Resumen: El "tratamiento". El veneno de Voldemort. Un viaje con Angelica. La despedida de Angelica. La Profecía Dunedain.
La despedida de Angelica White
El día antes habían rescatado a Severus Snape, Draco y Narcissa Malfoy de Voldemort y sus seguidores, llevado al refugio y regresado a Grimmauld; agotados por todas las tensiones y vivencias del día.
Esa mañana, luego de un desayuno lleno de tensión, se habían visto sometidos los del E.D.H. al interrogatorio de Remus y Aragorn con el apoyo de quienes los acompañaron en el rescate de los prófugos. Y ahora, al llegar a la dirección del colegio desde Grimmauld sin los gemelos Weasley, con Charlie y Molly Weasley mirándolos ceñudos, la directora los envió a sus Salas Comunes ordenándoles regresar a su despacho a final de tarde para hablar con ella.
Los ocho chicos tragaron saliva, asintieron y salieron de allí con la sensación de haber escapado sólo por muy poco tiempo de una situación complicada. Ninguno de ellos se atrevió a ir hacia el Campo de Quidditch a ver el final del partido. Al llegar a la Torre de Gryffindor las chicas subieron a su cuarto y los chicos al de ellos, mirando de reojo el cuadro de sir Cadogan, despidiéndose con:
—Nos vemos en un rato.
—Angela, tranquila, ya deja de dar vueltas. Todo ha salido bastante bien. Nos hemos librado por poco del aprieto pero por ahora estamos bien.
—Tú no entiendes, Hermione. Yo no sabía que Mithrandir había traicionado mi confianza.
—¿De qué hablas?
—No puedo aceptar que les haya contado las veces que yo… Mucho menos a George y a Harry.
—Pues yo me alegro que lo hiciera. Porque al parecer tú tenías la intención de prepararme sin decirme el porqué hasta el último minuto, para dejarme luego sola con la responsabilidad con mi novio y el dolor de mi hermano.
—Ginny…
—Si alguien está aquí asustada y molesta soy yo. Pero me aguanto y tú lo harás también. ¿Está claro?
—Perdóname Ginny —empezó a llorar Angela—. Yo sí iba a decírtelo pero tenía miedo. Por favor, perdóname.
—Entonces perdona tú a Mithrandir que lo ha hecho por la misma razón, miedo a ya no saber como ayudarte.
—Tienes razón Ginny. He sido una tonta.
—Ya cálmate. Sólo yo puedo decirte así —le dijo la menuda pelirroja haciéndole un guiño y sonriendo—. Vamos. Recuéstate un rato.
—Pero debo escribirle a Remus para explicarle del sello en el refugio.
—Y lo harás después de descansar un rato.
—Pero…
—No hay pero que valga. Te recuestas ya y punto.
—Tu hermano Ron tiene razón. Cada día te pareces más a tu mamá.
—Ya déjate de tonterías, Angela, y métete a la cama por tu propia voluntad o te duermo con el hechizo. Tú eliges.
—No debí enseñártelo.
—Angela. —le insistió la menuda pelirroja con tono amenazante señalándole la cama.
—Está bien, ya no me mires así. Tú ganas. ¡Que genio!
—Mira quien habla de genio.
La chica de pelo negro se secó las lágrimas, miró a Ginny y se abalanzó sobre ella a abrazarla, tomándola desprevenida.
—¡Oye! Casi me tumbas.
—Gracias amiga.
—Me siento excluida. —se quejó la castaña poniendo cara de tristeza.
—Ven acá Hermione —la unió al abrazo—. Tú también eres una excelente amiga, con un carácter un poco fuerte pero menos que Ginny. Las quiero muchísimo. Las dos son muy dulces y comprensivas.
Ginny y Hermione se miraron y levantaron las cejas.
—¿Chicas? No, por favor. En serio tengo que escribirles. Por fav…
—Dulces sueños amiga.
—No puedo creer que aún intente engañarnos.
—¿Cuánto tiempo la pusiste a dormir, Ginny?
—Dos horas. Estoy segura que esa carta puede esperar ese tiempo.
—Espero que tengas razón. Se veía preocupada por avisarles de algo.
—Pues eso tendrá que esperar —sentenció la menuda pelirroja mientras entre las dos la acomodaban en la cama—. Estaba muy tensa en la reunión, al igual que Harry, Ron y tú.
—Es que por poco no nos escapamos.
—En realidad no creo que se hayan escapado de las preguntas de Remus, pero por lo menos tenemos una tregua mientras pensamos qué hacer con eso. Vamos a dar una vuelta con los chicos. Necesito relajarme un poco.
—Tienes razón. Aquí Angela está segura y necesito ver a Ron.
—Y yo a Harry.
Al bajar a la Sala Común con los abrigos, guantes y bufandas en las manos, listas para salir fuera del castillo, se encontraron a sus novios esperándolas, también preparados. Corrieron hacia ellos y los abrazaron.
—Vamos a dar una vuelta. Tenemos que hablar. ¿Dónde está Angela? —preguntó Harry extrañado de no verla con ellas.
—Se recostó a dormir un rato —le respondió la menuda pelirroja con una sonrisa pícara, pero al ver que su novio le iba a preguntar le dio rápidamente un beso en la mejilla y le susurró al oído—: Sir Cadogan —luego continuó en voz alta—. Tenía algo de sueño. Vamos a caminar, quiero estirar las piernas para entrar en calor.
—Tienes razón. Vamos.
Ron, que los miraba a los tres con expresión interrogante, detectó la rápida mirada de su novia al cuadro y comprendió. Se les hacía sospechoso que la directora lo hubiese mandado a colocar en la Sala Común el día que regresaron de Grimmauld a Hogwarts para su recuperación.
—Sí, tienen razón. Me siento entumecido, caminemos un rato.
Salieron por el tapiz de la Dama Gorda y caminaron por los pasillos tomados de las manos, hablando sobre los exámenes y lo ocurrido con los Slytherins, claro que sin mencionar en lo absoluto al verdadero culpable.
Apenas llegar al castillo habían buscado a Chris, quien al ver a sus guardianas tan preocupadas por él decidió contarles la verdad. Jessica y Harry lo regañaron de inmediato pero Angela no lo hizo. Para sorpresa de todos se limitó a denegar y sonreír.
Al salir del castillo se encontraron a Luna, Jessica, Neville, Chris & Chris esperándolos con expresiones muy serias. Los cuatro se miraron y asintieron.
—Vamos cerca del lago —les indicó Harry decidido—. Con este clima y todos recién entrados al castillo luego del partido no se nos acercará nadie. Caminaremos mientras hablamos para no congelarnos.
—Nosotros ya estamos al tanto de lo ocurrido anoche, la reunión con los tutores y del medallón. —le enumeró Christine a Harry cuando se habían alejado lo suficiente del colegio.
—Se han librado por muy poco de las preguntas de papá. Pero me temo que él insistirá con eso. —comentó Jessica.
—Eso puede esperar. Ahora tenemos que pensar como resolver el problema. —dijo pensativo Neville.
—¿De qué hablas? —preguntó intrigado Ron.
—El hombre de Azkaban. —respondió muy serio Christopher.
—Es mi culpa. No pensé en los aurores. —se lamentó cabizbaja Hermione.
—Nada de eso. A los tres nos tomó por sorpresa la situación —la contradijo rápidamente su mejor amigo—. Es una suerte que pensaras en borrarle los recuerdos.
—Harry tiene razón, cariño. No sabemos cuando puede volver Voldemort a atacar la prisión. Era un riesgo que Mundungus recordase eso.
—¿Por qué no van de nuevo con ayuda de Angela? —preguntó Christopher.
—No Chris, prefiero mantener al margen de esto a Angela por unos días al menos —lo contradijo muy serio Harry—. No quiero que tenga una recaída. Con lo de ayer ha estado bastante tensa y eso le hace daño. Voy a necesitar que todos me ayuden en eso. Ella es muy necia y no aceptará voluntariamente.
—Eso va a ser difícil. —comentó Jessica cabizbaja.
—No necesariamente. Ella me prometió ayudarme con algo el otro día —recordó pensativo Neville—. Puedo distraerla con eso unos días al menos.
—De igual manera todos debemos estar al pendiente de su salud desde hoy sin que ella se dé cuenta. —insistió Harry.
Los ocho asintieron y caminaron en silencio unos minutos, pensativos.
—Ustedes dicen que ese hombre tomaba mucho licor, ¿verdad? —les preguntó Christine a los cuatro que lo habían conocido.
—Sí. Bastante. ¿Por qué lo preguntas, Chris? —la miró intrigado Harry.
—Podríamos hacerle llegar un "tratamiento" para el alcoholismo a Azkaban. Haciendo creer que un amigo o familiar se lo ha enviado.
—No entiendo Chris. ¿Eso en que nos ayudaría? —preguntó Ron.
—Es buena idea —aceptó Hermione pensativa—. Pero un poco complicado.
—No si lo preparamos con mucho cuidado. Estoy segura que Jessica, Ginny y Chris pueden ayudarnos a que salga bien.
—Hermanita, con mucho gusto los ayudaré a todos en lo que ustedes pidan, lo sabes. Sólo hay un pequeño detalle.
—¿De qué hablas, Christopher?
—Por primera vez en mi vida no sé de lo que estás hablando.
La niña se quedó mirando a su hermano a los ojos. Al notar que el niño los abría mucho y ponía cara de comprender, los demás los miraron intrigados.
—Pues yo no entiendo nada —protestó exasperado Ron—. Y como no tengo esa forma extraña de comunicarme con ninguno de ustedes tres —agregó señalando a los niños y su novia— y ellos tampoco —señaló al resto del grupo—, ¿podrían por favor explicarnos?
La castaña lo miró con las cejas enarcadas inicialmente, sin entender. Luego sonrió con dulzura y le dio un beso en la boca antes de comenzar a explicarles.
—La idea de Christine es dar la impresión que Mundungus perdió esos recuerdos como un primer síntoma de una enfermedad mental por el alcoholismo, provocándole con "el tratamiento" la pérdida gradual de otros.
—Pero las consecuencias tendrían que ser exactamente iguales a las que tú le provocaste para que no sospechen aún más. —replicó Harry preocupado.
—Sí. Ese es uno de los problemas. El otro es cómo hacer para que se lo den a tomar en la prisión sin sospechar de qué se trata. —siguió Ron.
—Hay otro problema adicional —agregó Neville pensativo—. Cómo prepararlo y hacérselo llegar.
—Las consecuencias de borrar un recuerdo de esa manera las puede estudiar Hermione conmigo. Angela me borró varios recuerdos y tú eres muy buena Legilimens por lo que ella me contó. —intervino Jessica.
—Las consecuencias de borrarlos con un Obliviate las puedes estudiar conmigo, Hermione —dijo muy serio Neville. Al ver que todos lo miraban interrogantes, a excepción de Luna que se abrazó a él, se decidió a explicarles—. Me hicieron olvidar lo de mis padres. Pienso que si los aurores están sospechando… debe haber diferencias.
Todos asintieron en silencio sin hacer preguntas, respetando a su amigo.
—De la preparación nos hacemos cargo Christopher, Jessica y yo según las indicaciones que nos dé Hermione —aseveró Ginny—. Sólo necesitaríamos conseguir los ingredientes por fuera del colegio para evitarnos problemas.
—Los que falten en la Casa Flotante los conseguiré con los gemelos. —les aseguró Ron.
—Yo puedo falsificar la letra de cualquier medimago para que los de Azkaban se lo den a tomar —intervino Christopher—. Pero necesitaría ver una carta, prescripción o algo.
—Esa te la consigo yo. —dijo seguro Neville.
—Yo puedo darte una carta de uno de los amigos de papá que está fuera del país en este momento —ofreció Luna mirando con complicidad al niño—. Podemos hacer creer que es un amigo de la juventud del hombre y le envía el tratamiento al acabarse de enterar del sitio en el que está.
—Del envío me encargo yo —ofreció decidida Christine—. Gabrielle me ayudará creyendo que me comunico con los familiares que vamos a visitar al hospital.
Harry los miró a todos fingiendo seriedad.
—¿Qué pasa, Harry? —le preguntó Ginny.
—Acabo de darme cuenta que mi tío tiene razón en algo.
—¿De qué hablas? —preguntó intrigada Christine.
—Somos un grupo de temer. Han elaborado un plan para hacer parecer que Mundungus está perdiendo la razón en menos de media hora.
—¡Me asustaste! —exclamó la pelirroja al verlo sonreír.
—Menos mal que Angela está durmiendo o vaya a saber Merlín que más hubiésemos planeado. —comentó sonriente Hermione.
—Sí, tienes razón. Volvamos al castillo. Si nos congelamos nadie creerá que salimos a caminar por gusto. Además lloverá pronto. —les indicó Harry.
—Esta tarde nos vemos en la Casa Flotante después de comer para averiguar lo de los síntomas del borrado de recuerdos. —propuso Hermione.
—De acuerdo. —respondieron a coro Jessica y Neville.
—Yo creo que podemos ir todos. Mientras ustedes hacen eso nosotros podemos investigar en la biblioteca. Podríamos conseguir algo de utilidad. —opinó Christine.
—¿Y cómo vamos a hacer para que Angela no se involucre? —preguntó Christopher.
—Yo la mantendré ocupada, Chris. —lo tranquilizó muy seguro Harry.
Todos asintieron y se dirigieron rápidamente al castillo. Se cambiaron y se quedaron en las Salas Comunes jugando y hablando un rato mientras iban a comer, para no despertar sospechas.
Cuando Angela despertó se sentó en la cama mirando molesta a sus compañeras de cuarto que salían de darse una ducha caliente.
—Ya deja de mirarnos así. Tenías que descansar.
—No Ginny. Lo que tenía que hacer era escribir una carta.
—Entonces empieza a escribirla.
—¡Pobre Harry! Eres imposible cuando se te mete algo en la cabeza.
—Si a eso vamos, ¡pobre George con tu necedad!
—¡Ya basta! —les increpó muy seria la castaña como si fuese la hermana mayor—. Las dos son estupendas y los chicos tienen mucha suerte, pero las dos tienen que controlar su temperamento. Tú, ponte a escribir tu carta. Nosotras vamos abajo, Ginny.
—Hermione tiene razón. Disculpa Ginny. Es que tengo una sensación extraña. Es como… como un presentimiento. Lo siento, estoy nerviosa.
—¿Te había pasado antes? —preguntó la castaña preocupada.
—Sí, pero…
—Angela, ¿qué pasa? —preguntó Ginny que la percibía triste mientras se le acercaba a acariciarle la cabeza.
