Nota de la autora:
Hola!
¿Qué tal? Siento el retraso, sé que el capítulo no es de los más largos, pero si he tardado en actualizar es porque no he tenido mucho tiempo, ya que he empezado con las clases y estoy liada. Así que iré actualizando cada vez que pueda.
Aun así espero que os guste el capítulo. Antes de dejaros con él agradeceros los reviews dejados.
Disfrutadlo
Capítulo 14: Viaje al otro mundo.
El mes de septiembre dio paso a octubre y con él los días de frío aumentaron dejando atrás los pocos resquicios de buen tiempo.
El tiempo parecía acompañar perfectamente el estado de ánimo de algunos londinenses. A pesar de que Harry tenía junto a él a sus hijos, no podía evitar extrañar a Suzanne y por supuesto odiaba ver la tristeza en los ojos de los niños. James apenas hablaba y era pocas las veces que le había visto sonreír desde que vivían juntos. Era comprensible, extrañaba a su madre. Lily también parecía echarla de menos porque a veces por las noches se despertaba llorando y la voz de Harry cuando cantaba para dormirla, no tenía el mismo efecto que el de ella.
Suzanne no estaba mucho mejor que ellos. Aunque se negaba a reconocer que añoraba vivir con Harry, era un hecho que eso era cierto. Por supuesto, cada instante pensaba en sus hijos y las dos horas a la semana que tenía para verlos, no le resultaban nunca suficientes. Cada vez que se tenía que marchar después de la visita, el corazón se le partía en miles de pedazos.
El malestar por la separación con Lily había aumentado a límites insospechados y eso no hacía las cosas más fáciles.
Por otro lado, estaban Draco y Ginny. La ruptura había pillado a todo el mundo por sorpresa y la señora Weasley estaba bastante triste con la noticia.
Draco se había ido a vivir a una habitación en el Caldero Chorreante hasta que encontrase algo mejor. Como le pasaba a Suzanne, la separación de Damon, le estaba resultando dura, no solo por el dolor que estaba sintiendo sino porque extrañaba al niño… por eso no había querido encariñarse.
También extrañaba a Ginny pero no lo demostraba y ella tampoco lo hacía aunque la mayoría de las noches se dormía llorando. Durante las horas de trabajo se dirigían la palabra solo cuando era estrictamente necesario y él se había centrado en su trabajo con la esperanza de poder viajar cuanto antes al otro mundo.
Mientras tanto, a los que mejor les parecía ir la vida era a Ron y Hermione. La convivencia estaba siendo mucho más fácil de lo que los dos creían. Los niños les adoraban y ellos a los pequeños. La única sombra en toda esa felicidad era Krum. El joven había seguido visitando a Hermione para desagrado de Ron y de los niños pero el chico no parecía decidido a abandonar su empeño de conquistarla.
Por último, poco a poco los días fueron pasando hasta llegar a los últimos del mes de octubre, pronto sería el viaje al otro mundo. Así se lo había prometido Kingsley a todos. No habían descubierto gran cosa del otro mundo, cosas irrelevantes que no les ayudaban a saber cómo era la situación al otro lado.
La mañana de un sábado de finales de mes, Suzanne miró fijamente al techo y se aferró a las sábanas mientras sentía como un sudor frío y pegajoso le recorría el cuerpo. Sintió que no podía respirar, abrió la boca desesperada por sentir el aire pero este no traspasó el umbral y ella pataleó en la cama, exasperada por conseguir aire.
Algunas lágrimas descendieron por los rabillos de los ojos perdiéndose en el cabello que se desparramaba por la almohada. Se tumbó de lado en ella, aferrándose la garganta, angustiada por la forma en la que el aire se negaba a entrar en su cuerpo. Se asomó por el borde de la cama, mirando al suelo donde siguieron cayendo las lágrimas.
Una arcada la sobrevino y otras más la siguieron para después vomitar en el suelo. Se aferró a la mesilla mientras los temblores seguían atravesándola. Algunas cosas cayeron al suelo y ella las siguió, golpeándose con la mesilla en el brazo.
El ruido que formó hizo que su madre fuese al cuarto. Corrió a ella cuando la vio tirada en el suelo y llorando, preocupada, agarró a su hija y se la pegó a su pecho, sin saber qué hacer.
-Tranquilízate, Suzanne- le pidió la señora Voss- respira, puedes hacerlo, esto ya lo has pasado más veces… puedes hacerlo, solo respira…- apoyó la cabeza de su hija en su propio pecho- escucha y siente como lo hago yo.
Suzanne se aferró a su madre y poco a poco se fue tranquilizando. Cerró los ojos y sintió como los pulmones terminaban aceptando el aire que la rodeaba. Al principio le quemó, por todos los minutos que habían estado sin respirar, pero luego fue como un soplo de aire fresco.
