Kurt tuvo cuidado de no permitirse pensar.

Pensar era una muy mala idea durante esta demasiado corta y perfecta semana. Si se permitía pensar, Kurt no sería capaz de disfrutar de la tranquila vida doméstica que lo llenaba de una calma que no había pensado que sentiría de nuevo desde que James se mudó. Él simplemente no quiso apreciar cada uno de los momentos más espectaculares de intimidad o tomar tanto como se podía de ellos mientras duraron.

Pero incluso mientras ardía en las manos de Blaine o se derretía bajo sus labios, una silenciosa voz en su cabeza siempre le decía que no se olvidara que esto no iba a durar. No podría. No en sus condiciones, no así. Algo sucedería, tarde o temprano.

Kurt hizo lo posible por ignorar esa voz.

. . .

Generalmente tenía el sueño ligero, por lo que prefería dormir solo, pero Blaine resultó se cómodamente tierno y acurrucable, pero no tanto como para acaparar su espacio. A Kurt no le importaba en lo más mínimo dormir con él. A pesar de que hablaba entre sueños.

Normalmente era un murmullo apenas comprensible que algunas veces se convertía en palabras y frases al azar. Pero dos veces durante la semana, Kurt escuchó cosas que lo despertaron completamente, y que lo hicieron permanecer despierto por largas horas, pensando, incluso cuando Blaine dormía pacíficamente en sus brazos otra vez.

La primera vez, fue porque Blaine lloró en sus sueños, disculpándose una y otra vez por algunos errores desconocidos y rogando por ser perdonado. A Kurt casi se le rompe el corazón cuando escuchó de quién estaba hablando Blaine.

Nadie debería sentir tanta angustia y dolor al pensar en su propio padre.

La segunda vez, Blaine sólo dijo una frase, con una brillante sonrisa en el rostro, pero el corazón de Kurt se contrajo en la misma medida.

— Te amo tanto, Kurt... pero tanto, tanto...

Kurt no pudo volver a dormir hasta el amanecer. Era imposible no pensar entonces, y pensar dolía.

En general, la semana Había sido perfecta. Sólo hubo un obstáculo.

El miércoles, acababan de terminar una caliente y desesperada ronda de sexo por la mañana (bueno, era mediodía. Una ronda de sexo al medio día entonces. Y Dios, Blaine tomó lo de los juguetes tan bellamente. Kurt quería echarlos a un lado y tomar su lugar, pero no aún. Todavía no), cuando alguien llamó a la puerta. Blaine estaba muerto para el mundo en este momento, después de haberse quedado dormido justo después de su segundo orgasmo, así que Kurt lo cubrió tiernamente, agarró sus pantalones de yoga y fue a ver al visitante inesperado, tranquilamente cerrando la puerta detrás de él. Cuando vio quién estaba en la puerta, se arrepintió de no fingir que no estaba en casa.

— Hola Kurrrrt. Te ves muy bien hoy.—Sebastian sonrió, entregándole una bolsa marrón grande con el logo de Starbucks.— Tengo una larga hora para almorzar hoy, así que decidí visitarte. Estamos en grave necesidad de ponernos al día, querido. —Se inclinó y robó un rápido beso de los labios de Kurt de la forma en que siempre solía hacerlo; excepto que esta vez se sintió de pronto como demasiado, demasiado fuera de lugar, incómodo.

— Seb, no es un buen momento. Estoy... ocupado.

Sebastian movió las cejas y sonrió lascivamente.— Ooh, ¿otro revolcón? ¿Y él todavía está aquí? Wow, debe ser uno muy bueno si mantuvo tu atención el tiempo suficiente como para quedarse a pasar la noche.

Kurt debería haber previsto el próximo movimiento de su amigo, lo había conocido el tiempo suficiente, pero todavía estaba lento por la falta de sueño y las cantidades asombrosas de grandioso sexo.

Sebastian se agachó bajo el brazo de Kurt y se fue directo a la puerta de la habitación y la abrió antes de que Kurt tuviera la oportunidad de hacer cualquier cosa. Él se apartó y se golpeó la cabeza al instante siguiente, pero el daño estaba hecho. Tendría que estar ciego para no reconocer los rizos oscuros en la almohada de Kurt; y Sebastian estaba lejos de ser ciego. De hecho, era una de las personas más perspicaces que Kurt había conocido en la vida.

