Comentario de la autora: Capítulo intermedio de nexo entre la parte primera del fic y la parte segunda del fic.
Todos los personajes de Naruto le pertenecen a Masashi Kishimoto
Capitulo de transición – ¡Adiós, Gaara!
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Una luz enceguecedora la golpeó de lleno en el rostro, despertándola bruscamente de su tan profundo y dulce sueño. Se revolvió en entre las blancas sábanas de su cama y giró sobre ella hasta quedar boca abajo, para luego hundir su rostro en una almohada y rogar para volver a caer en los brazos de Morfeo. No tuvo éxito.
–Que alguien apague esa maldita luz. – se quejó con voz somnolienta. Nadie le hizo caso.
Rogó un par de veces más, sin obtener la respuesta que esperaba.
A ver que nadie le prestaba atención a sus ruegos, bufó molesta y, luego de golpear un par de veces con los puños el colchón sobre el que estaba recostada, extendió las manos y cogió los bordes de la sábana sobre ella para jalarla hasta la altura de su rostro, pretendiendo cubrirse con ella de los molestos rayos del sol. Tampoco logró mucho con ello.
La intensidad de la luz logró pasar a través de la delgada tela blanca, alcanzando a llegar hasta sus cansadas orbes azuladas. Claro que ella no contaba con el hecho de que, considerando el calor insoportable que solía hacer en Suna, la mayoría de la vestimenta y prendas para dormir solían fabricarse con telas delgadas y hasta casi trasparentes; sobre todo, las sábanas.
–¡Maldición! – gritó irritada. – ¡¿Qué acaso nadie puede apagar esa maldita luz?!
Irritada, Ino cogió una de las almohadas de su cama, la que le quedaba libre, y la levantó con las manos para luego colocarla sobre su rostro, sobre sus ojos, en un intento cubrirlos y sumergirlos en la más profunda oscuridad posible. En verdad, deseaba mucho poder volver a caer dormida, para poder regresar a tan dulce y tierno sueño que hasta hacía pocos segundos estuviera gozando, ese sueño tan vivido, tan real…
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Estaba a punto de lograr su objetivo, cuando de pronto una voz masculina la despertó de su letargo.
–Ya es hora que despierte, señorita enojona.
De golpe, una mano se aproximó hasta la almohada que la florista tenía sobre su rostro y se la arrebató de un solo movimiento, dejando expuestos sus debilitados ojos a los molestos rayos del sol. Aquello solo logró irritarla aún más.
–¡Devuélveme esa almohada! – Gritó molesta para luego, con los ojos cerrados, extender los brazos en un inútil intento por alcanzar aquel preciado objeto.
Continuó forcejeando, hasta que de pronto se detuvo y, algo confundida, comenzó a prestar más atención a las personas que se encontraban a su alrededor.
–¿No deberíamos dejarla dormir un poco más? – oyó hablar en voz baja una voz masculina, voz que ella reconoció en el acto.
–No. – contestó a secas otra voz, perteneciente a la misma que segundos atrás le había arrebatado a la rubia su almohada. A esta segunda voz también la reconoció en el acto. – La floja ya durmió bastante, y recuerda que el doctor dijo que ya era hora de que despierte.
"¿Shikamaru? ¿Chouji?" se preguntó un tanto confundida. "Un momento, ¿Qué hacen ellos en mi habitación?".
De repente, abrió los ojos de golpe y, utilizando las manos como apoyo, se incorporó en un solo movimiento para quedar sentada sobre su cama, dejando accidentalmente expuesta la parte superior de su cuerpo, la cuál apenas estaba cubierta por su ropa interior. Se quedó en ese estado por unos segundos, con los ojos abiertos de par en par, y con una expresión nula en el rostro, mientras intentaba ordenar sus ideas. Sus compañeros se acercaron a ella y la observaron preocupados.
De pronto, la kunoichi de cabellos dorados frunció el ceño y soltó un rugido, molesta. Fijó la mirada en los ojos de los dos shinobis frente a ella y los observó en forma intimidante, esa forma de observar que ambos ya conocían de sobra. Poco después, y antes que ellos pudieran reaccionar – y escapar por sus vidas – estiró las manos hacia los dos y los atrapó de las partes delanteras de sus uniformes de ninja, para luego jalarlos en dirección hacia ella, hacia su rostro, con una expresión de terror.
