Viviendo para Sobrevivir

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Inuyasha, el manga de Rumiko Takahashi. La historia es enteramente mía.

NOTA IMPORTANTE: EL FIC LA SIN RAZÓN, QUE EMPECE HACE UNAS SEMANAS, NO PODRÉ CONTINUARLO HASTA QUE TERMINE CON ESTE. ¡MIL DISCULPAS!

[N/A: Esta historia, por más de que haya personajes secundarios, es enteramente un InuKag]

Gracias a zabitamt1975, miko Kaoru-sama, andreb1401, CamiiTaisho, ScarletSide, Jose, drami0301, Azmaria, JulieGrayson, Maria y Guests por seguir capítulo a capítulo, y dejar escrito su opinión y sentimientopor este fic. ¡Muchísimas gracias!

Advertencia: Este capítulo contiene escenas de sexo explicitas. Si usted, lector, es sensible o puede herirle este material, se aconseja atentamente NO LEERLO. La autora no se hace responsable de la decisión del lector.


Capítulo Once

La primera vez de Kagome

Esa noche de miércoles se convirtió en rutina. Era como su mantra.

Inuyasha iba todas las noches (de los miércoles, claro) y llevaba comida para los dos. A su vez, Kagome buscaba una película para que ambos vieran.

No deberías haber traído tanta comida –se quejó Kagome mirando las tres cajas de alimento que se encontraban frente a ella.

Pero si comes como cerdo Kag –replicó Inuyasha comiendo una alita de pollo.

¡Pero qué cosas dices! –le lanzó un puño al hombro de él, enojada.

Inuyasha rió tan fuerte que su risa se escuchó por todo el condominio. Kagome lo fulminó con la mirada. A veces era tan irritante.

Te odio –le lanzó la joven.

Y yo a ti –le sacó la lengua el peliplata. – ¿Has encontrado alguna película interesante?

Kagome volvió a cambiar los canales, buscando algo que pudieran ver pero sin ningún éxito.

No hay nada –se quejó la castaña haciendo puchero. Inuyasha la miró con detenida atención. Por momentos no podía quitarle los ojos de encima.

Entonces hagamos otra cosa –sugirió el chico. Ella lo miró sin comprender.

¿Qué sugieres genio? –le preguntó al tiempo que volvía a sentarse a su lado.

Hablemos de nosotros –se volteó a mirarla.

¿Nosotros?–comentó Kagome totalmente desconcertada.

Si, me refiero a, ¿qué has hecho estos últimos seis años? –la miró de soslayo reprimiendo una sonrisa.

Kagome suspiró. Por un momento pensó que ese nosotros hacía referencia a otra cosa.

Bueno, sabes que me quedé un tiempo con mi abuelo en Nagasaki pero no me sentía cómoda. Así que al final terminé viviendo en Kyoto con mi abuelo paterno –le relató Kagome.

Inuyasha prestó especial atención a cada palabra que ella decía, sabía que era difícil para Kagome y él quería contenerla.

Él terminó financiando mi educación en la universidad –concluyó con una sonrisa. Él le sonrío de vuelta.

Y terminaste siendo la mejor enfermera, ¿eh? –le comentó burlonamente. Ella le sacó la lengua.

¿Y qué hay de ti? –le preguntó con su habitual curiosidad. No sabía nada de él. Bueno, del nuevo él.

Pues estudié derecho en la Universidad de Tokio pero no era lo mío y lo dejé en el tercer año. Mi padre se enfureció, quería que siguiera sus pasos –le contó pensativo, rememorando esos años.

El gran Inu no Taisho, ¿sigue siendo abogado? –le interrogó.

Él frunció el ceño, gesto que ella no entendió. Esperaba no haber tocado un punto delicado con su pregunta.

La verdad es que no lo sé. Hace tiempo que no veo al viejo –le respondió sin dejar de fruncir el ceño.

Kagome se acercó y le tocó el rostro para intentar borrar esa expresión.

Lamento que mi pregunta te haya molestado –le dijo con tristeza.

Él rió al tiempo que agarraba la mano con la que ella le acariciaba la cara.

No te preocupes, son problemas míos –se llevó la mano a su boca y le dio un suave beso. Ella se ruborizó. – ¿Y cuántos novios has tenido? –le preguntó cambiando de tema. Se estaba acercando a la cuestión que le interesaba saber.

Ella se ruborizó aún más, si es que eso era posible.

En realidad nunca tuve –confesó ella. Nunca había estado tan cerca de un hombre como lo estaba ahora con Inuyasha. – No me relacionaba mucho con la gente.

¿Ningún novio? –preguntó sorprendido. Se había preparado mentalmente para oír el nombre de algunos sujetos y se dijo que no debía arder en celos, pues esa conversación lo estaba llevando a dónde quería. – Entonces tú… sigues, ¿siendo virgen?

La castaña desvió la vista avergonzada. Estaba por cumplir 25 años y aún seguía conservando su virtud.

Pues sí –admitió sin mirarlo. Él se enterneció. Era tan hermosa cuando tenía vergüenza.

Oye Kag no tienes que tener vergüenza conmigo. Eso no es nada malo –le reconfortó Inuyasha.

Lo sé –sólo pudo contestarle. Se soltó del agarre de Inuyasha, que hasta el momento había permanecido con la mano de ella entre las suyas, y se concentró en pelar una pata del pollo y comérsela.

Se quedaron así en silencio, y para ella estaba bien. El silencio con Inuyasha no era incómodo. Le gustaba. Mientras, él se debatía si debía dejar salir aquello. Se convenció que la vida le había dado una segunda oportunidad encontrándolo de nuevo con Kagome, y no debía desaprovecharla. Aunque le daba miedo perder su amistad con ella.

Dejé a Kikyo por ti –soltó sin vacilación Inuyasha.

Ella frenó en seco lo que estaba haciendo y el pollo quedó a mitad del camino hacía su boca. Lo miró un momento, como asegurándose de que lo que había escuchado había sido real y no una imaginación suya.

¿Eh? –preguntó confusa, dejando la patita del pollo en la mesa.

Él se acercó más a ella. Era ahora o nunca. Ya no había vuelta atrás.

Desde que nos volvimos a encontrar algo en mi despertó. No sabía bien qué era, pero no podía dejar de querer cruzarte por todas partes –volvió a tomar la mano de ella. – Siempre te he querido Kagome, sólo que cuando éramos más jóvenes no me atreví a decírtelo. Y cuando volví a verte me di cuenta de que sigo haciéndolo. Sigo queriéndote –finalizó con su vista fija en ella.

Ella tragó con dificultad, no creyéndose que él estaba pronunciando aquellas palabras. Esas que tanto había ansiado oír cuando era más chica y estaba perdidamente enamorada de él.

Quería contestarle, aunque no sabía qué. Porque tampoco sabía cómo se sentía. Tenía una batalla dentro de ella. Por un lado estaba ese amor que había sentido por él hacía tanto tiempo, y que todavía seguía albergando. Y luego estaba aquel miedo a encariñarse con alguien y que la volvieran a abandonar.

No quiero que nuestra amistad se termine Kag, si es que lo quieres mantener así yo lo acepto. Pero no podía dejar pasar otro día sin que supieras lo que siento por ti –se sinceró el joven.

Ella se sintió desfallecer. Él le estaba siendo completamente sincero, le estaba abriendo su corazón. Y aunque ella quería corresponderle, porque lo deseaba, no sabía cómo.

Después de unos minutos en los que él se quedó mirando sus manos unidas temiendo la respuesta de la chica y ella mientras lo miraba a él, se decidió.

Sabes que yo también siempre te he querido Inuyasha, suspiraba todo el tiempo por ti –comenzó diciendo Kagome. Inuyasha se preparó para sentir el golpe. – Y lo sigo haciendo –dejó escapar en un susurro.

Él levantó la vista inmediatamente, temiendo no haber escuchado bien.

¿Qué? –quiso asegurarse.

Que yo también te quiero Inuyasha. Siempre lo he hecho. Creí que te había olvidado con el tiempo, pero no pude. Sigues aquí –y puso su mano libre sobre se corazón.

Él sonrío con ganas.

¿Después de lo imbécil que fui contigo cuando nos reencontramos? –preguntó sin quitar su sonrisa.

Si, aun después de eso –admitió ruborizada.

Se sentía expuesta, pero no por eso menos feliz. Aunque una parte de ella, una pequeñísima parte, todavía no se convencía de que todo aquello estuviera pasando.

En silencio, él se acercó más a ella, hasta que sus rostros estuvieron a centímetros. La castaña subió la vista y se encontró con unos hermosos ojos dorados observándola de cerca. Con vacilación, Inuyasha le puso una mano sobre la nuca, sosteniéndola bien de cerca, y otra en la cintura. Y lentamente fue acercándose a sus labios.

Kagome se sintió morir cuando los labios de él cubrieron los de ella. Era algo que siempre había soñado con que pasara. Y estaba sucediendo, en ese preciso momento.

Con valentía, subió sus manos y acunó su rostro mientras le devolvía el beso. Era suave, delicado, dedicado. Sintió todo su amor en ese beso. Sintió toda su necesidad, toda su urgencia. Esa que había acumulado durante seis años. Y se lo devolvió. Ella también le demostró su amor, su necesidad.

La lengua de él se abrió paso firme en la boca de ella. La castaña enrosco su lengua con la de él, comenzando una danza mucho más abrasadora. Sus manos, que sujetaban con adoración el rostro de él, cambiaron de rumbo hacía el plateado cabello.

Inuyasha empujó suavemente a Kagome, haciendo que ella quedara recostada sobre el sofá y él quedara encima de ella. Pero en ningún momento rompió el beso, ni ella el contacto con su cabello. Los labios de Inuyasha se movieron hacía el lóbulo de su oreja, arrancándole un suave gemido.

Déjame quererte Kagome. Déjame ser el primero –le suplicó en un susurro.

Por favor –pidió la joven a su vez.

( Inicio +18 )

Las manos de Inuyasha descendieron lentamente por el cuerpo de ella, provocándole un escalofrió de placer. Al mismo tiempo retomó el beso, aunque esta vez con más urgencia. Ella rozó su femineidad contra la dura erección del chico. Inuyasha gruñó.

Tranquila nena, vamos a hacer esto despacio –le advirtió con la voz ronca, teñida de placer.

Te necesito –susurró Kagome pegada a sus labios. E Inuyasha volvió a gruñir ante sus palabras.

Con lentitud, retiró la camiseta de ella y se separó un poco de su cuerpo para observarla. Kagome estaba usando un corpiño de encaje azul que hacía que sus pechos se vieran perfectos.

¿Te gusta lo que ves? –preguntó la chica enarcando una ceja. Sintió un relámpago de placer bajar hasta su entrepierna cuando vio la mirada de deseo de él.

Eres perfecta nena –dijo al tiempo que volvía a recostarse sobre ella.

La besó mientras sus manos se hacían con la tarea de desabrochar el sujetador de la chica. Una vez éste en el suelo, sus manos vagaron por los senos de la joven, estirando y pellizcando los pezones. Kagome creyó que podría morir de placer en aquel instante. Las manos en sus pechos fueron remplazadas por la boca de él. Chupó, lamió y mordisqueó cada pezón, dedicándoles especial tiempo a cada uno. Ella gimió audiblemente arqueando la espalda para facilitarle el contacto a él.

Kagome decidió que él llevaba mucha ropa, y con manos temblorosas intentó quitarle la camisa. Inuyasha la ayudó, mientras volvía a besarla con pasión. Cuando terminó con la camisa, recorrió con sus manos el firme torso del chico, reconociendo cada centímetro de su piel. Ladeó un poco la cabeza, bajando por el cuello de él, y mordió su hombro, presa de un deseo incontrolable.

¡Ah! ¡Salvaje! –rugió el, empujando su erección contra ella. Kagome gimió.

Por favor Inuyasha –pidió la castaña. Aunque no sabía muy bien qué estaba pidiendo.

Muy bien, así lo vamos a hacer –escupió bajando sus manos al culo de ella. Y de un tirón se deshizo del short y de las bragas.

Le separó las piernas con una mano y descendió con besos lentos. Lamió un pezón mientras pellizcaba el otro y viceversa, mientras ella se revolvía debajo por sus intensas caricias. Siguió descendiendo. Besó y enterró la lengua en el ombligo de la chica, haciendo que se le escapara un suspiro. Sintió que su entrepierna ardía mientras él alargaba el momento.

Finalmente Inuyasha llegó a donde quería. Recorrió con su lengua el clítoris hinchado y su abertura. Ella deslizo sus manos hasta el cabello del chico, presionándolo. Él aumentó el ritmo de su lengua sobre ella, haciendo que se retorciera y gimiera de placer.

Tienes un sabor delicioso –ronroneó él,trazando pequeños círculos con su lengua en el clítoris de la chica.

Inuyasha retiró la otra mano de su cadera y hundió uno de sus dedos en la abertura toda húmeda de Kagome. Entraba y salía rítmicamente mientras que con su boca seguía provocando el clítoris. La presión en el vientre de Kagome aumentó anunciándole que estaba cerca de su liberación. Las paredes de su vagina se apretaron alrededor del dedo de él, indicándole la inminente aparición del orgasmo de la chica. Aumentó el ritmo de su dedo y el ritmo de su lengua.

¡Oh, Dios! –gimió ella.

Las piernas se le convirtieron en gelatina de un segundo a otro. Todo su interior empezó a contraerse, haciéndola estallar en un millón de pedazos con un sonoro grito. Inuyasha siguió lamiendo hasta que el cuerpo de Kagome se relajó y se estabilizó. Las manos de ella, que seguían aferradas con fuerza al cabello del joven, lo soltaron.

Él volvió a subir hasta sus labios, haciéndole probar su propio sabor. Al mismo tiempo se deshizo del pantalón y del bóxer, y se posicionó en la entrada de la joven.

Ella lo miró con horror cuando pudo ver la magnitud y el tamaño del pene de Inuyasha. ¡Era enorme! Bueno, para ella, que nunca había visto uno más que en una revista o en internet.

Él le sonrió socarronamente y deposito un suave beso en su frente.

Tranquila, haremos esto despacio. Relájate –le ordenó.

Sintió la cabeza del pene de Inuyasha irrumpir en su entrada y contuvo el aliento. Ella se aferró al cuello de él, mientras lentamente, él se adentró en su interior. El dolor y el placer se mezclaron haciéndola gritar.

Relájate –volvió a decirle Inuyasha al tiempo que salía para luego volver a entrar.

Estableció un ritmo lento para que la vagina de Kagome pudiera acostumbrarse a la enormidad de su verga. Y lentamente el dolor fue remplazado por el placer.

Más rápido Inuyasha –rogó Kagome entre gemidos mientras clavaba sus uñas en la espalda de él.

Inuyasha gruñó, aumentando el ritmo de las estocadas. El centro de Kagome volvió a estremecerse, cerca del orgasmo.

¿Te gusta nena? –preguntó con la voz ronca Inuyasha, mientras entraba y salía de su interior.

¡Ah! –gritó Kagome en respuesta. En ese momento su cerebro no podía coordinar bien una oración para responderle. Estaba perdida quemándose en el fuego ardiente de Inuyasha.

Kagome envolvió las piernas alrededor de la cintura de él, y se deslizó un poco más abajo, haciendo que Inuyasha pudiera llegar más adentro.

Mierda –gruño él, cerca de estallar.

Jadeó, alcanzando la boca de ella. Kagome le mordió el labio inferior, ahogando un grito. Inuyasha aumentó el ritmo de la embestidas. Ella tensó con fuerza los muslos alrededor de las caderas de él esperando la descarga que se avecinaba. Kagome estalló gritando el nombre de Inuyasha mientras que él la acompañaba el en sendero de la liberación.

Él se dejó caer jadeando sobre Kagome, pero sin aplastarla con todo su peso. Ella acarició tiernamente la cara de él. Inuyasha pegó su frente a la de Kagome, y sus respiraciones se me mezclaron. Los ojos de la castaña comenzaban a cerrarse involuntariamente, la fuerza le fallaba.

El peliplateado la levantó en vilo y la llevó a su habitación, la arropó con las sabanas y se acostó con ella.

Te quiero Kagome –fue lo último que escuchó antes de quedarse profundamente dormida.


Bueno este sí que ha sido un capítulo bastante difícil de escribir. Tengan en cuenta y en consideración que es la primera escena sexual que escribo en toda mi vida. Así que lamento si quedo un poco sosa y corta.

Si te gustó déjame tu review!

Como ya mencioné arriba de todo, gracias por sus constantes mensajes de alienta. Me encanta saber cuánto les gusta el fic. ¡Gracias!

NOTA IMPORTANTE: EL FIC LA SIN RAZÓN, QUE EMPECE HACE UNAS SEMANAS, NO PODRÉ CONTINUARLO HASTA QUE TERMINE CON ESTE. ¡MIL DISCULPAS!

Empecé la facultad y está absorbiendo todo mi tiempo, pero trataré de actualizar seguido. Nos vemos en la próxima. ¡Saludos!

Mademoiselle Michelle.