HOLA!
LES AGRADEZCO A TODAS LOS COMENTARIOS POR " LO QUE SIRIUS BLACK ME DIJO", ME HICIERON EMOCIONAR!
A AELITA, QUE NO LE PUDE RESPONDER, TAMBIEN VA EL AGRADECIMIENTO!
Y A TODAS LAS QUE SE INCORPORARON A ÉSTE, TAMBIÉN...ESPERO QUE SIGA GUSTÁNDOLES!
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CAPITULO CATORCE-
LA DISTANCIA DUELE…
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"-Quiero saber como diablos terminaron enredándose mi primo y Hermione, Remus, y no te atrevas a negármelo, tú lo sabías.- Su voz transmitía la avalancha de sentimientos que la invadía."
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Lupin creyó que con todo lo que le contó, había controlado esa avalancha que la llenaba, pero su enojo era casi tan grande como su dolor…Ella lloraba y no hacía más que reprocharle cosas.
Qué nunca había creído en esta relación, qué porqué no había confiado en ella, qué cómo le había ocultado lo de Sirius, que lo avergonzaba estar a su lado y por eso siempre lo mantuvo oculto, que no la tomaba en serio y todo lo que se le ocurría…
Él la escuchaba, sin poder reaccionar. Él también tenía motivos para estar enojado y dolido, pero ella no lo admitía. Acababa de perder a su amigo, el primero en aceptarlo cuando se encontraron en el tren, el que decidió volver a elegirlo cuando supo lo suyo, el que descubrió como hacerse animago para acompañarlo,
el que fue víctima de su injusto rencor, el que volvió para mostrarle su propia imbecilidad, el qué siempre confió en él…pero acá estaba ella, haciéndolo responsable casi de todos los males de la humanidad…
Ella, en lugar de darle su apoyo, lo soltaba a la inmensidad de su dolor, desnudo e indefenso.
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El día los encontró distantes, degradados al sufrimiento solitario. Ella, vacía ya de palabras y de llanto; se levantó para preparar café; mientras él, la miraba ir…
Con la partida de Sirius, todas sus antiguas dudas habían vuelto, y habían hecho carne en él, y se sumaban a su angustia. Ya no tenían tiempo para jugar a amarse, había una guerra, y seguramente, todos acabarían como Black… ella tenía razón en muchos de sus reproches, quizás lo mejor fuera alejarse, volver a su antigua vida…irse.
Los escasos momentos que ella se ausentó, fueron suficientes para que él tome una decisión; y cuando volvió, la habitación estaba vacía.
Primero se sorprendió, después lo esperó, tratando de convencerse de que él volvería. Con la oscuridad, llegó la aceptación. Él se había ido. Y ni siquiera se había despedido…
Pasó la noche dando vueltas en la cama, tratando de aclarar su mente; y en cuanto amaneció, dejó todo en orden, cerró la casa, y sin mirar atrás, desapareció.
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Lo primero que hizo, fue ir a ver a Hermione. La joven estaba muy conmocionada, sus amigos no terminaban de comprender qué tenía, y ella, sin decir nada, se limitó a tratar de confortarla…más tarde pasó a ver a Alastor, que pronto podría abandonar el hospital. Ninguno de los dos mencionó a Remus, lo cual, indicaba que él ya había estado. Ella trató de mostrarse optimista y se puso a su disposición. El hombre la observaba ir y venir por el cuarto, dura y decidida; hasta que al final, no se pudo contener. Cuando ella ya se iba, lo escuchó susurrar
-Tendrás que tener paciencia, pequeña.-
Ella asintió, mientras se miraban con cariño.
Vió a Harry en el jardín del colegio, pero le faltó el coraje para hablarle. La tensión la estaba acabando, su cabello lucía gris, sin vida; igual que ella.
En ese momento, una mano se posó en su hombro. No quería ver a nadie. Giró con desgano, no estaba para formalismos…pero su sorpresa fue grande, cuando se encontró frente a frente con Molly, que con sólo mirarla, comprendió mucho; y la abrazó protectora. Ese gesto bastó para desmoronarla, y comenzó a llorar nuevamente.
Molly la invitó a La Madriguera, y ella aceptó. No tenía donde ir, nada ni nadie la reclamaba; y al menos con Molly podría hablar tranquila.
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Los días en casa de los Weasley, le hicieron cambiar su forma de ver las cosas.
Lo que ella sintió al ver a Hermione, llorando desconsolada por un secreto que creía solo de ella, fue empatía. Fue como si al desaparecer Sirius, también desapareciera lo que hacía real su relación con Remus. Si bien los Weasley conocían lo que ellos sentían, así como también Alastor; Sirius era la única persona con la que habían compartido su amor de frente, sin hipocresía. El único testigo de que ese amor existía. Y con él, ella sintió que había desaparecido la única esperanza de estar juntos.
Había sido injusta con Lupin, él la necesitaba a su lado, y ella, lo había alejado para pelear sola con sus contradicciones.
Pero esas contradicciones habían nacido de la necesidad de Remus de no hacer pública la relación, de vivir escondiéndose, de negar el amor que se tenían…
Cuando los chicos volvieron a la casa, al verla tan apagada, creyeron que era por la muerte de su primo, y Molly, para que la dejaran tranquila, no quiso contradecirlos.
A veces Alastor coincidía allí, y conversaban largo y tendido. Ella fingía su antigua fortaleza, para que Alastor confiara en ella; pero cuando él se iba, volvía a decaer.
