Bueno, pues a pesar de vuestro silencio, aquí sigo, al pie del cañón. Un nuevo capítulo más, y ya se acerca la parte que más me gusta. Espero que os guste también.

Arthe, tranquila, tú mejórate, yo espero. Pero espero IMPACIENTE. Quiero mi historia, y las otras que tienes empezadas, si puedo hacer algo por ayudar, ya sabes donde estoy. (quiero ver a Alessandro celosoquieroveralesandroceloso)

Sao, que alegría saber de ti de nuevo. Si, jaja, yo también me imaginaba a Milena en plan Fast&Furious jaja. No sé porque, pero me pareció que conducir como una psicópata le cuadraba al personaje. Y como querías más, aquí hay más, pero ahora te toca cumplir con tu parte. Otro capítulo ¡YA!

Bueno, pues nada más, besos a todas, y espero que os guste

Capítulo 13. ALEKSEI.

Escuché los planes de Milena, sintiendo como una sonrisa divertida asomaba a mis labios sin poder reprimirla, encantado con los planes, con su astucia, y con su condenada rebeldía. Desgranó una estrategia perfecta, con una meta tan incendiaria y subversiva como la propia Milena. O como mi propio hermano, tan indisciplinado e indomable como ella. Es mucho lo que Leo ha heredado de su ponzoña, o quizá se trata solo de que en él, ella encontró al humano perfecto para recibirla. Al verlos juntos, riendo como niños con cada pequeño paso en la conjura que estamos preparando, comprendí más allá de toda duda porque mi hermano jamás se ha vuelto contra ella. Y no es sólo por su carácter irreflexivo, por su capacidad de aceptar lo que el destino le pone en bandeja, tomando lo bueno e ignorando lo malo, como había creído hasta entonces. La conciencia de Leo lo tortura a menudo, pero tan rápido como aparece, se desvanece aparcada en algún rincón de su mente mientras él se concentra en algo más placentero, y por eso nunca ha culpado a Milena de su suerte. Se ha limitado a agradecerle la oportunidad de disfrutar de lo positivo de nuestra vida, y ha asumido la peor parte como un precio a pagar por el que no debe culpar a nadie. Pero si la amó con locura y pasión, y la ama aún como se ama a una madre, no es sólo por el don que ella le ha otorgado. Es porque si alguien puede comprenderlo, aceptarlo y guiarlo, esa es Milena. El tiempo, y quizá su condición de mujer, han hecho de ella una criatura mucho más serena y moderada que mi impulsivo hermano. Actúa con mucha más templanza, con más perfidia, con más calma. Pero la sangre que corre por sus venas es tan ardiente y latina como la de Leo. Detesta las normas, los límites y todo lo que estos le imponen, y está dispuesta a saltárselos, o como bien ha dicho para este caso, a volarlos por los aires si es lo que la situación requiere. Y al igual que Leo, o que yo mismo, Milena es una líder nata. Da igual lo que haga, da igual como lo haga o todo lo que tenga que romper para lograr lo que desea. Hasta los que no estuvieron dispuestos a seguirla, proclamarán su adhesión incondicional a ella cuando obtenga los resultados que espera de sus planes.

Siempre he creído que las mujeres son criaturas astutas, pero ésta supera con creces a cualquiera que yo haya conocido antes. Ni siquiera Katia puede comparársele. Ella aprendió a usar armas de hombres para ganar en un mundo de hombres, pero Milena usa armas de mujer. Y hasta el mismísimo diablo teme la refinada perfidia de las mujeres. Katia sueña ser un hombre. Milena se reiría a carcajadas de ese sueño.

"¿Estamos de acuerdo?", preguntó cuando hubo terminado de explicarnos su estrategia.

"Estamos de acuerdo", respondí sin dudarlo. "Tú haz tu parte, y nosotros haremos la nuestra en el momento oportuno"

"No podrá decir que no", sonrió Leo. "Es perfecto"

"¿Acaso no lo son siempre mis planes, querido?", replicó ella. "Creí que ya te había convencido de eso"

"Lo único de lo que me has convencido es de que jamás debo fiarme de una mujer por muy hermosa y frágil que parezca. Especialmente si parece hermosa y frágil", rió Leo.

"Jamás te he dicho que lo hicieras. Es más, estoy convencida de haber intentado inculcarte justo lo contrario"

"Y así ha tardado once siglos en establecerse", intervine burlón.

"Le dijo la sartén al cazo…", replicó Leo.

Casi al instante, alzó un dedo hacia sus labios, demandando silencio. Sus ojos se clavaron en algún punto de la inmensa recta que traza la carretera que comunica nuestra casa con el pueblo. Callé de inmediato, aunque incapaz de ver que ha llamado su atención. No me hace ninguna falta. Los ojos de Leo alcanzan aún más lejos que mi refinado olfato. Al cabo de un par de segundos, distinguí el sonido de un vehículo, y casi al mismo tiempo el inconfundible aroma de Tadeo. Poco después, aparcaba tras nosotros con un brusco chirrido de frenos. Su aroma traía algo preocupante, un rastro de inquietud, y busqué en su mente con impaciencia. Lo que vi, me provocó un caos de emociones encontradas. Ansiedad, miedo, angustia. Pero también una alegría salvaje.

"Tenemos dos días para prepararnos", dijo simplemente, sabiendo que no tendríamos ninguna duda de a qué se refería.

"Estamos preparados desde hace dos meses", repliqué. "¿Has hablado ya con Nadya?"

"Preferí informaros a vosotros primero"

"De acuerdo", respondí, tomando de inmediato el control, tal como planeamos hace ya más de un mes, cuando los tres empezamos a sospechar que los elfos terminarían por exigir la participación de Nadya en nuestro viaje. "Los macutos están preparados, las armas listas, y el itinerario dispuesto. Sólo queda reunirnos con los elfos y concretar los detalles"

"Sólo falta poner al día a Nadya. Lo peor", masculló Leo.

"Por eso lo dejamos para el último momento", repliqué. "Venga, hermano, ya sabíamos que iba a ser duro. Y ya hemos preparado como vamos a presentárselo y lo que vamos y no vamos a contarle"

"Como si eso fuera a servir de algo con ella", rezongó Tadeo.

"Tendrá que servir", gruñí. Después recordé algo más que quedaba por hacer. "Milena, Nadya va a necesitar algunas cosas. ¿Podrías encargarte de comprarlas?"

