Capítulo 14: Castillo de Risco Rojo
- ¡Auch! ¡Me has pisado una mano!
-Lo siento.
-Cuidado, ahí hay una araña.
-Esta maldita humedad está encrespándome el pelo.
Elissa se arrastraba junto con sus compañeros por el sucio y húmedo suelo del túnel que llevaba al castillo de Risco Rojo. Ya llevaban casi media hora avanzando a gatas y aquel pasadizo cada vez se volvía más y más estrecho.
La joven suspiró. Sentía latir su corazón desbocado por estar encerrada en aquel lugar tan angosto. Ya no caminaba de rodillas, casi se arrastraba. No veía la salida por ninguna parte, y sabía que no podían retroceder, pues el conducto era tan pequeño que no era posible dar media vuelta. El único haz de luz que les permitía ver era la esfera azul que había creado Morrigan, que titilaba sobre sus cabezas animadamente.
-Por el halito del Hacedor… - Suspiró Leliana, que gateaba detrás de Alistair – Es una suerte que Sten no haya venido con nosotros. A éstas alturas se habría quedado atrapado en algún punto del túnel.
Era cierto. Sten, como todos los demás, había intentado descender por la trampilla cuando se percató de que, a causa de su gran tamaño corporal, le era imposible atravesarlo.
"-Ve con ser Peth y sus hombres – Le había dicho Elissa – Cuándo lleguemos al castillo abriremos las puertas desde el interior y nos reencontraremos para la lucha. Llévate también a Roary, te hará compañía.
El qunari gruñó con desaprobación, pero no tenía muchas más opciones que elegir, así que dio media vuelta y salió del molino, acompañado por Roary, que gemía tristemente al verse obligado a alejarse de su dueña."
De repente, la luz que iluminaba el camino se apagó. Elissa se detuvo, sorprendida, lo que provocó que la cabeza de Alistair colisionara directamente con su trasero.
-Lo… Lo siento – Se disculpó el muchacho palpando en la oscuridad - ¡Tú! ¡Bruja del demonio! ¿Qué narices estás haciendo?
- ¡¿Crees que lo he hecho apropósito?! – Exclamó Morrigan, ofendida – Llevo media hora utilizando mi magia sin parar. ¡Necesito descansar!
-Está bien – Dijo Elissa hablando en voz alta para que sus compañeros pudieran oírla – Descansemos unos minutos.
-Estarás de broma ¿No? – La voz de Leliana tenía un deje de temor - No tendrás pensado parar aquí, ¿verdad?
- ¡Vale! Pues continuemos a oscuras. De todas formas, tan solo hay un camino posible, así que sigamos avanzando hasta llegar a la salida.
Todos reanudaron la marcha, esta vez más lentamente, puesto que se movían completamente a ciegas. Elissa comenzaba a sentir una opresión en el pecho, cada vez le costaba más respirar, y por los jadeos y suspiros de sus compañeros, supuso que no era la única.
¿Y si el bann Teagan les había engañado? ¿Y si desde el principio había llegado a un acuerdo con Loghain y su intención era deshacerse de ellos? ¿Y si aquél túnel no llegaba a ninguna parte? Sabía que no contaban con el suficiente oxigeno como para rehacer el camino de vuelta y estaba comenzando a marearse…
- ¡Elissa! – Alistair agarró el tobillo de la muchacha y comenzó a zarandearla - ¡Mira!
Elissa levantó la cabeza lentamente y la cegadora luz del sol atravesó sus párpados. Allí estaba, al fin, la salida.
La chica comenzó a gatear rápidamente seguida de sus compañeros, hasta que llegó al origen de aquel resplandor. Sobre sus cabezas se distinguía la forma de una cerradura por la cual penetraba la claridad del sol. Elissa, desesperada, se tumbó como pudo boca arriba y propinó una fuerte patada a lo que debía ser la trampilla de acceso al castillo. Ésta salió despedida por los aires, haciendo que la luz y el aire accedieran al pasadizo. La muchacha recibió aquella bocanada de aire fresco respirando profundamente y llenando de oxígeno sus pulmones. Con un ágil movimiento, trepó por el agujero y estiró sus entumecidas extremidades mientras extraía una cantimplora de su riñonera y bebía un largo sorbo de agua.
