Aclaraciones Previas: Para efectos de la lectura el nombre de "C" estará escrito como Shi. El dialogo de Kurama ha estado escrito en negrita y en cursiva. Sin embargo, a partir de ahora, al haber dos partes de él- cuando ambos esten juntos-, durante sus discusiones tendremos a Kurama -ying, el que siempre ha estado con Naruto- con un formato normal, mientras que el -yang- se pondra en negrita. De cambiarse les avisare :D.


Disclaimer: Naruto no me pertenece.

―Dialogo de los personajes―

Pensamientos de los Personajes

Voz de Kurama

Jutsu

Capítulo 14: Lealtad

Se escucha el crujir de las plantas al ser machacadas. Solo eso.

Solo el sonido de la medicina siendo preparada.

Inusual con cuatro personas dentro de una misma habitación.

Sakura está sentada frente al Raikage, vestida en un simple traje negro ninja, con la manga recogida en el brazo derecho, dejando expuesta la zona anterior del codo, donde las marcas de las agujas han dejado morados puntos de impresión. Kai está a su lado, con la misma actitud despreocupada, e incluso, más "feliz".

―Ten.

Empujo un grueso sobre amarillo hacia ella. Sakura levanto la mirada, su neutra expresión cambia a una de felicidad en unos segundos, tomo el sobre rápido, abrió el contenido y paso la vista por las hojas con rapidez; a su lado, Kaito regreso una agresiva expresión al ver la luz que ilumina los ojos de su compañera conforme pasa las hojas.

El Raikage alzo la voz ―. El circo termina hoy.

La sonrisa de Sakura desapareció.―¿Hoy? Pero, Raikage-sama eso significa que…

Los pesados hombros del líder del rayo caen, mientras Shi detiene la preparación de la medicina para voltear a ver a su Kage. Siente tristeza.

―Hablaré con la Hokage yo mismo, Kaito y tú serán trasladados por Omoi y Karui en la madrugada, rumbo al lugar acordado. Tu misión terminará allí.

Los labios de la kunoichi quedan entre abiertos al asombro. ¿Hoy? Su último día.

― ¿Algo más que decir, Kage-san? ― preguntó Kaito, con una expresión de incomodidad.

"A" negó ―. Después de la reunión hasta la hora acordada con Omoi puedes hacer lo que deseas, solo mantente alejada de Uzumaki Naruto, el Uchiha y la Hokage.

Una línea tiesa se dibuja por los labios de la joven antes de asentir.

―Iré a hablar con tu maestra, considera está la última vez que nos vemos, Haruno Sakura.

Le extendió la mano para terminar con un apretón. Por respeto, por agradecimiento, por reconocimiento. La pelirosa le sonrió, y extendió sus manos para rechazar al Raikage con un ligero empujón en el brazo.

―La que está agradecida soy yo, Raikage-sama. Yo… no puedo expresar el respeto que le tengo. Por eso…

Sakura bajó la cabeza, en una profunda reverencia, con el sobre fuertemente apretado contra su pecho.

―Tengo algo más que pedirle.

No existe más orgullo en las siguientes palabras, solo una súplica porque su sacrificio sea suficiente para reclamar por mayor apoyo. Cree no estar en posición para exigir, pero es el Kage quién se limita a responder con un leve "de acuerdo" antes de dejar la habitación. A estas alturas las palabras son el último recurso que le queda. Kaito se levantó también, en busca de aire libre al patio exterior de la propiedad, donde están descansando tres de sus sirvientes. Daraku, Senku y un cachorro más pequeño que sus compañeros, de un opaco gris pelaje y ojos café, se levantan ante su presencia.

―Ordene, señor. ¿En qué le podemos servir? ― se apresura a decir la invocación más joven.

Kai niega con la cabeza, sentándose sobre la tierra antes de respirar más profundo. Su rostro no luce la confianza que tuvo durante la charla con el Kage, luce decaído por una razón desconocida. Los lobos al no recibir respuesta se acercan cautelosos, descansando bajo el regazo de su amor, cumplen su papel de resguardar los secretos de su heredero, de su señor. Bajo una sensación de protección arraigada en sus almas, los lobos extiendes sus cuerpos bajo el lecho del pelirrojo, a la espera de una calma que renueve la cruel personalidad por la cual fueron invocados. El pelirrojo se ve tendido sobre Daraku, quién ha retomado su original tamaño para hacer de refugio a Kaito y sus camaradas. Los filosos dientes se esconden bajo una tranquila línea de quietud.

―Kaito-san.

El mencionado abre los ojos, saliendo de su ensueño para ver al invitado frente suyo.

Un personaje cubierto con una capa de paja. Grande, fornido, alto. Con el rostro escondido por la sombra de su traje, el desconocido inclina la cabeza un poco, deja sobre el suelo un pergamino que manda a rodar hacia el prisionero de un empujón. Con la vista alzada, una nueva reverencia, se marcha.

El pelirrojo ve el pergamino a un par de metros de su alcance y se limita a descansar. Una sonrisa adorna sus labios. El chirrido cantico de las aves, resuena en la mañana.


Al regresar a la tienda lo único que esperaba eran las noticias de Chouji, saber si él quizás logro escuchar sobre la reciente visita que se esparció como chisme por toda la aldea. Era un hecho que se quiso hacer notar al cruzarse por media avenida principal de la aldea con sus guardias y esa mirada de matón que dirigió a cada shinobi que se cruzó por delante. Shikamaru aún no volvía de su misión y tampoco lo haría hasta en dos días o máximo mañana. Al cruzar la esquina notó la sombra de un cliente dentro de su florería, si es que podía llamarla suya, siendo más de su madre. Paso de frente, dejando el pesado paquete de flores sobre el puesto de recepción para dar vuelta con una gran sonrisa y falso entusiasmo. Como toda buena vendedora.

―Hola. ¿En qué puedo atender…te?

Se lleva una mano a la boca, sorprendida. Sentada al borde de los arreglos florales, mirando fijamente uno, esta su mejor amiga.

Aquella que vio seguir ciegamente al Raikage el día anterior.

Sakura volteo, se puso de pie y sonrió. Igual que hacía años.

―Demos un paseo, Ino.

La siguió como un títere, por la ilusión de que es la flor quién da el primer paso para conversar como antes, apenas y dio un asentimiento antes de seguir sus pasos. Como un niño buscando la guía de su madre, sin saber bien que esperar más que la confianza en seguirla. Ciego a todo lo demás.

Durante el camino cayo en cuenta de que Sakura había tomado unas flores de su puesto. Tomillos blancos. Amor duradero.

―Llegamos.

La concentración que puso en tratar de reconocer a su amiga de la infancia se deshace, el hechizo de verla se rompe al notar que están en el cementerio de la aldea, justo frente a la tumba de los padres de la Haruno. Sakura se inclina a dejar las flores sobre las tumbas de sus progenitores, da una pequeña plegaria y se pone de pie, dándole la espalda, sin verla.

―Estuve aquí ayer, llegue de casualidad y no tenía flores. Pero tú siempre las pusiste, gracias.

Su tono es condescendiente. Natural. Un tanto nostálgico y triste. Pero es diferente al usual tono confiado que ella siempre tuvo. No es la voz de su Sakura. Es la voz de la mujer que tiene al frente. De una kunoichi que ya duda en poder entender.

―Cuatro años sin venir, que desconsiderado de mi parte ¿no? Su única hija no viene a verlos.

