Capitulo 14. Interludio. Miénteme.

—Johnny, despierta— dijo Jim, sacudiendo el hombro del hombre hasta que despertó. —Tenemos salir en este instante.

—¿Qué es?— John preguntó. Renuente se sentó y abrió sus ojos. —¿Qué sucede?

—Tenemos que irnos ahora— Jim replicó, aventándole sus pantalones a John. Estos golpearon su rostro y John sacudió su cabeza confundido.

—¿Qué está pasando?— inquirió, levantándose de la cama y comenzando a vestirse.

—Solo apresúrate— dijo Jim mientras se ponía una cazadora de piel y salía de su habitación.

John hizo lo mejor que pudo para terminar de despertar, miró el reloj para ver qué hora era. Sus ojos estaba aun prácticamente cerrados por lo tanto le tomó varios minutos para que su vista se aclarara. Era poco más de las dos de la mañana, tan solo habían pasado un par de horas desde que se habían ido a dormir. John bostezó mientras terminaba de ponerse los pantalones, dando un salto para colocárselos completamente y comenzó a buscar por el cuarto su camisa.

No tenía ni idea de la urgencia, pero únicamente tomó su suéter y siguió a Jim. El Consultor Criminal estaba en su oficina cuando John llegó aun acomodándose su suéter. —¿Qué está pasando?— preguntó, viendo como los ojos de Jim, se movían de una pantalla a la otra.

—Tenemos que irnos de aquí— dijo Jim vagamente y se levantó de su asiento. Tomando la mano de John y jalándolo hacia la puerta.

—¿Pasó algo?— preguntó John nervioso, contagiado por el comportamiento maniático de Jim.

—Te explicaré cuando estemos afuera— dijo Jim sobre su hombro. Abrió la puerta y la atravesaron, cerrándola detrás de ellos.

Cuando estuvieron ya en la calle, Jim comenzó a caminar apresuradamente, sujetó la mano de John y jalándolo. Corrieron juntos velozmente bajando por los callejones y subiendo calles, llamando la atención de las pocas personas que aun estaba fuera tan tarde. John sintió la familiar excitación y se dio cuenta que había pasado mucho tiempo desde que había hecho eso, correr, incluso aunque no tuviera ni idea de por qué o para qué. Pero la mano de Jim se sentía cálida entre la suya y se aferró más a esta como a su vida, aunque solo estuvieran corriendo por algo que solo Jim podía ver.

Finalmente John se dio cuenta que confiaba en Jim, completamente. Tenían cierto nivel de confianza hasta ahora, por algunas de las cosas que habían hecho, especialmente en la recamara. Pero ahora está implícito, era instintivo, casi igual a la que había tenido con Sherlock antes de que todo se fuera a la mierda. Había hecho todo lo que Jim le había pedido y John solo podía seguirlo a cualquier parte. Probablemente no fue lo más inteligente que había hecho, pero ahora era demasiado tarde para volver atrás.

Jim se detuvo abruptamente y John casi se estrella contra él, si es que Jim no lo hubiera jalado para colocarlo contra la pared. Los labios de Jim al segundo estuvieron sobre los suyos y John correspondió enseguida de manera entusiasta, hasta casi quedar sin aliento. Los labios de Jim fueron insistentes, succionando el labio inferior de John antes de llevarlo dentro de su boca. Se abrazaron para quedar tan juntos sin que hubiera el más mínimo espacio posible entre sus cuerpos. Era como si Jim estuviera intentando fusionarse con él.

—Jim— John echó su cabeza hacia atrás para romper el beso, temiendo desmayarse por la falta de oxígeno. —Dime que está pasando.

—Johnny— murmuró suavemente Jim, enterrando su rostro en el cuello de John. Deslizó su nariz contra la piel de John, sus labios acariciaban ligeramente la piel que mostraba su suéter. —Es la última noche del mundo.

—¿Qué?

—Esta noche. Es la última noche. Tan pronto como el sol salga, el mundo llegara a su fin— explicó Jim, colocando sus brazos alrededor de John.

—¿De qué estás hablando?

—Está noche todo lo que tenemos desaparecerá. ¿Cuánto tiempo falta para que el sol salga?

John miró su reloj e intentó calcular el tiempo que faltaba para que el sol saliera. —Yo creo que probablemente alrededor de…

—¡No!— Jim gritó, alejándose rápida y sorprendentemente de John. —No, no, no, no, no.— Sujetó el pecho del suéter de John para acercarlo. Los ojos de Jim ardían con intensidad y si John no lo conociera bien, podría haberlo hecho temblar. —Miénteme— gruñó Jim y unió sus labios rudamente. Sus dientes chocaron mientras Jim besaba a John bruscamente, su lengua se sumergía profundamente.

