Capítulo 14:

"Miradas de un desconocido y sueños del pasado"

La puerta se abrió de inmediato. Una bruja alta, de cabello negro y túnica verde esmeralda, esperaba allí. Tenía un rostro muy severo, y el primer pensamiento de Harry fue que se trataba de alguien con quien era mejor no tener problemas.

-Profesora McGonagall, le traigo a los de primero.- la mujer era bastante severa por lo que parecía.

-Gracias, Hagrid.- todos los niños de once años se quedaron junto a la profesora.-Yo los llevare desde aquí.- abrió bien la puerta. El vestíbulo de entrada era tan grande que hubieran podido meter toda la casa de los Dursley en él. Las paredes de piedra estaban iluminadas con resplandecientes antorchas como las de Gringotts, el techo era tan alto que no se veía y una magnífica escalera de mármol, frente a ellos, conducía a los pisos superiores.

-Increíble.-comentaron los mellizos, mirando todo a su alrededor. Siguieron a la profesora McGonagall a través de un camino señalado en el suelo de piedra. Harry podía oír el ruido de cientos de voces, que salían de un portal situado a la derecha, pero la bruja llevó a los de primer año a una pequeña habitación vacía, fuera del vestíbulo. Se reunieron allí, más cerca unos de otros de lo que estaban acostumbrados, mirando con nerviosismo a su alrededor.

-Bienvenidos a Hogwarts.-saludó la profesora McGonagall.-El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupen sus lugares en el Gran Comedor deberán ser seleccionados para sus casas. La Selección es una ceremonia muy importante porque, mientras estén aquí, sus casas serán como su familia en Hogwarts. Tendrán clases con el resto de la casa que les toque, dormirán en los dormitorios de sus casas y pasaran el tiempo libre en la sala común de la casa. Las cuatro casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Cada casa tiene su propia noble historia y cada una ha producido notables brujas y magos. Mientras estén en Hogwarts, sus triunfos conseguirán que las casas ganen puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa, un gran honor. Espero que todos ustedes sean un orgullo para la casa que les toque. La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de pocos minutos, frente al resto del colegio. Les sugiero que, mientras esperan, se arreglen lo mejor posible.- los ojos de la profesora se detuvieron un momento en la capa de Neville, que estaba atada bajo su oreja izquierda, y en la nariz manchada de Ron. Con nerviosismo, Harry trató de aplastar su cabello.-Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremonia.-agregó la bruja.- Por favor, esperen tranquilos.-Tabatha, chasqueo la lengua y ayudó a su hermano a acomodarse el cabello.

-Ahí está.-habló, luego de haber hecho todos los intentos posibles por ayudarlo. -¿Cómo se las arreglan exactamente para seleccionarnos?-preguntó, mientras le pasaba un pañuelo al joven Weasley, para que límpiese la nariz.

-Creo que es una especie de prueba. Fred dice que duele mucho, pero creo que era una broma.-los mellizos se miraron un tanto preocupados. Hagrid jamás le mencionó que debían hacer una prueba ante todo el colegio para ser seleccionados. Nadie hablaba mucho, salvo Hermione Granger, que susurraba muy deprisa todos los hechizos que había aprendido y se preguntaba cuál necesitaría. Harry intentó no escucharla. Él y su hermana, nunca habían estado tan nerviosos. Mantuvieron los ojos fijos en la puerta. En cualquier momento, la profesora McGonagall regresaría y los llevaría a su juicio final. Entonces sucedió algo que le hizo dar un salto en el aire... Muchos de los que estaban atrás gritaron.

-¿Qué es...?-resopló. Lo mismo hicieron los que estaban alrededor. Unos veinte fantasmas acababan de pasar a través de la pared de atrás. De un color blanco perla y ligeramente transparentes, se deslizaban por la habitación, hablando unos con otros, casi sin mirar a los de primer año. Por lo visto, estaban discutiendo.

-Perdonar y olvidar. Yo digo que deberíamos darle una segunda oportunidad...- decía que el que parecía un monje gordo y pequeño.