Ino baja la mirada, comprende la pena impresa en esas palabras. Ve de nuevo las tumbas de los Haruno y se inclina también a dar una plegaria. Tomillos. Nunca te olvidare.

Quiere iniciar una conversación pero no sabe cómo, ya no existe la usual "cerda― frente" que hubo siempre. Esas discusiones sobre banalidades, sobre chismes que aligeren su vida como ninjas, la amistad construida de niñas se percibe ya distante desde la guerra. Desde que la dejo marchar. Desde que la dejo volver a ir sola, como antes ya había hecho, confiada en su fortaleza. Confundió, quizás, que tras la pérdida de sus progenitores o los azares del destino, su nueva "relación" se limitó a como estar ahora. Sin saber que decir. Son dos desconocidas.

Dos personas diferentes.

― ¿Es esta la adultez que esperabas?

Es poco usual para empezar a conversar, pero es la respuesta, irónica y orgullosa lo que trae una amigable sonrisa a sus labios. Sus músculos se relajan, en reflejo de la costumbre de años.

― ¿Adultez? ¿De qué hablas? ¡Estoy en la flor de mi juventud, frente!

Se ríen ambas, con ese niño interno que se asoma por entre sus ojos. Existe un silencio en que sus miradas se encuentran, la expresión única es el alma reflejada en los espejos de sus rostros, añoranza y temor combinados.

Sakura, extendió la mano hacia el cielo, estirando sus dedos como atrapando las nubes, con la risa resonando tras su movimiento.

Empezó, con alegría tintada con pinceladas de resignación ―. Creo que la mía ha sido asombrosa, sabes.

El "Por qué" quedo sobreentendido en el jadeo de sorpresa que emite la Yamanaka.

Sakura se abrazó a sí misma, raspando sus brazos contra la brisa que corre por el vasto cementerio.

―Sé que dirás que estoy loca ― apresuro a decir, con un tono sarcástico ―, pero, las cosas se arreglaran pronto y todo será como debió ser.

La rubia Yamanaka se mantuvo escéptica, sin comprender la profundidad de sus palabras.

―Sakura, dime la verdad, puedes confiar en mí. ¡Estoy de tu lado!

Por poco Sakura deja escapar una risa. ¿Lados? ¿De cuál estaría ella? Su deseo la había vuelto egoísta. Tanto como para no diferenciar a quién favorece y a quién no. Cruzar la línea de la lealtad está ya entre sus actos cotidianos, no por nada está metida en el lío que tiene. No por nada tiene a los aliados que tiene. Todo se gana con confianza, con la creencia de poder apoyarte en alguien.

Al igual que Ino busca que ser su apoyo.

―No se trata de lados, cerda. Se trata de lo que debe hacerse. Solo eso.

Las uñas de su compañera se entierran en su hombro, como en búsqueda de que reaccione. De que abra los ojos al mundo que su mejor amiga ve. Que vea el mundo que ella ve, y del cual ahora ya no se siente parte.

― ¡¿Te has vuelto loca?! ¡Sakura, Konoha te ve como una enemiga!

La pelirosa se mantuvo pasiva.

Comenzó, con una mano sobre el pecho ― ¿No lo entiendes, verdad? Creí que Shikamaru te lo dejó en claro, deberías ver más allá de las cosas, Ino. Heredaras el liderazgo de tu clan un día, debes pensar más con la cabeza.

Es un regaño, crudo y corto.

―Ser la enemiga de Konoha fue de lo que este circo se trataba. ¿Aún no lo ves?

Kunoichis o no. La memoria de su niñez compartida queda hecha trizas por la incapacidad de verla como un enemigo. Ella jamás. Jamás.

―Kaito te dejó ver su memoria, eso ha mantenido a los otros clanes a la expectativa ―comentó, dando la vuelta para ver la vista de la aldea a lo lejos ―, estoy segura que tu padre ya se lo informó a Shikaku-san, lo que significa que ahora el consejo responderá de la manera esperada.

― ¿Mi padre? ¡¿Qué tiene mi padre que ver en todo esto?!

―Oh, creí que lo habías notado. Después de todo acusaste a Kiba en frente de los demás.

¿Te aliaste con el enemigo? ¡¿En que estabas pensando, Kiba?!

Sus labios se abrieron sorprendidos.

―Kiba le ha dicho todo lo que Shikamaru conto en su supuesta asamblea secreta al consejo ―argumentó Sakura ―, no está de mi lado. Pero es astuto para oler los problemas.

Eso es todo. Ya no entiende nada. No comprende nada. No la ve más a ella. Solo a una loca sin sentido.

―Grita si quieres, Ino. El silencio no te sienta.

Es una total desconocida. Tal y como Kaito lo dijo.

Las palabras salen rasposas, peligrosas incluso. Sus ojos adquieren un destello de batalla, palabra por palabra es digerida como un anuncio de guerra. Aprieta los labios y ve a su compañera de pie, la desconocida Sakura, la perdida chica en la que pensó por cuatro años. Aquella por la que lloró inconsolablemente al pensar en la posibilidad de que estuviera muerta.

―Te ves igual que Sasuke.

La insinuación hace girar a la pelirosa, sonriente, pregunta ― ¿Sasuke? Eso es extremo, Ino.

Rubias cejas se fruncen al negar ―.Te equivocas, eres igual, una persona distinta a la que se fue.

Haruno Sakura se queda sin palabras que decir. Antes de encontrar la fatídica coincidencia en el hecho que menciona la heredera. Una persona distinta. Debía ser. Sorprendente lo que cuatro años podía hacer a una ilusa como ella.

Abrir no los ojos, pero el alma, a un mundo gris.

―Tienes razón, soy distinta.

Ino dio un paso adelante, la determinación resplandece en su rostro ―. Y tu lealtad. ¿Tu lealtad es distinta también, Sakura?

Lealtad.

Que palabra más crucial.

―Eres cruel ― respondió―. Preguntarme sobre mi lealtad después de todos los sacrificios que hice. Es cruel. Muy cruel.

El jade se oscurece. La luz que cubre el cielo se nubla bajo la merced de las densas nubes. Se acerca una tormenta.

―Es bueno. Ser cruel te ayudará a proteger a tu gente, Ino.

Ha sido la crueldad la que la llevo tan lejos.

Extrae del estuche de armas de su pierna un objeto y lo lanza a la tumba de sus padres. El metal resuena contra el frío cemento. Con la primera gota de lluvia, Ino distingue que el objeto caído tiene el significativo color rojo. Aquel que ella no viste en este día.

―La lealtad es efímera sin hechos que la prueben ― explicó Sakura ―, la gente no cree sin pruebas, y no confía sin sacrificios.

Yamanaka Ino tiembla, da un paso atrás y se detiene. Paralizada por la negación. Por el dolor.

―Es inútil, Ino― musito la pelirosa ―. Caíste directo en la trampa.

La lluvia cae como un baldazo frío, la rubia traga duro al sentir una persona tras suyo, sus ojos se cierran. Fuerte. Evitando las lágrimas. Arruga los puños y se mantiene quieta. Está rodeada. Lo sabe. Ha caído. Ha perdido.

―Shikamaru debió anticipar este movimiento. Lo hice mucho cuando jugamos shogi en el pasado. No hacerlo fue su error esta vez.

