Advertencia: Probablemente el capítulo más vulgar de todos. Está más centrado en el hardcorismo spamanoso que en el gerita en sí. Más insultos que nunca. Lovino en toda su gloria. El título significa "El llamado de la naturaleza". Nada más que decir al respecto.
14 Natur ruft
Dejé caer el llanto y grité: 'Dulce juventud
dime ¿Por qué, triste y suspirando, erráis
en esta dulce esfera? Os ruego hablarme con la verdad.
¿Cuál es vuestro nombre? Uno me dijo: 'Mi nombre es amor',
Entonces, directo el otro se volvió a mí
y gritó, 'Miente, porque su nombre es Vergüenza
pero yo soy, Amor y mi anhelo era
estar solo en este bello jardín hasta que él vino
Indeseado por la noche, yo soy el Amor verdadero, lleno
los corazones de muchachos y muchachas con mutuas flamas'
entonces, suspirando dijo el otro
'Yo soy el amor que no se atreve a decir su nombre'
(Two Loves -Lord Alfred Douglas)(1)
Ahora era Antonio quien estaba dando pena en la cama dando un concierto de quejidos. La diferencia es que él vivía solo en una pensión y cuando Lovino le había llamado para preguntarle "¿Por qué carajos faltaste a la ayudantía?" él le había dicho que estaba enfermo, pero que no se preocupara, que Toris o Alfred vendrían a cuidarle. Había bastado eso para que el italiano se materializara en su cuarto a atenderle. Porque Lovino era muchas cosas, entre ellas, una persona totalmente susceptible a los ataques de culpabilidad. Después de todo el bastardo estaba enfermo por su culpa, por haberlo cuidado y por… ¡Maldición!
Mientras tanto estaba en la cocina haciendo la crema de tomates que le había enseñado el mismo Antonio. "¿Cuándo me vas a permitir alejarme de él, Dios mío?" pensaba irritado. Porque era una ironía haber ido a la iglesia a pedir un poco de paz mental y que justamente eso los haya empujado a ambos al ciclo interminable de la pulmonía.
Aún así, Antonio tenía una facilidad de lucir guapo incluso con ojeras, palidez y escalofríos. Estaba con su pijama rojo de 'Flash', abrazando un peluche de "the Hulk" y mirando compulsivamente un dvd con una de las mil temporadas de 'Star Treck'. Lovino le apagó la tele al poner la bandeja sobre la cama.
-La idea de estar acá echado es descansar, imbécil, no ponerte a ver tele como los tontos y darte dolor de cabeza.
Antonio puso esa cara de cachorro atropellado y Lovino decidió ignorarle mientras le pasaba la bandeja con la sopa, le había traído además jugo de frutas, los medicamentos y unos churros con chocolate. Este Lovino era una monada. Pensaba el español contento mientras le acomodaban los cojines.
-Estoy tan feliz de estar enfermo– declaró de pronto el moreno con una sonrisa radiante y soleada en el rostro.
-Serás imbécil… mira que decir eso– pero su cuerpo es hipócrita y en el fondo esboza una sonrisa traicionera, que él no quería, porque su cuerpo miente y le hace demostrar cosas que él no piensa. Antonio se traga la sopa mientras el italiano luce realmente molesto consigo mismo, las mejillas rojas mientras maldice en italiano casi sin descanso.
En medio de su batalla interna, Antonio deja la bandeja en su mesita de noche y se acerca para rodearle en un abrazo, aspirando el perfume del italiano. Es como romero, un olor amargo y delicioso. Comienza a besarle el cuello y casi podría jurar que el chico se está engrifando como un gato. Lo apartan de un manotón y hecho un atado de nervios le dice:
-Aparta… no quiero que me contagies, sino no saldremos nunca de este círculo vicioso…-
-¿Eso significa que cuando me mejore puedo besarte?– tentó su suerte Antonio con su mirada verde esperanzada. Así enfermo, medio sudado, más vulnerable que nunca, y Lovino se siente morir, porque ¡No es de fierro! ¡Joder! "¡Dios!, ¿Por qué te empeñas en hacerme esto?". Lovino lo observa unos minutos sin saber que responder, pero entonces se siente ridículo ¡El quiere esto! Que se vaya todo a la mierda.
