Mientras en el planeta tierra comían una rica sopa, cortesía de Turles, en el infierno un terrible monstro azotaba cada rincón de este. Destruyendo y masacrando todo a su paso, sin que nadie lo pueda detener.
-Mierda…- Dijo un valiente soldado mientras se escondía en una barricada improvisada –Me quede sin municiones y ya casi no me queda nada de Ki. No quiero morir en este lugar…
-Raditz, deja de llorar –Le dijo Nappa, estaba a su lado vendándose la pierna –Eres el único que está sano, físicamente… yo, casi pierdo la pierna y no m aquejo.
-… Pero no tengo nada para defenderme… además yo… -Un ruido detuvo las penas del soldado. Poniéndolo alerta -…
-¿Dónde están, monitos? –Se escuchó una voz femenina al borde del a locura –Vengan, vamos a jugar a un juego.
Cada paso la acercaba más a donde estaban los dos supervivientes, rogando que no se acercara.
-… Kami, no dejes que se acerque… por favor –Rezaba Raditz mirando al cielo-
-… Así que no me contestan… bueno, está bien. –Dijo la muchacha tranquilizándose –Los rastreare yo misma.
A.D.M.F Empezó a caminar olfateando cada rincón de donde estaba, alejándose y acercándose a los Sayán.
-… Los encontré… -Dijo con una risa psicópata, sus ojos se volvieron rojos, tal y como el líquido fresco que recorría por la espada que elevaba con orgullo en su mano. Las gotas caían escurriendo por su mano que llevaba prisionera su espada.
Raditz que intentaba más y más pegarse a la pared, tenía los ojos cerrados. Mientras Nappa estaba terminando su vendaje improvisado.
Salto el muro y callo justo sobre el abdomen de Raditz, viéndolo fijamente a los ojos levanto la espada y sonrió –Llego tu hora, monito –Antes de que pudiera clavarse la espada en su garganta.
La bazuca, que aparenta estar sin municiones, golpe ferozmente la cabeza de la muchacha, dejándola caer sobre Raditz. Este no solo estaba sorprendido, si no, estaba completamente sonrojado.
-Nappa… ¿Qué haces? –Dijo Raditz sacando a la mujer de arriba de él.
-Te salve, o acaso ¿Querías morir? –Pregunto en tono burlón subiendo la bazuca a así hombro.
-Eso está cargado –Dijo apuntando a la bazuca, mientras se paraba.
-No digas estupi…. – Antes de que pidiera terminar su insulto, la bazuca tenía un regalo que destruyo casi toda la parte sureste del infierno.
-¡Te avise! –Grito el joven Saiyan-Ángele
-… Cállate… Si alguien pregunta… ¡Ella lo hizo! –
-Por supuesto, ¿Y que hacemos con ella?-
-…-
Ambos voltearon a verla, estaba acostada en el piso con la espada en la mano y un aparato extraño en su mano. Una delgada línea de sangre recorría la parte de la cabeza que fue impactada hasta el cuello.
-¿Qué lleva en la mano? –Pregunto Raditz.
-Una espada, eres tonto pero no creo que ciego –Dijo Nappa acercándose a la mujer.
- No imbécil, la otra –
-¿Un rastreador o algo así? –
-Es probable, ¿Qué haremos con ella? –Pregunto Raditz girando para encarar al calvo.
-Casi me corta un ala –Informo mirando como las gotas caían del ala derecha de este –Podríamos matarla.
-No deberíamos… Vegeta le gustaría matarla… -Dijo con una mano en la barbilla.
-¡Ya se! –Dijo Nappa -¡Vamos a llevarla viva a la tierra para que Vegeta, eventualmente, la mate con sus propias mano! –Dijo con sarcasmo, que no fue detectado por Raditz-
-¡Qué gran idea! –
Una mano fugaz fue directa a la cabeza de Raditz, le dolió.
-¡Idiota!-
-… ¿Qué me paso?... –Se preguntó la muchacha sobándose la cabeza -¿Quiénes son ustedes?...
-… -Los dos estaban estupefactos, la muchacha se había despertado y no habían podido ni siquiera recargar Ki. Y para peor se había dado cuenta de su presencia.
-… !Soy Raditz, tu novio y viene a ayudarte con mi amigo…Nappa! –Grito Raditz como único plan.
Continuara…
