es lo mismo, y será difícil adaptarnos a la idea de que ahora tendremos uno.
―Claro que sí. Ustedes lo harán cuando se sientan listos, pero recuerden que sin importar como me digan, siempre estaré aquí para ustedes, y los apoyaré en todo. Incluso si deciden ir por el rumbo de la medicina o jugarle una pequeña broma a sus tíos o abuelos.
Reímos por eso y luego los niños se recostaron en mi pecho mientras yo los rodeaba con mis brazos. Nos quedamos así por unos minutos hasta que una enfermera entró y nos dijo que era hora de marcharnos pues dentro de poco comenzarían a retirarle el medicamento a Bella y necesitaban hacerle unos exámenes para confirmar que todo marchaba bien. Le agradecimos y salimos a la salita de espera, donde le marcamos a Renée para avisarle que era hora de irnos.
A los pocos minutos llegó con una Lizzy algo somnolienta y me la entregó. Nos avisó que todos irían de compras por lo que tendríamos la casa sola, le dimos las gracias y, como aún era temprano, fuimos al parque de la vez pasada, solo que esta vez fue más tranquilo y nos sentamos en los columpios para comer el pastel que les había comprado y charlar un poco mientras Lizzy dormitaba en mis brazos.
―¿Edward?
―¿Sí?
―¿Por qué decidiste ser doctor?
―Es una historia algo larga.
―No importa. Tenemos tiempo.
―Bueno, como saben, el abuelo Carlisle estudió Medicina antes de estudiar Negocios Internacionales para poder construir la gran empresa que tiene ―Me detuve un momento y cuando los niños asintieron, proseguí―. Él estudió Medicina porque su madre, o sea, su bisabuela, lo obligó a estudiarla cuando en realidad él quería estudiar negocios para poder poner su propia empresa. Solo la estudió para complacerla, pero nunca lo ejerció, y eso molestó a su bisabuela. Entonces, cuando cumplí 16, me llevó a Londres para que yo estudiara Medicina y pudiera ejercer sin posibilidad a escapar o fugarme para estudiar otra cosa. Al principio me molestó lo que había hecho y me resistí a estudiarla pero, poco a poco, comenzó a gustarme y terminé por amarla. Cuando me especialicé en Pediatría fue algo parecido, pues ella quería que lo hiciera en algo con más renombre como Cardiología o Neurología, pero le dije que ella me había obligado a estudiar algo que no quería y que era mi turno de tomar mis propias decisiones. Eso la hizo enojar, porque sabía que tenía razón, pero respetó mi decisión y ahora, heme aquí.
―No puedo creer que la bisabuela Elizabeth te obligara a estudiar Medicina.
―Sí. No me imagino a la abuela Esme o Renée haciendo algo así.
―Bueno, es que ninguna ha pasado por lo que la abuela Elizabeth. Ella era militar y participó en la Segunda Guerra Mundial. Eso la convirtió en una persona con corazón de piedra, además de que sus padres eran muy estrictos.
―¿Y el abuelo Richard?
―Él murió pocos días antes de graduarme de Medicina. Era abogado y quería que estudiara lo mismo que él, pero la abuela Elizabeth era más dura y terca, y el abuelo no pudo contra ella.
―Qué feo es que te obliguen a estudiar algo que no quieres.
―Sí, pero mejor olvidemos ese tema. ¿Qué les gustaría estudiar a ustedes?
―Aún no sabemos. Queremos estudiar alguna ciencia pero no estamos seguros de qué.
―Todo es ciencia. Hay mucho de donde escoger.
―Sí, aunque aún no debemos preocuparnos por eso. Falta mucho tiempo para que entremos a la universidad.
―Por su edad…sí, pero no dudo que se adelanten gracias al increíble cerebro que tienen. Son mucho más inteligentes que los niños promedio de su edad.
―Eso es porque no somos niños promedio.
―Somos más inteligentes que ellos.
―Pero apenas vamos en tercer año y eso nos dificulta las cosas.
―Puede ser, pero estoy seguro que de que si tienen la educación apropiada, podrán llegar a la universidad en pocos años.
―¿Hay escuelas para eso?
―Por supuesto. Son escuelas para niños con un I.Q.* más alto que el promedio, y les enseñan cosas que se supone deben aprender cuando estén más grandes. Son escuelas muy exigentes, pero las grandes victorias requieren pequeños sacrificios.
―Suena bien.
―Pero no seríamos tan especiales porque habría otros niños igual que nosotros.
―No digan ni piensen eso. Ustedes siempre serán los niños más especiales porque han pasado por muchas cosas. Además, ustedes siempre serán especiales para sus abuelos, tíos, tías y, en especial, para su mamá y para mí, sin importar lo que hagan.
―En ese caso…¿podemos hablar con mamá en cuanto despierte y preguntarle si podemos entrar en una escuela especial?
―Por supuesto. Solo que tendremos que esperar unas horas para que se despeje un rato, porque al principio estará algo confundida, pero después se acostumbrará.
―Okay.
―Hora de irnos. Pronto oscurecerá y deben dormir temprano para que puedan levantarse a tiempo para visitar a mamá en cuanto despierte.
―Pero no tengo sueño, papi.
―Porque dormiste toda la tarde, cariño.
―Nosotros tampoco tenemos sueño, Edward.
―Pero tienen que dormirse temprano.
―Pero queremos estar despiertos más tiempo.
Dios, estos niños acabarían conmigo algún día.
―Está bien. ¿Qué les parece si vemos una película en mi cama antes de dormir? Pero será solo una, después de arreglarse para dormir, y sin comida chatarra. ¿Trato?
―Trato. Pero ¿puede ser en la cama de mamá? Queremos sentirla aunque aún esté sedada.
―Seguro.
Nos levantamos de los columpios, tiramos la basura y fuimos al Volvo.
Cuando llegamos a la casa, los niños salieron corriendo a su habitación y tuve que ayudar a Lizzy a bajarse. Fuimos a su habitación, la dejé escoger su pijama y luego fui a bañarla, aunque solamente la ayudé ya que decía que era una niña grande y podía hacerlo sola.
Tardamos un rato en salir pues quería asegurarse de quitar todos los bichitos que tenía en el pelo y en su cuerpo. La cambié y sequé su pelo antes de peinarlo en una improvisada y mal hecha trenza, normalmente lo harían cualquiera de las chicas pero no estaban y me tocó a mí. Al menos no estaba tan mal.