–¡Pero que rayos hacen ustedes dos en mi habitación, par de imbéciles! – gritó en voz alta, logrando que su voz se escuchara por todos los pasillos y los pisos aledaños a su habitación, dentro del hospital de Suna. – ¿¡Cuantas veces les he dicho que aprendan a respetar la privacidad de una dama!?
Continuó gritando a sus amigos por un largo espacio de tiempo, regañándolos por su supuesto atrevimiento, sin siquiera detenerse a escucharlos, o notar en que situación se encontraba. Aún continuaba desorientada por efecto de las medicinas y el hecho de haber estado dormida por tanto tiempo, y ni siquiera tenía idea de donde estaba, o qué le había pasado. O qué había hecho.
Sin embargo, no tardó mucho en recordar…
De pronto, un conjunto de imágenes confusas llegaron a su mente, acompañadas de un insoportable sonido agudo que le provocó un intenso dolor de cabeza. Puso expresión de dolor en el rostro y soltó a sus compañeros, para luego llevarse las manos a las sienes y comenzar a masajearlas suavemente, sin muchos resultados. Poco después, sintió un fuerte cansancio recaer sobre su desgastado cuerpo, lo que le provocó un leve mareo que la llevó a caer nuevamente de espalda nuevamente sobre su cama. En esa posición se quedó por unos segundos, con la mirada perdida en el techo, los puños apretados y la respiración agitada.
Al parecer, el repentino esfuerzo realizado segundos atrás, la debilitó más de lo esperado.
–¡Maldición! – gritó enfurecida, provocando que el dolor en su cabeza se intensificara. Tuvo que apretar la mandíbula para contener un nuevo grito de dolor.
Con dificultad, se sentó nuevamente sobre su cama, y volvió a sujetarse con las manos la cabeza, con expresión de angustia y dolor en el rostro. Entreabrió y cerró los ojos un par de veces y se giró con intención de salir de su cama.
Colocó los pies en el suelo y se dispuso a sostenerse en ellos, cuando un fuerte mareo la golpeó de lleno, provocando que su cuerpo tambaleara torpemente hacia delante, provocando que perdiera el poco equilibrio que aun conservaba y se fuera hacia delante, en contra de su propia voluntad. Ya nada podía hacer. Iba a caer contra el frío y duro suelo, como la kunoichi débil que era. Cerró los ojos y se resignó a cumplir con su destino, pero el golpe nunca llegó. Antes que su cuerpo cayera por completo, Ino fue hábilmente sujetada por dos fuertes brazos que la sostuvieron en peso a la altura de la cintura, a escasos centímetros del suelo. Shikamaru la había alcanzado a tiempo, logrando salvarla de un golpe certero.
–Deberías moderar tu temperamento, ¿Sabes? – le dijo a modo de regaño, mientras le ayudaba a incorporarse. – Tú sola te haces daño.
Con cuidado, el castaño sostuvo el cuerpo de su amiga hasta regresarla a su cama, sin decir una sola palabra. Luego se sentó a su lado, y se inclinó lo suficiente como para quedar a la altura del rostro de ella. Extendió lentamente su mano y la sujetó del mentón, levantándole el rostro y obligándola a verlo a los ojos.
–¿Acaso es esa forma de tratar a tus amigos? – preguntó sonriente. – de saber que nos ibas a recibir así, mejor nos quedábamos secuestrados.
Al escuchar las palabras del castaño, el cuerpo de Ino se tensó y sus enormes orbes se abrieron de par en par. Aun estaba desorientada, y los recuerdos le llegaban en forma desordenada, pero llegaban. Pero en ese momento, luego de escuchar a Shikamaru, una palabra comenzó a retumbar en su mente: "secuestro".
Había olvidado por completo aquello, que hasta hace poco sus compañeros habían estado secuestrados y que ella había jurado rescatarlos, cueste lo que cueste. Cierto, se había prometido a sí misma ir a rescatarlos sin importar el peligro que ella corriera en el acto; sin embargo, ella apenas había logrado llegar a las afueras de la ciudad de Suna, para terminar siendo rescatada y luego regresada nuevamente al hospital. Ahora ellos ya estaban a salvo, y ella, para variar, no había hecho nada por ayudarlos.