Fuertes manos se ciernen sobre las suyas, amarrándolas en un instante. Las sombras que asechan no pierden tiempo en amordazas sus muñecas, puede distinguir el genjutsu que cubre los alrededores para evitar ser descubiertos. Con la mirada baja, en aquel objeto que cubre la tumba de los Haruno, pregunta.

― ¡¿Por qué?!

Uno de sus captores hace el ademán de amordazarle la boca, pero Sakura alza la mano y este se detiene. La pelirosa, vestida en un simple atuendo negro, se acerca hasta quedar una frente a la otra. Su rostro no refleja emoción. Refleja la nada. Los jade que Ino siempre observo con respeto yacen vacíos de emoción.

Sakura toma aire y despacio, como prolongando sus palabras, responde.

―Lealtad sin sacrificio no existe. Tú eres mi sacrificio en estos momentos.

Yamanaka Ino intenta gritar, pero la áspera venda que tapa su boca se lo impide. Con los ojos gritando sus palabras, Sakura le sonríe, por última vez.

―Adiós, Yamanaka Ino.

El espacio se vuelve negro para la heredera.

El cuerpo de Ino desaparece entre el bosque, dejando a Sakura con el supuesto líder de la misión. Le entrega un saco de monedas y este desaparece también. Antes de regresar hacia sus aliados, Sakura da una última vista a la tumba de sus padres.

Y en ella, al emblema de la hoja que ha abandonado.


Sala de Conferencias, Consejo de Konoha

La sala está repleta de los principales líderes de los clanes, encabezado por el par de ancianos del consejo previo y la Hokage en medio de la oval. En el extremo contrario a la lideresa de la hoja, se encuentran el Raikage, respaldado por Darui y Shi. La tensión ante la posible traición resuena en la cabeza de todos los cabecillas de clanes en la sala. Shikaku es quién se mantiene más a la expectativa, de tener más pruebas que las simples palabras del joven Inuzuka, se sentiría preparado para afrontar lo que fuera que el jefe del rayo viene a exigir.

Pero la incertidumbre esta de su lado. Y la telaraña de mentiras empezará a desenredarse en los siguientes minutos. Senju Tsunade es la que luce más nerviosa de entre el grupo al no distinguir a su alumna entrar en l sala como había esperado. Su alumna. Aquella que el Raikage ocultó por cuatro años. Hostilidad destila de sus ojos hacia el hombre, sin forzar en ocultar su evidente molestia, la sannin aprieta con firmeza la mesa de madera. Shizune a su lado, con Tonton en brazos, respira profundo para calmarse.

Tsunade ganó la lotería del día.

Una gran lotería.

Equivalente a una gran tragedia.

―Controla tu instinto asesino, Hokage ― recomendó A, desafiante.

La rubia gruño―. No me des órdenes, tengo todo el derecho de querer matarte después de lo que hiciste.

Nervios recorren la sala, los guardias de cada bando no hacen más que mantenerse alertas ante las abiertas amenazas que chocan entre el espíritu de ambos Kages. Como si al menor movimiento equivocado, una cabeza caerá para amedrentar al contrario. Bases de miedo, poderío y matanza que mellan sobre los días de guerra donde unieron fuerzas para vencer un enemigo común.

Sí, el enemigo común.

Uchiha Madara.

El fundador de la hoja, aquel que también soñó con una tierra entre el bosque, donde floreciera la fuerza de un clan que protegió por décadas.

―Lo mismo digo, Hokage. Mi aldea tiene razones para pedir tu cabeza.

La sala se congela, los kunais se afilan bajo la mesa, los sentidos se disparan y resuena el golpe de la mano de Shikaku contra la madera. Un pedido de calma.

―Raikage, le recomiendo medir sus palabras. Sí continua con está abierta amenaza, me temo una mala reacción por parte de mis compañeros ― sostuvo, una larga pausa continua ―, y también mía.

Porque la vida del Kage es el reflejo de la voluntad de una aldea. En Konoha, Senju Tsunade es la respetable Hokage que es reconocida por el pueblo, por su voluntad de fuego. Salir vivo tras intentar ponerle un dedo encima es un placer que ningún enemigo se ha dado. Pues todos han perecido. Enterrados bajo el suelo de los árboles, en medio de un bosque cementerio, donde las hojas renacen para proteger la aldea.

Darui tose un poco, con la atención de fieros miembros del consejo, empieza ―. Raikage-sama está aquí en representación no solo de nuestra aldea, el asunto que venimos a discutir cuestiona el compromiso de Konoha para con la alianza shinobi.

Tsunade siseo, con rabia entre dientes. ―Habla claro. ¡¿Por qué crees que mi aldea quiere traicionarte?! ―exclamó, con la vista fija en A.

―Por qué dijiste desconocer de las intenciones de Uchiha Madara, fundador de tu aldea antes.

― ¡Y es cierto! ¡Pelee por mi gente contra él! ¡Hemos tenido esta discusión antes, Raikage!

El sulfuro es merecido. Konoha pago con creces, en subsidios, alimento, mano de obra y demás; la culpa conjunta de las demás naciones por el desencadenamiento de una guerra. El error de Hashirama, lo pagaron varias generaciones, entre vivos y muertos, en una despiadada cuarta guerra ninja. Ninjas de todas las naciones culparon a los de la hoja por el descuido.

¿Porque no lo notaron?

Meses de trabajo invertido en apoyar otras aldeas, en vender propiedades externas, en años de buena economía que dejaron a una aldea, ya devastada por Pain con anterioridad, con menores posibilidades de resurgir. Les costó, por mucho, reponerse.

El Raikage tomó la palabra, fuerte, decidido, y con el vivo recuerdo de la kunoichi de cabellos rosados en mente, anunció su respuesta.

―Pero no dijiste que Uchiha Obito fue su compañero.

Uchiha Obito. El sobreviviente que se pensó muerto. El mejor amigo de Kakashi. El secreto que guardaron.

Los rostros de estupefacción se dibujan. Pues aún entre el grupo hay quienes no lo saben, pero otros que lo guardaron dentro, como la celosa pesadilla que quieren olvidar. Tsunade se muerde los labios, su expresión destella entre temor y desafió. No se doblegará. Se lo había prometido a Kakashi.

Obito será recordado como un héroe, cometió un error, fue manipulado. El apellido Uchiha no será manchado por sus actos.

―Ocultaste a otro Uchiha traidor del ojo de las demás naciones. De la misma forma que ocultaste al experimento de Orochimaru que trabaja en tus filas.

Yamato. ¡Deben buscarlo!

¡Está vivo! ¡Está vivo! ¡Yamato está vivo!

―Si Orochimaru hubiera sido enjuiciado de la forma correcta por tu maestro, jamás hubiera creado a ese sujeto, y este no habría sido usado como una máquina para hacer Zetsus para el enemigo.

Arrugo los puños, enojada, eufórica ― ¡Yamato fue secuestrado! ¡No impongas los actos del enemigo en los hombros de Konoha!

Es inevitable. Y la pasividad de los demás miembros en la mesa lo refleja. Puede no ser culpa de Yamato, puede ser la de Orochimaru por crearlo, del Tercero por no traerlo ante ley; pero a fin de cuentas, ajenos a la aldea lo verán de la única manera posible.

Konoha tiene la culpa.

Konoha tiene que pagar.