Jim lo soltó después de unos instantes de haber estado dominando su boca. John se removió para recuperar la compostura. Intentó pensar en lo que Jim le estaba pidiendo, lo que Jim deseaba. No era algo que tuviera sentido exactamente, pero John tenía experiencia con locos psicóticos.

Colocó sus dedos suavemente en la nuca de Jim y lo atrajo: su frente descansaba contra la otra frente, los ojos azules miraban fijamente los cafés y por un momento solo respiraban y se quedaron viéndose fijamente, sus narices se estaba tocando. John parpadeó una sola vez y entonces sonrió, cuando llegaron a su cabeza las palabras adecuadas. —Tenemos todo el tiempo del mundo.

Jim le devolvió la sonrisa a John y entrelazó sus dedos con los de él. Pasaron la noche caminando y platicando, besándose y agarrándose de las manos. Ocasionalmente se detuvieron para sentarse juntos, ignorando la salida del sol. Se detuvieron en un establecimiento de veinticuatro horas para comprar café y entonces salir con sus vasos en sus respectivas manos que no estaban ocupadas.

Caminaron a lo largo del Támesis, a la orilla de la marea para evitar que se mojaran sus zapatos. John sabía que estaba a punto de amanecer y después de todo estaba exhausto. Además era una mañana bastante fresca y demasiado fría a la vez para únicamente llevara su suéter y la cazadora de Jim la cual era bastante ligera. Incluso aunque caminaban pegados uno al otro y se mantenían cálidos entre ellos además de que el café ayudaba, pero esto no podía ser suficiente para que se quedaran así siempre. Se inclinó y le dio un beso ligero a Jim. —Ven, vamos a casa.

Jim sonrió ante las palabras elegidas por John y John rodó los ojos en respuesta. —Sabes lo que quise decir.

—Sí, lo sé— Jim continuo sonriendo y John solo suspiró jalándolo de de su mano, para llevarse a Jim de nuevo a su departamento.

Cuando llegaron al sitio de Jim, se deshicieron de sus vasos de café vacios y comenzaron a quitarse la ropa. John se dejó caer en la cama, sintiendo el cansancio de larga caminata en sus piernas y espalda. —Deberías ponerte más frecuentemente cazadoras— comentó John mientras Jim la deslizaba por sus hombros.

—Oh ¿De verdad?— Jim alzó una ceja. —No pensé que fueras de aquellos que les gusta la piel.

—Oh hay todo tipo de cosas que me gustan— John se humedeció los labios y le dio una mirada apreciativa a Jim.

—Si lo hubiera sabido— Jim caminó hasta él, para subirse sobre su regazo. —Todo este tiempo perdido.

John le sonrió a Jim. —No puedes decir que fue perdido.

—Nunca lo haría— Jim empujó los hombros de John hasta que este se dejó caer sobre su espalda y Jim le siguió quedando sobre él.

—Bien.

Se besaron lánguidamente, sus manos se acariciaban al azar, en ocasiones se abrazaban. Jim se levantó para cerrar las cortinas y así evitar que los primero rayos del sol entraran. John se levantó un poco sobre sus codos y lo miró. —¿Que está pasando Jim? El mundo no esta acabándose ¿verdad?— preguntó bromista.

—No en el sentido estricto.

—Y si así fuera, ¿Cómo pasarías las últimas horas sobre la tierra? ¿Caminando por Londres y tomando café?— John cuestionó con una sonrisa de perplejidad en su rostro.

—Eso no era lo que estaba haciendo.

—¿De verdad? Eso es lo que yo estaba haciendo. ¿Qué estabas haciendo tú?

Jim regresó a la cama. Apresó uno de los tobillos de John, alzándolo para quitarle el calcetín. Bajó este y tomó el otro para hacer lo mismo. Sus manos se movieron lentamente hacia arriba sobre las piernas de John, su cuerpo hizo lo mismo, hasta quedar sobre sus cuatro extremidades, sobre él. —Yo estaba pasando mi tiempo contigo.

—Oh— dijo John, ante el significado de las palabras de Jim que cobraban un poco de sentido.

—Si fueran los últimos instantes de la tierra, yo quisiera pasarlos contigo. Quisiera que fueras lo último que yo vea antes de morir. — Jim puso un dedo bajo la barbilla de John e hizo que alzara su rostro para que sus labios pudieran encontrarse.

—Eso es morboso— dijo John mientras flexionaba una de sus piernas para que su rodilla quedara presionando la ingle de Jim. Jim se restregó contra esta, su miembro pulsó dentro de sus pantalones vaqueros. —Pero el mundo no esta acabándose.