De pronto, y en un impulso nada planificado, la florista alzó los brazos y se lanzó sobre su amigo, rodeando con sus brazos el cuello de éste y hundiendo el rostro en su pecho, para comenzar a llorar desconsoladamente. Por su parte, Shikamaru se quedó paralizado ante la reacción inicial de Ino, algo que no se lo esperaba. A decir verdad, jamás la había visto así, tan vulnerable y desconsolada, tan indefensa. Tardó unos segundos antes de despertar de la impresión inicial, y notar la situación en la que estaban. Soltó un suspiro largo y tendido, para luego relajar el cuerpo y, con sus brazos, rodear el frágil y delicado cuerpo de su amiga, correspondiéndole al abrazo.
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Se quedaron en esa posición por varios minutos, hasta que de pronto escucharon el sonido de alguien tosiendo en medio de la habitación.
–Ya que veo que se han olvidado de mí…
Ambos shinobis voltearon para encontrarse con la imagen de su compañero de equipo, Akimichi Chouji, quien estaba caminando con la mirada hacia abajo y las manos en los bolsillos en dirección a la puerta, con el semblante levemente entristecido. Sin embargo, antes que pudiera llegar a la puerta, una mano a la altura del hombro lo detuvo.
–¿Y a donde crees que te escapas?
El alto y robusto shinobi volteo la mirada para encontrarse con el semblante sonriente de Shikamaru, quien tenía levantada la mano y le señalaba en forma insistente hacia atrás de él. Inclinó ligeramente la cabeza, para encontrarse con la imagen de su amiga Ino, quien estaba también sonriente y le tendía los brazos, a la espera de un abrazo suyo.
–Ni creas que te vas a escapar tan fácilmente. – soltó la Yamanaka en voz traviesa y con una sonrisa en el rostro, sin con ello poder ocultar las marcas dejadas por las lágrimas sobre sus mejillas.
El Akimichi sonrió torpemente al ver el rostro de su amiga, y caminó lentamente hacia ella. Había estado tan preocupado por ella desde aquel incidente en el que se vieron obligados a separarse y durante todo el tiempo que estuvo hospitalizada, que ya hasta había olvidado lo bella que era su sonrisa. Verla ahora con el semblante alegre, a pesar de lo tenso de la situación, le causó cierta sensación de paz y tranquilidad.
Llegó hasta su lado, y se acercó con cuidado a ella para abrazarla, asegurándose de no toparse con las vendas que cubrían parte del cuerpo de ella, y olvidando por completo las que tenía en el propio, principalmente en el pecho. Se había olvidado que él también estaba convaleciente.
–Auch.– Se estremeció levemente y cerró los ojos al momento que Ino se apoyó en su pecho.
Al escuchar el quejido, la Yamanaka empujó levemente a su amigo y se alejó de él, para observarlo al rostro, preocupada. No tardó mucho en recordar…
–Ábrete el chaleco. –ordenó ella con voz imperante.
–¿Qué? – preguntó entre sorprendido y confundido el Akimichi.
–Muéstrame… – levantó temblorosa su mano, y la aproximó hacia él. – muéstrame la herida.
El alto shinobi accedió a la solicitud de su amiga, siendo consciente que solo iba a perder el tiempo intentando hacerla cambiar de parecer – sobre todo considerando lo terca que ella podía llegar a ser – y se abrió el chaleco para mostrarle la herida que llebava en el pecho, la cual surcaba la mayor parte de éste y que aún estaba en pleno proceso de recuperación. Ino palideció al ver la marca en su amigo, y comenzó a recorrerla de largo con las yemas de los dedos. La herida lucía idéntica a la que ella llevaba en la pierna. "Ésta herida…"
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–¿Recuerdas algo de lo que pasó? – preguntó preocupado Shikamaru, rompiendo el silencio incómodo que se había formado minutos atrás.
La Yamanaka observó por unos instantes los ojos castaños de su compañero, confundida. Se concentró e intentó hacer memoria de todo lo que había pasado, sin mucho éxito. De pronto, a su mente comenzaran a llegar más imágenes confusas y borrosas, en desorden, como pedazos de escenas de una película, una película de horror. En un gesto brusco, soltó la herida de su otro amigo – la cuál aún estaba tocando – y sacudió la cabeza con fuerza, batiendo en el aire su larga cabellera que ahora lucía opaca y enredada, en un intento por ordenar sus ideas.
En ese instante, lo recordó todo.
