Disclaimer: El universo de Harry Potter ha sido creado por J.K. Rowling y tomado por mi de manera NO lucrativa.
Advertencia: Omisión parcial de HP6 y total de HP7, personajes fuera de canon.
Una vea dicho eso, sólo me queda pedirles una disculpa.
La última lágrima que estaba dispuesta a derramar resbalo por su mejilla y choco contra su piel desnuda. La situación no se resolvería jamás si utilizaba su tiempo hundiéndose en la miseria que le embargaba, llorando por algo inevitable.
Entro en el dormitorio con todo el sigilo que le era posible, se acerco a su cama y se hizo de ropa seca del baúl, deteniéndose sorpresivamente al toparse con aquellos textos que hacia cosa de nada habían cobrado total sentido.
Mientras sus compañeras de habitación yacían plácidamente dormidas en sus respectivas camas con las cortinas corridas, Hermione analizo, con toda la concentración de la que fue capaz, la situación en la que sin deberlo ni temerlo, estaba metida. Lo primero que le vino a la mente era el no levantar sospechas y quedarse ahí, en medio de un dormitorio con chicas a las que no les caía del todo bien, no sería la mejor manera de hacerlo.
Dejo su uniforme húmedo a los pies de la cama con la predicción de que algún elfo domestico pasaría por él en un par de horas, se cuestiono sobre dejar la toalla de Draco ahí y si era posible que se la hicieran llegar a sus manos, pero concluyó en que lo más responsable era dársela personalmente.
A pesar de estar totalmente consciente de que estaba mal, sentía unas ganas casi irreprimibles de ir con Harry y confesarle la cruda realidad, esperando que su sola presencia pudiera serle de consuelo y así lograr obtener un poco de fuerza de voluntad para aventurarse en sus tenebrosos pensamientos y así encontrar la mejor solución a este dilema.
Pero no… no podría someterlo a una carga como esa aún, no era capaz de provocar esos sentimientos en él, pues estaba casi segura de que al contarle sus probables hallazgos, si le confesara que estaba amando a su más mortal enemiga y que sus sentimientos eran causa de dicho acontecimiento… No, sencillamente era imposible.
Decirle todo eso significaba que estaba obligado a elegir entre su felicidad o la libertad del mundo al que pertenecía, quizá hasta sobre su propia vida.
En ese momento aún tenía la esperanza de estar equivocada, lo deseaba con vehemencia, jamás había querido estar más errada en toda su vida. Quizá había sufrido una contusión o alguna especie de trauma y eso era lo que la ponía tan paranoica; tal vez el tener tan presente el tema de los horrocruxes estaba engañando a su mente, haciéndole creer absurdamente todo esto. Era totalmente incoherente pensar en la existencia de una persona que al mismo tiempo fuera un artilugio tan maldito, era imposible albergar un fragmento de alma ajeno, ¿lo es?, pensó.
El vano intento de tranquilizarse fue atajado por su instinto lógico, pues tan pronto intento refutarle automáticamente se expuso uno a uno todos los argumentos que le llevaron a la teoría actual. Se odio si misma por ser dueña de una implacable e incorregible lógica fría.
Terminando por aceptar que sus ideas no eran del todo descabelladas, pues si enumeraba los hechos, un octavo horrocrux se volvía tan real que, los deseos de estar errada le invadieron nuevamente.
Una vez aceptándose en una situación tan fatídica, resolvió por empezar leyendo sus adquisiciones y así darse una oportunidad para asimilar aunque fuere un poco las nuevas circunstancias, sin embargo, a pesar de tomarlo con mayor calma, eso no mitigaba en lo más mínimo su dolor.
Salió del dormitorio de la misma manera en la que había entrado, dispuesta a enfrentarse de buena vez a lo que le viniera a futuro pero se topó con un joven desesperanzado en medio de la sala común, mirando sin ver los vestigios de fuego restantes en la chimenea.
Harry era, en muchos sentidos, lo mejor que le había pasado en la vida, en el tiempo que se necesito fue su amigo casi un hermano, pero de alguna manera jamás estuvo conforme con eso. Dentro de su corazón, se ocultaban sentimientos y anhelos que no se atrevería a dejarlos tocar luz si no veía aunque fuese la más pequeña señal de correspondencia de parte de él, pero no los hubo hasta el día en que el muchacho se estrello directamente con ello, para permitirle así, disfrutar de un amor del que no habían sido completamente conscientes.