Las sombras de pesar que recubren los ojos de Tsunade son el reflejo del no saber qué hacer. Shizune a su espalda tiene la misma expresión al ver los inexpresivos ojos de los shinobis del rayo. Ellos no aceptarán simples disculpas.

― ¿Qué es lo que la alianza desea de Konoha ahora, Raikage? ― consultó Koharu, con la misma expresión neutral de siempre. Años en líos políticos tanto internos como externos no hacen mella en su estoica actitud ―. Imagino que para venir a inculpar nuestra aldea, haz de necesitar algo a cambio.

Su compañero, Homura, pone las manos sobre la mesa, con la vista desviada al emisario de la nube con el que previamente habían hablado. El pandemónium apenas empezó. Shi baja a susurrar algo al oído de su líder, manteniendo la vista fija en la Hokage. Es como si un click diera un fuerte estruendo en su cabeza, y las palabras escapan solas de los rojizos labios de Tsunade.

―No te daré a Sakura. Ella es una kunoichi de Konoha.

Se unen las piezas una a una.

―No tienes por qué darme algo que ya me pertenece, Hokage.

Shi procede a abrir un amplio pergamino sobre la amplia mesa de discusión, extendiéndolo bajo la atenta mirada de los presentes, lo desliza con cuidado hacia los altos mandos. Tal y como Sakura le dijo. Tal y como ensayo en su mente que algún día sería.

―Está es una copia del documento que Haruno Sakura firmó hace casi cuatro años, antes de que se firmara el tratado entre las grandes naciones.

El tratado de convivencia, el documento escrito que cada aldea ninja firmó bajo el concepto de no agresión. A fin de evitar otra gran guerra, a fin de continuar la débil existencia shinobi que decaía más y más con el crecimiento de los países. Con el pasar de los años, pocos desean instruirse en el arte letal de ser un ninja, no basta con mostrar fabulosas artes de ninjutsu o demás a los niños, o convencer a los adultos de que aprenderán para proteger.

Son pocos los que quieren ser ninjas cuando saben que van a morir.

Cuarta guerra mundial ninja.

El epicentro que revelo no solo la existencia de grandes secretos, poderes y creencias de los ninjas; sino también el maléfico lado de la profesión. Qué te pagan por matar, robar, torturar o demás. Que el rosa también es negro en ese mundo, y se hace de todo por dinero. Los amigos son enemigos con el paso del tiempo, y existen contadas personas en las cuales confiar. Bestias de gran tamaño, jóvenes que controlaban esas bestias a voluntad, ojos con poderes grandes y excéntricos; la habilidad de controlar el clima y los elementos; e incluso, un solo ninja pudo dominar el mundo. Confianza entre naciones y aldeas ninjas es un efímero tratado que se basa en no erradicarse el uno al otro. En no saltar a la garganta del contrario, no por el bien de coexistir, sino para evitar una extinción de ambas partes.

Entre letras y condiciones, largas e interminables plasmadas en un papel, sobre el cual sobresale la firma de la médico, con la marca en sangre de su palma justo en medio del documento. Un contrato que Tsunade pasa con sus manos rápidamente, leyendo apresurada, con la expresión más decaída a cada momento.

―Le enseñaste bien, Hokage ―comentó "A" ―. Predijo este escenario con semanas de adelanto, pudo notar que no seriamos engañados por tus palabras y el encubrimiento de tus subordinados y se apareció ante la corte de las demás aldeas con una propuesta ― se puso de pie, alzando la voz y dejando caer la capa blanca con el símbolo que lo reconoce ―. A cambio de la paz de Konoha, tu alumna ofreció un hecho beneficiario para todo shinobi que lo necesitara.

Shizune levantó la mirada para dejar de leer, observó al Raikage, y sin saber si aguantar las lágrimas de sorpresa o desilusión, escondió el rostro en el cuerpo del pequeño cerdito. El Raikage luce aquello que perdió antes de la guerra, justo después de su declaración, en la pelea contra un perdido Sasuke Uchiha.

Su brazo izquierdo, unido por una larga cicatriz sobre la zona amputada.

Sin dudas, luce como el brazo perdido, la misma musculatura, color y resistencia.

"A" apoyó el brazo para sentarse de nuevo ―. Cada shinobi, empezando por mí, recuperaría los miembros perdidos en la guerra durante el plazo de dos años. Un año para hacerlo posible, uno para implementarlo.

¡Solo necesito un año! ¡Denme un laboratorio, los cuerpos restantes de los Zetsu y lo haré! ¡Un año, por favor!

Shi continuó ―. Asimismo, a cambio de perdonar los crímenes de Uchiha Sasuke y dejar a Konoha dictar una sentencia, sin interferir en ella; Haruno Sakura ofreció su entera existencia como shinobi a las demás naciones, de forma permanente e irreversible.

Aún la recuerda, interfiriendo de golpe en la reunión, de rodillas en el suelo y rogando por ser escuchada.


Conferencia de la Alianza Shinobi, tres años y nueve meses atrás

―Oh, que peculiar para la alumna de Tsunade entrar así. ¿Qué se te ofrece, querida? ― preguntó la Mizukage, con la vista fija en la agitada kunoichi que entro de golpe en la habitación, seguida de los samuráis que prestaban protección. Alzó la mano, poniendo fin a la detención para ofrecerle la palabra a Sakura.

La kunoichi en cuestión recorrió la vista sobre el diverso grupo de Kages y shinobis de las aldeas pequeñas que están reunidos, varios de pie ante el golpe de su improvista visita. Los guardias cerraron las puertas, a orden del viejo Tsuchikage, y la joven se paró en medio de la sala con más calma.

La joven apretó los puños e hizo una ligera reverencia, hablando con la voz menos nerviosa ―. Quisiera, por favor, poder hablar con todos ustedes.

Fue Gaara, el joven Kage, quién entrecerró la mirada al verla ―. Hokage-sama se ha marchado y no menciono nada sobre tu visita, Haruno-san.

―Lo sé, no vengo por mandato de mi maestra― contestó rápido ―. Vengo a hablar por mi persona y el futuro de mi aldea.

―Hmm ― carraspeó el Tsuchikage ―, y dime. ¿Qué tienes tú, pequeña kunoichi, que hablar con nosotros?

Gaara la observó curioso, estaba sudando frío, podía distinguirlo. Su rostro lucía una expresión de temor combinada con ansias. Como si hubiera descubierto algo que en realidad no deseo. Su intuición no fue muy lejos de la realidad, tan pronto como Sakura comenzó a revelar la verdadera identidad del falso Madara, así como la implicancia del secuestro de Madara; la sala completa rompió en caos. Todos los líderes veían con mala cara a Konoha, incluso Gaara, quién era el aliado más cercano. La lealtad con su gente se tergiversa con la deuda de vida que tiene con la hoja, más aún, con la pelirosa que salvo de morir a su hermano.

―Entiendes el peso de tus palabras, kunoichi. Acabas de condenar a tu propia aldea.

―Konoha no es de confiar. Tsunade Senju no ha mostrado ninguna intención de confesar la identidad de ese criminal. ¡La guerra fue totalmente causada por su gente!

―¡Konoha no merece el apoyo de las aldeas! ¡¿Cómo podríamos después de todo lo que ha pasado?!

Las blasfemias recorren rápido el recinto y es bajo la cuestionable mirada del Raikage que Sakura gana la valentía para hablar.

―Comprendo el peso que mis palabras implica en la situación actual del mundo shinobi. Es por esa razón que he venido aquí, para hablar con ustedes y buscar una solución para mi aldea.