Levanto la mirada y, luego de respirar hondo un par de veces, se dispuso a hablar.
–Chicos… – su voz sonó entrecortada. – será mejor para ustedes que no sigan a mi lado. – dijo sujetándose el pecho, dolida. – Yo… soy un peligro para todos y….
–Eso ya lo sabíamos desde hace mucho. – se adelantó a hablar el Nara, cortando abruptamente a su amiga. – Desde que nos nombraron equipo, supimos que eras un peligro.
Al lado de ella, Chouji sonrió ante las palabras de su compañero, y asintió en señal de aprobación. Sin embargo, ella aún continuaba con el semblante ensombrecido.
–Hablo en serio.
Ambos sinobis cruzaron miradas ante la molestia de su compañera, para luego dirigirle la mirada a ella, con expresión de seriedad.
–Ino… – comenzó a hablar el castaño. – Hay algo que debes saber.
El shinobi comenzó a caminar lentamente hasta ubicarse junto a la cama de Ino, tomando el lugar que hasta hace pocos minutos fuera ocupado por Chouji. Luego se sentó al lado de ella y la observó con seriedad, algo nada común en él.
–¿De que hablas? – preguntó confundida, observando a su amigo mientras intentaba detener un nuevo torrente de lágrimas de sus ojos. – Yo… ya lo se todo. – terminó de hablar con la voz entristecida luego bajó la mirada fija en las blancas sábanas de su cama, intentando contener el llanto.
–No, no lo sabes. – habló tajante el Nara, para luego llevar su mano al mentón de ella y levantarlo, obligándola a verlo a los ojos. – Hay mucho que no sabes.
Ino no pudo soportar más la presión de la mirada de su amigo sobre ella.
–¿Qué… qué no se? – la voz se le quebró en un instante, y gruesas lágrimas comenzaron a correr de sus ojos. – ¿Qué más falta que me digas? ¿Qué lo de la misión en el país del rayo era solo una trampa? ¿Qué hay un loco desquiciado que anda tras mí? ¿Qué ustedes casi mueren por mi culpa? ¿Qué casi los mato? ¿Y que casi mato a Neji?.... – de pronto, palideció. – Neji… ¿Es sobre él que me quieres hablar? ¿Acaso él… está…?
–No, no es sobre él que te quiero hablar. – el genio desvió la mirada para no tener que enfrentar aquel tema con Ino, al menos por el momento. – Es algo que sólo sabemos Chouji y yo y… que te hemos estado ocultando. – volvió a mirarle a los ojos, esta vez con determinación en los propios. – algo que ahora tú también debes saber, algo que sólo debemos saber nosotros tres. – terminó de hablar poniendo especial énfasis en el "solo".
La Yamanaka pestañeó un par de veces antes de entender las palabras de su amigo. Por la forma en la que la miró a los ojos, y el uso de sus palabras, sobre todo aquel énfasis puesto en el "solo nosotros tres", dedujo que había un mensaje oculto en sus palabras. "Sólo nosotros tres…" se repitió por lo menos un par de veces, aún sin entender. Pronto notó que éste la continuaba mirando, directamente a los ojos. "¿Por qué me ve de esa forma?", se preguntó, para terminar respondiéndose a sí misma. "Algo que solo debemos saber nosotros tres, y… ¿Acaso quiere que haga eso con él?". De pronto, todo tuvo sentido. "Claro, debe haber alguien espiándonos, por eso que no quiere hablar, por eso quiere que le haga "eso" antes que verse obligado a hablar, y…"
Al cabo de unos segundos, la florista logró entender el mensaje oculto en las palabras del maestro de las sombras. Él quería que ella hiciera "aquello" con él, algo que ambos ya habían hecho en contadas ocasiones atrás, una forma eficaz de comunicarse sin necesidad de hablar, aprovechando sus habilidades propias y la facilidad de Shikamaru para mantener el control de su mente al momento de ser abordado por la de ella.
Sentada sobre su cama, Ino le pidió a Shikamaru que se acercara más a ella. Cuando ambos estuvieron lo suficientemente cerca, la florista extendió las manos hacia las sienes de él, y lo cogió con firmeza con las yemas de sus dedos. Éste, por su parte, se dejó coger obediente por su amiga, mientras acercaba lentamente hacia su rostro al de ella y pegaba su frente con la de ella, quedando a escasos centímetros el uno del otro.
