13.- Los Crestas.
Las Tierras Crestas estaban a un día y medio de camino de las tierras de los Mellark, lugar desde el cual partieron Annie y Finnick junto a un par de escoltas.
Habían salido cerca del amanecer de la mañana de hace dos días atrás y estaban prontos a llegar a su destino. Durante la noche pasada habían dormido en una posada que estaba en uno de los pueblos de camino hacia su destino final.
Annie estaba nerviosa y no dejaba de darle miradas a Finnick, este parecía sereno, pero el castaño también estaba nervioso. No todos los días uno iba a la casa de la familia de la persona que pretendías pedir su mano en matrimonio.
La rubia sonrió al ver el camino que los llevaría directamente hasta su casa, casi se echa a andar a todo galope al sentir las ansias de ver y abrazar a su familia. Pero se detuvo a tiempo, para continuar cabalgando junto a Finnick.
Llegaron al gran portón de manera, en el cual se podía ver claramente el escudo de la familia Cresta, que en su cima decía: "God is Love".
- ¡Habrán la puerta! – gritó Annie.
- ¿Quién desea entrar?
- Soy yo Annie. Apresúrate en abrir que estoy exhausta.
Las puertas se abrieron para dejar entrar a la pequeña comitiva, un anciano hombre era quien estaba tras ella.
- Gracias… - dijo Annie, una vez dentro - ¿Y mis padres?
- En la casa, señorita.
La rubia asintió agradecida.
- ¿Nervioso? – preguntó Annie a Finnick.
- ¿Debería?
- Ciertamente. – la joven Cresta rió antes de apurar a su caballo hasta la casa principal.
Finnick siguió a su, casi, prometida algo preocupado por lo que estaba por venir. ¿Acaso debía temerle a algo?
Antes de que Annie bajara de su corcel, una rubia de aproximadamente dieciséis años salió corriendo de la gran mansión.
- ¡Annie! ¡Annie! ¡Estás por fin devuelta! – La rubia sonrió contenta. – ¡Madre, padre! ¡Annie ha regresado!
La chica repentinamente vio a Finnick y dio un saltito.
- ¡Y no viene sola… creo que consiguió marido!
La rubia comenzó a reír, mientras Annie se ponía roja como una manzana. Aunque en su rostro había una clara muestra de molestia, Annie se apresuro a atraer a su hermana hasta sus brazos, para darle un gran abrazo de oso.
- Te extrañe pequeña molestia.
- Y yo a ti hermanita… y dime… ¿si trajiste marido? – esto último fue apenas un susurro para que solo lo escuchara la rubia.
Annie asintió y la chica soltó un gritito de júbilo, antes de apretar a su hermana con bastante fuerza.
Mientras tanto, los caballos habían sido llevados a las caballerizas por los mozos y los hombres de escolta fueron conducidos a las cocinas para que se alimentaran y descansaran del agotador viaje.
Finnick se había acercado a la pareja de hermanas con una sonrisa. Él había escuchado el comentario de la chica y este le había causado mucha gracia.
- Johanna… – dijo Annie causando que una mueca se formara en el rostro de la joven. – Déjame presentarte a Finnick Odair, mi pretendiente.
Galantemente, el castaño tomo la mano de su futura cuñada y la besó.
- Un placer conocerla, Señorita Cresta.
- Solo Johanna, por favor. – la rubia sonrió.
Cuando Annie está a punto de reclamar sobre hermanas muy coquetas y pretendientes demasiado caballerosos. Salieron de la casa los padres de Annie.
- Hija, que alegría verte. – dijo la mujer en un sollozo.
- ¡Mamá!
La rubia se apresuró a abrazar a su madre, la mujer también tenía el cabello rubio, pero no tan intenso como el de sus hijos y marido. Annie luego de abrazar a su madre hizo lo mismo con su padre.
- Madre, Padre… - habló la rubia solemnemente.- Quiero presentarles a Finnick Odair.
El joven hizo una reverencia.
- Un gusto conocerlos Señores Cresta. Espero que mi visita no les importune y que el motivo de venir hasta acá les traiga alegría.
La Señora Cresta se apresuro a acercarse al joven y, sin que este se lo esperara, lo abrazó.
- ¡Oh! Querido, tú no importunas para nada. Un jovencito tan educado no puede más que traer momentos gratos ¿No es así, Arthur?
- Si cariño, tus palabras son muy ciertas.
Finnick sonrió ante el recibimiento. También lo hizo Annie, pero al pensar que a su pretendiente aun le faltaba conocer a sus hermanitos.
