L: Rachel ya se fue con Kurt, Quinn. Cómo hace una hora. – Le informó el hombre a la joven mujer sentada frente a él. – Y cómo Rachel ya se fue, Puck no va a venir por ti hoy... Así que toma. Conduce con cuidado ¿sí?

La rubia levantó los ojos de su desayuno y miró a la persona que tenía enfrente, por primera vez en toda la mañana, sólo para recibir las llaves de su motocicleta, de manos de LeRoy. Después del tintineo generado por las llaves, todo volvió a ser silencioso.

H: ¿Pasa algo, Quinn? – Le preguntó su segundo futuro padrastro, bastante preocupado. La mujer ojiverde únicamente sacudió la cabeza, en forma negativa, a modo de respuesta.

L: No has probado tu tocino. – Señaló el plato frente a Quinn, con la carne ya fría y un par de huevos fritos despedazados: había estado moviendo la comida de aquí para allá, sin probar bocado alguno. – Apenas nos miras a la cara y no has dicho ni una palabra desde que entraste a la cocina.

¿Cómo rayos podría mirarlos a la cara, si ella había violado a su hija? Porque eso (por lo menos, en la mente de la rubia) era exactamente lo que había pasado: ella se había aprovechado de su futura hermana.

Q: No, nada. No pasa nada... – Murmuró jugueteando nerviosamente con las perforaciones de su labio inferior.

L: Sabes que si algo anda mal o te molesta, puedes hablar con nosotros, Quinn. Somos tu familia. – Dijo cariñosamente, al tiempo que su mano recorría la superficie de la mesa, para encontrarse con la de la joven, y acariciarla. – Puedes confiar en que te escucharemos y si está en nuestras posibilidades, te ayudaremos.

Quinn seguía sin levantar la vista, desde qué la había bajado, y los dos hombres comenzaron a preocuparse cuando la respiración de su hijastra se volvía cada vez más y más agresiva y rápida; hasta llegar al punto de que cada exhalación e inhalación, duraban menos de un segundo.

H: Oh, por Dios... – Susurró levantándose al igual que su esposo, para comenzar a acariciar la espalda de la ojiverde. Rachel había hecho lo mismo antes (cada vez que Quinn tenía uno de sus "episodios") y parecía tener un efecto tranquilizador en la mujer. Solo que ésta vez, no funciono...

Q: ¡Estoy bien! – Dijo levantándose de repente de su asiento, alejando y asustando así a los Berry.

Con manos temblorosas, tomó las llaves y su mochila de Batman. Sin mirar atrás, salió a la velocidad de un rayo de la casa, limpiando las lágrimas que se le habían escapado...


R: ¿No crees que es demasiado? – Preguntó mirando a su gemela, a su reflejo, en el espejo del baño. – No creo que a Quinn le guste esto...

S: Por favor, Berry: te vistes así todos los días para venir a la escuela. – Giró los ojos de exasperación, cuando vio nuevamente una expresión de inseguridad en el rostro de Rachel. – Lo único distinto es la camisa que llevas puesta. Pero aún así, te ves tan sexy cómo la más depravada fantasía sexual de un japonés pervertido.

Rachel ladeó la cabeza hacía la izquierda, arqueando cejas de ese mismo lado, cuestionando a la chica latina con toda la expresividad de su rostro.

S: Mira: esto sólo lo diré una vez... ¡Y si me entero que lo estuviste repitiendo por ahí, haré que tu vida sea un infierno! – La amenazó con una mirada aterradora, antes de afirmar lo siguiente. – Tú eres atractiva. – Los ojos de Rachel se abrieron cómo platos ante ésta revelación. – Siempre he envidiado tus trabajadas piernas y admito que... Más de una vez... He fantaseado contigo... – Y con esto, la boca de la diva se abrió, formando una perfecta "o" con los labios. – Así que si hasta yo, Santana López, te encuentro atractiva, no veo porque Quinn no pueda hacerlo también... Es decir, viéndote así, toda producida... – Los ojos de latina recorrieron, desde los pies hasta la cabeza, el cuerpo de su compañera, mientras sus dientes mordían su labio inferior. – Me dan ganas de hacerte mujer... – En ese preciso instante, Santana rememoró una de sus recurrentes fantasías, dónde ella y Brittany instruían a Rachel en las artes amatorias lésbicas. "Mientras Brit la ataca por la espalda, yo puede darme un festín con todo lo que se ofrece adelante..."

