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Incluso las noches más pesadas al final se terminan, dejando que los cada día más tenues, a medida que se acercaba el año nuevo, rayos de sol entrasen por los enormes cristales e inundasen la habitación y sus habitantes, contra todo pronóstico, a pesar de sus numerosas heridas, fue el joven quien se despertó primero.
Abrió lentamente los ojos, pesados, tediosos, temblorosos y con los parpados pegados por las legañas de una larga noche y más tiesos de lo normal por la sangre seca que recorría los pequeños cortes del parpado izquierdo. Cuando estuvieron abiertos del todo, se volvieron a cerrar, casi del todo y luego a abrir de nuevo, durante varios segundos adaptándose a la luz reinante; al final lo vio todo y recordó, tanto la realidad como sus sueños.
Había pasado una noche bastante mala, aun en sueños podía sentir de verdad el dolor de su cuerpo y no se quitaba, ni en esos momentos, la hereza de tener una aguja incrustada en la vena, por mucho que en teoría fuera necesaria para su supervivencia. Sus horas en el mundo onírico, habían estado plagadas de versiones de ese día anterior donde las cosas habían ido peor, desde su muerte o tortura, a que GC le robase los secretos que guardaba y con los que nunca debía de hacerse, hasta ver a Erin muerta o dañada por sus actos, le había pedido perdón tantas veces en sueños que no le extrañaría que alguna palabra hubiera cruzado la barrera y se hubiera vuelto real.
Pero ahora, al despertar, todos esos males, todas esas aberraciones y preocupaciones, se disolvieron para siempre al verla; Erin estaba sentada a su lado, en una silla, tomándole la mano con su ala, y aferrándola con firmeza con el único dedo que poseía. Estaba dormida, apoyada y acomodada, usando su vientre como almohada, ejerciendo una suave presión lo bastante ligera como para no provocarle, de primeras dolor. Al contrario que en los sueños, su rostro no estaba desfigurado, ni manchado de sangre y gritándole y maldiciéndole, solo estaba ahí, tranquila, serena, incluso sonriente, le parecía un ángel.
Lo primero que se le vino a la mente nada más verlo, su primera reacción fue intentar abrazarla, se sentía tan en calma en ese momento y tan feliz de que nada de lo de la noche pasada fuera real, pero un severo golpe de dolor en sus aquejados músculos fue más que suficiente para mantenerle tumbado, sin moverse, conformándose con quedarse parado acariciándole la mano cómo podía, por mucho que le temblasen los dedos, por mucho que su piel estuviera quemada, le encantaba el tacto de las escamas de esa joven. Y no hizo nada más, ni hablo, ni se movió ni pensó, no necesitaba, no quería nada más, como mucho, recordar ese momento en sus pesados sueños que marcaron el final, de sus terrores y dio paso a una calma eterna en un negro absoluto, cuando soñó que escuchaba a Erin responder a aquella pregunta que hizo horas atrás, diciéndole que si no fuera humano, la habría conquistado.
Y las horas pasaron, el sol se movía un poco más, saliendo de su escondrijo tras el horizonte, el joven había empezado a divagar en su cabeza sobre una historia que contarle a los policías y a Mon que había pasado, obviamente no pensaba decirle a las autoridades que había matado, provocado un incendio, amenazado de muerte y hablado de negocios ilegales con GC, menos porque lo mismo este lo usaba en su favor de alguna forma.
Y entonces noto movimiento, era de la wyvern, se estaba removiendo, abría los ojos lentamente, comenzaba a despertar.
Mientras alzaba su cabeza y se incorporaba de nuevo a la vida, mantenía ese rostro de expresión calmada y suave que hacían querer sonreír al pobre chico, y que sin duda lo lograría si sonreír no fuera una acción dolorosa en esos momentos. Al final, tras unos segundos, su expresión cambio al fijarse en el joven, tornándose una de indignación.
-Tu…-, dijo en voz leve, mientras el geólogo intentaba mascullar un buenos días, interrumpido por Erin, que se abalanzo sobre él, haciéndole temer por un segundo tanto que le golpease como un abrazo, ambas opciones en su estado, y teniendo en cuenta como era de fuerte su amiga, podían resultar fatales; por fortuna se limitó a quedarse a una distancia prudencial, a medio camino de subir a la cama y con las alas apoyadas junto encima de sus hombros.
-Más vale que tengas una buena explicación para todo esto Geber-, su rostro se contraía y gesticulaba de forma extraña, que el joven no había visto con frecuencia en el pasado. -¿Estas bien, verdad?, casi, y no, no quiero pensar…- Aquí se tomó un segundo, desviando la mirada y respirando profundamente. -No quiero pensar-, dijo finalmente, -el castigo que te daría por desobedecerme y dejarme sola…- Sus palabras intentaban ser neutras, pero aún se le escapaba un poco de sentimiento, un deje de dolor que no lograba ocultar del todo.
-Sí, eso nos gustaría saber también a nosotros-. Erin se apartó un poco y se hizo a un lado, dejando la vista libre al geólogo; ambos enfocaron a las mismas personas que acababan de entrar por la puerta. Un par de hombres adultos con botas, pantalones negros y camisa. A juzgar por sus pintas y las pistolas en su cinturón, así como por la placa que les mostraban, eran miembros de los cuerpos del orden. -Buenos días señor Geber, soy Marco y este es mi compañero Aki-, a juzgar por el aspecto y el nombre, Marco no era japonés, o al menos tenia ascendencia de otro país. Tenía la piel clara, el pelo corto y rubio y los rasgos muy marcados y gruesos; su compañero era algo más bajo que el, no mucho, pero a ambos Erin les seguía sacando una cabeza, y tenía el pelo negro, la piel más morena y rasgos más orientales.
Mientras Erin volvía lentamente a su silla, sin quitarle los ojos de encima a los dos detectives, cosa que tampoco hacia Geber, quien se temía que fueran enviados de GC, Marco se acercó por el lado contrario y, tras guardar su placa, saco una pequeña libreta de notas con un lápiz. Aki se quedó cerca de él. -Venimos a tomarle declaración. Por lo que sabemos se fue a las afueras a una serie de almacenes de los cuales tiene usted uno alquilado. Horas después volvió en este estado y tenemos constancia de un gran incendio en una fábrica abandonada cercana en la cual se han encontrado los cadáveres carbonizados de al menos cinco humanos, como puede pensar nos interesa saber que paso allí.-
Geber tomo aire y dirigió una última mirada a Erin, la cual estaba, aunque no lo dijera y solo sus ojos la traicionasen, tan deseosa o más de saber la historia que los agentes.
-Verán agentes, si es cierto que fui a esos almacenes a por unos objetos que necesitaba y que no vienen al caso; pero antes de llegar unos matones liminales, unos atracadores de mala monta, me asaltaron-.
-¿Liminales?-, expreso con desconcierto uno de los agentes.