Cuando Lizzy estuvo completamente lista, fuimos a la habitación de Bella donde Ethan y David ya nos esperaban. En cuanto vieron la trenza mal hecha de Lizzy, no pudieron evitarlo y comenzaron a reír.
―Edward, podrás ser de los mejores pediatras que hay, el novio de mi mamá y nuestro padre no oficial, ni legal, pero lamentamos decirte que no sabes peinar.
―'Gracias por el apoyo niños' ―dije rodando los ojos.
―Cuando quieras ―respondieron con una sonrisa de suficiencia.
―No molesten a papi. Está bien que no sepa peinar y que jale un poquito, pero al menos hace el intento, y estoy segura de que si sigue practicando, será el mejor peinador del mundo.
―Gracias cariño, pero ya es hora de que se acuesten. Iré por un poco de leche tibia para todos y cuando regrese, quiero verlos a todos en la cama.
―Sí, mi capitán ―dijeron al unísono, con un saludo militar y salí por la puerta directo a la cocina.
Entibié un poco de leche, la vertí en vasos de plástico y subí a la habitación de Bella, donde los niños ya se encontraban acostados y acurrucados bajo las mantas. Les di sus vasos de leche y fui a un pequeño armario que estaba lleno de películas.
―¿Qué película quieren ver?
―¡Buscando a Nemo!
―No, Nemo no, su mami se muere y luego lloro, mejor La sirenita.
―Anda Lizzy, ya has visto La Sirenita muchas veces y hasta te sabes los diálogos de memoria. Nemo es triste pero no tanto como Bambi.
―Por favor, Lizzy, y te prometemos que le bajaremos el volumen cuando pasen esa parte y cantaremos todas las canciones cuando veamos La Sirenita.
―Mmmmmmmm... Está bien.
―Entonces veremos a Nemo.
Puse la película y me acosté en medio de ellos para poder abrazarlos a todos. Ethan y David estaban a mis costados, mientras que Lizzy estaba acurrucada en mi pecho. Le di play a la película y, tal como los gemelos dijeron, bajé el volumen cuando el enorme pez atacó a toda la familia de Nemo.
Cantaron todas las canciones y a mitad de la película comenzaron a bostezar, pero el sueño los venció casi al final. Puse los vasos vacíos en la mesita de noche y los acomodé para que durmieran mejor. Lo último que escuché antes de cerrar los ojos fue un "Te queremos papá".
Desperté cuando escuché el sonido de una cámara, abrí los ojos, y frente a mi estaban Alice y mamá mirándonos con una enorme sonrisa en sus rostros y el celular en sus manos.
―Sentimos mucho despertarte, cariño, pero no pudimos resistirnos a tomarles una foto, se ven tan adorables.
Me froté los ojos y fue cuando me di cuenta a que se referían. Había un pequeño pie apoyado contra mi mejilla y vi a Lizzy acostada a un costado mío pero completamente volteada. Una pequeña presión en mi abdomen me avisó que alguien había decidido usarme como almohada, miré hacia abajo y, efectivamente, ahí estaba David con su cabeza apoyada en mi abdomen. El único que estaba en una posición "normal" era Ethan, que estaba acostado con la cabeza apoyada en mi pecho.
Tuve que soltar una pequeña risa. Concordaba con Esme y Alice en que era una imagen digna de una fotografía.
―No se preocupen, de todas formas tenía que levantarme temprano para poder ir al hospital.
―En ese caso, te dejamos para que puedas despertar a estos dormilones y arreglarte. Estaremos abajo por si necesitas nuestra ayuda.
―Okay.
Esme y Alice dejaron la habitación y cerraron suavemente la puerta. Me acomodé para quedar sentado y poder despertar mejor a los niños. Comencé a mover a los gemelos y ellos abrieron sus ojos de forma perezosa, se estiraron y se sentaron frotándose los ojos.
―¿Qué hora es? ―preguntó Ethan soltando un bostezo al final.
―Las ocho de la mañana. Recuerden que tenemos que ir al hospital porque mamá despertará hoy. ―Los ojos de ambos se abrieron como platos.
―¡Santos marcianos! Es cierto. Rápido David, tenemos que arreglarnos, mamá no puede vernos en pijama.
Comenzaron a luchar para salir de las mantas y, cuando finalmente lo lograron, saltaron de la cama, pero lo hicieron tan rápido que tiraron a Lizzy. Por fortuna fui más rápido y pude atraparla a tiempo.
―¡Hey! Con más cuidado, que casi tiran a su hermana ―les advertí con una mirada severa y ellos dijeron un 'Lo sentimos' antes de correr a su habitación.
―¿Estás bien, princesa?
―Sí, solo me asusté. ¿Ya es hora de ir con mami?
―Sí. Pero antes tienes que arreglarte, ¿o acaso quieres que mami te vea en pijama y toda despeinada?
Los ojos de Lizzy se abrieron enormemente, su expresión fue una de total horror.
―¡No! ¡No podemos dejar que mami nos vea así! ―gritó y, al igual que sus hermanos, saltó de la cama y fue directo a la puerta, pero se detuvo y extendió su manita hacia mí―. ¡Rápido papi! Tú también tienes que arreglarte y verte como un príncipe para mami.
Salí de la cama y en cuanto le di mi mano, me jaló lo más rápido que pudo hasta su habitación.
―¿Quieres que le llame a tu tía Alice para que venga a ayudarte?
―No, gracias. Quiero que me ayudes tú.
―¿Segura? Sabes que no sé nada de eso.
―Sipirili. Eso no importa. Tendré muchas hermanitas y necesitas practicar con alguien para cuando tengamos que salir y mamá no esté. Para eso estoy yo, para que practiques. Puedes escoger lo que quieras mientras yo me quito todos los bichitos de mi cuerpo.
―Lizzy…
―Tengo cuatro años, soy una niña grande y puedo bañarme solita ―afirmó firmemente pero no cedí. Me paré firme, con los brazos cruzados sobre mi pecho y ella imitó mi postura. La miré fijamente y ella hizo lo mismo, ocasionando una batalla de miradas.
Nos quedamos así durante un rato, hasta que Esme entró, interrumpiendo nuestra pequeña batalla.
―¿Qué ocurre aquí?
―Papi no deja que me meta a bañar solita mientras él escoge lo que me pondré para ver a mami ―explicó Lizzy y mamá me levantó una ceja interrogante. Su cara era de clara sorpresa, pero la recompuso casi inmediatamente.
―¿En serio?