-Cuando te mejores podemos hacer lo que quieras– finalizó sosteniéndole la mirada al español sintiendo que su cuerpo nuevamente lo traiciona mostrando signos de turbación en todos los puntos visibles.
Y al ver esa sonrisa radiante como un sol en la cara de Antonio, Lovino supo que había usado las palabras correctas.
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Cuando por la mañana Gilbert Bielschmidt despierta en una cama que no es las suya abrazado a Belle comienza a alarmarse. "!Mierda, si me juré ser un caballero esta vez!". Se tranquilizó al descubrir que estaba vestido con la misma ropa de anoche y que ella usaba su pijama largo. "Qué alivio…" comienza a recordar.
Luego que estudiaran hasta tarde leyendo los manuales de la psicología de los colores. Se habían interrogado varias veces en que él había exigido ser premiado con un beso por cada respuesta correcta. Y sí, pilluelo de aquí al más allá. Entonces se habían hecho las una de la mañana, se dieron un beso de despedida tan acalorado que habían terminado sobre el sillón pasándole las manos por todos lados, entonces él – asombroso como siempre – se apartó jadeando.
-No, no, Belle… así no, quiero tomarme las cosas con calma por una vez– se sintió marica. Seguro era culpa de Lovino y el español por andar mariconeando en la casa. Pero ella lejos de enfadarse le había sonreído muy contenta antes de abrazarle.
-Cómo tú digas, cariño– y eso había valido totalmente la pena. El albino se volvió a acomodar la chaqueta para irse y ella lo abrazó por la espalda.
-Quédate conmigo– había murmurado. Él abrió sus ojos rojizos desmesuradamente antes de ser dirigido a la cama de ella, con su colcha azul cielo, los cojines floreados y todo eso. Nunca se había recostado en una cama tan limpia, tan clara y tan femenina. Normalmente a las otras las llevaba a su cuchitril que cada vez tenía más pinta de motel de mala muerte. Nota mental: Tenía que adecentar su cuarto y su casa si quería invitar a su chica allí.
No solo la limpieza era distinta, esta vez no se estaban desnudando nada más llegar al cuarto, ella fue al cuarto del baño a ponerse el pijama y él sólo se deshizo de la chaqueta y los zapatos. Dormir con Jeans chupines no le causaba gracia, pero ella le había ofrecido un pantalón de algodón de su hermano mayor y no gracias, que asco.
Otra diferencia era haber dormido abrazado a alguien, haberla besado suave y cariñosamente antes de sucumbir al sueño. En la mañana no había tenido que salir corriendo como un delincuente, ni había despertado en la cama vacía sino que ella le besó deseándole buenos días y se levantó a hacer el desayuno.
Para finalizar con las novedades llegó a su casa y vio que Lovino no estaba, pero a cambio había una nota que decía "El bastardo enfermó, voy a cuidarle un rato y me vengo a la noche". Pero por supuesto que no había llegado. Seguro se habían quedado mariconeando de lo lindo toda la noche.
¿Qué estaba pasando con ellos? ¿Es que los días de gloria vandálica se habían ido? Al parecer si, y no era algo tan terrible.
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No había mucho ánimo de hacer nada, pero no había remedio. Ludwig tenía uno de los manuales de "Mecánica de sólidos" abierto y releía miles de veces el mismo párrafo sin sacar mucho en limpio. Estaba abatido. Feliciano estaba la mayor parte del tiempo en la casa de Selena y la última semana sólo había sabido de él porque Randhy lo mantenía al día, asegurándole que se estaba portando bastante bien "No sale con nadie… solamente se la pasa lloriqueando, ¡Hombre, es desesperante! ¡Por favor, arréglense de una jodida vez!"