- ¡Por la gloria de Andraste! – Dijo Alistair quitándole la cantimplora de un manotazo y bebiendo de ella – Creía que de ésta no salíamos.
- ¿En qué parte del castillo estamos? – Preguntó Leliana.
-Creo que el bann Teagan dijo que el pasadizo llevaba a las mazmorras – Contestó Elissa – Así que estamos abajo. Hay que subir.
El grupo, tras descansar unos instantes para recuperar el aliento, reanudó la marcha. Avanzaron hacia la única salida posible, una gran puerta de roble y hierro que se encontraba al final de la estancia. Caminaban deprisa, pero en silencio, conscientes de que no debían alertar a nadie, puesto que, si alguien daba la voz de alarma, todo el castillo conocería su presencia, incluido el origen de todo aquello que estaba ocurriendo. La vida del bann y su familia corría peligro.
Había un sinfín de celdas con barrotes de hierro, pero todas vacías. Todas, exceptuando la última de ellas. Un hombre delgado, con el cabello largo y sucio y una barba desarreglada de varios días de afeitado, les observaba con curiosidad.
- ¡Gracias al Hacedor! – Exclamó – Temía por mi vida. Por favor ¡Sacadme de aquí!
- ¿Quién sois vos? – Preguntó Elissa con desconfianza.
-Mi nombre es Jowan. Soy un mago contratado por la arlesa para que educara a su hijo – Explicó el mago rápidamente – Hasta que me encerraron aquí abajo, claro.
- ¡¿Cómo?! – Alistair parecía tan sorprendido como horrorizado - ¿El hijo del arl Eamon, Connor, es un mago?
-En efecto.
- ¿Y por qué motivo os han encerrado en esta mazmorra, entonces? – Preguntó Elissa.
-Déjame que adivine – Morrigan observó al mago con curiosidad – Me apuesto mi bastón a que tiene algo que ven con la supuesta enfermedad del arl.
Jowan observó a la bruja con rabia contenida, pero segundos después bajó la cabeza, abatido.
-No me enorgullezco de ello – Susurró el hombre con voz queda – La arlesa no sabía mis intenciones. ¡Pero yo no soy el responsable de la aparición de esas criaturas! ¡Lo juro! Sí, envenené al arl Eamon, pero ya estaba prisionero cuando todo empezó.
- ¿Por qué envenenaste al arl? – Preguntó Alistair. Había un deje peligroso en su voz.
-El… él me dijo que era una amenaza para Ferelden – Explicó el mago – Que, si hacía lo que quería, arreglaría las cosas con el círculo. Veras… soy un Maleficar.
- ¿Un qué? – Preguntó Elissa, confusa.
-Un mago de sangre – Explicó Morrigan – Son aquellos que poseen un gran poder mediante el uso de la sangre para alimentar sus hechizos.
-Vaya… Un mago de sangre… Eso no es bueno – Susurró Leliana.
-He estado practicando las artes prohibidas y me sentenciaron a muerte por ello – Dijo Jowan – Pensé que él estaba ofreciéndome una oportunidad para… redimirme.
- ¿Él? ¿Bajo las ordenes de quien actuabas? – Preguntó Elissa, creyendo saber la respuesta.
-Teyrn Loghain.
Todos los presentes se miraron entre ellos. Aquel hombre estaba haciendo todo lo posible por llegar a lo más alto, y destruía todo lo que pudiese ser un peligro para su triunfo.
-¡Lo sabía! – Gritó de pronto Alistair - ¡Ese hijo de…!
-Tranquilízate, Alistair – Dijo Leliana, intentando calmarle.
- ¡¿Cómo quieres que me tranquilice?! – Chilló el muchacho - ¡Este asqueroso mago ha matado al arl y todo por culpa de…!
-No está muerto… - Susurró Jowan – El veneno que le suministré debía matarlo poco a poco, confundiéndolo con alguna enfermedad… De momento está inconsciente, pero si no nos apresuramos, acabará sucumbiendo.