—La última vez que sentí algo similar fue el día que… cuando mamá se despidió de mí. —bajó la cabeza con las lágrimas retenidas.
Hermione y Ginny la rodearon de inmediato con un abrazo.
—Gracias chicas. Estaré bien. No se preocupen. Es sólo que… La he estado recordando mucho estos días. Debe ser eso.
—Tal vez, pero puede ser la tensión por la reunión de esta mañana —le comentó con dulzura Ginny mientras le secaba con cariño el rostro y le sonreía—. Yo también estoy nerviosa, al igual que Harry.
—Le avisaré a los chicos que me quedaré con ustedes. —decidió la castaña.
—No, Hermione, en serio estaré bien. Escribiré la carta y luego bajo a unírmeles. Quiero entregarle una copia a Harry. Todos los que fueron conmigo anoche deben estar al tanto del sello que puse.
—¿Estás segura? —le preguntó la menuda pelirroja dubitativa.
—Sí, Ginny. Tendré que estar concentrada para escribir la carta y hacer la copia simultáneamente con la pluma que me regaló George. Eso me tendrá distraída.
—Está bien. Comienza a escribirla mientras terminamos de arreglarnos. —aceptó la castaña no muy convencida.
Pero Angela se concentró mucho en la carta que escribía, con un semblante atento. La castaña y la pelirroja se miraron y asintieron. Estaba tranquila. Bajaron y consiguieron a sus novios esperándolas al pie de las escaleras que iban hacia el dormitorio de las chicas, preocupados. Se los llevaron cerca de la chimenea y les contaron en susurros la conversación con Angela. Neville había salido de nuevo a buscar a Luna para ir a la biblioteca.
Mientras ellos hablaban en la Sala Común la chica de pelo negro estaba escribiendo la carta para Remus y Harry, inquietándose al percibir que alguien en el refugio tenía problemas de salud. Había acabado de escribir la carta cuando sintió que la vida de alguien allí peligraba.
Decidida dejó la carta para Harry y les comunicó a los chicos por la esclava que se iba al refugio, trasladándose de inmediato.
Cuando la castaña y la pelirroja iban a subir a buscar a Angela para bajar al Gran Comedor los cuatro se miraron con los ojos muy abiertos. Ginny se acurrucó en los brazos de Harry para mirar con disimulo la esclava, luego les dijo en susurros:
—Se ha ido al refugio. Dice que es una emergencia.
Todos se miraron preocupados.
—Voy a la habitación a buscar la carta de mis tíos —declaró resuelta Hermione—. Espérenme aquí y bajamos a comer.
Todos asintieron comprendiendo la intención de la castaña. Cinco minutos después Hermione bajó con un sobre en la mano y una expresión intranquila.
—Angela dormirá un rato más. Me ha pedido que no la molestemos y le subamos algo de comida.
Los tres que la esperaban asintieron con expresión seria. Bajaron los cuatro tomados de las manos. Harry guardó la carta en un bolsillo para que más nadie la viese. Después de almorzar se dirigieron a sus cuartos y desde allí se fueron por las puertas de los fénix a la Casa Flotante.
—Harry, no me gusta nada como estoy percibiendo a Angela.
—Lo sé, Ginny, a mí tampoco. Si no responde al mensaje de la esclava en lo que serían diez minutos del tiempo afuera me voy al refugio.
—Nos vamos todos. —lo corrigió Hermione que estaba también intranquila.
—Chris y yo nos regresamos al colegio y los encubrimos pero ustedes nos avisan por la esclava qué pasa. —aseveró Christopher preocupado.
Todos asintieron.
—Vamos a leer esta carta sobre el sello. Algo me dice que Angela ha hecho algo complicado cuando lo ha puesto por escrito en lugar de hablarlo con nosotros directamente. —comentó Harry muy serio.
Se sentaron en la mesa de la biblioteca del ala izquierda. Cuando Harry terminó de leerla todos miraron interrogantes a Jessica.
—No sé exactamente de qué se trata pero…
—¿Jessica?
—Esperen un momento. Ven conmigo a la Sección Prohibida, Harry.
—¿Por qué?
—Porque estoy casi segura que allí encontrarás más sobre ese sello.
Quince minutos después volvían Jessica y Harry con un libro en las manos, muy pálidos y tensos.
—Harry, ¿qué ocurre?
—Lee esto, Hermione.
Cuando la castaña terminó de leer en voz alta el libro, todos sus compañeros estaban muy pálidos, mirándose entre ellos, intentando asimilar lo que habían oído.
—Tenemos que hacer que quite ese sello. —señaló Christopher preocupado.
—Y rápido. —agregó Neville.
—Sí, pero… ¿Cómo la convencemos? Es muy necia. —les recordó Hermione.
—George y Harry. —respondió muy segura Christine.
—Voy por George. —anunció Ron antes de desaparecer.
—Yo volveré al colegio para ver si ya regresó. En caso contrario le insistiré por la esclava. Si no responde vengo aquí a buscarlos. —informó Ginny decidida.
—Nosotros comencemos con lo otro que vinimos a hacer. —les recordó Neville.
—Yo investigaré sobre otros posibles sellos que ponerle al refugio para que sea más fácil convencerla. —dijo Harry.
—Tienes razón, yo te ayudaré. —lo apoyó Luna.
Ron regresó poco tiempo después con los gemelos. Cuando George estaba terminando de leer en el libro la explicación del sello, después de leer la carta, estaba pálido y con los puños apretados. Fred aún intentaba asimilar lo que había leído.
—Me va a oír. Esta vez se ha pasado. Me va a oír. —se le escapó a George, molesto y muy preocupado por su novia.
—Creo que en eso te está ganando el señor Aragorn, hermanito —le contradijo Ginny que estaba llegando en ese momento con la expresión de una niña que sabe en aprietos a sus amigos—. Angela me respondió. Está en el refugio con sus tíos. Les está cocinando para intentar aplacar el regaño que se le viene encima.
—Eso explica que la perciba alterada. ¿Te explicó cuál fue la emergencia? —preguntó Harry.
—Problemas de salud de Snape con el interrogatorio.
—Si no fuese por la promesa de Angela te diría que no me importa en lo más mínimo lo que le pase a ése —comentó enojado Ron—. Pero con ese sello…
—Estoy seguro que el señor Aragorn la obliga a quitarlo. Pero de no ser así nos vamos para allá y la obligamos nosotros.
—Tienes razón, George. Pero busquemos mientras tanto otro tipo de sello que se pueda usar sin que ella esté en problemas. Sabes tan bien como yo que no dejará a esos tres sin protección. —les hizo ver Harry pensativo.
—Además tenemos que contarles a Fred y a ti lo que hemos hablado del medallón. —agregó con picardía Ginny.
Cuando terminaron de decirles el plan con Mundungus los gemelos los miraban sonrientes.
—Han hecho un estupendo plan. Pero Fred y yo podemos ayudar a Christine con los envíos sin involucrar a Gabrielle, por el sistema de pedidos de la tienda.
—Eres uno de mis ídolos. —lo alabó la niña sonriente, abrazándolo.
—No le digas eso, Christine. Se pondrá insoportable. —la regañó Ginny.
—Deja la envidia, hermanita.
—¿Y yo? —protestó Fred fingiendo molestia.
—Tú eres el otro. —contestó la niña sonriente, abrazándolo ahora a él, a lo que todos sonrieron.
Pasaron el resto de la semana en el tiempo prolongado afinando los detalles sobre el sello nuevo y el plan con el medallón, así como varias prácticas de Defensa y de Magia Antigua, tanto en grupos pequeños como el grupo completo. Cuando decidieron volver al tiempo regular ya tenían el listado de ingredientes para "el tratamiento", la carta escrita para Aragorn sobre los tres posibles sellos a poner en el refugio y lo que les hacía falta para ayudar en los ataques resuelto. Fawkes informaría a Harry. El fénix, como había dicho Angela, accedería a cualquier petición del líder del E.D.H.
Los gemelos volvieron a la tienda y los chicos al colegio en espera de noticias de Angela. Harry y Ginny estaban bastante inquietos pero no sabían explicar porqué.
—Por enésima vez, Hermione, no sé que me está pasando. Es como… como un mal presentimiento. —le dijo Harry con tono fastidiado.
—¿Qué? —preguntó con un hilo de voz la castaña. Eran las mismas palabras de Angela que también había estado muy inquieta.
—No te preocupes, seguro no es nada.
—Ron, ya déjame en paz, sólo estoy nerviosa. —casi le gruñó Ginny.
—Pero no es normal que los dos estén intranquilos al mismo tiempo, como tampoco lo es que tengamos un rato sin percibir a Angela si los tíos la iban a regañar.
—Tal vez es eso lo que tenemos, hermanito, preocupación.
Hermione y Ron se miraron intranquilos.
—Voy a comunicarme con Angela para saber cómo le ha ido con sus tíos —susurró la castaña—. Me preocupa que no haya regresado aún.
—Por favor trae también tu trabajo de Pociones, mi amor. —pidió Ron en voz alta cuando ya la castaña se había incorporado, para cubrir su salida.
—No te dejaré copiar el trabajo, Ron. Sólo podrás compararlo.
—Claro, ésa era mi intención.
Bajó un rato después con los apuntes y trabajos en sus brazos. Al llegar hasta ellos los miró muy seria y denegó. Todos entendieron. No había respuesta. Empezaron a estudiar y revisar lo que les faltaba cuando Hermione, Ron y Neville notaron como Harry se quitaba los lentes y cerraba los ojos, gesto que nunca le habían visto, mientras la menuda pelirroja soltaba el libro en sus manos y se recostaba en él.
—¿Qué tienes, mi amor? —le preguntó Ginny a su prometido con cariño, pero con tono cansado.
—No sé. Me siento extraño. Tal vez es un poco la tensión de no saber de ella.
Todos pudieron notar como palidecía rápidamente, al igual que su novia, mientras por los lazos percibían un cambio muy extraño en los dos.
La menuda pelirroja también cerró los ojos, recostada en el pecho del pelinegro.
—Ginny, Harry, por favor vamos a la enfermería. No se ven bien. —les pidió preocupada la castaña.
—No sé porqué pero todo me da vueltas.
—Yo también estoy mareado.
—Será mejor que vayamos a la enfermería ahora mismo. —insistió Ron muy preocupado por como los veía.
—¿Angela?... ¿Señora Angelica?... ¿Qué…? —susurró el pelinegro antes de desmayarse.
—Señora Angelica, pero… —murmuró Ginny y perdió el conocimiento junto a su novio.
—¡HARRY! ¡GINNY! —gritó muy angustiada Hermione—. No uses tu varita, Ron, no sabemos qué tienen y podríamos hacerles daño. —lo detuvo rápidamente.
—Vamos a llevarlos a la enfermería. ¡Rápido! —exclamó Neville asustado, cargando rápidamente a Ginny.
—Yo llevo a Harry. —aceptó Ron, pasando uno de sus brazos sobre sus hombros.
—Yo te ayudo a llevarlo. —apoyó Hermione tomando el otro brazo de Harry.
Cuando llegaron con ellos a la enfermería no sabían qué responderle a Madam Pomfrey a sus múltiples preguntas porque ellos no sabían qué les pasaba. Le repitieron una y otra vez que estaban estudiando en la Sala Común de Gryffindor cuando los dos dijeron sentirse mareados, antes de desmayarse.
La enfermera intentaba darles pociones pero todas caían de sus manos al acercarlas a ellos. Tres Rennervates seguidos no funcionaron. Asustada fue a su oficina a buscar un nuevo frasco de poción revitalizante. Casi no tenían pulso y sus respiraciones eran muy débiles. No entendía qué les pasaba.
En ese momento apareció Fawkes frente a Hermione, le entregó una nota de Remus y desapareció rápidamente. La castaña la leyó pero no sabía qué responder. Miraba desesperada a sus amigos inconscientes.
Pasaron veinte minutos de angustia en espera que la enfermera les dijese qué pasaba con sus amigos antes que la castaña se decidiese a responderle a Remus por medio de Galileo, cuando la enfermera volvía a entrar a su oficina en un estado evidente de nervios con la directora que había sido avisada por el cuadro de sir Cadogan de lo ocurrido en la Sala Común de Gryffindor.
Hermione le explicaba en la nota lo ocurrido mientras estudiaban, cómo estaban Ginny y Harry, también que Madam Pomfrey no lograba despertarlos y le pidió que averiguase con Angela y Aragorn qué podía estar ocurriendo con los chicos.
Su fénix regresó unos minutos después de haberlo enviado. Al recibir el mensaje la castaña palideció aún más de lo que ya estaba.
—Mi amor, ¿qué ocurre? —preguntó Ron asustado por su expresión.
—Angela está igual. El profesor Lupin me pide que traiga al profesor Mithrandir con Harry y Ginny de inmediato. Ellos están atrapados en el refugio con ella.
—Ustedes dos quédense con ellos. Yo lo traigo. —les indicó Ron a Hermione y a Neville mientras salía corriendo de la enfermería.
Diez minutos después entraba de nuevo allí y unos minutos después el profesor Mithrandir, ahogado por la carrera. Tras él llegaron los otros chicos del E.D.H. que estaban en el colegio, a quienes les avisó Neville por la esclava.
"… Angelica White ese día hizo aflorar en Severus Snape dos sentimientos encontrados que desde el colegio había sentido por ella… el odio y el amor."
Angela intentó desaparecer al pronunciar esta última palabra, pero Aragorn había puesto un fuerte escudo antiaparición después de ellos llegar allí. Lo había generado cuando empezaron a hablar de las características del sello que había puesto en la casa, temeroso de que ella huyese para evadir la conversación, y no lo había quitado aún.
—Por favor tío, déjame irme. —le suplicó mirándolo con lágrimas en los ojos.
—No mi niña. No puedes, ni debes irte —la contradijo con tono suave acercándose a ella con cariño—. Deja que te ayudemos a… —Se detuvo al ver como la chica palidecía bruscamente y abría mucho los ojos—. ¿Angela?
—Debo ir al refugio, tío. Quita el escudo, por favor. —le pidió con voz asustada.
—Nada de eso, Angela. Tú te quedas aquí con nosotros. Kingsley…
—Lo siento tío. —se disculpó sabiendo lo que ocurriría. Brilló un instante con una luz azulada y desapareció.
—¿Por qué quitaste el escudo? —le preguntó Remus a Aragorn desconcertado.
—No lo hice. La transportó el sello del refugio. —contestó éste con un hilo de voz.
—Quítalo pronto, Aragorn —le urgió Arwen—. Debemos ir allí.
En ese momento aparecía Fawkes con una nota de Arthur pidiéndole a Eowyn que fuese al refugio con urgencia.