Antes de dejarse llevar por la mente de Ino, el Nara solo atinó a decirle una frase.
–Y que quede claro Ino, los tres estamos en esto, y los tres vamos a resolverlo.
La Yamanaka asintió y se dispuso a ejecutar... su jutsu. De repente, millones de escenas comenzaron a llegar a la mente de la Ino, todas provenientes de la mente del Nara. Las escenas parecieron confusas al inicio, pero pronto Shikamaru se concentró lo suficiente para que éstas le llegaran en el orden correcto. Después de todo, ambos ya tenían experiencia en dicho tipo de comunicación.
Pocos segundos después, las imágenes comenzaron a llegar a la mente de la florista en una secuencia de tiempo ordenada y precisa…
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La primera imagen que llegó a la mente de Ino fue la de ella entrenando junto con su equipo. La escena al parecer no tenía nada en particular; es más, ella recordaba perfectamente aquel día de entrenamiento; sin embargo, al verla desde los ojos de Shikamaru, la escena se veía totalmente diferente. Esa fue la primera vez que el genio del clan Nara notó que los estaba espiando, a los tres, o al menos a uno de ellos…
Lo siguiente que vio en la mente del castaño fue una escena de él en el sótano de su casa, rompiendo una serie de sellos en unos pergaminos para leerlos. Gracias a los recuerdos del Nara, la Yamanaka pudo leer junto con él lo que contenían dichos pergaminos, escritos veinte años atrás por sus padres, en la que se mencionaba la misma sospecha de persecución. La escena se detuvo en el momento que el shinobi se topaba con otra serie de pergaminos, sellados con el sello del clan Akimichi.
Otra escena llegó a la mente del castaño y, por consiguiente, al de la rubia. Esta vez, él estaba al lado de Chouji, quien estaba abriendo la segunda serie de pergaminos para leerlos junto con su amigo. Se sorprendió al encontrar entre los escritos el atentado que ocurriera veinte años atrás contra la madre de su amigo, la señora Yoshino, y las palabras dichas por su amigo en ese momento. "Entonces, fue por eso que me pidió que lo ayudara a terminar con Temari" se dijo al entender las verdaderas intenciones de Shikamaru al romper con ella. "Admirable…" fue la única palabra para describir aquel sacrificio. La escena continuó, hasta que, en un momento dado, vio como sus amigos se topaban con otro grupo de pergaminos, sellados con el sello del clan Yamanaka.
Shikamaru cortó en ese punto la escena anterior y la llevo junto con él a la siguiente escena. En ella, él y Chouji corrían por una serie de pasadizos hechos de piedra luego de haber escapado de sus secuestradores, aún en la antigua construcción donde habían sido llevados. De pronto, ellos se toparon con una habitación en la que había cientos de pergaminos arrojados sobre una mesa, pergaminos que tenían una particularidad: El sello del clan Yamanaka. Pergaminos que ahora se encontraban en su poder...
La última escena que pudo ver en la mente del Nara, fue la de él llegando junto con el Akimichi a su habitación, horas atrás. En un primer instante, le confundió que Shikamaru le mostrara dicha escena, pero pronto entendió sus motivos. Tras unas persianas ubicadas en un extremo de su habitación, y hábilmente escondido, pudo ver un pequeño objeto esférico flotando en el aire. Al instante ella pudo reconocer aquel jutsu. "Gaara…"
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La puerta de la habitación en la que se encontraban se abrió repentinamente, y en ese momento se rompió el contacto mental entre la Yamanaka y el Nara. Sin embargo, éstos continuaron a escasos centímetros el uno del otro, aún observándose fijamente.
–Buenos días, Temari –san. – saludó atento el Akimichi. No recibió respuesta alguna.
La mayor se quedó estática ante la imagen que se encontró frente a sus ojos, al entrar en la habitación. Ahí estaban esos dos, Shikamaru e Ino, tan cerca el uno del otro que en cualquier momento podían terminar… besándose. Al verlos, sintió un dolor agudo en el pecho y una sensación amarga en la boca, pero pronto recobro la compostura y se recordó a sí misma el motivo por el que se encontraba en aquel lugar.
Tosió un par de veces, sin lograr llamar la atención del Nara y la Yamanaka. Aquello no le agradó mucho. Tuvo que repetir el acto tres veces más para lograr su objetivo.