- ¿No puedes ayudarnos, entonces? – Preguntó Leliana.
- ¡Deseo hacerlo! El Teyrn Loghain me ha abandonado, todo se ha venido abajo y yo soy el responsable. Por eso deseo arreglar las cosas. ¡Tengo que hacerlo!
-Puede que sea cierto lo que dice, quizás sirva de algo – Dijo Morrigan – Y si no, déjalo libre. ¿Para qué mantenerlo aquí encerrado?
- ¡Eh! ¡Eh! - Alistair parecía horrorizado por la idea - ¿Olvidas que es un mago de sangre? Sin mencionar que es quien ha intentado asesinar al arl Eamon.
- ¿Y por ese motivo debes matarlo? – Morrigan parecía seria por primera vez - ¿Por sus decisiones equivocadas? ¿Quién habla ahora, Alistair o el templario?
-Yo solo…
-Apoyo la decisión de Morrigan – Comentó Leliana – Desea redimirse. ¿Por qué no darle una oportunidad?
Alistair miró con odio al mago. Elissa se percató entonces de lo importante que debía ser el arl Eamon para él.
-De momento, propongo que os quedéis aquí, Jowan – Dijo la joven guarda, alejándose de los barrotes – No puedo asegurar que sigáis con vida si nos acompañáis. Es más seguro que os quedéis en la celda. Cuando llegue el momento, vendremos a buscaros.
-Gracias – El mago suspiró con alivio – Os juro que cumpliré mi palabra.
Elissa fue entonces hacia la puerta de roble, ignorando las quejas de Alistair. Pero entonces, la muchacha se quedó rígida, sin apenas respirar.
- ¿Elissa, que…? – Comenzó a preguntar Leliana.
- ¡Rápido! – La muchacha habló en un susurro casi inaudible - ¡Alguien viene! ¡Escondeos!
Leliana corrió hacia una celda cercana y se ocultó tras un montón de heno. Morrigan recitó unas frases y tras un "¡Pop!" apareció convertida en una arañita que se posó en la moldura superior de la puerta. Elissa asió la mano de Alistair y lo llevó tras una gran columna de piedra.
Instantes después de que todos se ocultaran en sus respectivos escondites, la puerta se abrió de par en par. Elissa oyó una respiración profunda y ligeras pisadas que avanzaban hacia el lugar en donde ellos se encontraban. Un olor nauseabundo y putrefacto comenzó a penetrar en sus fosas nasales. Estaba claro: Muertos vivientes.
- ¡AHORA!
Todos salieron de su escondite al unísono tras oír la orden de Elissa. Leliana cargó con su arco, ya preparado, apuntando entre los barrotes de su celda; no falló ni un tiro. Morrigan saltó de lo alto de la puerta y volvió a su forma normal, congelando a sus víctimas. Los dos cadáveres no tuvieron tiempo de reaccionar, pues sus atacantes habían acabado con ellos mucho antes de que pudieran desenvainar sus armas.
Desgraciadamente, el alboroto llamó la atención de otros monstruos, incluso mabaris, que corrieron al auxilio de sus compañeros. Fue entonces cuando Elissa y Alistair arremetieron contra ellos con sus escudos. En menos de dos minutos, ya no quedaba ningún enemigo al que matar.
Avanzaron a lo largo de las mazmorras, a través de la puerta principal hasta que encontraron unas escaleras que daban al primer piso. Allí accedieron a una sala circular con varias puertas.
- ¿Y ahora qué? – Pregunto Elissa, confusa.
-Por aquí – Alistair se adelantó.
El muchacho les guio por una de las puertas que daba a un largo y amplio pasillo. El silencio era total, lo único que podía oírse eran sus pisadas sobre el frío suelo de piedra. Alistair abrió una de las puertas laterales y accedió a una gran habitación que parecía ser una biblioteca. Avanzaron varios metros por la moqueta que cubría el suelo cuando, de repente, un humo negro les envolvió.
- ¡¿Qué ocurre?! – Chilló Leliana.