¿Es que eran tan evidentes? ¿Es que acaso de verdad sus amigos lo suponían sin necesidad de decir nada? ¿Por cuantos años habían sido así de evidentes ante la gente? ¿Lovino y Gilbert también lo veían venir? ¿Sus padres? ¡Qué dilema! ¿Es que Feliciano no podía entender lo problemático que iba a ser para sus familias enterarse que ellos eran mucho más que amigos? Se supone que habían sido criados como hermanos, no que habían sido criados para terminar sodomizándose entre ellos. Casi podía imaginar la cara de decepción de su padre al saber que justamente él que era "la esperanza de la familia" andaba muerto tras su afeminado mejor amigo.
Cuando llega a la casa de Vash a juntarse con el grupo de estudio es cuando finalmente toca fondo. Una cosa es mortificarse en silencio. Otra muy distinta ponerse en evidencia de forma tan estúpida frente a quienes no tendría que meterse en su vida privada.
Lily se levanta de la mesa y anuncia:
-Bueno, me imagino que puedo ver una peli sin que les moleste el ruido-
-Esos musicales te van a podrir el cerebro– le advirtió Vash, severo como siempre, pero su hermanita sólo le dio un beso en la mejilla para calmarlo, y dio resultado.
Ludwig no puede evitar sonreír sombríamente recordando a Feliciano.
-¿Cuál vas a ver?–preguntó solo por mortificarse.
-"Victor Victoria"- respondió ella extrañada -¿La conoces?-
-Barbra Streisand de nuevo– suspiró Vash exasperado por los gusto de su hermana –y por supuesto que no lo conoce, sólo pregunta por ser amable-
-De hecho la protagonista es Julie Andrews, no Barbra– respondió Ludwig sacando de onda a todos los presentes. Lily no puede evitar sonreír contenta.
-¿Esa no es la de cabaret?– preguntó Feliks con un tono malicioso que el germano no alcanzó a detectar.
-No, esa es Liza Minelli– aclaró Lud sin darse cuenta de la trampa que le estaba poniendo el polaco rey del homosexualismo.
-¡Hombre! ¿Cómo sabes esas cosas?– preguntó Vash ya sin poder disimular su sorpresa.
-Sólo un gay puede saber de eso– continuó Feliks con ése tonito afeminado mirándole como si le atravesara los tuétanos.
-De hecho lo sé porque mi mejor amigo es gay y el estudia artes dramáticas- responde justificándose.
-Ya… el mejor amigo– comienza Feliks susurrando "Típico".
-¿Es actor de musicales?– preguntó la chica
-Sí… es muy talentoso de hecho– admitió Ludwig con un tono orgulloso, como quien presume de algo. Vash y Feliks se miraron entre ellos como si supieran, entonces el polaco disparó: ¿Es Feliciano? El chico que vive contigo-
-Sí-
-Lo vi en la mañana buscándote en la facultad– agregó como quitándole importancia.
-¡¿En serio?– Ludwig se alteró visiblemente poniéndose de pie y elevando la voz -¿Y por qué no me dijiste? ¡Maldición! ¡Qué tengo que hablar con él!-
-¡Lo quieres!– le acusó Feliks con suspicacia –y no sólo eso, están peleados… apuesto que estas metido en un lío sentimental con él-
-No lo molestes– le dijo Vash, pero luego al ver el rostro de su compañero, como si le hubieran pillando robando un banco, tiene que agregar -Si así fuera Lud, nadie te va a juzgar, de verdad-
-Vamos… ¿lo quieres?– siguió presionando el polaco
Ludwid deja caer pesadamente su cabeza en el respaldo en el sillón y lo admite.
-Sí… maldición sí, soy un imbécil…-
-Lud hemos sido compañeros de estudio casi tres años y nunca me has contado ningún asunto personal…- comenzó Vash -Nunca te hemos visto relajándote, divirtiéndote o haciendo algo normal de nuestra edad… ¿No quieres hablar de esto?-
Ludwig a estas alturas sabe que no tiene escapatoria. Se agarra la cabeza con las dos manos y bota una larga exhalación de agotamiento y resignación, para luego pedir: -Tráiganme una cerveza… varias… necesito valor-
Lily corre a la nevera por el six-pack de su hermano y le pasa una lata abierta. Nerviosa, no puede creer que vaya a escuchar un drama romántico adulto y homosexual de primera fuente. Julie Andrews puede esperar.
