Capitulo 14 Hechos Inesperados

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Elizabeth entrelazo el brazo de Ed con el suyo y salieron de la casa hacia los jardines.

Estuvieron toda la mañana recorriendo aquellos jardines y al momento de marcharse decidieron pasar nuevamente por la residencia.

Elizabeth se adelanto un poco y golpeo la aldaba que poseía aquella gran puerta de madera tallada.

Y en un momento llegó Ed a su lado, e instantáneamente la sirvienta abrió la puerta.

-Buenas tardes Señor y Señora Braxton- Habló amablemente.

-Buenas tardes- Y sonrió, Ed solo saludo y luego Megan los invitó a pasar.

Se volvieron a sentar en el mismo lugar de antes.

-En un momento el Señor estará con ustedes. Les preparare algo de comer, con su permiso.- Y estaba a punto de retirarse.

-Deja te ayudo- Se levantó y se acercó a ella.

-No es necesario Señora- Dijo sorprendida, jamás ninguna otra mujer en sus anteriores trabajos se había ofrecido a ayudarle, después de todo era su trabajo servir.

-No te preocupes, Ed se quedara a esperar al Señor William y yo te ayudare- La sonrisa de Liz le transmitía santa amabilidad, solo asintió y ambas de dirigieron a la cocina.

Ed se quedó esperando en la sala, mientras que Liz y Megan estaban cocinando.

-Por favor, siéntese señora- Y Megan le dispuso la silla. Liz rió un poco por lo bajo, tapándose la boca con su mano.

-Si me dices señora pareceré una vieja, además yo soy muy buena preparando tartas- La verdad que Megan estaba sorprendida, pero era un gesto tan amable que le provocó una calidez en su interior.

Ella era una muchacha de unos veinte años, cabello castaño recogido den una cola de caballo, ojos negros y piel clara y hacia ya cuatro años trabajaba de sirvienta.

-Siéntate, te preparare una tarta, son mi especialidad- Era Liz quien ahora ofrecía la silla, pero Megan se negó.

-No puedo señ… digo Elizabeth permitir eso- Refutó.

-Por supuesto que sí-

La cocina consistía en una gran mesada con enormes gabinetes encima y debajo, en el centro otra mesada con gabinetes debajo y en los bordes sillas, un enorme y rustico refrigerador, a la izquierda de Liz estaba el horno y las hornallas.

Megan solo fue autorizada para mostrarle donde su ubicaban los ingredientes.

Durante todo el tiempo solo la observó, le parecía extraño pero amable un gesto tan considerado.

-Elizabeth ¿yo podría saber…- No correspondía ella no podía hablar con una persona de clase alta, en realidad no lo sabía, pero una persona tan hermosa como ella, con un esposo igual de bello, educada y amable sería difícil de que fuera como ella.

-¿Sí?- Preguntó Liz.

-N-no nada- Respondió algo nerviosa.

-Vamos, puedes preguntar- Le alentó gentilmente.

-B-bueno… tú y tu esposo ¿A qué familia pertenecen?- Pregunto rápido y espero la reacción de Liz por haber sido tan entrometida.

-Mmm… pues hoy hace un año que llevo el apellido Braxton- Dijo pensativa.

"¿Braxton? Uno de los apellidos más famosos de toda Inglaterra, después de todo est…" Pero su teoría fue negada.

-Pero nuestras familias… yo provengo de la familia Elric- "¿EH? Según tengo entendido estas dos familias se odian y son igualmente poderosas y famosas" No podía creerlo, ellos dos juntos pero ¿cómo?

-Nuestras familias… ellas no aceptaban nuestro amor y solo… escapamos, ellos saben donde vivimos y que hacemos, pero hemos cortados lazos, y somos muy felices aunque no tengamos su aprobación- Dijo sonriendo contestando la pregunta mental.

-Ya veo- "¿Entonces no tiene un centavo?

