Death Note y sus personajes no me pertenecen sino a Tsugumi Oba y Takeshi Obata

Capitulo 13: Descubreme

Yo siempre me decía que tenía oportunidades para cambiar lo que quisiera, si me lo proponía el caso también lo haría. Además no era el único que quería resolver el misterio de las desapariciones de Carnabey Street. Pero todo eso me superaba, y no solo a mi, también a los demás. Mello, Ryuzaki, Near y yo mismo, nos pasábamos el día en el centro de investigaciones, escondidos del mundo. En las noticias, en el periódico, en las calles...todo el mundo hablaba del caso. En poco tiempo la desaparición de Abbie Lewis había llegado a oídos de la prensa y todo se había vuelto una locura. Había demasiada gente asustada y nadie quería pasar por Carnabey por miedo a ser el siguiente. Y yo junto a mis compañeros nos seguíamos haciendo qüestiones: ¿Por alguien haría algo así? Ryuzaki se llevaba el dedo pulgar a los labios, se sobaba los pies y se giraba hacia la pantalla del ordenador sin decir nada. Después cogía un pastel. Se lo comía. Nos ordenaba que siguiéramos trabajando-cosa que me frustraba- y nosotros obedecíamos sin hacer preguntas. Hasta que nos quedábamos solos, sin los inexpresivos Near y Ryuzaki, solo entonces nos disponíamos a hablar. En algunas ocasiones llegaba Ahsley con chocolate y una taza de café, y nosotros la invitábamos a hablar. Solamente en aquellos momentos me sentía cercano a aquella chica de cabello castaño. Mello hacía bromas para molestarnos y reía, contento por dejar las tensiones que el caso nos producía. Y después de eso nos contábamos cosas, Ahsley no solía decir mucho, pero había descubierto algunas curiosidades sobre ella.

La primera era que le encantaba el chocolate, el yogur, las natillas...La comida ligera en general. Odiaba las bebidas con gas. Era una maniática por esa clase de cosas, pero nunca había echo dieta. Esa parte, la recuerdo con guasa, puesto que hubo muchas burlas hacia el tipo de mujeres que hacían eso. Ahsley las criticaba con su piquito de oro y nosotros no ahogábamos en risas. Ella decía que la vida era demasiado corta para preocuparse de esa clase de cosas. Estuve de acuerdo, no hay mayor placer que consentirse y comer lo que uno quiera. De verdad que me gusto mucho oírle decir eso.

También descubrí otra cosa, una muy importante. Su papel en el caso. Cuando lo pregunté, todo se sumió en un silencio intenso. Tenía un aura de misterio. A pesar de que en aquellas semanas-dos para ser exacto- había estado demasiado preocupado por el ciclo, me había tomado un tiempo para investigar el trabajo de la de ojos pardos. Le había visto llevar y traer papeles, asistirnos en cualquier cosa, salir a hacer trabajos...pero me parecía demasiado simple. Para eso, Erald tenía a Watari. Tenía que ser algo más.

-Pues...-se revolvió en su sitio. No aparté la mirada de ella. Quería escuchar perfectamente lo que diría. Atento a cualquier expresión de su cara al dar la respuesta, demasiado curioso para hacer como si no me importara. Sus ojos felinos, se pasearon por todo el cuarto, como si la respuesta estuviera en algún rincón de la habitación. Frunció los labios y me miró apenada, luego miró a Mello. Ese acto esquivo me molestó. Me incliné hacia delante para que me notara y me encarara a mi. Ella tornó la mirada, pero no me sentí nervioso. Mas, si me sentí sorprendido de la cercanía. Quizás no debía acercarme tanto, era mejor controlar los impulsos. Aun así no me moví. Su aliento chocó contra mi cara, impulsado por la sorpresa y sus mejillas se tornaron de un leve rosa. Aquella expresión hizo que me avergonzara. Tuve una sensación de revoltijo en el estómago, mi corazón se aceleraba. Mi respiración se vio cortada. Me dolía cada latido del corazón. Pero aun así mi mente no paraba. Una idea intervino antes que ninguna -besarle- y me sonrojé fuertemente.-Yo..soy una agente del CSPM.-dijo separándose y se levantó.-Debo irme, hasta luego.