-Mi querido Fraile, ¿no le hemos dado a Peeves todas las oportunidades que merece? Nos ha dado mala fama a todos y, usted lo sabe, ni siquiera es un fantasma de verdad... ¿Y qué está haciendo todos ustedes aquí?-el fantasma, con gorguera y medias, se había dado cuenta de pronto de la presencia de los de primer año. Nadie respondió.

- ¡Alumnos nuevos!-exclamó el Fraile Gordo, sonriendo a todos.-Están esperando la selección, ¿no?-algunos asintieron.- ¡Espero veros en Hufflepuff.- continuó el fantasma.-Mi antigua casa, ya saben.

-En marcha.-habló una voz aguda.- La Ceremonia de Selección va a comenzar.-la profesora McGonagall había vuelto. Uno a uno, los fantasmas flotaron a través de la pared opuesta.-Ahora formen una hilera.-ordenó.-Síganme.

Con la extraña sensación de que sus piernas eran de plomo, los mellizos se pusieron detrás de un chico de pelo claro, con Ron detrás. Salieron de la habitación, volvieron a cruzar el vestíbulo, pasaron por unas puertas dobles y entraron en el Gran Comedor.

Nunca se habrían imaginado un lugar tan extraño y espléndido. Estaba iluminado por miles y miles de velas, que flotaban en el aire sobre cuatro grandes mesas, donde los demás estudiantes ya estaban sentados. En las mesas había platos, cubiertos y copas de oro. En una tarima, en la cabecera del comedor, había otra gran mesa, donde se sentaban los profesores. La profesora McGonagall condujo allí a los alumnos de primer año y los hizo detener y formar una fila delante de los otros alumnos, con los profesores a sus espaldas. Los cientos de rostros que los miraban parecían pálidas linternas bajo la luz brillante de las velas. Situados entre los estudiantes, los fantasmas tenían un neblinoso brillo plateado.

-El techo de no es de verdad, tiene un hechizo para que parezca el cielo, lo leí en la Historia de Hogwarts.- le comento Hermione a Tabatha.

-Sabes mucho.- le respondió la pelirroja sonriéndole.

-Tengan la amabilidad de esperar aquí.- ordeno McGonagall, deteniendo la fila en el inicio de los escalones, mientras ponía en silencio un taburete de cuatro patas frente a los de primer año. Encima del taburete puso un sombrero puntiagudo de mago. El sombrero estaba remendado, raído y muy sucio.

Tal vez tenían que intentar sacar un conejo del sombrero, pensó Harry algo obviamente, eso era lo típico de... Al darse cuenta de que todos los del comedor contemplaban el sombrero, Harry también lo hizo. Durante unos pocos segundos, se hizo un silencio completo. Entonces el sombrero se movió. Una rasgadura cerca del borde se abrió, ancha como una boca, y el sombrero comenzó a cantar.

Oh, podrás pensar que no soy bonito, pero no juzgues por lo que ves. Me comeré a mí mismo si puedes encontrar un sombrero más inteligente que yo.

Puedes tener bombines negros, sombreros altos y elegantes. Pero yo soy el Sombrero Seleccionador de Hogwarts y puedo superar a todos.

No hay nada escondido en tu cabeza que el Sombrero Seleccionador no pueda ver. Así que pruébame y te diré dónde debes estar.

Puedes pertenecer a Gryffindor, donde habitan los valientes. Su osadía, temple y caballerosidad ponen aparte a los de Gryffindor.

Puedes pertenecer a Hufflepuff donde son justos y leales. Esos perseverantes Hufflepuff de verdad no temen el trabajo pesado.

O tal vez a la antigua sabiduría de Ravenclaw, Si tienes una mente dispuesta, porque los de inteligencia y erudición siempre encontrarán allí a sus semejantes.

O tal vez en Slytherin harás tus verdaderos amigos. Esa gente astuta utiliza cualquier medio para lograr sus fines.

¡Así que pruébame! ¡No tengas miedo! ¡Y no recibirás una bofetada! Estás en buenas manos (aunque yo no las tenga). Porque soy el Sombrero Pensante.

Todo el comedor estalló en aplausos cuando el sombrero terminó su canción. Éste se inclinó hacia las cuatro mesas y luego se quedó rígido otra vez.