―Sí, en serio. Papá piensa que aún soy una niña pequeña, pero no es cierto. Tengo cuatro años.
―Cariño ―dijo Esme suavemente, agachándose a la altura de Lizzy―, él solo lo hace porque te quiere y te protege, no porque seas una niña pequeña.
―Pero yo me quiero bañar solita.
―Y lo harás, pero ahora no puedes porque papi quiere proteger a su princesa para que llegue sana y salva con mami.
―¿En serio?
―Claro que sí. Mami, además de verte bonita, también tiene que verte sana y salva porque si no va a ponerse triste.
―Pero ¿qué te parece si yo te cuido en lo que papi escoge un hermoso vestido y tú te bañas solita?
―¿Puedo hacerlo?
―Solo con la condición de que yo te cuide. ¿Oki doki?
―Oki doki.
Mamá se levantó y tomó la mano de Lizzy antes de caminar hacia el baño.
―Ahora volvemos. Escoges un vestido lindo para que mi princesa se vea aún más hermosa de lo que ya es ―Me amenazó mamá y rodé los ojos.
―Sí, mamá.
Me adentré en el ropero y empecé a buscar un vestido que me gustara. Finalmente encontré un vestido color fucsia ―o al menos creo que así se llamaba ese color― de tirantes gruesos y una gran flor en una orilla de la cintura. Lo tomé junto con unas sandalias del mismo color y su ropa interior de princesas. Dejé todo en su cama y regresé por un moño para el cabello. Cuando volví, Esme y Lizzy ya estaban en la habitación y Esme estaba secándole el pelo.
―¿Qué te parece? ―le pregunté a Esme cuando estuve a su lado.
―Es lindo, me gusta. Felicidades hijo, lo has hecho muy bien para ser tu primera vez.
―Gracias, mamá.
―¿De qué, cariño? Ahora tenemos que vestir a esta princesita y peinarla que todavía no han desayunado, y ya es bastante tarde.
Esme intentó cambiar a Lizzy, pero ella se negó y terminé cambiándola yo. Con el peinado fue lo mismo, solo que esta vez, Esme sí me ayudó, explicándome paso a paso lo que tenía que hacer.
Cuando terminé de peinarla, Esme me felicitó y se llevó a Lizzy para que yo pudiera ir a mi habitación y arreglarme. No tardé mucho y, veinte minutos después estaba en el comedor desayunando con mis niños, aunque ellos ya iban en el postre.
Cuando terminamos de desayunar, mi celular sonó y conteste rápidamente al ver que era del hospital.
―¿Bueno?
―¿Señor Cullen?
―Sí, soy yo.
―¿Qué tal señor Cullen? Habla el doctor Fisher, médico de la señorita Swan. Le llamaba para avisarle que acaba de despertar y está preguntando por usted y su familia. ¿Creen poder venir lo antes posible?
―Claro que sí, doctor Fisher, en unos minutos estaremos ahí. Gracias por su llamada ―Corté y volteé para ver a toda la familia que me miraba expectante.
―¿Qué pasó?
―¿Qué quería el doctor Fisher?
―¿Mamá está bien?
―Está perfectamente. El doctor Fisher llamó para avisarnos que acaba de despertar y está preguntando por nosotros. Quiere que vayamos lo más rápido posible.
―¿Y qué estamos esperando? Vamos, vamos, vamos.
Todos corrimos al garage y nos organizamos antes de subirnos a los autos y camionetas. Sophie, Jasper y Alice irían en la Murano de Bella; Rose, Emmett y Nate en el Jeep; Renée, Esme, Charlie y Carlisle en el Mercedes, y David, Ethan y Lizzy vendrían conmigo en el Volvo. Todos los autos rugieron y partimos como una gran caravana rumbo al hospital.
Llegamos en 15 minutos y, apenas estacionamos, salimos corriendo a la entrada del hospital, donde el doctor Fisher nos estaba esperando con una gran sonrisa.
―Me alegro de que hayan llegado. La señorita Swan no ha dejado de preguntar por ustedes ―nos comentaba mientras nos dirigía hacía la habitación de Bella―. ¿Quiénes serán los primeros en entrar?
―Renée y Charlie.
―No, nosotros entraremos después. Primero serán los niños y Edward.
―Pero Renée…
―Nada. Ustedes tienen que pasar primero, nosotros podemos esperar.
―¿Estás segura?
―Completamente.
―¿Charlie?
―Concuerdo con Renée, tú eres su novio y estos niños son sus hijos, merecen verla primero. Nosotros podremos verla después ―confirmó Charlie con una enorme sonrisa y los ojos de los niños se iluminaron.
―Está bien, muchas gracias.
―No tienes por qué agradecernos, hijo. Estamos seguros de que Bells se pondrá muy feliz cuando los vea. ―No supe qué responderle, por lo que solo atiné a dedicarle una gran sonrisa.
Estuvimos en silencio un rato más y, al cabo de unos minutos, nos detuvimos frente a la puerta por la que habíamos entrado innumerables veces, solo que esta vez sería diferente. Ya no vería la cara triste de los niños y, la tranquilidad que siempre reinaba el lugar, desaparecería.
Los niños caminaron lentamente hasta posicionarse delante de la puerta y yo me puse detrás de ellos. Los cuatro mirábamos la puerta con anhelo, como si detrás de esa puerta estuviera la respuesta a todos los misterios de la vida o el tesoro más valioso del mundo aunque, la verdad era esa, Bella era el tesoro más valioso que los niños y yo teníamos.
―Antes de que entren, les quiero pedir que se mantengan calmados para no alterarla, y que traten de no hacer movimientos muy bruscos porque pueden lastimarla. ¿Prometido?
―Prometemos ―respondieron los tres niños al unísono con la mano derecha levantada.
El doctor Fisher fue abriendo la puerta lentamente y entró en la habitación con nosotros ocultándonos tras él.
―Señorita Swan, hay unas personas que quieren verla ―anunció y se hizo a un lado descubriéndonos.
―Bella.
―Edward. ¡Mis niños! ―exclamó y una enorme sonrisa se instaló en su hermosa cara.
Bella POV
La oscuridad era abrumadora. No sabía qué día era, en dónde estaba, o qué me había pasado. Solo sabía que todo el cuerpo me dolía y que la cabeza estaba a punto de explotarme.
Mis ojos se sentían pesados, pero tenía que saber en dónde estaba, así que los fui abriendo lentamente y, casi inmediatamente, la luz me cegó pero continué y pronto los tuve totalmente abiertos.