La noticia me conmocionó. ¿Era del CSPM? Por lo que sabía, la CSPM, estudiaba y experimentaba la mente humana. Si eso era cierto...Ashley sabía mucho más que nosotros. La CSPM solía involucrarse en algunos casos. Sus agentes especiales tenían algunas habilidades fuera de lo común. ¿Pero porque nadie les informaba de esas cosas?¿Que hacían L y Erald? Joder, eso me superaba de nuevo. ¿A que jugaban? Me sentía enfadado. Me habían llamado desde Nueva York, lo había pasado mal en un hospital y luego eso. ¿En que consistía? Además de que no nos habían dicho nada hasta estar Mello y yo juntos ¿Que querían?

¿Se estaban riendo de nosotros?¿Nos estaban probando? ¡Mierda...!

Joder, joder, joder...Ya me empiezo a enfadar otra vez. Aunque ahora si lo entiendo. No es algo que aun tenga que explicar. Lo dejaremos para más adelante.

Mello se levantó antes que yo, con el ceño fruncido. Antes de que pudiera reaccionar, abrió la puerta y la cerró con un portazo. A sabiendas de lo que iba ha hacer le seguí. El rubio corría rápidamente por los pasillos de esa gran mansión, hacía la habitación de Ryuzaki. Yo ya sabía lo que iba a pasar. A pesar de que estaba enfadado. A pesar de que ahora mismo los odiaba, tanto a Erald como a L. Aun cuando quería romper lo primero que me encontrara delante. Aunque parecía que se estaban riendo de nosotros tras a puerta del cuarto. Corrí para parar a mi mejor amigo, porque sino haría una tontería. Todo aquello debía tener un porque. Algo debía pasar para que tampoco nos dijeran algo de Michael Panye y Issac Sousa. Pero todo me tenía confundido. No tenía respuestas y las quería. La palabra desparecido retumbaba en mi cabeza constantemente. La confusión tomaba cuerpo a cada instante y el recorrido de las ideas en mi cabeza daban lugar a otras, que me hacían sentir más estúpido. Aquello no tenía sentido. Ya habían pasado dos semanas desde que llegué a Londres. Y no había habido ningún proceso notable en la investigación. Habíamos partido por los tres desparecidos. No nos preocupamos por que hubiera más desapariciones, puesto que aun no había acabado el ciclo. Además Erald se había encargado de aumentar la seguridad en Carnabey Street y que las tiendas cerraran y abrieran a una hora determinada. No sabíamos mucho sobre Michael y Issac, excepto lo que sus conocidos nos pudieron proporcionar. Sobre Abbie, teníamos mucha más información, pero no la suficiente para dar resultados y proporciones. ¿Que clase de persona o personas están tras esto? Aun no teníamos un perfil psicológico o un porque a todo esto. Pero lo que si podía asegurar es que las personas que secuestraban tenían grandes conocimientos en varias áreas. Como Johannes Davis, que había echo un estudio profundo sobre las respuestas cerebrales ante situaciones de riesgo. Kate era la mejor estudiante de matemáticas, tenía unas medias impresionantes. Todos aquellos parecían personas especiales. Pero ¿que buscaba de ellos? ¿Conocimiento? ¿Que base era aquello?¿Que sabían que necesitaran? Y lo peor ¿porque nos ocultaban tantas cosas?

Ahggg...

-¡Mello!-grité intentando detenerlo. Pero era imposible, no me escucharía. Tenía que pararlo, pero no sabía que hacer. No sabía que decir. Estaba en blanco. El pánico y la ira me invadieron. Si no podía pararlo le seguiría, como un buen perro.-¡A la mierda!

Fui detrás de él, cada vez más cerca de la puerta. Le vi disminuir la velocidad. No parecía cansado en absoluto. Pero su respiración estaba entrecortada, pesada, mezclada con la furia que abarcaba y esperaba con explotar. Pude acercarme más. Caminé a su lado, no dije nada. Yo también respiraba con dificultad. Pronto estuvimos frente a la puerta, mas parecíamos un poco más calmados. Eso nos detuvo en nuestra búsqueda de respuestas.