Sin pensarlo ni un segundo, Hermione sabía que en él había encontrado su alma gemela, el hombre perfecto y sobre todo el lleno de un vacio que del que no sabía su existencia hasta que Harry se lo hizo notar con el primer Te amo de sus labios. Recordar todo aquello, más que doloroso era angustiante, pues de alguna forma sabía moriría por él en el instante que fuera necesario, inclusive si era por seguirlo. No obstante, jamás lo pensó de esta manera, no de la forma en que fuese él quien portara el augurio de perdida.
Otra lágrima brotó de sus ojos, algo que no podía evitar por el inmenso dolor que atormentaba a su corazón, ¿Cómo sería capaz de dejarle así al hombre que amaba?
- ¿Quién está ahí?- pregunto Harry saliendo de su ensimismamiento, Hermione oculto los libros tras su espalda pero intentando no dejarse ver por él.
Harry se talló los ojos, cansado por tanto pensar en algo que podía volverse obsesionante, se levanto con destino a su dormitorio, no sin antes detenerse frente a la puerta que daba a la habitación de las chicas y soltar un suspiro.
De nuevo vino la pregunta a su mente y pensó, por primera vez en el día con actitud optimista, lucharía por él, por su vida.
Leyó tanto como pudo durante la noche, consulto sus libros, los de Hogwarts, hizo varias paradas en la sección prohibida pero al final de la noche, cuando más necesitaba un poco de ánimo, se encontró abruptamente contra una pared del mismo laberinto, donde la respuesta era la misma: No hay evidencia de horrocruxes humanos, posesión mortal, sacrificio.
Ahora veía porque el trato diferente de todos los Slytherin, sobre todo de Snape y Malfoy, veía el transfundo de su aparente amabilidad, también lograba entender la manera en que había logrado escapar de sus manos, lo veía con tal claridad que se llenaba de coraje tan sólo de pensar su estúpida ingenuidad.
No había mayor solución que dar su último aliento por la posibilidad de deshacerse de Voldemort, esto bajo la condición de que Harry no se viera envuelto en la decisión y, por ende, quedara exento de cualquier culpa.
Tomó un pedazo de pergamino y escribió con prisa, no sabía cuánto tiempo le tomaría a Voldemort darse cuenta de lo mucho que sabía en ese momento, la pluma se movía con tal furia que casi traspasaba el frágil papel, expuso uno a uno los argumentos y su conclusión, manchando el contenido con lágrimas que se estrellaban sobre la tinta. Y tan pronto termino, le selló en forma de carta y escribió el nombre más adecuado para saber sobre la condición, también dejo la indicación a su yo futuro de entregársela de manera personal a Dumbledore sin alterar lo escrito. Lo guardo en la pasta de uno de sus libros y se echo a llorar, a pesar de jurar que no lo volvería a hacer, era lo único que le quedaba por hacer tras idear un plan que le llevaba a su propio fin.
A día siguiente, tras una noche de tormentosos descubrimientos, decidió vivir sus últimos suspiros lo más alejada de Harry y fue misión sencilla pues estaba enclaustrada en su cama fingiendo estar enferma, pero con la firme e incomprensible negativa de ir de nuevo a la enfermería, temía salir a las garras de Malfoy o Snape y olvidar nuevamente todo lo que sabía en ese momento. Y aunque no lo dijese ni en el pensamiento más valiente, sentía que al salir y ver a Harry de nuevo tan sumido en una tristeza tan precoz por su culpa, sería su fin, no podría alzarse en una idea tan descabellada.
De pronto y ante la aparente oscuridad que brindaban las cortinas corridas en su cama, fue capaz de enfocar una lechuza de plumaje negro en el alfeizar de la ventana, tan brillante que parecía ser lubricado con aceite. El ave entro con elegancia tan sólo para posar un fragmento de pergamino entre las sabanas de su cama y salió envuelta en una súbita y limpia explosión.
El papel sólo rezaba en letra limpia pero sumamente apretada: Mazmorras, media noche.
Quien fuera el autor de esa nota, sabía claramente lo que estaba sucediendo con ella, sobre todo estaba al tanto de su conocimiento actual sobre su desaparición en vacaciones. Quizá era una trampa para atraerle y borrarle de nueva cuenta la memoria.