Comencé a recorrer el lugar con mi vista. Estaba en una habitación completamente blanca, el olor a desinfectante era intenso y el sonido de unas máquinas me hizo darme cuenta de que estaba en un hospital. Con mucha dificultad apreté el botón que estaba a un lado de mi cama y, pocos segundos después, una enfermera, de unos 24 años, entró.
―Señorita Swan, qué alegría que haya despertado. En un momento traigo al doctor ―indicó y se fue antes de que pudiera decir algo.
No tardó mucho para que un doctor entrara seguido por la enfermera. Era alto, rubio, tenía los ojos verdes y en su bata tenía bordado Dr. Thomas Fisher. Neurólogo.
―Buenos días, señorita Swan. Me alegro de que haya despertado. ¿Qué tal se siente?
Iba a responder, pero un dolor en mi garganta me detuvo, estaba demasiado reseca. Me llevé una mano a la garganta y la enfermera pareció notarlo, pues inmediatamente me sirvió un vaso de agua y me ayudó a darle unos sorbos. Mi garganta se sintió aliviada al instante y pude hablar sin sentir dolor.
―¿Qué me pasó? ¿Por qué estoy aquí?
―¿No lo recuerda? ―preguntó el doctor y negué―. Un hombre la atacó. El informe policial indica que ingresó a su casa luego de que usted entrara junto a su hija para recoger unas cosas, la golpeó, intentó violarla y la empujó por las escaleras. Llegó con múltiples fracturas en brazos y piernas, contusiones en abdomen, rostro y brazos, y trauma cerebral. Afortunadamente no fue muy grave, pero tuvimos que mantenerla en coma inducido para evitar correr cualquier riesgo.
―¿Fracturas? Yo no tengo ninguna…
En ese momento bajé la vista a mis brazos y, efectivamente, a ambos los cubría una escayola, al igual que a ambas piernas. El botón que había apretado estaba entre mis dedos, haciendo posible el que lo pudiera apretar sin moverme.
Esto era simplemente genial.
―Sí que las tiene.
―Ya me di cuenta.
Nos quedamos en silencio unos momentos y, de repente, los recuerdos de ese día asaltaron mi mente.
Yo llegando a casa con Lizzy, Lizzy yendo al jardín trasero con Pupy, Tyler empujándome al suelo y golpeándome, yo golpeándolo y escapando, él empujándome por las escaleras y, finalmente…oscuridad.
Esperen, Lizzy estaba conmigo. Mis niños. ¿Dónde demonios están mis niños?
―Mi hija. ¿Dónde está mi pequeña? ¿Está bien? ¿Qué le pasó? Por favor, respóndame doctor.
―Señorita, tranquilícese. Afortunadamente su hija no sufrió ningún daño y está en perfectas condiciones. El señor Cullen y sus hijos han venido todos los días a cuidarla.
―¿Dónde están? ¡Quiero verlos, doctor!
―En este momento deben estar en su casa descansando. De ser por ellos, jamás se hubieran apartado de su lado, pero comenzamos a quitarle el medicamento y era necesario que se retiraran. Si gusta, puedo llamarlos y decirles que vengan.
―Se lo agradecería muchísimo, doctor. Me encantaría verlos a todos.
―En este momento los llamo ―dijo con una amable sonrisa―. Por favor, descanse. Su familia necesita verla relajada.
―He estado durmiendo durante casi tres semanas, no creo que pueda estar más descansada de lo que ya estoy.
―Si usted lo dice. ¿Quiere algo más?
―¿Podría darme algo para el dolor? Me está matando y no quiero ver a mi familia toda adolorida.
―Por supuesto que sí, en seguida se los ponemos. Descanse ―ordenó con voz suave y yo solo rodé los ojos.
Salió de la habitación negando con la cabeza y yo sonreí. Tenía demasiadas ganas de ver a mis pequeños y a Edward. Esos pequeños que, sin saberlo, me habían salvado en infinitas ocasiones y, Edward, el hombre más maravilloso que había sobre la tierra, el hombre que luchó contra todo y ha estado a mi lado incondicionalmente. Dios, los extrañaba demasiado.
Pero, de repente, la realidad cayó sobre mí como un baldazo de agua helada. Probablemente Edward sabía todo, sabía lo que ocurrió cuando él se fue. Yo sabía que no se iría de mi lado porque me amaba tanto como yo a él, pero me dolía hasta el alma imaginar su cara, crispada de dolor al saber lo que ese infeliz nos había hecho. No quería que sufriera, ya lo había hecho, y demasiado, estos años que estuvo alejado y no merecía sufrir más.
Como odiaba a Tyler, lo odiaba con todo lo que soy. Era el ser más miserable que había pisado el planeta tierra, había dañado a toda mi familia, a mis padres, a Edward, a mí, pero sobre todo, a mis hijos, esos seres que se convirtieron en mi razón de vivir; pero hasta aquí llegó, Tyler Crowley pagaría por cada lágrima que mis hijos hubieran derramado y lo haría muy caro.
No me había dado cuenta de que estaba llorando, hasta que sentí una lágrima deslizarse por mi rostro, me la limpié como pude y traté de olvidar todo lo malo por un momento. Mis hijos llegarían en cualquier momento y no merecían verme llorando.
Rápidamente alejé los malos recuerdos y los sustituí por todos los buenos, reemplazando mi mueca de rabia por una enorme sonrisa.
Me quedé divagando y recordando los buenos momentos, hasta que sentí la puerta abrirse lentamente. Volteé mi cabeza y vi al doctor Fisher entrando cuidadosamente con una sonrisa en su rostro.
―Señorita Swan, hay unas personas que quieren verla —señaló sin borrar la sonrisa y haciéndose a un lado para dejar al descubierto a las personas que se ocultaban tras de él.
―Bella.
―Edward. ¡Mis niños! ―exclamé y mis pequeños no tardaron en correr hacía mí y rodearme fuertemente con sus pequeños brazos, sin lastimarme―. No saben cuánto ansiaba su llegada. Los extrañé demasiado.
―Nosotros también, mami ―dijeron los gemelos con la voz rota debido a las lágrimas que corrían por sus rostros.
―No lloren, saben que no me gustar verlos así.
―Lo sentimos, pero te extrañamos mucho, muchísimo.
―Sí, te extrañamos de aquí a Júpiter y de regreso.
―¿Tanto?
―Sí.