Kurt cerró la puerta de la habitación de nuevo y apartó a Seb, ni siquiera tratando de pensar en explicaciones o cómo cubrir la verdad. No funcionaría de todos modos, Sebastian podía ver a través de él cuando quería. En este punto, Kurt sólo rezó porque Blaine no despertara antes de que hiciera el recuento de los daños. Agregarlo a la mezcla sería demasiado para su sistema falto de cafeína.

Cuando llegaron a la cocina, Kurt se ocupó de lavar las dos copas de vino que quedaron en el fregadero de la noche anterior. Seb se quedó en silencio detrás de él, esperando a que hablara primero. Demasiado pronto, los vasos estuvieron limpios y secos, y Kurt se volvió hacia su amigo.

— Lo que sea que quieras decir, ya me lo he dicho a mi mismo. Así que no gastes tu saliva.

Sebastian negó con la cabeza, incrédulo.— Oh, amigo. Estás buscándote problemas, ¿lo sabías?

Kurt se encogió de hombros. Por supuesto que lo sabía. Lo había sabido todo el tiempo. Y aún así, eso no lo detuvo.

Sebastian abrió la bolsa de Starbucks olvidada en el mostrador y sacó las tazas de café y las ensaladas. Sin una sola palabra, se sentaron a la mesa a comer. Cinco minutos después Sebastian habló otra vez. Su voz sonaba baja y más serio de lo que Kurt lo había escuchado alguna vez.

— Kurt... ¿Él lo vale? ¿Romper la confianza de Cooper? ¿Perder su amistad?

Kurt no respondió, sólo siguió inmerso en la ensalada que apenas había tocado con el tenedor. Era injusto preguntarle eso. ¿Cómo podría comparar el valor de su larga amistad contra lo que había encontrado en Blaine? ¿Por qué tenía que comparar? ¿O elegir? ¿Por qué había venido hoy Sebastian aquí, a traerle a Kurt una realidad que había estado tratando tan arduamente de ignorar en el idilio de las semanas anteriores?

No miró a Sebastian a los ojos cuando preguntó.— ¿Le vas a...?

Sebastian ni siquiera lo dejó terminar.— Obviamente no le diré nada, no tienes ni siquiera por qué preguntar. Pero se dará cuenta tarde o temprano. Ustedes dos no son exactamente sutiles, ¿sabes? Había sospechado desde hacía tiempo que algo se estaba cocinando ahí. Y no voy a mentir por ti, Kurt, si Coop pregunta. Pienso que es estúpido lo que estás haciendo, y por un pedazo de culo caliente. Te aconsejaría que terminaras con esto lo más pronto posible, antes de que alguien resulte herido, pero es tu vida y son tus decisiones. Sólo espero que no arruine las dos mejores relaciones que he tenido en mi vida desde que mi nana murió. —Hizo una pausa y suspiró.— De verdad espero que sepas lo que estás haciendo, Kurt.

No había mucho que decir después de eso. Cualquier intento de cambiar de tema pareció inútil, y pronto Sebastian miró su reloj y se levantó.

— Okay. Me voy. Pero Kurt... piénsalo, ¿okay?

Kurt asintió, incluso cuando pensar era lo ultimo que quería hacer. Cuando la puerta se cerró detrás de Sebastian, se lavó la cara con agua helada para contener las lágrimas que estaban tratando de escapar, y se prometió a sí mismo que pensaría en ello más tarde. Después de que Coop regresara. Sólo quería unos cuantos días más sin preocupaciones, con los brillantes ojos de Blaine y su alegre risa.

Sería un adulto, pensaría, planearía y decidiría qué hacer. Pero todavía no.

. . .

En la tarde del Viernes, Blaine regresó a casa. A Kurt ni siquiera le tomó el resto de la tarde darse cuenta qué era esa incomodidad que crecía bajo su piel. Hizo una pausa en la preparación de su salteado, asombrado cuando lo reconoció: se sentía solo. Bueno, eso sí que era nuevo...

