¡Hola!
Bien, mil perdones por el retraso, pero aquí vengo con el capítulo siguiente. En el momento que he logrado acaparar algo de tiempo para mí, estoy subiendo.
Muchas gracias a todos por vuestros comentarios, sois el motor que me hace querer seguir subiendo la historia.
Un beso.
Disclaimer: Nada del mundo de Harry Potter me pertenece, son propiedad de JK Rowling y Warner Bross.
Capítulo 14.
Cassie…
Cassie…
¿Alguien la llamaba?
Cassie abrió sus ojos, sus párpados parecían pesar toneladas, tal vez porque no había parado de llorar desde el día anterior. Parpadeó tratando de enfocar su vista.
Restregándose los ojos, se incorporó en la cama. La imagen frente a ella la dio cierto consuelo.
-Cassie-la voz de la joven frente a ella sonó ahogada-¡oh, mi pequeña Cassie!-la atrajo en un abrazo.
Cassie se dejó abrazar por el calor y el cariño de Astrid, se había sentido muy sola desde hacía días. Su papá no la miraba, a penas registraba que se encontraba en su presencia.
Se pasaba las horas metido en la habitación en la que había muerto su mamá.
-Astrid-la pequeña usó sus bracitos para tratar de agarrarse fuerte a la chica-no me dejes por favor, tu también no-lágrimas comenzaron a deslizarse silenciosas por sus mejillas.
Astrid recogió las lágrimas de la pequeña con sus pulgares y besó su frente.
-No te preocupes-la sonrió, aunque sus ojos no parecían albergar esa alegría que pretendía transmitir-no te pienso dejar. Nunca.
-Señor Dagworth-Cassie miró a través de la rendija de la puerta a Astrid-¡Héctor!-gritó, y su papá pareció reaccionar.
-¿Astrid?-la miró con la confusión haciéndose cargo de todas sus facciones-¿Qué haces aquí?
Astrid colocó sus brazos en jarras, como solía hacerlo cuando se enfadaba con ella. No pudo ver su cara, pero la pequeña, podría jurar que sus ojos estarían ardiendo y su boca a punto de echar fuego. El rugido que dio la chica antes de llevarse las manos a la cabeza, le hizo recordar a Cassie a los cuentos sobre dragones que solía contarle Severus en las tardes.
-¿Qué hace usted ahí tirado?-regañó-tiene una pequeña que le necesita, está comportándose como si no tuviera responsabilidades-le señaló con su dedo índice-¿cree que su mujer hubiera estado contenta de ver cómo descuidaba a su hija?
-Yo…-Héctor la miró y acto seguido agachó la cabeza-no sé cómo cuidar de ella.
Los hombros de Astrid parecieron relajarse con esa afirmación, suspiró fuertemente.
-Yo puedo, si usted lo desea, encargarme de educarla en cuanto a las costumbres que deberían haber sido cargo de su esposa-el tono de ella pasó a ser casi un susurro-podría ejercer de institutriz de su hija.
-Estás en estado, querida-le apuntó él-no sería lo más adecuado para tus nervios, Cassie es demasiado activa.
Cassie abrió la puerta antes de que la negativa de su padre fuera total y absoluta.
-¡Me portaré bien!-abrazó la pierna de Astrid-papá por favor…
Vió la rendición en los gestos de su padre.
Sonrió.
-¿Cassie?-la voz de la mujer sonaba desesperada-¡Cassie!-volvió a llamarla.
Se escucharon unos pasos acelerados, y la voz de Astrid seguía siendo de angustia. Pero Cassie estaba demasiado ocupada viendo aquel collar de ópalos, era muy bonito. Y había algo en él que te hacía querer mirarlo más de cerca. Tal vez si extendía un poco más su brazo, podría alcanzarlo y verlo más de cerca.
-¡Cassie!-los ojos de Astrid se abrieron mucho, parecía que iban a salirse de sus cuencas. Su respiración entrecortada.
Salió corriendo y atrapó a la niña, abrazándola de manera que sus brazos se quedaran pegados a su cuerpo. Cassie se revolvió, ella quería coger aquel collar tan bonito que la llamaba.
-Cassie, mírame-viendo que la chica no reaccionaba, la sacó de la habitación en volandas-cariño, mírame-su preocupación era palpable en la voz-por favor.
Cuando estuvieron lo suficiente lejos de aquel cuarto, Cassie parpadeó como saliendo de un sueño, se vio con la cara de Astrid a centímetros de su cara. Bizqueó por la cercanía de la joven.