-¿Y de que viven?, p- perdón por ser tan entrometida, lo siento- "Su curiosidad la obligaba"

-Ed comercializa, a través de un galeón, gana lo suficiente, además el dinero no nos interesa-

Todo quedo en silencio, Liz prosiguió con su tarta pero Megan quedó pensando.

"No es de clase alta, huyó por amor, no es caprichosa, es amable, es una hermosa persona…"

Sin darse cuenta perdida en sus pensamientos había pasado ya un buen rato y Liz ya estaba sacando del horno la tarta de manzanas.

-Listo, serás la primera en probarla- Tomó un platillo y un cuchillo y con cuidado corto una rebanada y se la sirvió.

-Muchas gracias Elizabeth- Con su tenedor llevó un pequeño bocado a su boca y la degustó- Esta exquisita- Le felicitó

-Muchas gracias, tenemos que llevarles a aquellos dos, en la sala- Dijo señalando la sala donde Ed y William estaban charlando.

Ambas llevaban un trozo.

-Veo que se han llevado bien- Hablo William.

-Elizabeth es una persona muy amable- Dijo Megan y Elizabeth se sonrojó.

-Estoy seguro de que así es- Dijo William.

-Hemos traído un poco de tarta de manzana recién cocinada- Dijo Elizabeth y cada una les dio un platillo.

-Esta deliciosa Megan- Alagó William al probarla.

-No señor, yo no he sido quien la ha preparado, ha sido Elizabeth- William quedó sorprendido.

-Oh lo siento Elizabeth, ha quedado delicioso- Elizabeth negó con la cabeza sonriendo no dándole importancia al error.

Mientras que Ed solo observaba en silencio, desde un inicio supo que había sido hecha por su esposa, porque aunque no lo digiera él la conocía a la perfección y sabia lo detallista que era para la comida, y al probar el delicioso sabor típico de sus comidas no hubo dudas.

-No pasa nada-Dijo sonriendo y se sentó al lado de su esposo, Megan sintió que sobraba y se decidió a marcharse.

-Megan, ven siéntate a mi lado, no hay problema ¿verdad?- Le ofreció Elizabeth y William negó con su cabeza a la pregunta de Elizabeth, giró asombrada y al ver la aprobación de su Señor accedió.

Estuvieron largo rato hablando hasta que se hizo un poco tarde, así que la pareja decidió marcharse.

Ya en la puerta se despedían.

-Adiós William, adiós Megan gracias por ser mis nuevos amigos-Dijo dulcemente despidiéndose.

-Muchas gracias por todo, que tenga una buena noche- Se despidió Ed.

-Muchas gracias a ustedes por alegrar mi día, que Dios los cuide y proteja- Dijo William.

-Muchas gracias Elizabeth, y a usted Señor Braxton, que les vaya bien y tengan cuidado- Se despidió Megan.

-Puedes llamarme Edward- Habló él seco. Y Megan pasmada solo asintió.

Ellos dos se marcharon y Megan cerró la puerta luego de que el venerable entrara.

-Personas como ellas aparecen muy pocas veces- Dijo pacíficamente.

-Ciertamente Señor- Habló contenta.

Luego de ese día durante seis meses fueron casi todos los días a visitarlos, a veces Ed no podía ir por trabajo pero eso no le impedía a Elizabeth hacerlo.

Después de todo el venerable y Megan Vivian en aquella enorme casa, solos sin compañía y el venerable se sentía muy solo. Pero aquellas visitas de parte de la joven pareja lo revivieron de cierta forma, la compañía de Elizabeth y Ed era tan grata para ambos, él y ella se dedicaban a charlar y a pasar tiempo con William y Megan. ÉL ayudaba al venerable con ciertas cosas mientras que ella a Megan y poco a poco parecían una familia.

Pero William ya había vivido una larga vida sin arrepentimientos y cayó enfermo.

Sus cuatro hijos varones y tres hijas mujeres vinieron de todas partes del mundo junto a sus hijos.