"Por supuesto", respondió de inmediato, deseosa de colaborar. "¿De qué se trata?"

"Los olvidados han concebido un mundo a imagen y semejanza del que abandonaron cuando decidieron dejar nuestro plano. Lo han recreado hasta el mínimo detalle. En apariencia, costumbres y creencias", expliqué.

"La Edad Media", murmuró Milena. "Perfecto. Por si no fuera poco lo que ya sabía, ahora me entero de que vais a llevar a vuestra joven dama del siglo XXI a la Edad Media. Estupendo"

"Fue una gran época", sonreí. "Pero ¿cuánto tiempo crees que tardarían en aparecer las antorchas si Nadya se presenta entre los aldeanos con su precioso cabello azul?"

"De acuerdo. Compraré un tinte. ¿Cuál es su color natural?"

"Castaño claro", respondimos los tres al unísono.

Milena sacudió la cabeza, mientras los tres nos mirábamos entre nosotros y rompíamos a reír.

"¿Algo más?", preguntó, disimulando ella misma una sonrisa. "¿Necesitará que le hagamos ropa, o calzado?"

"Eso ya lo tenemos preparado. Los elfos se encargaron de todo. Pero al volver échale un vistazo a su macuto, por si acaso"

"¿Vosotros tenéis todo lo que necesitáis?"

"Por supuesto, querida. Llevamos dos meses planeando esto. Jamás había tenido tanto tiempo para preparar un viaje", sonrió Tadeo.

"Aún así, revisaré las cosas de Nadya. Y la ayudaré a teñirse y a familiarizarse con la ropa. Dudo mucho que sepa donde van algunas de las prendas que llevábamos en esa época", decidió, dirigiéndose ya hacia su coche.

"Milena", la detuvo Leo. Ella se volvió lentamente. "Gracias"

"Traedla sana y salva, Leo. Esa es la mejor forma de darme las gracias", masculló, entrando en el coche. La puerta se cerró con un sonoro portazo, y apenas un segundo después conducía a velocidad de vértigo hacia la ciudad.

Cuando se perdió en la distancia – y se perdió muy, muy rápido – entramos en el coche en silencio. Esta vez no hubo juegos, ni peleas por tomar el volante. Sólo movimientos precisos, concentrados y eficientes. Cada uno de nosotros revisaba la parte que le correspondía en los preparativos, asegurándose de que no habría fallos. Que nada se había descuidado u olvidado. Tadeo arrancó sin florituras, y tomó el camino de vuelta a la mansión. Condujo en un silencio pesado que no fue roto ni por Leo ni por mí. Sólo cuando el coche atravesó la cancela de nuestro hogar, y quitó la llave del contacto, se volvió hacia nosotros.

"Ha llegado el momento. Estamos preparados, y lo sabemos. Esto es lo que llevamos esperando dos meses, y va a salir bien. Va a salir bien", repitió en un murmullo.

"Saldrá bien", sonrió Leo. "Lo sé"

"¿Lo sabes de verdad?", inquirió Tadeo, mirándolo con escepticismo. "¿O es un truco como los que tu hermano usa contigo? No te ofendas, pero todos sabemos lo poco que controlas ese don tuyo"

"Lo sé de verdad", respondió con total sinceridad. Y si no pudiera leer su mente, lo habría creído. Al menos Tadeo lo creyó.

"Bien. No es que lo dudara, pero siempre es bueno tener una confirmación", sonrió.

Salimos del coche y nos dirigimos a la mansión susurrando el nombre de Nadya para que se reuniera con nosotros. Los tres caminamos pesadamente, con lentitud, en un absurdo e inútil intento de retrasar el momento de comunicarle las novedades. No iba a ser una charla sencilla. Nadya nos bombardeará con preguntas durante horas, y ninguno de nosotros está muy dispuesto a contestarlas.

Alcanzamos el vestíbulo, y subimos al despacho de Leo. Cuando empezamos a trazar planes, estuvimos de acuerdo que el mejor modo de esconder a ojos de Nadya todos los preparativos del viaje, era dejarlos entre el caos de cajas apiladas y objetos descuidadamente abandonados que siempre abarrotan nuestras estancias privadas. Hace mucho que Nadya renunció a ordenarlas, y es rara la ocasión en la que entra en ellos buscando alguna cosa. Una vez tomada esa decisión, la elección entre las habitaciones de mi hermano y las mías se debió a una de esas felices coincidencias con las que en ocasiones te agasaja el destino. Leo había insistido desde el primer momento en tener junto a él el escritorio que utilizaba en su casa de Siena, y ante sus continuas demandas, Nadya se había encargado de su traslado, protestando durante días sobre lo difícil que resultó encontrar una compañía que le garantizara que el mueble no sufriría ni un solo arañazo. Un esfuerzo que, desde luego, valía la pena. Mi hermano le habría rebanado el cuello a todos y cada uno de los que intervinieron en el transporte si su adorado escritorio hubiera sufrido el más pequeño de los golpes. Adora su hermosa talla y su pesada y aromática madera, y debo reconocer que lo comprendo. El mueble es una auténtica obra de arte, y no solo por lo delicado e intrincado de su talla. El ebanista que lo creo, era un hombre de gran ingenio, y mayor habilidad. Por su pericia trabajando la madera, sin duda. Pero también por otra circunstancia añadida que ha demostrado ser de gran utilidad. Entre sus tallas y revueltas se esconden decenas de compartimentos ocultos, construidos con gran acierto, y tan perfectamente disimulados entre estas, que sólo con gran atención es posible descubrirlos. Y aunque consigas encontrarlos todos, te llevará días acertar con la forma de abrirlos. Los mecanismos que los manejan son de un ingenio fuera de lo común.

Con movimientos rápidos y expertos, Leo abrió un compartimento especialmente escondido, y extrajo los mapas que yo mismo había terminado de dibujar hacía más o menos un mes. Los elfos han completado las zonas oscuras, aquellas en las que yo no había tenido necesidad de entrar o las que estaban más allá del camino que siguieron mis pasos cuando me adentré en el otro lado para rescatar a Zaelos. Para mi sorpresa, descubrí que ese mundo es mucho más grande de lo que había imaginado en mi primera visita. Pero no lo bastante como para que los brujos se escondan de nosotros. Si es necesario alcanzaremos los confines de esas tierras, donde se asientan cavernas de los olvidados, con tal de poner fin a esta situación de una maldita vez. Estamos preparados, me repetí una y otra vez.