- ¡Gracias Merlín!-el grito de alivio asustó a la pequeña.
-¿Qué ha pasado?-preguntó la pequeña confundida.
-No vuelvas a entrar a esa habitación-la instruyó-está llena de objetos malditos-tomó la mano de la pequeña y la encaminó hacia uno de los saloncitos de té dónde se dejó caer en un sillón, suspirando y acariciando su barriga, que ya tenía un tamaño parecido al de una quaffle.
-¿Por qué tenéis objetos malditos?-preguntó la pequeña con el ceño fruncido-eso es malo.
-Son del Señor Nott-Astrid la miró preocupada-no has tocado nada, ¿verdad?
La pequeña negó efusivamente con la cabeza, lo que más le había interesado desde un principio era ese collar, y no había logrado alcanzarlo.
-Bien-un suspiro de alivio salió de los labios de Astrid-procura no darme estos sustos, no es bueno para el bebé.
Ella tan solo agachó la cabeza avergonzada. Había prometido portarse bien.
-¿Qué nombre te gustaría que tuviera el bebé?-le preguntó un día Astrid.
-¿No sabes que nombre ponerle a tu bebé?-inquirió divertida la pequeña.
-La espalda recta-la regañó al ver como la chica iba encorvándola poco a poco-y no, la verdad, no me decido.
-Theodore-dijo la pequeña.
-¿Theodore?-la cara de la mujer era una de concentración-me gusta-continuó, ya sonriendo.
-Significa, regalo de Dios-comentó la pequeña-escuché a un amigo de mi padre llamar a uno de sus aprendices así-dijo ella ahora con sus piernas balanceándose en el borde del sillón.
-Piernas quietas jovencita-la rectificó-¿Regalo de Dios?-inquirió mientras servía el té en un par de tazas de porcelana.
-Sí-afirmó ella con un pequeño y casi imperceptible movimiento de cabeza-no sabía que era eso de Dios, así que le pregunté a mi papá.
-¿Y que te contó?-preguntó interesada.
-Dijo que los muggles creen en un ser superior que los creó y que los cuida, y castiga cuando se portan mal.
-Interesante-afirmó ella-¿sabías que los magos también hemos venerado de esa manera, y aún lo hacemos algunos, a dioses?
-No-la niña inclinó su cabeza hacia un lado-yo pensé que ese nombre era bonito, y cuando me enteré de su significado, me gustó aún más.
-¿Te gustaría entonces que el pequeño se llamara asi?
-Claro-dijo ella contenta-es nuestro regalo.
El semblante de Astrid se puso blanco como el papel.
-Cassie, cariño-la instó-procura no hablar de nuestro pequeño secreto cuando esté el Señor Nott delante, ¿de acuerdo?
-Por supuesto-la chica saltó del sillón ante la mirada reprobatoria de su institutriz, y se acercó a ella. Puso sus manos en la barriga cada vez más grande de Astrid-¿qué me dices Theodore, vas a ser un niño, guapo y fuerte?-Cassi notó el movimiento del pequeño en la tripa de su madre-eso es un sí.
Astrid no pudo evitar derretirse de amor por el gesto de la pequeña.
Iba a ser una gran tía.
Aunque no pudiera decirle a nadie que lo era.
Cassie volvió a llamar a Astrid. Quería ir con ella. Astrid gritaba mucho, tanto que toda la mansión Nott se llenó del eco de esos gritos.
Se revolvió en los brazos de su padre, que estaba frente al señor Nott, con una poción en la mano.
-Sería conveniente darle esta poción-le explicaba a Nott-está sufriendo mucho dolor en el parto.
-No-se negó-no voy a arriesgarme a que el niño sufra algún daño.
Las lágrimas se hicieron presentes de nuevo en Cassie.
-¡Astrid!-gritó ella-papá bájame, ella nos necesita, la están haciendo daño.
Ese gesto enterneció al viejo Nott, que le dio un par de palmaditas condescendientes en la cabeza.
-Pequeña, no la están haciendo daño-explicó-el bebé está naciendo.
-Parece que la estuvieran matando-dijo ella en un susurro con ojos asustados.
-El proceso del parto es así, pequeña-dijo su padre-la mujer sufre durante un tiempo, hasta que el bebé logra salir.
Los ojos de la niña se abrieron de par en par.