Cuatro seres que flotaban en el aire aparecieron de la nada. Tenían un aspecto sombrío y parecían llevar una especie de armadura. No tenían piernas, tan solo unos largos brazos terminados en garras. Su cuello era largo y se estrechaba hasta que en el extremo se formaba la cabeza.
- ¡Sombras! – Gritó Morrigan – ¡Son demonios de bajo rango!
Elissa observó el rostro de aquella criatura. Jamás en toda su vida había visto un demonio y en aquel mismo instante, tenía uno justo delante de ella, observándola. No atacaban, tan solo miraban a los muchachos fijamente…
- ¡Te he dicho que tengas cuidado! – Morrigan le había agarrado del hombro – Los demonios no atacan de manera normal. Absorben la vida de su víctima desde dentro.
Aquel demonio pareció reaccionar a las palabras de la bruja y emitió un rugido estridente al que se le sumaron sus compañeros. Alistair asió su espada y atravesó el cuerpo de uno de ellos, que desapareció con un fogonazo y dejando tras de sí una bola de humo negro. Los demás imitaron al muchacho y rápidamente acabaron con todos.
-No han sido muy difíciles de matar – Dijo Alistair mientras avanzaban por otro pasillo.
-Ya os he dicho que eran de rango bajo – Explicó Morrigan – Pero eso solo significa que hay un demonio mayor que está controlándolos. Hay que ir con mucho cuidado.
A lo largo del camino, combatieron con más demonios y algún que otro grupo de cadáveres malolientes. Aquel castillo era inmenso, y era muy difícil orientarse con la infinidad de puertas y habitaciones que habían. Alistair recordaba vagamente el camino hacia los jardines, pero hacía más de diez años que no se adentraba en aquellos muros, y muchas cosas habían sido cambiadas desde su infancia.
-Esperad – Dijo de pronto Elissa – Estoy oyendo algo.
Todos quedaron en silencio. Desde la lejanía podía percibirse gemidos de horror y sollozos. Elissa siguió aquella voz hasta llegar a una puerta situada al extremo de un largo pasillo.
Tras ella se encontraba una joven sirvienta del castillo, que, horrorizada por la matanza que se había llevado a cabo, se había ocultado en un pequeño almacén.
-Me… me llamo Valena. Trabajo como doncella de la arlesa – Explicó la muchacha – Tan solo quiero salir de aquí…
- ¿Valena? – Elissa la miró con curiosidad - ¿No serás por casualidad hija del herrero?
- ¿Conocéis a mi padre? Deseo volver a la ciudad, ¿Hay algún modo de salir de aquí?
Tras indicarle la forma de salir y asegurando que todos los monstruos y demonios habían sido derrotados, la muchacha hizo una gran reverencia y corrió en dirección a las mazmorras.
El grupo siguió avanzando por aquel pasillo hasta que llegaron a una gran sala con poca iluminación y estanterías repletas de alimentos y enseres dedicados a la cocina.
- ¡El almacén! – Dijo de pronto Alistair – Si mi memoria no me falla, tras aquella puerta debería hallarse las escaleras para acceder a los jardines superiores.
-Vayamos pues. No quiero imaginarme lo enfadado que estará Sten por haberle hecho esperar tanto rato.
Los muchachos subieron las escaleras y llegaron a los jardines. Des de la lejanía pudieron observar a un gran grupo de cadáveres deambulando sin rumbo, eran un gran número de arqueros y guerreros armados.
- ¡Demonios! ¿Porque siempre tienen que ir en manada?
-Mirad – Susurró Elissa – Aquella palanca debería accionar la puerta principal del castillo. Si consigo llegar hasta ella y dejo entrar a los caballeros del bann Teagan junto con Sten y Roary, no tendremos ningún problema en derrotarlos.
- ¿Eres consciente en que debes atravesar un patio repleto de muertos para llegar hasta la palanca? – Preguntó Morrigan.
-Si tienes alguna idea mejor, soy toda oídos.
Morrigan negó con la cabeza.
-Bien – Elissa prosiguió – Correré todo lo rápido que pueda para atravesar el jardín. Vosotros debéis protegerme, sobretodo de los arqueros. En cuanto abra la puerta principal, podremos sumirnos a la batalla.