R: B-bueno... ¿Gracias? – La chica balbuceó al principio de su respuesta: no podía dar crédito a lo que había oído. Y la mirada que le había dedicado su compañera, no había ayudado para nada a tranquilizarla, en ese momento tan estresante para ella.

T: ¡El objetivo ha llegado al perímetro! - Dijo entrando al baño de mujeres, con su teléfono pegado al oído. – ¡WOW! ¿No crees que es demasiado...? – Al escuchar ésta crítica sobre su producción, Rachel miró a la latina directamente a los ojos, con una expresión en el rostro que decía "¡¿Ves?! ¡Te lo dije!".

S: ¡Demasiado tarde cómo para cambiarte! – Dijo a modo de remate y cierre, tomando el bolso de la diva, para colgarlo en el hombro de su dueña. – Me voy a mi puesto. – Y salió del baño inmediatamente.

K: ¡Tina! – La voz chillona y estridente del chico salió del potente parlante del celular. – ¡Tienen que apresurarse: Quinn ya va caminando por el tercer pasillo!

T: ¡Ya vamos! – Le gritó al aparato electrónico, para luego cortar la llamada. – ¿Lista?

La pequeña morena asintió nerviosamente varias veces: no estaba para nada lista...


Quinn caminaba rápidamente por los pasillos, analizando el rostro de cada uno de estudiante de McKinley, para descubrir si alguno de ellos podría ayudarla con su "problema"...

Años atrás, se había dado cuenta de que en cada escuela, siempre había alguien que vendía drogas. Y lo más probable, es que lo encontrara debajo de las gradas. Pero un vistazo general por los pasillos podía también ayudarla en su búsqueda... Y no dañaba a nadie.

B: ¡Hola, Quinn! – La porrista rubia se atravesó directamente en su camino, cortándole el hermosos ojos azules brillaban con la ilusión de una niña pequeña la mañana de Navidad y se balanceaba cambiando de peso en las puntas de sus pies, mientras esperaba la respuesta de la joven mujer.

Q: Hola, Brittany. – Respondió con un bufido de exasperación al final. Pero la rubia más alta no se movió ni un milímetro de donde estaba: seguía ahí, con su característica y gigante sonrisa pegada, casi de manera permanente, en su rostro.

Quinn miró nerviosamente hacia ambos lados, buscando algún chivo expiatorio que la ayudara a escapar de la incómoda situación. Al no encontrarlo, se aclaró la garganta y rodeó a la alta rubia, para proseguir con su búsqueda. Brittany simplemente bufó de enfado, ante el evidente malhumor de Quinn, se dio media vuelta y siguió a la mujer.


K: ¿Qué rayos hace Brittany con ella? – Le susurró a su compañero, mientras caminaban detrás de las dos rubias, a una distancia prudencial, para que no se dieran cuenta que estaban siendo seguidas.

M: No lo sé. Pero si no la quitamos del camino, va a arruinar todo el plan.

En menos de un segundo, Kurt ya tenía su celular afuera y pegado al rostro, gritándole a Tina una serie de cortos y rápidos susurros, para que ni Brittany ni Quinn lo escuchen.


R: No comprendo nada de lo que está diciendo. ¿Por qué habla tan bajo? – Le susurró a Santana con el ceño fruncido, mientras Tina sostenía su celular lo más cerca de su oído que podía: incluso con el volumen al máximo y el altavoz activado, Kurt se oía cómo si estuviera muy pero muy lejos.

T: Porque está siguiendo a Quinn. – Le respondió a la diva, sin siquiera mirarla: toda su concentración estaba puesta en captar las palabras del muchacho a través del aparato electrónico de alta tecnología. – Dice que Brittany está con ella.

Santana se maldijo, tanto entre gruñidos cómo mentalmente: se había olvidado de comunicarle el plan a la chica rubia...


