Draco Malfoy y el corazón de un Slytherin
Capítulo 14 – El Patronus
Acurrucados cada uno en un extremo del mullido sofá de la sala común de Slytherin, el fuego de la chimenea emitiendo ondulantes sombras sobre ellos, Draco escuchó el sórdido relato de lo que había ocurrido la noche de la tercera prueba del Torneo de los Tres Magos, de la muerte de Cedric Diggory y del regreso de Voldemort. Esa noche Harry había sufrido y resistido las tres Maldiciones Imperdonables. Draco se había enterado del retorno del Señor Oscuro de labios de su padre, pero Lucius no le había contado los detalles de lo sucedido esa noche. Empezaba a entender en ese momento muchos misterios del comportamiento de Harry, comprendía lo que ocultaba la máscara imperturbable.
—Draco, ¿qué es lo que voy a hacer? —preguntó con la frente fruncida de preocupación y de miedo— La presencia del dementor me paralizó. Estaba tan aterrado… de ningún modo hubiese podido usar un Patronus. Y es casi seguro que habrá muchos dementors cuando me toque enfrentar a Voldemort.
—Poco importa porque yo voy a estar con vos y sabré cuidarte las espaldas. —declaró Draco como quien enuncia una verdad incontestable.
—¿Lo decís en serio? —preguntó Harry, parte de la angustia de los ojos verdes se transformó en sorpresa— ¿Vos me protegerías?
—Claro.
La respuesta le había brotado automáticamente de los labios, sin vacilación. Draco parpadeó varias veces en rápida sucesión tras oír su propia respuesta. Se hundió aun más en el sillón al abarcar por completo el significado de lo que acababa de expresar. Estaba dispuesto a proteger del peligro a Harry condenado Potter. El estómago se le hacía un nudo de sólo pensar que Harry pudiera sufrir daño o que cayera víctima de una maldición. Era una revelación perturbadora. Se apresuró a agregar: —Pero sigo detestándote igual que antes.
—Naturalmente. —replicó Harry con el más descreído de los tonos y la más fulgurante de la sonrisas en los labios.
Draco trató de devolverle una mueca desdeñosa, que no le salió bien, y cruzó los brazos defensivamente.
—Dejá de sonreír como un soberano idiota y enseñame el encantamiento antidementor antes de que cambie de parecer y te deje librado a tu fatídico destino.
Harry amplió aun más la sonrisa. —Lo que vos digas, Malfoy. Hasta que lo aprendas y lo puedas lanzar efectivamente vas a necesitar la varita.
Ignorando altanero la sonrisa burlona de Harry, sacó la varita de un bolsillo. —Últimamente la he usado muy poco. —comentó y la recorrió con un dedo desde la base hasta la punta, 25 cm, madera de majuelo, pelo de cola de unicornio. Con la práctica se había vuelto casi un experto en la magia sin varita… aunque Pociones seguía siendo la materia que más le gustaba y en la que más sobresalía.
—Una vez que obtengas un Patronus corpóreo… cuando sepas la forma que adopta, ya no va a ser preciso que uses la varita. —explicó Harry— El Patronus representa aquello en lo que confiás, aquello que sabés que siempre te va a proteger. Como vos ya sabés, el mío es la forma del animagus de mi padre, Prongs.
Draco tuvo que hacer un esfuerzo para disimular una mueca, se acordaba muy bien de la broma fallida que había montado en tercer año… la aparición súbita de un gigantesco y fantasmal ciervo casi lo había matado del susto y había salido corriendo espantado.
—La fórmula del encantamiento es: Expecto patronum. Para lanzarlo tenés que traer a la mente un recuerdo muy feliz. —explicó Harry con un bostezo— Practicalo, yo voy a tomar una siesta, más tarde vemos como te ha ido. No te hagas malasangre si no lo conseguís hoy, es un encantamiento complejo y consume mucha energía mágica, puede ser extenuante… pero una vez que lo logres vas a poder conjurar tu Patronus incluso sin varita.
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Harry había estado en lo cierto. El encantamiento era muy difícil y tras múltiples intentos fallidos Draco se iba poniendo cada vez más nervioso y fastidiado, lo cual no hacía sino agravar las cosas. Luego de tres días de probar lo mejor que había obtenido había sido una nubosidad pálida y raquítica que se disipaba en pocos segundos. Era enloquecedor, Draco hacía expresa su frustración en todas y cada una de las prácticas que tenía con Harry, que habían sido diarias durante toda la semana de vacaciones. Harry había dedicado todas esas lecciones a enseñarle encantamientos de curación.
Navidad había llegado y pasado sin despliegues sentimentaloides. No era una fiesta que los Malfoy celebraran. No obstante, Harry le había hecho un regalo, algo que Draco no se había esperado. Un medallón con una pequeña araña grabada que se podía usar como traslador cuando se lo sostenía de una manera determinada, transportaba al que lo llevara puesto a la estación de Hogsmeade. —Por si se presentara una emergencia. —había dicho Harry al dárselo. Algo muy propio de un Gryffindor, no sólo un gesto amable, el regalo también tenía utilidad. Draco se sintió en la obligación de darle algo a cambio, transfiguró una rana de chocolate en una araña de chocolate que se desplazaba con mucha más velocidad, Harry había estado casi una hora corriendo detrás de la golosina encantada para poder agarrarla.
Draco también aprovechó esas semanas para trabajar en una nueva poción de su creación. Un derivado de la polijugos que él bautizó molyjugos. Llevaba mucho menos tiempo de preparación y servía para cambiarle la voz a la persona que la bebía. La poción resultó un éxito y eso le levantó el ánimo, aprovechó el entusiasmo para probar nuevamente con el Patronus.
Logró un Patronus corpóreo en el primer intento. Pudo conocer así la forma que adoptaba.
El resto del día se lo pasó tirado en la cama con la cabeza debajo de la almohada. —¿Por qué a mí! ¿Qué hice para merecerlo?
Su Patronus era un Harry Potter de quince años.
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