Hyun llegó a casa ya muy noche, como siempre lo hacía, ni siquiera le había importado que su padre estuviera esperándolo en la sala y al primer paso que diera dentro de la casa le quisiera dar una reprimenda.
Que más daba, era la misma cantaleta de siempre. El hijo rebelde regañado por el padre que quiere un buen futuro para él. Y ese futuro implicaba ser licenciado, o arquitecto, o una carrera que lo encarcelaría en una fría oficina para siempre.
No. Él no quería eso. Él amaba la música, era su pasión, y nada ni nadie impedirían que la música fuera su estilo de vida.
Su padre siempre había estado en contra, y ya varias veces se lo había hecho saber a base de gritos, frases hirientes, disputas y peleas. Como lo había hecho días atrás. Para ser exactos, el día que arregló el encuentro entre Seung Min y su madre.
Aquella noche también había estado tocando con su banda todo el día. Y como era de esperarse su padre se enfureció al enterarse del hecho.
Discutieron.
Su madre solo los veía desde el sillón esperando que pronto se detuvieran.
Le había dicho tantas cosas hirientes. El a su padre y su padre a él. Algunas tanto que ahora se arrepentía de haberlas dicho.
Cosas como que sería un inútil en un futuro. Que su música podía irse al carajo porque lo internaría en una escuela militar si no recapacitaba. Que así nunca podría mantener una relación ¿Cómo podría mantener una esposa? ¿Cómo podría mantener una familia? O pero aun, como podría siquiera alguien interesarse en él. No tenía futuro alguno.
Corrió a su habitación antes de escuchar nada más. No quería seguir discutiendo.
Pero…todas aquellas palabras…en cierta forma su padre tenía razón. Todo eso que le había dicho implicaba a una persona especial que se encontraba ahora dentro de su corazón.
Al escuchar las palabras de su padre, la cara de Seung Min se le vino a la mente.
¿Qué sería de Seung Min si se involucraba con un tipo como él? Ella era demasiado inteligente, linda y una chica muy decidida para seguir sus metas. Tenía un gran futuro por delante.
No tenía caso arruinarle ese futuro.
Ese día, Hyun decidió su futro también. No quería renunciar a su sueño y no quería sacrificar el de Seung Min. Lo mejor era dejar de hacerse ilusiones con algo que no iba a funcionar. Ahora ya no sería el chico lindo de la casa de al lado, necesitaba alejarse de todo, alejarse de ella. Aunque tuviera que hacerle daño, era por su bien.
Seung Min había esperado fuera de la puerta por más de media hora, se había levantado temprano especialmente para esperarlo. Tenía que saber que estaba pasando y tenía que saberlo ahora.
No era del tipo de chica con quien se podía jugar y eso se lo haría saber ahora.
El chico salió de su casa cuando estaba a punto de irse.
En cuento se topó con ella frente a frente se quedó petrificado, pero intento dominar su expresión hasta el punto de parecer frio y sin sentimientos hacia ella.
-¿Qué te pasa? – le preguntó ella secamente cuando el intento evadirla.
-¿Qué me pasa de qué?
-¿Crees que soy estúpida? ¿Me vas a decir qué onda con tu actitud?
-¿Estúpida? Mmmm…Pues sí, algo.
-Tu… ¡ojala te mueras y te caigas a un precipicio! – gritó la joven fuertemente que después temió que la hubieran escuchado en su casa.
-Ten cuidado, no desees cosas que no quieras que pasen-
-Pues si quiero que pase.- su cara se volvió triste, como si se arrepintiera de lo que acababa de decir.
-¿En serio deseas eso?
-Entonces dime que es lo que te pasa, porque un día eres tan bueno conmigo y al otro te la pasas humillándome, incluso me dijiste desechable enfrente de tus amigos. ¿Qué es lo que te pasa? ¿Acaso estas mal de la cabeza?
-Lo que yo haga no es asunto tuyo – dijo el en un tono serio.
-Por supuesto que es asunto mío si me implicas a mí en tus acciones. Realmente no te entiendo. ¿Es así como tratas a las chicas que te gustan? Así ni siquiera tiene caso que yo me haya interesado en ti, idiota.
Se tapó la boca cuando el volteó hacia ella sorprendido. ¿Estaba interesada en él? Eso quería decir que…
-Idiota, haz lo que se te pegue la gana, no me interesa. – dijo ella y se adelantó.
Llevaba más de una hora buscándola y no aparecía por ninguna parte. De verdad, porque era tan difícil encontrar a su esposa en aquel hospital. No era como si fuera un hospital del tamaño del mundo. De verdad quería estar con ella. Había pasado más de una semana alejado de su esposa. La extrañaba más que nada en el mundo, y justo ahora tenía que esconderse quién sabe dónde.
De verdad la necesitaba. No sabía cuándo era que se había hecho tan dependiente de ella. Parecía que los papeles se habían invertido desde que se habían casado. Su Ha Ni se había hecho más independiente y el, era cada vez más adicto a ella. A su cuerpo, a sus besos y a sus caricias.
Llegó a su oficina deshecho por no haber encontrado el remedio para sus males. Todo estaba oscuro puesto que ya empezaba a oscurecer. Encendió las luces resignado, pero entonces vio su figura en la ventana, esperando por él.