S: ¡Vamos, Brittany! ¡Por favor! ¡Estaré todo el tiempo acostada y con las piernas abiertas, si tú quieres!

Por quinta vez consecutiva, la rubia porrista se negó a la petición que le hizo su muy íntima amiga. La misma se trataba de tener sexo en una de las aulas vacías del último piso de la escuela. Si decir una sola palabra, Brittany se dio medio vuelta y se fue, dejando a Santana sola en el medio del pasillo. La morocha había intentado alejar a su "amiga" de Quinn, proponiéndole mantener un encuentro íntimo en McKinley: esa siempre había sido una de las fantasías que la ojiazul. Pero misteriosamente, se había negado rotundamente la propuesta.

Tarareando una canción de Ke$ha, Brittany volvió a retomar su camino, siguiendo el que suponía había tomado la mujer rubia de ojos verdes; quien gracias a Santana, había tenido la oportunidad de alejarse de la porrista, enfilando directamente hacía la cancha de futbol...


El timbre que anunciaba el inicio de las clases sonó exactamente cuando Quinn llegó a la parte interna de las gradas, ubicada debajo de las mismas. Miró había atrás, por sobre su hombro derecho, para asegurarse de que Brittany no la había seguía. Al girar su cuello, para mirar al frente, se encontró con que tenía cuatro chicas adelante suyo.

Yo te conozco. – Dijo una chica de las chicas. Específicamente hablando, una chica de color, con aspecto de pasar mucho tiempo de rodillas y con la boca ocupada. – eres la que le rompió las bolas a Rick. – Al escuchar éste dato, las demás chicas presentes miraron a la recién llegada con más interés.

Hola. Soy Mac. – La saludó otra de las chicas, una pelirroja pecosa con el cabello cortado casi al ras, mientras le extendía la mano derecha. – Lo hago con camioneros.

Q: ¿Y eso me interesa porque...? – Le preguntó a modo de respuesta, con la ceja izquierda arqueada, mientras le estrechaba la mano con algo de incomodidad: la higiene de las chicas parecía ser bastante sospechosa, para no decir "nula".

M: ¿Se pude saber a qué viniste? Estás apestando todo el lugar con tu asqueroso olor a jabón. – "¿Acaso sabe a que huele el jabón? Porque parece que no lo ha usado en toda su vida..." pensó Quinn mientras se pasaba la mano derecha por el pantalón. "Luego me la lavo. No vaya a ser que me contagie de algo en verdad serio..."

Q: Marihuana. – Respondió de manera directa, yendo de inmediato a la cuestión de porque estaba ahí.

M: ¿Y por qué piensas que nosotras vendemos marihuana? – Preguntó antes de darle una calada a su cigarrillo. Por el tipo de armado que poseía y de papel que estaba hecho, además del aroma dulce que había en el ambiente, Quinn enseguida se dio cuenta que no era un simple "cigarrillo de tabaco".

La mujer rubia rodó los ojos de exasperación, al ver la poca colaboración de sus futuras "proveedoras", y buscó un fajo de billetes, en uno de los bolsillos laterales su mochila de Batman. Cuando les mostró la pequeña gran cantidad de efectivo que poseía, vio que los ojos de la pelirroja pecosa brillaban de emoción.

M: Ésta bien. ¿Cuánto quieres?


Brittany llegó justo unos segundos después al borde exterior del campo de futbol y de las gradas. Por la cerca que los dividía, pudo ver a Quinn junto a las chicas raras que nunca se bañaban: su nueva compañera de ojos verdes le estaba entregando algo de dinero a una de ellas.

Todo en orden. – Dijo la joven de color, quien había recibido el dinero, luego de contarlo billete por billete. Después de guardar el efectivo en uno de los bolsillos traseros de su jeans, sacó una pequeña bolsa de plástico, con algo de color blanco dentro, del bolso que llevaba colgado al hombro y la metió en el único bolsillo delantero de camisa oscura que llevaba puesta la ojiverde ese día.

Q: Yo no me meto eso. – Dijo tratando de devolvérselo a la chica que se lo había dado, pero la misma se negó a aceparlo de regreso.