-¡Puto Ryuzaki, Near hijo de tu puta madre!-exclamó Mello con todas sus fuerzas y abrió la puerta. Siguió maldiciendo a los detectives, con improperios que no parecían salidos de la boca de aquel rubio de ojos azules. Pero Mello seguía siendo aquel hombre de mirada fría.

Ryuzaki, sentado en la cama, fijó su penetrante mirada azabache en Mello. Near siguió sentado en el suelo, guardando lo que parecían ser unos papeles mientras ignoraba al ruidoso rubio.

-Ya nos podéis dar una explicación detallada para toda esta mierda.-exigió entrando a la habitación y colocándose delante del albino y el moreno. Ellos en sus respectivas poses, jugaron con su pelo y se llevaron un dedo a la boca, pensativos.-¡Venga, hablar! Ya estoy harto de tanto misterio sin sentido.

-No se de que hablas Mello, si fueras más específico por favor.-dijo el de sobrenombre Erald, rascándose un pie con otro. La vena en la frente de Mello se hinchó. Tenía muy poca paciencia. Antes de que dijera más cosas innecesarias, entré y me posicioné a su lado.

-Lo que quiere decir es: ¿Porque nos habéis ocultado tantas cosas?¿De que trata esto, eh?-pregunté, quizás demasiado fuerte. El antiguo L pareció sorprendido ante lo dicho. Bajó la mirada al suelo y se volvió a llevar el dedo a la boca.-Ryuzaki, porfavor, dime que no os estáis riendo de nosotros...

-Nunca haríamos algo así, Matt.-contestó el albino, quien se levantó para quedar frente a nosotros. Este no cambió la expresión en ningún momento. Por primera vez nos miramos a los ojos. Los de Near eran grises, los míos verdes. Dos personas opuestas, una más seria que otra. Una con más oportunidades que la otra. Dos polos opuestos, pero con cosas en común. Nuestra comparación no era igual que la suya y la de Mello. Ellos eran el sol y la luna. Soy yo la tarde, el amanecer, el crepúsculo...un termino intermedio. Soy algo neutro, el típico chico inteligente y normal. Por eso, porque soy alguien inteligente y bastante común, se que decía la verdad. Sabía que no eran capaces de algo así, por muy extremistas que aveces puedan ser esos detectives.-Pero era necesario.-declaró.

-¿Cómo iba a ser necesario algo así?-dijo esta vez el de orbes azules.-No lo entiendo...

-Porque si lo supierais todo, no hubierais confiado en ella.

-¿A que te refieres?-pregunté, no entendía nada. La mirada de Mello brillaba con intensidad. La mía debía estar igual porque todos mis sentidos me lo decían. Incluso creo mis ojos habían comenzado a cristalizar.-¿Que pasa con ella?

-Porque yo ayudé a que todo esto sucediese.-declaró una voz. Me giré hacia el umbral de la puerta. Allí se encontraba Ahsley con la cara bañada en lágrimas.-Yo se quien esta tras todo esto. Por eso estoy aquí.

-Ahsley...-susurró Mello sorprendido.

-Yo...-intenté decir, pero era incapaz. Ahsley no. No podía estar tras esto. Esa chica que me había dado el calor de su mano cuando más la necesitaba, que me hacía sonrojar con una simple mirada...Ella no. Negué con la cabeza sin poder creerlo. No podía más. Caminé hacía la puerta y pasé de largo el umbral.

-Lo siento.-susurró ella cerca de mi oído, pero no me detuve. Escuché la voz de Mello llamándome, pero seguí.

-¡Joder Matt, espera!

