14 - Mimi
Durante los últimos meses no se había mirado en el espejo ni una sola vez. Ahora se mira en el espejo de su habitación, y su mente tiene dificultades para asociar el reflejo actual con aquel que permanece en sus recuerdos.
Sus piernas, por ejemplo, que nunca habían sido atléticas porque ella jamás practico deporte, pero que solían tener buena forma, ahora no son más que huesos forrados en piel marchita. Los huesos de sus caderas se notan muchísimo, al igual que sus clavículas. También se le notan las costillas, y es que su piel se ve y se siente tan pálida y tirante, como si fuese apenas una delgada capa de papel de arroz. Sus muñecas también están más huesudas, pero lo que realmente le impacta y le cuesta trabajo asimilar es el cambio en su cara. Sus mejillas rosadas han desaparecido y sus ojos se han hundido en su rostro. La piel de sus labios se ve marchita y descolorida, labios que antaño fueran rosados y llenos.
No se dice nada, ni se reclama nada al mirarse. Ella no es la misma, aunque en su mente, se empeñe en verse como la de antes.
Se pone una sudadera que le queda demasiado grande y un pantalón de chándal. Se sienta en la cama y se cubre las piernas con una manta. Fija su vista en la ventana mientras espera a que llegue Sora, quien la ha ido a visitar todos los días durante las últimas dos semanas. Su ventana está abierta y la luz del exterior inunda cada recodo. Abrir las cortinas fue doloroso al principio, pero al cabo de días, se acostumbró. Sabe que su madre está sumamente contenta. Y a una secreta parte de ella también le gustaría estarlo, pero no puede.
Todo es extraño. Le cuesta creer que está viviendo nuevamente; la mayor parte del tiempo cree que está durmiendo, por eso se ve tan calmada. Cuando cree estar despierta tiembla, llora, chilla y desea dejar de vivir otra vez. Hace dos noches tuvo un feo episodio de descontrol, donde lloró a lágrima viva por horas hasta desmayarse. Su madre reza para que no vuelva a suceder. Mimi sabe que es cuestión de tiempo para que vuelva a suceder.
Sora cree que ayuda con sus visitas. Mimi no lo sabe en realidad. Una parte de ella agradece su compañía; otra la aborrece. Ella no quiere avanzar, quiere seguir detenida. Si avanza un poco más, va darse de bruces con la realidad.
Es mejor seguir dentro del sueño.
N/A:
Todavía queda más de donde vino esto pequeñito.
Cariños,
Lyls