—Esa es buena, sigue mintiéndome— Jim comenzó un camino de besos hacia la base de su garganta.

—Jim.

—¿Hmm?— replicó, chupando el cuello de John.

—¿Me dirás que está pasando contigo?

—Probablemente no— murmuró Jim. Moviéndose más abajo, moviendo la camisa de John hacia arriba y metiendo su lengua en su ombligo.

—Jim. Háblame, por favor— cuestionó John, desesperado por saber por qué Jim estaba actuando así. La verdad es que estaba un poco asustado, más que nada por lo que Jim había hecho en ese tiempo juntos.

Jim suspiró y se alejó, sentándose al borde de la cama, dándole la espalda a John. —Nos estamos quedando sin tiempo.

—¿Qué es lo que quieres decir?

—Tú y yo. Puedo sentirlo. Estamos casi finalizando.

—Jim.

—Por lo tanto necesito que me mientas, solo un poco más.

—Jim— John dijo cariñosamente, acercándose y envolviéndolo entre sus brazos, dejando su cabeza apoyada en la espalda de Jim. —No voy a ir a ninguna parte.

—Esa es buena— Jim espetó complacientemente.

John frunció su entrecejo, deslizando su mano bajo la camisa de Jim para frotar su espalda suavemente. —No estoy mintiendo. Te amo. Eso no va a cambiar. No voy a dejarte solo así.

—No hagas promesas en la oscuridad, estas no significan nada.

—Ven aquí— le ordenó John. Se recostó y se metió bajo las sabanas, dejándolas abierta para que Jim hiciera lo mismo. Se colocaron uno frente al otro, quitándose las ropas lentamente hasta que quedaron desnudos y se presionaban uno contra otro, con piernas sus piernas entrelazadas y los brazos alrededor uno del otro. —No estoy terminando esto. ¿Lo estás haciendo tú?

Jim frunció el ceño. —Por supuesto que no.

—¿Entonces de que estás hablando? Las únicas dos personas quienes podrían ponerle fin a esta relación están aquí y ninguno de nosotros está planeando renunciar a esto. No sé como esa idea se te metió en ese gran cerebro tuyo, pero no te estoy diciendo adiós, a menos que tú dentro de tus intrincados caminos me estés perdiendo, así que no hay nada de qué preocuparse.

—No podría— Jim cerró sus ojos. —No podría dejarte ir.

John se acercó y tomó el rostro de Jim entre sus manos. Jim buscó más contacto. —Entonces no lo hagas.

—¿Cuánto tiempo nos queda Johnny?—

John miró detrás de Jim para ver el reloj pero estaba demasiado lejos para poder intentar leerlo. En lugar de eso atrapó los labios de Jim en un beso apasionado que pasó a otra cosa rápidamente. Comenzaron a frotarse uno contra otro, moviendo sus caderas para friccionar piel contra piel. Sus manos estaban en todas partes, siempre acariciándose uno al otro.

El único sonido que se escuchaba eran sus respiraciones pesadas, el roce de sus pieles y los susurros apagados del nombre del cada uno de ellos. John se vino primero y luego bajo su mano para ayudar a finalizar a Jim. Se quedaron unidos, jadeando, cubiertos de semen de cada uno. Jim se deslizó y tomó una de sus camisetas que estaba en el suelo y los limpio a ambos de manera un poco torpe.

John movió su mano y entrelazó sus dedos con los de Jim. —Tenemos todo el tiempo que queramos.

CONTINUARA…

Este capítulo aunque corto en comparación con los otros, fue… no sé como describirlo, ¿Romántico? ¿Dulce? ¿Dulceamargo?, no lo sé a ciencia cierta, pero si sé que Jim se lució y si alguien me dice lo que le dijo a John de cómo quería pasar sus últimos instantes en la tierra… me derrito totalmente de amor por esta… primero quiero que procesen este, porque ya hay quien me ha dicho que nos mandará una cuenta de hospital a RemyDico5 y a mí por provocarle un cuasi paro cardiaco y también un casi estado de coma

Bueno en el siguiente capítulo, es decir el 15, lo subiré el día Jueves de esta misma semana, jejejejejeje ya lo terminé de traducir desde el sábado y ahorita está en fase de revisión, pero ya saben uno se vuelve ciego a esos errores cuando pasas mucho tiempo frente a un escrito. Es la segunda parte del clímax de esta historia, por favor no se les ocurra leerlo en lugares públicos, podría haber un poco de exaltaciones y taquicardias.

Besos

Itsaso Adhara