-¡Entonces sólo hay que probarse el sombrero!-le susurró Ron a los mellizos.-Voy a matar a Fred.-Tabatha sonrió débilmente. Sí, probarse el sombrero era mucho mejor que tener que hacer un encantamiento, pero habría deseado no tener que hacerlo en presencia de todos. El sombrero parecía exigir mucho, y ni ella ni su mellizo, se sentían valientes, ni ingeniosos, ni nada de eso, por el momento. La profesora McGonagall se adelantaba con un gran rollo de pergamino.

-Cuando yo los llame, deberán ponerse el sombrero y sentarse en el taburete para que los seleccionen.-explicó.- ¡Abbott, Hannah!-una niña de rostro rosado y trenzas rubias salió de la fila, se puso el sombrero, que la tapó hasta los ojos, y se sentó. Un momento de pausa.

-¡HUFFLEPUFF!-gritó el sombrero. La mesa de la derecha aplaudió mientras Hannah iba a sentarse con los tejones. La pelirroja vio al fantasma del Fraile Gordo saludando con alegría a la niña.

-¡Bones, Susan!-

-¡HUFFLEPUFF!-gritó otra vez el sombrero, y la niña se apresuró a sentarse al lado de Hannah.

-¡Boot, Terry!-

-¡RAVENCLAW!-la segunda mesa a la izquierda aplaudió esta vez. Varios Ravenclaw se levantaron para estrechar la mano de Terry, mientras se reunía con ellos. Brocklehurst, Mandy también fue a Ravenclaw, pero Brown, Lavender resultó la primera nueva Gryffindor, en la mesa más alejada de la izquierda, que estalló en vivas. Harry pudo ver a los hermanos gemelos de Ron, silbando. Bulstrode, Millicent fue a Slytherin. Tal vez era la imaginación de Harry; después de todo lo que había oído sobre Slytherin, pero le pareció que era un grupo desagradable.

-¡Finch-Fletchley, Justin!-

-¡HUFFLEPUFF!-Tabatha notó que, algunas veces, el sombrero gritaba el nombre de la casa de inmediato, pero otras tardaba un poco en decidirse.

-Finnigan, Seamus.-el muchacho de cabello arenoso, que estaba al lado de Harry en la fila, estuvo sentado un minuto entero, antes de que el sombrero lo declarara un Gryffindor.

-Granger, Hermione.- ella casi corrió hasta el taburete y se puso el sombrero, muy nerviosa.

-¡GRYFFINDOR!-gritó el sombrero. Ron gruñó. Cuando Neville Longbottom, el chico que perdía su sapo, fue llamado, se tropezó con el taburete. El sombrero tardó un largo rato en decidirse. Cuando finalmente gritó: ¡GRYFFINDOR! Él salió corriendo, todavía con el sombrero puesto y tuvo que devolverlo, entre las risas de todos, a MacDougal, Morag. Malfoy se adelantó al oír su nombre, guiñándole un ojo a la pelirroja al pasar y de inmediato obtuvo su deseo: el sombrero apenas tocó su cabeza y gritó: ¡SLYTHERIN! Él fue a reunirse con sus amigos Crabbe y Goyle, con aire de satisfacción. Ya no quedaba mucha gente. Moon... Nott... Parkinson... Después unas gemelas, Patil y Patil... Más tarde Perks, Sally-Anne... y, finalmente.

-¡Potter; Harry!-él miró a su hermana y le sonrió levemente. Ella le apretó la mano y le dio un leve empujoncito para que se adelantara. Los murmullos se extendieron súbitamente como fuegos artificiales.

-¿Ha dicho Potter? ¿El Harry Potter de los mellizos Potter?-

-¿Ese Harry Potter?- lo último que vio, antes de que el sombrero le tapara los ojos, fue el comedor lleno de gente que trataba de verlo bien y hasta algunos se inclinaban para comprobar si también se encontraba la pelirroja. Al momento siguiente, miraba el oscuro interior del sombrero. Esperó.

-Difícil. Muy difícil.-dijo una vocecita en su oreja.- Lleno de valor, lo veo. Tampoco la mente es mala. Hay talento, oh vaya, sí, y una buena disposición para probarse a sí mismo, esto es muy interesante... Entonces, ¿dónde te pondré? -Harry se aferró a los bordes del taburete.