―Yo los extrañé más, pero ya estoy bien y volveré a estar con ustedes. Aunque, hay una pequeña princesita y un feroz león que no me han abrazado.
―Lo siento, cariño, pero estos dos pequeños diablillos no nos dejaron hacerlo.
―¡Mami! ―gritó Lizzy antes de lanzarse a mis brazos.
―¡Mi princesa!
―Te extrañé mucho, mami.
―Yo también, hermosa.
―¿Te gusta cómo me veo?
―Te ves hermosa, cariño.
―¿Verdad que sí? Papi lo eligió y también me peinó ―explicó mientras volteaba la cabeza para que pudiera ver la media cola con trenza que Edward le había hecho, o al menos tenía forma de eso.
―¿En serio?
―¡Sí! ―dijo Lizzy emocionada.
―Wow. Nunca creí que el gran pediatra Edward Cullen, pudiera elegir vestidos y peinar trenzas.
―Ja, ja, ja… búrlate todo lo que quieras, pero no puedes negar que no me salió nada mal para ser la primera vez
―No, no te salió tan mal ―reí y él me sacó la lengua antes de acercarse y rodearme con sus brazos sin llegar a apretar demasiado para no lastimarme.
Nos quedamos unos momentos disfrutando del contacto y, por el rabillo del ojo, pude ver como los niños se cubrían los ojitos con sus manos. Como pude, me separé de Edward y volteó su cabeza cuando le señalé a los niños.
―Niños, ¿qué hacen?
―Esperando a que terminen de besarse ―respondió Ethan como si fuera lo más obvio.
―¿Ah, sí?
―Sí. Los adultos se besan y más los papis, parejas, novios y esposos ―agregó David bajando las manos al mismo tiempo que sus hermanos.
―Sí, como David y Annie que se dan besitos en la mejilla porque son novios.
―¡No somos novios! Annie es solo mi amiga.
―Los novios juegan, se convidan su almuerzo, se ayudan en las tareas, se dan flores y se dan besitos y, ¿adivina qué? Tú y Annie hacen eso.
―Solo le he doy besitos en la mejilla porque es igual de torpe que mami y se cae a cada rato, y un besito siempre es la mejor medicina cuando no hay adultos.
Normalmente me hubiera ofendido, pero la situación era demasiado tierna y divertida como para hacerlo.
―Como sea. El punto es que son novios.
―Entiende que no lo somos ―insistió David exasperado.
―Niños, basta. Recuerden que mamá tiene que estar tranquila, y si siguen peleando, se enojará y no queremos eso. ¿O sí?
―No, papi. Lo sentimos, mami; lo sentimos, papi.
¿Los gemelos le acababan de decir papi, a Edward? ¿Desde cuándo le decían papi a Edward?
―¿Papi? ―pregunté en estado de shock.
―Sí, papi. Es una larga historia, pero en resumen, Ethan y yo nos dimos cuenta de que Edward es el mejor para ti. Después de todo, debe de quererte demasiado si sigue contigo después de todo lo que le hemos hecho. ¿No crees?
―Bu…bu…bueno, tienen razón. Pero me sorprende que lo hagan.
―Aún no lo hacemos todo el tiempo, primero necesitamos acostumbrarnos a la idea.
―Volviendo al tema… Ustedes entran en la categoría de papis, pareja y novios, así que deben besarse.
―Nada más avísennos cuando terminen, no queremos ver como comparten babas con microbios.
Los niños volvieron a cubrirse los ojos y Edward yo reímos antes de compartir un dulce y tierno beso.
―Te extrañé.
―Yo también ―dije antes de besarnos nuevamente―. Listo.
Poco a poco, los niños fueron separando sus dedos y cuando vieron que lo único que Edward y yo hacíamos era abrazarnos, bajaron sus manos por completo.
―Vaya, vaya, hermanita. Apenas despiertas y ya estás pegada a Eddie como una garrapata ―Escuché una gruesa voz que reconocería en cualquier lado.
―¡Emmett!
―¡Belly Bells!
―Te extrañé demasiado, gran oso.
―Y yo a ti, chaparra.
―¿Y yo qué? ¿Acaso estoy pintado o algo?
―¡Jasper! Lo siento, no te había visto.
―Ay, hermana, estar tanto tiempo con Eddie te está haciendo daño, ya ni te acuerdas de tu pobre hermano.
―Sabes que no es cierto, jamás me podría olvidar del príncipe que me salvaba cuando era niña. ¿Abrazo? ―pregunté levantando mis enyesados brazos hacia él con el mayor cuidado posible aunque, a decir verdad, era una imagen realmente graciosa.
―Abrazo ―acordó con una sonrisa y se fue acercando, pero Emmett nos interrumpió uniéndose también.
―Sí, abrazo fraternal. Eddie, tú aléjate, esto es entre hermanos.
Ambos me rodearon con sus brazos y así duramos un rato, hasta que una voz rompió nuestra burbuja fraternal.
―Awwwww, mis niños abrazados como cuando eran pequeños.
―Mamá ―dije separándome de mis hermanos y haciendo lo mismo que había hecho con Jasper. Ella se fue acercando con lágrimas en los ojos y me rodeó con la mayor delicadeza posible.
―Mi niña hermosa. No sabes lo preocupados que nos tenías.
―Lo siento mucho, yo…
―Shhhh. Tú no tuviste la culpa de nada.
―Pero…
―Pero nada.
―¿Qué paso con Ty…?
―Hablaremos luego de eso, por ahora solo encárgate de recuperarte y de descansar para que mañana puedas regresar a casa. ¿Bien? —Asentí.
El resto de la tarde pasó entre abrazos, besos y anécdotas de lo que me había perdido. Me contaron como fue que empezaron a decirle "papi" y "papá" a Edward, y, aunque me seguía impresionando, me alegraba enormemente que lo aceptaran y comenzaran a verlo como una figura paterna.
Llegó la noche y con ella terminó de la hora de visitas; algo que no le agradó del todo a ninguno de los niños, pero Edward habló con ellos y llegaron a un trato. Los niños se quedarían y Edward lo haría con ellos, se irían antes de que amaneciera para que pudieran cambiarse y tener todo preparado.
Dormí con mis dos pequeños niños a mi lado y Edward en el sofá con Lizzy en su regazo. Cualquiera que nos viera, diría que éramos una familia muy unida y no estábamos muy lejos de serlo.
No supe en que momento me dormí, solo que fue de las mejores noches de mi vida…aun con el duro colchón y el sonido de las máquinas que vigilaban mis signos vitales.