A pesar de haber superado un ataque de ansiedad mezclado con los ataques que le daban por la separación con Lily, no se apartó de su madre. Siguió abrazándola, sintiéndose segura por primera vez en mucho tiempo. Lloró y su madre la consoló en el silencio del cuarto.
Sabía que esa misma tarde por ser sábado iba a poder ver a sus hijos pero aun así, no había podido evitar el ataque que le había sobrevenido y que la había hecho despertarse de sus oscuros sueños que la rodeaban desde que los niños y Harry no estaban a su lado.
Se acarició el vientre aunque ese gesto pasó desapercibido para su madre. Mantuvo los ojos cerrados y lloró porque esos ataques no podían ser buenos para el bienestar del bebé que estaba esperando. Sí pudiese controlarlos, pero no había manera humana de hacerlo, ese vínculo con Lily solo se rompería cuando la persona que hizo el hechizo decidiese retirarlo.
oo00oo
Llegó la tarde.
Harry se encontraba en su casa, encerrado en su habitación, terminando de envolver un regalo. Sentado en la cama, miró por encima de su hombro para comprobar que la puerta no se abría y nadie entraba por ella.
Sonrió al terminar de envolver el paquete y luego se puso en pie colocándoselo detrás de la espalda. Abrió la puerta y se asomó, desde allí pudo ver a James sentado en el sofá, en silencio con la cabeza agachada sin hacer nada mientras Lily se encontraba dentro de un parque infantil, jugando con algunos muñecos.
Salió del todo del cuarto y se acercó al niño. Se sentó junto a él y el niño alzó la cabeza. Sus ojos se encontraron y no pudo evitar estremecerse cuando vio los ojos idénticos de Suzanne. La tristeza que en ellos vio, le partió el corazón pero no lo demostró, le sonrió, intentando conseguir algo de su parte. Luego se sacó el paquete de detrás de la espalda y lo dejó sobre las piernas del niño.
-¿Qué es esto?- preguntó James tocando el envoltorio con sus pequeñas manos.
-Un regalo- le respondió Harry.
-Pero no es mi cumpleaños- soltó el niño mirándole un segundo para luego volver a bajar la vista.
-Bueno… pero me apetecía comprarte algo- sonrió Harry- un padre hace a veces eso con sus hijos. Ábrelo.
El niño comenzó a romper el papel aunque no con demasiado ímpetu. Cuando terminó de hacerlo, sobre sus piernas, puedo ver una pequeña escoba de juguete. En otro tiempo el regalo le habría hecho muchísima ilusión pero en esos momentos, solo pudo sonreír levemente y mirar a su padre agradecido.
-Gracias- le dijo.
Harry que esperaba una reacción más emocionada y que pretendía borrar esa tristeza de su rostro, se decepcionó al ver que no había conseguido ninguna de las dos cosas.
-¿Es qué no te gusta?- preguntó, preocupado.
-Sí- respondió el niño- mucho, papá.
Se miraron a los ojos, aún era extraño para los dos que esa palabra saliese de su boca u oírla refiriéndose al otro pero aunque fuese extraño, no dejaba de ser maravilloso.
-No parece que te haya hecho mucha ilusión- le dijo Harry.
-Sí, es solo qué…- el niño guardó silencio- me ha gustado mucho, de verdad, papá.
Harry asintió y después de unos segundos se decidió a estirar la mano para acariciar las ondas negras de su cabello. Se acercó un poco más a él y le estrechó en un agradable abrazo.
-Quiero que sepas y que no dudes jamás que te quiero- le susurró Harry.
El niño cerró los ojos y apoyó la cabeza en el pecho de su padre mientras se aferraba a sus brazos.
-Lo sé, papá- susurró el niño- es sólo que echo de menos a mamá.
Harry cerró los ojos, tentado a decirle que él también la echaba de menos pero no lo hizo, guardó silencio. Silencio que se propagó durante unos minutos hasta que se vio roto por el timbre de la puerta.
Se separaron y Harry se puso en pie. Caminó hacia la puerta y al abrir se encontró de frente con los ojos azules que su hijo había heredado y cuya dueña aún le cortaba la respiración. El silencio entre ellos se alargó.
De pronto, un borrón pasó por al lado de Harry y James se aferró a las piernas de su madre con una enorme sonrisa en los labios. Suzanne rió, contenta, como cada vez que veía a su hijo y levantó en brazos al niño, aferrándole en un fuerte abrazo. Le besó sin parar bajo la mirada de Harry que no pudo evitar sonreír aunque cuando ella le miró, esa sonrisa la borró.
-Hola- al fin le saludó ella.
-Hola- le dijo él- pasa.