Como sea, no estaba dispuesta a seguir encerrada consumiéndose en la miseria que se estaba imponiendo, así no avanzaría, sólo estancaría sus planes y parecería una cobarde, tan poco capaz de enfrentarse a lo que Harry se había enfrentado desde su primer año de vida.
Decidió ir al único lugar donde lo que sabía tendría el uso adecuado y donde, para variar, podrían darle aunque fuera más opciones a las circunstancias. Recorrió los pasillos en destino a la oficina del anciano director, con la carta en mano y sin la más mínima intención de detenerse antes un horrible futuro que a pesar de no querer verlo así, era bastante cercano.
Como lo previo, Dumbledore estaba ausente pero eso no representaba un inconveniente, en realidad así lo esperaba pues no sentía tanto valor como para observar aquellas orbes celestes bajo la acusación de enemistad involuntaria. Tan sólo abandono la nota bajo la puerta, sabiendo que la única persona que podría verle sería el anciano director cuando retornara del lugar donde estuviera.
Cuando regresaba a la Sala común, para aprovechar las horas de descanso y terminar algunos deberes que le faltaban para el profesor Flitwick, se encontró con una habitación abarrotada de jóvenes que contrariamente a los tiempos que estaban viviendo, estaban sumidos en un animado bullicio sobre el partido de Quidditch el sábado.
Cuando intento zafarse de las emociones que llenaban la atmosfera de la sala común, Ginny se interpuso en su camino, con cara seria que denotaba cierto disgusto.
- Me parecía que estabas enferma- comento en tono seco, casi con un dejo de sarcasmo en la voz- He ido a buscarte.
- Tenía que hacer un par de cosas- contesto Hermione como quien no quiere la cosa, tenía que toparse exclusivamente con la única persona que le encantaba interrogarle sobre aquello.
- Vaya- su amiga alzo las cejas en señal de falso asombro- ¿Cosas? Me pregunto con quién, quizá con ¿Malfoy?- Hermione se sorprendió de aquella interrogativa.
- No sé de qué estás hablando- se defendió Hermione, queriendo deshacerse ya de la absurda conversación.
- Y yo no tengo idea de que estás haciendo- Hermione le paso al lado pero no sin antes escuchar algo que le atravesó el corazón- Si ibas a joder así a Harry, debiste dejárselo a una persona que en verdad lo valorara.
De ninguna forma podía ampararse ante esas palabras, su actitud ante su pareja había sido todo menos lo que se esperaba de ella, tampoco podía decir nada sobre la conducta de la que era su mejor amiga, estaba muy equivocada en cuanto a valorar a Harry. Pero tampoco se jactaría del sacrificio que cometería por él.
Sin embargo, algo que las palabras de la pelirroja dejaron en la mente de Hermione, era la pronta y necesaria acción para demostrare a Harry que, aunque sus acciones no lo mostrasen, le amaba más de lo que un par de palabras o cualquier caricia le podrían decir. Necesitaba susurrarle incontables veces la razón por la que se enamoro de él, los motivos por lo que su corazón ya no palpitaría si no era en sincronía del suyo, dejarle ver el brillo en sus ojos bajo el que vivía desde el primer te amo.
Sin contar el hubiera, sin pensar en el será, sólo vivir en el ahora. Todo eso y más quería pasar al lado de ese muchacho de ojos verdes, llenar con las respiraciones contadas el álbum de fotografías, sellar con un apasionado beso el contrato de su supervivencia.
Y, con todos esos anhelos, sólo estaba el deseo de hacerlo pero no el valor de realizarlo.
Tan pronto termino de pensar en lo maravillosa que debió haber sido su vida junto al hombre que amaba, se inclino sobre su baúl y busco un frasco de vidrio donde vertió la verdad y la más pura confesión de la que sería capaz.
La regreso y oculto en lo profundo de sus pertenencias, escondiendo lo que sabía desde tiempos remotos, dejando de alguna manera atrás sus recuerdos más tenebrosos en ese instante…
Ya estaba lo suficientemente preocupado como para ignorar la norma del dormitorio de las chicas, estaba dispuesto a atravesar la barrera y ver si ella estaba bien, le importaba poco los problemas que eso le provocaba, si no sabía nada de Hermione se volvería loco.
Llevaba demasiado tiempo actuando raro, comprendía su dolor en cierto grado pero ya no tanto como para seguir dejándole expresarlo a su manera, le obligaría a sacarlo de otra manera, no le importaría ser pañuelo de sus lágrimas. Lo único que deseaba en ese momento era volverla a ver siendo ella, y no sólo recurrir a sus memorias para ver si aún tenía sentido la sonrisa de la que tanto se acordaba. Deseaba ser partícipe de su rubor después de un te quiero, ver la inocente expresión dibujarse en su rostro y la irradiación de sus castaños ojos.