Abrí los ojos cuando sentí tres pares de labios posarse sobre mis mejillas y otro más sobre mis labios y frente.
―¿Qué hora es?
―Las 6:00 de la mañana, amor. Sigue durmiendo, yo llevaré los niños a la casa y al rato vendremos para llevarte de vuelta con nosotros. Descansa. Te amo.
―También te amo.
Volví a cerrar los ojos y desperté dos horas después, cuando unos toques en la puerta interrumpieron mi sueño.
―Siento despertarla señorita Swan, pero es hora de su desayuno —Traté de ocultar mi mueca de disgusto pero parece que fue imposible pues la enfermera rió al verla―. Vea el lado bueno, si los estudios salen bien, este será el último desayuno que tendrá aquí.
―Eso espero. Hace tiempo que no visitaba un hospital y no pienso volver a hacerlo hasta dentro de mucho, mucho tiempo.
La enfermera solo rió y se marchó. Media hora después, llegó para realizarme los últimos estudios. Por fortuna, en ninguno de ellos tuvieron que sacarme sangre.
Cerca de las 9:30, llegó toda la familia junto con el doctor Fisher y los resultados de mis exámenes.
―¿Y bien, Doc? ¿Mi hermanita seguirá aquí o por fin podrá irse a casa a cocinar deliciosos pays? ―preguntó Emmett en cuanto todos estuvieron acomodados y listos para escuchar el veredicto.
―Bueno, el electroencefalograma* no muestra nada malo, las fracturas están avanzando bastante bien y tus signos vitales son buenos, así que sí, ya puedes irte a casa, aunque con unas cuantas condiciones.
La habitación estalló en gritos y aplausos de júbilo de todos, incluso el doctor y la enfermera aplaudieron, pero al poco rato tuvimos que dejar la celebración pues todavía estábamos en el hospital y teníamos que guardar silencio.
―Ahora te dejo para puedas cambiarte en lo que yo voy a firmar tu alta. Y, por favor, los que no vayan a ayudarla, salgan y espérenla abajo. Por cierto, avísame cuando estés lista para poder ayudarte a bajar.
Uno a uno comenzaron a "despedirse" y a salir, hasta que en la habitación solo quedaron Alice, Rose y mamá, para ayudarme a cambiarme la horrible bata por un conjunto deportivo bastante cómodo.
Cuando estuve completamente lista, llamamos al doctor, que entró junto con los niños y Edward para ayudar a ponerme sobre una silla de ruedas.
Mamá tomó mis cosas antes de salir de la habitación y caminar en fila india hasta la entrada del hospital, aunque caminar no era exactamente lo que yo estaba haciendo.
―Muy bien, señorita Swan, esto es lo que hará. Nada de caminar ni moverse en lo más mínimo hasta que le haya quitado la escayola por completo ―indicó el doctor Fisher cuando llegamos a la entrada.
―¿Eso significa que no podré ir a la oficina ni siquiera para revisar que todo esté en orden? ―Sabía que era una pregunta tonta, pero tenía que preguntar.
―Nada de nada. Reposo absoluto. Y tendrá que venir cada mes a revisar que los huesos estén soldando bien y que no haya ningún tipo de complicaciones. ¿Bien?
―Bien.
―Ahora, ustedes dos ―dijo agachándose a la altura de mis peques― deben prometerme que no harán enojar a su mamá y que la van a cuidar mucho para que se cure más rápido y pueda jugar con ustedes en el parque.
―Lo prometemos, aunque no creemos que ni con los huesos sanos pueda jugar con nosotros.
―Sí, es demasiado torpe como para correr dos metros sin caerse.
―Y, es por eso que papá o cualquiera de nuestros tíos y abuelos, siempre juegan con nosotros en lugar de ella.
―Pero no se preocupe, doctor Fisher, que nosotros cuidaremos muy bien a mami ―finalizó Ethan con una sonrisa, y todos soltaron pequeñas risitas al escuchar su pequeño discurso.
―Ehhhh, niños. Les recuerdo que su torpe mami sigue aquí y escuchó todo lo que dijeron sobre ella.
Los ojos de los niños se abrieron como platos y luego bajaron su cabeza apenados
―¡Oops! Lo sentimos, mami.
―Disculpas aceptadas.
―Entonces…creo que eso es todo. Aquí tienes tu alta, las indicaciones que debes seguir y los cuidados que deben tener las escayolas ―señaló mirándome fijamente para luego voltearse a Edward―. Ahora, tú. Por favor, vigila que haga todo lo que le pedí y que no cometa alguna imprudencia. Sé que eres médico y estás ocupado, pero también he visto que es demasiado terca y no sigue instrucciones fácilmente, así que cuídala todo lo que puedas y trata de que alguien más lo esté haciendo cuando tú no puedas.
―No se preocupe, doctor, la mantendré vigilada, y estoy seguro de que toda la familia estará dispuesta a hacerlo.
―En ese caso…mucha suerte y nos vemos el siguiente mes.
―Hasta luego, doctor Fisher.
Salimos del hospital y Edward me llevó hasta el Jeep de Emmett, pues era el único auto en donde cabíamos mi silla de ruedas y yo.
El Jeep arrancó y todo el camino estuve mirando las calles sin concentrarme en ellas. Para bien o para mal, mi vida y la de mi familia había cambiado en estás tres semanas y tenía que acostumbrarme a ello, aunque estaba segura de que podría llegar a hacerlo y acostumbrarme a mí no tan nueva vida.
―Listo, Belly Bells. Llegamos a casa.
Casa. Por fin, luego de tres semanas sin pisarla, estaba aquí y eso me ponía inmensamente feliz.
―¿Podrías ayudarme a bajar?
―Claro que sí, enana. Después de todo, tendremos que hacerlo por mucho tiempo ―se burló.
―Oh, cállate.
Emm me colocó en mi silla y comenzamos a caminar hacia la puerta con todos siguiéndonos, aunque unas personas no lo hacían.
―¿Dónde están Edward y los niños?
―No sé, Edward llamó diciendo que pasarían por algo antes de llegar aquí.
―No te preocupes, hermanita, regresarán pronto.
―Okay.
Nos detuvimos frente a la gran puerta y Charlie y Jasper la abrieron. Entramos y pude ver que nada había cambiado, bueno, solo una cosa y era…
―¡Bienvenida a casa!
El enorme letrero junto con los globos y las cientos de personas que estaban en la sala.
