Tanita: lo se lo se, tarde como siempre. dios... k voy a hacer? no me linchen ni me ignoren... bueno... como sea... :P aki esta un nuevo cap, la historia tras el personaje de Yuki Eiri, se nota k me gusta la tragedia? nah! Espero les guste y les informo k toooodas sus dudas seran resueltas, solo tengan un pokito mas de paciencia

Raciel: mas?

Tanita: si, mas! Ah! otra cosita! n-n preparen pañuelos k habra muertes

Julia: pero si ya hay muertos vivientes? o.o?

Tanita: -.- si, Jules... tienes razon...

Enjoy it!


La Esencia Del Tiempo.

Eiri Yuki.

–Yo te entiendo –continúo el rubio al ver tan apesumbrado al otro. –Se por lo que estas pasando –se agacho un poco para quedar a la altura del chico.

–No es cierto, nadie lo entiende.

–Lo mismo pensé… cuando él murió… –observo lacónicamente al cielo azul rememorando los días en que fue realmente feliz.

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Yo siempre he sido una persona solitaria, de carácter frió y reservado pues nací en un país lleno de conflictos y con una lucha que parece nunca terminar; la vida allí es muy difícil y ningún lugar es realmente seguro. Mis padres siempre se mantuvieron en constante movimiento, tratando de llegar a la frontera y buscar un futuro mejor pero, con tres niños pequeños que cuidar, el viaje resultaba todo un suicidio; fue por eso que llegamos al extremo norte del país, donde el frió es capaz de congelar hasta la sangre y los ejércitos siempre suelen evitar.

Aquel pueblo, eternamente rodeado de nieve, se llamaba Cúratela, en honor a una antigua leyenda que habla de una vieja mujer que ayudaba a la gente que cruzaba aquellos parajes buscando una medicina milagrosa que los salvara de la muerte; fue una gran mujer a la cual todo el pueblo admiraba, respetaba pero también temían. Fue ese temor lo que llevo a La Inquisición hasta ese lugar y terminar con la vida de Cúratela dejando tras de ella aquel pueblo donde la mayoría de los habitantes se siguen dedicando a la herbolaria.

Fue en aquel lugar, olvidado en los mapas, que conocí a Yuki; era un chico cinco años mayor que yo, cabello castaño, ojos almendrados y la más hermosa sonrisa que yo haya visto jamás. Me cautivo desde la primera vez que nuestros caminos se cruzaron; iniciamos una bella amistad y, a pesar de lo distintas que eran nuestras personalidades, logramos crear un vinculo que ni el tiempo mismo es capaz de romper. Siempre fue un chico alegre, de carácter amigable y con una actitud tan positiva que te haría creer que el infierno es en realidad un lugar muy cálido y agradable.

Aparte de mi familia, él fue la primera persona que me mostró un cariño puro y sincero, sin esperar jamás recibir algo a cambio. Me presentó a su abuelo y maestro que pronto comenzó a ser mi maestro también.

Transcurrieron seis años de enorme felicidad viviendo en Cúratela, los años más maravillosos de mi vida, nunca había sentido tal calidez dentro de mi ser (y nunca mas la volveré a sentir) como ese tiempo al lado de Yuki. Cada día era descubrir un sinfín de cosas nuevas y, aunque el abuelo es un gran maestro, yo comprendía mejor si era Yuki quien me explicaba; de hecho, aun sigo creyendo que el bogol se alimenta de tus miedos.

Juntos aprendimos el arte de curar, dañar y matar con las plantas que allí crecían, nuestra educación también iba enfocada a todo aquél ser vivo que habitara alguno de los siete planos; "El Gran Milagro de Dios" es como Yuki se solía referir a las criaturas que estudiábamos, a los seres vivos.

La primavera llego dando nueva vida a las congeladas tierras de Cúratela y, con ella, el despertar de un nuevo mago, Yuki. No era de extrañar que algo así ocurriera ni que hubiese sido mucho antes que el mío; él siempre había sido mejor que yo en todos los aspectos pero, no me importaba. Su magia era hermosa, siempre llena de luz y amor; cada vez que ayudaba a una flor a crecer o brindaba nueva vida a alguna criatura yo sentía como el mundo, mi mundo, se convertía en un lugar mejor. No se podía pedir mas, al contrario, cada mañana, al despertar, eleva una oración a los cielos diciendo: "Gracias Dios pues me has hecho la persona mas feliz del mundo". Realmente lo fui... más de lo que alguna vez pude llegar a imaginar... pero... es en esos momentos cuando todo se pone a prueba y pierdes lo que crees imposible... "Nada es para siempre... mucho menos la felicidad..."

Un grupo de rebeldes llego al pueblo buscando ayuda para sus heridos, por supuesto que les recibimos con los brazos abiertos, pues esa es nuestra misión, pero lo que no sabíamos era que un ejercito venia tras ellos; buscaban enemigos, rebeldes, y, por conclusión, todos en ese pueblo lo éramos...

