Capitulo 14
Los chicos regresaron a la torre de Gryffindor, los recibieron con una fiesta que duró muy poco ya que al día siguiente tenían clases, pero les dio tiempo de ponerse al día con los chismes de todo el colegio.
Al día siguiente tuvieron su primer clase con McGonagall, Hermione dominaba muy bien la legeremancia con lo cual le fue fácil aprender los principios de ese nuevo poder, si bien Ron estaba también excelentemente preparado, siempre sus cualidades sobresalían en lo físico, tanto en duelo, como en hechizos y trasformaciones, pero le costó un poco más que a ella asimilar y dominar el poder.
-¡Mejor que aprendas rápido! – Se burlaba de él Hermione recordando el escándalo que causó cuando se entero de los poderes de la profesora. El pelirrojo se limitó a sacarle la lengua regresando a su almuerzo, pero ella se le acercó y le dijo al oído.
- definitivamente me gusta más cuando utilizas tu lengua para otros fines. – Ron se atragantó y escupió parte del jugo de calabaza que estaba tomando, manchándose el uniforme.
Harry y Ginny lo miraron.
- ¿Te encuentra bien? – Le preguntaba su amigo.
- Si… Harry…. Estoy bien – Decía aún atragantado y tosiendo. Hermione intentaba ocultar su risa pero le era imposible Cuando el pelirrojo se compuso se levantó diciendo – Voy a cambiarme el uniforme, no puedo ir así a las clases. ¿Me acompañas? – Le preguntó a la castaña.
- ¿Ahora necesitas ayuda para que te vistan? – Preguntaba su hermana graciosa.
- "Mejor para que me desvista" – Pensaba Ron pero contestó – Me visto sólo desde los cuatro años, sólo me gusta su compañía.
- Eso ya lo sabemos – Contestaba Harry riendo – eres Hermioneadicto. - Ginny lo codeó
- ¡Aguarda! que ella también es Ronadicta – Declaró señalando a la castaña que ya estaba de pie junto al pelirrojo.
- ¿Y tú eres Harryadicta? – Le preguntaba acercándose lentamente el morocho.
- ¡Por favor! – renegaba Ron marchándose del comedor
- Ella está al borde de la sobredosis Harry y tú también – Declaraba la castaña corriendo tras Ron y dejando a los dos chicos sorprendidos.
Cuando Hermione salió del gran comedor no podía divisar a su pelirrojo, sin dudarlo se dirigió a la torre, pero al pasar por el baño de Mirtle, sintió un brazo que la empujaba dentro.
Al principio temió un ataque de Snape, pero pronto vio que era Ron y se relajó, cuando miró su uniforme estaba impecable.
- Eres rápido para vestirte – Le decía inclinándose en los dañados mármoles de los lavados.
- Y más rápido para desvestirte – Le declaraba abalanzándosele sin perder un segundo.
- Ron – Gemía la castaña sintiendo la lengua de él tomando posesión de su cuello.
- Creo que la he pervertido, señorita Granger, usted que siempre fue un ejemplo de perfección y decoro – Le decía levantando su falda – Ahora sólo tiene en mente intentar enervar a su novio con frases irreverentes.
- ¿Funciona? – Preguntó ahogando otro gemido cuando sintió la mano de Ron subir por su muslo.
- ¡Fíjate! – Le decía él y sin más le tomó la mano y la llevó a su erección apretándola fuertemente, sin dejar de mirarla demostrando que él también sabía jugar como ella pretendía.
- ¡Hola chicos! – Los interrumpió de continuar el fantasma de Mirtle obligándolos a separarse.
- Hola - respondieron los dos.
- ¿No deberían estar en sus clases? – pregunto con falsa inocencia, ambos miraron sus relojes y salieron corriendo hacia la clase de pociones.
Entraron raudos, segundos antes que el profesor lo hiciera, Harry y Ginny sentados lado a lado, ya que los estudiantes de sexto y séptimo compartían esa materia, meneaban la cabeza.
La clase comenzó, el profesor realizó algunas preguntas, las cuales fueron respondidas por Malfoy dándole puntos a Slytherin y luego por Padma brindándole otros a Ravenclaw; Harry preguntó por la bajo a su castaña amiga.