Lo peor es que ya no sabía si esperaba demasiado.
Era por eso que se enfrentaría a lo que fuera necesario para observar el más bello de sus recuerdos, llenarse de coraje para llegar hasta su ubicación y gritarle que, a pesar de querer saber sobre aquel suceso, soñaba más con volver a mirarle sonreír.
No podía creer que hacía no menos de 24 horas había tallado sus iniciales en el árbol, que a tan escasas horas, la huella de una genuina felicidad hubiera sido reducido a nada, a la incertidumbre de no lograr que la persona que amaba volviera a ser normal.
Como si el destino no quisiera que se metiera en problemas, Hermione le estaba esperando a un lado de la Señora Gorda, con el gesto inescrutable pero el mismo semblante enfermo. Tan pronto la vio su corazón dio un vuelvo agresivo, tonta, pensó pues era mejor un castigo pero tenerle en cama que no arriesgarse y que lo que tuviera se le complicara.
Tras un par de pasos, la cicatriz empezó a molestarle ligeramente, hizo voluntad y lo ignoro, era muy usual en esos días así que no sería motivo para dejar huir a Hermione de nuevo.
- ¿Podemos hablar?- le pidió ella.
Harry asintió, se veía seria, y aunque lo sintió absurdo, aquel tono le daba miedo. Caminaron de manera opuesta a la Sala común, pues no era el lugar más adecuado pero sí el más seguro tras el toque de queda que estaban por incumplir.
Llegaron a un lugar muy familiar donde les esperaba una puerta aparentemente normal y donde sin duda alguna encontrarían lo que estaban buscando; tras cruzar el umbral se encontraron con una pequeña habitación acogedora con una chimenea encendida y un mullido sofá en medio, perfecto para una pareja que lo que más necesitaba era hablar.
- Hermione, yo…- quiso iniciar el chico pero su novia lo silencio con un dedo sobre sus labios.
- Lo siento- le dijo en tono claro y calmado pero al mismo tiempo con un pesar tan explicito que le puso la piel de gallina a Harry- Sé que he estado un poco distante, irritable y apagada, no es que me quiera justificar, pero hay algo que quiero que tengas presente, sin importar mi comportamiento, mis palabras o cualquier otra cosa que no sea este momento, debes saber que te amo y aunque suene repetitivo, es lo único que importa.
- Yo también te…- lo interrumpió de nuevo con el dedo.
- Déjalo estar, no me robes el protagónico esta vez- sonrió y recargo su cabeza en el hombro del muchacho, mirando el fuego.
No quería escucharlo de sus labios, no quería ese te amo de él porque sabía que le traería sufrimiento antes de lo necesario, en verdad quería dejarlo estar, sólo existir, así, él uno junto al otro, escuchando sus latidos y compartiendo los suspiros.
- Por lo menos déjame pedir una disculpa por presionarte tanto- deshizo el frágil silencio- En verdad necesito que vuelvas a confiar en mí.
- Si lo haces es porque tienes una misión- le dolió el corazón pronunciar la última palabra- pero hay veces en que no hay respuesta a tantas preguntas.
- Podríamos intentarlo- insistió Harry- Podrías deshacerte de la carga de tener en tu mente alguna pista.
Hermione lo miro con los ojos a roce por las lágrimas que se estaban juntando en ello, enjugo su cara con discreción, no tenía la fuerza necesaria para soportar esto.
- Debo hacer guardia en el castillo- cerró de tajo la conversación levantándose y saliendo del lugar con prisa, huyendo de otra vez del hombre que amaba.
Sabía a dónde debía ir, de una manera intranquila lo estaba esperando desde que había abandonado la Torre de Gryffindor y ahora más que nunca, tras un repetido abandono, necesitaba desvanecer los pensamientos que le ahogaban.
Se adentro al lugar que más miedo le daba, estaría más expuesta a los dos lacayos de Voldemort ahora aunque el temor era un poco irónico pues buscaba exactamente lo que ellos le proporcionarían sin el menor problema. Camino por las estrechas escaleras hasta que dejo de importarle el tiempo, la nota no era muy informativa, tan sólo decía mazmorras y las únicas que estaban abiertas al alumnado, las había pasado ya.