Al llegar a la sala de la casa se encontraron al señor Weasley apuntándole con su varita a Narcissa Malfoy, que lo miraba pálida pero decidida.
—Mi hijo está malherido. Necesita ayuda médica. Por favor, usted tiene hijos por lo que sé, ayúdeme a llevarlo donde se la puedan dar o traiga un medimago con usted.
—Arthur, ¿qué pasa? — preguntó intrigado Remus.
—El joven Malfoy tiene una recaída. Molly, Snape y Kingsley están con él.
Eowyn subió rápidamente a la habitación, seguida de los demás. Al entrar consiguieron a Molly sosteniendo a Draco sentado mientras Angela le hacía beber una poción, murmurando algo parecido a un hechizo muy concentrada en el chico. Snape y Kingsley estaban allí mirándolos en silencio. Al ver que Narcissa se abalanzaba hacia su hijo Snape la retuvo y le pidió por señas que guardase silencio, haciendo Aragorn lo mismo con los demás.
Al terminar Angela de hacer el hechizo todos los presentes notaron como Draco bebía con mayor facilidad la poción. Estaba casi inconsciente. Al terminarla Angela lo miraba aún con el ceño fruncido.
—Señora Weasley, necesito que lo mantenga en esa posición un poco más. Sentirá que se incrementa la temperatura en el cuerpo de Draco. No se preocupe y manténgalo así. Debo acelerar un poco el proceso para que se revierta el efecto del veneno que le estuvieron dando.
—Pero eso no es posible —estalló Narcissa—. Yo le daba personalmente sus comidas.
—¿Usted se las preparaba? —preguntó Aragorn.
—No, claro que no. Lo hacía… Nooo. Esa maldita rata asquerosa… —temblaba Narcissa furiosa y desesperada—. Mi hijo. —se lamentó.
Snape apretó los puños al oír aquello. Él no sabía de las comidas. Si hubiese sabido que era él quien cocinaba hubiese advertido a Narcissa. Una vez más ese asqueroso hombre había puesto en peligro vidas usando como siempre su apariencia de insignificante… cuando en realidad era un elemento muy peligroso.
—Por favor manténgase en silencio, señora. Necesito concentrarme para esto.
—Espera Angela, yo te ayudaré —se le acercó rápidamente Aragorn—. Dime cuál zona es la más afectada.
—Su hígado.
Aragorn cerró los ojos y bajó la cabeza, los abrió de nuevo, miró a su sobrina y asintió.
Narcissa al escuchar lo dicho por la chica y ver el gesto del hombre se desató en llanto, tapándose la boca con las manos para intentar acallarlo.
Los dos unieron sus manos a las de Draco formando una cadena, lo miraron fijamente, se concentraron con intensidad, cerraron los ojos y una tenue luz rojiza los envolvió a los tres.
Molly abrió mucho los ojos al sentir el cuerpo del muchacho ardiendo en fiebre pero lo mantuvo firme, a pesar de las convulsiones que lo empezaron a sacudir.
Eowyn, Arwen y Faramir palidecieron al escuchar como Angela y Aragorn empezaban a murmurar simultáneamente algo parecido a un cántico, muy rápido, mientras se escuchaba la risa escalofriante de Voldemort. Snape abrió desmesuradamente los ojos mientras se llevaba una mano al corazón. Narcissa contuvo el aliento. Ella no estaba segura de lo que estaba ocurriendo pero estaba aterrada. Kingsley sostuvo a Snape y lo ayudó a apoyarse en la pared al ver el movimiento de su mano y que palidecía bruscamente, además de ser evidente que no se podría mantener en pie sin ayuda.
La risa de Voldemort cesó unos minutos antes que cesaran las murmuraciones de Angela y Aragorn, la luz rojiza duró cerca de diez minutos más antes de cesar. La temperatura de Draco era ahora normal y su piel ya no lucía el color terroso que había tenido antes. Su color era pálido y aún tenía ojeras, pero se veía mejor.
Aragorn y Angela soltaron las manos de Draco. Los dos respiraban bastante mal, agitados, como si hubiesen recorrido una gran distancia sin detenerse.
Draco entreabrió los ojos y los miró extrañado. Al levantar la vista vio a Narcissa, llorando con las manos en la boca.
—Mamá. ¿Qué ocurre?
Molly lo recostó con cuidado en las almohadas, mientras Nymph y Remus sacaban a Angela del lado del chico, Aragorn se levantó con esfuerzo y los acompañó fuera de la habitación. Narcissa se aproximó lentamente a su hijo, lo acarició suavemente en el rostro y luego se abrazó a su pecho llorando.
—¿Mamá?
—Ya pasó, Draco. Ellos te ayudaron. Ya pasó. —le respondió con la voz quebrada, limpiándose la cara e intentando calmarse.
—Señora. Si lo hicieron con él es muy probable que con usted también. Venga conmigo. Debo darle el antídoto de inmediato. —le indicó Eowyn.
—¿Por qué no lo detectó antes? —le espetó furiosa—. Quiero que lo vea un medimago de verdad.
—Nadie hubiese detectado ese veneno, Narcissa —le respondió Snape en voz baja, su corazón aún latía irregular. La impresión de lo visto lo tenía muy alterado—. Es indetectable. Casi nadie sobrevive cuando se presenta la crisis que es la única forma de saber que ha sido suministrado. La poción que le dieron a beber con ese hechizo no es infalible, depende de quien haya preparado el veneno. Y por lo que oímos el Señor Oscuro participó en la fabricación de uno de sus ingredientes. Nunca había visto que nadie sobreviviese, no cuando él contribuye en su preparación.
Draco miró a Snape con los ojos desorbitados, asustado, al igual que Narcissa
—Venga con nosotros, señora. Debemos darle de inmediato el antídoto. A usted también, Snape. —les dijo Arwen.
—¿Usted sabe cómo hacer lo que ellos hicieron? —le preguntó el ex profesor de Pociones.
—No. Pero al darles el antídoto sabremos si hace falta. En ese caso Aragorn los ayudará.
—No se preocupe, señora —le dijo Molly a Narcissa—. Yo me quedaré con él. Si algo pasa les avisaré de inmediato.
—Gracias señora. —respondió con sinceridad Narcissa. Por primera vez en muchos años miró a alguien sin la expresión de asco en su rostro.
En la habitación en que habían estado interrogando a Snape en la mañana, Nymph le daba en ese momento a Angela un vaso de la poción color verde grama que le había entregado un minuto antes Aragorn.
El tío de la chica la miraba ceñudo, con sus ojos azules como témpanos de hielo. Estaba tan preocupado como molesto. Sabía que la chica lo estaba pasando mal, pero lo enojaba que se pusiese en situaciones críticas por su rebeldía y su impulsividad.
"Haber escogido ese sello para proteger a esos… Realmente llega a límites exagerados para cumplir con sus promesas a papá Albus. ¿Qué más le habrá prometido? ¿Qué dice la parte que cortaron de la carta? Ella me ha dicho que no tiene más secretos de ella pero sí de Harry. Es obvio que tiene que ver con la dichosa misión de papá Albus para Harry. No puedo permitir que Angela siga desobedeciéndome, está mal de salud".
La chica se tomaba la poción con el ceño fruncido, pensativa. Su respiración era bastante irregular, además estaba muy pálida y ojerosa. Ella no se esperaba una situación como la que acababan de vivir. "Ese maldito ha estado envenenando al chico además de los brutales castigos que, es obvio ahora para mí, le estuvieron infligiendo tanto él como… su propio padre".
Sentía que la tormenta de emociones en su interior la estaba quemando y ahora… Esa sensación tan extraña que tenía desde la mañana era más fuerte. No lo entendía pero presentía que muy pronto se iba a enterar de qué se trataba. "Dejaré fluir las cosas, lo más tranquila y serena posible. No puedo hacer otra cosa".
Ya estaba regularizando su respiración cuando entró Arwen.
—Aragorn, le he dado la poción a la señora Malfoy. También ha sido envenenada, está reaccionando al antídoto.
Angela intentó ponerse de pie pero Arwen la retuvo.
—No. Tú quédate aquí.
—Tío no puede hacerlo solo, tía. No con Voldemort como fabricante del veneno.
—Y no lo hará sólo. Yo lo ayudaré, recuerda lo que te prometí —le aseguró a su sobrina mientras la retenía en la silla—. Ahora quédate aquí. Remus, no la dejes salir. —le pidió a su amigo.
—Pero tú no sabes cómo…
—Yo le diré cómo —la interrumpió Aragorn que ya estaba en la puerta—. Por una vez haz caso y quédate aquí. —agregó molesto.
—Tío Aragorn —lo llamó con su voz reflejando toda su angustia. Al girarse el hombre al mirarla ella le pidió con voz de súplica—: Perdóname por las veces que te he desobedecido. Por favor, regresa bien, por favor.
—Estaremos bien, no te preocupes. — le respondió un poco menos frío.
—Tú también, tía Arwen, por favor.
—Estaremos bien, tranquila. —aseveró con tono suave, le dio un beso en la frente y salió tras su esposo.
A medida que transcurrían los minutos las manos de Angela enrojecían de tanto apretar la una contra la otra, sentada muy tensa en la silla. Nymph intentaba tranquilizarla diciéndole que todo estaría bien, a lo que ella denegaba levemente. Pasados veinte minutos Angela no soportó más y se levantó de la silla. Remus se interpuso frente a la puerta denegando, mientras Nymph se levantaba rápidamente y la sujetaba por un brazo. Pero la chica no intentó zafarse para acercarse a la puerta. Se abrazó a la metamórfaga y empezó a sollozar con mucho sentimiento.
—Angela, tranquila. Arwen y Aragorn estarán bien.
—No es sólo eso… tía Nymph. —le respondió con la voz quebrada, abrazándola más fuerte.
—¿Qué tienes, linda? ¿Por qué estás así?
—Yo no quiero… desobedecerles… No quiero que… se disgusten… conmigo y… se preocupen… cada rato… Yo los quiero… mucho… Pero… no puedo… faltar a mis… promesas, tía… No puedo… A veces… me siento… atrapada en… una situación… de la que… no sé… como salir.
A Nymph se le formó un nudo en la garganta y miró con ojos suplicantes a su novio para que la ayudase a calmarla. Ella la había visto llorar desesperada en Grimmauld, tomando temblorosa una pequeña dosis de la poción grama que había sacado de su capa, para seguir llorando mientras ella intentaba calmarla hasta que se quedó adormilada apoyada en ella. Luego la ayuda tan extraña de Arwen, para oírla después hablar todo aquello… Ya no se sentía con fuerzas para seguir adelante, las lágrimas brillaban en sus ojos.
Remus, comprendiendo la situación, se les acercó y tomó en sus brazos a Angela mientras Nymph se giraba hacia la ventana para dejar escapar las lágrimas lo más silenciosamente posible.
—Ya, pequeña, cálmate. No te pongas así, te hace daño —le dijo él con voz muy dulce, acariciándole con ternura la espalda y la cabeza—. Nosotros hemos intentado entender hasta ahora las situaciones, pero no es fácil cuando nos ocultas tantas cosas. Por eso no comprendíamos tus reacciones esta mañana.
»No estamos disgustados contigo, sólo muy preocupados. Desde la hora del almuerzo no te estamos percibiendo por los lazos cuando te hemos visto evidentemente triste. Eso y lo que nos has contado tanto del sello como lo otro ha aumentado la preocupación. Nunca nos obedeces y generalmente resultas lastimada. Luego te desapareciste a pesar del escudo de tu tío. Por eso él te habló así hace un momento. Entiende pequeña.
—Yo lo… entiendo… tío Remus… Por eso… les conté… uno de los… secretos… de mamá… pero… —intentó explicarle su punto de vista pero se detuvo al empezar a marearse fuertemente.
—¿Angela? —le preguntó extrañado al oírla detenerse y sentirla temblar.
—Tío… Me siento… extraña.
—Angela, ¿qué tienes? —le preguntó intranquilo al sentir como la chica parecía intentar aferrarse a él.
—Estoy… mareada.
—Tranquila, vamos a sentarte y… ¿Angela? —se asustó al sentir que la chica perdía las fuerzas entre sus brazos.
—No… Por favor… No ahora… —murmuró la chica luchando por mantenerse consciente.
—¡Angela! ¿Qué tienes? —le preguntó Remus muy asustado— ¡ANGELA! —gritó desesperado al ver como se desmayaba en sus brazos—. Nymph, rápido, trae a Eowyn. Angela, pequeña, reacciona. ¡Angela!
La metamórfaga salió corriendo a buscarla, limpiándose las lágrimas para no alarmar a los tíos de la chica. Transcurrieron varios minutos con Remus intentando que la chica reaccionase.
—Tío… no me… sueltes… —susurró muy pálida al recobrar la conciencia y ver su rostro, esforzándose por mantenerse despierta—. Háblame… No puedo ir… en este… momento… No…
—Yo no te voy a soltar, pequeña. No tienes que ir a ningún lado. —le respondió rápidamente, asustado.
—Iré después… mamá… Por favor… Díselo tío… Yo…
—Ahora no vas a ninguna parte. Te quedas conmigo. ¿Me oyes?
—Tío Rem…
—¿ANGELA? ¡ANGELA! Angela, por favor pequeña, reacciona.
—Remus, ¿qué pasa? —entró Eowyn corriendo, asustada al haberlo oído gritar. Al ver la palidez extrema de su sobrina se abalanzó hacia el piso dónde su amigo la sostenía.
—No lo sé, Eowyn. Estaba sollozando, preocupada por nuestro disgusto por su desobediencia. Yo intentaba hablarlo con ella mientras la calmaba cuando sentí que intentaba aferrarse a mí. Me dijo que estaba mareada y un instante después se desmayó. Recuperó brevemente el conocimiento y en susurros me pidió que no la soltase mientras le pedía a Angelica que no la llevase, luego perdió el conocimiento de nuevo. ¿Qué tiene, Eowyn? ¿Qué le pasa?
—No lo sé. No entiendo nada —denegó mientras la examinaba una vez más con su varita. El pulso y la respiración de la chica eran muy leves—. ¡Rennervate! —Nada ocurrió. Eowyn se concentró en su don de Percibir e Influir los Pensamientos y sólo pudo percibir una neblina muy espesa—. Angela, pequeña, ¿qué tienes? —preguntó desesperada—. Nymph, por favor, en cuanto veas a Arwen y a Aragorn en condiciones tráelos, pero no les digas nada antes.
—En seguida. —respondió muy asustada la metamórfaga.