Sentí la mente de Nadya en la distancia, mucho antes de que los demás sentidos pudieran advertirme de su inminente llegada. Hice una seña a mi hermano, que se apresuró a cerrar el cajón oculto, y acercarse a la entrada. Salimos al pasillo, y alcanzamos las escaleras. Pocos segundos después, mi compañera abría la puerta de la mansión, con Andros en brazos.

"¿Ocurre algo?", preguntó, al ver nuestras expresiones preocupadas.

"Vayamos al bosque", dijo Tadeo. "Los elfos nos esperan, hablaremos allí"

Noté como tanteaba mis pensamientos, y la dejé hacer, aunque encargándome de que sólo pudiera ver lo más importante, la razón de nuestra preocupación. Ella respingó ligeramente, y después asintió, quizá más para si misma, que por responder a la orden de Tadeo. Sin mediar palabra, se volvió y comenzó el camino hacia el bosque. Tadeo se adelantó, abriendo la marcha, mientras Leo y yo nos situábamos detrás de ella, protegiendo la retaguardia. Comprobé con orgullo que no hizo ni el más mínimo gesto de protesta, ni el más ligero ademán de detenerse y esperar por nosotros. Ya ha aprendido a caminar en formación, permitiéndonos que la protejamos dejándola en el medio, entre los guerreros, protegiendo todos sus flancos. Y eso será bueno para el viaje que debemos realizar.

El paseo no fue largo. Apenas habíamos caminado un par de kilómetros por el bosque, cuando Barenor nos interceptó, saltando ágilmente de lo más alto de un árbol. Saludó con apenas una inclinación de cabeza, y encabezó la marcha por delante de Tadeo, guiándonos hasta su poblado.

Esta vez la reunión no tuvo lugar en las estancias comunales, tal como yo esperaba. Barenor nos llevó hasta su casa, una amplia cabaña bellamente adornada con flores y plantas que se extendían por doquier en cada rincón de sus estancias. Los elfos son bastante parcos en lo que a mobiliario se refiere, ya que para dormir prefieren sentir el fluir de la savia de los árboles bajo ellos, y para descansar se tienden en el mismo suelo, disfrutando de las sensaciones de la tierra viva bajo ellos. Pero todos gustan de dejar a la Naturaleza ornar sus casas. Las plantas que se sitúan a ras de suelo, crecen en la tierra misma, libres de la presión de las macetas. Las paredes dibujan intrincados diseños formados por enredaderas y plantas trepadoras. En los estantes juegan las ardillas, y se acicalan las aves, que entran y salen de sus casas con total libertad. Cada uno de sus hogares es diferente, tan diferente como un extremo del bosque lo es de otro a ojos expertos. Cada elfo habla con sus plantas y las incita a formar un diseño distinto en sus paredes y suelos, y cada dibujo contribuye a reflejar el carácter de quien lo ha creado. La casa que Barenor comparte con Querco, tiene un innegable toque femenino, que habla de su hermana mucho más que ella misma. Los diseños de suelo y paredes son delicados, pequeños y sutiles, pero al mismo tiempo hay en ellos algo agreste y salvaje, como si las plantas compartieran su ambición y su dignidad, intentando alzarse hasta el mismo cielo, orgullosas y libres.

Tomamos asiento junto a la inmensa raíz de un árbol que se había alzado en el centro de la estancia para conformar una suerte de mesa baja. Nadya se acomodó entre Leo y yo, sosteniendo a Andros con una actitud claramente protectora y posesiva, como si temiera que los elfos fueran a arrebatárselo. Y en cierto modo, así es. Tadeo se acomodó frente a nosotros, junto a Barenor, y transcurrieron unos segundos antes de que se decidiera a hablar.

"Creemos que es mejor que ella os acompañe", murmuró, esperando nuestra reacción.

"Lo suponíamos", mascullé. Haberlo supuesto no facilitaba en nada el aceptarlo. "¿Vas a decirnos por qué, o tendremos que esperar a averiguarlo por nosotros mismos?"

"Tendréis que esperar", susurró, mirando a algún punto entre sus pies.

A mi sarta de maldiciones se unió la de Tadeo y la de Leo. Y creo que hubiéramos terminado por destrozar toda la maldita casa, si Nadya no hubiera intervenido.

"Está bien. No hay porque irritarse", nos reprochó. "Ya sabíamos que esto podía ser así. Conocer el motivo, no servirá de nada"

"Naturalmente que servirá", repliqué. "Podemos saber que esperan de ti, y prepararte"

"¿Creéis que no os lo diría si supiera que es algo para lo que necesita estar preparada?", intervino Barenor, ligeramente ofendido.

"Estoy más que harto de vuestros…", empezó Leo, casi a gritos. Nadya lo interrumpió con un gesto severo.

"Calla", exclamó, dedicándole una mirada astuta a Barenor.

La miré disimulando mi sorpresa, sospechando que ha imaginado porque los elfos insisten en su participación. Su capacidad de deducción me deja a menudo fuera de juego. Intrigado, tanteé su mente con cuidado. Ella lo percibió y me miró con irritación.

"Sal de mi mente, Lyosha", ordenó con firmeza. "Si es lo que imagino, no se trata de nada que pueda ponerme en peligro. Al menos, no en uno mayor"

El elfo clavó sus ojos en ella, y tras unos instantes, sonrió.

"Hermosa y astuta. Más de lo que ya es habitual entre vuestras hembras", la alabó. "¿Podrás hacer tu parte, querida?"

"No te quepa duda", replicó Nadya, con expresión altiva.

"Bien. Entonces sólo queda escuchar vuestros planes"

"Un momento", protesté. "¿En serio pensáis que vamos a dejarlo así? Si Nadya tiene un papel en esta historia, exigimos…"

Nadya bufó airadamente en mi dirección. Clavó sus ojos en mí con rabia, y me abrió su mente, sólo un poco, sólo un pequeño atisbo. Disimulé mi reacción, fingiendo una ira que ya estoy muy lejos de sentir, comprendiendo al fin los motivos de los elfos. Sin mediar ni una décima de segundo, una pausa que no habría pasado desapercibida a los bien entrenados ojos de mi hermano y mi amigo, fruncí los labios en una mueca irritada, como si fuera su arrebato lo que me hubiera hecho callar, y no supiera aún que es lo que se espera de ella. Barenor no ha mentido. Está más que preparada para su misión en este viaje, y no necesita de nuestra ayuda, ni de nuestra intromisión. Y no la pondrá en un peligro mayor del que ya va a estar.