M: Es un regalo que le hacemos a todos nuestros clientes, la primera vez que recurren a nosotras. Tú decides si lo pruebas o no. – Le explicó con una sonrisa en el rostro. Quinn se alejó inmediatamente de ellas, una vez terminado el intercambio.

¡¿Por qué hiciste eso?! ¡Era lo último que nos quedaba! – Una de las chicas que hasta el momento no había hablado, una morocha de piel extremadamente blanca, le preguntó y regaño a su compañera de color, una vez que la mujer rubia se alejó lo suficiente cómo para no escucharlas.

¡Cierra a boca, idiota! ¿No viste que tiene dinero? – Respondió cómo si la otra fuera una completa ciega y retrasada mental. – Si la enganchamos, nos pagará cualquier precio que le exijamos. Además, según lo que les escuche decir a June y May, si es que se le acabe el efectivo, tiene con que pagarnos... A todas...


¿Que hacías ahí?

Quinn realmente se asustó cuando escucho la voz de su compañera: la alta porrista rubia apareció frente a ella, justo en el momento que abandonaba el interior de las gradas. La chica seguía sosteniendo sus libros contra su pecho y su mochila aún estaba en su espalda.

Q: Nada que te interese. – Le respondió, rodeándola para seguir caminando y pensando en que haría ahora...

Por un momento, la idea de ingresar al colegio y asistir a sus clases, pasó por su mente. Pero desechó esa idea cuando se dio cuenta de que, si la llevaba a cabo, había una gran posibilidad de que se cruzara con Rachel y realmente, no estaba lista para hablar con ella sobre "ya saben qué". Así que sus únicas opciones eran regresar a casa de los Berry (y encerrarse en su habitación hasta que el día acabara) o tal vez, buscar a Puck y salir juntos por ahí...

Pensando en la última de las opciones, se detuvo de repente y segundos después, alguien chocó contra su espalda...

Q: No vas a dejar de seguirme ¿cierto? – Suspiró al final, girándose para ver cómo Brittany negaba con su cabeza a modo de respuesta. – ¿Por qué?

B: Tú me prometiste un gato. – Dijo con su característica sonrisa adornando su cara.

Q: Yo nunca hice eso. – Respondió con calma y la porrista comenzó a asentir frenéticamente.

B: ¡Sí, si lo hiciste! En la fiesta de Puck. ¿No te acuerdas? Te dije que Lord Tubbington estaba solo, que necesitaba compañía y tú me prometiste que me comprarías otro gato.

"¡Mierda! Seguramente lo hice mientras estaba volando entre nubes violetas..."Bufó de enojo y miró al cielo, cómo preguntándole a Dios: "¿Qué he hecho yo para merecer esto?"

Q: Si te doy el estúpido gato ¿dejarás de molestarme? – Brittany asintió nuevamente, todavía sonriendo. – Bien, te daré el estúpido gato cuando terminen las clases. – Y dicho esto, comenzó a darse vuelta para seguir caminando. Pero la rubia la detuvo...

B: ¡Pero yo tengo que escogerlo! Para asegurarme de que sea un buen compañero para Tubby.

Q: Está bien... – Dijo entre dientes, para así evitar gritarle. – Vamos.

B: ¿Qué? ¿Ahora? – Miró hacia todos lados, cómo esperando a que algún profesor saliera de la nada y las sorprendiera yéndose de la escuela en horario de clases.

Q: ¿Quieres el gato o no? – Preguntó mientras veía como Brittany se mordía el labio con nerviosismo...


B: ¿Chocolate...? – Miro al ser que tenía entre los brazos. – ¿No? Entonces ¿qué te parece de... frambuesa? – Otra vez observo hacía abajo, antes de seguir hablando. – No, tienes razón: a mí tampoco me gusta el helado de frambuesa.

Q: Creo que tienes que apresurarte. – Le susurró al oído, ojeando la larga fila de personas que esperaban detrás de ellas.

B: ¡Espera! Lady Tubbington aún no decide que sabor de helado quiere. – Le dijo sin despegar su vista de la barra. Quinn gruñó por decima vez en el día.

Después de recorrer tres tiendas de mascotas, buscando al gato perfecto, lo encontraron. ¿Saben en dónde? En un refugio para animales.

