Nota: como sabemos, todos los personajes vienen del imaginario de doña SM. La historia es mía.
Todos los nombres de los capítulos de Por Carretera son títulos de películas modificados según la necesidad. El crédito no es mío (lástima que no lo pensé primero).
Summary: –Entiendo que pueda no interesarte –dijo Edward de repente– pero yo me dirijo a Forks. Cerca de Seattle. Viajo por carretera –lo escuchaba mas no entendía sus palabras. Él sólo sonrió torcido y agregó–: puedes venir conmigo si quieres. ByE en un Road Fic.
¡A leer!
Comentarios varios, abajo.
(:
14. Pánico y locura en Forks*
.
–Pues apesta, eso es lo que pasa.
¿Qué acaso esas palabras tenían que decirme algo? Si era así, ¡demonios!, que me faltaba urgente una clase de comprensión auditiva o lo que fuera. En verdad, seguí de pie esperando que Edward dijera algo más. Como no lo hizo, y como aún seguía viéndome de esa forma que retenía mi accionar (cosa que me inquietaba), agregué como pude:
–No te entiendo –realmente no entendía; o tal vez, no quería entender lo que se supone debía entender.
Pero mi pregunta fue para peor…
Su mirada reveló todo ínfimos segundos antes de que las palabras escaparan de su boca, confirmándolo todo:
–Pasa que me gustas –dijo de forma clara y sin rodeos, cortando los metros que nos separaban y llegando junto a mí–. Eso pasa –susurró tan malditamente cerca. ¿Qué acaso este hombre flotaba que no oí sus pasos acercarse? (lo vi en una película una vez: no dormían, eran veloces… estaba segura, Cullen era como un vampiro o algo así. Bueno, se supone que también bebían sangre. Olvídenlo, no se que hago hablando de vampiro o creyendo que Edward es uno) Claro que no lo oí, estaba más preocupada asimilando las palabras que habían salido de su boca…
Esa boca, que me dejó de propio sin palabras y que literalmente calló la mía con un beso.
… ¿o fue para mejor?
No bastó más que su aliento cubriendo el mío, embriagándome en el instante, para poder reconocerlo. Así es, tan fácil y tan increíblemente simple fue reconocer esos labios que con sólo un toque, y tan o más competentes que el mejor ilusionista en la tierra, me hipnotizaron.
Y sus manos… fue como una paradoja pues sus manos se sintieron tan fuertes cuando asieron mi rostro mas el contacto que mi cerebro procesó fue contrariamente suave, cuidadoso… delicado. Cálido. Más que cálido. Extraordinariamente ardiente. Único.
Y en el idioma que mejor manejaban (caricias que empezaban a acariciar tan intensas en intensidad) sus labios me hicieron una invitación que, sin dudar y movida por no-se-qué (algo de calendarios astrales e influencias lunares hicieron muy-muy lejos eco en mi mente), no dudé en aceptar. Acción que se tradujo en el simple instante en que comencé a responder a ese beso, y mis labios empezaron a besarlo.
¡Dios! Si Edward besándome era increíble, Edward y yo besándonos era increíble elevado a la potencia mil. Mil millones... de millones… infinito era la palabra. Digo, era… era casi estúpida la manera en que sus labios se acoplaban a los míos encajando con tanta habilidad, reconociéndose aún ya conocidos, disfrutando de un modo sincronizado, como ballet de caricias que no buscaban acabar. Que no querían acabar… pero que debían hacerlo.
Debía dejar de besarlo pero estaba incapacitada para poder pensar. Sólo tenía un pensamiento en mi cabeza y era que ese beso realmente estaba ocurriendo (tan magistralmente perfecto) y me bloqueó de manera en que ninguno más podía pasar. Incluyendo aquel que me decía que me alejara(1)…
–¡No!
Un paso atrás y mis manos apartando las suyas bastaron para terminar el contacto. Casi lo mismo, o un poco más de tiempo del que tardé en extrañarlo y volver a necesitarlo.
Inconciente (del todo no intencionada) acerca del momento en que mis ojos se habían cerrado para sentir, sólo pude controlar el momento en que volví a abrirlos y caí de golpe, como Alicia tras el conejo blanco, en un hoyo de realidad.