-Ha Ni – articuló el médico, llamando a su amada esposa.
-Seung Jo…yo, tengo algo que decirte – pero el hombre no se hizo esperar.
Antes de que su esposa dijera otra palabra, se acercó a ella y la besó pasionalmente.
-No sabes cómo te extrañaba, te necesité mucho todo este tiempo.
Ha Ni lo miró extrañada, era rara la vez que el rígido e insentimental doctor le dijera palabras como esas.
-Debiste extrañarme mucho estando en Japón – le dijo ella sosteniendo una tímida sonrisa.
-Como no tienes idea – le contesto él y la condujo al sofá que le servía de descanso cuando trabajaba horas extras en el hospital, y a veces, podía tener otros usos utilices.
Como en aquel momento. Se sentó, y la sentó a ella en sus piernas, frente a él. Comenzó por besar sus labios, después rozando dulcemente su mejilla hasta deslizarse por su cuello ligero. Bajó su vestidura y de paso el tirante de su sostén, dejando ver su hombro desnudo ¡Como le encantaban sus hombros desnudos!
Ha Ni no se resistió, incluso lo que estaba a punto de decirle a su esposo paso a segundo término, dejándose llevar por la pasión que su esposo amado irradiaba se dejó llevar como un cachorro que obedece a su amo.
Lo amaba tanto, y cada segundo de su vida, nunca había dejado de agradecer a Dios, o a cualquiera que estuviera allá arriba por haberle otorgado tal felicidad.
-Te amo, Seung Jo – le susurró al oído mientras sus caricias le quitaban ya el aliento.
-Yo también – le susurró el también.
-¿Lo dices en serio? ¿No me estas mintiendo? – dijo ella, quien a pesar de haber vivido casi 18 años con él, siempre había creído que todo aquello era un sueño, que en cualquier momento despertaría y volvería a ser la misma muchacha que había sido humillada por una carta de amor.
-¿Estas dudando de la palabra de tu esposo?
-No es eso, es solo que…no me creo que puedas amar a alguien como yo.
Su esposo la recostó sobre el sofá y la cubrió con su duro cuerpo.
-Te amo tanto que me asfixia. ¿No me crees? – le preguntó al ver su cara de incredulidad. –Te lo voy a demostrar.
Y sin dejarla renegar la volvió a besar con todas las ganas que había tenido todos esos días. Era suya y la amaba más que a nada en el mundo ¿Cuándo lo podría entender la bobita de Ha Ni? Su bobita.
Seung Min no había hablado con él en todo el día, ni siquiera se habían cruzado sus caminos, tal vez porque el mismo intentaba evitarla o porque ella misma había decidido ni siquiera percatarse de su presencia. Si iba a ignorarla, ella iba a hacer lo mismo. Después de todo tenía orgullo, el orgullo de los Baek.
Ni siquiera Hannah que irradiaba de rabia contra él pudo encontrarlo para darle su buen merecido.
Después de todo era su mejor amiga, nunca la había dejado sola desde que todo aquello sucedió, incluso insistió en acompañarla a su casa. Y por supuesto, tenía que encontrárselo justo en la puerta.
-¿Qué haces en mi casa? – le preguntó Seung Min al verlo dispuesto a entrar.
-Mi mamá me llamó para que viniera, parece que ella y tu abuela están planeando algo para la boda de tu tío.
-No eres bienvenido a entrar, vete por donde viniste idiota – le reprochó Hannah, quien estaba más que furiosa con él.
-Lo siento, ¿Qué puedo hacer si es una petición de mi madre y de la abuela? Si no quieren estar aquí conmigo, porque no se van a otra parte. – les exhortó el.
-Con mucho gusto, vámonos Hannah, a mi habitación. – dijo Seung Min y tomó a su amiga del brazo adelantándose hacia el interior de la casa.
Pero sus planes fueros truncados por la chillona voz de la abuela quien ya estaba vuelta loca con la fiesta de compromiso de su querido hijo. Y con ella, la señora Kim.
-¡Seung Min! ¡Ven acá! Estamos planeando todo. Ah ¡Hyun! ¡Ven tú también! Ya te esperábamos.
-¿Qué tanto hacen? – preguntó su nieta completamente sorprendida con todas las cosas inútiles que ya se extendían por la mesita de centro y la sala, de seguro arreglos para la fiesta.
-Estamos arreglando todo para la fiesta, será mañana ¿no lo recuerdan?
-¿Tan pronto? – preguntó Seung Min.
-Por supuesto, pero estamos tan apuradas que todo se nos está saliendo de las manos, y necesitamos su ayuda. – dijo la señora Kim.
-¿Nuestra ayuda?- pregunto Hyun a su madre.
-Necesitamos que vayan a hacer algunas compras, seguro que entre los dos se las arreglan, aquí está la lista de lo que necesitamos y la tarjeta de crédito. Necesitamos que vayan ahora mismo si no se hará mas tarde y no podremos preparar todo a tiempo. ¡Ya, ya!
Seung Min y Hyun se miraron entre sí, como si no fuera suficiente tener que evitarse y odiarse casi en la escuela, ahora tenían que pasar el tiempo juntos haciendo compras, era el colmo. Alguna maldición tenía que tener para ser tan desdichada.