No miré a Leo, sabiendo, como Nadya sabe, que más pronto que tarde compartiré lo que he descubierto con él. No tengo secretos para mi hermano. Jamás los he tenido, y jamás los tendré. Por lo que a mi respecta, es como si Leo pudiera estar en mi mente y en la de Nadya. Todo lo que hay en ellas le pertenece tanto como a mí.

"Está bien", gruñí, manteniendo mi pose irritada. Por fortuna, soy un gran actor. "Lo haremos a tu modo. Pero si en algún momento es necesario…"

"No será necesario", interrumpió ella, manteniendo mi mascarada. "Centraos en vuestros planes, y dejadme a mi en paz"

La actuación fue perfecta, pero Leo me conoce demasiado bien. Me miró con rabia, como condenando mi decisión, pero su voz en mi mente sonaba suave y amable.

"Me lo contarás en cuanto salgamos del bosque".

No era una petición, pero ni aún así asentí. Sabe que lo haré, e incluso el más discreto de mis parpadeos no pasaría desapercibido a ojos de Tadeo. Mantuvimos el duelo de miradas unos segundos, y finalmente Leo fingió una rendición. Con un sonoro bufido, extendió los planos sobre la raíz, y me miró con expresión retadora. Le devolví la mirada para mantener las apariencias, y a continuación, me centré en los mapas que se mostraban ante nosotros. Los conozco como la palma de mi mano. Los tres los conocemos. Los hemos estudiado una y otra vez en estos meses, hasta grabarlos a fuego en nuestra memoria.

"Los brujos pasaron anteayer. No podemos enviaros inmediatamente tras ellos, sería peligroso. La puerta podría quedar definitivamente abierta, y eso es algo que no debemos permitir", empezó Barenor.

"¿Entraremos por donde estaba previsto?", preguntó Leo. El elfo asintió.

"No hay más que dos puertas, y usaremos la misma que ellos", explicó. "Se moverán deprisa, como lo han hecho anteriormente, pero deberíais poder alcanzarlos al llegar a la ciénaga. Ellos no tienen vuestra experiencia en el terreno, les costará atravesarla"

"Esos son tres días de viaje, como mucho. Estaremos fuera menos de una semana", aprobó Nadya, satisfecha.

"No. Serán al menos diez días", la corregí.

"¡Pero si no son más de ochocientos kilómetros!", exclamó.

"Pero allí no podremos correr durante días como hacemos aquí", respondí, preparándome para contarle al fin la verdad sobre el otro lado.

"¿Por qué no?"

"Deberemos descansar", respondí. "Y dormir", añadí a regañadientes, tras unos instantes de vacilación.

"¿Dormir?", preguntó atónita.

"Una vez que la puerta se haya cerrado tras nosotros, seremos casi humanos. Tendremos más fuerza, más resistencia que ellos. Y nuestros sentidos seguirán alerta, pero estaremos mucho más limitados que aquí. Deberemos comer, beber, descansar y dormir, como ellos hacen"

"¿Me estás diciendo que volveré a ser humana?", inquirió.

"¡No!", se apresuró a responder Leo. "Lo que vas a sentir no es real, no es verdad. Jamás volverás a ser humana. Ten eso siempre presente, Nadya. Jamás volverás a ser humana"

"Comprendo", musitó.

Ella ya sabía que su misión en este viaje era hacer volver a Tadeo. Y ahora comprendía por qué, y cuál era el peligro que el otro lado representaba para nuestro amigo. La tentación de recuperar la humanidad perdida, dejar esta vida de la que tan poco cree haber recibido y abrazar de nuevo al hombre que un día fue. Seguí su proceso mental, deseando consolarla por la pena que siente, por el dolor que le causa el dolor de Tadeo, y odiándome por no poder hacerlo. Pero también satisfecho y aliviado. Nadya no teme ni por un momento sentirse tentada por los placeres de la vida mortal. Si a Tadeo su vida como vampiro le ha causado dolor y angustia, el caso de Nadya es justo el contrario. Es a los mortales a los que no quiere volver a tratar como iguales. Debí comprenderlo hace mucho tiempo, y me habría ahorrado muchos temores innecesarios.

"Nos encargaremos de que mantengáis parte de vuestra fuerza. Pero no podemos hacer nada con el cansancio. Tendréis que rendiros a él cuando sea oportuno", intervino Barenor.

"¿Conservaremos nuestros sentidos?", medió Tadeo.

"No tan precisos. Quizá os sintáis un poco perdidos al principio. Os faltará olfato, oído y quizá vista. Pero os acostumbraréis"

"Hemos establecido escalas en función de lo que pensamos que son las necesidades humanas de descanso y alimento. Quizá quieras revisarlas", intervine.

El elfo se concentró en las anotaciones a lo largo del mapa. Las estudió durante largo rato, y después alzó la vista hacia nosotros.

"Son bastante optimistas, pero en principio pueden servir", respondió. "Veo que habéis establecido periodos más largos de descanso para los tres primeros días", añadió, con una sonrisa resabiada en mi dirección.

"Para habituarnos", repliqué, aunque ambos sabemos que no es sólo ese mi motivo.

"Claro. Naturalmente. El hecho de que coincidan con las zonas más densamente pobladas, repletas de posadas y tabernas, no ha tenido nada que ver", repuso con expresión mordaz.

"Vamos a jugarnos el maldito cuello", saltó Leo. "También tenemos derecho a un poco de diversión"

"Lo esperaba", sonrió una vez más Barenor. "En esas bolsas que hay junto a la puerta, encontraréis una selección de hierbas y un poco del pan que preparamos para los viajes. También hay unos cuantos odres con infusión. Os será de utilidad por la mañana"

"Piensas en todo, amigo", rió Tadeo.

"Conozco bien a vuestra especie", replicó el aludido, encogiéndose de hombros. "¿Conoces tú a algún vampiro que renuncie a divertirse si tiene ocasión?"

"Alguno hay. Pero son intratables", contestó Tadeo entre risas. "No duran demasiado"

"Por mí no hay inconveniente. Pero cuidado", nos reconvino el elfo, con repentina seriedad.

"Tenemos una misión que cumplir, Barenor. No vamos a abandonarla", repuse.