Mis manos, que estaban en mi rostro, se pasearon a mi cabeza, descendiendo hasta mi cuello, finalmente entrelazándose, inquietas como si las palmas de mis manos picaran.
–Te pedí que no volvieras a hacer eso –le recordé un tanto obnubilada.
Edward exhaló fuerte; algo así como un risa suprimida –No puedo evitarlo, es… es como una droga para mí –agregó. Podía sentir la sonrisa plasmada en su voz, lo sentía porque no lo miraba, no me atrevía.
Yo estaba en otra dimensión donde la gravedad había bajado a uno haciendo mis movimientos y pensamientos tan o casi más lentos que una avalancha de globos. Daba pasos irregulares dentro de mi metro cuadrado mientras mi mirada se movía indecisa (pero igualmente lenta) buscando un punto de fuga en ese fondo verde y homogéneo que nos rodeaba.
Tantas palabras, verdades reveladas, declaraciones pronunciadas… sin que mi cabeza pudiera dar crédito a ellas. No podía ser que… y lo era.
–No sabes como lamento haber tardado tanto en decírtelo –volvió a hablar Edward incitado por mi silencio. Sus palabras estaban teñidas de frustración.
Tenía mil cosas dándome vueltas y literalmente colapsando mi cerebro pero tuve que hacerle espacio a esta última revelación. Me volví otra vez a Edward (cuidando la distancia entre nosotros) y pregunté:
–Tanto… ¿el último semestre? –necesitaba saber a qué se refería cuando decía tanto. No podía ser tanto como él decía…
Edward levantó la vista avergonzado (cabe decir que cuando formulé mi pregunta bajó la mirada) –Los últimos años.
Nunca me han dado una bofetada (tampoco espero que lo hagan) pero basada en la experiencia cinematográfica/televisiva que tengo diría que fue como si me hubiesen golpeado: como si una ruidosa, potente y feroz bofetada hubiese ido a dar contra mi rostro.
¿Años? ¿Qué acaso Edward era el rey del stand up comedy(2)? Porque claramente sólo le faltaba el micrófono, la mesa a su lado con un vaso de agua y un foco que lo iluminara desde arriba; esto era una broma, ¿no? Es decir, ¿¡años!
–¿Co-cómo…? –más pronto de lo esperado comencé a hiperventilar–. No tiene sentido. No… quiero decir, compartimos los mismos veranos en Forks, pasamos un semestre juntos en secundaria, Edward –le recordé un tanto exasperada–. Recuerdo como era tu trato hacia mí –lo recordaba y seguro ahora él también lo hacía–. Si yo te gustaba…
–Me gustas –me corrigió con voz grave.
–… si yo te gustara –continué sin detenerme en su comentario–, habrías hecho algo –mi voz había dejado de sonar exacerbada y se oía ahora débil; tal vez un poco dolida–. Habrías hecho algo más que pasar por mi lado con tu actitud tan… arrogante, tan… indiferente –era como si le reclamase que no hubiese hecho lo que debía cuando debía–, haciendo como si realmente no existiera… –no se como pudo escuchar esto último: mi voz ya no tenía fuerzas para salir.
Así habían sido los hechos, aunque doliera admitirlo. Verano tras verano fui testigo de cómo mi persona era invisible para Edward Cullen aún cuando sólo el primer verano de conocerlo había sido presa de sus encantos. Lo mismo el último semestre cuando compartimos curso, sala y banco de clase: indiferenciaque se notaba. Actitud que iba en aumento a medida que intentaba desentenderme de él: era como si mientras más empeño ponía en vivir fuera de los límites y efectos que provocaba el tan-encantador Edward Cullen en todos, más empeño ponía él en hacerme notar que yo no le interesaba. Que yo le importaba nada. Cero. Más que cero.
–No sabía como acercarme a ti.
¿Esa era su excusa? Segunda bofetada que se sintió el doble de fuerte y de la que me tardé varios segundos en reponer. Cuando lo logré, sólo pude pensar en una cosa: Hey Arnold!(3)
Es raro como puede llegar a funcionar tu cerebro, pero cuando Edward dijo lo que dijo, mi cabeza simplemente virtualizó una imagen que podía acercarse a entenderlo: Helga G. Pataki.