Y entonces Ludwig comienza hablar de todo lo que ha pasado, de cómo conoció y creció con Feliciano, de sus años de negación, de su maltrato e indiferencia en el colegio, de cómo le dolía verlo con otros chicos sin darse cuenta de que eran celos. De cómo se le comía el estómago de rabia cuando Feliciano llegaba con gente a la casa, de cómo habían acabado juntos y de lo rápido que había acabado por culpa de su cobardía, y al contarlo sentía como que un trozo de plomo le era quitado de los hombros, porque al relatar sus culpas de alguna manera se sentía libre de poder continuar con su vida y, tal vez, poder admitir su verdad frente a más gente.
Porque tarde o temprano todos tendrían que oírlo.
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Las clases de gestión eran sus favoritas. Básicamente le enseñaban a mandar, organizar y esas cosas que a él le gustaban y se le daban tan de puta madre. Una vez terminada su clase se dirigió a la biblioteca de ingeniería, y no, no era porque quería ver a alguien, era sólo porque los mejores manuales de cálculo estaban allá y él seguía teniendo problemas al respecto, independientemente de que sus notas hubieran subido dramáticamente luego de las tutorías.
Al pasearse por las salas de estudio - insiste, no porque estuviera buscando a alguien – Lovino pudo ver en uno de los cubículos a Toris, Alfred y Antonio discutiendo acaloradamente sobre unas formulas escritas en el pizarrón. Antonio lleva el pelo revuelto y un semblante aterradoramente serio, nunca lo ha visto así, se ve inteligente, interesante "atractivo" le susurró una voz en su conciencia que quiso disipar. Se habría golpeado de ser necesario.
Iba a salir del recinto, maldiciéndose cuando el español lo divisó desde dentro y salió a detenerlo.
-¡Hola Lovi! ¡Te vi desde el cubículo! ¿Me estabas buscando, verdad? ¿Me esperas? Terminamos en media hora y nos vamos a cenar ¿te parece?– Lovino no sabía que decir. Lo mejor hubiera sido algo como "No te vine a buscar a ti bastardo, la puta madre…" Pero eso hubiera sonado la mar de infantil.
Solamente asintió, y se fue a sentar a una de las mesas de lectura silenciosa. Hojeó sus fotocopias de gestión, subrayando y tomando notas de cuando en cuando. Se sentía un imbécil. Tenía totalmente claro cómo gobernaría su empresa cuando fuera gerente de algo, las decisiones que tomaría, los planes de mercado y de gestión del personal, pero no tenía ni puta idea de qué hacer con su propia vida personal.
Una voz familiar lo interrumpió.
-Te ves tan guapo cuando estas concentrado– comentó Antonio con una sonrisa radiante, de esas marca Fernández Carriedo.
-Cállate bastardo, vamos a comer- bufó el italiano molesto lanzando los papeles y libretas dentro de su bolso.
Antonio anda de un humor especialmente bueno. Debe ser porque es la primera vez que se ven desde que se ha recuperado. Básicamente hoy está esperando que Lovino se lance a sus brazos a besarlo o algo así y la verdad el italiano no tiene ganas de nada, o de eso quiere convencerse.
-¿Quieres algo en especial? ¿Pasta? ¿Pizza? ¿Paella? ¿Sushi? Pide lo que quieras, que yo me pongo con todo– decía feliz el español mientras casi revoloteaba a su lado.
-Me importa una mierda qué tipo de comida sea mientras sea rápido, estoy que me como fritas mis propias bolas-
El españolete tenía una paciencia de santo o era imbécil, porque puso un gesto de horror y luego exclamó.