- ¿Sabes donde está Hermione Granger? – Ella lo miró interrogante y el continuó divertido – La perdimos en año nuevo, aparentemente entre los brazos de su novio Ronald Weasley y se ha convertido en una ignorante que no puede responder una simple pregunta de pociones.
Hermione lo miró seria, estaba total y absolutamente enamorada, ahora tenía un poder superior a cualquier mago, pero no por ello ella debía dejar de demostrar sus conocimientos, a diferencia de Ron ella siempre se esforzó por ser la mejor, no debía cambiar, pero sabía que todo perdía sentido cuando se perdía en esos hermosos ojos azules, suspiró mirando a Ron que correspondía a su mirada, entonces llegó a sus oídos una pregunta e instintivamente levantó la mano, respondiendo la misma a la perfección.
- ¡Por fin señorita Granger, pensé que aún estaba enferma! – Contestaba el profesor - ¡Cinco puntos para Gryffindor!
- Al parecer volvemos al ruedo – Le decía Ron sonriente – pensé que habías perdido tus neuronas con las prácticas de vuelo.
- Como verás aún sigo siendo un perfecto y centrado cerebrito – Contestó sacándole la lengua. Él se acercó y le dijo al oído.
- Definitivamente a mi también me gusta más cuando utilizas tu lengua para otros fines – haciendo que la castaña se ruborice y pierda la oportunidad de responder la pregunta que el profesor acababa de hacer.
Los días se fueron sucediendo, cada vez ellos dominaban más el poder que les era enseñado, ambos quedaron petrificados cuando creyeron ver un recuerdo de McGonagall para luego darse cuenta que no era una remembranza era algo que sucedía en ese preciso momento y ambos se miraron extrañados y boquiabiertos.
- ¡Te lo dije! – Sólo atinaba a decirle la castaña.
- No lo puedo creer – Decía Ron poniendo atención a otra cosa. - Bueno, en realidad Dumbledore, siempre me pareció más desarticulado, más allá de ello me sorprende, ya que ¿Cuántos años tiene? ¡Debe tener como cien! Me sorprende que aún pueda hacer uso de su varita - Dijo dándole entonación a la última palabra y ambos chicos se echaron a reír.
- No te olvides que él era amigo de Nicolás Flamel quien tuvo posesión de la piedra filosofal e incluso fue su creador.
- ¿Qué tiene que ver?
- La piedra alarga la vida, calculo que también revitaliza el espíritu.
- Yo creo que ahí hay más que espíritu mi amor - Reía el pelirrojo
- ¡Ron! - Ella lo retaba.
- Además la piedra se destruyó.
- ¿Y quién fue el encargado de destruirla?
- Dumble… ¿Tú crees que la tiene en su poder y mintió?
- Bueno, no le sé. Pero lo que tú dices es correcto. ¿Qué otra explicación habría? ¡Pero basta, no debemos inmiscuirnos, son sus asuntos.
- Nunca me imaginé a McGonagall de esa manera. Mira que bien guardado lo tenía. – Luego viró a verla con una sonrisa casi maliciosa en sus labios.
- ¿Qué? – Preguntaba la castaña
- La tenemos en nuestras manos – decía gozando del chantaje adelantado.
- ¡Si serás! – Hermione le pegó con su palma en la nuca
- ¡Auch! – Dijo él.
- Ella no nos ha molestado en todo este tiempo.
- Porque sabía que sabríamos su secreto.
- Y así permanecerá, en absoluto secreto.- Amenazó la castaña y ninguno de los dos volvió a tocar el tema.
Para cuando dominaron a la perfección las enseñanzas de McGonagall, continuaron con otros aprendizajes.
Si bien la idea original de Dumbledore era que Ron ejerciera la tutela sobre Hermione para instruirla en las artes especiales de protector que él ya dominaba, ante la insistencia de Minerva para no dejar a los chicos solos, el director debió llamar nuevamente a los anteriores tutores para que, con la asistencia de Ron enseñaran a Hermione lo que faltaba.
Los dos chicos ingresaron en la habitación secreta y se encontraron con Bill.
- Hola a la parejita enamorada o debo decir hormonada – Se burlaba y reía de su ingenio.
- ¿Pensé que el inmaduro era Charly? – Seriamente preguntaba Hermione, pero guiñándole un ojo a Ron y él siguió con la broma
- No mi amor, es que compiten por todo, hasta en la mayor de las idioteces.