Me metí en mi habitación. No quería escuchar más gritos, no quería que me consolara nadie. Solo necesitaba estar solo. Porque no me lo podía creer. Ashley...¿porque gira todo en torno a ti? Me decía. Me tumbé en la cama. Abracé mi almohada y fingí que nadie tocaba a la puerta, que nadie me llamaba. Todo el ruido del exterior cesó y dejé escapar un suspiró. No fue hasta entonces que me levanté de la cama. Me detuve en el marco de la ventana y la abrí. La suave brisa de invierno entró en la habitación. Saqué del bolsillo de mi pantalón una cajetilla de tabaco. Encendí uno de los cigarrillos, me lo llevé a la boca y lo encendí. Di una larga y reconfortante calada. El humo salió mis labios y desapreció en la brisa. No podía evitar sentirme traicionado. Tenía bajo el mismo techo a la chica que había ayudado a que un montón de personas perdieran la memoria y fueran encontradas en las calles, enfermas y deshidratadas. Había echo daño, aun cuando fuera sin intención.

Cierto.

No sabía los detalles. Puede que hubiese sido cruel irme así y cerrarle la puerta en la cara a Mello. No podía hacer eso. Pero una parte de mi no quería verla ni mirarla a los ojos. La otra parte deseaba lo prohibido, por una atracción enorme hacia ella. Mi cabeza se volvió loca. Ahora me arrepentía de no haberle abrazado mientras lloraba.

Apoyé la cabeza contra el cristal. Imbécil y cabrón. Me auto insulté. Puto capullo. Esas serían las palabras de Mello, esa voz interna de mi cabeza que siempre se burlaba y reía de mi. La voz que siempre tenía razón. Esa que hacía que me perdiera. Sentí un estremecimiento y cerré la ventana, tenía frío. Entonces me di cuenta de que ya era de noche y que seguramente pronto sería la hora de cenar. Mi estómago gruñó. Pero no estaba seguro de que lo mejor fuera bajar a comer, no después de lo que había pasado hoy. No estaba listo para verla. Pero eso no fue un problema. Antes de que decidiera si bajar o no, tocaron a la puerta.

-Matt-kun-llamó la cantante y modelo japonesa.-Misa te ha traído la comida.-suspiré y miré hacia el cielo, debía darle gracias a dios por esto. Abrí la puerta y recibí a Misa, quien me entregó un plato de pescado con patatas.

-Gracias Misa.-agradecí. Ella dio un asentimiento.

-Oye, Matt...Tu y Ahsley...-intentó decir la idol. Suspiré de nuevo y me senté en la cama.-¿Va todo bien? No me han querido decir nada...

-Nos ha dicho porque esta aquí.-dije y Misa abrió mucho los ojos. Mas su expresión de sorpresa no duró mucho, porque pasó a una de tristeza.

-Vaya, entonces si que es triste.-dijo ella bajando la mirada al suelo.-Lo siento. Creo que debo irme.

-No Misa, espera. ¿Ahsley...esta bien?

-Ha estado llorando.-respondió seriamente la rubia, eso me hizo sentirme peor.-Creo que deberíais hablar, Matt-kun. El pasado de Ash-chan no es bonito ni fácil. Ella vivió una vida muy mala...Tuvo sus razones. Por eso, deberías dejar que te lo explicase. Por vuestro bien.

-No se Misa...tengo miedo.-declaré.-Cuando estoy cerca de Ahsley, me siento estúpido y me pongo muy nervioso. No me salen las palabras...-alegué apenado. Misa ladeo la cabeza y me enseñó una gran sonrisa, de esas que solo tienen los famosos.

-Eso es porque te gusta.-dijo ella con seguridad. Abrí los ojos y puse una mueca de impresión. Mis mejillas se habían tornado rojas. Me llevé una mano a la boca. Algo tan simple pero a la vez tan complicado. Eso era lo que yo tenía enfrente de los ojos y no veía, porque nunca lo había sentido. No conocía esa clase de emoción. Era por esa razón que, aunque me sintiese enfadado, no podía odiarla. Me gustaba. Ahsley me gustaba y mucho.

-Entonces yo...

-Come y ve a verla.-ordenó Misa con una sonrisa.

-Ojala Ryuzaki no fuera tan idiota.-dije por lo bajo.

-Si. Ojala Matt.