"Eso espero. Por el bien de todos", suspiró. "Dejemos eso por ahora. Deberéis llevar armas. No podéis mantener vuestras garras y dientes"

"Las armas están listas. Los macutos están listos. El itinerario está listo", repliqué. "Sólo falta saber si tenemos que hacer algo más que matar a los brujos"

"El cazador está al tanto. Y ahora ya puede informaros. Quizá prefieras tomar la palabra, Tadeo"

Tadeo asintió, y se dispuso a hablar, mirándonos antes para comprobar que no nos había ofendido que tratara con los elfos en solitario. No nos ofendió, y ni tan siquiera nos sorprendió. Hace mucho que sabemos que Tadeo prepara su parte con los elfos, y sabíamos que nos informaría en el momento oportuno. Cuando de hombres tan capaces como él se trata, no hace falta asistir al proceso. Cada uno de nosotros ha hecho su parte, y todos confiamos plenamente en lo que han dispuesto los demás. En la batalla, si no confías en el hombre que lucha junto a ti, puedes darte por muerto. Y con los planes, ocurre poco más o menos lo mismo. No puede haber eslabones débiles en la cadena, y entre nosotros, no los hay.

"Lo primero son los brujos. Los seguiremos tal y como teníamos preparado, y acabaremos con ellos. Y después…", una sonrisa brutal apareció en su rostro. "Después nos encargaremos de que no puedan volver otros y conseguir el mismo trato"

Su sonrisa se ensanchó hasta convertirse casi en una mueca. Sentí como mis labios – y los de Leo – respondían a ella casi por puro reflejo, mientras comprendía el verdadero significado de sus palabras. Mi hermano fue el primero en hablar, y cuando lo hizo, su tono de voz reflejaba una alegría salvaje.

"¿Vamos a llegar hasta ellos?". Tadeo asintió, sonriendo aún. Leo soltó una breve carcajada. "¡Genial!", exclamó.

"Tranquilizaos", intervino Barenor apresuradamente, mientras Tadeo miraba sus manos con expresión irónica. "Ya sabéis que no se puede acabar con ellos. Y tampoco deberíais de ser posible"

"Y entonces, ¿qué?", pregunté. "¿Vamos a ir hasta allí para rascarles bajo las escamas?"

"Vamos a pactar con ellos", anunció Tadeo.

"¿Y qué diablos tenemos nosotros para ofrecerles a cambio? No pienso…", empezó Leo.

"No se trata de lo que tenemos, sino de lo que podemos ofrecer", volvió a sonreír Tadeo.

Esta vez no fui capaz de descifrar el significado de sus palabras, y tampoco lo intenté en su mente. Se lo está pasando en grande con su sorpresa, y eso sólo puede querer decir que es algo que a Leo y a mí también nos gustará. Le dejé mantener la tensión dramática, mientras sentía una vez más como me contagiaba de su alegría y de su maquiavélica sonrisa. Tadeo midió cuidadosamente el tiempo de espera. Un solo segundo más sin explicarse, y Leo habría saltado sobre la mesa para arrancarle la explicación a golpes.

"Los Elementales", dijo, con la más terrorífica de sus sonrisas.

Durante un par de segundos no pasó nada. Lo miramos atónitos, como si hubiera hablado en un idioma que a duras penas dominamos, y nos esforzáramos por dominar. Pero poco a poco, las posibilidades de esa simple frase fueron haciendo mella en nosotros. Empecé yo, dejando escapar una risa suave entre dientes. Al poco, Leo palmeaba la mesa con fuerza, y reía a carcajadas, a las que Tadeo no tardó ni una décima de segundo en unirse. Poco después, los tres reíamos con fuerza, ante el divertido reproche del elfo, y la mirada irritada y sorprendida de Nadya.

"Genial", volvió a exclamar mi hermano, tendiendo un puño hacia Tadeo, que respondió golpeándolo con el suyo. A continuación lo tendió hacia mí, y respondí de igual modo, usando mi otra mano para estrechar su muñeca, dominado por un alborozo atroz y expectante.

"Como niños grandes", masculló Barenor, aunque sin dejar de sonreír. "Tienen un plan enloquecido y absurdo, que tarde o temprano se convertirá en una enorme complicación, y su única reacción es reírse como dementes"

"Vampiros", espetó una voz irritada desde la puerta. La voz de Querco. "Un poco de miedo no les vendría mal a ninguno de ellos"

"El miedo no sirve para nada", repliqué. "Nacimos para el combate, y pensamos morir en él. No somos como los humanos, elfa. Ninguno de nosotros ansía morir en una cama consumido por quien sabe que podredumbre"

"¿Morir?", exclamó Nadya, consiguiendo que me arrepintiera al instante de mis palabras.

"Nadie va a morir, querida. Es sólo una forma de hablar", replicó Leo.

"Por supuesto", se apresuró a conceder Barenor. "Yo sólo he dicho que se convertiría en una gran complicación"

"Pero encerrasteis a los elementales porque podían acabar con nuestro mundo. A mi eso me parece algo más que una 'complicación'", rugió. "¿No lleváis meses hablando de eso? ¿De cómo detener su regreso? Y ahora, ¿los ofrecéis en un intercambio, como si fuera un objeto absurdo que tenéis guardado en algún sitio?"

"Bueno, sin duda están guardados en algún sitio", sonrió Tadeo. "Eso facilita las cosas, naturalmente"

"¿Las facilita?", preguntó Leo, comprendiendo al instante el plan de Tadeo, del mismo modo que lo acabo de comprender yo. "¿Vamos a…?"

"Sólo un poquito", sonrió Tadeo, con una mueca de disculpa hacia Nadya. "Un pequeño hueco. Apenas un resquicio"

"¡¿Vais a abrir la puerta?! ¡¿Es que os habéis vuelto completamente locos?!", chilló Nadya.

"No es un mal plan", replicó Barenor, en tono paciente. "Tarde o temprano ocurrirá, y siempre es mejor un goteo que una avalancha"

"No tenéis el más mínimo sentido común. No pienso permitir que…"

Andros se revolvió en sus brazos, irritado y nervioso. Pude sentir el miedo que emana de su olor, como pura respuesta a la inquietud y la ira de su madre. Gimió y gruñó, desconcertado, y me apresuré a tender mis manos hacia él para alejarlo de la tensión que Nadya le está provocando. Ella me apartó con brusquedad.

"Lo estás asustando", gruñí.

"Yo también estoy asustada", replicó ella. Pero su tono mostraba más furia que miedo.