Pasaron por más de cinco secciones (deteniéndose casi media hora en la de los conejos) antes de llegar a la de los por fin entraron, fue cómo si Brittany estuviera embadurnada en atún, porque inmediatamente, todos los gatos estaban a su alrededor, frotándose sus flancos contra las piernas de la chica y ronroneando se alegría. Obviamente, la rubia se sentó en el suelo, para examinar detenidamente a cada felino.

Después de descartar a casi veinte gatos, la rubia se fijó en uno que no se había acercado a sobre lo que parecía ser alimento para esa clase de mascota, estaba el gato más gordo que Quinn hubiera visto en su , a simple vista, cinco kilos tal vez, y la primera vez que Brittany intentó acariciarlo, el animal trató de alejarse lo más rápido que podía, aunque no lo logró: con la grasa extra que tenía, sólo podía moverse a la velocidad de una tortuga. Entonces, con el felino entre sus brazos, Brittany se giró para ver a su nueva compañera y con los ojos vidriosos pronunció un casi inaudible "éste es".

La porrista lo llamó "Lady Tubbington" (a pesar de que era macho) y para celebrar su adopción, insistió a Quinn para que la llevara por un helado. Y justo en ese momento, estaba en una heladería, con diez personas furiosas detrás de ella y una espalda sangrante gracias al estúpido gato, que le enterró sus garras durante el viaje en motocicleta.

B: Creo que ya nos decidimos. – Dijo al girarse.

Q: ¡Bien! Entonces, pide tu helado así podemos irnos. – Ante estas palabras, la chica rubia comenzó a negar con la cabeza y Quinn se sintió que su vida se estaba convirtiendo lentamente en un infierno. "¿Y ahora que quiere ésta loca?"

B: No queremos un helado. Queremos un hot dog...


Después de que Brittany compartiera tres hot dogs con el gato, lo llevaron a la casa de su nueva dueña, donde Quinn conoció a Lord Tubbingtong, un gato aún más gordo que Lady T. Luego de perder todo el día en la búsqueda del felino, decidieron volver a la escuela: todavía tenían que asistir al Club Glee. La ojiverde dejó que la ojiazul manejara todo el trayecto de regreso a McKinley, cuando se enteró de que la porrista tomaba clases de motocross.

La motocicleta ya se había detenido e iban bajando de la misma cuando Santana llegó caminando hasta ellas, hecha una furia.

S: ¡¿Se puede saber en dónde demonios estabas?! – Le preguntó a Brittany, muy enojada. – ¡Te he llamado unas mil veces y no contestaste ni una vez!

B: Lo siento, San, pero tenía las manos ocupadas. – Le respondió, al mismo tiempo que le devolvía el casco a la ojiverde.

S: ¡¿Precisamente en donde y con que las tenías ocupadas?!

B: Con el manubrio. ¿En donde más iban a estar? – Le respondió, cómo si fuera lo más obvio del mundo.

S: Olvídalo. – Dijo dedicándole a Quinn una mirada asesina. "¡Ya verás!" – Ven, vamos a llegar tarde al Club Glee. – La chica rubia asintió, tomando la mano que le ofrecía Santana y caminando detrás de ella.

B: ¿Vienes, Quinn? – Preguntó mirando por encima de su hombro, antes de cruzar la puerta de entrada...


K: ¡Aaahhh! – Gritó muy pero muy fuerte, mirando la pantalla de su celular.

M: ¿Qué rayos pasa, Kurt? – Dijo tapándose los oídos con las manos. – Casi me dejas sorda.

K: ¡Rachel, ve a cambiarte! – Le ordenó a su amiga, empujándola para que saliera del salón. – Santana me mandó un mensaje... ¡Quinn viene para acá! – No tuve que repetirlo dos veces, porque la diva ya está corriendo al baño para cambiarse...

YXYXY

Cuando entró al salón del coro, Quinn suspiro de alivio: Rachel no estaba ahí. Puck tampoco. "Tal vez los dos están juntos..." Ese pensamiento, de cierta forma, la molestó: si que estaban juntos, lo más seguro es que se estuvieran besando en algún rincón alejado y oscuro de la escuela y no estudiando para su siguiente examen de matemáticas. La mujer se sentó en la primera fila, al lado de Kurt, quien la miraba nervioso, de vez en cuando.