Remus abrió mucho los ojos al percibir que algo extraño les ocurría a Harry y a Ginny en ese momento, pero no podía dejar sola a Eowyn con Angela en ese estado y ellos estaban en el colegio acompañados.
Quince minutos después entraban Arwen, Nymph, Aragorn y Faramir allí. Eowyn sollozaba mientras Remus le hablaba sin cesar a la chica, asustado por su estado y por no recibir tampoco noticias de Harry y Ginny. Aún no le respondían la nota que había enviado con Fawkes. Al entrar la metamórfaga y los tres Dunedains al cuarto la puerta se cerró y selló.
—Por favor Angela, respóndeme. Me dijiste que si te hablaba no irías —le insistía. En su desesperación Remus recordó que la chica había nombrado a su mamá. Sin saber que más hacer decidió intentar hablarle a su espíritu, fantasma o lo que fuese que estuviese ocasionando aquello—. Angelica por favor, ella no quiere ir, por favor.
—¿Qué pasa con Angela? —preguntó asustado Aragorn.
Remus explicó todo de nuevo, con todo lo que había intentado Eowyn, mientras su amigo tomaba a su sobrina de sus brazos. No había forma de hacerla tomar ninguna poción, pues no lograban acercárselas a la boca. Tampoco lograban transmitirle energía. Su pulso se mantenía débil y constante.
—¿Qué percibiste con tu don, Eowyn? —le preguntó refiriéndose al que era más intenso en ella, el de Percibir e Influir los Pensamientos.
—Sólo una neblina espesa.
—¿Qué?
—No lo entiendo, Aragorn. Jamás había sentido eso con nadie.
Al utilizar sus dones con la chica la mujer pelirroja palideció.
—¿Arwen?, ¿qué pasa? —le preguntó rápido su esposo al notarlo.
—Vamos a llevarla rápido con Mithrandir.
—¿Por qué? ¿Qué percibiste? —preguntó angustiado Aragorn. No le gustaba su evasiva cuando acostumbraba responderle siempre frontalmente lo que le preguntase.
—Nada. Absolutamente nada. Es igual a lo que sentí con el auror al que besó el dementor en el primer ataque que ayudamos.
—¡¡¡¿QUÉ?!!! —gritaron cinco voces al unísono, aterrados.
—Vamos con Mithrandir. ¡Pronto! —insistió Arwen.
Pero no funcionó el trasladador convocado por Aragorn para Nymph y Remus. Tampoco lograron desaparecer los Dunedains. La chica adquirió un aspecto azulado enfermizo que antes no tenía, con unas ojeras muy marcadas.
—¡Por Merlín! ¿Qué pasa? —preguntó Remus muy asustado.
—No podemos salir desapareciéndonos o con trasladador y es evidente que le ha afectado el que lo hayamos intentado. —le respondió Aragorn mirando a su sobrina angustiado.
La puerta de la habitación era golpeada por Arthur, que preguntaba incesantemente qué ocurría. Faramir fue hacia la puerta para abrirla y se dio cuenta que no podía.
—¡Alohomora! ¡Bombarda! Estamos encerrados. —les informó muy asustado.
En ese momento apareció Galileo con una nota para Remus. Al abrirla sintió que se quedaba sin aire.
Al ver su expresión Aragorn le arrancó la nota de las manos.
—Ginny y Harry están igual en Hogwarts. Los chicos están muy asustados. Madam Pomfrey no logra hacerlos reaccionar. Hermione le pide a Remus que nos pregunte a Angela y a mí si sabemos qué ocurre.
—¿Qué? —preguntó Arwen casi sin voz.
Remus se quedó mirando el fénix y se le ocurrió algo.
—Galileo, por favor dile a Hermione que lleven al profesor Mithrandir con Ginny y Harry, que Angela está igual, que se apresure, que nosotros estamos atrapados en El Refugio con ella.
El pequeño fénix emitió una suave nota y desapareció.
—¿Remus? —preguntó Arwen con curiosidad a pesar de su angustia.
—Nosotros no podemos salir y Arthur no puede entrar, pero el fénix llegó aquí. No sé cómo logran los chicos comunicarse con ellos pero fue lo único que pude pensar para resolver esta situación.
Treinta minutos después apareció Febo con una nota escrita con la letra de Luna. Aragorn palideció al leerla, temblando la mano que sostenía la nota perceptiblemente.
—¿Qué pasa, Aragorn? —preguntó Remus, temeroso de la respuesta.
—Mithrandir tampoco sabe lo que ocurre. No ha logrado hacer reaccionar a Harry o a Ginny. Dice Luna que los dos nombraron a Angelica antes de perder el conocimiento. Mithrandir ha dicho que es algo que ella está haciendo pero no puede explicarlo ni detenerlo. Tampoco sabe qué consecuencias tendrá.
Eowyn estalló en llanto, aterrada.
Remus miró fijamente el pálido rostro de la chica, pensativo, intentando sobreponerse al pánico que sentía.
—Orión —Inmediatamente apareció el pequeño fénix—. Por favor amiguito, ve con Angela y ayúdala a regresar.
El fénix sobrevoló el cuerpo de la chica se posó sobre ella, cantó suavemente y desapareció. Al verlo Remus se animó.
—Lily —Al ver a la pequeña fénix sonrió—. Por favor pequeñita, ve con Harry y ayúdalo a regresar —La pequeña ave desapareció de inmediato—. Ares —El pequeño fénix acudió al llamado—. Por favor amiguito, ve con Ginny y ayúdala a regresar. —El pequeño fénix emitió unas notas y desapareció.
—¿Crees que funcione, Remus? —le preguntó Nymph.
—No lo sé pero es lo único que se me ocurrió.
Pasaron diez angustiosos minutos sin cambios.
—Mmm… —hizo un leve sonido y se movió suavemente la chica.
—¿Angela? —la llamó preocupado Aragorn.
—Harry… mamá… Ginny… —se removía Angela intranquila en brazos de su tío, murmurando algo, pero no se le entendía casi nada.
—Angela, ¿me oyes? —le insistió Aragorn, un poco animado al ver que empezaba a reaccionar pero inquieto por su falta de respuesta.
—Mmm… Déjanos ir… Por favor… mamá… Estamos… débiles… Por favor… mamá… Iremos… de nuevo… luego… Por favor…
—¿Angela? —le insistió acercándola más a su cuerpo y con voz levemente más alta para intentar que le escuchase sobre… lo que le estuviese ocurriendo.
La chica dejó de agitarse, quedándose muy quieta. Sin embargo su respiración era casi regular, seguía pálida, pero menos que minutos antes.
—Estoy percibiendo a Harry y Ginny débiles, pero no extraños como hace un rato. —comentó Remus mirando preocupado a la chica de pelo negro.
Arwen se acercó a ella temerosa e intentó percibirla por su don mezclado. Dos minutos después soltaba el aire retenido y sonreía.
—Está serena. Parece que estuviese durmiendo.
Eowyn de inmediato lo intentó con su don más intenso y también sonrió.
—Parece estar soñando con George y muchos pétalos de flores.
Diez minutos después Arthur logró abrir la puerta, mientras aparecía Galileo cantando alegremente con una nota de Hermione para Remus.
—¿Qué ha pasado? —preguntó el señor Weasley—. Nos tenían asustados a todos.
Los seis que estaban conscientes dentro de la habitación se miraron y suspiraron, mirando a la chica que aún no despertaba.
—Ginny y Harry ya están despiertos —leyó la nota Remus—. Harry dice que sólo recuerda sentirse muy débil antes de perder el conocimiento y haber soñado con Angelica y Angela, pero no sabe exactamente qué. Ginny no recuerda nada. El profesor Mithrandir ha dicho que los encuentra bien ahora, aunque muy débiles. No sabe explicar lo ocurrido pero parecen estar recuperándose rápidamente.
—¿Ginny y Harry? ¿De qué hablan? —insistió Arthur, ahora asustado.
—Lleva a Angela a Hogwarts —le indicó Remus a Aragorn—. Yo le explico a Arthur; luego voy con Molly y con él allá. Tengo que organizar las cosas aquí.
El Dunedain asintió. Dos minutos después abría los ojos desorbitados mirando a su sobrina, al igual que Arwen, Eowyn y Faramir. La chica había palidecido mucho nuevamente.
—¿Aragorn? ¿Qué pasa ahora? —preguntó Remus.
—No podemos desaparecer de la casa. —le respondió en voz baja mientras intentaba pensar rápidamente en todo lo que sabía sobre el sello que le había puesto su sobrina al lugar.
—¿Qué? —preguntó Arthur que no entendía lo que ocurría.
—El sello de Angela está muy extraño. Si lo intentamos de nuevo podríamos hacerle daño. —afirmó Aragorn al haber usado sus dones sobre el mismo y percibir que no era normal lo que estaba ocurriendo.
Remus se llevó las manos a la cabeza mirando a la chica, que se empezó a mover intranquila en los brazos de Aragorn.
—Tío Remus… —la oyeron murmurar—. Yo no quiero… desobedecerlos… Yo…
—¿Angela? —preguntó extrañado el aludido.
La chica empezó a moverse un poco más, inquieta. Se detuvo, abrió lentamente los ojos y se quedó mirando a quien la sostenía, evidentemente confundida.
—¿Tío Aragorn?
—Sí, pequeña, soy yo. —le respondió sonriente.
—¡Tío! —exclamó y se abrazó a él feliz. Pero inmediatamente se soltó, sin fuerzas para mantener el abrazo.
—¡Angela! —exclamó Aragorn preocupado al notarlo—. ¿Qué tienes, pequeña?
—Mareada... y muy… cansada… tío.
—Angela, por favor, quita el sello de la casa. —le pidió preocupado por lo que había percibido minutos antes y lo que ella le acababa de decir.
—No puedo, tío. —le respondió con la voz temblorosa.
—Por favor. Te prometo que ellos estarán bien, los tres, pero quítalo. Hazme caso. —Aragorn se preocupó aún más al ver la expresión asustada de sus ojos grises.
—No entiendes, tío… Me siento muy… extraña… No tengo fuerzas… para quitarlo.
—¿Qué? —le preguntó asustado.
—Sólo podría… transferírselo… a tía Arwen y a ti… simultáneamente… Es extraño… —empezó a temblar levemente—. Hace frío.
Todos abrieron mucho los ojos, la temperatura era apenas fresca en el cuarto.
—Angela, quita la barrera extraña que tienes desde el almuerzo. Eso también puede estarte debilitando.
Mientras los demás miraban a Arwen interrogantes la chica miró los ojos esmeraldas de su tía indecisa.
—Pero a Harry… lo percibo mal… al igual que… a Ginny… No quiero… preocuparlos.
—No te preocupes por ellos. Están con el señor Mithrandir, estarán bien. Haz lo que te digo.
La chica se sentía débil y extraña así que la obedeció. Asintió y la quitó.
Todos empezaron a percibir por el tercer lazo el estado de la chica y se alarmaron. Estaba tranquila anímicamente pero extremadamente débil y un poco asustada.
—¿Puedes quitar ahora el sello? —preguntó Eowyn, temiendo la respuesta.
—No tía… No puedo.
—Angela, transfiérelo entonces a nosotros dos, pequeña. —le pidió Arwen decidida, haciendo caso omiso de las señas negativas de Aragorn.
—No tía… Tú no debes… Tú don mezcl… —intentó negarse Angela y explicarle el porqué. Se detuvo y cerró los ojos, muy mareada.
—Angela, por favor, haz lo que te digo. Aragorn me ayudará. Vamos, pequeña, haz la transferencia del sello.
—Arwen tiene razón, pequeña —accedió Aragorn al notar como su sobrina estaba a punto de desmayarse de nuevo por su extrema debilidad—. Yo la ayudaré. Hazlo.
Angela abrió los ojos y los miró a los dos alternativamente, indecisa, pero al marearse nuevamente comprendió que era necesario. Se sentía muy débil y bastante asustada, no entendía lo que le pasaba. Levantó una mano temblorosa hacia Arwen que la tomó rápidamente entre las suyas, mientras Aragorn le tomaba la otra. Cerró los ojos e hizo un esfuerzo por concentrarse. Los tres tomaron un color azulado por unos minutos. Al cesar aquello los tres se veían muy pálidos.
—¡Arwen! —exclamó muy asustado Remus, mientras Faramir rápidamente sostenía a la Dunedain que parecía a punto de desmayarse.
Aragorn bajó la cabeza y denegó.
—Tía Arwen... perdóname. —susurró la chica mirándola angustiada, con lágrimas asomándose a sus ojos en ese momento verdes.
—Tranquila Angela. Vamos a recostarlas. Eowyn, prepara chocolate para los tres y trae poción para el dolor de cabeza para Arwen.
—¿Aragorn? —preguntó su hermana asustada.
—Por eso no quería hacerlo con Arwen. A ella la afecta más por su don mezclado que a cualquiera de nosotros. Por eso nos preocupamos tanto hace un rato cuando nos dijo que tipo de sello había puesto. —les explicó Aragorn. Cerró los ojos. Él también estaba afectado. El haber ayudado al chico y a la mujer a salvarse del veneno lo había debilitado. Abrió los ojos de nuevo, asustado, cuando sintió que le quitaban a Angela de sus brazos.
—Tú también te ves mal —le respondió Remus su pregunta muda mientras se incorporaba con la chica en sus brazos—. Arthur, ayuda a Aragorn.
—Yo…
—Sin protestas, Aragorn —lo interrumpió firme Remus—. Vamos a la habitación grande que hay al fondo. Es mejor que estén los tres en el mismo cuarto.
—Tío Remus… —le habló en voz baja Angela mientras la llevaba al cuarto, preocupada—. ¿Qué tienen… Harry y Ginny?
—Están igual que tú, aunque un poco menos afectados. ¿Sabes qué ocurrió?
—No, tío… Sólo recuerdo… que hablaba… contigo… sobre mi… desobediencia… cuando me… sentí mareada.
—¿No recuerdas nada? Te negabas a ir con Angelica a algún sitio. —preguntó Remus preocupado mientras Nymph le abría la puerta del cuarto.
—¿Mamá?... —Sentía que le estallaba la cabeza si pensaba en ello—. Tío no… puedo… Me duele… mucho… la cabeza… si intento… pensar… en eso —Empezó a temblar de nuevo—. Tengo frío.
—Shhh, tranquila. Lo hablaremos luego, cuando estés mejor.
La recostó con suavidad en la cama, mientras Nymph se aproximaba rápidamente a la chica con otra frazada.
Cuando subió Eowyn le dio a tomar a su cuñada la poción. A los tres les hicieron beber una taza grande de chocolate caliente. Luego de beberla tomaron un mejor aspecto. Angela se quedó adormilada. Seguían percibiéndola un poco débil pero bastante recuperada comparado con su estado anterior.