Suzanne entró en la casa sin dejar al niño en el suelo. Cuando llegaron al salón, le dejó en el suelo y se acercó a Lily que seguía jugando con sus muñecos. La pequeña levantó la cabeza y alzó las manos hacía Suzanne cuando la vio. Esta rió y la tomó entre sus brazos para luego sentarse en el sofá.
James miró a su madre y se sentó rápidamente junto a ella. Apoyó la cabeza en su brazo y Suzanne comenzó a acariciarle el pelo. Harry siguió observándolos desde la puerta sin decir nada, aunque oculto entre las sombras para que no le viesen.
-¿Te estás portando bien?- preguntó Suzanne a su hijo- no me quiero enterar de que no haces lo que tu padre te dice.
El corazón de Harry dio un vuelco cuando oyó como Suzanne hablaba de él por primera vez como el padre del niño. Nunca lo había hecho por lo menos delante de él.
-Me estoy portando bien, mamá- le aseguró James alzando la mirada para poder verla- pero te echo de menos.
-Y yo a ti, cariño- susurró Suzanne.
Le dio un beso en la frente y continuó acariciándole el pelo. Harry siguió sin mostrarse, sabía que Suzanne preferiría tener intimidad con los niños y no sentirse vigilada por él, podría ofenderse… Sonrió sin poder evitarlo, pues sabía que no podría sino que se ofendería, la conocía demasiado bien para saber cuándo le iba a molestar una cosa.
Suzanne vio algo sobre el sofá de lo que no se había percatado al entrar y sonrió.
-¿Qué es eso?- preguntó, señalándolo.
James alzó la cabeza, la miró y luego dirigió su vista a lo que su madre señalaba. Sonrió y agarró la escoba que su padre le acababa de regalar.
-Papá acaba de regalármela- soltó el niño hablando del regalo muy animado y mirándolo con adoración. Una sonrisa de alivio apareció en el rostro de Harry que siguió escuchando- es muy chula ¿a qué si?
-Genial- asintió Suzanne, estando completamente de acuerdo con su hijo- estoy seguro de que a tu padre le habría encantado tener una escoba así cuando tenía tu edad pero los trolls de sus tíos no le dijeron que era mago.
La sonrisa de Harry se ensanchó al escuchar el tono de disgusto que había utilizado Suzanne para decir eso sobre sus tíos.
-¿Por qué no se lo dijeron?- quiso saber James, extrañado.
-Porque a sus tíos no les gustan los magos- explicó Suzanne- unos tontos, porque los magos somos personas como cualquier otra… como ellos- la chica se encogió de hombros- supongo que era de esperar que hubiese personas así, al fin y al cabo si existen magos que no soportan a los muggles ¿Por qué no iba a existir al contrario?
James asintió y la miró.
-¿Tú conoces a los tíos de papá?- preguntó el niño.
-No, mi última posibilidad de ver a los tíos de Harry la perdí cuando no fui una de las personas que fueron a buscarle el verano antes de su último curso en el colegio. Pero lo cierto es que por esa época lo único que me importaba es que tu padre llegase sano y salvo al cuartel de la orden y poder volver a verle- soltó Suzanne que de pronto se vio invadida por un recuerdo al igual que Harry.
Suzanne se encontraba frente a la puerta principal de la mansión Black, esperando a que el comité que había ido a buscar a Harry volviese con el chico. Miró el reloj, sin saber cuántas veces lo había hecho ya, y para su alivio no tardarían en llegar si todo había ido bien. Con ella esperaban el resto de sus amigos y algunos miembros de la Orden del Fénix, entre ellos los Weasley.
Al fin llegaron y para alivio de todos, en perfecto estado. Sonriendo le vieron entrar por la puerta con el pelo más desordenado de lo habitual. El corazón de Suzanne dio un vuelco, durante esos días en los que había estado separado de él, le había echado mucho de menos… no pudo evitar sonrojarse al recordar lo que el curso anterior había acontecido entre ellos.
Sus miradas se encontraron y en el estómago de ambos revolotearon cientos de mariposas que les hicieron cosquillas.
Harry, sin importarle lo que pudiesen pensar los demás, se abalanzó sobre Suzanne para estrecharla en un fuerte abrazo y así demostrarle lo mucho que la había extrañado.
Se aferraron el uno al otro y cerraron con fuerza los ojos. Aspiraron el aroma que desprendían y desearon poder besarse pero su relación era un secreto.
Para disimular un poco, al fin soltó a Suzanne, y se dedicó a abrazar al resto de sus amigos. Luego los miró a todos.
-Fue un alivio que Dumbledore les dejase venir a buscarme antes- soltó Harry.
-Sí, y lo más importante es que todos estamos bien- le sonrió Remus.
-¿Cómo ha ido?- preguntó la señora Weasley.