-"En Slytherin no, en Slytherin no".-pensaba.

-En Slytherin no, ¿eh?-preguntó la vocecita.- ¿Estás seguro? Podrías ser muy grande, sabes, lo tienes todo en tu cabeza y Slytherin te ayudaría en el camino hacia la grandeza. No hay dudas, ¿verdad? Bueno, si estás seguro, mejor que seas ¡GRYFFINDOR!- Harry oyó al sombrero gritar la última palabra a todo el comedor. Se quitó el sombrero y anduvo, algo mareado, hacia la mesa de. Estaba tan aliviado de que lo hubiera elegido y no lo hubiera puesto en Slytherin, que casi no se dio cuenta de que recibía los saludos más calurosos hasta el momento. Percy el prefecto se puso de pie y le estrechó la mano vigorosamente. La pelirroja, se sumó aplausos, sosteniendo una amplia sonrisa.

-¡Potter; Tabatha!-el Gran Comedor volvió a quedar en silencio, todos a la espera de poder ver a la otra parte de los mellizos. Tímidamente pero con confianza, camino hasta el taburete donde se le fue colocado el sombrero.

-¡Ah! –exclamó la misma vocecita en su oreja.- Otra Potter, estaba esperando este día.-el sombrero hizo una breve pausa.-Según lo que puedo leer en tu mente eres muy valiente como para estar en Ravenclaw, bastante inteligente como para estar en Hufflepuff, un poco egocéntrica como un Slytherin pero sin duda tienes un león a dentro.- el sombrero espero unos segundos hasta dar su veredicto.-¡GRYFFINDOR!- una gran sonrisa apareció en la pelirroja, todo el manojo de nervios que se había formado, desapareció con la última palabra del sombrero. Bajó del taburete, a reunirse con su hermano, al tiempo que los gemelos Weasley gritaban ¡Tenemos a Potter! ¡Tenemos a Potter!

Ambos se sentaron, recibiendo una palmada del fantasma que revoloteaba por encima de sus cabezas, pero más que un gesto de aprobación, fue como si les hubieran tirado un baldazo de agua helada.

Desde sus lugares podían ver bien la Mesa Alta. En la punta, cerca de ellos, estaba Hagrid, que los miró y levantó los pulgares. Ellos le sonrieron. Y allí, en el centro de la mesa, en una gran silla de oro, estaba sentado Albus Dumbledore. Tabatha lo reconoció de inmediato, por el cromo de las ranas de chocolate. El cabello plateado de Dumbledore era lo único que brillaba tanto como los fantasmas. Harry también vio al profesor Quirrell. Estaba muy extravagante, con un gran turbante púrpura. Y ya quedaban solamente tres alumnos para seleccionar. A Turpin, Lisa le tocó Ravenclaw, y después le llegó el turno a Ron. Tenía una palidez verdosa y los mellizos cruzaron los dedos debajo de la mesa. Un segundo más tarde, el sombrero gritó: ¡GRYFFINDOR! Ellos aplaudieron con fuerza, junto con los demás, mientras que Ron se desplomaba en la silla más próxima.

-Bien hecho, Ron, excelente.-lo felicitó pomposamente Percy, por encima de Harry, mientras que Zabini, Blaise era seleccionado para Slytherin. La profesora McGonagall enrolló el pergamino y se llevó el Sombrero Seleccionador.

Harry miró su plato de oro vacío. Acababa de darse cuenta de lo hambriento que estaba. Los pasteles le parecían algo del pasado. Albus Dumbledore se había puesto de pie. Miraba con expresión radiante a los alumnos, con los brazos muy abiertos, como si nada pudiera gustarle más que verlos allí.

-¡Bienvenidos!-exclamó.- ¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de comenzar nuestro banquete, quiero decirles unas pocas palabras. Y aquí están, ¡Papanatas! ¡Llorones! ¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias!-se volvió a sentar. Todos aplaudieron y vitorearon. Harry no sabía si reír o no.

-Está... un poquito loco, ¿no?-le preguntó con aire inseguro a Percy.