-Sí, dos onis, un elemental de fuego y una rapaz-, su voz sonaba, aunque quebrada en ocasiones por toses o raspaduras de garganta que la hacían temblar o sonar mal, sorprendentemente firme y segura, lo cual transmitía una sensación de que lo que decía era verdad. -Un grupo de desalmados que aprovechaban su estatus para robar a los humanos, de hecho llevaba un maletín con algunas muestras geológicas que me sustrajeron, fue también mi culpa por llevar algunos cristales al almacén. Al principio trate de evadirlos, me desvié un poco, fue mi error, me acerque a esa fábrica. Como era de esperarse, iban armados, lo mismo encuentran restos de una AK-47 entre los restos o algún otro fusil de asalto. Acabe en este estado porque sin saberlo, me había metido en territorio de otra banda, esta humana y enfrentada a la primera. Antes de poder reaccionar me encontré en medio de una pelea de bandas, me lleve algunos golpes mientras me evadía, pero al menos me fui antes de que ese elemental pirado prendiera fuego a toda la estructura, admito que tome prestado el coche de uno de esos bandidos para volver a casa, si cometí alguna infracción de tráfico, cuando este sano iré a pagar la multa.-
-Teniendo en cuenta sus circunstancias y que nadie resulto herido por su conducción, creo que se lo dejaran pasar por esta vez-, admitió Aki, acercándose un paso mientras su compañero tomaba unos últimos apuntes, ¿podría describirnos a los sujetos?
La siguiente media hora, Geber se la pasó inventándose descripciones de los liminales y los humanos, aunque de estos últimos más bien trato de recordar que aspecto tenían. Tras un largo trabajo, en el cual, la wyvern se mantuvo en silencio todo el rato, al lado del joven, ambos agentes se marcharon admitiendo lo coñazo se les hacía tener que dar parte a las autoridades de Mon de este suceso. Tras su salida, se produjo un profundo silencio por varios minutos.
-Asique… ¿Te atracaron?-, admitió finalmente la wyvern, sin mirarle a los ojos.
-No tendría mucho sentido mentir aquí Erin…- Comento con una sonrisa, al menos en la medida de la que podía hacer. -Siento haberte tenido preocupada y todo eso, te juro que no pienso abandonarte, nunca…-
-¿Preocupación?-, hizo una mueca de desprecio y le dirigió la mirada. -Sobrevaloras lo importante que eres en mi vida Geber, aun así…Sí que sería una molestia perderte, espero que cumplas adecuadamente tu juramento-.
-No te preocupes, si es necesario volvería de la tumba como un no muerto para no faltar a mi deber-.
-Mejor simplemente no te mueras, si ya es difícil soportarte a veces, tener que convivir contigo soportando un constante pestazo a carne pútrida… ¿Crees que atraparan a las bandas esas?-
Aunque Geber no se podía mover mucho, hizo todo el esfuerzo que sus doloridos músculos podían permitirse para coger el ala de la joven. -Lo harán, ya sea el propio equipo de Mon o los novatos de Moe, tengo fe en sus habilidades…-, eso pareció calmar el nerviosismo puntual de la wyvern, a pesar de lo cual no tardo esta en zafarse de su caricia. El geólogo sabía perfectamente que jamás ninguno de los equipos nombrados cazaría a esos fantasmas que se había inventado, pero, con suerte, desmantelarían alguna de las redes de la tela de contactos y negocios que GC tenía en activo y que él no podía haber neutralizado con anterioridad.
-De todas formas, Erin, gracias-.
-Ya se-, dijo tras un segundo de sorpresa, recuperando su soberbia actitud usual, -que me debes gratitud por mucho Geber, pero dime, ¿esta vez porque es?-
-Desde que me desperté, me has estado llamando por mi nombre, ni esclavo, ni ser inferior…Gracias-. Y así fresita demostró una vez más la razón de aquel sobrenombre.
-Si… ¡Silencio es-esclavo!...Creo que ya deberías de saber a estas alturas que me perteneces y que eres inferior a mí, no veo porque te sorprende que de vez en cuando opte por no recordártelo… ¿O he sobrevalorado tu inteligencia?-. A pesar de su expresión fiera y su tono bastante firme, aunque no del todo, Geber dejó escapar una sonrisa de medio lado al oírla, antes de reacomodarse en su cama y responder.
-Lo siento ama, creo que me golpee más fuerte de lo que quería en la cabeza-, se tomó un segundo para reprimir las arcadas que le daba, no solo su destrozado sistema digestivo, sino por la sensación de la aguja removiéndose dentro de sus venas, antes de seguir. -Bueno, no quiero ser una carga Erin, sé que ya lo sabes, pero si quieres irte, yo estaré bien aquí-.
-No, no lo estarás-, esas palabras le pillaron de improviso, normalmente se hubiera movido para mirar a la joven, pero en esos momentos su cuello le obligaba a quedarse con la mirada clavada o en el interior de sus parpados o en el techo blanco. -La última vez que te perdí de vista y nos separamos más de diez metros, acabaste así, a menos que suceda alguna urgencia, no me voy de aquí hasta que estés curado, y luego iremos a por un chaleco antibalas para ti-. La joven se había acercado bastante, poniendo su silla casi al lado de la cabecera y apoyando sus alas en la cama.
Necesito varios segundos para reprimir sus emociones ante aquella respuesta y decir algo. -¿Y uno para ti no?-
-¿No tienes ni idea verdad?-, levanto su ala derecha y se golpeó repetidamente las escamas con el aguijón de su cola, no dejaba ni un rasguño. -Las escamas de las draconidas son a prueba de balas, como era de esperarse la única parte débil es la más cercana a la humana, pero aun así soy mucho más fuerte y resistente que tú, no tendría problemas…-
-Pero…Fresita… ¿Y si te piden que les quites una piedra de la mano?-
-Te la estás jugando esclavo-, hizo un amago de golpearle, pero se contuvo al final, tras mirarle otra vez lo pálido y destrozado que estaba. -Estas te las guardo, no saldrás del hospital nunca…Y, ¿sabes?, ya me he hartado, si sigues empeñado en usar mi mote, te ordeno que me digas uno tuyo para poder devolvértelo-.
-¿Un mote?...No te tenido muchos-, los pocos amigos que había tenido en la vida no eran muy dados a poner motes, de modo que busco en lo más profundo de su mente todo lo que pudo, hasta al final, tras un par de minutos de silencio, encontrar algo que cumpliría con los deseos de su ama. -Una vez, cuando estaba ya terminando el instituto, vi a unos chavales de quinto metiéndose con un par de alevines de segundo, creo. No me gusto lo que vi y les plante cara a esos inútiles...No se volvieron a meter con ellos y hasta que me gradué me estuvieron llamando "ángel de la guarda", o simplemente ángel-.