Los humos se alteraron, pero Sakura no volvió a temblar, ni en cuerpo ni en determinación.

―Konoha, de entre todas las naciones es la que posee mayor fuerza militar tras esta guerra. Lo han visto, el poder de Naruto, de Hokage-sama, de Hatake Kakashi e incluso, el poder de Uchiha Sasuke ― diversas miradas de tensión se realzan ante el ultimo nombre ―, si ustedes deciden tomar represaría contra Konoha, lo único que lograran será una masacre. Y si existe un bando ganador, me atrevo a decir que será Konoha.

Fue el líder de la hierba, el primero en mencionar su desacuerdo ―¿Estás amenazándonos, mocosa? ¡Estás diciendo que Konoha sola puede contra las demás naciones!

―Exacto― contestó sincera.

Los humos se encendieron, no obstante, Sakura continuó su explicación. Bajo la clara tendencia de que su propia aldea podría ser condenada de solo descuidarse.

―Está guerra se basó en los bijuus que cada aldea perdió a manos de Akatsuki. Ninguna aldea, a excepción de Konoha pudo proteger a sus jinchurikis ― el peso de la verdad se refleja en la culpa que hace callar la sala ―. Sean conscientes de que de ejercer una acción militar, solo hay dos jinchurikis que esta alianza podría usar contra Konoha. El Ichibi y el Hachibi contra el Kyuubi, el control que Uzumaki Naruto posee sobre su propio Bijuu e incluso sobre los otros seis, es evidente que solo con eso la alianza no podría tocar Konoha sin correr el riesgo de perder miles de vidas más.

Pasaron minutos en que los líderes argumentaron aquí y allá, minutos en que Sakura tuvo una inteligente respuesta con la que contraatacar. Bajo la mirada de los cuatro Kages con mayor influencia, la realidad quedó plasmada en el sobre poderío de Konoha sobre las naciones shinobis en general.

―¿Y? ¿Qué propones entonces, kunoichi? ― aclamó Mei, con tono autoritario.

Sakura aguantó el aire antes de responder.

No hay vueltas atrás.

―Haré de sus naciones ninjas una fuerza comparable a Konoha.

Susurros de incredulidad e incluso risas se escuchan. Pero la expresión de serenidad de la Haruno no se amedranta ante ella, con la expresión fija en los cuatro Kages que lideraron la guerra. La posibilidad de volver al poder que disminuyo por la guerra, de recuperar fuerza militar, de lograr una diferencia en poder.

―Habla, kunoichi ― exigió "A".

Sakura se arrodillo sobre la alfombra que está en medio de la gran sala, tomó aire y cerró con fuerza los ojos. El alza de chakra no pasa desapercibida por nadie, pero solo se mantienen al tanto cuando el rombo magenta se dibuja en la frente de la Haruno.

―He estado asistiendo en las estaciones médicas y se de primera mano la cantidad de shinobis que estas incapacitados de forma permanente de las filas. Les ofrezco regresarlos a las filas y mejorar sus capacidades físicas con mis habilidades de ninjutsu médico.

La creencia de regresar un inválido de vuelta al campo crea curiosidad.

―Aunque fuera posible ― aclaró Onoki ―, me temo que eso no es suficiente. Pides porque perdonemos a tu aldea, pero no estás pagando el precio niña.

Son años de guerras, de odios guardados, de venganzas sin consumar, de rivalidades que llevaron demasiados a la tumba como para perdonar con facilidad.

―Lo entiendo, y aunque sé que no es suficiente, es todo lo que tengo para ofrecer.

Inconformidad se saborea en el ambiente. Bajo el vibrante esmeralda de Mei, la Kage se adelanta hacia Sakura, y con delicadeza, rosa con el pulgar la misma marca que Tsunade posee en la frente.

―Sí lo piensan bien ― dijo, para los demás presentes ―, existe una forma de dividir el poder de Konoha y mantenerlos al margen ―rodeo a Sakura hasta estar detrás de ella, y se cruzó de brazos, saboreando la idea que ha surgido en su cabeza ―. Sin duda la nueva generación de los Sannin marcó la diferencia en esta guerra, Uzumaki Naruto es un joven encantador y ha probado su fuerza ante todos, al igual que sus dos compañeros de equipo, ¿entienden lo que digo?

―Separar el poder de los Sannin ― argumentó Mifune, el líder del país del Hierro.

Las posibilidades se escabullen como dulces fantasías entre la mente de muchos. La joven de la hoja solo bajo la mirada, a completa comprensión de lo que esto significa.

―El Jinchuriki del Kyuubi no dejará Konoha, y dudo que alguien desee correr el riesgo de enlistar en sus filas al Uchiha ― aseguró Onoki, dando una larga mirada a la sala ―, por lo que nos deja a la alumna de Tsunade. Estoy seguro que ni ella misma se atrevería a atacarnos si su alumna es nuestro escudo.

Y la segunda condición se crea.


―Lo acordaron antes del tratado para que ella no pudiera huir una vez fue firmado ― aclamó Inoichi.

La sonrisa "A", aunque apenas perceptible, deja en claro la verdad de ese asunto.

―Esto no es todo ― exclamó Tsunade ―. Onoki debió pedir algo más valioso para salvaguardar su aldea.

Porque la humanidad no olvida, y cuando se lo pides, la recompensa deber valer mil veces más que el odio mismo.


Refugio del Clan Uzumaki

―Sácame de aquí.

Es una urgencia, un pedido fastidiado. Sasuke se encuentra de pie frente al rubio heredero, quién yace casi desparramado en una esquina del recinto. Todo mueble o cosa visible está hecha trizas, rota, despedazada. Sin nada en pie, limitado a una esquina rodeada de vidrios rotos y retazos de la tela de los muebles, Uzumaki Naruto abre los ojos de vuelta al mundo.

El fuerte azul cielo se ha ido, quemado por una vertical marca negra con fondo rojizo.

Sasuke se mantiene alerta desde su posición, con ambos brazos a los lados, preparado ante cualquier ofensiva. El cuerpo de su amigo se levanta, de a pocos, como tanteando sus primeros pasos, antes de mirarlo fijamente.

Los ojos de la bestia contra la estrella maldita del vengador.

―Kyuubi ― siseo él.

El rubio asintió lento con la cabeza, se acomodó en la misma esquina, dando profundos jadeos.

El mocoso está descontrolado.

Los puños del Uchiha se juntan, los nudillos se vuelven blancos de la fuerza, mientras pregunta con necesidad que es lo que sucede. El bijuu en control arruga el ceño, baja la cabeza y rememora las palabras de su hermano. Con una vida eterna, con el pasar de los siglos, con la creación del mundo, incluso él no comprende el razonamiento humano; no entiende la furia que le agobia a su portador, no entiende porque grita destrozando todo a su paso, no comprende porque llora mientras musita palabras de odio.

No comprende porque él, también se siente traicionado.

Con los ojos fijos en Sasuke, suelta la verdad como es la ha escuchado. Cruda, fría y traicionera.

Está creando jinchurikis.

Lo ve parpadear fuerte, como si no le creyera. Es entonces cuando baja la mirada, observando las heridas manos de su contenedor, las mismas manos que juraron protegerlo a él y sus hermanos de un nuevo encierro. Gruñe, para sus adentro ante el grito de Naruto, un gutural sonido de locura que traspasa el recinto donde lo ha dejado.