-Vayamos a la cocina, allí os lo explicaremos- le dijo Kingsley.
-Chicos, si queréis ayudad a Harry a llevar las cosas a su cuarto- les dijo la señora Weasley y todos obedecieron.
Ginny, Ron, Hermione, Suzanne y Harry subieron hasta el cuarto de los chicos con las cosas del recién llegado y se quedaron allí hablando de cómo les había ido la escasa semana y media que habían pasado separados.
Suzanne y Harry se estuvieron enviando miradas disimuladas de anhelo e intentaron poner atención a lo que sus amigos decían. Cenaron y en ningún momento se pudieron quedar a solas. Por eso por la noche, Harry cuando supo que todo el mundo dormía, se levantó de la cama y salió del cuarto.
Al levantar la cabeza, no pudo otra cosa que sonreír al ver como la joven salía de la habitación de enfrente con su camisón puesto.
Se miraron a los ojos, se acercaron poco a poco al otro y se fundieron en un desesperado beso, aferrándose el uno al otro como si temiesen en cualquier momento uno de los dos fuese a desaparecer de los brazos del otro.
Pero eso no ocurrió, pudieron entregarse a ese beso y a los otros que se dieron después de ese.
Se separaron y se miraron a los ojos. Luego él la cogió de la mano y subieron algunas escaleras, con cuidado de no hacer ruido, llegaron al cuarto que su padrino había ocupado antes de que se escapase de su casa. Cerraron la puerta y se entregaron de nuevo a esos besos arrebatadores.
En su ímpetu, tropezaron con la cama y cayeron sobre ella. El cuerpo de él la arropó y la intensidad de sus besos descendió en gran medida, convirtiéndose en besos mucho más tranquilos pero sensuales.
Las manos de Harry descendieron por el cuerpo de la joven hasta posarse sobre sus redondeados pechos. Ella suspiró y se miraron a los ojos, para luego sonreír.
-Harry- le acarició el pelo y él le desabrochó un botón de la parte frontal del camisón. Ella rió, suavemente, al ver su atrevimiento pero no se quejó cuando otro botón más fue desabrochado.
-¿Cómo es que hoy te has puesto un vestido?- soltó Harry, recordando lo bien que le había sentado el vestido que la chica se había puesto ese día- cuando te he visto con él, me ha sorprendido, odias los vestidos.
-Me estoy volviendo más femenina- rió ella y él la miró, divertido, desabrochando otro botón. Se miraron- en realidad, quería verme bonita para ti.
Esa declaración conmovió a Harry que se acercó ella y la besó con suavidad.
-Tú siempre estás bonita para mí- le aseguró él.
Ella sonrió y él al fin pudo ver la cremosa piel de la joven que se reveló ante sus ojos. La imagen de sus pechos le había perseguido durante los días que habían estado separados, los había podido ver y probar la noche antes de partir a sus casas, ahora estaban a la alcance de sus manos y de su boca, lo que hizo que se pusiera duro como aquella noche. Algo que no pasó desapercibido para ella.
Las manos de Harry acariciaron las dos suaves protuberancias, sintiendo la dureza de sus cúspides bajo su palma. Su boca sustituyó a una de sus manos, saboreándola. Suzanne le acarició el pelo y arqueó su espalda, ofreciéndose a él. Descendió ambas manos y agarrando la camiseta, las introdujo bajo ella y le acarició la espalda mientras él continuaba saboreando sus pechos.
El placer que estaba sintiendo la joven hizo que sus caderas, instintivamente, se alzasen en busca de las de él. Suzanne flexionó la pierna, haciendo que su camisón bajase hasta sus caderas, revelando su muslo. Harry aprovechó esto, para acariciarle la piel de la pierna mientras su abultada entrepierna, se rozaba con la ropa interior de la joven.
Se besaron en la boca con mucho más salvajismo del que habían empleado hasta ese momento pero jamás, el placer y la necesidad había aumentado hasta esos límites.
La camiseta de él terminó en el suelo y el camisón de ella, después de que sacase los brazos de las mangas y de que la falda se subiese aún más, terminó enrollado en la cintura de la joven.
Las manos de él descendieron por su cuerpo, hasta alcanzar el borde de las braguitas de algodón, se demoraron jugando con el elástico mientras sus bocas se profesaban besos adultos. La mano de él se decidió a acariciarla por encima de la ropa interior y ella le clavó las uñas en los hombros. Poco a poco, él fue tomando valor y continuó moviendo la mano con más decisión sobre ella, consiguiendo el néctar húmedo de su cuerpo.
Suzanne jadeó contra su boca cuando él le bajo la pequeña prenda hasta quitársela y al fin pudo acariciarla empapándose los dedos. Suzanne le clavó las uñas y se miraron a los ojos. Ella sorprendida por lo que estaba sintiendo, él satisfecho por ver su placer.