Rápidamente me rodearon y me llenaron de preguntas, buenos deseos y lamentaciones.
―¿Cómo sigues, Bella?
―Oh, Bella. Te extrañamos tanto.
―La editorial no es lo mismo sin ti, Bella.
―Esperamos que te recuperes pronto.
―¿Cómo estás prima? Te ves bastante bien.
―¿En cuánto tiempo te quitarán las escayolas? La editorial está bastante aburrida sin ti.
Una a una fui respondiendo las preguntas y agradeciendo los buenos deseos. Cuando terminé de hacerlo, la gente se regó por toda la casa.
Media hora después tocaron el timbre y Charlie fue a abrir. Por la puerta entraron tres pequeños repartidores y un repartidor más grande con arreglos florares de tulipanes y rosas tan grandes que cubrían por completo sus caras y torsos; aunque eso no me impidió reconocerlos.
―Entrega especial para la señorita Swan ―anunció el repartidor más grande, agravando su voz.
―Sí, soy yo. ¿Qué se les ofrece?
―Venimos a entregarle estos regalos que nos mandaron para usted.
―¿Quién me los manda?
―Cuatro personas que la adoran con el alma y están extasiados de tenerla de vuelta en casa ―dijo Edward con su voz normal, bajando el arreglo y el peluche, al mismo tiempo que los niños―. Bienvenida a casa.
―Gracias. Es una hermosa bienvenida.
―Lamentamos la tardanza, pero Ed…papá, tardó mucho tiempo escogiendo las flores.
―Y ustedes no se decidían por un peluche.
―Es que todos eran tan bonitos y esponjosos.
―Al final nos decidimos por tulipanes y rosas…
―Y por un león y una oveja. Papá dice que son muy significativos para ti. ¿Es cierto? ―preguntó Ethan y no pude evitar sonreír al recordar el significado de eso.
―Sí, es cierto. Cuando éramos niños, yo le decía león a su…papá y él me decía ovejita.
―¿Por qué?
―Bueno, él tenía mucho cabello y muy rebelde, al igual que la melena de un león. Y cuando yo tenía frío temblaba y hacía una especie de sonidito que se parecía mucho al balido de una oveja.
―Además, su mami era muy torpe y yo tenía que estar protegiéndola todo el tiempo, como solo un león puede hacer.
―¿En serio?
―Sí.
―Wow.
―¿Pueden contarnos su historia?
―Sí, pero ¿qué les parece si lo hacemos en la noche, antes de irnos a dormir?
―¿Cómo un cuento de cuna?
―Exacto.
―Mmmmm. Okay.
Los niños se fueron a jugar con los otros niños que habían venido y yo me acerqué a Tanya, Kate y Garrett. Por suerte, mi silla de ruedas era eléctrica y mi mano no había sufrido ningún daño, lo que me permitía tomar la palanca y manejarla como me diera la gana.
―Hola chicas.
―Hola Bella.
―¿Cómo han estado? Hace semanas que no sé nada de ustedes ―dije con algo de burla, pero de repente me di cuenta de algo en lo que no había reparado―, Tanya, ¿no se supone que Nahuel debería estar aquí como tu esposo? ―pregunté y todos se miraron antes de que ella me respondiera.
―La boda se canceló.
―¿Qué? ¿Cómo?
―Tú aún estabas en coma y yo no estaba dispuesta a casarme si tú no estabas. ¿Cómo iba a casarme sin una de mis damas de honor y mejor amiga? Le dije a Nahuel que pospusiéramos la boda hasta que, por lo menos, despertaras, pero no quiso, se enojó y canceló todo.
―Lo siento tanto. No debiste hacer eso.
―No te preocupes, no fue tu culpa. Entre nosotros ya había unos cuantos problemas. Esto solo me hizo confirmar que no era el indicado.
―¡Hey! Quiten esas caras largas que mi hermanita regresó a casa luego de bastante tiempo y hay que festejarlo.
El resto de la tarde la pasamos entre risas, juegos y anécdotas. Los niños me contaron de los peces que pescaron y la fruta que habían recolectado, dijeron que los habían guardado para mí pero tuvieron que comerlo todo porque si no lo hacían, se hubiera podrido y no lo habrían probado. También me enseñaron las fotos de ese día y me sentí muy orgullosa de mis peques.
Cerca de las ocho, todos los invitados se fueron y solo quedó la familia en la sala. Estuvimos conversando un rato y luego fuimos a nuestras respectivas habitaciones aunque, por ahora, la mía estaría en la planta de abajo para que pudiera salir de la habitación sin necesidad de bajar las escaleras.
Renée me ayudó a ducharme y a cambiarme por un pijama. Cuando estuve lista, Edward me ayudó a acostarme en la cama, antes de subir y terminar de bañar y cambiar a los niños.
―¿Listos para escuchar la historia? ―pregunté cuando, tanto Edward como los niños, estaban enfundados en sus pijamas y acomodados a mi alrededor.
―Sipi.
Edward y yo acordamos contar la historia entre ambos. Afortunadamente nos lla sabíamos de memoria gracias a las miles de veces que la habíamos escuchado.
―Todo comenzó cuando su abuela Renée se mudó a un pequeño pueblo llamado Forks cuando tenía solo 7 años. Su vecina era una niña de la misma edad llamada Esmerald, pero le gustaba que le llamaran Esme.
―Ambas niñas congeniaron y pronto se convirtieron en las mejores amigas.
―Hacían todo juntas, jugaban, iban a la escuela, hacían los deberes e incluso tomaban decisiones juntas.
―Por lo que al momento de ir a la universidad no dudaron y fueron a la universidad de Seattle, obviamente, juntas.
―Ahí conocieron a dos apuestos caballeros que rápidamente las conquistaron.
―¡El abuelo Carlisle y el abuelo Charlie! ―dijo Lizzy emocionada.
―Así es. Ellas conocieron a los abuelos que, curiosamente, también habían sido mejores amigos de toda la vida.
―Lamentablemente, al graduarse, tuvieron que tomar caminos diferentes pues a ambas les ofrecieron buenos trabajos en diferentes lugares del país y eran oportunidades que no podían desperdiciar.
―Siguieron en contacto pero no se volvieron a ver.
―Hasta tres años después, cuando se juntaron para organizar sus bodas.
―Se casaron y se mudaron al centro de Seattle, donde sus casas estaban juntas como cuando eran niños.
―Al poco tiempo, Renée se embarazó y tuvo a dos pequeños niños.