Helga, la eterna enamorada de Arnold (y no es que creyera que Edward estaba enamorado de mi –¡Dios! que eso me terminaba por matar– pero la situación era algo por el estilo). Haciendo de su vida imposible: insultándolo y burlándose a cada momento pero… amándolo en secreto. Todo por temor.
Era un ejemplo bastante llevado al extremo pero realmente era lo único que me ayudaba a comprender (¿ahora entienden mi desesperación? es decir, ¡pretendía que un dibujo animado me enseñara de la vida!): yo le gustaba a Edward a pesar de que siempre creí que no le importaba. Eso era.
No. Yo le gusto a Edward.
–Contigo era diferente, no eras como el resto de las chicas –siguió diciendo avergonzado. ¿Diferente? ¡Dios! ¿Por qué todos dicen lo mismo? ¿Qué acaso soy una criatura del espacio exterior? Maldición, sólo soy una chica. Una simple chica–. Y lo cierto es que nunca hice nada para acercarme porque… Bella, tú no vivías acá en Forks, no creí oportuno jugármela si al final de cada verano terminarías yéndote tan lejos –confesó arrepentido–. Bueno, después me di cuenta que hasta ni eso me importaba. No cuando esta chica realmente me gustaba –agregó, y una sonrisa tímida quiso escapársele.
Sus últimas palabras habían sido… ¡wow! nunca nadie me había dicho algo así. ¿Lo triste? Es que nunca nadie tampoco me había dicho lo que Edward había pronunciado antes de su perfecta declaración.
–¿No creíste oportuno? –quise que mi voz sonara firme pero sí que costó. La mirada de Edward sobre mí lo hizo peor–. ¿Y que sentido tiene que lo hagas ahora Edward? –era verdad. ¿Qué sentido tenía tanta declaración a esta altura? ¿Después de años, como él había dicho?–. Yo estoy con Mike, lo sabes –era una excusa barata pero era la única que tenía a mano.
Lo cierto es que no dejaba de resonar en mi cabeza, como un eco constante, el hecho de que aunque Edward hubiese dicho a los quince años que yo no era buena para él, la idea había logrado mantenerse viva por más tiempo. Una simple idea: yo no valía la pena y eso sí que dolía.
–Tú no amas a Newton –bastaba con fijarse un poco para notar que la mandíbula de Edward estaba apretada, conteniéndose de soltar quién sabía que cosas que guardaba en su cabeza.
–¿Pretendes que al decir eso yo termine con Mike de inmediato y corra a los brazos tuyos? –en esta situación el sarcasmo era lo único que me quedaba, si no seguro me ponía a llorar. Y que todos me escuchen cuando digo que nadie me había visto llorar, nunca, y no sería esta la primera vez, menos frente a Cullen.
–No tienes para qué ser sarcástica –dijo Edward molesto.
–Soy realista. Además, tú mismo lo dijiste –le reproché.
–¿De qué hablas?
–¿Querías saber por qué no me agradabas? Tu primera pregunta –le recordé–. Pues porque te oí a ti y a Jasper hablando –Edward parecía confuso–. En la cafetería al lado de la estación de policía. Regresé a buscar un libro que había olvidado –podía notar como poco a poco Edward iba comprendiendo a qué me refería–. Jasper te aconsejó que me invitaras a salir… bueno, ahí tienes tu maldita respuesta –primero estada dolida, ahora estaba molesta. Me molestaba saber que si no fuera por este estúpido viaje yo no tendría que estar recordando estas cosas. Se supone que yo lo había superado. ¡Se supone que había superado a Edward Cullen!
–Bella, teníamos quince años –dijo Edward levantando su voz unos decibeles; por lo visto él también comenzaba a perder la paciencia–. Era un adolescente, ¡por Dios! ¿Sabes el poco peso que tienen las cosas que decimos cuando se tiene quince años? –dijo impaciente.
–¿Sabes lo que duele escuchar al chico que te gusta decir que no eres suficientemente buena para él cuando se tiene quince años? –solté furiosa en respuesta.