Encontró el capullo y lo acarició. Ella le aferró la muñeca y él la miró, deteniéndose un segundo. Al ver que ella respiraba aceleradamente, continuó acariciándola y ella jadeó sin soltarle la muñeca.
Él se hizo a un lado, quedando de lado en la cama, continuó acariciándola mientras observaba su cuerpo, casi desnudo a excepción del camisón enrollado en la cintura. Excitado con la imagen, aceleró el ritmo que estaba llevando con su mano.
No se quejó cuando sintió las manos de ella, bajándole los pantalones y los calzoncillos, liberando su miembro. Ella también le observó, y curiosa bajó su mano mientras abría más las piernas para facilitarle el trabajo a Harry. Este jadeó cuando la cálida mano le aferró y cerró los ojos.
Cuando los abrió, se miraron a los ojos y los dos continuaron prodigándose placer el uno al otro. Sorprendidos por el placer que estaban experimentando. Sin saber muy bien lo que ella diría, Harry dejó de acariciarla e hizo que ella también lo soltara, para luego ponerse sobre ella.
-Harry- murmuró rápidamente ella y él la miró a los ojos, viendo las dudas y el miedo a todo aquello que estaba sucediendo. Él se sentía preparado para dar el paso definitivo pero ella aún no.
-Esperare todo lo que haga falta- le aseguró él- solo déjame que…
El sudor recorría las sienes de Harry, ella le miró y dejó que él se pusiese sobre su cuerpo. Tragó saliva y cuando sus cuerpos hicieron contacto con esas partes íntimas, los dos gimieron. El joven se apoyó en sus codos y la miró mientras comenzaba a rozarse contra ella. Suzanne abrió los ojos, sorprendida por el placer que la fricción de sus cuerpos le estaba provocando.
En ningún momento entró en ella, pero el roce era tan placentero como lo que habían estado haciendo con sus manos. Los dos jadeaban y Harry sudó aún más por el esfuerzo que estaba haciendo. Ella se aferró a su trasero y se entregaron en un beso a la pasión que estaban sintiendo.
Por primera vez esa noche, los dos llegaron al clímax sin necesidad de estar dentro de ella.
Ambos salieron de sus pensamientos, recordando la habitación de Sirius en la que tantas cosas habían experimentado y dónde ambos habían perdido la virginidad el día del diecisiete cumpleaños de Harry. Si esa habitación y esa cama pudiesen hablar…
Suzanne se percató de que su hijo y Lily la miraban, no pudo evitar sonrojarse por lo que sonrió para disimular ante los niños. Pero ese recuerdo jamás lo podría borrar.
oo00oo
Hermione se secó las manos húmedas mientras se dirigí a la puerta donde habían vuelto a llamar. Estaban bañando a los niños para acostarles pero había dejado a Ron solo a cargo de ellos mientras ella iba a ver quién era.
Cuando abrió la puerta se encontró de enfrente con Viktor que sin pedir permiso, le dio un beso en la mejilla y entró en el apartamento.
-Estás preciosa, Herms- le halagó el joven.
-Gracias- le dijo ella mirando la espalda del joven que había entrado hasta el salón y miraba a su alrededor- pero no creo que hayas venido a decirte solo eso.
-No, en realidad no- asintió Krum pero siguió en silencio.
Hermione esperó para ver si él se decidía a hablar pero se empezó a impacientas así que decidió intervenir.
-Viktor, tengo cosas que hacer- soltó Hermione- así que me gustaría saber a qué has venido.
-Este será un buen lugar para vivir- dijo sin más el búlgaro.
-¿Cómo?- soltó Hermione sin entender.
Viktor se giró y se miraron. Krum se acercó a ella y sin más sacó de su bolsillo una pequeña caja que abrió, mostrándole un anillo de compromiso.
-Desde que vives con Weasley me he dado cuenta de que quiero pasar el resto de mi vida contigo, no soporto verte con nadie más- le dijo mientras ella miraba el anillo con la boca abierta- sé que te dije cuando salíamos que no quería casarme, que no entraba en mis planes, pero me he dado cuenta de que si quiero casarme y quiero hacerlo contigo.
Hermione levantó la cabeza del anillo y miró a Krum. Antes de poder decir nada, él la besó en los labios. La sorpresa hizo que tardase unos minutos en reaccionar y cuando lo hizo fue porque escuchó un carraspeo.
oo00oo
Ron se encontraba en el cuarto de baño, ayudando a Rose y Hugo a bañarse, los dos niños se movían por la bañera, desnudos, restregándose con sus esponjas mientras Ron le aclaraba el pelo a Rose.
Hermione había estado con ellos, ayudándoles, pero hacía un rato que habían llamado a la puerta y aún no había regresado.