Y cuando el venerable murió lo hizo sin arrepentimientos, un silencio sepulcral invadió la habitación, Megan, Elizabeth y los hijos del venerable lloraron, mientras que Ed tuvo que aguantarse, y consoló a su esposa entre sus brazos.

Luego de despedir a aquella maravillosa persona, durante una semana sus familiares estuvieron de luto, Ed y Elizabeth por respeto visitaban su tumba y como era de esperarse del venerable había educado a sus hijos de gran manera y al ser ellos amigos de su padre también lo eran para sus hijos.

Estaban todos en la sala.

-Papá no era de tener muchos amigos- Sonrió amargamente, era el mayor que hablaba, rostro ancho y adulto, cabello negro al ras y ojos azules.

-La gente con sentimientos impuros no podían estar cerda de él solía decir- Dijo la hermana mayor una hermosa chica de cabello rubio largo y ojos azules al igual que su hermano.

-Pero al parecer ustedes eran especiales- Dijo la menor de todas, cabello negro por los hombros y ojos castaño, facciones delicadas y vos suave.

-William era un hombre magnifico- Dijo triste Liz- Me hubiera gustado conocerlo mucho antes, solíamos venir a visitarlo y charlábamos todos los días, era realmente un hombre amble y sincero- Una lagrima rodo por su mejilla.

-Fue uno de los pocos hombres que realmente se ganó todo mi respeto y aun mas, lo consideraba como un verdadero padre- Todos quedaron en silencio estupefactos, durante aquella semana habían aprendido que no era un mal hombre pero si muy seco y escuchar aquello por parte de él los hizo muy felices.

-Así era él…- Dijo el segundo hijo rubio ojos castaño y facciones alargadas.

Sintieron que alguien golpeo la puerta y Megan procedió a abrirla.

-Buenas tardes y mi más sentido pésame- Dijo un hombre de traje y con portafolios.

-Buenas tardes- Saludaron todos.

-He venido de parte de de vuestro padre, con su testamento, que días antes me encomendó.-

Los siete hijos se levantaron y decidieron ir hasta el estudio de su padre.

-Serán mejor que ustedes también vengan- Y el notario señalo a Ed, Liz y Megan.

-¿Nosotros?- Cuestionó atónita Elizabeth.

-Si- Afirmó

Ya todos en el estudio, el silencio reinaba en la habitación.

"Yo, William L. Lambert, he decidido, como mi última voluntad dividir mi fortuna en ocho partes equitativas, una para cada uno de mis hijos y la restante se dividirá en partes iguales para Megan Moore y la pareja Braxton. Y mi casa he decidido dejársela a Elizabeth y Edward Braxton, espero que respeten mi decisión." Leyó el notario.

Solo hubo silencio, pero un hecho impacto a todos, excepto a Ed, pues si bien ella no lo hubiera hecho hubiera sido él. Elizabeth sonrió, una sonrisa alegre, cualquiera hubiera sacado conclusiones apresuradas y pensado que había sido solo una caza fortunas pero se paró de golpe…

-De ninguna manera podemos aceptar esto, nosotros queremos mucho al Señor Lambert y nos alegramos de que fuéramos tan importantes para él que hasta decidiera dejarnos algo pero es demasiado…- Dijo sentándose de vuelta.

-Ella tiene razón, yo no puedo aceptar esto, me niego- Ahora era Megan quien hablaba.

-Megan, dime ¿Cuántos años trabajaste para mi padre?- Habló el mayor.

-Cuatro pero…- Fue interrumpida.

-Para nuestro padre fuste como una hija y para nosotros una hermana, además tu situación es crítica, fue su decisión para él es muy importante- No tuvo manera de contradecirlo, solo asintió.