Esos segundos que siguieron a mi explosión me recordaron (y seguro a Edward también) que seguíamos varados en la berma de una carretera camino a Forks. El silencio que se hizo fue rotundo. El follaje de los árboles (corría una tenue brisa helada que se movía entre las hojas) se escuchó a lo lejos. Ningún auto pasaba por el lugar.
–¿Yo te gustaba? –preguntó Edward rompiendo el silencio. Su voz se escuchó dudosa, como si aún no creyera lo que había oído.
–Gustaba. Pasado. Tú mismo lo dijiste –agregué lo más ácida que pude.
–¿Es posible que llegue a gustarte… otra vez? –preguntó con el mismo tono.
–Sabes, para el final del viaje llegué a pensar en la idea de que me gustabas. Y que te gustaba. Y que tú y yo… pero no –dije firme. Tragué el nudo que me provocaba hablar lo que iba a decir–: por suerte, sólo fueron vagas ideas y nada más. No es posible que tú me intereses de nuevo –mentí.
No podía evitar su mirada, si lo hacía, Edward sabría que mentía, aunque los ojos de Edward eran la mejor herramienta si lo que buscaba era hacerme confesar.
–No lo creo así –dijo seguro. Muy serio y muy seguro–. Digo, eras a mí a quien besabas –me recordó.
De inmediato bajé la mirada; la sangre me quemó por dentro. Di una larga bocanada antes de volver a enfrentarlo:
–No te preocupes por mis maletas. Charlie puede ir por ellas hasta tu casa.
Dicho esto, comencé a caminar por la orilla de la carretera en dirección a donde se suponía estaba Forks. ¡Demonios! Se que es la actitud más infantil que podría existir, me sentía una niñata y yo no era así, pero estaba molesta. No. Estaba furiosa. ¿Quién se creía Cullen para hablarme de mis sentimientos? ¡Eran mis sentimientos! ¿Qué podía saber él lo que yo sentía?
–Vamos Bella, no te irás sola –gritó Edward a mis espaldas. No me volví ni un momento, seguí con paso decidido. Era verdad, tardaría un par de horas en llegar pero no me volvería a subir a ese auto con Edward. No lo haría–. ¡Bella! ¡No seas inmadura! –se quejó. Era inmadura. Más que inmadura pero no me importaba.
Había avanzado ya varios metros en los que Edward había dejado de gritar. Ahora que lo pensaba, este sí que era un gran final para el viaje. ¿No podíamos haber seguido hasta Forks sin detenernos, habernos despedidos y habernos deseado buenas fiestas con una sonrisa cordial? No. Edward había tenido la brillante idea de frenar a escasos kilómetros del pueblo sólo para declarase. También lo odiaba por eso: por su culpa el momento que debía haber sido el mejor de mi vida se había convertido en un infierno. ¡Se supone que una chica tiene derecho a disfrutar del mejor beso de su vida!
–Bella –la voz de Edward me trajo de vuelta a la fría realidad de los caminos de la zona: iba en el auto y me hablaba por la ventanilla del copiloto. Volví mí vista al frente, evitándolo–: te prometí que te llevaría a casa –se estiró para abrir la puerta–. Vamos, serán sólo unos minutos –di un par de pasos más en las que el Volvo avanzó con la puerta abierta–. No tienes que hablarme si no quieres –agregó. Su voz era dulce, aquello me provocó más enojo.
Detuve mi andar y Edward frenó de inmediato. De mala gana subí al auto y cerré la puerta. En ningún momento quité la vista del frente. No tenía más opción: a atravesar esos kilómetros que restaban.
Cuando llegamos a mi calle y reconocí mi casa pude al fin respirar. Ninguno de los dos había hablado durante los minutos que duró la carrera (¿habrán sido veinte? No más que eso y se sintieron como horas). Bajamos y me dirigí a abrir la puerta; Charlie no estaba en casa, bueno, ya lo sospechaba porque la patrulla no estaba estacionada. Edward bajó mis maletas y me acerqué a ayudarlo. Las dejamos en el rellano de la puerta.
Aquello era realmente incómodo. No sabía que decir. A pesar de todo, a pesar que en ese momento estaba odiando todo lo que tuviera relación con Cullen, no podía pasar por alto lo bien que se había portado conmigo.
–¿Quieres… –jugueteaba con mi cabello para no mirarlo– quieres pasar a tomar un refresco o algo?