–Hola Temari… – saludó débilmente el castaño, sin siquiera voltear a ver a la recién llegada.
Ino observó a su amigo y notó al instante la tristeza marcada en sus ojos. Ahora lo entendía todo. Ya conocía los verdaderos motivos del castaño para terminar de aquella forma tan cruel y descarada con ella. "El quería mantenerla fuera de peligro, y solo así iba a lograrlo, haciendo que ella lo odie", meditó con admiración, para luego castigarse a sí misma, mentalmente… "En cambio yo, lo único que he hecho hasta ahora es querer mantener a Gaara cerca de mí, soy demasiado egoísta…"
Estaba en medio de sus divagaciones, cuando el castaño la tomó por sorpresa al acercarse más de lo debido a ella, hasta lograr juntar sus labios con los de ella. Un suave y delicado roce de labios, casi imperceptible, pero en definitiva… un beso. Tardó segundos en reaccionar para notar que le ardían las mejillas, y que sus manos sudaban frío. Buscó a los lados, para notar que su amigo ya estaba lejos de ella, apoyado en la pared al lado de la silla donde estaba sentado el Akimichi. Por último, observó disimuladamente hacia la esquina y tras las persianas. El tercer ojo de Gaara ni se había inmutado.
–¿Se te ofrece algo, Temari?
La Sabaku No observó al Nara con ira e indignación en los ojos. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida para haberse preocupado por él? ¿En que rayos estaba pensando? ¿Perder el tiempo pensando en un idiota como Shikamaru? ¿Para que ahora la desprecie de esa manera? Se sentía como una completa estúpida, pero lo que más la encolerizaba era la mirada ácida del castaño sobre ella. Qué es lo que pretendía, ¿Humillarla? ¿Restregarle en la cara que la había cambiado por esa niña debilucha? ¿Una mocosa estúpida que por irresponsable casi mata a un miembro de su propia aldea? Temari apretó los puños con fuerza y tuvo que hacer un gran esfuerzo para contenerse y no arrojarse encima del Nara para molerlo a golpes.
–Solo venía a avisarles que ya está todo arreglado para que mañana, a primera hora, se vayan a su aldea. – habló con seriedad. – es mejor que empaquen cuanto antes.
La mayor terminó de hacer el anuncio, y se dio media vuelta para marcharse en el acto, antes que la entereza se le acabara.
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Shikamaru agachó la cabeza y respiró hondo en el momento que vio partir a Temari por la puerta, sintiendo un dolor agudo en el pecho. Sin embargo, estaba satisfecho con ello. Si con eso bastaba para ponerla fuera del peligro, todo su dolor… valía la pena.
–Creo que… – comenzó a hablar. – es hora que nos vayamos.
Tanto él como su compañero asintieron y se dispusieron a salir, cuando la voz de Ino los detuvo.
–Shikamaru, espera…
La florista levantó la mano y se la tendió al castaño, esperando a que éste respondiera su llamado. El asintió y se acercó a ella, sujetando la mano levantada con la suya, esperando seguramente alguna palabra de consuelo. Lo que ocurrió después, no era lo que se imaginaba.
En el acto, y armándose de todo el valor que pudo, la kunoichi estiró la otra mano y, sin avisar, jaló al shinobi con fuerza hasta que éste quedó sobre ella, acorralando con su cuerpo el de ella. y Sin pensarlo dos veces, y rogando a que Shikamaru cediera ante su petición, Ino rodeó con sus brazos el cuello de su amigo y fundió sus labios con los de él, dándole un beso más atrevido que el anterior.
El castaño abrió los ojos con sorpresa ante los actos de su amiga, y la observó intrigado, sin saber como reaccionar. Estuvo a punto de levantarse por puro instinto, pero pronto su mente trabajó más rápido que su propio impulso, y pronto comenzó a analizar la situación. "Ino no haría algo así sin un buen motivo… o será que…", de pronto, se concentró en el Tercer Ojo del Kazekage y notó como éste comenzaba a temblar. Y en ese instante lo comprendió todo. "Lo sabía, algo debió pasar entre ellos… y ahora quiere hacer lo mismo que yo".