-¿Loco?-repitió con frivolidad.- ¡Es un genio! ¡El mejor mago del mundo! Pero está un poco loco, sí. ¿Patatas, Tabatha?-la pelirroja se quedó con la boca abierta. Los platos que había frente a ella de pronto estuvieron llenos de comida. Nunca había visto tantas cosas que le gustara comer sobre una mesa: carne asada, pollo asado, chuletas de cerdo y de ternera, salchichas, tocino y filetes, patatas cocidas, asadas y fritas, pudín, guisantes, zanahorias, salsa de carne, salsa de tomate y, por alguna extraña razón, bombones de menta.

Los Dursley nunca los habían matado de hambre, pero tampoco le habían permitido comer todo lo que quería. Dudley siempre se servía lo que ellos deseaban, aunque no les gustara. Ella llenó su plato con un poco de todo, salvo los bombones de menta, y comenzó a comer. Todo estaba delicioso.

-Eso tiene muy buen aspecto.-comentó con tristeza el fantasma de la gola, observando a Harry mientras éste cortaba su filete.

-¿No puede...?-

-No he comido desde hace unos cuatrocientos años.-respondió el fantasma.-No lo necesito, por supuesto, pero uno lo echa de menos. Creo que no me he presentado, ¿verdad? Sir Nicholas de Mimsy-Porpington a su servicio. Fantasma Residente de la Torre de Gryffindor.

-¡Yo sé quién es usted!-dijo súbitamente Ron.- Mi hermano me lo contó. ¡Usted es Nick Casi Decapitado!

-Yo preferiría que me llamaran Sir Nicholas de Mimsy...-comenzó a decir el fantasma con severidad, pero lo interrumpió Seamus Finnigan.

-¿Casi Decapitado? ¿Cómo se puede estar casi decapitado?-el fantasma pareció muy molesto, como si su conversación no resultara como la había planeado.

-Así.-dijo enfadado. Se agarró la oreja izquierda y tiró. Toda su cabeza se separó de su cuello y cayó sobre su hombro, como si tuviera una bisagra. Era evidente que alguien había tratado de decapitarlo, pero que no lo había hecho bien. Pareció complacido ante las caras de asombro y volvió a ponerse la cabeza en su sitio y tosió aclarándose la voz.- ¡Así que nuevos Gryffindor! Espero que este año nos ayuden a ganar el campeonato para la casa. Gryffindor nunca ha estado tanto tiempo sin ganar. ¡Slytherin ha ganado la copa seis veces seguidas! El Barón Sanguinario se ha vuelto insoportable... Él es el fantasma de Slytherin.-Harry miró hacia la mesa de las serpientes y vio un fantasma horrible sentado allí, con ojos fijos y sin expresión, un rostro demacrado y las ropas manchadas de sangre plateada. Estaba justo al lado de Malfoy, que no parecía muy contento con su presencia.

-¿Cómo es que está todo lleno de sangre?-preguntó Seamus con gran interés.

-Nunca se lo he preguntado.-dijo con delicadeza Nick Casi Decapitado.

*.*.*

Cuando hubieron comido todo lo que quisieron, los restos de comida desaparecieron de los platos, dejándolos tan limpios como antes. Un momento más tarde aparecieron los postres. Trozos de helados de todos los gustos que uno se pudiera imaginar; pasteles de manzana, tartas de melaza, relámpagos de chocolate, rosquillas de mermelada, bizcochos borrachos, fresas, jalea, arroz con leche... Mientras Harry se servía una tarta, la conversación se centró en las familias.

-Yo soy mitad y mitad.-dijo Seamus.-Mi padre es Muggle. Mamá no le dijo que era una bruja hasta que se casaron. Fue una sorpresa algo desagradable para él.-os demás rieron.

-¿Y tú, Neville?-preguntó Tabatha, llevándose a la boca una cucharada de helado.