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Remus no la pasaba mejor…
Para evitar todo contacto, se había instalado en el Londres muggle. Y desde allí mantenía contacto con Ojoloco y Albus. Ocasionalmente cubría algún acontecimiento que requería la presencia de la Orden, o acompañaba al anciano director a determinar hechos que solo confirmaban más, la oscuridad que se acercaba.
Había dejado en claro que no quería encontrarse con ella, y todos comprendieron. Las misiones eran cada vez más lejos y eso lo fortalecía. Necesitaba poner la mayor distancia posible entre ellos.
Necesitaba alejarse de su perfume, de sus ideas graciosas, de su temperamento amable, de su curiosidad, de sus juegos de palabras y su buen humor…
Ahora lo aceptaba. O eso quería creer. Eran un juego de contrastes, y todo había sido un error… Con Sirius cerca, era fácil ver las cosas de otra manera. Pero ahora, todo se había corrido de su eje; y él se veía a sí mismo como el culpable de que ella hubiera desperdiciado dos años de su vida…
Cada tanto, él volvía a su casa, pero con solo llegar, quedaba enredado en los recuerdos…
Ella en la cama con su cara manchada de chocolate, las violetas, la caída, sus intentos de besarla, y otra vez sus cuerpos juntos…
Todo en la casa gritaba el nombre de ella, y el lugar se convirtió en su último refugio.
Allí, solo allí, Remus Lupin se permitía caer en la tormenta de sentimientos que lo emboscaba, y la extrañaba, a la vez que crecía su disgusto y sentía que siempre iba a quererla…
Cada vez que abandonaba el lugar volvía a ser el humilde y sereno Lupin, que encontraba permanentes excusas para eludirla.
Lo peor eran las noches de luna llena. Se había acostumbrado a su presencia tranquilizadora, y ahora sólo se encerraba en su ático a esperar que pase. Su tristeza potenciaba el efecto de la poción, y se perdía en sueños febriles donde ella siempre aparecía. El día después lo encontraba sin fuerzas, y casi siempre terminaba pensando en como se había precipitado todo… En un instante, la vida ideal que ella le había regalado, se vino abajo sin remedio. Peor que eso, ella lo culpaba… Al fin y al cabo, él siempre lo había sabido. Por eso se fue así, sin despedirse siquiera. No hubiera soportado su mirada fría y distante.
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En La Madriguera eran muchos. Y Tonks, que vivía entregada a la melancolía, se cansó de estar disimulando todo el tiempo. Entonces se trasladó al Callejón Diagon, donde la hospedaron en el altillo de una dulcería. (Que ironía, ¡ella viviendo en el paraíso de los chocolates…!) Esta era atendida por dos viejitos muy amables, quienes se habían encariñado con la joven, quien a veces colaboraba con ellos en la atención al público. Cada vez que alguien le pedía chocolates, ella deseaba que fuera él…
No quiso regresar con sus padres, por no entristecerlos, y aparte, disfrutaba de su soledad. Ocasionalmente visitaba a Molly, que la instaba a buscarlo, a aclarar las cosas, (y a dejar de buscar los porqués, y resolver todos los conflictos entre las sábanas…) pero ella no tenía el valor; temía su rechazo.
Ya llevaba unos meses allí, los viejitos tenían que ausentarse por unos días y ella se ofreció para abrir la tienda; no hacía falta que cerraran estando ella allí, sin nada que hacer.
La campanilla de la puerta le indicó que alguien había entrado, y ella desde su habitación, gritó que ya bajaba…
Esa escalera de caracol era una trampa mortal para la joven, pero ese día, por suerte, no le jugó ninguna mala pasada.
Bajó atropelladamente, (qué iban a pensar los clientes!) disculpándose.
-Perdón por la demora, ¿Qué necesita?- Un hombre que vestía un gastado y familiar saco marrón, estaba en medio de la tienda, y la miraba sorprendido. Nerviosos, se miraban sin reaccionar. Así se quedaron por minutos… que a ellos les parecieron años.
-Hola Remus.-
-Hola. Solo quería chocolates…- se apresuró a aclarar el hombre. El detalle a ella no le pasó desapercibido. El dejaba en claro que no venía por ella.
-¿Cómo has estado?-
-Bien. Aquí y allá. Ocupado.- (Esa maldita adicción suya… ¿Por qué tenía que estar ella aquí?)
-Ya veo. Estás más delgado…y te ves demacrado, ¿te estás alimentando bien?- Ella notó que nuevamente había hablado de más, pero, ¿Qué mas daba? Después de soñarlo de noche y extrañarlo de día, estaba acá. Era real…
-Mejor me voy- La sonrisa triste de la joven iba a acabar con él…
-Espera.- Ella, torpemente, colocó unas barras de chocolate en una bolsa, y se la alcanzó.- ¿No viniste por esto? Llévalos Remus, por todos los que te tú me diste…-
-Si, pero, no es… Bueno, gracias. Adiós-
Ella le dio la espalda. No quería verlo irse, pero supo que así lo había hecho por el ruido de la puerta. Llorando, volvió la vista al frente, y solo encontró su ausencia…
Se tapó la cara con las dos manos, no verlo dolía, pero esto era peor…
Nuevamente la asustó el ruido de la puerta, y se secó las lágrimas velozmente.(No era bueno que los compradores la vieran así…)
-No sé si es lo mejor, pero creo que tenemos que hablar, Tonks…- La voz grave de Remus Lupin llenó la pequeña tienda, y ella no supo que responder…
CHA CHA CHA CHÁN!
VOLVIERON A ENCONTRARSE...
¿QUÉ PASARÁ?
BESOSSSSS DE CHOCOLATE PARA TODAS!