—Arwen, ¿cómo te sientes? —le preguntó preocupado su esposo, mientras Arthur y Faramir lo sostenían y denegaban para que no se levantase.
—Un poco mejor. Eowyn, por favor, pon a dormir a Snape. Ahora entiendo porqué Angela no quería estar bajo su mismo techo más tiempo del estrictamente indispensable.
Al no oír a la chica comentar nada los dos se preocuparon e intentaron incorporarse a verla, mientras Eowyn, Arthur y Faramir intentaban detenerlos.
—Tranquilos los dos —los regañó muy firme Remus—. Está adormilada.
—¿Tía Arwen? —murmuró preocupada la chica.
—Tranquila pequeña, ella está bien. —le aseguró Nymph en voz suave mientras le acariciaba la cabeza con cariño.
Remus llamó a Fawkes y le escribió a Hermione, contándole todo lo ocurrido allí. Le explicó que irían a Hogwarts tan pronto Arwen y Aragorn se recuperasen lo suficiente y pudiesen modificar o quitar el sello de la casa. Era probable que llevasen a Angela allí para que Mithrandir la examinase. Unos minutos después recibió la nota de Hermione con las explicaciones de los tres sellos. Al leerla no pudo evitar sonreír. Le pidió a Nymph que se quedase a cuidar de la chica y se dirigió a la cama de Aragorn para leérsela y hablar de aquello con él.
Arthur cuidaba de Arwen mientras Eowyn dormía a los tres ex mortífagos, acompañada de su esposo.
—Definitivamente son unos chicos muy listos y unidos. —comentó el Dunedain de ojos aguamarinas.
—¿Pueden quitar el sello que había puesto Angela y usar uno de estos? —le preguntó el líder de la O.D.F. mirando preocupado a Arwen, que estaba muy pálida en la otra cama.
—Sí. En cuanto Arwen esté un poco mejor lo quitaremos. El ayudarme a contrarrestar el veneno en la señora Malfoy ya la tenía mal. Este sello de tierra y aire lo puedo hacer yo solo, además no necesita energía adicional para mantenerse. El pupilo se encargará de bloquear la entrada y salida como los chicos dicen en la nota.
—Deben haber estado investigando en La Casa Flotante después que Angela les dejase la carta con la explicación del sello. Estoy seguro que en cuanto se consigan de nuevo con ella la reñirán.
—Sí. Creo que a nuestra pequeña desobediente le van a salir muchos regaños por usar ese sello, más aún existiendo otras posibilidades —comentó Aragorn con una pequeña sonrisa. Se quedó unos minutos en silencio mirando la cama en que estaba su sobrina, preocupado—. Remus, me inquieta mucho lo que ha ocurrido con los chicos. Por favor quédate con Angela. No creo que esto haya terminado aún.
—Estoy de acuerdo. Creo que la debilidad de Angela por la barrera que mencionó tu esposa y el sello de la casa fue lo que permitió que Lily, Ares y Orión los pudiesen traer de vuelta. No sé lo que pasa pero Angelica nunca dejaba algo sin concluir.
Palmeó suavemente a su amigo en el hombro y regresó junto a su novia para acompañar a la chica que había entrado en una etapa de sueño profundo.
—Arthur, en cuanto Eowyn regrese de dormir a los Malfoy y a Snape ve a buscar a Molly. Pídele a Kingsley que los vigile. Quiero contarles lo que sabemos de lo que está ocurriendo en Hogwarts con Ginny y Harry pero no puedo dejar sola a Angela. —le dijo a su alto y casi calvo amigo, intentando transmitirle calma tanto con su voz como con su expresión.
Al regresar Molly y Arthur les explicó todo lo que sabían de lo ocurrido. Los dos estaban muy asustados, esperando impacientes a que Arwen se recuperase un poco para que pudiesen ir al colegio.
Una hora después la chica empezó a removerse un poco inquieta. Luego, con los ojos entreabiertos, miró al hombre de ojos dorados que la observaba preocupado por como la estaba percibiendo.
—Tío Remus… nos llevará… de nuevo… en un rato… por unas horas.
—¿De qué hablas, Angela? —le preguntó él con miedo de oír la respuesta.
—Si nos… oponemos… nos debilitará… de nuevo… el procedimiento.
—No, mi niña. No pueden entrar de nuevo en ese estado. Dime qué hago para evitarlo. Por favor.
—Ve con Harry… y con Ginny… Diles que se… mantengan… muy serenos… Con ellos será… menor el tiempo… Luego se… nos unirán… cuatro personas más… Antes y… después… debemos tomar… poción para… desgaste… por Magia Antigua… Diles a todos… que no… tengan miedo… Mamá no nos… hará daño.
—¿Angela? —preguntó asustado al verla palidecer.
—Debo tomar… un poco de… la poción, tío.
—Angela, por favor, no puedes hacer esto.
—No puedo… evitarlo, tío… Estaremos bien… si hacemos… lo que dice… Antes no pudo… avisarnos cómo… prepararnos… Por favor ve… con Harry… y con Ginny… Si no les dices… y se oponen… asustados… les afectará.
—Angela, mi niña —le pidió Aragorn que había llegado con Arwen, Eowyn y Faramir a su cama—. ¿Qué está pasando? Dímelo.
—Lo siento… tío pero… no tengo… tiempo… Ya debo irme. —Se le cerraban los párpados.
—¡No! Espera, dijiste que debías tomar poción para Magia Antigua —le recordó asustado pero decidido Faramir. Buscó rápidamente entre su capa una dosis que tenía con él para el entrenamiento que se suponía habría tenido ese día con Nymph—. Toma pequeña. —La incorporó con cuidado en la cama y se la llevó a la boca, dándole de beber con cuidado, pues la respiración de la chica aún era irregular.
—Gracias tío… Por favor… Harry y Ginny… deben sab… —Perdió el conocimiento de nuevo.
—Angela. —se le escapó a Eowyn, angustiada.
—Está igual. —confirmó la Dunedain pelirroja llorosa después de intentar percibirla por su don mezclado.
—Arwen, haz exactamente lo que te diga —le pidió decidido Aragorn—. Tenemos que regresar el sello a la normalidad.
Unos minutos después que los esposos con las manos unidas recitasen un hechizo en una lengua extraña la casa brilló levemente en un tono azul oscuro. Arwen perdió seguidamente el conocimiento.
—Remus, ve a Hogwarts —le pidió con voz ronca Aragorn, cabizbajo, mientras sostenía a su esposa—. Debes hablar con Harry y Ginny. No podemos llevar a Angela sin saber si le afectará.
—Nosotros también vamos. —dijo decidido Arthur abrazando a su esposa, que miraba muy asustada a la chica.
—Yo voy con ustedes —afirmó enseguida Eowyn—. Hablaré con el señor Mithrandir sobre lo que está ocurriendo. Tiene que existir alguna manera de averiguar qué está pasando y, de ser posible, detenerlo.
—Yo me quedo con Nymph a cuidar de ellos —la apoyó Faramir, mientras acostaba de nuevo a Arwen—. Si pasa algo te aviso de inmediato.
Quince minutos después apareció George en el refugio y subió corriendo hacia la habitación. Al entrar allí les explicó a los que se habían quedado con Angela que Ginny y Harry también habían entrado de nuevo en ese estado.
Arwen, que ya estaba consciente, se llevó aparte a su esposo para hablar sobre el sello. Angelica le había dicho en sueños que lo quitase tan pronto recuperase el conocimiento, que llevasen a su hija con los otros dos chicos al modo Dunedain para que no la afectase. Ella haría lo que le había dicho.
La pelirroja había confiado siempre en su cuñada menor, siempre demasiado madura para su edad, siempre tan abierta y cariñosa con ella. Le dolió mucho cuando supo de su muerte. Estaba ahora muy encariñada con su hija, la chica rebelde que se había empezado a apegar a ella y a Nymph, buscando el afecto de la madre ausente, lo que la chica de ojos miel estaba haciendo con Eowyn y Nymph.
Le dijo a Aragorn lo que Angelica le había transmitido y él le mostró la carta de los chicos. No entendían la situación con la mamá de Angela pero estaban muy preocupados por el estado de la chica. Los dos comprendieron que no debían seguir con el sello de aguas congelantes en esa casa, debilitándolos a los dos, cuando era muy posible que la chica necesitase de su ayuda al volver de… de donde estuviese.
Dejaron a la chica con Nymph, Faramir y George. Fueron a la habitación de los interrogatorios a Snape, la que había usado Angela para establecer el sello de aguas congelantes. Lo más rápido posible lo quitaron. Mientras Arwen se reponía del esfuerzo Aragorn estableció el nuevo sello de tierra y aire, comunicándose también con el pupilo para establecer las condiciones adicionales de bloqueo a la casa.
Estaban saliendo de allí cuando llegó Eowyn a darles las instrucciones de Mithrandir. Todos debían ir al colegio.
Mithrandir se asustó mucho al ver la expresión llorosa de Hermione. Se acercó en silencio. Le acarició suavemente la cabeza a la castaña para transmitirle su cariño, mientras se dejaba fluir para tranquilizar un poco a los chicos, la enfermera y la directora. Percibió que ni Ginny ni Harry admitían su transmisión de calma y se preocupó más, pero no lo exteriorizó.
Escuchó las rápidas explicaciones de los tres Gryffindors y la enfermera con el ceño fruncido. Miró analíticamente al chico pelinegro, a la pelirroja y a la enfermera, decidiendo dormir a Madam Pomfrey con el hechizo. No sabía lo que estaba ocurriendo pero estaba seguro que no era conveniente tener que darle explicaciones sin saberlo. A una señal suya Ron se ubicó rápidamente tras ella y la atrapó cuando caía dormida, llevándola con ayuda de Neville a una camilla un poco distante de las de su hermana y su amigo.
Se acercó entonces a Harry e intentó percibirlo por casi todos sus dones pero no lo logró por ninguno, eso lo asustó muchísimo. Decidido cerró los ojos y se concentró en su don de Manejar la Energía. Unos minutos después abrió los ojos desmesuradamente. "¡No puede ser!". Estaba percibiendo a Angelica. Era su energía la que tenía bloqueado el cuerpo de Harry de tal manera que no había manera de acceder a él. Lo tenía envuelto en un capullo de energía muy intenso.
Mithrandir recordó que los chicos le habían dicho que Harry había llamado a Angelica y a Angela antes de perder el conocimiento. Hizo un esfuerzo para serenarse y lo intentó de nuevo. Pudo ver a la pelirroja envuelta en otro capullo de energía igualmente intenso y en la lejanía a la chica de pelo negro envuelta en un capullo similar, pero encerrada en una burbuja azul muy grande comparada con el tamaño de su cuerpo. Parecía el tamaño de una habitación.
Intentó comunicarse con ellos pero no lo logró. Vio asombrado interponerse una figura difusa muy similar a Angelica, sonriendo, negando con gestos de su mano derecha, mientras con la izquierda parecía poner una pared de energía que lo alejaba de los chicos con tal fuerza que lo sacó de concentración.
Abrió los ojos muy pálido y mareado. Asustado y preocupado observó el rostro del chico. "¿Qué está haciendo Angelica? ¿Cómo?". Miró a la pelirroja y luego a los chicos del E.D.H. y la directora, rodeando a sus compañeros y a él interrogantes. Tragó saliva. Sólo faltaban los gemelos Weasley allí pero sabía que los pelirrojos no tardarían en llegar.
—No sé qué está ocurriendo —decidió sincerarse con ellos—. Sólo sé que lo está haciendo Angelica, pero no sé qué, cómo o por qué, tampoco cuánto durará o qué consecuencias tendrá y no puedo evitarlo. Ha aislado a Angela, a la señorita Weasley y al joven Potter.
Al oír sus palabras todos palidecieron bruscamente. Neville sujetó a Christine que casi se desmaya de la impresión. Christopher miraba a la pelirroja y al pelinegro petrificado, intentando imaginar cómo estaría Angela, aterrado por lo que les estaba ocurriendo. Ron sujetó a Jessica que, al igual que la niña, tampoco consiguió las fuerzas suficientes para mantenerse en pie. Luna haló de un brazo a la castaña, alejándola un poco del grupo.
—Hermione, intenta enfocarte. Tienes que avisarle a los gemelos lo que ocurre. Yo le escribiré al profesor Lupin para contarle lo que ha dicho el profesor Mithrandir.
La castaña miró a la rubia con sus ojos vidriosos y asintió. Sabía que tenía razón. En momentos como ese admiraba mucho el temple de Luna. Tomó varias inspiraciones para serenarse y se dirigió con su amiga a una cama cercana. Se sentaron y cada una escribió la nota correspondiente, enviándolas con Galileo y Febo. Luego las dos chicas se unieron de nuevo al grupo.
Quince minutos después entraban corriendo a la enfermería Fred y George, en el mismo instante en que Hermione, Ron, George y Mithrandir percibieron un cambio en Ginny y en Harry. De nuevo podían percibirlos a través del tercer lazo, débiles pero estables. Se veían un poco menos pálidos que antes. Su pulso y respiración eran casi normales. La pelirroja empezó a moverse levemente unos minutos después, abriendo lentamente sus ojos. Tenía la impresión que le pesaban los párpados.
—¿Ginny? —preguntó Ron, con una mezcla de angustia y esperanza.
—Hola hermanito.
En ese momento abrió los ojos Harry.
—¿Harry? —preguntó la castaña tomándole la mano.
—Hola Hermione.
—¿Cómo te sientes, Harry? — le preguntó su mejor amiga preocupada.
—Un poco cansado pero bien —le respondió mientras se ponía los lentes que ella le daba. Al ver a su novia en la camilla de al lado se asustó—. ¿Qué tienes, Ginny?
—No te asustes, mi amor. Ya estoy bien. Un poco cansada, pero bien.
—Joven, ¿recuerda qué pasó? —le preguntó inquieto Mithrandir a Harry.
—Me sentí débil y mareado mientras estábamos estudiando, luego… No sé… Me parece que tuve un sueño con Angela y… No estoy seguro pero creo que también con la señora Angelica… Luego oí el canto de Lily.
—¿Recuerda el sueño, joven Potter? —insistió el anciano.
Harry intentó hacer memoria pero lo único que consiguió fue un intenso dolor de cabeza que se reflejó de inmediato en sus gestos.
—Lo siento, pero no lo recuerdo. Me duele la cabeza al intentarlo.
—¿Tú recuerdas algo, Ginny? —preguntó Ron.
—Sólo que me sentí mareada y me recosté en el pecho de Harry, preocupada porque a él también lo veía mal… Creo que escuché el canto de Ares.