-Bueno, mi abuela me crió y ella es una bruja. Pero la familia creyó que yo era todo un Muggle, durante años. Mi tío abuelo Algie trataba de sorprenderme descuidado y forzarme a que saliera algo de magia de mí. Una vez casi me ahoga, cuando quiso tirarme al agua en el puerto de Blackpool, pero no pasó nada hasta que cumplí ocho años. El tío abuelo Algie había ido a tomar el té y me tenía agarrado de los tobillos y colgando de una ventana del piso de arriba, cuando mi tía abuela Enid le ofreció un merengue y él, accidentalmente, me soltó. Pero yo reboté, todo el camino, en el jardín y la calle. Todos se pusieron muy contentos. Mi abuela estaba tan feliz que lloraba. Y tendrían que haber visto sus caras cuando vine aquí. Creían que no sería tan mágico como para venir. El tío abuelo Algie estaba tan contento que me compró mi sapo.

Al otro lado de la pelirroja, Percy y Hermione estaban hablando de las clases.

-Espero que empiecen en seguida, hay mucho que aprender; yo estoy particularmente interesada en Transformaciones, ya sabes, convertir algo en otra cosa, por supuesto parece ser que es muy difícil. Hay que empezar con cosas pequeñas, como cerillas en y todo eso...-

Los mellizos, que comenzaba a sentirse reconfortados y somnolientos, miraron otra vez hacia la Mesa Alta. Hagrid bebía copiosamente de su copa. La profesora McGonagall hablaba con el profesor Dumbledore. El profesor Quirrell, con su absurdo turbante, conversaba con un profesor de grasiento pelo negro, nariz ganchuda y piel cetrina.

Todo sucedió muy rápidamente. El profesor de nariz ganchuda miró por encima del turbante de Quirrell, directamente a los ojos de los hermanos Potter... y un dolor agudo los golpeo, tanto en la frente como en el estómago. Ambos soltaron una exclamación de dolor y se agarraron las zonas donde estaban sus cicatrices.

-¿Qué ha pasado?-preguntó Percy, volviendo la vista hacía ellos.

-N…nada.-respondió la pelirroja, sintiendo como el dolor desaparecía tan súbitamente como había aparecido. Era difícil olvidar la sensación que tuvieron cuando el profesor los miró, una sensación que no les gustó en absoluto.

-¿Quién es el que está hablando con el profesor Quirrell?-preguntó Harry.

-Oh, ¿ya conocían a Quirrell, entonces? No es raro que parezca tan nervioso, ése es el profesor Snape. Su materia es Pociones, pero no le gusta... Todo el mundo sabe que quiere el puesto de Quirrell. Snape sabe muchísimo sobre las Artes Oscuras.

Harry vigiló a Snape durante un rato, pero el profesor no volvió a mirarlo. Por último, también desaparecieron los postres, y el profesor Dumbledore se puso nuevamente de pie. Todo el salón permaneció en silencio.

-Sólo unas pocas palabras más, ahora que todos hemos comido y bebido. Tengo unos pocos anuncios que haceros para el comienzo del año. Los de primer año deberán tener en cuenta que los bosques del área del castillo están prohibidos para todos los alumnos. Y unos pocos de nuestros antiguos alumnos también deberán recordarlo.-los ojos relucientes de Dumbledore apuntaron en dirección a los gemelos Weasley.-El señor Filch, el celador, me ha pedido que les recuerde que no deben hacer magia en los recreos ni en los pasillos. Las pruebas de Quidditch tendrán lugar en la segunda semana del curso. Los que estén interesados en jugar para los equipos de sus casas, deben ponerse en contacto con la señora Hooch. Y por último, quiero decirles que este año el pasillo del tercer piso, del lado derecho, está fuera de los límites permitidos para todos los que no deseen una muerte muy dolorosa.- Harry rió, pero fue uno de los pocos que lo hizo.

-¿Lo decía en serio?-murmuró la pelirroja, un tanto preocupada.

-Eso creo.-dijo Percy, mirando ceñudo a Dumbledore.-Es raro, porque habitualmente nos dice el motivo por el que no podemos ir a algún lugar. Por ejemplo, el bosque está lleno de animales peligrosos, todos lo saben. Creo que, al menos, debió avisarnos a nosotros, los prefectos.

-¡Y ahora, antes de que vayamos a acostarnos, cantemos la canción del colegio!-exclamó Dumbledore. Harry notó que las sonrisas de los otros profesores se habían vuelto algo forzadas. El director agitó su varita, como si tratara de atrapar una mosca, y una larga tira dorada apareció, se elevó sobre las mesas, se agitó como una serpiente y se transformó en palabras.- ¡Que cada uno elija su melodía favorita!-dijo.- ¡Y allá vamos!