- Bueno, bueno – parecía que a Bill no le había gustado el comentario
- ¿Qué se siente tomar de tu propia medicina? – reía la castaña y luego los otros dos se acoplaron a la risa.
- Eres mi cuñada favorita. – Declaraba Bill
- Que yo sepa soy tu única cuñada, en realidad aún no lo soy.
- Técnicamente no, pero ya eres, sin duda, parte de la familia y debo corregirte. Fred está con Angelina, Charly – Hizo una pausa – No, Charly no entra en esta categoría – Y todos reían – George está merodeando a una compañera de Ginny, no recuerdo su nombre, es rubia, un poco dispersa.
- ¡Luna! – Dijeron los otros dos al unísono.
- Esa misma, durante las vacaciones de navidad se los vio enfrascados en largas y extrañas conversaciones.
- No sabíamos nada – Decía Ron.
- Ni lo notamos – Agregaba Hermione
- ¿Por qué sería? – Bill se tomó la barbilla con sus dedos índice y pulgar para darse un aire de pensador - ¡Eureka! – Exclamó elevando el índice apuntando al techo - ¿Sería porque estaban muy ocupados poniéndose al día? – Y miró a ambos chicos sugestivamente.
- William – Entonces lo llamó Ron y Bill sabía que cuando lo llamaba así su hermano era porque la broma se estaba tornando desubicada, miró a Hermione y la notó muy sonrojada y para alivianar la tensión el chico agregó – Digo, con sus poderes. ¿Me equivoco? – He instantáneamente el ambiente se distendió.
- Bueno, ya que lo mencionas. ¿Practicamos?
- Es que no les conté la mayor novedad.
- ¿Hay más? – Preguntó Hermione
- Lo más interesante y es Percy.
- ¿Percy? – preguntaron los otros dos casi gritando.
- Increíble – declaró Ron – pensé que jamás encontraría a alguien.
- Pero eso también creen de Charly – Dijo Hermione
- Pero ellos son totalmente diferentes, Charly es un tiro al aire, un veleta, pero Percy es pedante y orgulloso.
- Tal vez no sea realmente así. – Sugirió Hermione ya que en cierta forma se sentía identificada con algunas características de Percy, sobre todo las intelectuales. Pero los dos pelirrojos la miraban incrédulamente – Bueno, yo también soy un poco soberbia pero es una máscara y tú – señaló a Ron – Eres el ejemplo muy claro de disimulo.
Ahora ambos hermanos quedaron pensativos.
- Bueno chicos, ya están enterados de los chismes familiares, ahora a lo nuestro que quiero ir a casa temprano.
- ¿Todo está bien? – preguntó Ron
- Si, pero Fleur está un poco rara.
- Ve a tu casa – Le decía Ron – Nosotros practicamos – el hermano mayor dudó – Ve, prometemos comportarnos además Hermione domina a la perfección la desaparición. Anda. – Bill los saludó agradeciéndoles y desapareció.
Ya en su casa encontró a su mujer, en camisón, parada frente a la ventana de la habitación, bebiendo un té y observando como las olas rompían en las rocas con el poco sol que aún quedaba.
Se le acercó por detrás y la abrazó, ella sonrió.
- Llegaste temprano – Declaraba acomodándose sobre el cuerpo de su esposo y apoyando la taza en una mesa al costado de la ventana.
Bill le daba un beso en el cuello y entrelazaba las manos sobre su pecho y ella las llevó a su vientre, ambos observaban como el sol terminaba de ocultarse en el horizonte.
- Podría quedarme así toda la vida – Declaraba Bill.
- No podemos – Respondía seriamente Fleur – Tenemos grandes responsabilidades.- Bill se puso nervioso nunca había escuchado a su esposa tan preocupada.
- ¿A qué te refieres?
- Tú trabajo, la tutoría – Por supuesto que Fleur sabía la verdad sobre Ron y Hermione– la guerra, el vivir sobresaltados y sumarle a eso que te siento lejano, esquivo.
- No es así, yo te amo Fleur.
- ¿Entonces por qué no quieres tener un hijo conmigo? – Bill cerró los ojos, estaba cansado, no quería discutir y declaró
- No empecemos – Intentó soltarla pero ella no se lo permitió apretando el agarre.