—Está bien, jóvenes, déjenlo así —les sonrió suavemente el anciano—. No se preocupen ahora por eso e intenten descansar. Creo que un poco de chocolate los ayudará.
—Profesor Mithrandir, ¿qué les pasó a ellos? —le preguntó la directora preocupada, hablando con él en voz baja lejos de los chicos.
—No lo sé, pero aunque están un poco débiles me parece que por lo demás están bien. Por ahora que se tomen el chocolate y que descansen.
—Yo debo terminar lo que estaba haciendo en mi despacho. Por favor, profesor Mithrandir, quédese usted con ellos e intente averiguar lo ocurrido cuando estén en condiciones. Yo volveré más tarde.
—Así lo haré, profesora McGonagall. No se preocupe.
—Le avisaré al profesor Lupin que ya están despiertos. —dijo feliz la castaña por sus amigos, pero un poco preocupada por Angela. Quería saber de ella. Le extrañaba no haber percibido nada por el tercer lazo.
Unos minutos después, reunido de nuevo el anciano con los chicos, Harry, Ginny, Hermione, Ron, George y Mithrandir abrían mucho los ojos asustados. Acababan de percibir a Angela por el tercer lazo. Estaba bien anímicamente pero extremadamente débil y un poco asustada.
—¿Qué tiene Angela? —preguntó muy asustada Ginny.
—Le ha pasado algo parecido a lo que les ha ocurrido a ustedes —le respondió rápidamente Hermione—. Pero no te preocupes, está con sus tíos. Seguramente pronto estará restablecida igual que ustedes. —rápida y disimuladamente miró a Chris & Chris para que no preguntasen más.
—Si ha sido igual a lo que me pasó a mí entonces sólo está cansada y un poco débil. —comentó con tono tranquilo Harry entendiendo el gesto de su amiga, sonriendo para simular que todo estaba bien aunque en realidad estaba bastante preocupado.
Les dieron a tomar chocolate, lo que les hizo recuperar el color de la cara y las fuerzas. Pasados unos minutos se tranquilizaron un poco. Habían percibido que la chica se recuperaba bastante en poco tiempo. Un rato después la castaña recibió la carta de Remus por medio de Fawkes y se las leyó a todos.
—Hermione, envíales lo de los tres sellos que averiguamos —le pidió decidido Harry que se sentía bien pero seguía en cama para no contrariarlos, especialmente a su novia que también permanecía en cama para darle el ejemplo aunque se notaba fastidiada—. Así podrán quitar el de las aguas congelantes y la señora Arwen no se verá afectada más tiempo del necesario.
—Tienes razón. —aprobó la castaña.
Hermione le envió la información a Remus por medio de Galileo mientras los demás le respondían las preguntas a Mithrandir, que no sabía nada del sello en la casa a la que llevarían a los tres ex mortífagos. Angela sólo le había dicho que usaría uno fuerte de Magia Antigua avanzada, que luego le explicaría. Al igual que ellos se asustó mucho al oír cuál había puesto Angela en el refugio, aún más con todo lo que estaba ocurriendo.
Hermione recordó que los tres chicos se habían sentido extraños desde la mañana y se los contó a todos. Tenía la fuerte impresión que tenía mucho que ver en lo que ocurría, siendo aquello ratificado por el pelinegro que presentía que era así.
A Mithrandir le preocupó escuchar el comentario que hizo Angela sobre Angelica.
Una hora después los que estaban en los lazos con Angela la percibieron extraña y se asustaron, pues era como habían percibido a Ginny y Harry antes. Unos minutos después Remus entraba corriendo a la enfermería, con Eowyn, Molly y Arthur tras él, luciendo los cuatro pálidos y desencajados. Venían de la dirección del colegio, donde habían dejado muy preocupada a Minerva McGonagall.
—Ginny, Harry, necesito que se mantengan lo más serenos posible. —les pidió Remus intentando regularizar su respiración y mantener en su rostro una expresión apacible.
—¿Qué pasa, tío? —se asustó Harry.
—¿Remus? —preguntó intranquila Ginny.
—Se los suplico, hagan un esfuerzo, tienen que estar serenos. Angela me ha pedido que venga a hablar con ustedes antes de… antes de entrar de nuevo en el estado en que estaba hace un rato.
—¿Qué? —preguntó muy asustado George.
—Por favor, debemos ayudar a Ginny y a Harry a permanecer tranquilos. Angelica vendrá de nuevo por ellos en unos minutos.
—No, por favor profesor Lupin, no. —denegó asustado Ron.
—Angela aseguró que estarán bien, que Angelica no les hará daño pero deben estar muy serenos y no temer a la situación. Deben tomar además poción para desgaste por Magia Antigua antes y después.
La mayoría escuchaba aquello en un estado absoluto de miedo. Sin embargo Harry empezó a sentir la presencia de Angela a su lado ayudándolo a mantenerse tranquilo. Ginny, que también la sintió, miró a su novio, le sonrió y le pidió a los gemelos que les trajesen la poción. Un par de minutos después los pelirrojos volvieron de La Casa Flotante con varios vasos en sus manos y les dieron a beber uno a Ginny y otro a Harry. Habían terminado de tomársela los dos cuando empezaron a sentir que los párpados les pesaban.
Remus, que había percibido de nuevo el cambio en los chicos a esa sensación extraña, le quitó los lentes a Harry y lo recostó mientras Arthur recostaba a su hija al ver que se le cerraban los párpados. Molly le tomó la mano sonriéndole para mantenerla tranquila, aunque estaba muy angustiada.
Eowyn se llevó a Mithrandir aparte del grupo y le contó lo dicho por su sobrina. También las percepciones que Arwen y ella habían tenido de Angela mientras estaba en ese estado. Una vez que Ginny y Harry perdieron el conocimiento, George se fue al refugio y Remus se acercó donde estaba Eowyn hablando con el anciano.
—¿Hay alguna manera de saber qué ocurre?
—Lo intentaré de nuevo con mi don del Manejo de la Energía. Intentaré averiguar cómo ayudarlos.
Mithrandir se sentó en medio de las camillas en que estaban Ginny y Harry, usando su don con los dos simultáneamente.
Los tres chicos estaban envueltos nuevamente en los capullos de energía intensa, pero esta vez la chica de pelo negro no estaba rodeada de la burbuja azul. Sintió de nuevo la energía de Angelica y, en esta oportunidad, también pudo sentir la energía de otros doce Dunedains con mucha intensidad rodeando a Angela.
Intentó acercarse pero Angelica lo bloqueó y le dijo:
Lo siento Mithrandir, pero no puedo permitir que interfieras. Esto debo hacerlo hoy mismo. Tengo que terminar lo que inicié hace quince años, cuando vi la cicatriz de Harry y percibí al asesino al cargarlo en brazos.
Sí Mithrandir. Nadie lo sabe pero yo fui a visitarlo unas semanas antes de partir definitivamente, antes de despedirme de mi sobrina y mi hija. Lo encontré encerrado en una despensa debajo de las escaleras, llorando por una pesadilla, sin que Petunia hiciese nada por calmarlo. Mientras lo dormía use mis dones con él y percibí muchas cosas.
Después me despedí del pequeño Neville y de mis amigos Alice y Frank. Allí confirmé algunas de mis investigaciones y eso me preocupó aún más. Luego hice un pequeño viaje al futuro. Necesitaba averiguar algo.
Lamentablemente confirmé mis sospechas sobre la Profecía Dunedain, pero también lo que sucedería si me mantenía firme en mi decisión. Por eso continué con mis investigaciones e intervine de la única forma posible. No podía permitir que mi hija y el hijo de Lily enfrentasen sus destinos sin la ayuda que yo les podía dar. Fue por eso que comencé lo que he venido a completar.
Visité otros tres niños sin que sus padres lo notaran para prepararlos a ellos también, pues al igual que Harry han heredado cualidades muy particulares. Los he unido a los cinco por medio de un lazo muy fuerte con la ayuda que me brindaron.
Muy pronto vendrán también los otros dos chicos, la guía y el tutor que he designado para los cinco, que les ayudarán con lo que he hecho hoy. No puedo explicarte más. Reúne a los demás miembros del E.D.H., a Arwen, a Aragorn, a Eowyn, a Faramir, a Remus, a Nymphadora Tonks, a Meg Heigh, a Charlie Weasley, a Bill Weasley, a Kingsley Shacklebolt y a la profesora McGonagall. Deben estar todos presentes cuando regresen Angela y el tutor.
Hubiese querido que mi intervención fuese más amplia, pero no podía hacer más con tanto tiempo en recesivo entre mi partida y el momento en que Harry estaría listo. Dejé en mi hija la conexión conmigo para que pudiese darse lo que está ocurriendo hoy. Sólo cuando despertase en Harry el don mezclado y lo dominase, ayudando además a salvar la vida de un enemigo declarado por segunda vez, podía hacerse.
Sólo al aflorar lo más puro de su corazón podía recibir lo que se le ha dejado, pues es una gran responsabilidad la que les voy a dejar a los siete. Sin embargo, debido a lo que detecté en la cicatriz de Harry, es quien más me preocupaba y por eso fue con él que establecí el límite de tiempo.
Harry necesitará de tu apoyo. Tendrá desde hoy todos los dones que heredó de sus padres, su propia magia y energía, además de lo que le estoy transfiriendo. Él es un mago muy poderoso de nacimiento, con una particularidad muy especial que Lily presentaba, pero que en él es especialmente fuerte y sí está activa. Lamentablemente también tiene una fuerte tarea que cumplir. Lily y James le transfirieron toda su magia y energía al morir. Yo he hecho lo que ha estado en mis posibilidades.
En la pequeña pelirroja detecté otra particularidad que se creía perdida en la noche de los tiempos. Los dos se unirán y con ayuda de mi hija, sus amigos y quienes les quieren serán los únicos con una oportunidad para detener a Voldemort. Es ella el tercer factor que no se había entendido en la Profecía Dunedain.
Los cuatro que traeré más adelante tienen otras características especiales que requerirán menos tiempo aquí para el procedimiento.
Ahora que se han cumplido las condiciones en Harry y tanto él como los otros tres chicos están parcialmente preparados deben recibir lo que les dejé. Sólo al hacer esto podrá Harry liberarse de la energía dañina de Voldemort, que le llegó el día en que intentó asesinarlo. Aunque no eliminará la conexión a través de la cicatriz ni las facultades que Voldemort le transfirió, si le ayudará a evitar que su espíritu puro se vea manchado por la oscuridad de su oponente.
Angela está muy bien preparada como Dunedain. Por eso una vez más me veo obligada a recargar en ella y el tutor el peso de la responsabilidad más fuerte. Mi hija tendrá la concentración de todo lo que he dejado inicialmente, luego irá liberando poco a poco el control de lo que les he dejado a Harry y a los tres chicos, hacia ellos, a medida que lo admitan sus organismos al estar más entrenados. Al tutor le quedará todo desde hoy, transmitiéndole a la guía lo que a ella le dejo gradualmente, en cuanto lo vaya asimilando.
Todo lo que transfiero hoy lo dejo inicialmente en Angela y el tutor. Los que te he pedido que convoques y no traeré aquí quedarán desde hoy unidos a mi hija, hasta que estén listos para recibir lo que les ha sido legado. Todos mis dones a excepción del don de Manejar la Energía. Más sólo reforzarán los dones ya existentes en cada uno.
Al que creían muerto pero le ayudarán a volver le llegará su legado cuando se reúna con mi hija y esté preparado. A los siete que traeré hoy es a los únicos que les he logrado dejar todos mis dones, aún el don de Manejar la Energía, aunque no los tuviesen de nacimiento.
Dos de los amigos de Harry despertarán con fuerza inusitada una gran Magia Antigua que ellos han fortalecido con el hijo de Lily. Esto ocurrirá cuando regresen con ustedes al que creían muerto. Angela los ayudará a los tres.
La salud de mi niña está muy deteriorada, esto no me lo esperaba. Pero al despertar Harry y Ginny la característica de fénix que comparten podrán ayudarla a restablecerse. Los pequeños fénix les ayudarán en esto.
Cuida del tutor, de la guía y los cinco chicos. Dales tiempo para que despierten a los otros. Sé que no es el mejor momento para los chicos, los pequeños fénix me lo han transmitido, pero no puedo modificar las condiciones de la transferencia. Mi tiempo aquí es limitado y se está acabando. Sólo vine para esto. No puedo permitir que nadie interfiera.
Al principio Angela y el tutor se sentirán aturdidos y sus organismos se resentirán un poco, mostrándose débiles, pero todo eso pasará en unas horas. Por unos días estarán un poco cansados y posiblemente les afecte un poco en sus emociones y sus metabolismos pero se repondrán.
Los siete tienen que tomar poción plateada para recuperarse de la Magia Antigua cada seis horas y poción dorada para la energía todas las noches, durante una semana. También deben descansar bastante, comer mucha fruta y mantenerse bien alimentados, aunque la mayor parte del tiempo es probable que los tres que ya he traído y el tutor se muestren renuentes a comer.
El tiempo se les agota Mithrandir. Voldemort conseguirá de nuevo el control sobre la piedra y el acceso a las cuevas en las Tierras Altas, con la espada del dragón que allí se encuentra y el acceso a los Mudredais. Eso no puede ser detenido. Prepara a todos para lo que se avecina.
Adiós abuelo consentidor, te espero más allá de las estrellas. Cuando sea tu momento Jennifer y yo te vendremos a buscar.
Recuerda mis palabras.
Al abrir los ojos el anciano acarició con suavidad la cabeza de la menuda pelirroja y denegó suavemente. Sabía que no podía detener lo que había hecho Angelica, pero le preocupaba ahora más el destino de aquellos tres chicos y… "¿Quiénes son los otros dos jóvenes? ¿A quién se ha referido con la guía? ¿Quién es el tutor? Tengo fuertes sospechas de quienes son los otros cuatro pero…". Se sentía débil, cansado y atormentado.
Era muy duro lo que les esperaba a todos, pero especialmente a los siete. No sabía qué había visto Angelica en el futuro que había visitado para que se hubiese atrevido a intervenir de esa manera, pero estaba seguro que había dejado su energía y todos sus dones a varias personas a través de su hija. También que les había dejado el don del Manejo de la Energía sólo a los cinco chicos, la guía y el tutor. Por eso los tres chicos estaban en ese estado. Algo que jamás él hubiese visto, ni tampoco sabía que era posible.
Ahora entendía lo que había percibido en su cuerpo cuando Luthien se lo llevó ahogada en llanto. Esa pena había consumido a su nieta, que había perdido a sus hijas menores y a las pequeñas bebés. A sus hijos mayores los había alejado creyendo poder salvar a las nietas de su destino.