Si yo estaba inquita, Edward estaba peor. Se tocaba el cabello y jugaba con las llaves del Volvo.
–Será mejor que me vaya –dijo después de meditarlo varios segundos.
–Bien –asentí varias veces.
–Bien –dijo Edward alejándose con pasos indecisos. Me volteé para entrar a casa–. Bella –me llamó desde la puerta del Volvo–, no quiero que las cosas terminen mal entre nosotros –dijo arrepentido.
Yo tampoco, pensé. Lo que menos quería era eso pero realmente necesitaba tiempo para pensar: había sido mucho en tan poco tiempo.
–¿Podemos… podemos hablarlo luego? –propuse. Tendríamos que conversar en algún momento, por mucho que quisiera evitarlo.
–Eso me gustaría –asintió y me dedicó una leve sonrisa que no alcanzó a llegar a sus verdes ojos, cubiertos aún por la tristeza.
Entré las maletas a la casa y cerré la puerta. Bien, había sido ya bastante niña esa mañana así que unos minutos más no afectarían en nada: me apoyé tras la puerta y me dejé caer hasta el piso. Solté una larga bocanada de aire y dejé mis ojos cerrarse. Desde ahí pude escuchar el motor del Volvo cuando se marchaba, perdiéndose.
El viaje había acabado. Y el final, ciertamente, no había sido el mejor. Lástima, pensé.
. . .
Cuando Charlie llegó casi media hora después, me encontró en mi habitación desempacando (estuve sólo unos minutos sentada tras la puerta, no crean que me derrumbo tan fácilmente). Como ya eran pasadas la una de la tarde, y en vista que no cenaríamos juntos esa noche (la cena con Mike seguía en pie), Charlie me invitó a almorzar a Port Ángeles. Dijo que no tenía que volver a la jefatura hasta las cinco así que tenía tiempo para que comiéramos juntos y celebráramos que había llegado a casa. Era la forma que Charlie tenía de demostrarme su cariño, cosa que no me molestaba en absoluto; debo decir que en eso éramos iguales.
–No sabía que llegarías hoy –dijo cuando la mesera trajo nuestras hamburguesa con papas fritas a la mesa. Aunque estábamos en un bonito local de Port Ángeles, la dieta de Charlie seguía siendo la misma–. No se supone que terminabas las clases el dieciocho o diecinueve.
Es cierto, Charlie no sabía nada de mi viaje con Edward –El jueves terminé mi última prueba pero me olvidé de reservar pasaje –algo muy estilo Bella, ¿no?–. Edward se ofreció a traerme en su auto –agregué.
–¿Edward? –preguntó de inmediato frunciendo el ceño, olvidándose por completo de su hamburguesa. Charlie siempre había sido igual: a la menor mención de un nombre masculino por mi parte, se ponía en alerta permanente.
–Edward Cullen, papá –aclaré.
–Oh –dijo relajándose y dando un mordisco al emparedado–. El hijo del doctor Cullen. Un buen muchacho, ¿no?
–Eso creo –no iba a entrar en detalles con papá; lo bueno es que a él tampoco le gustaba entrar en detalles.
–Debe haber sido cansador. Son como 3.000 o 3.500 kilómetros, ¿no? –siguió diciendo Charlie–. Y a mí que me agota viajar hasta Seattle…
–Cansador, así es… –respondí algo ida mirando por la vidriera de lugar.
Lo que no me esperaba era ver lo que vi por la ventana; es decir, si hubiese estado tomando sopa de seguro me aparecía en el fondo del plato, porque Edward acababa de entrar a una tienda de electrónicos al otro lado de la calle nada menos que junto a Rosalie Hale.
Rose, como la llamaba él.
Y yo que creí que estando con Charlie podría olvidarme de todo.
*Adaptado de la película "Pánico y locura en Las Vegas" (Fear and Loathing in Las Vegas, 1998) de Terry Gilliam.
(1) El crédito de todo este párrafo es de lleno de los creadores/guionistas de Pushing Daisies. Confieso que un poco de mi tiempo lo he usado para repetirme los capítulos de esta maravillosa serie y quise, otra vez, homenajearla. Quise usar este párrafo porque es PERFECTO en todo sentido. Simplemente lo adapté para que encajara en el fic (pertenece al primer capítulo de la serie).