Hogwarts, Hogwarts, Hogwarts, enséñanos algo, por favor.

Aunque seamos viejos y calvos o jóvenes con rodillas sucias, nuestras mentes pueden ser llenadas con algunas materias interesantes. Porque ahora están vacías y llenas de aire, pulgas muertas y un poco de pelusa.

Así que enséñanos cosas que valga la pena saber, haz que recordemos lo que olvidamos, hazlo lo mejor que puedas, nosotros haremos el resto, y aprenderemos hasta que nuestros cerebros se consuman.

Cada uno terminó la canción en tiempos diferentes. Al final, sólo los gemelos Weasley seguían cantando, con la melodía de una lenta marcha fúnebre. Dumbledore los dirigió hasta las últimas palabras, con su varita y, cuando terminaron, fue uno de los que aplaudió con más entusiasmo.

-¡Ah, la música!-comentó, enjugándose los ojos.- ¡Una magia más allá de todo lo que hacemos aquí! Y ahora, es hora de ir a la cama.-los de primer año de Gryffindor siguieron a Percy a través de grupos bulliciosos, salieron del Gran Comedor y subieron por la escalera de mármol.

Las piernas de los mellizos, otra vez parecían de plomo, pero sólo por el exceso de cansancio y comida. Estaban tan dormidos que ni se sorprendió al ver que la gente de los retratos, a lo largo de los pasillos, susurraba y los señalaban al pasar; o cuando Percy en dos oportunidades los hizo pasar por puertas ocultas detrás de paneles corredizos y tapices que colgaban de las paredes. Subieron más escaleras, bostezando y arrastrando los pies y, cuando Harry comenzaba a preguntarse cuánto tiempo más deberían seguir, se detuvieron súbitamente. Unos bastones flotaban en el aire, por encima de ellos, y cuando el prefecto se acercó comenzaron a caer contra él.

-Peeves.-susurró a los de primer año.-Es un duende, lo que en las películas llaman Poltergeist.-Levantó la voz.-Peeves, aparece.-la respuesta fue un ruido fuerte y grosero, como si se desinflara un globo.- ¿Quieres que vaya a buscar al Barón Sanguinario?-se produjo un chasquido y un hombrecito, con ojos oscuros y perversos y una boca ancha, apareció, flotando en el aire con las piernas cruzadas y empuñando los bastones.

-¡Oh!-habló, con un maligno cacareo.- ¡Los horribles novatos! ¡Qué divertido!-de pronto se abalanzó sobre ellos. Todos se agacharon.

-Vete, Peeves, o el Barón se enterará de esto. ¡Lo digo en serio!-gritó Percy enfadado. Peeves hizo sonar su lengua y desapareció, dejando caer los bastones sobre la cabeza de Neville. Lo oyeron alejarse con un zumbido, haciendo resonar las armaduras al pasar.-Tienen que tener cuidado con Peeves.-dijo Percy, mientras seguían avanzando.-El Barón Sanguinario es el único que puede controlarlo, ni siquiera nos escucha a los prefectos. Ya llegamos.-al final del pasillo colgaba un retrato de una mujer muy gorda, con un vestido de seda rosa.

-¿Santo y seña?-preguntó.

-Caput draconis.- el retrato se balanceó hacia delante y dejó ver un agujero redondo en la pared. Todos se amontonaron para pasar y se encontraron en la sala común de Gryffindor; una habitación redonda y acogedora, llena de cómodos sillones.

Percy condujo a las niñas a través de una puerta, hacia sus dormitorios, y a los niños por otra puerta. Al final de una escalera de caracol (era evidente que estaban en una de las torres) encontraron, por fin, sus camas, cinco camas con cuatro postes cada una y cortinas de terciopelo rojo oscuro. Sus baúles ya estaban allí, al igual que la jaula de Phoebe.

-Que bien, mañana será muestro primer día.- comentó emocionada Hermione mientras se tumbaba en su cama.