"Murió de tristeza al comprender su equivocación, mientras Albus buscaba durante tantos años infructuosamente a las niñas hasta que el destino las puso tan cerca y tan lejos de él. Albus… Jamás pude decirle la verdad a mi amigo, preocupado por no afectar a Angela y a Jessica. Quiso y cuidó de sus nietas sin saber que lo eran.
¿Cómo afectará a los chicos ahora esto? ¿Cómo ayudarlos? ¿Cuándo entrarán los otros cuatro en ese estado? Tengo una fuerte sospecha de a quienes se refiere pero… Tengo que averiguar qué y cómo lo ha hecho Angelica para poder ayudarlos en la etapa de transición que se avecina, mientras averiguamos qué dones tienen a quienes les ha dejado Angelica los suyos y los entreno… Entrenar a los siete simultáneamente en el don del Manejo de la Energía… Jamás me hubiese esperado eso".
Alzó la vista hacia los que lo rodeaban y sintió que le flaqueaban las fuerzas. ¿Cómo decirles aquello? Pero sabía que no podía ni debía ocultárselos, aquello les afectaría a la mayoría de ellos directamente, a los señores Weasley indirectamente. A excepción del joven de gafas todos sus hijos estaban involucrados. Miró de nuevo a los chicos en las camillas y cerró los ojos. Utilizó su propio entrenamiento para enfocarse en lo que debía hacer, los abrió y les habló.
—Por favor, Eowyn, ve al refugio y trae al joven George Weasley, a Arwen, a Aragorn y a tu esposo. Usen el modo Dunedain para transportar a Angela para que no se vea afectada. Traigan los cuatro sus estrellas, podríamos necesitarlas aquí. Señor Lupin, por favor que vengan también las señoritas Tonks y Heigh, así como los jóvenes Charlie y Bill Weasley, también la profesora McGonagall y el señor Shacklebolt. Jessica, diles a Galadriel y a Elrond que necesito hablar urgente con ellos aquí, luego trae la estrella de tu mamá. Lo que me ha dicho Angelica debo hablarlo con todos ustedes.
Los chicos y los adultos miraron al anciano interrogantes. Eowyn, acostumbrada a obedecerle sin hacer preguntas, desapareció a hacer lo que le había pedido.
Remus se sentía intranquilo. Los que el anciano había nombrado no eran los únicos de La Orden del Fénix que estaban recibiendo entrenamiento Dunedain, lo que le hacía preocuparse por la posible razón de aquello. Miró a su sobrino y a la menuda pelirroja, tendidos en ese estado tan cercano a un coma, recordó como había dejado a quien también consideraba su sobrina. Tragó saliva. "¿Qué está pasando? ¿A quiénes se ha referido Angela con 'se nos unirán cuatro personas más'? No entiendo nada".
Cerró los ojos, tomó aire y una vez más asumió su responsabilidad como líder de la Orden del Fénix. Salió de la enfermería con rumbo al despacho de McGonagall. Sería a ella a la primera en avisarle, luego iría por los demás. Tenía que organizar también con Aragorn y Kingsley quiénes se quedarían a vigilar en el refugio.
Media hora más tarde estaban todos los convocados en la enfermería del colegio, al otro extremo del sitio donde se encontraban las camillas en que se encontraban Angela, Ginny y Harry, con el anciano sentado bajo la ventana, pálido y pensativo.
Aragorn le había transmitido mentalmente que no era conveniente hablar abiertamente frente a Molly por las situaciones que se habían presentado entre ella y su sobrina. Le habían pedido a la señora Weasley que cuidase de los tres chicos mientras ellos hablaban, a lo cual había accedido sólo por el poder de convencimiento del anciano profesor y la preocupación por su hija, el chico a quien quería como un hijo y la chica huérfana.
Mithrandir al verlos a todos reunidos selló e insonorizó la enfermería con su don del Manejo de la Energía. No podía permitir que fuese descubierto por alguien ajeno lo que estaba a punto de revelarles. A Madam Pomfrey la había hecho llevar a la habitación que había usado con Hermione, Ginny y Angela durante su recuperación. Ni siquiera a Galadriel y a Elrond les podía permitir el acceso allí, no hasta que enfrentase con los directamente involucrados aquella situación. Sólo permitió que permaneciesen allí los señores Weasley, a pesar de no haber sido nombrados directamente por Angelica, porque seis de sus siete hijos eran afectados.
Les había ordenado a Arwen, Eowyn y Faramir colocar sus estrellas en las mesitas junto a las camillas de los chicos, para activarlas cuando recobrasen el conocimiento como una ayuda adicional a la que había indicado Angelica. No sabía qué proceso estaba ocurriendo, por lo que no se atrevió a hacerlo mientras estuviesen en ese estado. Las de Aragorn, Galadriel, Elrond y Jennifer las dejaron en las mesitas de las camas cercanas a las de los chicos, según les dijo inicialmente a los otros en espera del regreso de los chicos para saber cómo actuar con ellos, en realidad sabía que la necesitarían… los otros dos chicos, la guía y el tutor.
Utilizó su estrella para generar un bloqueo alrededor del círculo que habían conformado él, los convocados y Arthur Weasley, de modo que Molly no pudiese escucharlos además de prolongar el tiempo para poder hablar con libertad de todo aquello.
—Les he pedido a todos los presentes que vengan porque se ha presentado una situación totalmente inesperada e irregular. ¿Sabe la señorita Meg Heigh quien era Angelica White?
—Sólo que era la mamá de Angela. —contestó intrigada.
El anciano suspiró y cerró los ojos por un momento.
—Les voy a pedir a todos que guarden absoluto silencio. Voy a explicarles varias cosas muy rápidamente a todos los presentes, tocando sólo los puntos más álgidos. Les diré lo que ha estado ocurriendo desde que… desde que Albus Dumbledore murió, así como algunos hechos del pasado que están influyendo considerablemente en lo que está ocurriendo hoy. Hasta donde sé no todos los presentes están informados de algunas cosas y… debo darles tanta información como sea posible. Los demás detalles les serán informados a ustedes después por el señor Lupin, Aragorn y los jóvenes Hermione Granger y Ron Weasley.
—Profesor Mithrandir, disculpe pero no entiendo…
—Lo sé, señor Lupin, lo sé. Pero créame que después que termine de explicarles y les muestre a todos lo que Angelica me ha transmitido hace un rato, mientras intentaba llegar a los chicos, usted y todos los presentes comprenderán el porqué de esta reunión. Después… —No pudo contener un suspiro de preocupación— Después tendremos que averiguar varias cosas.
Tomó aire y comenzó a explicar todo lo ocurrido hasta ahora, desde quienes eran los Dunedains y las razones que les llevaron a aislarse en las Tierras Perdidas (lo que escuchó Meg con los ojos muy abiertos pero sin atreverse a preguntar), el porqué estaban allí, las infancias tormentosas de Angela y Harry (manteniendo la versión oficial de lo ocurrido en el orfanato y el porqué de la recaída de Angela), pasando por la existencia de la Profecía Dunedain, el Pacto Dunedain, el don de Angelica, la existencia en Angela de todos los dones.
Explicó con lujo de detalles lo referente al don del Manejo de la Energía, lo que asustó y preocupó a todos los que lo conocían de antemano por la presencia de Jessica y los pequeños Brown, que sollozaron en silencio al escuchar lo de la cesión de la energía que no sabían.
Pero el anciano no se detuvo ni permitió que nadie lo interrumpiese. Era indispensable que todos los del E.D.H. supiesen de aquello ahora que Harry, Ginny y otros dos chicos también tendrían aquél don al regresar. Con la personalidad del chico era tan o más peligroso que con Angela. Tenían que saber todos lo que podía ocurrir si se le presionaba al extremo. El carácter fuerte de la menuda pelirroja y su amor irrestricto por su novio también podían generar problemas, así como la unión tan fuerte de los otros dos chicos con el de ojos esmeraldas si estaba en lo correcto sobre quiénes eran. También necesitaba que todos los de la O.D.F. lo ayudasen con los dos adultos.
Luego les mostró el recuerdo de la despedida de Angelica. Al terminar de ver y oír aquello todos los presentes estaban paralizados. No podían asimilarlo. Los que acababan de enterarse de tantas cosas en tan corto tiempo se sintieron bloqueados y aislados de lo que les rodeaba, superados por la situación, especialmente el papá y los dos hermanos mayores de la menuda pelirroja.
Mithrandir les había estado transmitiendo a todos los presentes calma a través de sus dones, enfocándose en los Weasley con profunda intensidad. Había dejado adicionalmente a mano una cantidad importante de poción tranquilizante que les hizo tomar durante el relato, tanto a los que recién se estaban enterando de todo como a los que no sabían algunos detalles, como la característica especial del don de Angela.
Aún así no se sorprendió del estado en que quedaron todos al terminar de ver la imagen de Angelica revelando lo que había hecho. Todavía él no lograba asimilarlo, tampoco tenía idea de lo que ocurriría cuando los cinco chicos, la guía y el tutor regresasen. Sabía que esa era la primera pregunta que le harían cuando reaccionasen, pero él no les tenía una respuesta, sólo más preguntas. Transcurrieron casi quince minutos de un tenso y angustioso silencio. Aragorn y Remus fueron los primeros en reaccionar.
—Mithrandir, ¿cómo pudo…?
—Profesor Mithrandir…
Hablaron los dos simultáneamente, sin que nadie pudiese entenderles nada. Todos los miraron interrogantes, empezando a reaccionar también.
Jessica, Chris & Chris se miraron. Una vez más asintieron, se secaron las lágrimas y la mayor se decidió a hablar.
—Profesor Mithrandir, supongo que lo primero será que todos conozcamos la Profecía Dunedain y buscar las investigaciones de mi tía para averiguar qué está haciendo y cómo podemos ayudar.
A excepción de Fred y los pequeños Brown todos la miraban asombrados. El pelirrojo tragó saliva. Aquello corroboraba sus sospechas. Su novia y los niños asumían el papel de Angela cuando ella no estaba en condiciones: una máscara de fortaleza para superar las situaciones aunque por dentro estuviesen muy mal. El mismo pensamiento cruzó por la mente de Nymph, Remus y los cinco Dunedains.
—Luego tendremos todos que averiguar qué dones tiene cada uno de los nombrados para saber como entrenarnos en ellos y aprender rápido, de modo que Angela se vea afectada el menor tiempo posible. —siguió Christine.
—También es lógico pensar que nadie más debe saber lo que está ocurriendo para evitar que Voldemort o sus mortífagos puedan llegar a enterarse. —completó Christopher.
—¿Podemos saber cómo afectará esto a Ginny, a Angela y a Harry? ¿Quiénes son los otros dos de nosotros que irán? ¿Quién es la guía? ¿Quién es el tutor? —preguntó George, decidido a apoyarlos—. Es necesario que sepamos cómo ayudarlos.
—Sería también saludable que nos explicasen que saben de los murd… los que la señora Angelica mencionó —intervino Fred por la misma razón—. Tenemos que saber a qué nos vamos a enfrentar.
—También sería prudente que le enseñasen a Harry el manejo de la espada de Gryffindor que le dejó el profesor Dumbledore —opinó muy pensativo Neville—. Es evidente que lo va a necesitar.
—Además deberíamos saber todos qué es lo que puede hacer Voldemort con la piedra y el pergamino de Grindelwald, para prepararnos para lo que viene. —agregó muy segura Hermione.
—Otro factor a tener en cuenta será que los miembros de La Orden del Fénix no dejen traslucir en las batallas lo que hayan aprendido en cuanto a Magia Antigua, a menos que sea estrictamente indispensable —recomendó Ron con el ceño fruncido, hablándoles indirectamente a sus compañeros del E.D.H., asumiendo el mando en ausencia de su amigo—. No creo que sea conveniente que el enemigo se entere antes de tiempo de los conocimientos y habilidades adquiridos.
—Otra cosa a tomar muy en cuenta será cómo llevar todo esto adelante sin que retrase nuestras otras actividades. —señaló Luna mirando a Ron, el que se había convertido en líder suplente de su grupo.
Los nueve chicos del E.D.H. habían hablado uno tras otro, mientras sus compañeros en el círculo los miraban sorprendidos. Aragorn y Remus se miraron y enarcaron las cejas. Aquellos chicos les habían tomado la delantera en sus preguntas y observaciones, sin darles tiempo de interrumpirlos o preguntarles.
Mithrandir los miraba como un abuelo orgulloso. Definitivamente cada día aquellos chicos estaban más unidos y organizados. Pero al igual que Aragorn y Remus se sentía también muy preocupado por aquello. Lo que había ocurrido complicaba la situación con los chicos, la cual ya era bastante difícil.
—Antes de responder a las preguntas que han formulado deberían ustedes responderle a Remus las que él les formuló en nuestra última reunión. —les indicó muy serio Aragorn. No podían permitir que los chicos siguiesen ocultándoles cosas.
Los nueve chicos se miraron preocupados, inmediatamente levantaron su Occlumancia los siete mayores, mientras los dos más pequeños mantenían su vista fija el uno en el otro. De nuevo una barrera mental proveniente de Angela, y ahora también de Ginny y Harry, los envolvió. Todos los chicos lo notaron y llegaron a un acuerdo silencioso. Los Dunedains al sentir de dónde provenía la barrera se asombraron.
—Lo siento, señor Aragorn. No queremos faltarle el respeto ni a usted tampoco, profesor Lupin, pero ninguno de nosotros puede responderles esas preguntas —tomó la palabra Ron como líder suplente del E.D.H., aceptado unánime y silenciosamente por los demás miembros del grupo—. El profesor Dumbledore le prohibió a Harry hablar sobre ello y nosotros no irrespetaremos eso.
—Ron, comprende que la situación ha cambiado —intentó convencerlo Remus—. Cuando Albus le pidió eso a Harry no sabía lo que haría Angelica.
—Eso es cierto, profesor Lupin, pero en todo caso la decisión la deberá tomar Harry cuando salga del estado en que está. Sólo él tiene derecho a tomar esa decisión.
—No, Ron —intervino Aragorn pensativo—. No podemos permitir que Harry siga cargando solo con esa responsabilidad. Si he entendido bien mi hermana les ha dejado el don del Manejo de la Energía. No pueden consentir que él siga con eso.