Siguió el camino, tan sólo alumbrado por una que otra antorcha en la pared procurando una tenue luz, el ambiente ya de por si sombrío, se agravó cuando llegó al punto en que la luz se fue de la nada, dejándole como única opción la luz de su varita. Y como aditivo a su miedo, uno de los fantasmas de Hogwarts paso por ahí justo cuando recitaba el hechizo.
- Demonios- musito a falta de aliento.
- La chica en lo profundo no debe estar- escucho tras de sí y para su sorpresa era el mismo fantasma que le había propinado un susto de muerte unos segundos atrás- me pregunto si por algo ha venido aquí a buscar- continuo el espectro hablando para sí misma.
- ¿Sabe que voy a encontrar?- inquirió sin voz.
- Si, si- contesto un poco molesta- lo tengo aquí, aquí donde mis visitas son escasas pero él ha venido…
- ¿Quién?
- Aquel, si aquel, pobrecillo, en el intento de ganar tan poco perdió lo que amaba, ha sido él- la mujer parecía no percatarse del todo de la compañía, flotaba encorvada a lo que le parecía ser otro pasillo ajeno a las escaleras en las que estuvo antes- lo ha dejado ahí… es de la chica, la chica que no debe estar aquí pero lo que busca lo puede encontrar por ahí- señalo un viejo bulto tirado en lo que parecía un calabozo.
Hermione lo observo con recelo, tenía la forma de un libro, uno viejo y desgastado por la forma en que estaba empolvado. Miro más la pequeña habitación, tan sólo había eso, una silla rota y un afiche de algún torneo de Gobstones de hacía unos 5o años. Dejo de admirar el lugar y se acerco al libro, que según la mujer, era exactamente lo que tenía que encontrar.
Nunca imagino que al tocarlo, sucedería lo que paso tras el contacto con el objeto, el espíritu aparentemente chiflado, cambio el timbre de voz, de un tono confundido a un tono siniestro mientras recitaba:
"Dos vidas recaen en un último suspiro, una de ellas es fuente de inmortalidad y la otra revelara la verdad… Entonces, hay que matar para no morir y entre tu sentir reposa la solución"
Tras sus palabras, desapareció entre la profunda oscuridad, Hermione intento seguirle pero fue en vano, jamás sabría quién era autor de aquel mensaje tan extraño pero tan especifico…
Salió de las mazmorras con su nueva adquisición fuertemente sujeta sobre su pecho, estaba ansiosa por leer lo que viniera en él, pues fuera quien fuera, debía ser importante si se había tomado tantas molestias para hacérselo llegar.
La portada era ilegible, como si las capas de polvo se hubiera adueñado del espacio dónde decía el título, abrió y leyó lo que parecía ser el prólogo de una novela muggle bastante vieja no tenía sentido hasta que llego a la última línea y descubrió tanto el titulo como el objetivo del texto: El arte de esconder los más profundos deseos.
- Hey, ¿Granger?- preguntaron a su espalda, la voz le hizo saltar y tuvo la sensación que se tenía cuando te encontraban haciendo algo que no debías hacer- Lo siento, no era mi intención asustarte- Hermione sintió rabia por la amabilidad fingida de Malfoy pero no quería que la descubriera, no ahora.
- Perdona, es sólo que estoy un poco estresada- se justifico, Draco la miro con genuina preocupación.
- Me preguntaba si estabas bien, haz faltado a todas las clases de hoy y ayer no te veías precisamente sana- comento mientras la chica se ahogaba más en el repudio que le tenía, sabía que se deleitaba internamente al interrogarla así y más seria su disfrute si le daba la satisfacción de responder afirmativamente.
- Han sido pésimos días- se limito a contestar.
Malfoy dudo, estaba complicando sus planes el que empezara a importarle lo que sucediera con Hermione, sin embargo, no estaba dispuesto a aceptar que fuera ella y no el pedazo de alma de su amo quién más le importara.
En realidad estaba preocupado, sabía que ocultaba algo pues Snape se lo hizo notar desde el día anterior, y haberla visto salir de las mazmorras no era más que otro indicio, temía que volviera a intentar alguna otra estupidez como la de la bañera y que esta vez no estuviera tan cerca para seguir cuidando de ella. Debía usar la legeremancia para despejar sus dudas, pues no debía usar la poción tan a menudo ahora que levantaba sospechas generalizadas la actitud de la chica.