"Nadya, serénate", pidió Tadeo. "Nada va a pasarnos. Los elfos abrirán los sellos y sostendrán las puertas para que apenas se abran. Estaremos protegidos y bien preparados"

"No podrán usar todos sus poderes mientras los elfos puedan mantener los conjuros. Y su tamaño y su fuerza no les servirá de nada si el espacio del que disponen para luchar es pequeño", expliqué, satisfecho con el plan.

"¿Y si algo falla? ¿Y si los elfos no pueden sostener las puertas? ¿Y si…?"

"¿Y si el mundo se acaba mañana?", replicó Leo, burlón. "Eso no va a ocurrir, Nadya. Confía en nosotros"

Sentí una levísima corriente de energía emanando de Querco. Poco después, la ira de Nadya se desvanecía. Su rostro aún muestra la sombra del miedo, la inquietud y la rabia, pero tan lejana que casi parece el recuerdo de un mal sueño. Por una vez, agradecí que mi compañera aún no pueda resistirse a la magia.

"De acuerdo", murmuró con un leve desconcierto, como si no comprendiera – y de hecho no comprende – como ha conseguido serenarse con tanta facilidad. "Os creo. Y confío en vosotros. Pero, ¿cómo sabéis que los olvidados aceptarán el trato?"

"Oh, lo aceptarán, claro", sonrió Tadeo. "Se alimentan de la energía vital de quienes habitan en su mundo. Tener en él a los elementales les dará más fuerza de la que jamás han podido soñar"

"¿Y qué os hace pensar que una vez que tengan lo que desean, no volverán a pactar con los brujos?"

A veces olvido lo joven que es, y lo poco que hemos querido enseñarle. Mi hermano, Tadeo y yo, soltamos una carcajada divertida ante su inocente pregunta, e incluso los elfos se permitieron la sombra de una sonrisa. Al ver que empezaba a irritarse de nuevo, Leo se apresuró a contestarle.

"No podrán, querida. Tendrán que jurar que no lo harán, y una vez jurado, no podrán volverse atrás"

"Leo, quizá esto te sorprenda, pero no todo el mundo se siente tan obligado por su palabra como vosotros", replicó Nadya en tono mordaz, provocando nuevas carcajadas.

"No lo entiendes, amor. No se trata de que cumplan o no su palabra. Se trata de que no pueden mentir. Nunca", rió Leo.

"¿Te refieres…?"

"Se refiere exactamente a eso, querida. Y este es un buen momento para sugerirte que cuando estemos frente a ellos domines esa preciosa boquita tuya. Odian las preguntas directas, y tú eres demasiado aficionada a hacerlas", sonrió Tadeo.

Nadya lo consideró unos instantes, y finalmente pareció satisfecha con la explicación. Pero, por supuesto, aún tiene más preguntas.

"¿Cómo son? ¿Qué son los Olvidados?"

"Ya los verás con tus propios ojos cuando llegue el momento, Nadezhda", respondió Querco.

"Pero, ¿cómo sabré que estoy frente a ellos? Necesito saber como son, o podré meter la pata en cualquier momento", insistió.

"Lo sabrás, querida. Cuando los veas, no tendrás ninguna duda", sonrió Barenor.

"Aún así…"

"No, Nadya. Ya los has oído. Algunos nombres tienen poder, y no deben ser pronunciados por quienes aún saben de ellos", la interrumpí.

"Pues no digas su nombre. Sólo dime como son"

"Si te decimos como son, Nadya, su nombre aparecerá en tu mente. Y eso no es bueno. Si tú sabes de ellos, ellos sabrán de ti"

"Pero tú sabes su nombre. Todos lo sabéis", exclamó.

"Pero a nosotros nos importa un infierno que nos esperen", rió Leo. "Tú aún no estás preparada para enfrentarte a ellos"

"Confía en ellos, Nadezhda", intervino Querco, con voz suave. "Por mucho que me cueste reconocerlo, en esta ocasión tengo que estar de acuerdo con ellos. No es bueno para ti saber más de lo que ya sabes"

Si Nadya sospechaba de algún truco en el que quisiéramos enredarla llevados únicamente por nuestro afán protector, esa sospecha se esfumó con las palabras de Querco. Durante el tiempo de su embarazo, trató en muchas ocasiones con la elfa, y entre ellas se ha establecido una relación de confianza que se aproxima con pasos lentos y prudentes hacia una firme amistad. Suspiró un par de veces para serenarse, y finalmente, asintió con desgana.

"De acuerdo. Pero no me gusta. Odio ser la última en enterarme de todo", masculló.

"Nos consta, querida", rió Tadeo. "Pero no te preocupes. Lo entenderás todo cuando sea el momento"

"Habladme entonces del mundo que vamos a encontrar. ¿O tampoco puedo saber que es lo que nos espera?"

"No será muy distinto de cualquier otro mundo, y tendrás tiempo de habituarte. Los primeros días sólo encontraremos humanos. O al menos seres con apariencia humana", expliqué. "Después de eso, ¿quién sabe? Las zonas menos pobladas del otro plano, son altamente mágicas. Cambian continuamente, mutan de un minuto al siguiente. Ni siquiera yo sé muy bien a lo que vamos a enfrentarnos. Pero ten una cosa por segura, vas a aprender más en este viaje, que en toda tu vida hasta ahora"

"Cuando pasemos los territorios poblados, tendrás que seguir las órdenes como el más disciplinado de los soldados, Nadya. Deberás confiar en nosotros, o no podremos protegerte. Si cualquiera de nosotros incumple los planes, todos estaremos en peligro"

"De acuerdo", murmuró.

"¿Seguro?", insistió Leo.

"Claro. Me parece lo justo. Yo no tengo vuestra experiencia. Jamás he combatido, o participado en expediciones. Seguiré al más capaz, es lo que dictaría el sentido común de cualquiera. Y los más capaces en esto sois vosotros"

"A veces estoy tan orgulloso de ti, que podría volar, mujer", sonreí. Ella me devolvió una sonrisa divertida.

"Cuando volvamos a casa, ve a ver a Milena. Ella te ayudará", sugirió Leo. "Y te dará todas las instrucciones que necesites"

"¿Qué clase de instrucciones?", inquirió ella, frunciendo el ceño.

"Querida, vas a hacer realidad un sueño", sonrió Leo. "Vas a conocer de primera mano como se vivía en las épocas que cuentan esos libros tuyos"

"En el otro lado aún viven como en la Edad Media, Nadya", aclaró Tadeo, al ver que ella no parecía comprender. "Milena podrá enseñarte como hablar o comportarte para no llamar la atención"

"Y lo primero que tendrás que hacer es librarte de ese hermoso cabello azul, amor", sugerí.