La voz rasposa, suelta de nuevo, la verdad que dijo Gyuuki.

Ella está creando jinchurikis para la alianza shinobi.

Es su ultimo recuerdo, el del pelinegro sorprendido, el que ve antes de retornar a su natural figura, dentro del antiguo recinto de su padre. En compañía de su preciado compañero, quién esta arrodillado sobre el suelo, con los puños enrojecidos, y el rostro con rastros de lágrimas.

― ¡¿Por qué Kurama?!

No tiene respuesta.

― ¡¿Por qué me traicionó?!

Rodea al muchacho con su cuerpo, tratando de estabilizar la paz mental de ese chico que ve resquebrajarse a su lado. Lo protege, antes de que llegue el enemigo, antes de que la luz se extinga de nuevo.

― ¡¿Por qué?!

Las palabras de Gyuuki se repiten en su mente. Y se pregunta de nuevo, como lo hizo antes de ser un mero prisionero en cuerpos humanos.

Como se desconecta ahora de las ansias torcidas que tiene por encarcelar a la flor que tanto protegió su pequeño. Lo ve gritar y lo único que logra hacer es acogerlo entre sus colas, inmovilizándolo. Lo escucha gritar, rugir, lo escucha expresar la frustración de ambos, pelean, uno por exhalar su furia mientras el otro lo mantiene sumergido contra las aguas, ahogando el ruido de su escándalo. Ahogando su propio odio antes de que aflore. Porque aún detrás de la quietud de su jaula, puede verlo rondando. Herido, más pequeño, pero igual de mortal. A la mitad de su ser, bañada en yang, circulando al humano que el intenta calmar. Susurrando palabras de odio, incitando a matar, pero no puede callarlo.

No como antes.

No le puede proteger.

Porque estás no son solo sus palabras de maldad. Son suyas.

Lo escucha reírse, amplio, fuerte, estridente.

Burlarse a vasto del nuevo infortunio que ambos enfrentan.

¡TE TRAICIONO! ¡LA ZORRA QUE SIEMPRE QUISISTE TE TRAICIONO! ¡HAS PERDIDO!

Gruñe alto, invocando a los grilletes de chakra a estrujar su garganta, a silenciarlo.

¡¿QUE SE SIENTE, MOCOSO?! ¡SER TRAICIONADO POR SEGUNDA VEZ!

― ¡No lo escuches, Naruto! ¡No caigas en su juego!

Una risa, negra y venenosa resuena en la prisión, las cadenas pierden fuerza y el zorro de pelaje oscuro y ojos oscuros gruñe con más poder.

¡HAS PERDIDO! ¡CONTRA LOS HUMANOS QUE BUSCASTE ENTENDER!

― ¡ALÉJATE!

¡LA PAZ NO LLEGARA! ¡NUNCA LO HIZO!

Se redobla para acurrucar al pequeño humano entre su cuerpo, dándole calma, callando no solo su propio juicio sino el del Uzumaki también. Esta arto. Harto de que la humanidad caiga una y otra vez, siempre en el infinito círculo de destrucción. Iba a hacer algo. Con o sin su jinchuriki.

Porque este no es el fondo del asunto. Lo presiente y basta con ello para asegurarse de que algo ocurre.

De que hay más mentiras y planes detrás.

Por el bullicio de su contraparte, toma una segura decisión. Los bijuus fueron objetos de peleas humanas siempre, ellos simplemente existían en el mismo mundo, como vigías de las continua vida humana de los descendientes de su padre. Simples guardias. Con una infinita sabiduría que poco parecía importar al momento de interactuar con otros seres.

Los humanos les temieron.

Y por ello los cazaron.

Está en su naturaleza temer a lo desconocido.

No obstante, los bijuus son distintos. Los bijuus no temen, el papel de pasivos en espera al entendimiento mutuo ha llegado a su punto final. Creyó que Naruto lo estaba consiguiendo, con seis de sus hermanos libres y ninguno de ellos con evidente treta por ser encarcelados. Que equivocación más estúpida. Era una finta, una cortina de humo por fingida hospitalidad, ninguna nación los dejaría marchar, solo esperaban el aclamo de guerra.

El aviso de poder cazar.

Porque tan pronto sus hermanos sufrieran bajo las armas de los humanos, les ofrecerían un nuevo carcelero, y el círculo se repetiría. Alguien nacerá en el futuro, con la misma hambre de poder y ambición que Uchiha Madara y los juntara.

El Juubi volvería. Por la necedad humana. El infierno regresaría a la tierra.

―Sí los humanos no quieren un futuro, es tarea de nosotros formarles uno.

Los que pueden deben extender la mano en ayuda. Según la basta creencia de su padre.

―Duerme un poco, Naruto. Lo necesitas.

El joven parpadeo ante sus palabras, adormilado, el ojiazul abrió la boca en un intento de decir algo, pero calló, presa del poder de su prisionero. El dorado poder de ambos renació de entre las aguas, el ninja se desvaneció por completo entre las garras del zorro y las puertas que los protegen a ambos se quiebran, al igual que las cadenas que limitaron a la otra mitad.

― ¡VEN!

Entre los escombros de la prisión, ambos zorros abren sus fauces contra el otro, en una guerra de poder.


Frontera del País del Fuego, 6:24 am

― ¡Kakashi! ¡La misión fue cancelada!

El transcurso en el bosque se detuvo al divisar un halcón mensajero sobrevolando. El camino se dejó para revisar que era lo que ponía tan nerviosos a los altos comandos de la aldea como para enviar un mensaje tan solo horas después de partir.

―Deberíamos intersectar la escolta en unos veinte kilómetros, ¿por qué nos detenemos?

Kakashi alzó la mano, leyó el mensaje que tendió Genma bajo su mando y se lo pasó de inmediato a Shikamaru. Con una mirada general a sus compañeros, se recostó sobre la superficie del árbol.

―Fuimos engañados ― concluyó el Nara, arrugando el papel del mensaje ―. No hubo ningún avance del Raikage por esta ruta.

― ¿Entonces el Raikage no viene a la aldea? ― increpó Sai.

El Hatake negó ―. El Raikage ya está allí, Hokage-sama nos quiere de regreso de inmediato.

Los shinobi no se mueven del lugar, dando una larga mirada a su alrededor, la realidad de una situación más problemática se cierne sobre ellos. Shikamaru aleja sus manos de sus armas y alza la voz.

― ¡Salgan y expliquen su objetivo!

De entre los árboles, escondidos entre las hojas, un escuadrón completo de ninjas desciende a tierra firme para afrontarlos. El grupo de seis shinobis de la hoja pronto está superado en número por 4 a 1. Kakashi, junto a Yamato, dan el primer paso en formalizar la emboscada recibida.

―Peculiar… encontrar tantos ninjas en una misión en conjunto ― comentó sarcástico el Hatake, bajando ligeramente su eterno libro naranja para fijar su vista en los obvios líderes del grupo ―, más aun, tantos oficiales de tan alto rango. No he visto esto desde Akatsuki, ¿qué tipo de misión tienen?

Está prohibido en el mundo ninja compartir dicha información, pero es obvia la respuesta. Están allí para emboscarlos.

Y teme más aún… por la gente que ve frente suyo.