W: ¡Chicos, tengo una gran noticia para todos ustedes! – Dijo el profesor, mientras entraba al salón con una sonrisa aún más grande que la de Brittany. – Esperen un momento... ¿en donde están Rachel y Tina?

K: Creo que se ha olvidado de que Finn y Puck tampoco están aquí. – Comentó, tratando así de cubrir la ausencia de su amiga morena.

W: Bueno, da la casualidad de que sé en donde están los muchachos. – Respondió, olvidándose por el momento de la falta de dos alumnas. – De hecho, los dos están detrás de esa puerta. – Señaló la salida por la cual había entrado hacía solo unos instantes. – Y nos traen a alguien muy especial.

S: ¡Por favor, que sea Holly! ¡Por favor, que sea Holly! ¡Por favor, que sea Holly! – Decía la latina, cruzando los dedos para la buena suerte.

W: Sin más preámbulos, démosle un gran y caluroso aplauso a... ¡Sam Evans!

En cuanto el muchacho rubio entró al salón, todos se levantaron inmediatamente de sus asientos (excepto Artie, quien por obvias razones, no podía) para abrazarlo.

S: Creo que tus labios están más hinchados.

B: ¡Tubby te extrañó un montón!

M: ¡Eres una bola de músculos!

K: Veo que sigues tiñéndote el cabello. – Comento con una sonriza.

SUG: ¿Quien rayos es?

JOE: No lo sé... Pero creo que deberíamos abrazarlo...

SAM: ¿Quinn? ¿Quinn Fabray?

En algún momento, Quinn se había perdido entre los recuerdos que tenía sobre ese adolescente flacucho e hiperactivo con el que solía convivir. Ahora, se encontraba frente a ese mismo adolescente, pero el mismo no era nada parecido al de sus recuerdos...

El muchacho que la miraba con incredulidad era alto, atractivo y fuerte. Sus labios seguían igual de grandes que antes y su cabello aún estaba teñido de rubio. Quinn podía notar el halo de madurez que rodeaba al joven, pero parecía no haber perdido la esencia del "Sam Evans" que ella conoció.

Q: ¿Sam? – Le preguntó a la persona que tenía enfrente. Le costaba creer lo que estaba viendo. – ¿Sam Evans?

S: ¡Oh, por Dios! ¡En verdad eres tú! – Y finalmente, sin esperar ni un segundo más, se abrazaron.

Ta vez suene algo cursi, pero para Quinn Fabray, ese abrazo (de quien había sido su "hermano" por un tiempo) fue reconfortante. Recordar los buenos momentos que habían vivido juntos en el pasado, le habían hecho olvidar un poco su presente amargo.

SAM: ¿Qué haces tú aquí? – Le preguntó mientras se separabas y daban unos pasos hacia atrás, para verse la cara. En el rostro del muchacho, Quinn podía ver genuina emoción y felicidad por el reencuentro. – ¿Acaso volviste a meterte en problemas?

Q: Tú ya me conoces. – Respondió sonriendo. – No puedo quedarme tranquila por mucho tiempo.

P: ¿Ustedes se conocen? – Preguntó confundido.

SAM: Quinn vivió conmigo hace mucho tiempo. Yo tenía catorce años y ella...

Mientras Sam contaba la historia de cómo conocía a la ojiverde, Tina entró al salón. Cómo todos los demás alumnos en el salón, abrazó a Sam y derramó algunas lagrimas en su honor, para después dirigirse a profesor de Español.

T: Sr. Schue, Rachel tiene preparada una canción que quiere compartir con nosotros...


SAM: Estás aquí por Rachel ¿verdad? – Le preguntó, sentándose sobre la motocicleta estacionada de Quinn.

Q: No sé de qué me hablas... – Le respondió, encendiendo un cigarrillo y dándole una fuerte calada.

SAM: Me di cuenta de cómo la mirabas. – Comentó con una ceja arqueada, dando a entender que el modo en que Quinn miró a Rachel, revelaba algo oculto.