Sus compañeros asintieron, no muy convencidos de utilizar a la chica como cebo. Elissa asió entonces su escudo, pero no desenvainó su espada, debía correr lo más rápido posible hasta el otro extremo del patio. Y así lo hizo. La muchacha emprendió la carrera ocultando su rostro tras el escudo, de manera que no podía ver quiénes eran sus enemigos o a que distancia se encontraban. Tan solo oía el repicar de las flechas contra su armadura.
Ya estaba muy cerca de la puerta, podía ver a Roary ladrar con nerviosismo y la arrugada frente de Sten…
¡PUM!
Un gran golpe hizo que la chica saltara por los aires y cayera despedida varios metros. Quedó tumbada boca arriba sobre la maleza, inmóvil y sin poder respirar. Todo parecía ocurrir a cámara lenta, Alistair corría hacia ella mientras Leliana y Morrigan mataban a los cadáveres que intentaban atacarlos. Un enorme ser cubierto por una tosca armadura que no tocaba el suelo se acercaba hacia ella, podía oír los ladridos de Roary y los gritos de Sten, era la primera vez que le oía gritar así…
Alistair atacó a aquella criatura con su espada, pero éste era mucho más fuerte que los enemigos contra los que habían luchado hasta el momento, y evitó fácilmente el ataque con su escudo.
- ¡Alistair! – Gritó Morrigan - ¡Es un regresado! ¡Un demonio! ¡Protege a Elissa!
El muchacho intentó realizar inútilmente varios ataques contra el regresado, pero éste los esquivaba sin apenas moverse. Elissa recobraba la conciencia poco a poco, pero el cuerpo le dolía a horrores. Observó la batalla de Alistair con el demonio y se percató entonces de que la palanca que abría la puerta principal estaba a pocos metros de ellos.
- ¡Alistair! – Dijo la joven – ¡Acciona la palanca!
El joven guarda gris vaciló unos instantes, tiempo suficiente para que Morrigan conjurara un hechizo que congeló unos segundos al regresado. Alistair observó a Elissa con preocupación, pero pasó de largo hasta llegar a la palanca.
La verja del castillo ascendió lentamente, y tras ella, un centenar de hombres del bann Teagan, junto con Sten y Roary atacaron a los muertos vivientes y al regresado.
Elissa sintió como alguien le elevaba de suelo y abrió los ojos. Sten la sujetaba fuertemente contra su pecho y caminaba a paso ligero, seguido por Alistair y Roary.
-Tranquila, kadan – Dijo el qunari.
El hombre posó a la muchacha en el suelo, junto a Leliana y Morrigan, que seguían atacando a los cadáveres que intentaban acercarse a ellos.
- ¿Estás bien? – Preguntó Leliana.
-Sí, tan solo un poco desorientada.
Elissa se sentó en el suelo, aun mareada, y observó como sus compañeros luchaban arduamente contra el regresado. Al estar cubierto completamente por una armadura que parecía ser impenetrable, los ataques de sus oponentes no surgían ningún efecto.
- ¿Es que ese bicho no tiene ningún punto débil? – Preguntó Morrigan quemándolo por enésima vez.
"Punto débil…" Pensó Elissa. "¡Eso es! ¡La armadura tiene un punto débil!"
La muchacha se puso de pie, tambaleándose levemente y corrió hacia la batalla ignorando las llamadas de sus compañeras. Pasó junto a Alistair y Sten, que la observaron con sorpresa y se situó frente al regresado. La muchacha levantó su espada y la clavó justo en la obertura del yelmo del demonio. Éste profirió un chillido de horror y se desvaneció en un instante.
Todos los guerreros del bann comenzaron a saltar de alegría, pues no había habido ninguna baja entre sus hombres. Elissa fue hacia sus compañeros, que la esperaban con una sonrisa en el rostro.
- ¿Cómo supiste su punto débil? – Preguntó Leliana con interés.
-Intuición femenina – Dijo Elissa acariciando a Roary que se apoyaba a dos patas en su pecho – Vayamos al interior, espero que aún no sea demasiado tarde.