Reconoce las siluetas bajo las capas que esconden los rostros, y sus sospechas se agravan cuando el oficial a cargo baja la capucha revelando su identidad. El sudor frío es insuficiente para expresar la negativa sensación de un encuentro no tan amigable.

Ao, el ex capitán de la división sensor de la guerra los está enfrentando.

―Hatake Kakashi, tú y tu equipo estarán bajo nuestra custodia desde este momento.

Shikamaru intenta retroceder en vano, siendo sujetado por detrás en un rápido movimiento que lo manda al suelo inmovilizado. Los ojos del equipo de la hoja se mueven rápidamente hacia él, siendo detenidos por la figura encapuchada que comienza a sujetarlo con soga. Yamato traga duro tras compartir una mirada con Kakashi. El escenario no luce nada bien.

Ao avanza un paso ―. No lo repetiré, Kakashi. Entréguense ahora mismo.

―Tengo entendido que nuestras aldeas están en buenos términos políticos, ¿por qué Kirigakure nos quiere tomar en custodia, Ao?

Existe el tinte de autoridad y negación en Kakashi. Saben bien que esto no es un encuentro amistoso para aclarar dudas entre aldeas. No con un número tan grande de personas. Ellos han venido a silenciarlos. Han venido a asegurarse de que no interfieran en algún acontecimiento. Ao hace una seña ligera para detener a Chojuro, quién es fácilmente identificable por tener la espada empuñada hacia sus enemigos. Es el segundo en el que le da la señal de proseguir, en donde el infierno se desata.

Cinco miembros se lanzan contra Kakashi, mientras otros tres van contra Yamato y los demás miembros.

La profunda neblina aparece, un preludio de una experiencia de asesinato, típica de los ANBU que comienzan a atacarles. Una lluvia de agujas pronto se hace presente, siendo protegidos por una muralla de madera, el equipo de Konoha empieza la retirada hacia la profundidad de un bosque que apenas es visible.

― ¡Cuídense de las senbon! ¡Vamos!

Con Shikamaru bajo el brazo, Sai emprende la huida, un dibujo rápido de un sexteto de tigres entretiene a los adversarios mientras corren a seguir a sus superiores. Por entre la neblina, a lo lejos, puede divisar a Ao, aquel que robo un ojo a un Hyuuga hacía muchos años. Lo ve decir algo. Y puede leer claramente sus labios.

― ¡ESPEREN!

Su grito pronto se ve ahogado por una serie de explosiones que lo mandan de regreso a la tierra, rodando, el cuerpo del Nara lejos de su alcance. Se levanta apenas para ver que Kakashi, Yamato, Genma y Kotetsu están enfrentando muchos más enemigos que antes. Las claras ropas de los miembros de Kirigakure ya no son las únicas que ve.

― ¡Encontré uno!

Se levanta con esfuerzo, con la tanto en mano enfrenta tres enemigos distintos.

Akatsuchi, el guardaespaldas del Tsuchikage.

Kurotsuchi, la nieta del Tsuchikage.

Y Atsui, un jounin de Kumogakure.

La pelea no dura demasiado, sola es extenuante y dolorosa. La mezcla entre las técnicas de tierra y rayo superan su técnica de dibujo por segundos en los cuales ve a los ANBU de Kiri ir una por una, logrando dar con las senbou en su cuerpo. Tendido, derrotado sobre el suelo e inconsciente, es llevado por los shinobi hacia su guarida.

El último en pie es Kakashi.

Samui y Ao son sus principales oponentes. Seguimos de una horda de shinobis detrás de cada uno.

―Ríndete, Kakashi.

El Sharingan pulsa fuerte sobre el ojo del Hatake. Su vista recae sobre Ao quién arruga el ceño al no verlo caer tras horas de batalla.

― ¿Por qué están haciendo esto?

Samui entrecierra la mirada, dando un paso al frente para reanudar el encuentro. Su respuesta, resuena en el aire mientras los ninjas se abalanzan uno tras otro a atacar a Kakashi.

La Hoja cae bajo el poderío del Rayo, la Roca, y la Niebla.

Agotado, Ao desactiva el Byakuugan de su ojo derecho. Ordena que se lleven los cuerpos de todos los shinobi de la hoja y el grupo comienza su retorno a su base. En el campo de batalla, tras un mar de pólvora, fuego y destrozos, bajo árboles caídos, un pequeño ratón corre rumbo a su hogar para derivar el fortuito mensaje de su creador.


―Prepárense para dejar esta aldea ― ordenó, con la voz en alto.

Los cinco lobos asintieron, corriendo entre el bosque, dejaron a su amo a la merced de su acompañante.

―Vaya, ¿qué hace mi colaborador aquí? Falta mucho para cerrar nuestro trato.

Se voltea, sonriente, dando una pequeña reverencia a su compañía. Entre la oscuridad de la noche, intenta soportar las ganas de carcajear. Las ironías de la vida eran divertidas. Demasiado.

―Vamos, ¿a qué debo la visita? Lamento no pasar más por tu casa, pero he tenido que ocuparme de muchas cosas en mi corta estancia.

―Esto no fue lo acordado ―contesta la contraparte, con obvio fastidio.

Kaito se cruzó de brazo ―. Bueno, admito que me pase en algunas cosas, pero debes entender que mi rabia no es apaciguada con tan poco. Debía divertirme también.

―Dijiste poder curar la enfermedad de los jinchuriki. Lo único que has hecho es traer caos a Konoha..

Puede notar el temblor de sus palabras, como si esperara algo positivo.

―Puedo, más bien, mis aliados y yo podemos. Pero no es algo que se logre de un solo ataque, pronto lo veras, cuando todo esto acabe, el trato será cumplido. Tu solo debes cumplir tu parte.

Ve que se muerde el labio, pero toda su atención se gira de pronto hacia la puerta que se desliza detrás suyo, su jefa, aparece vestida por completo para la huida. Sakura pasa la mirada hacia el colaborar de Kaito. Una espina resuena al ver su identidad.

―Puedo curar la enfermedad del Kyuubi, pero debes ser paciente. Como ya has escuchado, una nueva guerra se avecina. Cumple tu parte y espera.

Comanda a Kaito a seguirle, rumbo al encuentro de Omoi, rumbo al escape de Konoha. Dejan a su contacto detrás, los pasos cuestan un poco menos al comprobar sus suposiciones. Todo el tiempo, siempre dando detalles tan benignos y certeros. Debió creer más en la insulsa posibilidad de que fuera quién le vendía información. Se detuvo a su lado, dejo una mano sobre su hombro y se mantuvo quieta.

―Puedes matarme ahora. El trato se dará sin mí en el. Considéralo tu única oportunidad.

― ¿Por qué?

Sakura cerró los ojos ―. Porque lo que le espera a tu aldea es un tiempo de dolor, causado por mí, está aldea será diferente por el resto de sus días.

Puede sentir su mirada sobre ella. Puede sentir temblar su cuerpo, como luchando entre quitarle o no la vida. Pasaron minutos, pero no la mato.

―Considera esta mi declaración de guerra. Has perdido tu oportunidad. Y si regreso aquí, estoy segura de que nada será igual en tu vida ― exclamó. Le puso un kunai en la mano, lo dirigió a su propio cuello y presionó―. Sí vivo, la vida más perjudicada, será la tuya.

Presiono, soltó su mano, y al ver ningún movimiento de querer atacarla, se apartó.

―Te he dado la oportunidad, al igual que tú me la diste para lograr todo esto― aclaró Sakura.