(2) Stand up Comedy es un tipo de comedia que se hace en vivo, donde el comediante, micrófono en mano, interactúa directamente con el público. Algo de lo que hace El Club de la Comedia (en Chile) o Jerry Seinfield al inicio de cada capítulo de la sitcom Seinfield.
(3) Hey Arnold!, tal como lo medio-explico en el fic, es un dibujo animado que el canal Nickelodeon emitió a finales de los '90/ inicios del 2000. Arnold es el prota, un chico maduro y apuesto (admito que fue mi primer amor televisivo (L) ) con cabeza de balón. Helga G. Pataki es una compañera de clase, mandona y machote para sus cosas, que le hace la vida imposible pero que lo ama en secreto.
No hay canciones en este capítulo. No había atmósfera para oír música, por lo visto. ¿Fui muy mala? No me odien. En sólo que Bella tiene mil confusiones con respecto a lo que siente. Por lo visto no había superado su herida con respecto a ese Edward quinceañero quien, sin saberlo, la hizo sufrir. No la odien aunque les cueste. Aún así, ¿les gustó? Sospecho que no tanto (yo seguidora del fic también me odiaría xD) pero igual espero sus comentarios, queridas ^^. Adoré hacer las alusiones a Twilight.
Es cierto, acabó el viaje y ya no hay marcha atrás, pero no se asusten, que el viaje acaba pero el fic sigue unos pocos (falta muy poco, en serio) capítulos más.
Explico algunas cosillas: Edward sí iba a viajar a Forks por su cuenta, para pasar las fiestas con su familia. Se supone que él se marchó a Chicago (donde está la Universidad) en su Volvo, de modo que pretendía volver en él para las fiestas. De paso se encontró invitando a Bella a viajar junto a él (y salió todo esto del fic xD). Como ya expliqué una vez, Bella visitaba a Charlie sólo los veranos, a excepción del último semestre escolar que tuvo que terminarlo en Forks por las mismas razones que nos dan en Twiligt (el matrimonio de Reneé).
Respondo a los reviews ahora ^^ (viene el párrafo largo que tanto me gusta escribir): ahtziry-hp-twilight-host-7 (por supuesto chica, si necesitas algo con tu fic, me dices. Busco hacerme el tiempo :D), Ally Masen (¡y yo AMO tu review! me alegra que te encante), Catali (siento la espera. Ojalá te dejara conforme lo que ocurrió antes de la tormenta), lani'sworld (acá los interrumpió nadie y quedó igualmente el caos. Por lo visto, uno de los chicos es el problema. Otra cosa, igual que con dreamingwithcolors, adoro tu nick, en serio. Me da hasta como envidia porque imagino de inmediato todo un mundo maravilloso sólo para ti xD), Vladislav (gracias :D), Ness nrn87 (pasó mucho a mi parecer, ¿no? xD), Nora Bells (Edward es muy tímido cuando se trata de agarrar por la cintura, pero su delicadeza a la hora de tomar el rostro de Bella es igualmente apasionada. Y Bella, que no lo niegue, tiene más que claro lo que siente), vampinessie (me llegó el efecto de la ola ^^ Puchis niña, no alcanzo a subir otro cap tan luego pero cuando vuelvas espero tener un par más arriba. ¡Suerte!), Tata XOXO (Edward dijo TODO. O casi. Les adelanto una cosilla: hoy escribí un diálogo que está.. no es porque lo escriba yo, pero está de muerte. Y ahí Edward dice más que todo :O Guarda el secreto, ¿sí?), JAM Masen (¡deja tus deditos tranquilos, niña! Capítulo arriba. ¿Mike? ya viene-ya viene, que lo tengo presente para todas ustedes. ¡Muajaja! *risa malvada* xD Grax por el review guapa), Nekhbet (¡que linda! Gracias. Espero este cap no te haya dado un soponcio), Agui (todas quisieramos una última noche con Edward xD Rose, no la odien, es un simple detalle. Jugará un papel peque-peque, pero que.. uy, mejor no cuento :D), ania 09 (ehh, lo cierto es que nunca lo pensé. Sería un inmenso desafío poner todo esto del otro lado. La verdad, no tengo contemplados capítulos POV Edward. No me siento capacitada para sumergirme en la mente masculina. Tal vez en otro fic niña :/, lo siento), AanB (lo dije recién, no soy capaz de escribir algo desde Edward solamente (escribo 3ra persona, sí, pero es distinto) y además, Por Carretera siempre estuvo pensada para ser un POV Bells, querida), Alice Cullen1396 (¡bienvenida linda! Me alegro te gusten las canciones. ¡El capítulo nuevo para tí!), eviita cullen (porque es Mike :/ Y no me odien al chico, Bella recalca que es su novio pero (incluso lo aclara) como una mala excusa. Son otros los líos de ella), perl rose swan (falta poco para que todo se arregle :D), marie antoinette cullen (¡grax! me alegro te gustara. Ya sabes que pasa ahora xD), Diana Prenze (beso: check. Declaración: ¡doble check!), fallen angel's doll (se que el cap estuvo largo. Después, comparándolo bien, estaba MUY largo. El punto era que quería incluir hasta esa frase decisiva ("apesta, eso es lo que pasa", ¿recuerdas?) pero pasaban muchas cosas antes que no quise discriminar. ¡Felices fiestas!), Paoliiz B Masen (declaración de Edward antes de arribar a Forks: ¡check! Ahora, Bells no se siente digna y viene Edward y le hace sentir exactamente lo mismo. Eso genera sólo más problemas), Millaray (¡de nada querida! Nombro varias pelis en el fic, espero les gusten también), Hermi567 (¿te gustó como terminaba todo? Niña eres una harrypottiense, ¿no? Tu nick me lo sopló ^^ Te cuento (y a todas en verdad) tengo una idea de un mini-fic de HP, un Ron/Hermione que espero hacer muy pronto porque la idea me entusiasma mucho, y como será cortito, no hay probelma. Para que estén atentas), anaapatts (puchis niña, ojalá pudiera subir un capítulo por día así te encontraras con ellos, pero ahora subí, algo es algo :D), Little-Gabbe (querida, lo cierto es que cada noche me meto en tus pensamientos y robo tus ideas xD ganas a la U, y bueno, se hace lo que se puede xD Mil cariños, nos leemos :D), AleCullen10 (jaja, tú me dices, ¿termina querida?), Chikanime (Edward en el lugar de cualquiera es más entretenido xD Y La Vie en Rose es una perfecta canción para cualquier momento. ¡Muchos xoxoxoxo para ti linda!), kamashytah (busca la canción, ¡es preciosa! Rosalie no es obstáculo. Rose es Rose solamente xD), karlita the Cullen (¡grax por el review! Saludos), dreamingwithcolors (no odies a Bells querida, alégrate por ella :D Y pasó lo que esperabas, hubo beso pero hubo drama, lo siento. No todos tenemos la suerte de tener ampolletita (como tantas grandes mentes creativas que existen por ahí) pero es simple hacer el esfuerzo. Yo lo hago día a día y ¡si que resulta! (eso creo :S) ¡Ánimo! Es cierto, un mundo de felicidad y todo, pero literalmente me lo imagino un mundo a lo Agatha Ruiz de la Prada xD Pero niña, te salió competencia en esto de tener el mejor nick xD).
Otro parrafín para mis queridas que me suman a Alerts y Favoritos: Allie-Jazz, Marie Sellory, maryed, usw, Alice Cullen1396, gabs cullen, Lizzie de Pattinson, Iris'Moonlight, Millaray, PATSS, Gissy Cullen Swan, Polo-Y, YingFa sexy, vip twilighters, AAPD1095, lani'sworld, Dary Cullen Night, Millaray, shie-san, Alhena A F, Mar Slmnk Swansea, ahtziry-hp-twilight-host-7, quierotujeep, Yamato18 y peggykct. ¡Muchas gracias!
Las dejo, mañana tengo trabajo que hacer :/
¡Espero sus comentarios!
¡Viva Chile Mierda! (dicen por ahí xD) En fiestas patrias, el patriotismo emerge. ¡Empanás y chicha para todas!
¡Cariños!
(:
