Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar n.n

Releyendo este capítulo para editarlo un poco, comprendí que para imaginar a esta Hinata, sobre todo la que verán hoy, me he inspirado en la protagonista de Kimi ni Todoke. No sé si vieron este animé, lo recomiendo mucho porque Sawako, la prota, consigue superar muchas de sus dificultades por sí misma, incluso sus dificultades para conectar con el chico que le gusta. Es realmente admirable -y muy cómica- la forma como consigue superarse. Es muy parecida a Hinata y por eso he tomado una parte de su determinación para dársela a la kunoichi en esta ocasión.

He estado recibiendo comentarios anónimos muy extraños XD Si bien el nombre siempre es distinto, el mensaje siempre es el mismo: "Veri n1c3cfHst0ridE". Creo entender que le gustan mis historias, y no sé si leerá esta también. Si lo hace, le agradezco mucho el tiempo y el interés, pero me gustaría que pusiera algo más o algo distinto, porque resulta muy extraño recibir reviews así XDDD

Saludos para Ema, sí, a eso me refería con los mensajes subliminales XD Me alegra que el capi te haya llegado en un momento de necesidad y te agradezco el compartirlo, entiendo perfectamente la sensación. Muchas gracias por seguir ahí n.n Vanessa Acosta, he aquí la continuación, qué bueno que la historia te guste! Muchas gracias por el apoyo, por leer y comentar n.n

Disculpen por los posibles fallos que puedan encontrar y gracias por leer :D


XIV

Olvídate de lo que ya no tiene remedio


Esas nefastas tormentas tropicales... En días de verano el calor podía ser realmente apremiante, y para peor el ciclo terminaba inevitablemente con una contundente tormenta. Lluvia, granizo, viento, todo junto hasta agotar la paciencia. Sasuke buscó refugio en un olvidado cobertizo y salió mejor librado que algunos de los libros de la pobre Hinata.

Esa fue la tragedia de turno.

En su habitación, sentada en el borde de la cama, apenas si pudo expresar con voz ahogada por la angustia cuánto lamentaba la pérdida de los volúmenes que había dejado en la mesa junto a la ventana… inconvenientemente abierta. El día en cuestión, la jornada anterior, había amanecido muy caluroso, y ni cuando el cielo comenzó a cubrirse de oscuras nubes ni cuando se oyeron los primeros truenos recordó haberla dejado así. Luego se levantó viento y empezó a llover.

Distraída con esa bendición que refrescaría los cuartos de la casa se entretuvo contemplando el fenómeno, cada vez más intenso, sentada en una de las galerías exteriores. De chica le hubiese dado miedo la intensidad de los elementos desencadenados, pero en ese momento sólo se sentía agradecida. Cuando recordó la ventana abierta, ya era demasiado tarde.

De pie a su lado, Sasuke contempló su rostro compungido primero y los libros humedecidos hasta la decoloración después. En algunos casos ya ni siquiera podía adivinarse el título, mucho menos el contenido de las páginas al hojearlos. Era el día siguiente, de nuevo bajo un sol brillante, más aliviados del calor, pero preocupados por las consecuencias del meteoro.

-No sé qué hacer –murmuró ella, contrita, después de examinar de nuevo cada uno de esos preciosos libros, ahora expuestos al sol, acariciados en vano con toallas absorbentes y sometidos a sus torpes intentos de ventilación-. Creo que algunos son irrecuperables.

Al ninja, al principio, le costó un poco entender semejante sentimiento de tragedia, como si la pérdida de esos libros pudiera equipararse con la pérdida de un ser querido. Sólo los lectores por naturaleza podrían comprender la amargura que se abatía en el corazón de la joven. Él, en cambio, nunca había sido un lector dedicado sino más bien práctico, por lo que le daba igual que se estropearan o no. Sin embargo, hizo un esfuerzo para recordar lo que valían esos objetos para algunas personas y ponerse en sus zapatos.