-Bueno, entonces a correr, antes que quedes capado– y comenzó la maratón hasta un restaurant de Comida Tailandesa que estaba dos cuadras más allá. Lovino nunca ha sentido una debilidad por esos salteados de verdura y carnes llenas de aliños. De seguro es carne de rata del Central Park, o perros callejeros. Un asco. Igual come sin chistar mientras putea por los jodidos palillos, y se pregunta "Por qué estos chinos no pueden comer como la gente" a lo que el español debe responder condescendiente "Son tailandeses, Lovino…"
Como sea, el licor de arroz se le subió a la cabeza y a Antonio también porque está más bobo de lo normal. Hablando de súper héroes, de súper Mario Bros y riéndose de cada pesadez que le lanzan. Caminan medio confundidos hasta tomar un taxi. Si hubiera estado más consciente tal vez hubiera reclamado al imbécil con: "Me puedo ir solo a mi jodida casa" "Lánzate al alcantarillado" o algo así. En cambio había aceptado sin chistar que fueran a su hogar. Hasta ahí todo bien.
Había bastado llegar al ascensor para que todo hubiera estallado. Antonio se apoyó contra la pared y cerró los ojos un momento, vaya a saber uno para qué, si le preguntan a Lovino, lo había hecho para provocarle, porque TODO siempre lo hacía para provocarlo y por eso, para castigarlo, fue que lo agarró de la cabeza nuevamente para morderle los labios, para que le doliera, no porque se moría de ganas de hacerlo. Antonio, como siempre, un jodido enfermo, le había agarrado por la cintura y lo había empujado contra la otra pared del elevador. Podrían jurar que éste se meneó un poco, o tal vez eran ellos los que estaban tan idos que se imaginaban que el piso se les movía.
Todo era culpa de los jodidos chinos y el maldito licor de arroz que le hizo mandar su cordura a la mierda. Estaba besando al bastardo en el ascensor de su edificio, y no sólo eso, le estaba comiendo la puta boca en un lugar público y no le podría importar menos. Podrían estar en la mismísima loma del orto y le daría lo mismo.
Antonio abrió la boca para jadear porque era demasiado, Lovino a veces era demasiado. La mayor parte del tiempo, intentó contenerlo un momento.
-Espera a que lleguemos a casa…-
-¡Tú no me vas a hacer esperar a mí! Disgraziato...- Antonio se considera a sí mismo un hombre intenso, pero jura que a veces Lovino le da un poco de miedo. Lo trata de tal manera que parece que lo odiara. Cuando la puerta del ascensor se abre, Antonio debe volver a empujarlo, porque Lovino lo estaba tirando al suelo mientras se restregaba contra él con insistencia diciéndole todo tipo de atrocidades en italiano "Baciami, figlio di puttana… guardami quando parlo".(2)
Entran apenas, a Lovino le tiemblan las manos cuando intenta meter la llave en la cerradura mientras con la otra mano no para de sobar al español, no vaya a ser cosa que si lo suelta salga corriendo. Entra a trompicones, sin prender la luz comienzan a dirigirse a la habitación. Lovino le arranca la chaqueta y la camisa a zarpazos dejándola tirada en la sala. Antonio espera sinceramente que Gilbert no esté en casa porque si no, menuda vergüenza se va a llevar al otro día.
La cama cruje cuando ambos prácticamente se azotan contra ella y ruedan luchando por la dominancia. A Lovino le gusta mandar, le gusta acojonar a la gente, gritarle a Feliciano y que este se cague de miedo, que Gilbert lo evite en sus días malos y que sus compañeros le hagan el vacío por su cara de culo, pero la sensación de tener a alguien dominándole también es bastante atractiva. Finalmente abre las piernas para aprisionar con ellas al español que jadea en sorpresa, pensó sinceramente que le darían más guerra.
-Fóllame… pero hazlo bien, que si no me corro te juro que terminas castrado– Siseó en su oído el italiano con la voz ronca. Y sí, por supuesto que habría guerra, era Lovino después de todo. Como queriéndole decir "Tus deseos son ordenes" Antonio se incorpora a quitarle los pantalones y tocarlo como nunca nadie lo ha tocado.