-Creo que no pienso ser mamá nunca-y lo dijo con tanto énfasis, que logró que la tensión entre ambos adultos se diluyera, y se soltaran unas cuantas carcajadas.
Ella los miró muy ofendida.
Los gritos continuaron durante un buen rato. Cuando pararon, Cassie miró nerviosa hacia la habitación en la que sabía que estaba Astrid.
Y entonces, el llanto de un bebé, sonó fuerte. Y Cassie hinchó su pecho orgullosa.
El medimago salió con una gran sonrisa en su cara, y el bebé en sus brazos y se lo ofreció al padre.
-Enhorabuena-lo felicitó-es un niño, sano y fuerte. Su esposa está bien.
Cassie dio un pequeño tirón a la túnica del señor Nott.
-¿Puedo verlo, por favor?-sus ojitos brillaban y el hombre no pudo negarse al ver la carita ilusionada de la niña.
Un pequeño mechón de pelo oscuro asomaba de la cabecita del bebé, estaba algo rojo, seguramente por la congestión del llanto. Cassie alargó su mano y acarició la mejilla del pequeño.
-Yo cuidaré de ti, Theo.
El pequeño dejó de llorar al escuchar la voz de la niña.
No podía evitar estirar sus labios en una sonrisa.
-¡Cassie!-la regañó Astrid-debes tratar de mantener tu rostro sereno.
-Lo siento-se disculpó tratando de nuevo-¿así?
-Así, muy bien-pero poco le duró a la pequeña ese gesto de indiferncia-¡Cassie!
-Es que Theo está haciendo busbujitas con su saliva-se disculpó-¿quién es chico más bonito del mundo?-empezó a hacerle carantoñas, y el bebé a reír.
-Sois imposibles-trató de regañarlos.
En menos de dos segundos ella también estaba haciéndole carantoñas al pequeño.
-¿Te has escondido?-preguntó juguetona ella-¿Theo?, ¿dónde estará Theo?
La risa cantarina del pequeño de dos años salió de detrás de las cortinas de la habitación.
Cassie se acercó procurando no hacer ruido y cuando estuvo lo suficiente cerca, comenzó a palpar la tela gruesa, en busca de la figura escondida del pequeño.
Un gritito y la risa del niño. Cassie le cogió cuando el trató de escapar y le atacó con cosquillas.
-Eres un pequeño muy listo-le dijo dándole un beso sonoro en la mejilla y dejándole en el suelo-Vamos, tenemos que ir al saloncito de té, tu mamá nos está esperando, y se va a enfadar si llegamos tarde.
Todo comenzó a girar, las imágenes se desvanecían. Una neblina blanca envolviéndole y de repente estaba de nuevo en el suelo de su dormitorio.
Observó el pensadero durante unos segundos, antes de sacar de él esos recuerdos, y volver a meterlos en sus respectivos tubos.
Con un movimiento de varita ocultó todo dentro de una caja, que sólo podía abrir él.
Fue un detalle por parte de su tía el enviarle aquel regalo cuando cumplió los doce. Al parecer él no era el único que no quería olvidarse de su madre. Había otros recuerdos, pero por norma general, cada vez que tenía la oportunidad de verlos, comenzaba con los más antiguos, y pasaba por todos los demás si le daba tiempo.
Había aprendido de memoria todas y cada una de esas escenas, hasta el punto de que era capaz de darse cuenta cuando alguien se acercaba en el mundo real, si escuchaba unos pasos, o el sonido de una puerta abrirse, sabía si correspondían al recuerdo o no.
Celaba mucho esa intimidad. Esa parte de su pasado era algo que no quería compartir con cualquiera.
Miró a la entrada de la habitación, Malfoy estaba allí.
Parecía un inferí. Había notado como el chico había ido cambiando. Era triste, que se hubiera tenido que ver en una situación tan jodida para que reordenara sus prioridades.
-Buenas noches-saludó Theo.
-Buenas noches, Nott-saludó educado-¿qué tal tu ronda con Granger?-preguntó acido.
-Ha sido muy interesante-replicó impasible-es una caja de sorpresas.
-Esa chica estará muerta en cuanto salga de Hogwarts-comentó como quien comenta el clima-yo que tú no me encariñaría mucho con ella.
-Eso es asunto mío.
-¿Qué crees que pensaría tu padre si supiera que te juntas con esa chusma?
-Creo, Malfoy-ácido parecía salir de su boca-Que, si no recuerdo mal, nuestros padres están ambos en Azkaban, y ambos somos mayorcitos como para decidir con quién o no juntarnos.