Para ella se trataba de un asunto doloroso, desolador, irremediable… Sasuke procuró evocar esos sentimientos humanos hasta conseguir conducirse como la persona sensible que era, o al menos como la que intentaba ser.

-Sólo son libros –arguyó, porque de todas maneras seguía siendo Sasuke Uchiha y sus intentos podían resultar algo… ásperos.

Lo único que logró fue entristecerla todavía más. Masculló una maldición. Soy más hábil en situaciones sentimentales que en adversidades materiales, maldita sea.

-Quizá no te merecían –volvió a intentar, ganándose otra mirada desazonadora-. O quizá ya les había llegado la hora –insistió con el mismo resultado-. ¿No hay mal que por bien no venga? –improvisó al final. Dándose cuenta de su inutilidad para consolar a las kunoichis que sufren de males literarios, suspiró dándose por vencido-. Me rindo.

-Los libros son parte de mi vida, Sasuke-kun –le explicó ella entonces en un hilo de voz, casi con culpabilidad por tener que verse en la necesidad de corregirle la perspectiva-. Aunque los haya leído tendré que darlos por perdidos, tendré que desprenderme de una compañía muy querida, y necesaria. En cada una de esas páginas he sido feliz.

Al verla más cabizbaja y con lágrimas en las comisuras de los ojos, Sasuke se autocorrigió de inmediato, como correspondía, es decir, abofeteándose mentalmente unas cuantas veces por haber hablado como un idiota. Desde luego que los libros eran importantes para ella, ¡todas las cosas que la rodeaban eran importantes para ella!, de modo que tenía que medir adecuadamente sus palabras si no quería generarle más tristeza.

¿Quién diablos me manda a tratar de consolar a alguien?, pensó, rebuscando en su cerebro alguna frase más edificante. Molesto consigo mismo, con la tormenta y con el universo, dejó en un rincón la turbación que lo embargaba para tratar de hallar el modo de contener a ese ser torturado por la revelación de lo irreparable.

Y de nuevo se vio en el penoso trance de tratar de consolar a una mujer. Su… especialidad.

-Tal vez haya llegado el momento de buscar libros nuevos –ensayó, listo para amordazarse de inmediato si volvía a meter la pata.

Hinata sorbió por la nariz en su centésima tentativa por contener el lacrimoso desmoronamiento de su alma, y suspiró y asintió con la cabeza.

-Tal vez –concedió con la voz apagada.

Sasuke volvió a suspirar, pero de alivio. Había encontrado por fin el camino del oso de felpa.

-Renovar la biblioteca tiene su encanto –continuó, ya con un poco más de confianza.

-Seguramente.

-Podrás renovarla, enriquecerla.

-Sí.

-Las cosas se pondrán mejor.

-Eso espero.

-Haber perdido unos cuantos no puede ser tan malo.

Por la mirada que le dirigió Hinata, entendió que había abusado de su buena suerte. Retrocedió unos cuantos casilleros en el tablero de la empatía. Volvió a maldecirse por idiota. Lo dicho: su especialidad era la desilusión amorosa, no la literatura. Su discípula al parecer lo percibió y se decidió a ponerlo en autos.

-Cada libro nos ofrece un mundo, una emoción, una experiencia –comentó-, por lo que nunca resulta fácil despedirse de los que se han perdido. Los nuevos siempre son bienvenidos, desde luego, pero no es suficiente para apaciguar la pena.

En su apuro para manejarse a la altura de la situación –y para encubrir su torpeza-, Sasuke le respondió como si le hubieran sacado las palabras de la boca.

-Eso mismo quise decir –balbuceó.

-Un libro es como una puerta hacia otro universo, uno en el que el lector se adentra sin miedo ni prejuicios, dispuesto a dejarse llevar.

-Tal cual.

-Cada línea es un paso más y cada página un atisbo de la felicidad.

-Absolutamente.

-Por eso, cuando ocurren estos accidentes, resulta tan penoso.

Esta vez Sasuke se abstuvo cuidadosamente de replicar. Como pocas veces junto a ella, se sintió desacomodado y prefirió dejar de conducirse como un papanatas, venía desempeñando muchos roles humillantes como para caer también en eso.