Una vez comprendido el asunto, el Nara relajó el cuerpo y la observó a los ojos, indicándole en esa mirada que entendía perfectamente el motivo de sus actos. Ella notó al instante el cambio en la mirada de su amigo, y le agradeció internamente por la ayuda que éste estaba a punto de darle. "Debo mantenerlo... alejado de mí".
Antes que pudiera continuar con sus pensamientos, las palabras del castaño le interrumpieron.
–Etto, Chouji… –llamó Shikamaru a su amigo. – ¿Podrías dejarnos a solas? – continuó, acercándose más a su amiga. – Tenemos que ponernos al día…
El Akimichi levantó la ceja en señal de desaprobación, y asintió ante el pedido de su amigo. Aún no comprendía el motivo que llevaba a ambos a actuar de aquella manera, pero pudo suponer que algo se traían entre manos. Sin embargo, no por eso estaba de acuerdo con su forma de actuar.
–Como quieran. – le dijo antes de salir de la habitación.
Una vez a solas, ambos se observaron una vez más con decisión en los ojos. Para Shikamaru, era lo menos que le debía a Ino, ya que ella ya lo había ayudado antes en una situación similar. Para Ino, era un sacrificio que ella debía realizar por amor. Ambos estaban dispuestos a mantener alejados tanto a Temari como a Gaara del terrible peligro que estaban viviendo, y de todo lo que estaban por vivir...
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Pronto la escena se comenzó a volver más comprometedora entre ellos dos, logrando con ello solo despertar cada vez más la ira en su espectador. Con astucia, Ino bajó las manos del cuello del castaño para pasarla por su espalda, y recorrerla en forma apasionada. Su mejor amigo asintió ante el acto de la rubia y se dejó llevar por ella, aún sin atreverse a pasar los límites trazados entre la amistad, y la pasión. Sin embargo, aun no habían logrado su objetivo.
De pronto, ella lo empujó.
–No sabes… – habló ella con voz agitada. – No sabes cuanto he extrañado esto.
–Yo también… – contestó él, conocedor de las intenciones de su amiga.
Continuaron con su actuación y volvieron a besarse apasionadamente, sin con ello lograr resultados. Intentaron cambiar de posición, pero tampoco lograron mucho. Si continuaban así, iban a terminar con las lenguas acalambradas, sin lograra cambio alguno en su espectador.
Pronto Shikamaru entrecerró los ojos ante lo difícil de la situación, y respiró profundo antes de atreverse a hacer lo que estaba a punto de hacer, aquello que no debía, todo para lograr conseguir su objetivo…
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Segundos después, un chorro de arena cayó a una esquina del suelo.
En una habitación oscura, una sombra se encontraba sentada en un enorme sillón frente a un imponente escritorio lleno de papeles y documentos por firmar. Los papeles y trámites propios de su cargo se habían incrementado durante los últimos días de forma sorprendente, sin que él le prestara atención al asunto. Otro tema había estado ocupando su mente durante esos últimos días, uno de largos cabellos dorados y hermosos ojos azules, uno que pronto sería la mayor causa de su dolor…
Durante días, había estado inspeccionando con preocupación la evolución del estado de salud de Ino, dentro de sus propias capacidades y limitaciones como había asegurado de que tuviera la mejor atención posible, que los mejores doctores revisaran su caso, y que las enfermeras la cuidaran con dedicación y esmero. Durante toda su estancia en el hospital de Suna, se dedicó a observara y velar atento sus noches, siempre devoto y fiel de ella. Incluso, en más de una ocasión se vio tentado a ir personalmente a verla, sin embargo, nunca encontró el valor suficiente para hacerlo, y se hizo valer de su amplia capacidad de raciocinio y su frialdad natural para renunciar a sus propios deseos.
Pero toda su entereza y su capacidad de autocontrol se fueron directo a la basura en el momento en que se vio obligado a presenciar "aquella" escena. Shikamaru con Ino, en la misma cama, con las manos de éste recorriendo el cuerpo de ella, recorriendo a Ino, a su Ino, tocándola…
Luego de aquello, solo un sentimiento llenó sus pensamientos…
Traición.
En una habitación del hospital de Suna, dos figuras se encontraban echadas de espalda sobre una cama, con los brazos cruzados por detrás de la cabeza y la mirada fija en un punto vacío en el techo, con la respiración agitada y la mente en otro lugar.
Pronto Shikamaru intentó romper con el silencio que imperaba en el ambiente.