-Y ustedes- Dijo dirigiéndose a Ed y Liz- Fueron amigos de mi padre y él era una persona que podía ver mas allá en las personas, yo y estoy seguro que todos mis hermanos también podemos ver que son personas de bien. Nosotros respetamos la decisión de nuestro padre, no nos interesa el dinero, ninguno tiene problemas y es una lástima que esta casa fuera abandonada porque ninguno de nosotros puede quedarse con ella, y si mi padre fue capaz de dejarles esta responsabilidad hablo por todos- Y sus hermanos asintieron- cuando digo que nosotros también confiamos en ustedes.- Hablo la hija mayor.

Esperaron una respuesta, ambos lo pensaron.

Y Elizabeth solo asintió aunque lágrimas caían de sus ojos.

-Y yo hablo por mi esposa cuando digo que honraremos la decisión de William- Habló Ed.


Habían pasado ya un mes, era lo que tardaba el viaje hasta Inglaterra. El barco estaba encallando en el muelle, y bajaron tablón.

No podía evitar sentirse ansioso y preocupado, tomo su bolsa, salió de su camarote, bajo del barco y cuando por fin había llegado a casa, como había encargado un caballo lo esperaba para ir hasta su casa.

Tomó el caballo y lo montó y sin siquiera despedirse comenzó a cabalgar a lo mas rápido que pudiese el animal. Al cavó de unos treinta minutos llegó a la entrada, su mujer aun no sabía que llegaría ese días pues se le había dado a entender que aun tardarían dos días más

Llegó a la entrada de su casa y saltó del caballo, en su pecho un mundo de emosiones lo abrumaba.

Felicidad, emoción, agradecimiento, nostalgia, preocupación, amor.

Entró de golpe y recorrió las habitaciones pero no había rastro de ella, desesperado salió al jardín, y la diviso a lo lejos en el columpio que él mismo había hecho en el gran algarrobo en el centro del jardín el día de su cumpleaños.

-¡Elizabeth!- Gritó.

-¿Edward?- Su corazón dio un vuelco y a latir desenfrenadamente- Ed ¡Ed!- Se levantó de su asiento y comenzó a correr hacia él y Ed hizó lo mismo.

Llegaron al uno al otro y él la tomó en brazos, la abrazó y se aferraron el uno al otro.

-Mi amor, pensé que no volvería a tu lado- Se aferro a su ropa y la abrazó aun mas, escondío su rostro en su hombro, pensó que jamás volvería a sentir su dulce escencia o a sentír aquel calor que ella emanaba. Unas lágrimas amargas que no había demarrado desde que era niño.

-¡Idiota!- Gritó- Sabes cuánto sufrí, pensar que podías estar muriendo, pensar que no volvería a estar a tu lado- Lágrimas caían, la felicidad en su interior era tal que no había manera de expresarla, y el alivio de que no fuera un sueño como tantos otros y que realmente estuviera a su lado era tan reconfortante.

-Perdóname, jamás volveré a dejarte-

-Mas te vale, no se que pasaría si no estuvieras- El abrazo duro un largo rato, solo aferrados el uno al otro, sin palabras, en aquel abrazo expresaban todo.

Se separaron unos centímetros y se miraron fijamente, él con sus dedos seco las lágrimas que caían de los ojos de Liz.

-Tengo una noticia- Dijo sonriendo a pesar de las lagrimas.

"¿Sera de lo que me habló Patrick?" Sintió la cálida mano de su esposa tomar la suya y llevarla hasta su vientre.

No había notado la pequeña panza de su mujer que dentro albergaba un hermoso regalo. Aquel fruto de su amor era lo mas preciado, lo mas hermoso a sus ojos, un simbolo de su amor.

-Elizabeth…- La besó, lo único que se le ocurrió para demostrar su alegría.

-Seremos padres- Dijo volviendo a sonreír con lágrimas de felicidad.

-No puedo expresar cuan feliz soy, todo te lo debo a ti. Gracias Liz-

Se arrodillo y quedo al frente del vientre de Liz, beso su pancita e intento escuchar el latir de su hijo.

-Prometo que jamás te abandonaré, ni a ti ni a nuestro hijo-

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