Durante el almuerzo, Finnick se enteró que la familia Cresta la componía en total nueve personas. El hijo mayor de la familia era William, quien se hacía cargo de la familia como cabeza de esta, ya que su padre le había cedido su lugar. Este ya estaba casado con una agraciada joven, a la cual ya había sido presentado. La pareja ya tenían dos hijos. Una niña y un niño, mellizos.
Después venía Charlie, que trabaja en el campo de la familia en la crianza de caballos pura sangre. El joven adoraba a esos animales. El también estaba casado, con una joven de una familia muy adinerada y esperaban a su primer hijo.
El tercer hijo era Peter, que vivía en Londres. Este Cresta era muy estudioso y siempre estaba realizando algún trabajo de investigación. Finnick también se enteró que hace poco había contraído matrimonio con la hija de conocido político llamada Penélope.
A continuación venían los hermano Cato y Marvel, ambos eran solteros y disfrutaban de las atenciones de muchas jovencitas. Al parecer ambos eran el dolor de cabeza de la Señora Cresta.
De ahí le seguía su Annie y para finalizar venía la menor de la familia, Johanna.
Más tarde, Finnick fue conducido por Annie hasta la habitación de huéspedes.
- Espero que te guste la habitación.
El castaño sonrió, antes de besar a Annie.
- Me encanta, pero más me gusta que estés tú aquí. Me sorprende que tus padres te dejaran acompañarme a la habitación.
- Mis padres confían en mí. – la rubia le guiño un ojo. – Antes que lo olvide, no aceptes nada que te den Cato y Marvel.
- ¿Por qué?
- No quieres saberlo. – Annie negó con la cabeza, una sonrisa avergonzada en su boca. – Ambos son un par de bromistas incurables y tienen una manera muy especial de dar la bienvenida.- Esta vez fue la rubia quien besó a Finnick.- Pediré que traigan agua para que te bañes, Nos vemos…
Los hermanos faltantes (William, Cato y Marvel), fueron presentados a Finnick cuando llegaron en la tarde. Durante la cena, Finnick haría la petición, se sentía nervioso, eso no podía negarlo, pero un poco de nervios no lo apartarían de su intención.
En el momento que se comenzaba a servir el postre, el castaño decidió que era el momento. Respiró profundamente y después llamó la atención de los presentes.
- Señor Cresta… con su permiso quisiera hablar.
El Señor Cresta sonrió ante la petición y asintió.
- Querida Familia Cresta, el motivo de mi visita, aparte de conocerlos, es pedir la mano de su hija Annie en matrimonio.
El silencio inundó la habitación, hasta que, como si fuesen una gran erupción, se comenzaron a oír aplausos y vítores. Finnick acostumbrado a las reglas de comportamiento en sociedad, no esperaba que la familia se levantara para abrazarlo en medio de la cena. Besos, abrazos y felicitaciones no faltaron.
Para cuando el castaño se retiro a descansar aun no entendía bien que había ocurrido, pero de lo único que si estaba seguro era que su petición había sido aceptada.
Con la sonrisa más boba que hubiese tenido antes en su cara, se durmió esa noche.
Había un extraño ruido que no dejaba dormir a Finnick. Repentinamente sintió un peso sobre su cuerpo, definitivamente tenía que abrir los ojos, algo raro estaba pasando.
Al abrir los ojos supuso que debía ser de madrugada, pero ya estaba aclarando.
Cuando estuvo sentando en su cama y pudo ver la situación en la que se encontraba se debatió entre gritar, correr o quedarse en el mismo lugar. La última opción ganó.
En la habitación había una gran variedad de animales, sobre sus piernas descansaba un gran perro negro. En el suelo había un cerdo, también había un par de gallinas, un gato y además otros dos perros.
Finnick parpadeó varias veces.
- ¿Qué diablos…? - intento moverse, pero el perro que tenía sobre sus piernas lanzo un gruñido de advertencia y el castaño opto por quedarse quieto.
Una hora más tarde, Annie lo encontró con cara de hastío, aun con el perro acomodado en sus piernas.
- ¡Madre! – gritó la rubia desde la entrada de la habitación. – ¡Cato y Marvel ya embromaron a Finnick!
Ante este anuncio la familia de la rubia en pleno, claro exceptuando a los malhechores, apareció en la puerta de la habitación. Todos se miraron con sendas sonrisas, antes de comenzar a sacar a los animales.
Una vez sola, Annie se sentó junto a Finnick en la cama. La rubia beso la mejilla de su prometido.