Aclaró el pelo de Hugo, también y luego los sacó a los dos de la bañera. Los secó con una toalla y miró por encima de su hombro, preocupado porque aún no llegaba Hermione.
-Niños, secaros vosotros. Ahora vengo- le dijo Ron y los niños asintieron.
Salió del baño y se encaminó por el pasillo hasta llegar al salón. Iba a entrar en él cuando escuchó la voz de Krum.
-Este será un buen lugar para vivir- dijo el búlgaro.
-¿Cómo?- oyó que decía Hermione.
Ron se asomó. Vio como ellos se miraban. Krum se acercó a ella y sacó de su bolsillo una pequeña caja que abrió. Ron no necesitó ver lo que contenía para saber de lo que trataba.
-Desde que vives con Weasley me he dado cuenta de que quiero pasar el resto de mi vida contigo, no soporto verte con nadie más- le dijo él y Ron se quedó mirando el rostro de sorpresa de la chica que no apartaba los ojos del anillo- sé que te dije cuando salíamos que no quería casarme, que no entraba en mis planes, pero me he dado cuenta de que si quiero casarme y quiero hacerlo contigo.
Hermione levantó la cabeza del anillo y miró a Krum. Ella no dijo nada y él la besó. Ron cerró los ojos unos segundos, sintiendo un intenso dolor en el centro del pecho al ver esa escena. No lo pudo soportar por mucho más tiempo y carraspeó.
La pareja se separó y le miraron. Hermione se pasó la mano por los labios y Krum sonrió, triunfante, mientras Ron salía de su escondite.
-Weasley- sonrió el búlgaro- me alegro de verte.
-No puedo decir lo mismo- soltó el pelirrojo.
Krum aumentó su sonrisa de suficiencia y Hermione reaccionó.
-Esto… Viktor creo que deberías marcharte- le pidió ella- otro día hablamos.
-Está bien- le dijo el búlgaro.
Se acercó a ella, la dio un beso en la frente y se marchó, dejándolos a solas.
Ron y ella se miraron. Quedaron en silencio, que se propagó durante unos largos minutos hasta que ella se decidió a hablar.
-Ron, no es…
-No tienes que darme explicaciones- le dijo él sonriendo aunque por dentro sentía que la estaba perdiendo- puedes hacer lo que quieras, vivimos juntos pero solo por los niños y creo que mi estancia aquí se ha alargado ya demasiado.
Ella le miró a los ojos, preocupada y sin terminar de entender que es lo que él quería decir con esas palabras.
-¿Qué quieres decir?
-Hermione, te acaban de pedir matrimonio y sé que es algo que siempre has querido- le dijo Ron- tendrás que tener intimidad con él una vez os caséis y bueno… yo no podía quedarme eternamente aquí… nuestras vidas tienen rumbo diferentes, tú tienes a Krum y yo tarde o temprano conoceré a alguien. Así que creo que es hora de que me vaya.
-Pero…
-Mañana me marcho- sonrió Ron- gracias por tu hospitalidad. Será mejor que hoy duerma en el sofá.
Ella iba a decir algo pero en ese momento llegaron los niños envueltos en sus toallas.
-Ya estamos secos, papá- dijo Rose.
Ron sonrió mirando a los niños y se acercó a ellos. Con facilidad, los levantó entre sus brazos y los niños rieron.
-Entonces vamos a poneros el pijama- y los tres se metieron al cuarto, dejando a Hermione en el salón con una sensación dolorosa de tristeza en el centro del pecho.
oo00oo
Octubre también pasó rápido y llegaron los últimos días del mes. Durante todo ese tiempo habían estado intentando adelantar la fecha para partir al otro mundo pero no habían conseguido nada más que negativas. La única que no se pronunciaba a ese hecho era Ginny. Siempre se había mantenido en silencio con el tema del viaje, callándose su opinión.
Pero por suerte el tiempo pasó, para algunos rápidamente, para otros con más lentitud, y al fin llegó el momento del viaje.
Draco se encontraba en la sala del Departamento de Misterios en la que había trabajado junto a Ginny y Kelly durante muchos meses los viajes en el tiempo. El escuadrón completo de Harry, en el que volvía a haber una vacante tras la muerte de Curtis, estaba allí también, incluida Artemis que ya estaba recuperada de sus heridas y preparada para viajar al otro mundo. El señor Robinson y Kingsley se paseaban también por la sala intercambiando algunas palabras sobre el viaje. Charlie también se encontraba allí al parecer iba a viajar con ellos para ver si conseguía averiguar qué había pasado con los dragones. Y, por último, Ginny estaba apartada de todos ellos, en silencio y para lo único que se había dirigido la palabra al verse, había sido para saber cómo estaba Damon.