- ¿Vas a decirme tus razones alguna vez? ¿Puedes decirme que es lo que tengo de malo para que no quieras un hijo mío?
- ¡No eres tú!
- ¡Entonces! ¡Dime qué es!
- Tú ya lo has dicho, el trabajo, la tutoría, la guerra.
- ¿Qué tiene que ver? Veo todos los días amigas embarazadas en el callejón Diagon, muchas de ellas son esposas de aurores y saben que en cualquier momento deberán ir a enfrentarse a las fuerzas de quien no debe ser nombrado y aún así apuestan al futuro.
- No es tan fácil – Respondía Bill.
- Sí que lo es – lo refutaba Fleur – Cuando pienso que algo te podría pasar, ellas al menos tendrán el recuerdo de un niño, un hijo para criar. ¿Y yo? ¿Con que me quedaría si algo te sucediera, porque tú no serás auror, pero participarás de la guerra, casi en primera fila.
- Sabes que pertenezco a la orden.
- Por eso mismo, y nunca te he dicho nada, por el contrario respeto y guardo tus secretos, pero siento que hay algo más, algo que no me dices.
- Luego hablamos – E intentaba soltarse nuevamente.
- ¡No! – Gritó Fleur girando y enfrentándolo - ¡Ahora! ¡Hablaremos ahora! ¡Soy tu esposa! ¡Quiero saber que cuernos te sucede! – Bill jamás oyó mal decir a su mujer, es más, nunca la notó siquiera ofuscada pero al verla le parecía que iba a estallar y no se equivocaba - ¡No me quieres! ¿Hay otra? ¿No soy digna de ti? ¿Soy muy poca cosa?
- ¡No! ¡Basta! ¡No eres tú! ¡Soy yo! ¡Soy yo! – Y cayó arrodillado al suelo Fleur no dudó y se inclinó a abrazarlo.
- ¡Dímelo! ¡Dime mi amor!
- Sabes que los doctores dijeron que en mi sangre estaba la posibilidad de heredar un gen licántropo luego del ataque de Greyback. Tengo miedo que mi hijo sea un monstruo como yo, no quiero que lo discriminen como a Remus, no quiero que pase por ello, es injusto, es ingrato no quiero que sea discriminado por ser diferente – Y se largó a llorar.
Fleur lo soltó lentamente y al notar que ella se separaba Bill comprendió que sus miedos eran fundados y que su mujer sería la primera en echarle en cara si su hijo fuera diferente, levantó la cara y notó que ella lloraba pero antes de poder decir algo ella lo abofeteó.
- ¿Cómo te atreves? – Le decía firmemente - ¿Un monstruo? ¿Diferente? ¡Yo soy diferente! Yo soy semi veela y muchos pensarán que es divertido ser como yo. ¡Se equivocan! No es gracioso que te discriminen, se muy bien que significa esa palabra. Soy yo la que debería dudar por mi condición de tener un hijo, sin embargo apuesto a que será un niño maravilloso. ¡Siempre rogué que nuestro hijo sea idéntico a ti! Con tus valores, tu valentía, tú entrega para los que quieres, tu cabello rebelde y tu porte orgulloso. ¡Nada deseo más en este mundo que el niño que llevo en mi vientre sea igual a ti! – Fleur se levantó dejándolo sorprendido por la noticia – Y si fuera diferente – enfatizó la palabra – y tú no lo quieres yo sí, porque se muy bien lo que significa serlo.
Fleur comenzó a marcharse, no podía soportar el hecho de que Bill no aceptara que a ella no le importaba las consecuencias de lo que él hablaba y estaba dolida. Nadie jamás le preguntaba si se sentía mal por su condición, todos suponían que era cómodo hacer que los hombres se obnubilaran con su presencia, pero muy pocos sabían que a ella eso le molestaba, por eso estaba tan cómoda con los Weasley y feliz, porque las consecuencias de su seducción no hacían efecto en ninguno de ellos, porque por sobre todo, incluso su particularidad de hombres, ellos querían a Bill y por lo tanto alejaba el efecto que ella provocaba en otros aún sin quererlo, calculaba que no sabían lo poderosos que eran, más allá del poder de Ron, ellos eran especiales.
Ahora no sabía que iba a hacer, con un hijo en camino, sola. ¿Adonde ir? ¿Volver con su familia? ¿Cómo empezar desde cero?