El grupo, junto a los guardias del bann y ser Peth, accedió al castillo por la puerta principal y tras atravesar el gran vestíbulo, llegaron a lo que debía de ser la sala del trono.
Allí, saltando y bailando de forma cómica, encontraron a bann Teagan, junto con la arlesa Isolda, y su sobrino Connor, que aplaudía con entusiasmo las cabriolas de su tío.
Al verles acercarse, con un gesto de su mano detuvo el entretenimiento de Teagan e hizo que este se sentara a sus pies, como un perrito faldero.
-Vaya, vaya. Mira a quien tenemos aquí – Connor habló, pero no fue con una voz dulce e infantil propia de un niño, si no con un tono hosco y profundo - ¿Estos son los visitantes que mencionaste, madre?
-S… sí, Connor – La voz de Isolda temblaba.
- ¿Y ésta es la que ha derrotado a mis súbditos y ha reconquistado mi ciudad? – Isolda asntió con lágrimas en los ojos - ¡Me está mirando! ¿Qué es, madre? No puedo verla bien.
-Es… es una mujer, Connor. Como yo.
- ¡Mentirosa! – el grito de Connor resonó por toda la sala - ¡Mírala! Es mucho más hermosa y joven que tú. Me sorprende que no ordenases su ejecución en un ataque de celos.
-Guarda gris, por favor – Isolda lloraba sin poder contenerse – No hagas daño a mi hijo… No es consciente de sus actos.
-Así que él es el responsable de todo lo que está sucediendo – Dijo Elissa observando al pequeño Connor.
-El niño se ha convertido en una abominación y ha desgarrado el Velo – Explicó Morrigan.
- ¡No! Fue ese mago. Envenenó a Eamon. Connor solo quería ayudar a su padre.
-E hizo un trato con un demonio para ello… - Morrigan suspiró – Niño estúpido.
- ¡UN TRATO! ¡UN TRATO! ¡JAJAJAJAJ! – Teagan comenzó a gritar de forma escandalosa.
- ¡Silencio tío! – Dijo Connor con voz amenazante – Ya te advertí lo que pasaría si seguías gritando ¿Verdad?
-El que debe callarse eres tú, demonio – Elissa dio un paso al frente – Deja en paz al niño y vete de una vez por todas.
- ¡No he terminado de jugar! – Gritó Connor - ¡Nadie podrá detenerme! ¡Ya me has arruinado suficiente diversión salvando a esa estúpida ciudad y ahora vas a pagármelas!
Connor salió corriendo sin decir nada más y desapareció. Todos los soldados que había en la habitación, incluido el bann Teagan, se levantaron y desenvainaron sus armas.
- ¡No! – Dijo Elissa horrorizada viendo como sus oponentes se les echaban encima – ¡No podemos luchar contra ellos! No son responsables de sus actos.
-No es necesario matarlos – Dijo Leliana – Derribémoslos hasta que recuperen el conocimiento.
Elissa se cubrió con su escudo de uno de los golpes de los soldados hipnotizados y se dio cuenta entonces, de que sus movimientos eran limitados y torpes. La muchacha envainó la espada y con la empuñadura de ésta, le propinó un golpe seco en el estómago al guardia, que se desplomó en el suelo inconsciente, pero ileso. Alistair imitó a la joven y derribó a otros dos hombres. Sten, sin necesidad de utilizar un arma, se deshizo de los que quedaban, incluido el bann Teagan, que cayó al suelo con un golpe sordo. Isolda corrió hacia su cuñado y apoyó la cabeza del hombre en su regazo.
- ¡Teagan! – Exclamó la mujer al ver que éste recuperaba poco a poco el conocimiento - ¡¿Estás bien?!
-Estoy… Estoy mejor. Creo. – El hombre se levantó con la ayuda de la arlesa – Mi mente vuelve a ser mía.
- ¡Andraste Bendita! Jamás me hubiera perdonado que te hubieran matado después de haberte traído aquí… Que estúpida soy.
-Sabias que Connor era el responsable de todo esto desde el principio – Alistair habló con tono acusador.
-Yo… sí. No os dije nada porque estaba segura de que habría algún modo de ayudarlo.