Le gustaba vivir solo. Disfrutaba la libertad de no tener que tomar en cuenta las necesidades y los planes de otras personas para comer, dormir y trabajar. ÉL lo hacía cuando lo sentía. Era un lobo solitario, como siempre bromeaba con cualquiera que le preguntaba sobre relaciones serias.

Lo que en realidad no significaba nada, si era honesto.

Cierto, tenía una fuerte tendencia a ser independiente, y la necesidad de ajustarse al estilo o ritmo de vida de alguien más lo ponía al límite. Pero había tantas cosas que le encantaban acerca de compartir el espacio con una persona que... le importaba. Las tontas y ligeras conversaciones mientras hacían cosas del cotidianas; rozarse mutuamente al pasar; las sonrisas sin palabras a través de la habitación sólo porque sí; preparar los alimentos y comer juntos. La calidez de la cercanía de otra persona cuando lo necesitaba; alguien a quien cuidar y que te cuidaba de vuelta. Alguien que te recordaba cada día lo importante que eras; lo necesario que eras.

Las primeras 24 horas después de que Blaine se fue, estuvieron llenas de recuerdos: palabras que caían al silencio del apartamento porque Kurt había olvidado que no había nadie con quien platicar; dos tazas de café preparadas en su distracción; una sonrisa de buenos días hacia una almohada vacía. Cada vez se sorprendía a sí mismo sintiendo una opresión repentina en el pecho, negando con la cabeza y continuando con su día. El Sábado por la tarde, finalmente dejó de fingir. Era momento de pensar acerca de este desastre. Se acurrucó en el asiento junto a la ventana con una copa de vino, mirando las gotas de lluvia que hacían borrosas las luces de la ciudad, y dejó que su mente al final se hiciera cargo.

Blaine era, sin lugar a dudas, importante para él; alguien a quien Kurt quería sinceramente. El mero hecho de pensar en el nombre del niño, era suficiente para causar una ola de afecto corriendo a través de su cuerpo, y no sólo por las experiencias sexuales que compartieron.

Pero también Blaine era sólo un niño, no tenía ni siquiera dieciocho, y además era el hermano pequeño del mejor amigo de Kurt. Esos dos hechos debían ser suficientes para prohibir que la mente de Kurt pensara en Blaine de esa manera.

Pero Kurt nunca había sido bueno en el juego del deber.

La incómoda verdad era que su relación con Blaine, como quiera que la llamaran, tenía que ser un desastre en potencia. No duraría, y no por la distancia o la diferencia de edad. No podía permitirse involucrarse demasiado. Le habían roto el corazón tantas veces como para dejar que sucediera otra vez... y sucedería. Para Blaine, era sólo una fase que superaría pronto, y Kurt se quedaría en el olvido, lo que estaba bien, en serio. Si él no se dejaba caer hasta el fondo.

Y luego, estaba Cooper. Sebastian tenía razón, los secretos como este eran casi imposibles de mantener para siempre, e incluso si no salía a la luz antes de que Blaine se fuera, todo se revelaría en algún momento, de una u otra manera. ¿Pero qué cambiaría si terminara con Blaine ahora? Su relación ya había sucedido; estaba sucediendo. El secreto ya estaba ahí.

¿Qué le haría esto a su amistad si (más que cuando) Coop supiera acerca de Kurt y Blaine? ¿Qué pasaría con Blaine si Kurt le dijera que terminaban? ¿Qué tan malo sería todo esto para Kurt?

La última era fácil: definitivamente no sería bueno. No importaba el resultado, siempre sería el de en medio, y no había manera de que saliera de esto ileso. Pero él lo inició, y entonces lo enfrentaría como un hombre. Sobreviviría con el tiempo al abandono de Blaine; aguantaría la reacción de Cooper cuando se enterara.

Lo que no podía hacer, era romperle el corazón a Blaine.

Más calmado de lo que pensó que estaría, Kurt bebió el resto del vino y se estiró justo cuando su teléfono sonó, anunciando una llamada entrante de Cooper.

. . .