-La verdad que sí, no espero a que llegue la mañana y poder seguir recorriendo este lugar.- las dos empezaron a desempacar y a prepararse para ir a dormir.

-Tabatha, ¿Puedo hacerte una pregunta?- Hermione, no sabía si era apropiado pero debía hacerla.

-Claro.- la pelirroja se sentó en el borde de la cama de su compañera para escucharla mejor.

-¿Qué… qué se sintió cuando Quien-ya-tu-sabes, hizo lo que-tu-ya-sabes?- ella se esperaba esa pregunta, no de parte de Hermione si no de cualquiera. Soltó un suspiro y decidió contestar.

-La verdad, hasta hace unos meses, Harry yo, creíamos la versión de nuestros tíos. Según ellos, nuestros padres murieron en un accidente automovilístico, nosotros decidimos creerles ya que eran los únicos familiares que teníamos.- tomo un poco de aire y siguió hablando.-La madrugada del 31 de julio, Hagrid, nos visitó y es ahí donde supimos toda la verdad. Por lo tanto, mucho no sé qué sentir pero a veces siento un gran vacío, siento que quiero tenerlos cerca para poder sentir lo que es tener un padre y una madre.- los ojos avellanas, comenzaron a aguarse, Hermione lo vio y su primera reacción fue abrazar a su amiga.

-Lo lamento, no debí preguntártelo.- la pelirroja le devolvió el abrazo con una sonrisa.

-¿Sabes? Eres mi primera amiga en años.- la castaña se ruborizo.

Después de estar unas horas hablando, ambas cayeron dormidas, ese había sido un día largo pero lo bueno acababa de empezar. Los rayos plateados de la luna, se filtraban por la ventana, mientras que Tabatha aún estaba despierta. Trataba de concentrarse y poder dormirse para poder estar bien para la mañana que le esperaba.

Era una noche de Halloween, una pequeña pelirroja caminaba por una calle que no conocía. El viento hacía bailar las hojas, levantándolas y volviendo a dejarlas en el suelo. Ante ella, apareció una casa de dos pisos, techo de tejas marrones, una cerca de ladrillos, y un pequeño jardín. Era acogedora. Noto que la puerta estaba abierta, y decidió entrar a ver esa hermosa casa por dentro.

El fuego de la chimenea, estaba casi extinto debido al viento, los vidrios de las ventanas estaban rotos y esparcidos por todo el suelo. El crujido de los vidrios bajo sus pies, era lo único que se escuchaba.

Después de unos segundos, una risa maléfica la hizo estremecer de miedo. Subió las escaleras para ver a los propietarios de la casa, lo primero que encontró al llegar a la planta alta, fue el cadáver inerte de un hombre con gafas. Se dio cuenta que esa acogedora casa, no era nada más y nada más el lugar donde ella había nacido junto a su hermano. Debido a las lágrimas, se dejo caer sobre el hombre, que aún mantenía los ojos abiertos, observo esos ojos, eran sus ojos. Era su padre.

-¡Te encontré, sangre sucia!- se escuchó desde el final de pasillo.

-Mamá…- susurro dejando a su padre y tratar de ayudar a su madre.

Siguió el sonido de esa voz, hasta que llego a una habitación. Un hombre con una gran túnica negra, estaba frente a la puerta apuntando con su varita a una mujer pelirroja que lloraba por sus hijos.

-Por favor, no le hagas daño a mis hijos, ellos no hicieron nada, mátame a mí en su lugar.- rogaba esa mujer.

-¡Mamá!- gritaba Tabatha, al ver como esa sombra mataba a la pelirroja que dio la vida por ellos. Las lágrimas, le nublaban todo. Solo quería llorar. Se escondió en un extremo de la habitación con la cara entre las piernas, no quería seguir viendo esa escena. De pronto esas palabras con las que había estado soñando aparecieron de nuevo.

-Tranquila cariño, ahora estoy yo…-

*.*.*

¡Hola!

Bueno, espero que les guste el capítulo

Ah, antes de que me olvide. Quería decir que el siete de febrero, me voy a tomar unas vacaciones de dos semanas. Así que voy a estar inactiva todo ese tiempo, pero prometo volver con más capítulos:3