-Yo estoy bien jodido-rió sin gracia, dejándose caer en su cama-no voy a lograrlo, y ya no sé si es porque no quiero lograrlo, no realmente.
-Deberíamos ser capaces de decidir nuestro propio camino-le miró con su típica indiferencia-en tu lugar, habría cogido a mi madre y habría salido huyendo con ella. Ahora estás atrapado en algo que escapa a tu comprensión, marcado como el ganado, y con la seguridad de que un solo paso en falso, supondría la muerte del único ser que te importa en la tierra, además de ti mismo, claro.
Malfoy cogió su propia almohada y se tapó con ella la cara, para dar un grito de frustración.
-¿Qué se supone que debo hacer?-los ojos del chico estaban rojos, y sus ojeras tan marcadas que parecían hundirse en las cuencas, el chico a penas dormía.
-Podría ayudarte-sugirió despreocupado Theo.
-¿A cambio de qué?-Draco sabía que todo ofrecimiento de ayuda en su mundo venía con un precio.
-A cambio de recibir yo tu ayuda en el momento en el que te lo pida-tuvo que aguantar una sonrisa de suficiencia-te pida lo que te pida.
La cara de Draco fue transformándose en una de resignación, hasta que finalmente encogió sus hombros.
-Está bien-aceptó el chico-siempre y cuando esa ayuda que me pidas no tenga que ver con la sangresu…
-No menciones esa palabra en mi presencia-la postura rígida del chico le hizo saber que hablaba en serio-no lo es, y aunque lo fuera, su inteligencia es tal que podríamos haber pasado su procedencia.
-Sí que te gusta la inteligencia-resopló Malfoy-recuerdo como perdías el culo por aquella chica mayor que nosotros que estaba siempre rondando tu casa, ¿era porque era inteligente?
-Por supuesto-dijo Nott-la mujer más inteligente que he conocido.
-Creo que eres el Nott más raro que ha dado tu familia en la historia del mundo mágico-soltó algo reticente aún.
-Es lo que hay-inclinó su cabeza y le miró con curiosidad-¿Vas a aceptar el trato?
-Sí-contestó Draco. Evaluándo los más y los menos de esta alianza, él salía ganando. Después de todo se estaba asegurando la supervivencia de su madre, y la suya. Por ende la de su apellido.
-Está bien-Nott se puso en pie y extendió su brazo derecho al frente. Draco hizo lo mismo, y se cogieron de sus antebrazos-Draco Malfoy, ¿aceptas mi ayuda y las consecuencias que puedan llegar con ella?-recitó mientras iba dirigiendo parte de su propia esencia mágica hacia su brazo-¿aceptas todas y cada una de las condiciones que se te impondrán con ello?-Draco notó como el ritual estaba comenzando a clamar de su propia magia.
-Sí, acepto-empujó parte de su magia hacia la de su amigo-yo, Draco Malfoy me alío a Theodore Nott, y quedó resguardado bajo esta alianza.
Un pequeño fulgor blanco nació de la unión de sus brazos, y desapareció tan rápido como vino.
Theo soltó a Draco, y con una gran sonrisa, se giró y dirigió de nuevo a su cama.
-Buenas noches, Malfoy-cerró las cortinas del dosel de su cama, mientras su sonrisa se ensanchaba más y más.
Era increíble, debería comunicarle a su tía, que tenían en su poder una alianza más que interesante con el futuro cabeza de familia de los Malfoy. Y era casi unidireccional. Él les debería mucho más de lo que él tendría que hacer por su compañero.
Hermione llegó a su Sala Común feliz, había pasado un par de horas en compañía de su hermano. Parecía que después de todo, iban a llevarse bien.
Como ya era costumbre, Harry, la esperaba en el sofá frente a la chimenea. Esta vez la cara interrogante del chico era diferente. Parecía mirarla de arriba abajo, talvez tratando de encontrar algún daño en ella. Negó suavemente mientras se dejaba caer al lado de su amigo.
-¿Todo bien?-le preguntó el chico.
-Sí, Theo es genial-comentó emocionada la chica.
-Ron apreció como si hubiera visto un fantasma-los ojos del muchacho se quedaron prendados de los de Hermione-¿sabes por qué?
-Tal vez, porque Theo le amenazó-su cara fue una mezcla entre la diversión y la preocupación-él se metió conmigo, y…
-¿Nott te ha defendido?