Kurt debió haber sabido que aceptar una invitación a beber una copa en casa de Cooper era una mala idea esta noche. Todo el pensamiento acerca de su relación con Blaine le provocaba un cosquilleo en los labios ante el recuerdo de sus besos. Era muy consciente de los moretones que florecían en sus hombros donde justo ayer, Blaine lo agarró duro mientras se venía profundamente en su garganta, contra la puerta frontal, listo para irse. Con los sonidos de placer de Blaine aún vivos en los oídos de Kurt y el recuerdo de su suave piel, tan fresco en las yemas de sus dedos, no debió haber ido a cualquier lugar cerca de Cooper.

En serio, ¿en qué había estado pensando?

Él era buen actor, y también Blaine, pero sus cuerpos... bueno, seguían drogados estúpidamente en endorfinas. Y sentarse junto a Blaine en el sofá, cerca pero no demasiado, se sentía bien, y natural, y agradable. Demasiado agradable, de hecho. Con el vino y la charla, con la sonrisa de Blaine muy cerca, y con el mundo sintiéndose totalmente amistoso y maravilloso, Kurt dejó que el sosiego de la tarde lo envolviera en una sensación de falsa seguridad.

Entonces cuando Cooper y Sebastian comenzaron a hablar de crímenes financieros, un tema que rápidamente los aburrió a él y a Blaine, se desconectaron y se enfocaron en su propia conversación, acerca de los diseños de Kurt, y del nuevo show que el teatro prepararía pronto, y de las ideas para mejorar el juego de canciones de Blaine. El chico bromeaba acerca de algunas canciones sugestivas que podría agregar, y ambos reían. Las mejillas de Blaine estaban sonrosadas a causa del vino, sus pupilas dilatadas, y estaba tan condenadamente hermoso con unos cuantos rizos sueltos escapando y haciéndole cosquillas en la frente, que Kurt no pensó. Extendió una mano y pasó sus dedos en el cabello de Blaine, acomodándolo suavemente de nuevo en su lugar, y Blaine, claramente inconsciente de dónde estaban, presionó su mejilla en la mano de Kurt, cerrando los ojos de placer.

El silencio repentino en el fondo fue como una explosión.

. . .

Cooper sonó un poco confuso al principio, pero a medida que su cerebro iba rápidamente uniendo las piezas, la ira y la sorpresa comenzaron a salir.

— Um, Kurt, ¿qué demonios fue eso? ¿Blaine? —Ambos guardaron silencio, sacados rudamente de su pequeño mundo agradable sólo para darse cuenta muy tarde de lo que había pasado.— ¿Qué diablos estás...? ¿Están durmiendo juntos?

Ninguno de los dos dijo algo, y ese silencio fue respuesta suficiente. La culpa estaba probablemente escrita en toda su cara también, como si el color aumentando rápidamente en las mejillas de Coop fuera una indicación. En un pensamiento pasajero, Kurt se preguntó si ese tono de rojo se vería mejor si la playera de Cooper no fuera verde militar.

Coop se quedó sin palabras por un momento, pero pronto salió de su mutismo, hablando de forma fuerte y precisa, ligeramente histérico.

— Blaine, ve a tu habitación.

— ¡No soy un niño! —La voz de Blaine temblaba ligeramente, pero hizo un puchero justo así, un adolescente testarudo mirando a través de la máscara de un joven sereno.

— ¡Ve a tu habitación! ¡Ahora!

No. —Blaine estaba temblando. Kurt tomó su mano en un recordatorio silencioso de que no estaba solo, no esta vez.

Eso pareció enojar aún más a Cooper. Empuñando las manos en su cabello como si estuviera tratando de arrancárselo a mechones, enfrentó a Kurt.

— ¿Cómo pudiste, Kurt? ¡Confié en ti! Me importa una mierda cuantos juguetes tengas para coger, puedes putear todo lo que quieras, pero él es mi hermano, ¡por el amor de Dios! ¿Y Blaine? ¿De verdad pensaste que era una buena idea?

Blaine dejó salir un indignado "¡Hey!", pero Kurt apretó su mano para acallarlo. Miró a Cooper directamente a los ojos.