-Algún día se dará cuenta de que eres maravillosa.-dije dando el primer bocado a mi plato. Ella se giró. Caminó hacia a mi y me envolvió entre sus brazos.

-Eres extremadamente adorable, Matt-kun. Gracias. De verdad.

La rubia salió de la habitación, contenta. Comía lentamente, pensativo, no sabía que debía decirle. Algo se me iba a ocurrir. Yo quería estar bien con ella. Lo primero que debía hacer era disculparme. Y a lo mejor pedir que me lo explicara. Ya era el momento de aclararlo.

Dejé el plato a un lado, encima del escritorio y salí de la habitación. En el pasillo no había nadie. Respiré profundamente, esa era mi oportunidad. Observé a mi alrededor hasta toparme con la puerta de la habitación de Ahsley. Me puse frente a ella, dándome ánimos para tocar.

Toqué tres veces. Esperé en silencio. Quizás no esta...Me dije, pero entonces escuché el sonido de algo que se caía al suelo y unos pasos apresurados. Suspiré detenidamente, deseoso.-¿Quién es?-escuché la voz entrecortada de Ahsley tras la puerta. ¿Había estado llorando todo el tiempo? Soy un verdadero imbécil.

-Matt...-susurré. Se formó un silencio incómodo. Ahsley no dijo nada, pero entreabrió la puerta, dejando ver la mitad de su rostro.-¿Podemos hablar?

-Pasa.-invitó y yo accedí con un asentimiento. Ella caminó hacia la cama y se sentó. Yo no pude evitar admirar su habitación, que era mucho más grande que la mía, pero estaba mucho más vacía. Al igual que en la mía había un escritorio, una gran cama y un armario. Pero hubo algo que me llamó mucho la atención: la existencia de un piano, una guitarra y unos grandes altavoces. Pestañee sin creerlo, pero el sonido de la voz de Ahsley me devolvió a la realidad. Teníamos que hablar.

-¿De que querías hablar?-preguntó ella con la cabeza gacha, sin ninguna emoción en su voz.

-Yo...Perdón.-dije sin pensarlo dos voces, directo.-De verdad que lo siento. No se porque hice eso, pero se que no fue justo, ni para ti ni para nadie. No te merecías esa reacción, no después de trabajar juntos como lo hemos echo.

-Matt...

-No, enserio. Pero créeme cuando te digo que no podía aceptarlo. Me supera, Ahsley. Ni siquiera se de donde están saliendo estas palabras. Joder...-exclamé frustrado.-Pero solo...déjame entenderlo, por favor. El porque estas aquí...-declaré mirandole con firmeza. Sus ojos se encontraban cristalinos. Empezó a sollozar. Joder...No quería que llorase. No por un idiota como yo. Sin poder contener mis impulsos, la abracé. Ella pareció sorprenderse al principio puesto que se quedo quieta entre mis brazos.-No llores, por favor.-le pedí. Ella me rodeo con sus brazos y lloró en mi hombro. A pesar de la situación, la humedad de sus lágrimas, junto a su agradable aroma me hicieron sentir bien, completo. ¿Eso es lo que sientes cuando estas con la persona que te gusta? Por que si es así tengo que admitir que me encanta esta sensación. Nos separamos un poco, quería mirarla a los ojos.-Ahsley...perdóname.

-Perdóname tu a mi. Joder...Deja que te explique todo. Quiero que lo sepas todo, Matt.-sonrió y sonreí.-Y no me dejes sola otra vez.

-Claro que no.-la volví a abrazar.

Fin del capitulo 13. Pffff...joder cuanta tensión!Me ha encantado escribir este capitulo. Además, tengo muchos planes futuros para este fic :3 Espero que os haya gustado mucho, muchito, mucho jejejje Lo mas dificil ha sido encontrar un nombre para el capitulo, pero creo que este ha quedado bien, quien sabe a lo mejor lo cambio. Quizá haga algo para navidad~pero eso ya se vera. Un besazo

¡Rewins por una verdadera crisis mundial!¡La extinción de los pelirrojos!

Rewiiiins :3