Q: Cualquiera la miraría de la misma forma en que yo la miré. – Expulsó el humo de su cigarrillo, por su nariz, antes de proseguir. – ¿Acaso no viste su... atuendo? ¿El que llevaba?

La verdad, no era para menos: Rachel ingresó al salón del coro vestida cómo una sexy colegiala. Una camisa blanca que sólo cubría la parte central de sus senos, una falta escocesa muy corta, un par de medías color crema cubrían sus piernas hasta la mitad del muslo, un sweater de botones abierto y unos zapatos negros recién pulidos completaban el atuendo que había escogido para ese día. Con su cabello recogido en dos coletas, la pequeña diva había interpretado "... Baby One More Time" para todos los presentes en la reunión. Aunque mientras bailaba y cantaba, sus ojos no se despegaron ni por un segundo de los de su futura hermanastra.

SAM: Yo no me refería al deseo de querer estamparla contra una pared y penetrarla hasta el fondo. Había algo más en tu mirada. Algo cómo... – El chico dejó inconclusa la frase que estaba por decir, porque de la nada comenzó a reírse.

Q: ¿Se puede saber qué es tan gracioso?

SAM: Es que iba a decir que en tu mirada había amor... Pero de pronto recordé que Quinn Fabray nunca se enamora. – Dijo mientras se pasaba una mano por el cabello, para acomodárselo. – En fin, ya tengo que irme.

Q: ¿No quieres venir a mi casa? Estoy segura de que a los Berry no les importará.

SAM: No, no te preocupes. Igualmente, tengo que ayudar a mis padres a desempacar. – Sonrió en cuanto un pensamiento saltó a su mente. – Se volverán locos de alegría cuando les cuente a quien me encontré hoy en la escuela. Debo invitarte a cenar alguna vez, así vuelves a verlos. – Arrancó un pedazo de papel, de una de sus carpetas, y anotó algo en él, antes dárselo a Quinn. – ¿Qué te parece mañana? – La mujer vio que era la nueva dirección de su viejo hermanastro.

Q: Ahí estaré. – No pudo evitar sonreír cuando el chico volvió a abrazarla, antes comenzar a caminar, alejándose.

SAM: Me alegra ver que estás bien.

Q: Yo me alegro el doble. – Aunque la verdad, Quinn no estaba para nada bien: el Club Glee ya había terminado, lo que significaba que Rachel viajaría con ella de regreso a casa, en la motocicleta, abrazandola...


R: ¡Siempre hablas de tu madurez, Quinn!.-Gritó bajando de la motocicleta mientras la rubia ya atravesaba el jardín.-¿Por que no demuestras que tienes los pantalones como para hablar conmigo?

Q: Está bien.-Se detuvo para mirar a la morena.-Si quieres hablar, hablemos. ¿Por que te vestiste así?.-Preguntó señalándola.-¿Querías cumplir alguna fantasía de Puckerman?

R: ¡Lo hice por ti, Quinn!.-Gritó lo suficientemente fuerte como para hacer retroceder a la ojiverde.-¡Solo, solo quiero llamar tu atención! Quiero que dejes de ignorarme, porque lo que me pasa contigo es algo más...Me gustas, Quinn-Susurró lo ultimo.

Mier-da.

Quinn la observó por un momento. Sus ojos estaban vidriosos y su labio inferior temblaba. ¿Decía la verdad?

H: ¡Por fin llegan!-Dijo abriendo la puerta para encontrarse con las dos chicas mirándose con una intensidad increíble.-¿Pasa algo?

Q: No pasa nada.-Murmuró adentrándose al hogar. Dejando a una llorosa Rachel en la entrada.

H: Cariño...-Susurró tratando de tocar a su hija, quien estaba llorando, pero esta negó con la cabeza y entró a la casa limpiando sus lagrimas. El hombre suspiró rodando los ojos.-Estas peleas de hermanas...


Una gran y sincera disculpa a todos los lectores de esta historia. Mi Beta O-Li y yo estamos muy ocupados en estos momentos y hasta ahora pudimos librarnos un poco de nuestras ocupaciones, pero no abandonaremos la historia.

Muchas gracias a los que sigan leyendo y a los que dejen review.