— Déjalo a él fuera de todo esto. Si quieres culpar a alguien, cúlpame a mí. —La calma era casi falsa, y Kurt se alegró de ver que sus habilidades todavía seguían ahí a pesar de la falta de práctica.

— ¡Por supuesto que te culpo! —Coop casi farfulló.— ¿Te has olvidado de lo que significa cuidar? ¿Acaso cada hombre es sólo una simple cogida barata para ti?

— No. Blaine, por mi parte, no lo es.

Cooper no parecía convencido.

— Oh, en serio. ¿Entonces qué es él exactamente? ¿Un amante? ¿Una aventura?

— Prueba con la palabra Novio.

Blaine inhaló bruscamente a su lado y Kurt se dio cuenta que era la primera vez que daban un nombre a lo que había entre ellos. Sin embargo no tuvo la oportunidad de voltear a verlo, porque la palabra sólo pareció poner a Coop más furioso. Su voz era como el hielo.

—Biiiieeeeeen. Kurt, una cosa es seducir al niño, y otra muy diferente es alentarlo.

— ¿Crees que nada más lo estoy alentando? —Bien. Kurt también podía ser frío.

— Creo que estás jugando con su corazón y no voy a dejar que le hagas esto a él.

La voz de Blaine estaba de vuelta, más fuerte que antes cuando protestó.— ¡Hey! ¿Habrá alguien que me escuche, tal vez?

Sin embargo, Cooper no lo dejaría.— Cállate, Blaine. Hablaré contigo más tarde.

— No. Estoy aquí. Habla conmigo ahora.

— Bien. —Coop lo miró fijamente.— Estás castigado. Puedes ir sólo al gimnasio y a tus actuaciones, eso es todo. Si tratas de encontrarte con Kurt a mis espaldas, te regresas a Ohio en el siguiente vuelo.

El rostro de Blaine palideció.— No lo dices en serio.

— Hablo muuuuuy en serio. Soy tu tutor mientras estés aquí, y has roto completamente mi confianza. Ahora vete a tu habitación. Kurt ya se va.

Así que era eso. Cooper estaba muy enojado para razonar con él en este momento; no había nada más que se pudiera hacer esta noche. Kurt se volteó para abrazar a Blaine, fingiendo no escuchar la forma en que Cooper siseó con furia. Besó la frente de Blaine y le susurró al oído.— Ya recapacitará. Todo estará bien. Mándame un mensaje.

Luego se levantó y miró a su amigo.— Estás llevando todo esto fuera de proporción, pero lo entiendo y lo siento. No, no por mi relación con Blaine, sino por el hecho de no habértelo dicho. Pero supongo que puedes ver por qué no lo hice. Llámame cuando estés listo para hablar de manera sensata, ¿okay?

Antes de irse, Kurt le dio a Sebastian una mirada de súplica, y fue recompensado con una pequeña inclinación de cabeza. Yo me encargo, quería decir, y era justo lo que esperaba. Sabía que Coop no lastimaría a Blaine, pero estaba un poco borracho y muy enojado, y esa era una combinación que siempre lo hacía propenso a decir cosas crueles que herían profundamente, incluso si nunca las había querido decir. La influencia ecuánime de Seb lo mantendría bajo control.

La gravedad de la situación golpeó a Kurt de camino a casa, cuando el resto de la adrenalina lo dejó. ¿Y si nunca se recuperaban de esto? ¿Y si Cooper mantenía su decisión y enviaba a Blaine a casa? ¿Y si...?

No, no servía de nada preocuparse en este momento, a menos que quisiera enloquecer. Le mandaría un mensaje a Blaine y esperaría lo mejor.

-8-8-8-8-8-

Tan pronto como la puerta se cerró detrás de Kurt, Blaine saltó del sofá. Su rostro estaba contraído de rabia y sus ojos llenos de lágrimas cuando miró a Cooper.

— Ni siquiera te importa que lo amo, ¿verdad?

Cooper farfulló.— ¡Tú no lo amas! ¿Qué sabes tú del amor? ¡Eres sólo un niño!