Draco había ido a visitarla alguna vez al departamento para ver al niño. La cosa había sido tensa e incómoda entre ellos y no habían intercambiado nada más que unas cuantas palabras, nada relevante.
-Bien, chicos- llamó Kingsley la atención de todos- ha llegado el momento. Sabéis que no han averiguado mucho del otro mundo pero al parecer podríamos encontrarnos con un mundo nada grato para nuestros yos. Si el Draco del otro mundo es malo, puede que no sea el único. Quiero que estés en Alerta Permanente como diría muy buen amigo Ojoloco.
-Llevaréis con vosotros una reserva de sangre de dragón para que podáis volver- explicó el señor Robinson mostrando una pequeña donde tintinearon cuando los tubos de cristal chocaron. Se lo entregó a Charlie que se lo colgó del cinturón- mantenerlos intactos pues es la única manera de que viajéis de un mundo a otro, al igual que el Trasportador, así que tened cuidado con él.
Ginny cogió el Trasportador y tras poner una pequeña probeta de sangre de dragón en el interior del aparato, tecleó las coordenadas y le apuntó con la varita.
-¡Alio Seculo!- murmuró.
El túnel se abrió ante ellos como una maraña de luces de colores que se movían sin cesar. Harry estrechó la mano Kingsley y se internó en él, le siguieron Suzanne, Ron, Hermione y Draco. Los siguientes que entraron fueron Aki y Artemis, seguidos de cerca por Charlie.
La pelirroja se quedó unos segundos observando el túnel y después de suspirar, lo atravesó. Fue como si se hubiese montado en una montaña rusa en el que las luces multicolores se movían a su alrededor más rápido que el sonido. Algo parecido al aire chocaba contra su cara haciendo que el rostro se le desfigurase por la velocidad del viaje. Su cuerpo se zarandeaba, moviéndose con la fuerza del viento.
Y tan pronto como todo había empezado, acabó… cayó al suelo con fuerza y gimió ante el golpe. Al levantar la mirada vio que Aki le tendía la mano. Agradecida, se la cogió y se puso en pie. Tras cerrar el túnel se giró para mirar a los demás.
-¿Dónde diablos estamos?- preguntó Artemis mirando la habitación ruinosa en la que se encontraban.
Un montón de papeles sucios y destrozados se arremolinaban por el lugar, las paredes estaban negras como si en algún momento hubiese habido un incendio, había un par de mesas con unas cuantas patas rotas y el polvo inundaba el lugar. En el ambiente se olía un intenso olor a muerte, suciedad y humo.
-Hemos llegado a la conclusión que si viajas en un determinado lugar o sitio cuando viajas a otro mundo aparecerás en ese mismo lugar- explicó Ginny limpiándose el polvo de los pantalones- así que…
-Eso significa que nos encontramos en la sala de los Mundos Paralelos del Departamento de Misterios- terminó Suzanne y Ginny asintió- estamos en el Ministerio de Magia de este mundo.
-¡Joder!- soltó Ron mirando a su alrededor- ¿qué coño ha pasado aquí?
-Nada bueno- respondió Harry- sacad las varitas, no sabemos lo que podemos encontrarnos.
Todos obedecieron, sacando sus varitas y completamente alerta por lo que pudiese pasar. Revisaron la habitación, los papeles del suelo eran las investigaciones sobre el Trasportador y de los Mundos Paralelos pero estaban deteriorados y apenas se conseguía leer nada.
-Salgamos de aquí- ordenó Harry.
Todos se dirigieron a la puerta. Aki la abrió, miró a su jefe y este asintió. Harry fue el primero en asomarse con su varita en alto, preparado para atacar pero el pasillo ante él se abría oscuro y vacío.
Aki salió y pegado a la pared con la varita en alto, caminó unos metros alerta. Después de unos segundos, hizo un gesto hacía los otros. Suzanne salió, moviéndose con rapidez y sigilo. La capa oscura ondeaba tras ella mientras sobrepasaba el puesto en el que se encontraba Aki y llegaba a la puerta negra. Después de unos minutos, Ron llegó hasta donde se encontraba ella.
Se miraron, luego dirigieron la mirada al resto de sus amigos que estaban preparados para atacar en caso de que fuese necesario. Suzanne agarró el picaporte y lo abrió, Ron se asomó y mirando a ambos lados con la varita en alto comprobó que todo estuviese despejado.
Después sin dejar de mirar el interior del cuarto, hizo un gesto por encima de su hombro, todos caminaron hacía ellos y se internaron en la sala circular. Cuando cerraron la puerta, toda la sala comenzó a moverse en círculos, Draco se colocó en el centro y después de unos segundos, se detuvo. Ahí estaba la salida.