La noche llego y, con ella, el fuego; ancianos, hombres, mujeres y niños, todos fueron asesinados sin piedad, sin distinguir a los armados y los indefensos. El espectáculo era horrible, sangre corriendo entre las calles, las personas gritando, llorando, suplicando... Mis padres nos indicaron a Yuki y a mí un lugar, a mitad del bosque, donde podríamos ocultarnos. Yuki me llevo a la fuerza, obligándome a caminar aprisa, alejándome de mis padres... esa fue la última vez que les vi.

Hay veces en que estos recuerdos me atormentan por las noches y me hacen pensar en que es lo que hubiera sucedido si mis piernas hubiesen sido mas largas, si me hubiese tragado todas las lagrimas que derrame o si no hubiese tropezado tantas veces, tal vez Yuki estuviera aquí conmigo... tal vez...

Antes de poder salir del pueblo, un grupo de soldados nos intercepto, intentamos huir, rogamos, lloramos, pero nada sirvió... Sin una sola pizca de misericordia, dispararon a quemarropa sobre nuestros cuerpos apenas cubiertos por unas cuantas pieles... caímos moribundos sobre la nieve que en vez de lucir su inmaculada belleza blanca se manchaba con el rojo bermellón de la gente de Cúratela.

La luna se poso sobre su punto mas alto, en medio de unas estrellas que titilaban casi sin brillo; ahora, todo era silencio y quietud sobre las ruinas de que antes yo llame "mi hogar". Los gritos, las explosiones ya todo era parte de una realidad que parecía imposible... Mi cuerpo dolía demasiado y mi voz era débil, ya no había nada, no quedaba nada, ni siquiera lograba escuchar la dulce voz de Yuki dándome confort. Iba a morir, no cabía duda, sin embargo, en ese momento la muerte no me pareció tan terrible, estaría con mis padres, estaría con Yuki y él siempre me protegería... cerré los ojos y espere con ansia al trágico final...

Pero la muerte no llego como yo esperaba; cuando recobre el conocimiento, me encontraba sobre una cama improvisada, a mi lado, el abuelo curaba mis heridas y en otro extremo, los sobrevivientes de la masacre se sentaban en torno al calor de una fogata, mis dos hermanos se encontraban allí. Busqué desesperadamente a Yuki pero no estaba. Había muerto.

Fue difícil escuchar a mi abuelo hablar de ello; había encontrado ambos cuerpos sobre la nieve y los creyó muertos pero, para su sorpresa, aun mostraban señales de vida, nos llevo al refugio pero el daño estaba hecho y solo yo sobreviví.

¿Suerte, casualidad? No, no fue ninguna. Fue Yuki. Lo que mis estudios me habían enseñado es que existe un enorme telar donde las vidas de todas las criaturas se entrelazan creando caminos que conocemos como Destino, fue en uno de estos pequeños hilos donde se marcaba el día de mi muerte pero él lo cambio; los magos tenemos la habilidad de cambiar ciertos patrones o crear nuevos hilos pero, cambiar radicalmente uno de estos patrones, solo puede desencadenar la ira de Dios. Fue ese látigo lo que tomo la vida de Yuki en vez de la mía.

No lo podía creer, no podía ser cierto; me enoje, grité, llore, los odie a todos, a mi abuelo por rescatarme, a mis padres por hablarme del refugio, a los soldados que luchaban por sus propias familias, a Yuki por abandonarme, a Dios por quitarme todo... a mi por ser tan patético... odie por mucho, mucho tiempo...

Fue ese mismo odio lo que provoco mi Despertar es por eso que, aunque mi magia por lo general sea curativa, tiende a lucir tan agresiva, pero todo esto tuvo una consecuencia muy importante, mi venganza. Busque a aquellos soldados, los mismos que habían asesinado a Yuki y al viejo Eiri, y les provoque la muerte con terrible dolor y agonía, tratando de hacerles sufrir lo mismo que yo había sentido. Por supuesto, mi abuelo se entero de ello pero no dijo o hizo algo al respecto, quizás, en el fondo de su corazón, sentía igual que yo; pase varios años tratando de purificarme después de tan terrible acto y regresar a la Senda de los Espinos pero no creo que haya funcionado pues no me arrepiento; de seguro, es el infierno lo que me espera. "Ojo por ojo, Diente por diente".

Ahora vivo en un lugar, llamado América, a miles de kilómetros de donde yace Yuki en su descanso eterno, trato de sobrevivir pues es lo mejor que hago. E intentare no fallar en esta misión pues, aunque el pasado sea doloroso, no quiero que cambie pues podría jamás llegar a conocer a aquel que me hizo conocer el paraíso.

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Eiri recordaba la historia que le había relatado al pelirrosa, después de eso, no habían vuelto a cruzar palabras. No estaba muy seguro si su historia había sido de ayuda pero a él le había hecho recordar un pasado que jamás dejaría morir.

"Por favor Yuki, protégeme, se que siempre estas a mi lado, acompañando cada paso que doy y, si acaso he de morir en esta batalla, te ruego que me dejes estar tu lado una vez mas." Pensó el rubio, mientras continuaba guiando al grupo.

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