―Los tíos Emmett y Jasper.
―Así es.
―Un año después, nació una hermosa niña de pelo rubio y, al siguiente, una niña de pelo negro, bastante hiperactiva.
―Ambas familias eran inmensamente felices, y qué decir de las orgullosas madres que ya estaban emparejando a sus hijos aun con su corta edad.
―Pero la alegría se hizo más grande cuando un año después del nacimiento de la tía Alice y, cuatro del de los tíos Emm y Jazz, la abuela Renée y la abuela Esme, se embarazaron al mismo tiempo.
―La familia Swan estaba esperando a su primera niña.
―Y la familia Cullen a su primer niño.
―Que son ustedes dos, ¿verdad?
―Así es.
―Bueno, ¿y qué pasó después?
―Ambos niños nacieron y los padres estaban inmensamente felices con sus hijos.
―Los seis niños eran los mejores amigos. Obviamente, se peleaban pero nunca duraban más de un día enojados.
―Se pedían disculpas, se regalaban un dulce y todo quedaba olvidado.
―El tiempo pasó y los niños se convirtieron en adolescentes. El amor llegó y, tal como lo predijeron sus abuelas, fueron formándose las parejitas.
―El tío Emmett con la tía Rose.
―El tío Jasper con la tía Alice…
―Y mami con papi ―completó Lizzy, y Edward y yo soltamos unas risitas.
―Exacto.
―Cuando cumplí 14 años, su padre me pidió que fuera su novia el día del amor y la amistad.
―Ese día ambos recibimos nuestro primer beso.
―¡Asco!
―No son necesarios ese tipo de detalles ―dijeron los gemelos con cara de asco y reímos, aunque la cara de Lizzy era soñadora.
―Okay, okay. No diremos nada de eso.
―Cuando cumplí 16, sus abuelos y tíos me organizaron una pequeña comida en casa de los abuelos Esme y Carlisle, para festejar mi cumpleaños. Pero cuando estábamos cantando la canción de 'Feliz Cumpleaños' su bisabuela Elizabeth, o sea, mi abuela paterna y madre del abuelo Carlisle…vino, tomó mi mano y me llevó arrastrando hacia un carro que se encontraba afuera esperándonos.
Recuerdo ese día perfectamente, fue el peor porque me habían quitado a Edward, pero fue de los mejores porque ese día me había entregado en cuerpo y alma a él.
―No dejó que me despidiera de nadie ni que tomara mis cosas, solamente me tomó y me llevó. Cuando le pregunté por qué me había llevado, me dijo que era para que pudiera ser alguien en la vida y que yo pagaría lo que su abuelo Carlisle había hecho.
Resulta que él siempre quiso ser empresario pero la abuela Elizabeth quería que fuera médico y él solo estudio Medicina para complacerla, pero a escondidas estudiaba Negocios. La abuela Elizabeth se enteró y se enfureció, pero ya nada podía hacer. Así que esperó, y cuando fui lo suficientemente grande, me tomó y me llevó con ella para que yo cumpliera su sueño, y poder vigilarme para que no hiciera otra cosa, más que estudiar Medicina."
―La abuela Elizabeth parece una fea bruja. No me gustan las feas brujas ―refunfuñó Lizzy frunciendo el ceño y todos reímos.
―Qué feo debió ser para ti.
―Sí, pero regresé y ahora estoy con ustedes.
―Su historia es muy linda. Parece como de novela.
―Todas las historias lo son y siempre hay problemas o brujas malas que quieren arruinar los finales felices, pero debemos ser fuertes y no dejar que nos venzan para poder tener nuestro final feliz.
―¿Qué pasó con la bruja de la abuela Elizabeth?
―Ella murió hace poco pero no quiso que nadie supiera de su muerte.
―¿Por qué?
―Porque ella sabía que había hecho cosas malas y no quería que la miraran con odio.
―Yo no la odio. Si no hubiera sido por ella, mami no hubiera conocido al… otro señor, nosotros no estaríamos aquí y no te hubiéramos conocido.
―¿Sabes David? Tienes razón, yo antes la odiaba, pero es cierto lo que dices. Si no hubiera sido por ella, no los hubiera conocido y no hubiera tenido a los mejores hijos del mundo mundial.
―¿Sabes mami? Ustedes tuvieron muchas brujas y dragones malos que quisieron acabar con su historia de amor, pero creo que ya llegó el tiempo para que tengas tu final feliz.
―Creo que tienes razón, princesa, pero no será el final feliz de papi y mío, será el final feliz de todos nosotros, porque ustedes también forman parte de nuestra historia y no nos imaginamos una historia sin ustedes.
―Ahora duerman, pequeños, que han sido unos días bastante agotadores y necesitan descansar.
―Buenas noches, mami. Buenas noches, papi ―dijeron los tres al unísono mientras bostezaban.
―Buenas noches, mis pequeños ángeles.
―Buenas noches, guerreros.
Los niños cayeron profundamente dormidos y Edward se acercó para darme un tierno beso antes de dormir.
―Buenas noches, ovejita. Te amo.
―Buenas noches, mi valiente león. También te amo ―dije antes caer en los brazos de Morfeo con una enorme sonrisa en mi rostro.
¡HOLA! Las saludo luego de siglos sin aparecer por aquí. Sé que muchas están enojadas pero, como dije en el grupo, los maestros me empezaron a llenar de proyectos, exámenes y trabajos y eso me dificultó la escritura de este capítulo, sin contar que tuve varios problemas y bloqueos, pero bueno.
Aquí está el capítulo, ¿qué les pareció?
Probablemente muchas digan '¿Cómo es eso de que Bella perdió la virginidad a los 15? ¿Acaso estás loca?' Si piensan eso, déjenme decirles que yo tampoco estoy de acuerdo en este tipo de cosas (embarazos adolescentes y perder la virginidad a corta edad), pero creo que es mejor perderla con alguien a quien amas que con alguien que te maltrate, tal y como lo hizo Tyler.
El siguiente capítulo, espero tenerlo pronto pues se vienen dos semanas de vacaciones y tendré tiempo de sobra para escribir.
P.D. Una de ustedes me pregunto porque Lizzy era rubia si Tyler es todo lo contrario. No sé si las demás tengan la misma duda pero la respuesta es porque heredo los genes de Renne, y no, no miento. Los genes se pueden heredar hasta la quinta generación.
Adiós. Cuídense. Besos, mordidas y abrazos. Las quiero.
Yayi.