Levanto la varita cuando Hermione se distrajo en lo profundo de sus cautelosos ojos grises, con las palabras en la boca y listo para recitarlas, echo marcha atrás, sintiendo de nuevo el temor de herir a la muchacha.
¿Qué pasa contigo?, se reprocho por los absurdos sentimientos, es tu misión, la gloria perdida de la familia Malfoy está sobre tus hombros.
Era en vano, cuando cedió al trabajo pensó más en las ventajas y nunca se detuvo a considerar los riesgos…
- ¿Te gustaría un dulce?- dijo como última opción a sus planes- son realmente útiles en las guardias nocturnas- Hermione lo miro con aprendió mientras sacaba de su túnica algunas golosinas exactamente para ocasiones como esa, cogió uno por si acaso mientras él introducía uno a su boca- No están envenenados- bromeo ante la negativa de Hermione para comérselo.
- Mis padres eran estrictos con las golosinas, prefiero guardarlo- respondió como lo hubiera hecho antes, la garganta se le cerró en un nudo imposible, preguntándose si por lo menos serviría para deshacerse de Malfoy.
A pesar de ser viernes y poder al fin tener su primera sesión con Dumbledore, sentía nulo entusiasmo ante la perspectiva de ver al anciano director, mucho menos le excitaba el primer partido al día siguiente. Estaba tan metido en la recapitulación de la noche anterior que se abstuvo incluso de tener contacto con sus amigos durante el almuerzo, más que nada porque tal como el día anterior, Hermione estaba ausente.
Cuando llego la hora de asistir a la primera clase tenía la impresión repetir el día anterior, metido totalmente en sus pensamientos y prestando mínima atención a sus clases, aunque quisiera no entendería bien los conceptos si la mano de su novia no estaba levantada a todo segundo.
Llego al aula y se acomodo en la última banca del lugar, dispuesto a pasar las próximas dos horas sumido en el aburrido parloteo de McGonagall. El gato atigrado giro la cabeza de manera peculiar cuando Potter se tiro con tan poca disposición en frente de ella, aunque lo le culpaba del todo, entre el chismorreo normal del colegio, todos sabían que no llevaba una vida feliz sentimentalmente hablando.
Se transformó cuando la tolerancia para llegar a clase paso el límite, algunos alumnos aplaudieron la perfecta demostración, otros no tan aduladores esperaron con paciencia y otros soltaron un bufido por la misma hazaña repetida; McGonagall inicio a nombrar lista y se detuvo bajo el apellido de la expectativa, Granger, lo repitió dos veces antes de pasar la pluma al siguiente alumno pero un jadeo la detuvo.
- Pre-presente- fue lo único que logró articular la joven al llegar al salón.
- No es digno de un premio anual el llegar tan retrasada Señorita Granger… pero haremos la excepción tomando en cuenta su perfecto record de asistencias, tome asiento por favor- no tenía corazón para dejarle fuera, no viendo el estado en el que se encontraba. Continúo con la lista para seguir posteriormente con un sermón de las tareas anteriores y la complementación del día a día de la plática de los E.X.T.A.S.I.S.
Harry levanto la cara al oír la voz de Hermione y le busco con la mirada hasta verla sentarse en un pupitre lejano al suyo, aunque no era su culpa, había llegado tarde y no le había guardado su lugar. La chica le sonrió antes de volverse a tomar nota de las palabras de la profesora.
Una vez que la clase termino, se sintió como cualquier otro día de cualquier otro año, era como volver a la rutina, Ron se quejaba por la exorbitante cantidad de trabajos, tareas y hojas para leer, en su lugar Hermione lo retaba con comentarios un tanto arrogantes sobre el tiempo que debía destinarle a la educación, aunque en un tono anhelante, mientras organizaba sus notas para guardarles en la mochila al mismo tiempo que caminaban para tomar la clase de Encantamientos.
Harry llevaba la mano de Hermione firmemente apretada por la suya, estaba decidido en convertir el tema de las vacaciones en un tabú para por lo menos dejar que Hermione llevara una vida más pacífica. Entretanto, la muchacha seguía dándole vueltas al libro, pues estaba segura que cualquier mensaje que se ocultara en él, estaba entrelíneas, pues había pasado buena parte de la noche buscando mediante hechizos mayor respuesta.