Respetaba esa fascinación por la lectura, pero sus inquietudes actuales –y las pasadas también, para qué nergarlo-, distaban mucho de las literarias y de las artísticas en general. Hinata lo estaba ubicando y eso le hizo sentirse algo avergonzado. Y ya era como la vigésima vez que se sentía así con ella. El destino persistía en señalarle lo rezagado que iba en la carrera de ser persona gracias a sus antiguas pretensiones de superioridad, sobre todo desde que se sabía enamorado.

Aun así quería esforzarse, todavía le quedaba mucho por entender de las emociones humanas. Para ello, lógicamente, se requería de un nivel de sensibilidad archimegadesarrollado, cosa de la que a todas luces aún carecía. Tal vez el hábito de la lectura hubiera podido ayudarlo.

Pero nunca fue un buen lector y ahora también se sintió avergonzado por ese descuido. Le echó la culpa a Kakashi, en parte por costumbre y en parte porque, después de haber visto la clase de literatura que éste consumía, le sacaba las ganas de leer a cualquiera, sobre todo si tenía sólo trece años de edad y estaba más preocupado por vengarse.

A pesar de todo, se sentía encaminado con respecto a los sentimientos humanos. No era posible pasar todo ese tiempo con Hinata Hyuuga sin que algo de su sensibilidad se pegue, por supuesto. Sin embargo, todavía desconocía la mejor forma de manejar la dosis recientemente adquirida para ponerla a circular en su adusto sistema nervioso.

Ya podía distinguir entre la abigarrada gama de los sentimientos positivos. Podía distinguir, por ejemplo, entre lo interesante y lo agradable, y entre lo gratificante y aquello que llenaba de dicha. No obstante, sabía bien que todavía le faltaba mucho para alcanzar el nivel de alguien como ella, tan por encima del humano promedio.

Muy por encima, la verdad. Tal vez un nivel inmediatamente inferior, el nivel correspondiente a la cucaracha Naruto Uzumaki, fuese una meta más accesible.

Aunque, si trato de aproximarme al nivel de Naruto, tendré que esforzarme en vincularme, perdonarlo todo y hacerme amigo hasta de quienes hayan intentado matarme… Ni en sueños, maldita sea. La sola idea le causaba urticaria y ni expiando en sus próximas diez vidas alcanzaría ese estado de indulgencia.

Pero por Hinata, sólo por Hinata, intentaría empatizar un poco.

-Vamos, Hyuuga, he aquí un consejo: olvídate de lo que ya no tiene remedio.

Por un momento creyó que había vuelto a meter la pata, pero Hinata se levantó de la cama como un resorte con el rostro repentinamente limpio de pesares y mocos traicioneros.

-Olvidar –murmuró, procesando la información.

Al parecer la palabra del Maestro en Pesares Amorosos todavía ejercía algún poder sobre ella. El ninja sintió un alivio del tamaño de la nación y procedió a seguir con la idea. La pena por los libros perdidos no le había afectado los reflejos condicionados.

-Amabas esos libros, se han echado a perder y ya no queda otra alternativa más que volver a comprarlos, si tanto te interesa tenerlos –dijo Sasuke, ganando seguridad-. Pero tú misma has dicho que valían mucho más que eso. Las historias que encerraban, eso jamás lo perderás.

Ahora Hinata esbozó una sonrisa, visiblemente emocionada.

-Olvida los objetos, en cambio retén lo que te han dejado –continuó él-. Algún día, esos libros volverán a aparecer en tu camino y tú decidirás si quieres recuperarlos o dejarlos pasar.

-Shisho…

-Créeme, Hyuuga, a veces el olvido es sanador. Sobre todo cuando se trata de cosas materiales. –Sasuke se detuvo un momento, sopesando detenidamente la cuestión, y a continuación agregó-: Aunque, si lo piensas, el olvido puede resultar saludable en varias circunstancias.