Siguieron el mismo procedimiento que había llevado anteriormente. Harry abrió la puerta y tras comprobar que todo estaba despejado, Aki salió, seguido de Suzanne que comprobó el hueco de escaleras que llevaban a las mazmorras donde había unos días, en su mundo, la había juzgado y arrebatado a sus hijos. Tras comprobar que todo estaba despejado allí, Ron caminó hasta el ascensor y apretó el botón. Cuando la puerta se abrió, escuchándose la voz femenina que ellos tan bien conocían, Ron puso la mano para que no se cerrara y todos fueron entrando. El pelirrojo fue el último que ingresó y la puerta del ascensor se cerró tras él.
El ascensor se puso en funcionamiento con un chirrido mientras traqueteaba en dirección al Atrio, nadie dijo nada. El ascensor y los pasillos que habían estado atravesando estaban en el mismo estado que la sala en la que habían aparecido.
Cuando llegaron a su destino y las puertas del ascensor se abrieron, fueron saliendo poco a poco mientras Ron volvía a sujetar las puertas. Tras comprobar que al Atrio era seguro, se dirigieron a la cabina para salir directamente a la calle. Se metieron en dos tandas para salir al exterior. Los primeros en entrar en la cabina fueron Ron, Suzanne, Draco y Charlie que se apretujaron en el pequeño lugar. Estos salieron a la calle mientras los otros esperaban. Cuando volvió a bajar la cabina, iba vacía.
Harry y Aki fueron primeros en entrar para que luego las chicas entrasen apretujándose en el pequeño espacio. Tras marcar los números, la cabina empezó a ascender hasta salir a la calle, dónde el resto de sus amigos los esperaban comprobando que todo estuviese despejado.
El callejón estaba vacío así que se dirigieron a la salida de este. Caminaron alertas y cuando llegaron a la salida, se detuvieron. Harry estaba apoyado en una de las paredes, detrás de él estaba Aki, Hermione, Ginny y Artemis mientras Ron estaba apoyado en la otra pared, cerca de él estaba Draco, Suzanne y Charlie. Los dos amigos se miraron unos segundos y después de asentir se asomaron con las varitas en alto y miraron a todos los lados pero estaba todo despejado.
Comenzaron a salir todos de callejón y se quedaron mirando a todos los lados, observando ese mundo que se alzaba ante sus ojos.
Era el lugar más deprimente, desolado y angustioso en el que alguna vez habían estado. No había nada que les dijese que estaba en el mismo lugar que en su mundo. Ante ellos solo había caos. Los edificios estaban en ruinas, algunos completamente derruidos, los coches estaban volcados, los árboles caídos, los escaparates rotos y las farolas tintineaban sin apenas dar luz.
Los papales se arremolinaban en el suelo moviéndose por el viento que les rodeaba. El ambiente estaba lleno de polvo, suciedad, y olor a cloaca. El cielo estaba oscuro, con nubes que hacían presagiar tormenta.
Era un mundo totalmente apocalíptico. En el que la vida había desaparecido dando paso a la oscuridad. Era como estar en una película pero aquello era la vida real.
-¿Qué diablos ha pasado en este lugar?
La respuesta llegó en forma de explosión. No supieron de donde venía pero de pronto, la onda expansiva de la fuerte detonación, les hizo volar por los aires y aterrizar a varios metros de donde se encontraban.
Después hubo una serie de estallidos que no pararon y que apenas les dejaban ponerse en pie. Llenaron el suelo de cráteres e hicieron que algunos edificios se tambalearan e hicieron que cayesen cascotes al suelo.
-¡Cuidado!- gritó Ron mirando a Ginny.
La joven que se estaba poniendo en pie después de haber salido volando de nuevo por los aires, alzó la cabeza y vio como un gran cascote del edificio junto al que se encontraba se dirigía a ella. Antes de saber lo que hacer, fue apartada por alguien, que la empujó y los dos rodaron por el suelo. Al levantar la mirada, Ginny se encontró con los ojos verdes de Harry pero enseguida supo que no era el Harry de su mundo.
El tipo se puso en pie y la ayudó a hacer lo mismo. Todos le miraron y el tipo les dijo:
-¡Seguidme!
No dudaron un segundos, todos ellos corrieron, siguiendo al Harry de ese mundo mientras las explosiones seguían a su alrededor. Llegaron hasta una alcantarilla que el tipo se encargó en abrir, todos fueron entrando y él fue el último en entrar. Cuando puso la tapa de la alcantarilla, las explosiones continuaron pero desde allí se oían más amortiguadas. A pesar de ello, hilitos de arena y piedra caían del techo con cada explosión y el suelo se tambaleaba a sus pies.
Todos se giraron para mirar al hombre que les había salvado la vida y este les miró.
-Bienvenidos a mi mundo- les dijo.