Blaine se marchó a su habitación y azotó la puerta, gritando.— ¡Vete a la mierda! ¡Eres como mi padre! —Antes de que Cooper pudiera gritarle algo adecuado -porque ese había sido un golpe bajo, ¡sí señor!- fue interrumpido por un profundo suspiro detrás de su espalda y se giró, sorprendido. Se había olvidado completamente de que Sebastian seguía ahí, sentado calmadamente en el brazo del sofá, jugando con un vaso de Scotch.

— Sin embargo, ya no lo es, ¿sabes? —dijo casualmente, y Cooper negó con la cabeza, perdido por un breve momento.

— ¿Qué?

— Ya no es un niño. Puede ser que tú lo veas como tal, pero tiene casi dieciocho. Ya no está en la infancia. Es natural para él enamorarse y tener sexo.

Cooper se erizó.— ¡No con hombres mayores!

Sebastian se encogió de hombros.— Mayores, jóvenes... ¿cuál es la diferencia? Si quiere salir y tener sexo, lo hará. ¿No crees que fue mejor así que si hubiera ido a un bar al azar a revolcarse con cualquiera, como la mayoría de los chicos de su edad? ¿incuso más jóvenes?

— Pero Kurt... —Dios, incluso el nombre de Kurt sabía amargo en su lengua. ¿Cómo pudo?

Seb no parecía compartir su sentimiento.

— Kurt es un buen tipo, Cooper. No puedes decir que no lo sabes. Claro, ha tenido lo suyo con hombres, pero siempre ha sido cuidadoso. Yo diría que si Blaine quería probar con el sexo, Kurt fue una de las opciones más seguras.

Genial. Todos sus amigos eran unos idiotas

— ¿Por qué lo defiendes?

— No lo defiendo. Sólo estoy diciendo que ya pasó, no puedes cambiar eso. Sólo puedes lidiar con ello, de una forma o de otra. Y personalmente, diría que la forma que has elegido es una de las peores. Solamente los estás alejando, y luego te arrepentirás. Ya sabes cómo te pones, todo tímido después de explotar.

Cooper apretó los dientes.— No esta vez.

— Uh-huh. Te doy un día.

Cooper negó con la cabeza de forma desafiante, pero en el fondo, sabía que Sebastian tenía razón. Su rabia siempre hervía rápido, intensa pero breve. Muy a menudo acababa disculpándose por las cosas que había dicho o hecho en un ataque de ira. E incluso había tenido que pagar por algunas posesiones destruídas (y una ventana) cuando era más joven. Se sentó en la orilla del sofá, de repente cansado.

— Es que no quiero que sufra...

Sebastian resopló. Lo entendía.— Pero así será, una y otra vez. Siempre hay sufrimiento, es parte de crecer y madurar. Sufres muchas veces antes de hacerlo bien, ya lo sabes. No puedes protegerlo de eso. Déjalo tomar sus propias decisiones, incluso si son equivocadas.

Permanecieron en silencio por un tiempo, hasta que Cooper se aventuró a una conjetura.

— Tú sabías acerca de ellos, ¿no es así?

— Desde hace pocos días.

Debería enojarse con Sebastian también, pero ya no le quedaba energía.

— ¿Por qué no me lo dijiste?

— No me correspondía, Coop. Pero déjame decirte algo: a Kurt de verdad le importa. Sé cómo actúa cuando se trata de un revolcón, y no es así. No estoy diciendo que se casarán y que tendrán bebés, pero él no lastimaría a tu hermano. Se preocupa demasiado por él.

Siguió otro largo momento de silencio, y ahora todo lo que Cooper quería era dormir. Le dolía la cabeza.

— Okay, vete. He tenido suficiente.

Sebastian dio un sorbo a su whiskey. No parecía tener intención de moverse.

— Siéntete libre de ir a la cama. Sólo me quedaré aquí y disfrutaré de este maravilloso licor antes de irme. No te preocupes, sé dónde está la salida.

En serio, ¿por qué insistía en ser amigo de esos idiotas?

Cooper negó con la cabeza, exhausto, y se encerró en su dormitorio. Tenía que pensar. Pero mañana. Sí. Definitivamente mañana.