La sonrisa que le dirigió Hinata, llena de entendimiento, le brindó una nueva ola de satisfacción. Ese sentimiento también había aprendido a reconocerlo, tal vez antes que a los otros, y en ese momento, además, aprendió a diferenciarlo del orgullo.

-Entiendo –dijo ella con timidez y algo ruborizada.

Él desvió la vista hacia los volúmenes estropeados. Luego los apiló con agilidad.

-Me encargaré de ellos –determinó, pues supuso que a Hinata le faltaría valor para desecharlos.

-Gracias, Sasuke-kun.

Y luego guardaron silencio, indecisos acerca de cómo seguir. De pronto la tristeza había cesado, el consejo había sido pronunciado y el asunto de los libros más o menos zanjado, por lo que ya no tenían motivos para continuar allí, juntos y como a la espera. Pero a la espera se quedaron.

Últimamente, Sasuke era acometido por ese sentimiento con relativa frecuencia, más agudo cuando estaba solo y algo apaciguado cuando se encontraba con Hinata. Sin embargo, nunca se apagaba del todo, era como si le quedase algo en el tintero, como si hubiera una determinación dentro de sí que pugnaba por hallar espacio para emerger. Pero todavía no podía discernir de qué clase y con qué propósito.

Por lo general venía acompañado de ciertas sensaciones, además de la mentada cosa cálida que ya ni siquiera tenía que analizar. Ansiedad, expectativa, cierta dosis de impaciencia… Sabía lo que sentía por Hinata, pero también sabía bien que a la chica le costaba dejar atrás definitivamente el fantasma de Naruto. Por más que el amor se le hubiese ido, la sombra de lo que había significado todavía permanecía allí, tan palpable que hasta una persona de su hosquedad podía detectarla.

Y eso le fastidiaba aún más que el sentimiento del amor unilateral. Sea de la naturaleza que sea, esa expectativa que maduraba dentro de sí, si tenía que ver con abrirse frente a ella, debía ser cercenada cuanto antes.

Se te da bastante bien lo de gurú, así que sigue tus consejos, bufó para sí.

-Ya me voy –anunció por fin para cortar con el momento incómodo. Acto seguido, tomó la pila de libros por la base para llevárselos consigo.

-Shisho –lo detuvo ella con cierta ansiedad-. Cuando hablaste de olvidar, te referías también a olvidar el amor, ¿ve-verdad?

Sasuke la miró con una ceja levantada. ¿Y eso? ¿Por qué le salía de repente con ese asunto? ¿Y por qué tartamudeaba? ¿Acaso había mencionado la palabra amor sin darse cuenta? ¿Es que ya se había delatado como un novato?

-Dije "varias circunstancias" –puntualizó con precaución.

Hinata se apresuró a asentir con entendimiento.

-Desde luego, seguro… Pe-pero sé que te referías precisamente a eso, al amor –insistió. La voz le fallaba por primera vez en mucho tiempo-. La mayoría de los co-consejos que me has dado hasta el momento ti-tienen esa intención: hacerme olvidar el amor por Naruto-kun.

-Sólo intento ayudar, Hyuuga.

-Pero has hecho to-todavía más.

Se había ruborizado hasta un punto que a Sasuke le pareció alarmante. Temía preguntar, no sabría definir bien por qué razón, pero tenía que hacerlo.

-¿Qué crees que he hecho por ti?

La kunoichi, a pesar del bochorno, consiguió sonreír.

-Me has acompañado en el ca-camino –dijo con una mezcla de dulzura y timidez que cualquier tipo, con o sin orgullo, se hubiese disuelto de amor por ella. Pero Sasuke, en su cerrazón, supuso que se debía a ese repentino rapto de sinceridad, pues no se le ocurría otra explicación-. No sólo fueron palabras, también se trató de apoyo y de ca-camaradería. Has conseguido que crea en ti, Sasuke-kun, y que qui-quiera… seguirte…

La frase se diluyó a causa del esfuerzo que hacía. Fue tan honesta que durante una fracción de segundo Sasuke sintió rasposa la garganta debido a la conmoción. ¿Ella creía en él? ¿Estaba dispuesta a seguirlo? Ya en otras ocasiones le había dicho palabras similares, pero en sus actuales circunstancias, ¿cómo interpretarlas? ¿Cómo darles su justo valor? Trató de dominarse.

-No sé qué intentas decir –manifestó como pudo, porque nunca nadie le hablaba de ese modo y no podía estar seguro de cómo manejarse ni qué responder.

Pero ella siempre conseguía arreglárselas. Hinata siempre conseguía ser valiente por los dos.

-Intento decirte que he olvidado mi amor por Naruto-kun –declaró con sencillez.

Sasuke se le quedó mirando, impertérrito. Por dentro, no obstante, trató de procesar la única y mejor recompensa que podía recibir por toda aquella desatinada labor de consejero con el corazón latiéndole a mil pulsaciones por minuto.

Además de comprobar una vez más la autenticidad del interés que sentía por ella, Sasuke tuvo que recurrir a todo su autodominio para mantenerse impasible, sus sentimientos eran sometidos de nuevo a una dura prueba. Se sostuvo de las únicas ideas que podían sofrenarlo de verdad, las ideas orientadas a preservarse a sí mismo y preservar a Hinata de la oscuridad de su vida… Lo del resentimiento, las malas decisiones, los crímenes cometidos y todo eso que lo hacía tan popular.

-Lo sé –replicó, imperturbable-. Pero si crees que daré la misión por cumplida, lamento decirte que estás equivocada, Hyuuga –añadió, levantando la pila de libros-. Hay muchos tornillos que ajustar aún.

La expresión de Hinata pasó repentinamente de la dulzura a la alegría, como si con esas palabras la rescatara de algún desasosiego existencial. Sasuke, extrañado, se preguntó qué tanto había estado deseando oír que continuaría aconsejándola y por qué diabólica razón parecía feliz con eso. Meneó la cabeza con resignación. Esa chica no tenía remedio.

-¿Eso quiere decir que pe-permanecerás en Konoha?

-Eso quiere decir que cumpliré debidamente con mi misión –repuso él, fastidiado.

-¡Pondré mi mayor esfuerzo! –exclamó Hinata con el rostro iluminado.

-Demasiado bien lo sé, para mi desgracia.

Pero ninguna de sus majaderías de chico malo alcanzaría a zaherir jamás la genuina animosidad de alguien como ella.

-Te lo agradezco mucho, shisho.

Sasuke se sintió todavía más extrañado y enfiló hacia la salida oteándola de vez en cuando con incredulidad. Nunca entendería de qué estaba hecha, nunca.

O no tenía remedio o en verdad era masoquista. ¿Qué tanto la ilusionaba seguir recibiendo consejos suyos? A menos que fuese él quien estuviera perdiendo práctica en el arte de generar desconfianza en los demás…

Te estás haciendo viejo, reconoció. Dentro de poco hasta tu propia y absurda leyenda se habrá desvanecido en el aire. Deberías expiar tus culpas sin perder del todo tu atemorizante forma de ser.

-Shisho –volvió a retenerlo Hinata.

-Qué –se exasperó él después de todo el esfuerzo que requirió mantenerse sereno.

La joven desvió la vista, dubitativa y nuevamente ruborizada. Miró hacia un costado, abajo, y luego consiguió enfocarse en él otra vez, entrelazando las manos por delante con timidez. El pelo le caía por encima de los hombros encantadoramente lacio y oscuro, y Sasuke se ablandó hasta sentirse como un bobo.

-¿Qué? –volvió a preguntar con mayor delicadeza.

Hinata seguía titubeando. Ahora Sasuke hizo una mueca de impaciencia y trató de componer un poco su semblante, por si fuera la causa de tanta indecisión. Es decir, se mostró tan inexpresivo como de costumbre.