Para mi sorpresa, me di cuenta de lo mucho que me molesta ese detalle. Desde que la conozco, desde la primera vez que la vi en aquel prado junto al río, aislada del mundo y perdida en el universo que sus máquinas recrean para ella, siempre he pensado en mi hermosa mujer como en una criatura casi irreal. Y aunque durante toda mi larguísima existencia siempre me he sentido atraído por las hembras de cabellos negros, ese azul eléctrico, vibrante, me provocó una extraña excitación. Como si fuera el color perfecto para una criatura tan fuera del mundo como ella aparecía ante mis ojos. Siempre he supuesto que Nadya debe imaginarlo, porque en los dos años que llevamos juntos, jamás ha cambiado su color, y sus siguientes palabras, confirmaron mi suposición.

"Volveré a teñírmelo cuando volvamos, Lyosha", me sonrió con dulzura. "Y quizá probaré algo nuevo. Violeta. O rojo, tal vez"

"No", intervino Leo, casi con brusquedad. "No, debe ser azul", añadió, suavizando su tono.

Lo miré con curiosidad. Jamás hemos hablado de esto y, aunque ya estoy acostumbrado a que Leo y yo nos parezcamos en los detalles más absurdos, este es incluso demasiado raro, demasiado puntual incluso tratándose de nosotros. Él percibió mi mirada, y me sonrió abiertamente.

"¿Creías que eras el único al que le provoca ese extraño color?", rió. "Qué me aspen si lo entiendo pero por algún motivo ver ese azul sobre mi cuerpo me inflama hasta el vértigo"

"A ti hay decenas de cosas que te 'inflaman hasta el vértigo', hermano. Su pelo no iba a ser una excepción", me burlé en un veloz susurro.

"Eso es innegable", medió Tadeo, susurrando igualmente. "Pero en esta ocasión, no puedo por menos que compartirlo. Cada vez que sacude esa melena, me vuelve loco"

"Tan educados para algunas cosas, y tan groseros en otras", gruñó Nadya. "¿Es que nadie os ha enseñado que no es cortés lo que estáis haciendo? Y más teniendo en cuenta que yo soy la única que no os entiende"

"Hablan de tu cabello, Nadezhda", explicó Querco con una sonrisa pícara. "Creo que a los tres les provoca cierto… fuego"

"Razón de más para volver a teñírmelo", rió Nadya. "Al fin y al cabo, es su fuego el que me calienta. No hay motivo para sofocarlo". Nos miró un segundo con una tentadora sonrisa, y al poco, su gesto se convirtió en un mohín. "Pero… ¿Eso quiere decir que no os gustaré mientras estemos en el otro lado?"

"¿Bromeas?", rió Leo.

"Es lo más absurdo que jamás he oído", replicó Tadeo, con un gesto afectado.

"¿Tú no dices nada, Lyosha?", preguntó Nadya en tono juguetón, al ver que yo me limitaba a sonreír.

"Yo ya he estado en el otro lado", sonreí. "No me preocupa no desearte. Lo que me preocupa es lo mucho que te voy a desear, y lo escasas que van a ser mis fuerzas"

"Diablos", masculló Leo. "Eso si es una condenada complicación"

"Lo será, sin duda. Lamentaré no ver como os maldecís por ello", se burló Barenor.

"Qué gracioso", replicó Tadeo, en un tono carente de humor.

"¿Eso os inquieta? Sois idiotas", rió Nadya.

"Son hombres", replicó Querco. "Pero esta absurda conversación me lleva a otro asunto importante. Aleksei, tú no resultaste herido cuando cruzaste para rescatar a Zaelos, ¿es así?"

"Así es. Perdí mucha fuerza, y la capacidad de leer la mente. Y es cierto que mis sentidos disminuyeron en agudeza, pero ocho siglos de entrenamiento son ocho siglos más de lo que posee el común de los mortales", repliqué.

"Si, contábamos con eso. Pero tenéis que tener algo muy presente. Mientras estéis en el otro lado, no os regenerareis. Si alguno de vosotros resulta gravemente herido, deberéis interrumpir la misión y cruzar de nuevo para poder sanar"

"Y no estaría de más que incluyerais en vuestro equipo escudos y armaduras", sugirió Barenor.

"¿Escudos?", exclamó Leo. "No tengo ni la más remota idea de cómo se usa un escudo. Jamás los he utilizado"

"Yo tampoco. Y no pienso ponerme una armadura. Esos malditos chismes no te dejan mover", protestó Tadeo.

"No estamos acostumbrados a usar ese tipo de instrumentos. Nos perjudicarían más de lo que nos ayudarían", intervine. "Tendremos que usar las espadas para parar, como siempre hemos hecho"

"Lo entiendo. Sin embargo, podríais considerar usar algún tipo de protección. Te he visto pelear, Leonardo. Tú usas brazales"

"Mis brazales no son una protección", gruñó Leo, ofendido. "Sirven para lo que sirven, para esconder un arma"

"Puedes pensar que las llevas para eso, si te sientes mejor", intervino Nadya. "Vamos, ¿qué os cuesta?

Lo consideramos durante largo rato, cruzando miradas entre nosotros.

"Está bien", masculló Leo. "Pensaba llevar los brazales de todos modos. Pero nada de almofares y lorigas. Como mucho, me convenceréis para ponerme unas grebas. Debo tener unas cuantas en algún sitio"

"¿En serio?", preguntó Barenor, sinceramente intrigado, dudando mucho después de lo que se ha dicho, que Leo, o cualquiera de nosotros, conserve algo que pueda considerarse una armadura.

"También se pueden guardar puñales en ellas", expliqué, sonriente. "Yo también tengo algunas. Y algunos brazales de cuero como los de mi hermano"

"De acuerdo", masculló Tadeo, ante la mirada de firme determinación de Nadya. "Dejadme un par a mí también"

"¿Te encargarás tú, Leo?", inquirí. Él se ha encargado de preparar las armas y los macutos.

"Si no hay otro maldito remedio", rezongó.

"Ya está todo dispuesto, entonces", intervino de nuevo Barenor, intentando cambiar de conversación. "Si no tenéis más preguntas, os veremos mañana al anochecer"

"Creí que disponíamos de dos días. No es que me importe, no me malinterpretes. Todo está listo para partir. Pero me gustaría saber a que se debe ese adelanto", intervino Tadeo.