-… ¿Me estas tomando el pelo, no?-
-¿Eh?, no, no, fue de verdad mi mote durante un tiempo, no recuerdo ahora otro que tenga…-, un ataque de tos le interrumpió, tras que este acabase, continuo, pero dentro de su mente. -Oh que te pueda decir…-
-Bueno, aunque no mintieras aquí, eso da lo mismo…- Se paró un segundo, junto las alas delante de si como si tratase de entrelazar los dedos de sus manos si fuera humana y prosiguió con voz chillona y despectiva. -"Ángel, mi ángel, angelito"-, volvió de golpe a la posición de antes con una mueca de asco. -Eso no es un mote, no es como el mío, no tiene un origen privado y vergonzoso ni suena de verdad a sobrenombre, casi parece que te llamas ángel como tal o que te lo estoy diciendo con cariño porque somos pareja…Que asco-.
-Siento no tener otro-, la voz del joven también sonaba algo disgustada, aunque tenía un matiz de felicidad porque sabía cómo cerrar eso. -Supongo que en ese caso lo ideal sería seguir siendo conocido como tu esclavo, no es tan malo, siempre y cuando fueras tú mi ama…-
-A veces me sigue sorprendiendo lo sumiso que eres…Esclavo-.
Anduvieron unos pocos minutos más tras aquello distrayéndose con conversaciones superficiales y tonterías varias, hasta que una de esas urgencias que comentaba Erin con anterioridad, esos sucesos, causas o razones que le podían apartar de él, apareció por la puerta.
-Buenos días, vengo a traerle el desayuno al pacient…te-, una enfermera humana había entrado por la puerta, sosteniendo una bandeja; se paralizo cuando vio los ojos llenos de ímpetu asesino de la joven. Su postura, el leve rugido que surgió de sus labios, como inconscientemente se estaba poniendo delante de Geber mientras analizaba a la intrusa, casi parecía como si lo estuviera protegiendo. De hecho ella fue la que, tras un par de segundos sin movimiento, se levantó y acerco a la enfermera, que dejaba entrever de forma muy clara su preocupación y temor a que esa depredadora intentase algo.
-Que…Es…Esto-, dijo pausadamente mientras se pringaba uno de los dedos con la papilla rosácea que contenía parte de la bandeja y se lo pasaba delante de las narices a la otra.
-Un…Un puré concentrado de vitaminas y minerales, para mejor digestión…También tiene puré de higos y gelatina…- su voz era quebradiza y nerviosa, no retrocedía más porque ya no le quedaba cuarto para ello.
-Ni tiene la mandíbula rota…Ni le gusta la gelatina-. Cogió el dedo que había untado con el puré y se lo metió en la boca, escupiéndolo al momento. -¿Y esperáis que se recupere con esta bazofia?-
-Ti…Tiene muchos nutrientes…- Geber intento moverse para decir algo, intentar tranquilizarla, no moriría por comer cosas horribles, no sería la primera vez, pero ni tenia fuerzas ni tiempo para ello, por desgracia para la joven, que se veía claramente aterrada.
-No servirá de nada si lo vomita todo-, la miro un segundo más, cogió el agua y, acercándose hasta casi tocarle el rostro con su mirada, le dijo de forma soberbia y terrible que se largase de allí, cosa que la enfermera no tardó en hacer, luego presentaría al encargado un informe indicando que la señorita Erin deseaba hacerse cargo de todo cuidado no estrictamente medico sobre su huésped en su estancia en el hospital.
Tras echar a la intrusa, ella se giró, acercándose al muchacho postrado en la cama y dejándole en la mano la botella de agua. -Se ve que no tienen ni idea de cuidarte, tendré, por desgracia que encargarme yo, bébete toda el agua, ¿puedes aguantar cinco segundos solo no?, volveré enseguida, se lo que te ayudara a mejorar-. Y tras comprobar que asentía levemente, abrió los ventanales de la habitación y se alejó volando.
Por un lado, al geólogo los minutos que estuvieron separados se le hicieron cortos. Nada más que saliera por la ventana, reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban y notando como su brazo se quejaba a cada movimiento, agarro la aguja del gota a gota que tenía conectado a la vena y se la saco de cuajo; le daba igual si con eso tardaba más en recuperarse o qué, pero si seguía notando ese trozo de metal frio retorciéndose dentro de su sangre, vomitaría toda la bilis y el ácido estomacal que le quedase. Por suerte, se le cerró rápido la herida, ya solo tenía algunos trozos de hilo dentro de su cuerpo, uniendo pedazos de carne que no debían de estar así. Con el cable colgando cerca del suelo, hizo otro descomunal esfuerzo por abrir el tapón de la botella e ingerir el líquido que en ella contenía, aunque fue horriblemente difícil y acabo con la mitad de la cara empapada, hizo caso a su ama y bebió; poco después, le volvió a inundar un ligero sueño.
Por su parte, la wyvern voló durante unos pocos minutos hasta su casa. Llego y entro todo la rápidamente que pudo, ya que afuera estaba refrescando, algo normal teniendo en cuenta lo avanzado del año y los nubarrones grises que cubrían el cielo esos días. Con todo lo apresurado del estado de Geber, ni se había parado a pensar de que iba aun en ropa de andar por casa, una camiseta de manga corta negra y pantalones cortos y livianos, cómodos y perfectos para ir por una casa donde nunca había problemas de temperatura; se recordó a si misma mientras se recalentaba al lado del radiador del recibidor que debía de coger alguna prenda de abrigo antes de salir, y que menos mal que había dejado la calefacción puesta cuando salieron ayer a toda pastilla.
Entro cuando se hubo calentado a la cocina y rebusco por los muebles; aunque no se lo había dicho a su casero, su abuela le seguía mandando de vez en cuando aquellos platos de nets al veneno, y sabía que era perfecto para que se recuperase, tenía todo lo que necesitaba, buen sabor, mucho alimento, es algo suave y esponjoso, por lo que sería fácil de tragar y todo, y lo mejor de todo, era casero, la comida casera de la abuela siempre sentaba mejor, siempre ayuda más a restaurar la salud, era de cajón. Bajo el enorme taper, que debía de contener más de un kilo de comida y se quedó mirándolo unos momentos y pensando, al final llego a la conclusión de que solo por esta vez, le dejaría probarlo sin cobrarle nada, como si hizo la primera vez.
Lo puso en una bolsa, junto con dos tenedores, después de todo ella tampoco había desayunado, y si no estuviera preocupada de que el muy estúpido hiciera alguna tontería o de que le pasase algo, se tomaría su tiempo para comer algo en casa, pero aún estaba algo preocupada. Ya lo único que le faltaba, era algo de ropa más apropiada para el día frio que había quedado.
Dejo la bolsa en la puerta y subió hacia su cuarto, buscando algo que ponerse en el armario. Por desgracia para ella, no había nada lo bastante abrigado como para salir con ello puesto.
-¿Y mis jerséis, los abrigos o las camisas gruesas?... ¿Dónde están todas?-, se preguntaba, sin que aquello cambiase la situación. Tardo varios minutos de búsquedas infructuosas por los diferentes muebles de su cuarto, incluyendo bajo la cama o bajo las brillantes muestras que su anfitrión le había proporcionado, hasta caer donde las había visto la última vez.
Farfullando por la posibilidad, bajo corriendo hacia el sótano; y como se temía, allí estaban, al lado de la pila de cajas que Geber tenía allí guardando toda clase de cosas, desde juguetes viejos a revistas o ropa que ya no le venía, en la lavadora, estaban sus prendas. Aunque el programa ya había terminado, no estaban secas. Abrió la puertecita de la lavadora y saco uno de sus abrigos, completamente empapado; miro en silencio la secadora, arrepintiéndose por no haber aprendido a usarla y haber relegado todas esas tareas a manos de su anfitrión. La poca que no estaba empapada, que se encontraba cómodamente reposando en una canastilla de plástico roja sobre una caja con la etiqueta de "Dihidrogeno fosfato de amonio", en la que no reparo mucho, y no estaban para nada limpias; desde manchas de chocolate, sirope o caramelo de esas noches que su anfitrión se empeñaba en invitarla al cine o a cualquier evento que aconteciera en la ciudad, ya fueran ellos dos, con Draco o Aiur, o que él le diera el dinero para que fuera a divertirse con sus amigas, o de sangre de Geber o incluso de tierra o barro; no pensaba ponérselas.
Y tras media hora intentando hacer funcionar la secadora, en lo cual solo logro que echase humo, efectos segundarios de cabrearse con la máquina y clavarle el aguijón hasta el fondo, pensó que quizás Geber tuviera alguna prenda que le valiera, de forma que volvió para arriba a su cuarto y sin mucho respeto por su intimidad, se puso a revisar su armario.
-Buff, cuanta basura-, junto con la ropa, también tenía varias cajas y juegos de mesa allí guardados, también era una zona que olía como su casero, lo cual no ayudaba a quitarle el disgusto, o la preocupación de que estaba tardando mucho, de la cabeza. -Camisas, abrigos…Por estos no puedo meter las alas, quizás en esa caja de ahí, creo ver la manga de alguna clase de ropa…Debajo de la del juego de pokemon, sí que está escondida-. Tras un pequeño esfuerzo, saco la caja, como había visto, tenía la manga de lo que parecía un jersey azul cielo, pero no era cualquier prenda. El cuerpo de ese pedazo de lana mullida era normal, pero sus mangas tenían agujeros mucho más grandes y a juzgar por la forma estaban hechas para recubrir por completo las alas de la wyvern, también había un pantalón de piel roja al lado. -Pero que mierda…-Se preguntó extrañaba mientras examinaba el jersey, no lo había visto antes y por lo que sabía, no tenía motivos para ocultarle algo así…Acabo achacándolo a que era un idiota y seguramente se le pasara cuando le dio toda la ropa; de todas formas no tenía mucho tiempo para pensar, quería regresar pronto con su anfitrión; de forma que se cambió de ropa, aunque se sentía un poco ridícula con un jersey que tenía bordado en lana verde lima en su pecho la imagen de un dragón, pero era preferible al frio.
El camino de vuelta no fue mucho problema, aunque le costó pillar el tranquillo al viaje, ahora que tenía que volar con las alas cubiertas de lana, era mejor tener algunas turbulencias que ser incapaz de conservar el escaso calor que había logrado reunir dentro de casa.
Tras unos pocos minutos, mucho más confortable y calentita que la vez anterior, entro por la ventana, cerrándola tras ella y comprobando, para su alivio, que Geber aun respiraba, aunque estaba dormido. No le dio importancia a que ya no tuviera aquella aguja dentro de las venas, simplemente sonrió y se sentó en su sitio, sacando la comida.
Destapando el contenido, dejando que su especiado aroma acariciase las fosas nasales de su anfitrión, y con débiles golpes en el hombro, le indico que era hora de levantarse.
Geber abrió lenta y pesadamente los ojos, se removió con torpeza, mirando a Erin. -Bueno días…Ama-.
Erin dejó escapar una sonrisa al oírle llamarla de esa forma, mientras le tendía un tenedor. -Es el mismo día que antes, esclavo-; cogió con el tenedor un buen trazo del net y se lo comió de un bocado, acallando sus tripas al final. -Vamos, esto si te hará bien, ahora come, ya me lo pagaras luego-.
Pero, a pesar de aquella orden, aunque por el tono sereno y calmado, casi parecía más una sugerencia, Geber demostró estar demasiado herido como para hacerlo de verdad. Aunque, tras más tiempo del que le gustaría, logro pillar parte de la comida, sus debilitados músculos, recordemos que aun tenia numerosos cortes y parte de la piel quemada, no respondían bien, muchas veces se quejaban a cada centímetro, haciéndole temblar o tener que parar un poco. Acabo untándose el net por todos sitios menos la boca, desesperando a Erin, que ya había devorado más que suficiente como para sentirse satisfecha.
-Eres un inútil-, masculló al final, mientras le retiraba con un pañuelo de papel los restos del moflete. -Mira que ni saber cómo comer, patético, anda, trae-. Geber no había hablado mucho, entre el cansancio, el dolor y la concentración en alimentarse no había soltado muchas palabras, y tampoco pudo ahora. Para su sorpresa y eterno deleite, aquella wyvern empezó a darle a comer, a ayudarle de verdad en algo que no poda hacer el solo; haciéndole sentir una mezcla única entre ridículo y feliz.
Devoro con ansias el pequeño manjar que le traía, ni se le ocurrió quejarse incluso cuando se mordió la lengua por accidente, todo un desastre considerando que quizás era la única parte intacta de su cuerpo tras todo ello. Al terminar, le dio con el tono más sincero que pudo las gracias por ayudarle.
-Ya puedes ir pensando en una forma de agradecérmelo cuando te recuperes-. Geber pensó de inmediato en cómo le gustaría que aquello hubiera ido con segundas, pero la wyvern, a pesar de estar más cercana por ahora, aun se mostraba algo seria y distante en sus palabras o gestos, algo que al final no le quito la sonrisa, o lo que quedaba de ella, al geólogo.
-Ya lo tienes encima, feliz navidad Fresita-.
-¿Eh?, te dieron en la cabeza, sin duda, para navidad aún quedan un par de meses…- Respondió tras un segundo de duda, retumbándose en su silla y cruzando las alas por delante, acariciándose levemente el aguijón, cada día que pasaba tenía más veneno, debería de soltarlo pronto antes de que pasara algo.
-Ya…Por eso cuando hurgaste en mi armario, solo viste los pantalones y el jersey-. Hizo una pausa momentánea para que ella lo procesase, antes de seguir. -Esos pantalones son de la misma piel de kodo que tenía tu madre al visitarnos, compre la piel en Amazon y se lo lleve a un especialista para que los hiciera, el jersey, bueno, hace unos años tenía un verano libre en el pueblo, antes de que mi abuela muriera, me enseñó a tejer, cuando salga de aquí te hare la bufanda y el gorrito-.
Erin se quedó en silencio, estirando su prenda y mirándola por unos segundos antes de responder. -Bueno…En ese caso lo aceptare como muestra de gratitud por cuidarte, de nada…Pero no esperes que yo te regale algo por navidad-, dijo con tono serio, aunque esa últimas palabras se le torcieron un poco, bajando el volumen de su voz.
-No lo esperaba de todas formas-, normalmente habría enfocado la respuesta, que era verdad para que engañarnos, con otras palabras, pero en ese estado no tenía tanto tacto y fallaba en algunas cosas. Lo bueno es que no se fijó en la mirada de…¿Decepción, molestia?, que le dirigió la wyvern al oír eso.
-Bueno…Vale-, admitió al final, con tono pesado. -En fin, ¿cómo te encuentras, sabes cuánto tardaras en recuperarte?-, espero un instante, en el cual se hecho para delante y le cogió una de las manos, dejando que un deje de la preocupación que sentía se escapase para ella. -¿No vas a abandonarme, verdad?-
Por un segundo dejo de mirarla para contemplar el techo, blanco e impoluto solo disturbado por la lámpara que colgaba en medio del cuarto. Sintió tentación de decirle la verdad, de que incluso si sanaba ese día, podía morir en unos meses si Rowana no le traía los ingredientes a tiempo, y que incluso si se sanaba de su error, aun le esperaba una vida que pocos tildarían de segura, pero esos ojos, no podía mentirle, pero tampoco causarle dolor, en esos casos quizás lo mejor era simplemente evitar la verdad, con otra verdad. -Jamás, no soy de los que abandonan y menos a ti…No sé cuánto tardare, pero cuando este sano tratare de compensarte por estos días…Tardare días como mínimo, si quieres irte a casa…-
Erin le cortó en ese momento, golpeando con fuerza el suelo con su cola, casi rompe las baldosas del golpe. -No vuelvas ni a pensarlo, no voy a pedir…Ordenarte que no me abandones y acto seguido abandonarte, no soy de esas-.
Las palabras, determinadas y cargadas de fuerza de ella no fueron lo que más noto el muchacho, aunque secretamente esa clase de cosas le daban esperanza. -Erin…Gracias, pero…Mi mano…-La joven dejo rápidamente de ejercer presión, no quería rompérsela, aunque las marcas de las escamas en la piel daban la impresión de que casi lo había conseguido.
-Umh…Que flojo eres…-Geber supuso que era su forma de pedirle disculpas.
-No soy tan duro como tu Erin, lo sé, pero si no te vas-, se tomó un segundo para acariciarse la mano y comprobar que la seguía sintiendo, antes de volver a cogérsela de forma sutil, mientras hablaba. -Pero me temo que no estoy en condiciones de hacer mucho ahora…aún tengo sueño, el cuerpo me pide descanso, te aburrirás-.
La draconida sonrió, encendiendo su móvil. -Eso tiene solución-. Sin soltarle la mano, marco un número de teléfono. -¿Draco?, perfecto, quería hablar contigo…Si, está bien, sobrevivirá…Si, eso…Mira, me tengo que quedar a cuidar de el…¿Como?, porque los humanos no tienen ni idea de como sanar a sus heridos, si…Sé que tú y Aiur os pasaríais más tarde, traerme un libro o algo-, se recrimino mentalmente el no haberse traído el portátil desde casa, el haber tenido ese descuido. -¿Eh?, ¿qué quieres decir con una cita?...Si, ya la oigo gritar, ósea que solo estáis por ahí tomando café, mala elección de palabras…Si, media hora, no tardéis mucho-. Colgó el móvil y lo dejo a un lado. -Esclavo, ya tendré alguna forma de no aburrirme mientras me encargo de que no te maten esos ineptos que se hacen pasar por médicos, ahora descansa, mis amigas estarán aquí en media hora-.
Por un segundo, tras una leve sonrisa, pareció ceder al sueño; sin embargo, antes de ceder a ese continuo impulso que le pedía relajar y recuperarse, se percató de algo.
-Espera, ¿dices que tus amigas, Draco y Aiur, vendrán luego?-
-Si…-
-Oh…Me alegra que ya consideres a Ari una amiga-.
Erin hizo un gesto extraño con los labios, desviando un segundo la vista. -Bueno, puede que un poco, no te equivoques, sigue siendo muy estúpida a la hora de tratar con humanos, como tú, pero más allá de eso, no es tan mala…-
Geber no respondió, simplemente le regalo una sonrisa sincera, cerró los ojos y se sumió en el mundo de Morfeo.
-Esta…¿Esta dormido?-. Era una voz preocupada, inconfundiblemente perteneciente a la escorpida.
-Sí, no hagáis mucho ruido de todas formas…Draco, ¿Qué me has traído?-. Esa era la wyvern, que estaba recibiendo de manos de su amiga un libro con la portada roja; mientras Aiur se intentaba acercar sin hacer ruido a la posición de Geber.
-Bueno, ya sé que te gustan las cosas de leyendas y todo esto y aquí la señorita se empeñó en que este era un buen libro…-
-Es que lo es, Trueno Sangriento es una gran novela ambientada en Might and Magic, ya veras, te gustara, además la protagonista es otra escamosa, como tú-.
-Bueno, supongo que puedo darle una oportunidad…Luego Geber te dará el dinero, no te preocupes Draco-.
Draco se había sentado al lado de Erin, un poco más hacia los pies de la cama y Aiur seguía al otro lado, sin quitarle el ojo de encima a las múltiples heridas de su profesor.
-Bueno, ¿y qué tal el día?-, dijo finalmente la huésped del geólogo, tras un segundo de silencio.
-Me he pasado la mañana de papeleo-, admitió rápidamente la quitinosa. -Tuve que avisar al rector de la universidad sobre la situación de Geber y luego vinieron dos agentes a interrogarme porque estaba presente cuando lo vimos y después…Bueno, el rector me dijo que si podía ir a decirle a uno de sus compañeros de sustituirle la clase y estos me llevaron a otro…Perdí toda la mañana por no negarme y al final nos dio clase un ángel que no tenía mucha idea del temario…-
-Y al final me encontré a esta agotada y con unos pelos como de personaje de anime-, continuo Draco, con un tono alegre. -Y le tuve que invitar a tomar un café y luego a almorzar por allí, y estuvimos hablando de cosas, fue cuando me llamaste-.
-Me alegro que seas capaz de quedarte a solas con una chica ahora sin que tenga que preocuparme porque hagas alguna tontería-.
-¿De qué habla Draco?-, pregunto algo extrañada y preocupada la artrópoda.
-Na…Nada amiga, nada…Hice cosas en el pasado, que hirieron a algunas conocidas, pero después de conocer a Erin y casi cagarla con ella también me enseño la lección y me ayudo a darme cuenta de que no debería de actuar así…-
-Espera…¿Erin ha sido una buena influencia?-
-Pareces sorprendida…Amiga-. La voz de Erin sonaba a la vez ofendida como amenazadora, y provoco un escalofrió a las otras jóvenes.
-Bueno, sí que lo fue, entre las charlas y las regañinas me di cuenta y…Bueno, me arrepiento de ello, incluso fue a pedir perdón a alguna…Bueno, cambiando de tema, ¿os acordáis de Nozokai, mi casero?-
-Sí, pero solo lo vi la última vez que Geber estuvo en un hospital…Antes de esta, claro-.
-Me suena, creo que lo vi en el periódico de la universidad como uno un gran contribuyente privado, ¿en que trabaja?-
-Me dio una explicación, pero no le escuche, sinceramente me habría ido de su casa a estas alturas sino fuera porque su hija es muy amable-.
En estos momentos Aiur cambio la mirada de las vendas del joven a los ojos de la que ella creía que era el otro chico del cuarto. -¿Hija?...¿Osea que compartes casa con tu anfitrión y su hija, de qué edad?-, sonaba realmente interesada en aquel dato.
-Eh, bueno si, su mujer murió por cáncer hace unos años, están solos. No me relaciono mucho con el padre, de hecho apenas lo soporto, pero esa cría de diez añicos, no le puedo decir que no-.
-Oh, diez años, debe de ser muy niña aun…-Dijo sonriente, -bueno, oye, Draco, perdón por preguntar, pero…¿Por qué te cae tan mal tu anfitrión, odiar a los anfitriones es una costumbre entre las dragonas?-. La cara que pusieron las dos ante aquel comentario fue de cuatro y lo bastante del tipo "¿en serio acabas de decir eso?", como para hacerla tartamudear una disculpa.
-No es tradición que yo sepa, y no es solo por él, ni por Geber, ni por Berlini, el amigo de mi anfitrión que…-
Tan pronto como escucho ese nombre de los labios de la joven dragona, fue arrancado súbitamente de su sueño y se incorporó de golpe, sentándose en la cama lo bastante rápido como para impresionar a sus amigas. Todo ello se debía a la mención de aquella palabra, de aquel nombre, Berlini, el que fue el nombre de GC antes de adoptar su nueva vida, el nombre que aun usaba cuando aparecía ante las cámaras como si fuera una buena persona y el líder de una organización benéfica de verdad.
Por desgracia, sus heridas no estaban sanadas del todo; ese movimiento brusco y fuerte fue lo bastante bestia como para abrirle las heridas de su espalda, reabrir cortes y provocar un enorme dolor en la carne y piel quemadas, sacándole un pequeño grito de dolor. Rápidamente Erin se lanzó ayudándole a recostarse otra vez, manchando sus sabanas de sangre.
-Eres un idiota…Aiur, cuando puedas, ve a pedirle vendas a alguien, las necesitara…Aunque solo sea por si es tan imbécil de enfadarme haciendo estas cosas…-
Un minuto más tarde, con vendas nuevas y solo un poco de sangre en la cama, Geber ya estaba completamente despierto, con sus tres amigas a su alrededor.
-Siento haberos dado el susto, me desperté de una pesadilla y sobre reaccione, lo siento-.
-No te preocupes, lo entendemos…¿Verdad chicas?-, decía Aiur mientras se deshacía de una venda manchada de sangre.
-Sí, lo que sea-, respondió desganada Erin. -Dime, ¿estás bien, como te encuentras?-
-Mejor, mejor, salvo un poco en la espalda-, admitió con una sonrisa, mientras se reacomodaba como podía. -…En serio, me voy a sentir mal, no hace falta que estéis aquí perdiendo tiempo de vuestras vidas, no iré a ningún sitio y sobreviviré…-
-No seas tonto, estamos aquí porque nos preocupamos por ti-, intervino de nuevo la escorpida. -No podemos quedarnos tranquilos sin ver que estas bien, o al menos sin hacer compañía a Erin, que yo sepa solo se ha apartado de su lado para ir al baño desde el accidente…-
Geber se giró y miro directamente a su ama. -Erin… gracias-.
-Lo que sea…- Admitió Erin apartando la vista de su anfitrión y centrándola en Draco, que se había quedado algo fuera tras esos últimos momentos, algo más o menos normal teniendo en cuenta que era de las tres la que menos relación tenía con el muchacho, de hecho estaba allí más para apoyar a sus amigas que por cualquier otra cosa. -Bueno, ¿Cuánto tiempo os quedareis?-
-Yo supongo que un par de horas-, respondió tras un segundo de duda, echándose para atrás en la silla y apoyándose en su respaldo. -Mi anfitrión tiene reunión al parecer y me pidió que cuidase de su hija, no le podía decir que no.-
-Yo…Bueno, tengo prácticas de visu en un par de horas, pero hasta entonces…- A diferencia de Draco, ella no tenía una silla de su tamaño, no todos los lugares estaban aún adaptados para extraespecies de su volumen, y se había quedado arrodillada, formando con sus seis patas una especie de asiento improvisado donde sostenerse.
Tras un par de segundos en silencio, empezaron a conversar de nuevo. Durante la siguiente hora, Geber les relato con más detalle su encuentro, o al menos la versión inocente que él se había inventado. De las rutinas del gimnasio, de los nuevos lanzamientos de videojuegos de este año o los múltiples usos del veneno de la serket, un poco de cada tema, al menos hasta que se acercó la hora de dos de las allí presentes para irse, y uno de los doctores del hospital llamo a la puerta, junto con un par más de enfermeros y enfermeras, incluso un guarda de seguridad oni, que se vio obligado a agacharse para entrar por la puerta.
-Buenos días señoritas-, saludo al entrar, ajustándose su bata. -Soy Kimotho, el doctor a cargo de esta sección. Doctor Geber, dado que ha pasado sin mayores percances la noche, es la hora de continuar con las operaciones-.
Aunque el joven no parecía contrariado, y varios de los enfermeros ya entraban para llevárselo, cierta wyvern no respondió bien a esa rápida invasión.
-Un segundo-, se levantó de golpe, produciendo un sonido fuerte y sordo al golpear el suelo con la cola, haciendo que los enfermeros y doctores retrocedieran, ya les habían dicho del genio y la fuerza de aquella joven, por eso mismo se habían traído a uno de los guardas de seguridad. -¿Cómo que más operaciones?-
Kimotho se humedeció los labios e intentando aparentar firmeza, le respondió desde el umbral de la puerta, mientras le hacia una seña al oni para que entrase. -Ayer estaba muy débil cuando llego al quirófano, pudimos tratarle de los desgarros y extraerle la mayoría de las balas, pero su delicado estado nos impidió seguir, por eso hicimos que descansase esta noche, aún tiene balas dentro que no pudimos sacar, necesita una transfusión de sangre y algunas cosas más, necesitamos otra intervención para asegurarle-.
-Señorita, por favor, si se hace a un lado…-
Erin había permanecido impasible ante las explicaciones del doctor y el acercamiento del colosal ejemplar de oni con uniforme de guardia, mirando al vacío, pero cuando este último estuvo lo bastante cerca y le hizo un amago de posarle la mano en el hombro, fue interrumpido por la voz débil de Geber.
-Yo que tu no haría eso…-Pero fue tarde, tan pronto como su mano se acercó a los hombros de la wyvern, no tardo nada en demostrar que era una alumna muy aventajada en las clases de entrenamiento de Geber, y que aún no se sentía muy confiada de dejar que los extraños se acercasen a ella, su esclavo o sus amigas en aquel pequeño nido que le había sido impuesto por las circunstancias, que era esa habitación de hospital.
-Osea, que a propósito dejaron el trabajo a medio hacer-, Erin empezó a caminar hacia delante, dejando al guarda en el suelo, incapaz de moverse, tanto por el dolor por una parte, como por las garras de la joven, pues en su camino, camino sobre su torso, amenazando con hundírselas en la tripa o entre las costillas al menor atisbo de movimiento. Ante aquel avance, los humanos dieron un paso hacia atrás. -Vino muerto le dejaron medio muerto, sin salvarle, "¡oh, le tiraremos en la primera cama que vea que estoy deseando volver a casa, si mañana sigue vivo ya nos ocuparemos de el!"…Si no sabéis ni curarle de una, ¿qué os hace pensar que le voy a dejar en tus manos?-
-E…Erin por favor-, Draco intervino, sosteniendo a su amiga de las alas y echándola un poco hacia atrás, mientras le decía con tono conciliador; -No podían hacer más, seguir la operación con tu esclavo tan débil lo mismo le habría costado la vida…-
-Si…Si, seguro que Kimotho es un profesional-, intervino la escorpida, poniéndose entre el doctor y la joven. -Seguro que te lo devuelven de una pieza en poco, mira, a la mierda las prácticas, nos quedaremos este rato contigo, ya verás como no es nada…-
-Erin-, intervino finalmente Geber, con la voz todo conciliable que podía. -No te preocupes, volveré, como siempre, solo será unas horas, nada más, te lo prometo-, mientras lo decía y las dos jóvenes contenían a su amiga, calmándola con más palabras y gestos, hizo señas para que los doctores se lo llevasen. Sin más incidentes, en unos segundos, estaba en una camilla, camino a la sala de operaciones de nuevo; no dio problemas en ningún momento, pero justo antes de que le fuera suministrada de nuevo la anestesia, le indico a Kimotho que se agachase, pues quería decirle algo. -Escucha, doctor-, su voz era débil y somnolienta, solo él podía oírle. -Como tenga que faltar a mi promesa por tu culpa, te arrepentirás-.
Erin se sentó lentamente de nuevo en la silla, encogida, abrazándose a su cola. Sus dos amigas se sentaron a su lado.
-Ya veras, es un tipo duro-, dijo con una sonrisa la artrópoda, cogiéndole de una de las alas. -Un par de doctores no le van a hacer nada-. Erin solo se quedó mirando el suelo, meneando lentamente su cola, llamando la atención de esa joven. -Erin…¿hace mucho que no te libras del veneno, te noto la cola algo hinchada…-
-Si-, dijo distraída, -no suelto veneno desde hace meses, siento la presión y tengo el aguijón sensible…-
-Yo tengo botes, si quieres luego te dejo alguno…-
-No soy como tú, mi especie no usa el veneno para incitar a los hombres a tener relaciones-, su voz era dura y algo cruda, provocando malestar a la joven, si bien sabía que no podía tenérselo muy en cuenta teniendo en cuenta lo preocupada que estaba. -No puedo sacar mi veneno porque si picando una piel sin vida, necesito calor, sentir la carne…Pensaba aprovechar para castigar a Geber a su próxima cagada, pero en su estado, mi veneno en su sangre le mataría…-
-Le has cogido mucho cariño en estas últimas semanas amiga-, replico la draconida. -Aun me resulta raro con todo el odio que le tenías al principio-.
-No te confundas-, en todo ese rato no había apartado la mirada del suelo. -No le aprecio, no le tengo cariño, no me gusta, no le quiero…Solo es otro humano, otra persona, solo un esclavo…Un esclavo en el cual he invertido mucho tiempo y esfuerzo en moldearle hasta que fuera aceptable, perderle ahora sería algo horrible…Porque sería mucho esfuerzo tirado a la basura-.
Y con esas palabras se inició una época de silencio entre las tres. Draco y Aiur, no sabían bien que decir, como consolarla, de forma que se limitaron a quedarse allí, haciéndole compañía. De vez en cuando se les venía a la cabeza algún tema, pero no duraban más de un par de minutos o frases, se notaba que Erin no quería hablar, no era lo que necesitaba, no al menos con ellas. En un momento incluso Aiur se fue media hora a comprar algo de comida para Erin de noche, y agua, ya que ella no quería moverse de allí a menos que fuera con Geber a su lado.
Las horas pasaron, y un enfermero al final trajo la camilla de Geber. Tan pronto como entro, la wyvern le aparto de un empujón y se quedó sobre él, mirándole, tapándole con sus alas a medio extender. Geber estaba pálido, pero limpio, cono ojos cerrados y une enorme cicatriz en su pecho y estomago que indicaba por donde le habían abierto para operarle; daba la sensación de ser un cadáver o convertirse en uno pronto.
-Está bien, solo duerme-, respondió aquel muchacho levantándose del suelo. -La operación ha sido todo un éxito, ya no hay que intervenir más sino pasa nada grave. Por suerte no tiene heridas permanentes, con el tiempo debería de ser capaz de regenerarse…De hecho si quiere, podrá hacer la parte final de su recuperación en casa-. Una vez soltado eso, desapareció, no quería estar cerca de esa chica más tiempo del necesario.
Tras un par de segundos extras sobre Geber, asegurándose de que su corazón latía, de que aún tenía calor en sus venas y respiraba, se apartó y le pidió ayuda a las otras dos para moverlo a la cama.
Fue un proceso delicado, pero que acabo con rapidez y brevedad. Una vez que estuvo de nuevo bajo las sabanas, descansando, ellas dos se despidieron, pues ya llegaban tarde a sus respectivos deberes y obligaciones, dejándole a solas con su anfitrión, sentadas a su lado con una bolsa de comida y varias botellas de agua.
No tardó mucho en cogerle de nuevo de la mano y quedársele mirando, durante largos minutos, horas…Hasta que su celular empezó a sonar por la llamada de un número desconocido.
Con el ala que tenía libre le contesto tras un momento de duda. -¿Hola, quién es?- Un segundo de silencio, la voz del otro lado era algo más suave y adulta que la suya, pudo reconocer que le hablaba en inglés, de forma que repitió la pregunta en ese idioma.
-Oh, gracias al cielo, soy Isabel, ¿quién eres tú?-
-Erin, Erin Nagala…No te conozco, ¿cómo tienes mi número?-
-In…Intente llamar esta mañana a Geber, no me lo cogía, me preocupe y llame a la universidad, me dijeron que no había ido a trabajar, sus compañeros me dieron el numero de una tal Smith, no sé quién es pero me dijeron que podía saber dónde estaba, y ella me dio este número…¿Le pasa algo a mi hijo?-
El mundo se le cayó encima a la joven, la madre de Geber, de su esclavo, posiblemente la mujer, junto a ella, que más querría verlo bien, aunque Erin aseguraría que su interés no sería más que puramente por seguir usando a su esclavo y no perder tiempo con otros. Tardo varios segundos en responder, hasta que reunió el valor de decirlo.