Ron miró muy asustado hacia el otro extremo de la enfermería, donde se encontraban su hermanita y su mejor amigo. Él también había entendido eso pero no quería asimilarlo. Miró entonces a Hermione, su novia, su apoyo, la única consciente que sabía de todo aquello al igual que él, suplicándole con la mirada que lo ayudase a decidir. Percibió a su hermana y sus dos amigos a su lado. Inicialmente se asustó, abriendo mucho los ojos mirando a su novia, que tenía la misma expresión, pero al sentir la calma que los tres les transmitían los dos sonrieron.
Hermione decidió que ella respondería. Con Ginny en aquella situación era muy duro para Ron asumir solo el responderles.
—Lo siento, pero sólo nosotros cinco sabemos su misión y así seguirá siendo.
—¿Los cinco? —preguntó aturdido George.
—Sí, George. Harry le dijo todo a Ginny pero le pidió que no viniese con nosotros. Angela no te ha dicho nada porque Harry le pidió que no lo hiciese aún. Él no quiere a más nadie involucrado en eso. Si se lo dijo a Ginny fue porque necesitaba que ella lo apoyase.
—Entiendo. No preguntaré nada.
—Pero nosotros sí. Hermione y Ron, necesitamos saber cuál es la misión que le dejó Albus a Harry ahora mismo. —presionó Remus.
—Perdona que te contradiga, papá, pero ahora lo urgente es ayudar a los chicos, a la guía y al tutor —intervino Jessica—. La misión de Harry no tiene que ver con lo que está ocurriendo hoy aquí hasta donde sabemos, pero sí lo que nosotros hemos preguntado. No sabemos cuánto tiempo estarán ellos con tía Angelica o cuándo se llevará a la guía y al tutor. También falta saber quiénes serán los otros dos de nuestro grupo y cuando serán llevados por tía. Tenemos que apresurarnos a conseguir respuestas para resolver esta situación primero.
Remus miró a su hija fijamente. Tenía razón en aquello. Miró a sus compañeros de La Orden del Fénix y los vio a todos asentir.
—Tienes razón, Jessica. Veamos primero lo urgente. Después retomaremos lo de la misión. Empecemos por la Profecía Dunedain. Si Angelica hizo esto por esa profecía todos los que estamos aquí debemos conocerla.
Mithrandir asintió, sabía que Remus tenía razón.
—Como ya les he dicho aún no ha sido interpretada completamente. Se las diré y luego se analizará lo que hasta ahora se ha podido entender de ella. Uniéndolo ahora con lo que ha dicho y hecho Angelica. —les advirtió el anciano antes de empezar a recitarla.
Una escuela fundada
para magia enseñar
en amistad basada
de cuatro grandes en crear
Amenazada se verá
de ser destruida al separar
por causa de uno con ira
a quienes irán a estudiar
La semilla de la desunión
sembrada por la serpiente
por el águila, el tejón y el león
será detenida parcialmente
La escuela sobrevivirá
pero también la semilla
que con los años conseguirá
terreno fértil y germina
El sucesor de la serpiente
el propio nombre cambiará
para luego quien sólo miente
no ser nombrado ya
El caos y la muerte
ha venido a sembrar
quien sólo conoce la muerte
por no poder amar
Cuando su tiempo llegue
también llegarán
quienes habrán de detenerle
pero mucho sufrirán
Un grupo especial de defensa será fundado
En nombre, símbolo y un integrante un fénix
Para la paz de varios mundos será creado
por aquél de magia perenne y que es un gran fénix
Uno de cuatro una vez más
a los otros tres traicionará
por miedo a perder una vez más
sus principios traicionará
La alegría avellana como líder encabeza
a la gris lealtad y la franqueza
a las doradas ideas y la entereza
al negro temor y la flaqueza
Antes del final los tres y el hijo reunidos
El traidor por los otros ya descubierto
vivió por piedad de uno de sus amigos
Por esto los defenderá y caerá muerto
Un nuevo amanecer verán
los sobrevivientes a las luces verdes
las lechuzas a todos contarán
la tregua obtenida por los ojos verdes
De los que intentarán detenerle
provendrá el marcado con la centella
del fundador del grupo del ave perenne
llegará marcada con el fénix ella
El primero perseguido será
desde que es sólo un inocente
la segunda Dunedain será
del gran fénix proveniente
El marcado por la centella
es el único que detenerle puede
el tercer factor de la solución es ella
llama de fuego es y amor perseverante tiene
La marcada con el fénix
destinada a protegerles
a la pareja de los fénix
y a los nueve que son fieles
El conocimiento y la confianza
la amistad que apoya y aprende
las ideas y la franqueza
el apoyo sin preguntas, defiende
El ingenio y la alegría abierta
con fuerte apoyo despertarán a las durmientes
miel en la mirada sana y abierta
tornasol en los ojos y dudas en la mente
Dos nacidos el mismo día
ayudarán y aprenderán siempre
serán centro de alegría
doce reunidos le harán frente
El grupo del fénix
de sus cenizas resurgirá
apoyado con los fénix
y el que de la muerte volverá
Largo y duro es el camino
que recorrer deberán
Ayudan a los tres con su destino
Por amor y amistad lucharán
En dos en quienes la amistad a toda prueba
ha sido probada ya varias veces radica
un gran poder que unido al de la centella
al ser oscuro la protección le erradica
Sólo tres unidos con este gran poder
pueden detener al dividido según el siete
Cinco han de hacer desaparecer
antes que uno detenga al hijo de la serpiente
Este poder antiguo en los dos surgirá
en el momento de mayor necesidad
al apoyar a quien el elegido ayudará
a retornar a la vida y la libertad
Grandes poderes destructivos
la serpiente convocará
Magos y muggles destruidos
su objetivo ése será
Un grupo aislado por propia voluntad
y otro grupo de desterrados
por su gran odio y maldad
al final serán convocados
En lados opuestos combatirán
por la piedra controlados unos
lazos de amistad impulsarán
para detenerlos a otros
En el sacrificio de dos padres
por niños nacidos el mismo mes
y en el sacrificio de cuatro madres
allí tu poder tienes
En tus ojos la verdad
en tu corazón la esperanza
en su llama arde tu despertar
en su amor muere tu venganza
Sólo amor detendrá
al que sólo odio tiene
La venganza no lo detendrá
sólo el poder que tienes
El amar te fortalece
el odiar te debilita
la esperanza por ti crece
la unión por ti se fortifica
Luz y oscuridad se debaten
en sus corazones permanentemente
el dolor sus esperanzas abaten
uniéndose a la oscuridad inicialmente
A uno la luz vuelve a llamarle
desde el gran fénix
La hija viene a despertarle
sirviendo con dolor al fénix
Arderá el gran fénix por su mano
las cenizas a muchos reunirán
El último obstáculo por su mano
morirá y le liberará
A otro la luz del gran fénix le llama
del sendero de la oscuridad le aparta
su camino nuevo a él le aclama
desde lo que siempre rechazó le atrapa
Varios viajeros en diferentes momentos
con amor y dolor cumplirán el mandato
Nadie romperá la línea del tiempo
sólo completarán lo pasado
Muchos destinos marcados
para la batalla final se presentarán
Los de todas las razas liberados
por las decisiones que allí tomarán
Los ojos de la esperanza
enfrentan a los ojos de la muerte
la llama y la lealtad de dos la confianza
la protección de la fénix hasta la muerte
Los ojos rojos querrán
quemar y destruirlo todo
Los ojos verdes querrán
cuidar y salvarlos a todos
Tu poder no encontrarás
en libros, dones u objetos
Tu poder sólo brillará
cuando mires adentro
Busca en tu corazón
la fortaleza que tienes
Escucha a la voz de la razón
deja fluir la energía que eres
El día después brillará
sólo si tú según tu poder decides
Llama, amigos y protectora brindarán
el escudo pero sólo tú decides
Un nuevo amanecer verán
los sobrevivientes el día después
de la batalla final que combatirán
para crear el mundo en que vivirán después.
A excepción de los Dunedains todos escucharon aquello atónitos. Las primeras estrofas eran obvias, las otras… Ni siquiera con lo dicho por Angelica ese día podían entenderse muchas cosas.
—Necesitamos saber qué investigó mi tía —señaló pensativa Jessica—. Sólo así podríamos intentar armar este rompecabezas.
—Tienes razón —la apoyó Hermione girándose a mirar a Aragorn—. ¿Qué más sabe sobre eso, señor?
—Sólo lo que les dije. —respondió sorprendido el Dunedain por la rápida reacción de los chicos. En su cabeza aún retumbaban las estrofas de la profecía. No la había querido volver a analizar después de la muerte de sus hermanas. Coincidían con muchas cosas que ahora sabía. Demasiado bien para su gusto.
—Vamos a la Casa Flotante los del E.D.H. que estamos en pie entonces. Cuando los otros dos de nuestro grupo entren en ese estado los demás los traeremos aquí. No creo que con el tutor y la guía se refiriese a alguien del E.D.H., pero de ser así volverían cuando sea necesario. Por ahora debemos investigar lo más rápido posible sobre lo que está ocurriendo y lo que dijo la mamá de Angela que pasará los próximos días —decidió Ron—. Profesor Mithrandir, por favor permítanos ir allí. Lily, Ares, Orión, por favor amiguitos, si hay algún cambio en alguno de ellos avisen a alguno de nosotros.
Los tres fénix volaron hacia el otro extremo de la enfermería y se posaron sobre las cabeceras de las camas, entonando un suave y melodioso cántico los tres en señal de conformidad.
—Nosotros vamos con ustedes. —decidió Remus.
A excepción de Hermione y Ron los chicos se miraron preocupados. Tenían fuertes razones para no llevarlos, especialmente a la "Sección Prohibida". Si lograban entrar allí encontrarían lo que habían preparado para las batallas.
—El profesor Lupin tiene razón —aprobó Ron decidido—. Mientras más personas busquen mejor. Sólo hay algo que deben saber todos. Quienes no son del E.D.H. no podrán entrar a una habitación en particular de la casa, como tampoco pueden hacerlo Chris & Chris.
—Ron, no podemos seguir con secretos con la situación que se está presentando, entiéndelo. —le señaló Remus intentando convencerlo.
—En cuanto a la habitación de la Casa Flotante no es ninguno de nosotros quien lo impide, profesor, es un límite que dejo allí la señora Angelica y… —De pronto enarcó las cejas en dirección a su novia, que también lo miraba con la misma expresión—. Claro, por eso Angela nos dijo aquello.
—¿De qué hablan? —preguntó Jessica que los miraba sin entender.
—Cuando fuimos por primera vez a la "Sección Prohibida" con Angela, ella nos explicó que las habitaciones las habían acondicionado ustedes, pero que el resto de la casa no. Especialmente las tres bibliotecas de investigaciones las había dejado organizadas su mamá, como si supiese del E.D.H., algo que ella no entendía en ese momento.
—Es cierto —asintió Jessica con expresión de haber comprendido—. Varias veces lo hablamos durante estos años, antes de ver conformarse el E.D., de romper el sello o de plantearle Angela lo del E.D.H. a Harry. Nos había extrañado siempre algunas cosas que conseguimos en la casa cuando llegamos.
Los adultos los miraban sintiéndose parcialmente ajenos a aquella conversación pero sin perder detalle. No habían logrado averiguar nada con Dotty y Wykers hasta ahora porque Angela les había puesto un bloqueo muy especial.
—Lo que me lleva a suponer que debe habernos dejado una pista sobre dónde conseguir sus investigaciones cuando esto se presentase. —añadió Hermione pensativa.
—Acérquense a uno de nosotros los que nos acompañarán a la Casa Flotante —les indicó Ron a los miembros de la O.D.F.—. Señorita Heigh creo que usted debería venir con nosotros, allí podremos ir explicándole algunas cosas mientras buscamos —continuó el pelirrojo al verla indecisa—. Si conseguimos algo en la "Sección Prohibida" los que podemos entrar allí lo llevaremos a una de las otras dos salas para que lo revisemos todos… si podemos. —completó dudoso.
—¿A qué te refieres con eso, Ron? —le preguntó Arthur empezando a enfadarse—. Ustedes no pueden seguir con sus secretos.
—No es por eso, papá —intervino George—. Lo que pasa es que hay algunos libros allí que jamás hemos podido sacar hacia otras salas, así como hay otros que no podemos leer o sólo algunas partes. Por eso lo llamamos la "Sección Prohibida". Porque lo que está allí sólo puede ser visto por algunos, e inclusive algunas cosas sólo aparecen en determinados momentos.
—Es cierto, señor Weasley —completó Hermione al notar la cara de suspicacia de la mayoría de los adultos—. La poción que usamos para la licantropía sólo apareció poco después de la primera luna llena de Bill. Antes jamás la habíamos visto aunque estuvimos buscando, inclusive en el libro en el que apareció. Y ese libro sólo lo pudimos sacar de esa sala esa tarde, antes de ir a Grimmauld.
—Aragorn, vayan ustedes cuatro con los chicos. No sabemos cuánto falta para que regrese Angela y estoy seguro que necesitaremos información para ayudarla —le ordenó el anciano—. Yo me quedaré aquí con los tres jóvenes y la señora Weasley. Si hay cualquier cambio los fénix les avisarán.
Mithrandir quitó el bloqueo y el tiempo prolongado que había creado con la estrella, aproximándose todos al extremo de la enfermería donde se encontraba Molly con los tres chicos inconscientes.
—Señora Weasley, hemos intercambiado toda la información que teníamos hasta este momento sobre lo que ocurre con los chicos —le explicó pausadamente el anciano—. Sin embargo, no es suficiente para ayudarlos. Ellos han propuesto el ir a La Casa Flotante para buscar allí información. Es muy probable que Angelica dejase allí algo referido a lo que está ocurriendo hoy.
—¿No sabes si tu tía dejó algo así allí? —le preguntó la señora Weasley angustiada a la joven de ojos miel.
—La casa es muy grande y hay varias cosas que dejaron allí mamá y tía que nosotros cuatro nunca tocamos por respeto a ellas. —le respondió la chica con sinceridad.
—Molly, quédate tú con los chicos —le pidió muy firme Remus—. El profesor Mithrandir podría necesitar ayuda mientras regresamos. Nymph, Meg, Minerva, Charlie, Bill, Arthur, Kingsley y yo vamos con ellos.
La señora Weasley frunció el ceño pero asintió. Sospechaba que Remus la había dejado allí para evitar que se enterase de algo, así como no le habían permitido estar en la reunión. Sin embargo estaba muy preocupada por su hija y los dos chicos de pelo negro. Comprendió que no era el momento de hacer preguntas. Se quedaría junto a ellos. Además su esposo iría con ellos. Ya luego le sacaría la verdad de lo que le estaban escondiendo.
Los chicos llamaron a los pequeños fénix y se organizaron en grupos para transportar a los que les acompañarían a la Casa Flotante.