Todas esas interrogantes se le cruzaban por su mente mientras atravesaba la habitación pero antes de salir una mano atrapó su muñeca y la hizo virar bruscamente.
Al principio se asustó, preocupada por el agresivo movimiento pero cuando los brazos de Bill la rodearon y su lengua invadió su boca se sintió inmediatamente protegida.
Se deleitó con el contraste de sabores, el dulce de la saliva de ambos con el salado de las lágrimas que caían incontrolables.
El beso le pareció eterno, el abrazo posesivo e intenso y se dejó llevar por esas sensaciones que el contacto con su esposo le provocaban.
Bill la sentía vibrar y quería trasmitirle en ese beso, no solo todo lo que la amaba sino también lo orgulloso que estaba de ella.
Cuando se separaron el apoyó su mano en el vientre femenino y la miró sonriendo, ambos lo hacían.
- Te amo, los amo – se corrigió – Fui un cobarde y egoísta, jamás pensé como te sentías tú, me encerré en mi ¡Es que para mi tú eres perfecta!
- Yo intuía lo que te sucedía, cuando vives siendo distinto aprendes a sentirlo en los demás. Necesitaba que me lo digas para poder decirte que tú también eres perfecto.
- No lo soy…
- Shhh – ella colocó dos dedos en los labios – eres perfecto para mí. Y si los demás no lo ven así, es el problema de ellos, no el nuestro y nuestro hijo será maravilloso, y si los demás lo vieran distinto, no importa, porque para nosotros será perfecto porque es el fruto de nuestro amor y nada más importa.
- Eres tan sabia – Le decía Bill acariciando sus cabellos
- Por supuesto, soy mujer, esposa y muy pronto madre, lo sé todo. Pero lo que sé con mayor seguridad es que te amo y nada nunca cambiará eso.
Se volvieron a besar, dirigiéndose a la cama y sacándose las ropas, una vez desnudos se acariciaron hasta recostarse y Bill apoyó su oído en el vientre de ella.
- Aún es muy pequeño para notarlo, pero calculo que pronto dará señales de su carácter – Le decía Fleur riendo y acariciando sus cabellos lo irguió hasta estar sobre ella, pero él se incorporó con los brazos para no recostarse encima - ¿Qué sucede? – Preguntó interrogante
- El bebé, ¿No lo aplastaré? – Se lo notaba dudoso y preocupado.
- Aún no, más adelante deberemos…
- Dejar de hacer el amor – Completó él.
-¡Ni te atrevas! – Lo retaba ella empujando con sus manos las caderas de su marido para que ambos cuerpos hicieran contacto – Deberemos adoptar otras posturas, pero te advierto que deberás hacerme el amor todos los días – Fleur se apropió con su mano de la virilidad de Bill que ya estaba más que preparada y con la otra empujaba de su glúteo hasta que se introdujo en ella, levantando la pelvis para hacer mayor contacto.
Las dudas de Bill desaparecieron al sentir el calor de su mujer y ya no hizo falta que ella lo guiara, ahora él estaba a cargo, la penetraba lenta pero profundamente, besaba sus senos y su cuello provocando aún más sensaciones en el cuerpo de Fleur.
Ella acariciaba su espalda, revolvía sus cabellos y mordía su cuello, ambos se entregaban mutuamente como lo hacían todos los días, pero esta vez era especial, la conjunción de los dos habitaba en el vientre de ella y solo eso lo hacia superior.
Bill se detuvo y se elevó hasta quedar con el rostro enfrentado al de ella y ambos se miraron.
- Te amo – le decía temblando de deseo.
- Yo también – respondía ella agitada y volvieron a besarse, él aceleró el ritmo de las embestidas, encalló su cabeza en el hombro femenino y su lado salvaje afloró entregándose por completo.
Fleur sentía la virilidad de su marido penetrándola totalmente y su sensibilidad apareció llevándola a un orgasmo potente e indómito como jamás había sentido
Por su parte Bill se sintió más sensible experimentando un clímax excitante y profundo.
Los roles se cambiaron, ella sintiendo ser salvaje y el sensual y es que ya no había más secretos, ni tapujos, ni miedos. Sólo ellos y sus imperfecciones que al unirse los hacían perfectos.