-Sí-la sonrisa con la que había llegado volvió a aparecer-pero no habría hecho falta, yo puedo defenderme sola.
-Pero te ha gustado que el lo hiciera-señaló Harry.
-Lo ha hecho, sí. Eso significa que él de verdad se preocupa de que nuestra relación pueda ir adelante-ella se encogió de hombros-tenía mis dudas-explicó.
Harry pareció desinflarse como un globo.
-Buenas noches Harry-se despidió la chica, mientras le daba un beso en la mejilla, y se ponía en pie para ir a su cuarto.
-Buenas noches Hermione-el chico había esperado poder volver a estar un rato con su amiga entre sus brazos. Algo decepcionado, él también se puso en pie y fue hacia las escaleras que daban al cuarto de los chicos.
Señorita Dagworth-Granger,
Le informo, que debido a su participación en un duelo en una calle del Londres muggle, deberá acudir al departamento de aurores a prestar declaración.
Hemos sido informados por su auror asignado, que está usted convaleciente, por lo que le rogaríamos que, a la mayor brevedad posible, se pusiera en contacto con nosotros, para informar cuando va a poder acudir.
Un Saludo,
Rufus Scrimgeour
Jefe del Departamento de Aurores.
Niall arrugó la carta entre sus manos. Esto era demasiado. La chica aún pasaba más tiempo inconsciente que despierta.
Volvió a mirar la carta que estaba hecha una bola y después miró a Cassie, que yacía inconsciente en la cama.
Iba a tener que acudir él mismo al maldito Ministerio de Magia Británico.
No sabía que tan buena idea sería dejar a Sirius a cargo de la salud de la chica, pero no podían arriesgarse a que, ante la falta de respuesta, vinieran a realizar una redada en la casa. El secreto que Cassie guardaba con tanto recelo, podría verse al descubierto.
Llegar al Ministerio fue fácil, lo difícil fue, sin duda alguna, tener que lidiar con un montón de trámites, a su parecer innecesarios y ciertamente vergonzosos. Entendía que, con una guerra en ciernes, lo lógico es tomar precauciones, pero no veía lógica ninguna en dejar tu propia varita en manos de unos vigilantes a la entrada. Vamos, que, si había alguna sublevación o alguien decidía hacer alguna masacre, estabas expuesto, total y absolutamente expuesto, porque, no tenías tu varita para poder defenderte.
Esas cosas no sucedían en Irlanda. Estaba claro que los ingleses no aprendían de sus errores.
Miró a su alrededor, había de todo por allí. ¿Ni si quiera se dignaban a separar a las visitas de los malhechores?
-¿Señor Doyle?-la voz de una mujer vestida con una túnica rosa fosforito y con motivos florales, le trajo de vuelta-El Señor Moody le recibirá ahora-hizo un gesto con la mano, indicando que la siguiera.
-Creí que dejé claro, que con quien quería hablar era con el Jefe del departamento de aurores-la miró de reojo, temiendo quedar ciego por mirar directamente el atuendo tan estrambótico de la mujer.
-Sabemos con quién quiere hablar, Señor Doyle-contestó altanera-pero nuestro Jefe está demasiado ocupado como para atender a extranjeros, que viene aquí a solicitar una entrevista-ella arrugó su nariz-estamos atendiendo problemas más serios-dicho esto se dio media vuelta y lo dejó frente a la puerta abierta de la que supuso, era la oficina de Moody.
Algo era algo, se dijo. Tal vez, él pudiera solucionar los problemas burocráticos.
Dio dos toques antes de entrar, sabía por experiencia que ese hombre estaba siempre, listo para atacar. No quería recibir ninguna maldición, maleficio, o conjuro, que ese hombre tuviera reservado para cualquiera que no tuviera el suficiente tacto a su alrededor.
-Pase, Señor Doyle-levantó su vista de los papeles en los que estaba trabajando- y cierre la puerta, por favor-cerró las carpetas que estaban sobre la mesa y los apartó, dejándolos lo suficiente lejos de Niall.
-Buenas tardes, Señor Moody-saludó mientras cerraba la puerta-supongo que se imaginará por qué he venido.
-Aunque no lo crea-dijo el brusco-no soy adivino, Señor Doyle.
-Llámeme Niall-suspiró e indicó con su mano la silla que estaba frente a el hombre-¿le importa que me siente?
-Adelante- Alastor siguió con sus ojos, los movimientos del joven frente a él-¿y bien?-inquirió impaciente.