- Es inútil discutir contigo- se quejó Ron- no podría ganarle al inferi en el que te has convertido, Merlín no permita que llegue al mismo nivel que tú.
- Cállate Ron- le advirtió Harry- en lugar de estar buscando problemas con Hermione deberías ponerte a trabajar en ello.
- Y tú deberías de sobreprotegerla, no es de cristal, ¿sabes?- refunfuño entrando a la clase de Flitwick como alma que lleva el diablo, sentándose con Seamus lo más alejado de la parejita de oro como fríamente los describió.
La hora feliz término tan rápido como inicio, Harry sintió pesado el estomago pues Ron fue bastante solidario con él y ahora le traicionaba- aunque no gravemente- cuando su novia se dignaba a parecerse.
La lección fluyó con rapidez, pero tan pronto se colgó la mochila para ir al Gran Comedor Hermione había desaparecido con el pretexto de tener que hacer algo en la biblioteca. Ron estaba lo suficientemente molesto como para gruñirle mientras se le acercaba pero no tanto como para dejar de hablarle.
- Lo lamento mucho pero hay cosas que no debemos hacer cuando ella está presente, aún está afectada por la muerte de sus padres- fue lo primero que dijo al tenerlo enfrente.
- ¡No es una niña Harry!- reprochó Ron- Debe superarlo y que tu le hagas el mundo del algodón no hará que lo que le lastima deje de hacerlo algún día.
- Para todo hay un momento- siguió Harry.
- Sí, pero cuanto tiempo tienes tú para tirarlo con ternura y cariño- el comentario fue cruel y acertado.
Más tarde, durante la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, la ausencia de Hermione se hizo notar por segunda vez, a Ron pareció hacerle gracia mientras que, la persona que más sacaba de quicio Harry, levantaba la mirada con el menor ruido proveniente del pasillo. Draco Malfoy esperaba la llegada de Hermione mucho más que él.
Snape ni siquiera reparo en su inasistencia, como si estuviera al tanto de que iba a faltar y sabiendo eso, Harry intento en vano poner atención, por lo tanto se hizo acreedor de varios puntos menos, algunos insultos de rutina y más tarea que el resto del alumnado, más llevarle el perfecto pergamino firmado con un Extraordinario de Hermione. Eso lo alegro un poco.
- ¿A dónde vas?- le pregunto Ron cuando el chico tomaba camino a la Torre de Gryffindor- Tienes que llegar a la oficina de… bueno, tienes clase, ¿recuerdas?- simulo cuando algunos curiosos se pararon a escuchar.
- Bien- se resigno- nos vemos en un par de horas, necesito hablar con los miembros del equipo antes del partido de mañana.
- Les avisaré- dijo Ron en señal de despedida.
De camino a la oficina de Dumbledore, Harry fue enumerando los Horrocruxes actuales, los destruidos y los faltantes, también llevaba en mente lo que se supone que Dumbledore encontró en su ausencia. Quizá por fin dieron con R.A.B y el dichoso guardapelo perdido, su corazón dio un vuelco por la emoción, estaba casi seguro de que así era.
- Adelante- la voz angustiada del director le llamó desde el interior de la habitación redonda.
Harry entro lentamente, Dumbledore estaba sentado tras el escritorio con el semblante enfermo y estáticas, intentando simular alguna otra emoción con una jovial sonrisa, tenía la mano aún más enferma que antes de su partida, tanto que llevaba un vendaje sobre ella para disimular la gravedad de la lesión. Más allá, en el escritorio estaban los objetos que antes de su destrucción habían sido uno más de los 7 fragmentos de alma de Rom Ryddle: el diario, el anillo y para sorpresa de Harry, el guardapelo de Slytherin o lo que quedaba de él.
- Hay una historia bastante corta pero interesante tras este último artículo- comento Dumbledore entregándole los restos de una reliquia milenaria- Sirius estaría muy orgulloso por este descubrimiento, Regulus, su hermano…
- ¿El partidario de Lord Voldemort?- interrumpió Harry desconcertado.
- Si, el mismo, nuestro gran timador- se permitió sonreír con cierta nostalgia- R.A.B es nada menos que Regulus Acturus Black, uno de los más representativos miembros de la Familia de Sirius. Él fue quien se dispuso a iniciar la misión que nosotros hemos tomado voluntariamente.
- ¿Cómo fue qué lo encontró?