Lovino una vez había escuchado decir al maricón de su hermano que los ñoños eran talentosos en la cama porque veían mucho porno y leían un montón sobre todo antes de hacer las cosas. Tal vez era cierto, sino no se explicaba cómo se le ocurría hacer las cochinadas que estaban haciéndole ahora. Y él que había pensado que el beso negro sonaba como una asquerosidad.
No puede evitarlo, no sabe si todas las malditas noches van a ser cómo ésta, pero si van a ser así entonces no le queda más remedio que ir con un banderín al próximo carnaval del orgullo y soltarle a su papá algo como "¿Y qué crees?, resulta que tus dos hijos son maricas". Como si importara. Mientras Antonio lo posee sin piedad no es capaz de controlar ni sus gritos, ni los insultos, ni los rasguños y mordiscos que está dejando en el cuello del español.
Porque lo va a marcar todas las noches si es necesario, hasta que quede fijado a hierro y sangre que es propiedad de Lovino Vargas.
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Ludwig se demora menos de lo que tarda una persona normal en cruzar la ciudad para llegar a West Village. Casi volando en su Jeep después de que Félix le asegurara que tenía que ir y decirle a Feliciano todo lo que pensaba, contarle sus miedos, que ésa era la única manera en que podría arreglar el entuerto.
Le alivia saber que es miércoles, así que probablemente Feliciano esta acostado temprano porque tiene ensayo al otro día en la mañana. No llega a sentirse culpable por despertarlo. Se sienta a su lado en la cama donde él duerme despreocupadamente ¿Habrá llorado por él de verdad? En qué clase de miserable se ha vuelto si está haciendo a su mejor amigo, a la persona más importante, llorar?
Comienza a toparle el brazo y el contratenor despierta mirándole como si fuera un bicharraco.
-¿Se te perdió algo?- pregunta irritado. Y está bien, se lo merecía, pero eso no significa que no doliera. Su cara comenzó a contraerse como si estuviera estreñido y miró a cualquier lado porque sabía lo que se venía, ese picor en el rostro que sentía a veces cuando estaba solo y que terminaba derramándosele en la cara.
Feliciano queda de una pieza al ver la cara de Ludwig ¿Está llorando? ¿Será posible? ¿Está llorando por él?
-Oh, por favor… perdóname, lo siento tanto… - la voz se le quiebra y atrapa en una brazo al frágil actor que parece en shock. No ve venir los labios del germano hacia los suyos, tiene el aliento pasado a cerveza y entonces entiende a qué viene tanto descontrol emocional.
-Por favor, tengo miedo aún… imagina que dirán nuestros padres, qué dirá mi padre, que dirán nuestros hermanos… pero no me importa, si te voy a perder por eso entonces prefiero perderlos a ellos-
Feliciano suspira cansado mientras levanta los brazos para rodearlo. Tiene mucha rabia aún, sabe que lo que debería hacer no es abrazarlo y consolarle como está haciendo ahora sino ponerse sus botas Gucci sólo para echarlo a patadas de su cama. En vez de eso solamente le dice con el tono más suave que puede: -Lo arreglaremos-
Le hace un lugar en la cama y le canta hasta que se queda dormido.
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Cuando en la residencia de los hermanos mayores del clan Vargas-Bielshmidt, Lovino logró abrir los ojos, se encontró con los brillantes ojos de Antonio mirándole, como si no se lo pudiera creer. "Por Dios que cursi es…" pensó irritado, pero en vez de golpearlo se deja besar con torpeza y suavidad, es casi como si tuvieran flojera para hacerlo, la caricia es tan suave que de a poco los nervios comienza a encendérsele y si sigue así, se le va a poner dura y a la mierda las clases.
Parece que Antonio lo adivinó porque su estómago rugió sonoramente matando toda la atmósfera.
-Serás bestia…- comenta molesto Lovino mientras el español lo mira con cara de pena.