-Hay algo…

Como la joven no pudo continuar la frase, el ninja escudriñó más detenidamente en su rostro, aunque no llegó a entrever nada en particular. Conciente de una nueva angustia, no obstante, decidió ayudarla.

-Me lo dirás otro día.

-Es que… no sé si otro día… tendré va-valor –dijo ella, la voz apagándose con cada palabra.

De pronto, Sasuke recordó que habían transitado por una escena muy similar la última vez que se vieron. Se alarmó. Y luego, como si un rayo de lucidez lo atravesara, comprendió. Entonces, se paralizó. No puede ser posible…

Había vivido esa escena ya numerosas veces como para continuar fingiendo que no veía nada. Bueno o malo, emocionado o anonadado, se forzó a recordar nuevamente que debía preservarse a sí mismo y debía preservar a Hinata…

Había pasado demasiado tiempo con ella, demasiado.

Antes de analizar si había entendido bien o mal o si sus presentimientos eran acertados o no, se obligó a abandonar el lugar antes de que fuera demasiado tarde.

-Me lo dirás otro día –repitió.

Se dio la vuelta para marcharse, pero antes de que pudiera traspasar la puerta una mano ágil y más rápida que sus entorpecidos y obcecados pensamientos de joven receloso y falto de fe se aferró a su chaqueta por detrás, reteniéndolo. Del asombro, apenas fue capaz de evitar que los libros se le cayeran.

No fue necesario voltear porque ya no necesitaba de los ojos para ver, ni tuvo que decir nada porque el instante de silencio que siguió fue más revelador que un torrente de palabras.

De pronto, la posibilidad de una vida en Konoha no le parecía tan opresora como antes, ni tan dolorosa. Incluso a pesar de sí mismo, de su terquedad y de sus pretensiones, había recuperado una de sus raíces. Una sola, pequeña, tímida y sedienta, casi olvidada, pero a la espera.

Jamás podría definir cuándo había acontecido el milagro, pero sabía perfectamente de quién era la mano que lo había conducido hasta encontrarla. Ahora, inesperadamente, esa mano se aferraba a él y él, cegado como un imbécil, creyéndose y creyéndola a salvo de lo único que podía ser más absurdo que aquella desatinada misión de orientarla, no había querido verlo. Por ende, entonces, tampoco había podido hacer nada para impedirlo.

Ni en sus sueños más audaces si hubiera atrevido a suponer, siquiera a suponer eso que ahora, cuando menos se lo esperaba, se hacía claro y palpable. No había querido ilusionarse, se había negado a la esperanza, pero la realidad le había ganado la partida.

-Hyuuga… -Una advertencia, al menos todavía podía ofrecerle eso.

Pero Hinata siempre conseguía ser valiente por los dos.

-Lo sé, Sasuke-kun –musitó con la vista en el piso, la mano aferrada a él todavía-. De verdad lo negué, me sublevé, que-quería hacer que desapareciera… Pero luego ya no quise…

Por un momento pareció que Sasuke la interrumpiría, pero al final no consiguió decir nada.

-Me pregunté por qué tendría que hacerlo –continuó Hinata con cierta angustia en la voz-. ¿Por qué tendría que olvidarte a ti también? ¿Por qué dejarte ir a ti también? ¿Por qué dar un paso al costado de nuevo y cobardemente? –La voz se le iba por el esfuerzo, por todo el valor que tuvo que reunir para enfrentarse por fin a la persona que amaba, pero ya no tartamudeaba-. Sé que a veces puedo ser una carga, pero también sé que puedo luchar. Y ahora quiero luchar, Sasuke-kun. Tú me diste la fuerza. A ti no quiero olvidarte.

A pesar de que la voz se le apagó, continuó sujetándolo de la ropa con la mirada gacha y una incertidumbre del tamaño del universo. Sasuke, en cambio, se debatía entre creerse lo que estaba oyendo y salir disparado, salir disparado por el bochorno de verificar una y otra vez que Hinata, la kunoichi a la que más había subestimado a lo largo de su vida, era en realidad la más fuerte del mundo shinobi.