"Tienen que prepararnos", respondí. "No me preguntes que hacen, porque tampoco quisieron decírmelo la otra vez, pero también me hicieron estar con ellos casi un día antes", dije en tono acusador hacia los elfos.

"Y tampoco te lo diremos ahora", sonrió Querco. "Bastará con que confiéis en nosotros y estéis aquí al anochecer con vuestro equipaje. Y con Andros"

"Así lo haremos", aseguré, mirando de refilón la reacción de Nadya.

En un gesto casi inconsciente, Nadya estrechó a Andros con más fuerza contra su pecho. El pequeño se removió, inquieto, confirmando mi impresión. Siempre responde a las emociones de su madre, como si compartiera como ella una conexión mental innata. El rostro de mi compañera se tornó entristecido y preocupado. Leo y yo no tardamos en acercarnos, y rozarla con nuestros dedos, en un inútil gesto para confortarla con nuestro contacto. Ella nos sonrió débilmente, antes de mirar a los elfos.

"Cuidaréis bien de él, ¿verdad?", murmuró.

"Claro, Nadya", susurró Querco con infinita dulzura. "Aquí estará a salvo"

"Pero si nos retrasamos, ¿cómo vais a alimentarlo?", inquirí. "Dudo mucho que podáis conseguir para él un ama de cría"

"Cazaremos para él. La sangre de los animales le resultará un poco fuerte al principio, pero no le hará daño, puedes estar seguro"

"No podrá beber de un animal, es muy pequeño. Aún no tiene dientes", protestó Leo.

"Para eso están los biberones", sonrió Querco. "Has tenido que ver lo que son, los humanos los usan a menudo"

"¿Servirá?", preguntó Nadya.

"Quizá proteste, pero en cuanto se sienta sediento, se aferrará a él como si su vida dependiera de ello, te lo aseguro", rió Barenor. "Nosotros los utilizamos con nuestros hijos si su madre no tiene bastante alimento. Y hasta ahora no ha habido ninguno que proteste"

"Pero entre los humanos, la leche de la madre protege al bebé. ¿No estará menos protegido Andros si no bebe de mi?"

"No estarás fuera tanto tiempo", replicó Barenor. "Además, con todo lo que ha recibido de la sangre de los jefes de clan, tendrá protección hasta el fin de sus días. Y vosotros no enfermáis, Nadya. Eso no va a cambiar aunque Andros haya nacido de ti, en lugar de ser un transformado"

"De acuerdo", murmuró, acariciando el cabello de nuestro cachorro. Al poco, levantó la vista de nuevo, como si acabara de recordar algo importante. "Bañadlo a menudo. Le gusta mucho el agua. Y se empeña en romper todo lo que cae en sus manos, así que tened cuidado con dejar a su alcance cualquier cosa a la que le tengáis aprecio. Ah, y…"

"Relájate, Nadezhda", rió Querco. "Tenemos más experiencia que tú cuidando bebés, te lo aseguro. Nada va a ocurrirle a tu hijo"

"Me echará de menos", murmuró, creo que para convencerse a sí misma, más que para hacer una simple afirmación.

"Por supuesto que sí", respondió Barenor, comprensivo. "Sabe muy bien quien es su madre, y quienes son sus padres. Pero intentaremos mantenerlo entretenido"

"Deberíais iros ahora", nos instó Querco, dulcemente, tras cruzar una mirada de entendimiento con su hermano. "Tenemos muchas cosas que preparar antes de vuestra partida, y vosotros también querréis poner al día a vuestra familia de las novedades"

Ante tan clara invitación a marcharnos, nos pusimos en pie de inmediato. Barenor se levantó también, dirigiéndose a Tadeo.

"Habla con los cazadores antes de partir. Que vuelvan a las casas que les han sido asignadas. Los brujos no deben sospechar nada, y ya tenemos toda la información que necesitábamos", sugirió. "Si todo va bien, cuando regreséis, podrán dejar los clanes y volver a sus propios asuntos"

"Creo que lo están deseando", sonrió Tadeo. "Todos considerarán mi partida como la mejor de las noticias. La inactividad los pone muy nerviosos. Mucho más que a la mayoría de los nuestros"

"Y no es decir poco", rió Barenor. "Pero no deben preocuparse. Pronto acabará todo. Y estoy seguro de que terminará para bien"

"Así será, sin duda", replicó Tadeo, mirando a Leo con una sonrisa alegre.

Si los elfos comprendieron el significado de ese cruce de miradas, fueron lo bastante astutos como para no poner al descubierto la mascarada de Leo. Asintieron como si estuvieran totalmente de acuerdo, y supieran lo que Tadeo quería decir, y nos acompañaron a la puerta. Mientras tanto, yo deseaba tener un dios en el que creer, para rogarle que protegiera a Nadya.

Nos guiaron en silencio hasta fuera de sus territorios, donde podríamos alcanzar nuestro hogar con la misma facilidad que si ellos no estuvieran orientándonos por atajos y revueltas entre los árboles. Nos despedimos cruzando apenas un par de palabras, y prometiendo volver a buscarlos en el momento acordado. Abrí la marcha hasta casa, y al momento escuché como se organizaba la formación tras de mí. Poco después alcanzábamos nuestros jardines.

"Iré a darles las nuevas instrucciones a los cazadores. Se alegrarán de saber que todo está a punto de terminar", comentó Tadeo. "Me reuniré con vosotros en cuanto haya terminado"

"Nosotros iremos a buscar a Milena. Después recogeré los macutos para que Milena enseñe a Nadya como vestirse"

"Te ayudaré a preparar las armas", ofrecí.

"Están preparadas", sonrió Leo. "Volví a limpiarlas y aceitarlas hace apenas dos días. Pero no me vendría mal que tú les echaras una ojeada otra vez, mientras yo busco los brazales y las grebas"

Nos pusimos en movimiento si detenernos ni un instante más. A pesar de la preocupación, a pesar del miedo por el bienestar de Nadya, y por el dolor sordo y lejano que me produce abandonar al cachorro cuando casi no he podido ni acostumbrarme a él, estoy deseando partir. Y sé que a Tadeo y a mi hermano les ocurre exactamente lo mismo. La vida en los clanes es tranquila. Demasiado tranquila. Aunque haya algún enfrentamiento, algún conato de violencia aquí y allá, no es bastante para calmar nuestros mal templados nervios. Los tres estamos deseando la acción que nos espera. Y la que vendrá después.