- ¡Ha muerto gente por su culpa! – Alistair estaba realmente enfadado – Podrías haber pedido ayuda al círculo o…
- ¡Lo sé! – Isolda comenzó a llorar desconsoladamente - ¡Pero tenía miedo de que se lo llevaran! ¡Es mi pequeño!
-Está claro que el niño es una abominación – Dijo Morrigan – Y solo hay una forma de detenerlo.
- ¡NO!
-Tranquilícese – Dijo Elissa – Encontraremos una manera de salvarle. ¿Dónde está ahora?
-Creo que en sus aposentos – Dijo Teagan observando la puerta por la que había huido Connor – En el piso de arriba.
-Elissa – Alistair dio un paso al frente - Yo jamás apoyaría el hecho de asesinar a un niño, y menos el hijo de Eamon. Pero se ha convertido en una abominación. No creo que haya alternativa.
- ¡No podemos matar a un niño! – Leliana se irguió – Por muy demonio que sea sigue siendo un niño.
-Connor es mi sobrino, pero esta poseído por un demonio – Teagan abrazó a Isolda – Matarlo sería un acto de misericordia.
-Me niego – Elissa comenzó a temblar – No voy a matarlo. Hablemos con Jowan. Quizás él nos pueda dar una alternativa.
Teagan ordenó a dos de sus hombres que fueran a buscar al mago. Minutos después, ambos aparecieron con el hombre atado, que mostraba una expresión de miedo en su rostro.
-Jowan… - Isolda observaba al hombre con odio – Da las gracias de seguir vivo después de los que has hecho. Ahora dime la solución para salvar a mi hijo.
-Señora Isolda… - Jowan parecía desolado – La única manera de salvar a Connor seria destruir al demonio que lleva en su interior. Matar al niño sería la forma más rápida y sencilla… Pero no la única.
Todos los presentes se tensaron.
-Un mago podría enfrentarse al demonio en el Velo, sin la necesidad de hacer daño al niño.
- ¿Qué quieres decir? – Teagan parecía sorprendido - El demonio está dentro de Connor, ¿No?
-No físicamente. Lo abordó en el Velo, en sus sueños. Y lo controla desde ahí. Podríamos utilizar la conexión que los une para destruir al monstruo – Jowan comenzó a pasearse por la sala – Puedo conferirle el poder de hacerlo a otro mago. Normalmente se necesitaría lirio y la ayuda de varios magos, pero… Yo poseo magia de sangre.
- ¿Qué queréis decir con eso? – Elissa quedó rígida.
-Puedo extraer el poder necesario para el ritual de la energía de una persona, pero, por desgracia, requiere mucha energía.
- ¿Me estáis diciendo que para salvar al niño debo matar a otra persona? – Elissa negó con la cabeza – No puedo permitirlo.
- ¡¿Entonces debo dejar morir a mi hijo?!
-Yo no he dicho eso – Elissa imitó la actitud del mago y comenzó a caminar en círculos – Jowan, antes habéis dicho que se necesitaría lirio y el poder de varios magos para hacer el ritual. Si no me equivoco, la torre de los magos está a un día de aquí…
-No está mal pensado – Dijo Alistair – A fin de cuentas, uno de los tratados afecta a los magos.
- Pero ¿qué pasará aquí? – Dijo Isolda – Connor no estará inactivo eternamente.
-Yo me quedaré para vigilarlo – Dijo Jowan.
-Morrigan, quédate tú también – Propuso Elissa – Dos magos harán más que uno.
- ¿De verdad? – La joven resopló con desgana.
- ¿Prefieres venir con nosotros al Círculo? Quizás haya una plaza libre para ti.
Morrigan hizo una mueca.
-Yo me quedaré con ella – Dijo Leliana.
-Perfecto. Entonces pongámonos en marcha.
Elissa dio media vuelta, seguida por Alistair, Roary y Sten. Desde los jardines, la muchacha pudo vislumbrar en una de las ventanas de los pisos superiores la cara de Connor, que a su vez les observaba con odio contenido. Debía salvar la vida de aquel niño, no podía permitir que se derramara más sangre inocente…
-Vayamos al círculo de los magos.