- Tus hermanos… son unos… - el castaño gruñó.
- Lo siento Finnick, te dije que mis hermanos te gastarían alguna broma. Al menos contigo han sido suaves.- El joven soltó un suspiro.- Prepárate, pronto se servirá el desayuno. – diciendo esto Annie intentó levantarse, pero el castaño la atrapo atrayéndola hasta su cuerpo para besarla.
Annie soltó una exclamación de sorpresa, pero al poco tiempo se relajó en los brazos de su prometido.
Finnick sujeto firmemente a Annie por la cintura mientras profundizaba el beso. Seguramente la situación se hubiese vuelto más activa sino hubiese sido porque en ese momento los hermanitos bromistas hicieron su aparición en la habitación.
- ¡Oh, mi Dios! – exclamó Cato.
Como resultado, Annie se alejo de Finnick en un segundo.
- Por mucho que papito y mamita hayan aceptado que te cases Annie, no creo que les guste saber que estas intimando tanto con tu prometido. – Marvel coloco una expresión de pesar.
El castaño miro a los hermanos con molestia, primero le llenaban la habitación de animales y luego le cortaban el momento romántico. Bufó frunciendo el ceño y se contuvo de decirle algunas cuantas cosas a sus futuros cuñados.
Una vez que Annie se recuperó del impacto de ser encontrada en tal situación, también miro a sus hermanos con enojo.
- ¿Se puede saber que se les metió en la cabeza? ¿Por qué llenaron la habitación de Finnick con animales?
Annie se levantó de la cama y miro a sus hermanos severamente.
- No, no señorita… - habló Cato. – No nos cambies el tema. De inmediato nos vamos a tú habitación.
Antes de que pudiera librarse, Annie fue arrastrada por sus hermanos fuera de la habitación de huéspedes.
Finnick, una vez solo, volvió a suspirar. Los hermanos de Annie eran un caso, muy graciosos ambos sí, pero cuando el objeto de sus bromas no era él.
Algo frustrado, Finnick se levantó de la cama para comenzar, el de por sí, muy agitado día.
- - - - - - - - - - - - - - - - -
Días después, y Annie partieron de la casa Cresta. Finnick se fue con algunas bromas gastadas en el cuerpo, pero inmejorable salud y tal vez con un kilo demás, gracias a la abundante y deliciosa comida que se servía en la mansión.
Ambos viajaron hasta la Mansión Odair, para que Annie conociera a la madre de su futuro marido. Al ser Finnick el cabeza de familia, su padre había muerto hace tres años, la pareja se ahorro en gran parte el protocolo que se seguía cuando dos familias nobles se unían en matrimonio.
La visita para Annie fue un encuentro con su suegra: Mags Odair. La madre de Finnick era una mujer que seguía los cánones de la sociedad y que en un primer momento la miro con desdén, pero al pasar los días la mujer se ablandó y aceptó a la joven rubia.
Antes de su partida de las tierras Cresta, Finnick había fijado los términos de su matrimonio con Annie. El enlace se llevaría a cabo dentro de tres meses, por esto la visita de la rubia a la casa de Finnick fue breve, ya que Annie debía volver junto a su familia para comenzar con los preparativos de la boda que se realizaría en la mansión de los Cresta.
Obviamente, Finnick escoltó a su novia hasta la casa de su familia, en ese momento la pareja debía separarse. Ambos tenían deberes que cumplir, pero eran deberes gratos, porque estos ayudarían para que su unión se concretara.
El castaño solo se quedo un día con los Cresta, mientras más pronto partiera, más pronto podría regresar.
- Te voy a extrañar. – dijo Annie con un tierno puchero.
Finnick, que en ese momento revisaba la montura de su caballo, se acercó hasta la rubia y sostuvo sus manos.
- Yo también, pero prometo que regresaré lo más pronto posible.- El castaño besó los labios de Annie con suavidad.- Cuídate… Nos vemos pronto.
Finnick volvió a besar a su prometida, pero esta vez con pasión. Al terminar el beso, le dio un abrazo a Annie antes de apresurarse a subir a su caballo.
- ¡Vámonos! – grito a las dos escoltas que lo acompañan.
Antes de perderse detrás de los portones de manera, el castaño volteo para ver su amor y futura esposa.
~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ .~ . ~ . ~ .~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~ .~ . ~ . ~ . ~ . ~ . ~
Aqui esta el otro capitulo que les prometi, nos vemos el viernes con el prox. capitulo ok!
Saludos.
Y ya sabes quejas comentarios, sugerencias, reclamos y etc en un review n.n