-Al final nunca supe si te gustó lo de anoche o si me vas a castrar– le suelta Antonio como que no quiere la cosa mientras se pone los calzoncillos. Lovino le lanza una miradita que es puro fuego y espadas, mientras se pone sus apretados bóxers negros. El hispano no puede volver a replicar de puro atontado.
-Hala, Lovinito… qué bueno estás… si te quedas así no voy a poder concentrarme en comer-
-Pues te acostumbras, en mi casa me gusta andar en bolas– replica saliendo hacia la sala a preparar el desayuno. Antonio iba detrás abrazándole por la espalda, muy mimoso mientras le decía guarangadas al oído, pero no alcanzan a llegar muy lejos cuando escuchan a Gilbert decir molesto: -No sean guarros y vístanse que no están solos-
Belle está sentada en la mesa del comedor colorada con la vista fija en los cereales. Salen corriendo a vestirse entre las exclamaciones de Antonio de "¡Qué vergüenza!, te dije que no estábamos solos" y Lovino puteando "Me importa una mierda… ya está hecho". Cuando finalmente salen a buscar comida Gilbert no les quita la vista de encima como si quisiera acuchillarlos. Antonio se hace el tonto calentando las tostadas, pero a Lovino nunca se le ha dado bien eso, miró fijamente a su amigo apenas puso los cafés sobre la mesa y cabreado escupió:
-Vamos, Gilbo, dime lo que me quieras decir de una puta vez y todos felices– hasta se le había olvidado que Belle seguía allí y que no debía maldecir delante de una dama.
- ¡Mierda! yo venía con mi chica a pasar una nochecita romántica y ustedes llegan a casa como dos lobos en ritual de apareamiento ¡Qué fuerte! Es lo más mata pasiones que he escuchado en mi puta vida-
Ambos morenos se pusieron colorados, Antonio enterrando su cara en la mesa y Lovino mirando a la rubia con un gesto sumamente arrepentido.
Belle ríe traviesamente y comenta: -No se preocupen chicos, de hecho fue bastante sexy- Y acto seguido le guiña el ojo a Antonio que le sonrió de vuelta y comienza a conversar animadamente de cualquier tema.
-Entonces… ¿Saben de qué va "Like a virgin"?-
Y mientras el español con la chica se dedican a inventar teorías sobre el amor fulminante y verdadero que te hace reevaluar toda tu vida y experiencias, Gilbert y Lovino se fulminan con las miradas mientras murmuran furiosamente sobre que tienen que ponerse de acuerdo sobre cuando quién ocupa el piso para divertirse.
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(1) Alfred Douglas, o Bossie fue el amante de Oscar Wilde, un muchachito de la nobleza, caprichoso y manipulador que se aprovechó de Oscar malsanamente. Luego se condenó a Oscar por sodomía, porque ser homosexual era un crimen penado con cárcel, más aún porque había "deshonrado" aun chiquillo de la nobleza (e irónicamente fue él quien sedujo a Oscar… en fin). Este poema fue empleado como prueba del romance prohibido ya que habla de dos amores: el amor entre chicos y chicas y el amor que no puede pronunciar su nombre… adivinen cuál. La traducción es mía.
(2) "Bésame, hijo de puta… mírame cuando te hablo"
Nota: perdón, perdón supremo por las puteadas de Lovino. Es él, no soy yo, lo juro el muy bastardo se me sale de madre y luego no lo puedo pillar. Este es el penúltimo. No va a haber segunda temporada porque siento que no viene al caso, después de todo ya se han complicado bastante (mira que esperaron 12 capítulos para juntarse, y lo mismo el spamano que no nacía nunca… así que nada)
Bella: si mi italiano es chanta es porque es de Babylon jajaja , curioso, porque estudie en un colegio de monjas italianas y me obligaron aprenderme el himno, nos enseñaron a bailar tarantela además y a veces hablaban algo pero nunca lo capté del todo. Y nada, gracias por los insultos de todos modos. Voy a seguir sufriendo con las frases en italiano para la media vuelta.