- Es maravilloso lo pequeño que es el mundo, Kreacher, el elfo de Grimmauld Place, menciono algunos robos de las reliquias de la familia cuando fui en búsqueda de algunos artilugios de la Orden. Todo este tiempo estuvo bajo nuestras narices y lo hemos omitido, casi fue tirado por Sirius cuando vivía en ese lugar- expresó con fingido entusiasmo- Sin embargo, eso no ha sido lo más importante, he comprobado una pequeña teoría que me reservaba para cuando tuviese la oportunidad.
Harry no entendía del todo pero estaba feliz de haber encontrado otro de los siete artículos.
- Como suponía, los fragmentos se llaman entre sí- dijo mirando el anillo negro, causante de la mano casi muerta del director- No lo podría explicar de manera física y tampoco podría mostrártelo, pues el poder en el guardapelo era tan fuerte que tuve que destruirlo.
- Esto es maravilloso- se permitió celebrar Harry, entristeciendo aún más el gesto de Dumbledore.
- A pesar de las excelentes noticias- su tono era melancólico, mezclado con pena, sus palabras iban arrastrándose junto con los pasos que lo separaban del escritorio y lo acercaban más al pensadero- El camino se ha alargado mucho más de lo que esperaba, tengo sospechas que indican un octavo horrocrux, siendo que el séptimo aún me es un misterio, debo decir que no lo esperaba.
- Tenemos tiempo, mientras él no se dé cuenta de lo cerca que estamos de derrotarlo- Harry intento escucharse optimista pero Dumbledore apago su emoción.
- No hay un nosotros Harry, aún cuando encontremos los tres de los cuales estamos seguros, hay uno que no te permitirá seguir, es por ello que he decidió que llegado ese momento, deberás seguir sólo y demostrar tus prioridades- decía esto al tiempo que extraía un recuerdo de su mente con la varita mágica y lo vertía en el pensadero para analizarlo cuando el chico se fuera.
- Señor, estoy seguro de que sea lo que sea, podré terminar con ello. Si con ello logro matar a Lord Voldemort estoy seguro de que nada me detendrá- el optimismo seguía latente en Harry- no importa que fallezca en el transcurso, lo único que deseo es un mundo libre para la gente que amo.
- A veces Harry, el corazón puede más que la razón y por mucho que desees esa utopía, cuando llegue el momento tendrás que elegir entre lo correcto y lo que deseas.
- No comprendo.
- Pero lo harás, ahora ve, disfruta de la poca libertad que este colegio aún te puede brindar, goza de ello antes de que el mal crezca aquí y sea demasiado tarde…
No entendía y no quería preguntarle en ese momento, salió aún cuestionándose sobre esa decisión que debería tener, estaba casi seguro de que fuere lo que fuere, lograría pasar ese obstáculo.
Entretanto Albus Dumbledore, veía la perturbadora carta consumirse entre lo más oscuro de su memoria, limitándose a sentir la dura bofetada que Tom le había dado cuando tomó lo más puro que tenía el joven muchacho y lo convirtió en algo tan vil.
Una lágrima rebotó en la mano enferma, pues esto sumaba otro cargo a su conciencia.
Siento tremendamente mi tardanza para actualizar, de no haber sido por el último review que recibí (Por cierto, muchas gracias, me demostraste que alguien lee mi loca historia ^-^) hubiera tardado más en subirlo.
No quisiera justificarme (Neh, la verdad si xD) pero mi carrera es celosa, celosa. No digo que la de ls demás no lo sean pero me tenía tan atope que no había momento para escribir y mucho menos para que la inspiración entrara en mí, de cualquier modo, estando de vacaciones y con dos comentarios esperando una continuación, aquí está.
Lo sé, esta muy soso, le falta algo y hasta cierto punto se pierde el misterio, se los dejo a su imaginación.
Intente poner un poco de los nuevos sentimientos de Draco y creo que me excedí con la conducta tan apagada de los protagonistas, prometo que el siguiente capítulo eso cambiara, se verá más amor, un poquito de acción y sobre todo un Malfoy bastante diferente, creo.
Espero que me dejen por lo menos un review, porque aunque me halaga que la pongan entre sus favorito, eso no me da para seguir, la verdadera inspiración proviene de saber que alguien espera para leer y sin ello, pues no hay empuje. Se valen tomates, sugerencias, quejas, criticas (sólo constructivas, por favor) lo que sea, siempre y cuando me hagan ver que les gusta, para seguirla.
En fin, nos leemos... más no sé hasta cuando.