-Han…Le han atracado, estamos en el hospital-, empezó a oír unos sollozos y unas frases en un idioma que no sabía reconocer del todo, supuso que sería la lengua madre de ella y su hijo, se apresuró a seguir. -Le han operado y está bien, solo necesita descanso, no se preocupe, está bien…-
-Gra…Gracias-, escucho unos momentos después, cuando Isabel dejo de sollozar. -Dios…No me lo puedo creer, mi hijo…-En este momento pareció caer en una obviedad muy grande, parándose en seco. -Erin…¿no?...¿Quién eres?-
-Eh…Soy la…-Necesito un segundo, no quería clasificarse como su ama, su dueña o algo por el estilo. -La huésped de su hijo en el programa de intercambio de interespecies…Soy una wyvern-.
-¿Una…Una wyvern?-, se quedó callada varios segundos. -Geber no me dijo nada de que estuviera en el programa, de que viviera con una liminal-.
-Oh…Lo siento señora-, la verdad no sabía que sentir, ¿se lo había ocultado a su familia por que se avergonzaba de ella, porque temiera que hiciera alguna locura…?, no lo sabía.
-No te preocupes hija, no te preocupes…De todas formas, creo que vamos a ir para allí-.
-¿Eh?-
-Hace mucho que no visito a mi hijo, cogeré a su padre y a su hermana y cogeremos el primer avión, estaremos allí en unos días, así nos lo contara todo…Gracias por cuidar de él, muchas gracias-.
Eso le pareció gracioso, dentro de lo que cabía. Su madre, Fana, le había dado las gracias a su anfitrión por haberla salvado, por haberla cuidado, y ahora, las tornas se cambiaban, se sentía extrañamente bien.
-No se preocupe señora, luego le enviare un mensaje con la habitación del hospital, ahora si me disculpa…-
-Oh, claro claro, te mantendré informada de cuando llegaremos, gracias y hasta pronto Erin-.
Y la joven, tras despedirse brevemente, colgó. Se sentía agotada, y eso que había estado hablando solo unos minutos. La madre de Geber, y su padre y al parecer tenia al menos una hermana…De momento te encontró preocupada, era una parte de la vida de su esclavo de la que había estado desconectada, si, le había hablado de vez en cuando de sus tíos o sus abuelos, sobre todo con aquello del vino, pero nada como eso. Se sorprendió preguntándose is les caería bien a esas tres personas. Obviamente durante la visita no sería como era normalmente, no le trataría de esclavo, si alguien podía montar follón por aquello, esos serían sus familiares más cercanos y no quería causar problemas de ese tipo.
Después de aquello llamo a su madre y a su abuela, explicándole todo lo ocurrido y como estaba la cosa. No tardo mucho tampoco en colgar, llevándose un millón y medio de deseos por parte de su familia y amigas del desierto de ver a su anfitrión recuperado y a ella feliz, ya que no tenía muchas ganas de hablar.
Con la luz del sol en las primeras horas, alterno entre mirarle mientras le acariciaba la mano y leer el libro que le habían traído. Con las últimas luces del día ceno lo que le habían traído y con la luna, a unos pocos días de ser llena, entrando difuminada por las ventanas y cortinas, fue lentamente pensando en ceder al sueño mientras le seguía velando.
Sin embargo, antes de aquello, Geber se despertó por unos segundos. Su organismo aún seguía aquejado de dolor y cansancio y necesitaba toda su energía para dormir y recuperarse, pero se dio a sí mismo un minuto de margen, tenía que abrir sus ojos, los de la wyvern se clavaron en los suyos de inmediato, asegurarse de que estaba bien y darle las buenas noches.
-Fresita…Volví…-Su voz estaba más cansada y apagada a cada palabra, y era muy floja, mucho más que antes de la última sesión de operaciones, obligando a la joven a acercarse, hasta casi tumbarse en la cama con él. -Aún tengo sueño, mucho sueño, pero despertare, no podía dormir sin darte las gracias porque estés aquí…Buenas noches-. Y rápidamente tras esas palaras volvió a ceder al sueño.
-Buenas…Buenas noches-, murmuro al lado de su oído, una vez que hubo cerrado los ojos una vez más. Se quedó allí, parada un poco más, al lado de su anfitrión, a pesar del color pálido que tenía, aun podía sentir el calor manando de él. A medio camino de ceder completamente al sueño, se separó de forma brusca, se movió hacia el lado contrario de la cama y, ayudándose de las sabanas, movió a su esclavo un poco hacia un lado de la cama, dejándole un hueco lo bastante grande como para que ella se pudiera tumbar. Con toda la delicadeza de la que era capaz, contando con que tenía la bastante fuerza como para aplastarle el cráneo a un kodo con las alas, le cubrió con sus alas, a modo de otra manta, de un abrazo protector, dejando ver por uno noche que no quería que le pasase nada. Enroscó su cola y su aguijón sobre sus piernas y apoyo la cabeza en el pedazo de precaria cabecera que estaba libre. En el mismo momento en que se posó con él, pudo notar como la respiración del joven se hacía más ligera, menos pesada, más estable, igual que dejaba de farfullar susurros, parecía que su mera presencia le calmaba, cosa que le saco una ligera sonrisa al darse cuenta.
-Y así durante semanas…Le pediré a Draco algún libro más-, menciono en voz baja, terminando de acurrucarse. -Buenas noches…Mi ángel-, le susurro, con la mitad de su mente ya bajo el influjo de la noche. Después de aquello, simplemente cerró los ojos y durmió, mañana será otro día.
Porque incluso tras las mayores tormentas viene la calma, no es siempre cosa de escribir dolor y torturas y enfrentamientos y muerte y cosas chungas en general, de hecho este es quizás el más tranquilo y sosegado de todos, salvo para el guarda de seguridad, después de todo hay que recuperarse y si la que de normal te suele dar los golpes es ahora la que más quiere que te recuperes, es más fácil estar tranquilo.
Sé que hoy no os dejo los comentarios respondidos, eso es porque ahora mismo son las seis de la mañana (tenía que terminar un trabajo, me tome media hora de descanso y vi que me faltaban dos o tres páginas para acabar y me dije, ¿why not?). Sé que no soy muy constante con ello, y pido disculpas por ello, aun así os quiero agradecer a todos y cada uno el apoyo y por disiparme cualquier duda sobre si hice un trabajo decente, en serio, muchas gracias y perdón de nuevo, supongo que mandaré un mp cuando este descansado, para agradecerlo y responderlo como es debido, hasta entonces, muchas gracias por leer y ¡que paséis un gran día!