-Hemos recibido una carta del mismo Jefe del Departamento de Aurores, en ella se le solicita a Cassie que acuda a esta oficina, supongo que para ser interrogada, por el duelo en el que se vio envuelta, para proteger, su propia vida y la de su hermano.
Alastor tan solo se le quedó mirando con cara indiferente. Aunque dadas las cicatrices que adornaban la cara del auror, no se podría decir si estaba o no haciendo algún gesto que pudiera pasar desapercibido para el ojo humano.
-¿Han recibido una carta, y ha venido hasta aquí por qué…?-la forma tan aspera y desdeñosa en la que hizo la pregunta, hizo que Niall se pusiera más recto que una escoba, y le mirara con odio.
-He venido a advertir, Señor Moody-su voz sonó cortante-si alguno de ustedes, trata, aunque solo sea, poner un solo pie en mi propiedad, yo mismo me encargaré de que deseen no haber nacido-una sonrisa fría y ensayada, le dio a su discurso, aquel tono que se lo podría haber dado un sociópata-verá-dijo jugando con su varita entre sus manos.
-¿Cómo a logrado quedar con su varita?-eñ tono alarmado del auror le hizo sonreír, esta vez una sonrisa de disfrute.
-Shhh-le calló-es de mala educación, estaba hablando-negó con su cabeza-mi propiedad, está en mi país de origen, donde pertenezco. La señorita Dagworth-Granger, es mi invitada, y mientras esté en ella, y siga convaleciente, nadie, y repito, absolutamente nadie, va a molestarla-con un golpe de varita arregló una de las estanterías que estaba hecha añicos en un rincón de la estancia, odiaba que la gente dejara las cosas así-¿y sabe por qué, Señor Moody?
El auror parecía temblar de la rabia.
-Usted dirá-masculló.
-Porque en mi país, si alguno de los suyos, osa poner un pie, en propiedad privada, sería considerado como una declaración de guerra-la frialdad de sus palabras eran suficiente como para helar la sangre de cualquiera-verá, soy un diplomático, en estos momentos, estoy a la cabeza del consejo que gobierna a los Clanes, ¿cree necesario entrar en otra guerra?
Dejó al hombre sentado y blanco como el papel.
-Y por cierto-dijo mientras abría la puerta de la oficina-dígale a su uerido amigo Dumbledore, que tampoco es bien recibido.
Salió de allí a grandes pasos y con una mezcla de ira y satisfacción.
Nadie iba a tocar a Cassie. Ella iba a permanecer bajo el cuidado de su casa, de su Clan, y hasta del Consejo Mayor de Irlanda, si era necesario.
-Hermione-la voz de Theo la hizo dar un respingo, pero el ver a quien le acompañaba, la hizo fruncir el ceño, y observar de reojo a Malfoy con recelo.
-Hola Theo-contestó la chica-Malfoy-saludó al otro muchacho.
-¿Te importa si nos sentamos aquí?-ella miró a su alrededor, comprobando que efectivamente no quedaba ningún otro lugar libre.
-Está bien-se resignó-pero procura no hacer ruido, estoy en una parte importante sobre mi investigación.
-¡Oh!-exclamó entusiasmado-¿ha habido avances?
Hermione le dio una mala cara, y resopló mientras le señalaba con el dedo índice.
-Ahora no-dijo mirando a Malfoy de reojo, que parecía absorto en la lectura de un libro sobre encantamientos
-Más tarde-dijo el chico entendiendo-de acuerdo.
Malfoy estaba como poco intrigado. Y hacía mucho, mucho tiempo que no se había permitido sacar la cabeza de aquel atolladero al que solía llamar su vida. Nott y Granger, parecían entenderse muy bien, y eso le hacía pensar que no solo pasaban los ratos que se les podía ver en la escuela, a los ojos de todos, juntos. Si no que también llevaban un tiempo viéndose a escondidas.
Lo peor.
Que nadie podría decir si era bueno o malo. Dos de los mayores cerebros que habían pisado jamás Hogwarts, estaban pasando tiempo juntos, llevando a cabo, por lo visto investigaciones
¿Qué se traían entre manos esos dos?
Siguió leyendo, o al menos fingir leer ese tomo sobre encantamientos.
Ya podría enterarse de algo. Al menos, que no saliera con vida de esta.
N.A.: Espero que os haya gustado. Lamento mucho la tardanza. La vida muggle me ha tenido muy, pero que muy ocupada.
Un besazo enorme,