Bajo la cabeza, en una reverencia que tiene un significado diferente para ambas partes.

―Tu ayuda fue vital y lo agradezco. Este es el adiós definitivo.

Sakura giró hacia Kaito. Es hora de marchar.

―Sé fuerte por el porvenir de Konoha, Hinata ― suspiró la pelirosa.


Bosque de Konoha

Sí las lisuras se contaran, Shizune ya habría de estar por la centésima grosería que escucha de los labios de su maestra. Con Tonton bajo el brazo, los ayudantes hacen compañía a la Hokage en el bosque de la aldea, en un apartado lugar donde la luz del sol brilla intensamente, dando calidez a la cruz de madera y flores que yacen sobre el suelo. Con una botella de sake en mano, dos copas al frente, Tsunade intenta liberar su estrés con su mejor amigo en mutua comprensión.

― ¿Se siente mejor?

La rubia no dice palabra, solo baja la cabeza y sigue bebiendo con compulsión, sus mejillas enrojecidas al igual que sus ojos. Las uñas se entierran en la tierra, y con el cabello enmarañado por su rabieta temprana, mira fijamente la fotografía del ermitaño de los sapos. La sombra llega, tímida, por reflejo de una nube oscura que cubre el cielo por segundos, y bajo ella, la actual Hokage emite palabra.

El ardiente aliento de alcohol, se enfría con sus silabas.

―A la mierda el tratado…

Shizune baja la cabeza, entristecida al igual que Tonton. Una mano se apoya en la espalda de Tsunade en un leve masaje de confort.

― ¡Es mi alumna!

La botella de sake explota por el golpe sobre el suelo.

Leves gotas se resbalan sobre la fotografía.

Como lágrimas bajo los ojos de Jiraiya.


Algunos metros alejados de Konoha, se detuvieron, por la ausencia de un miembro del grupo.

― ¿Qué sucede? ― preguntó Karui ―. Debemos irnos.

Kaito se quedó callado, mirando el horizonte, mirándola a ella.

Omoi intervino―. Dale tiempo, está podría ser su ultima vez en su hogar.

Ningún miembro del equipo dijo más. Solo observaron a la kunoichi quedarse de pie, observando la aldea. Mirando algo que ninguno de ellos conoce, solo esperando. Para Sakura es diferente. No ve el mismo muro, no ve la insignia, no ve la entrada. Ve memorias. Ve rostros. Ve emociones aflorar mientras lucha internamente por seguir su rumbo. Su nación, su hogar, su vida estuvo allí. Las personas que son su vida están allí. Sus piernas no tienen deseos de seguir. Y ella por una parte tampoco.

―La dejaré aquí ―dijo suave ―. No puedo continuar sin dejarla aquí.

Omoi y Karui vieron al pelirrojo con curiosidad. Este les dio la señal de esperar y se dirigió a la pelirosa hasta quedar detrás de ella.

― ¿Estás segura? Nunca notarán que está aquí. No tiene sentido.

Sakura negó con la cabeza ―. No tiene sentido arrastrarla más a donde no desea ir. Es mejor dejarla aquí, donde es feliz, con la gente que ama.

Kaito no refuto de nuevo, se apartó y con las manos en la espalda de la joven, el brillo de un sello se anunció.

― ¿Segura? ―consultó.

Sakura asintió y el golpeo fuerte sobre su espalda. Pudo sentir un suspiro, ver algo ligero desprenderse de Sakura, y volar lejos, rumbo a su hogar. Omoi y Karui no lo ven, pero la pelirosa sí. Puede sentir su sonrisa sobre sus dedos, puede sentir su felicidad, sus ojos queman de envidia porque otra cosas más de va de su alcance.

Y está es la última vez que sucede.

―Vamos.

Sakura asiente ante el llamado de Omoi y se marcha. Está bien. Al menos algo quedó. Aunque sea un innecesario valor, quedará allí y quizás un día ellos lo noten.

Quizás un día, ella también pueda volver.


Lonely Athena :D

No basta decir que ha pasado como dos meses sin este fic. Espero no lo hallan olvidado xD. Este capitulo fue hecho con muchiiiisimo cariño.

Ahora al capitulo en sí. Ya revele porque razones Sakura fue usada. Y sí, supongo que ha muchos les saldrá la duda de que Sakura pudo quedarse callada y ayudar a encubrir todo. Pero siempre he pensado que las mentiras tienen patas cortas, peor aún, si son una alianza internacional que busca enderezarse tras una desastroza guerra. Sean las magnitudes de un conflicto, lo que queda después es una frágil desconfianza, que es el punto donde Sakura intervino. No ha reforzado la confianza, ha creado murallas para evitar la guerra entre ellos. De por sí, verán más detalles en el futuro. No todo se revela todavía.

Supongo que habrá a quiénes les guste el ligero drama político aquí y otros a quién no. Pero algo fundamental de este fic.

Hm... pensando que más dudas abrá. Bueno, en el siguiente capitulo se explicará más cual es la situación de Naruto y Sasuke. Y la relación que tiene con las condiciones de sakura. Hinata sí, fue la espía que dio detalles sobre Konoha. Esa me la ingenie en el camino, por no decir de la nada, surgió, y plop dije ya debo ponerlo. Kaito no hace tantas apariciones en este capitulo porque será la estrella en lo que viene.¿Les pareció poca la trama dentro de Konoha? No se preocupen, aunque Sakura no este la trama de la hoja igue. El Raikage sigue allí y veremos más de otras naciones en lo que venga de capitulos. Todos pondrán su mano en el grupo. A ver a ver... ñam... que más.

¡Las parejas! x.x En realidad este fic a tomados medidas más grandes a las que dispuse en primer momento. Yo decía un fic de apenas 5 capitulos a lo mucho. Por lo cual las parejas serán un tema de segundo plano hasta que se me ocurra si debería dejar una remarcada o no. Aunque hay una linda pelea entre los Kai-Saku y los Naru-saku :3 . ¡Me alegra tanto que les guste este personaje tan orignial de mi creación xD! Siguiendo a los reviews, quiero agradecer a los nuevos lectores del fic. a los que continuan apoyandolo y dejan sus hermosos reviews que me alegran el día. Alice Mazune - gracias x hacerte la cuenta :D A partir de ahora les responderé individualmente :). Los que no tengan haganse una para poder responderles adecuadamente y no dejar un testamento de nota de autora más largo que el fic. Eso , en lo personal, me molesta al leer otro fics.

Dudas del capitulo anterior. Naruto usa un jutsu tiempo-espacial, similar al de su padre para tele transportarse de lugar. Una vez deja la marca sobre algo es capaz de regresar al mismo lugar a voluntad. Lo que hace Naruto al ver que la ha golpeado es entrar en una especie de panico-rabia, y su propio ser la aleja del recinto dejándola en el bosque.

Por este capitulo, existe un favor que Sakura pide al Raikage, revelado en los ultimos capitulos. Kurama decide formar parte de la guerra de manera más directa, Sasuke hará lo propio -siendo Sasuke verán que hará - XD. El escuadrón misterioso hará de las suyas también.

Si son tan lindos con sus reviews xD Digo , sinceros y respetuosos en dejar comentarios :3 . El capitulo la próxima semana :D Por celebrar vacaciones.

Les agradece seguir este fic, Lonely Athena.

¡Reviews! :D