–Creo que por fin conseguimos…
Antes que pudiera terminar con su frase, el castaño terminó recibiendo una fuerte bofetada en el rostro, cortesía de su mejor amiga. Tardó unos segundos antes de reaccionar.
–¡¿Pero qué rayos te pasa?!. – preguntó él en modo airado, mientras se levantaba para quedar sentado sobre la cama.
–Que… ¿Que me pasa? – repitió ofendida la pregunta Ino, quien ya se encontraba incorporara sobre la cama. – ¿Cómo se te ocurre…? ¿Quién te ha dado permiso a…? ¿Cómo te atreves a tocarme los… los…?
El castaño miró con furia a los ojos de la rubia, y pronto se apresuró en ayudarla a "completar" su frase.
–¿Los senos? –gritó él en voz alta, retando a su compañera.
En respuesta, terminó recibiendo otra bofetada por parte de la Yamanaka, aún más sonora que la anterior. Ambos tardaron más de lo esperado en reaccionar…
–Si. – contestó ella con voz debilitada.
–¿Y que hay con ello? – Recriminó molesto el castaño. – ¿Qué acaso no logramos lo que querías?
–¡No! Sí, es que…– titubeó antes de continuar. – Sí. Sí logramos lo que quería, pero creo que no era necesario ir tan lejos, bastaba con…
–No, Ino. – el Nara le corto tajante, y luego la sujetó de las muñecas y la miró a los ojos, antes de continuar. – No iba a bastar con simples besitos y abrazos, eso es solo juego de niños. – respiró hondo antes de continuar. – Si quieres poner celoso a un hombre, lo puedes hacer con esas tonterías, pero si lo que buscas es herirlo, obligarlo a que te odie… debes estar dispuesta a ir más allá.
–Pero eso fue demasiado.– soltó ella con tristeza y culpa en su voz.
–¿Demasiado? – le preguntó él, esta vez con el ceño fruncido. Al parecer, aún debía hacerle entender a la Yamanaka algunas cosas sobre los hombres y las mujeres. – Mira Ino, conozco bastante de hombres para saber que con un beso no íbamos a engañar a nadie, y mucho menos a alguien como Gaara. – respiró hondo antes de continuar. – debíamos ir mas allá, obligarlo incluso a verme tocándote, tocando lo que él considera suyo, su propiedad.
–¿Su… propiedad? – abrió los ojos y preguntó confundida. "¿Que es lo que estás queriendo decir, Shikmaru?" se preguntó mentalmente, sin notar el brillo creciente en sus ojos.
–Escucha, Ino. –el castaño se dispuso a dar su explicación. – Al principio, se me hizo demasiado raro ver el tercer ojo de Gaara en tu habitación, y por un momento pensé que él debía tenerte demasiada desconfianza como para estar vigilándote de esa manera, – se levantó y observó a su amiga para continuar hablando. – pero luego, al verte buscando herir sus sentimientos, y luego de ver como reaccionó al verme tocándote de aquella manera, creo que… ya lo entendí todo.
Tardó poco en notar que los ojos de Ino se encontraban ligeramente enrojecidos.
–¿Qué fue lo que entendiste?
El castaño observó con duda el rostro de Ino antes de continuar. En verdad, ella aún no entendía mucho de lo que le estaba pasando a Gaara, y verla tan confundida le hizo obligarse a pensar dos veces antes de hablar. Sin embargo, estaba seguro de sus propias conclusiones. "En verdad, él… debe amarte mucho, Ino. Y eso solo va conseguir herirlos más".
–Lo que entendí es que él…– suspiró y desvió la mirada, antes de continuar. – él se preocupa demasiado por ti. – por su propio bien, y antes de terminar por destrozarle el corazón a su amiga, el castaño prefirió darle una pequeña mentira piadosa.
Ella observó a su amigo con decepción en los ojos. En el fondo, tenía esperanza que las palabras de Shikamaru fueran otras, no precisamente… preocupación.
–Pero, lo que hicimos no estuvo muy bien que digamos… – ella también desvió la mirada antes de continuar. – ¿Y si luego no me perdona?
Shikamaru se quedó en blanco tensó los músculos del rostro y del cuello ante aquella pregunta, la misma que ya se había hecho antes, la misma que se hacía a cada instante lejos de ella, de Temari, la misma que se repetía en forma tortuosa cada vez que debía verla, y volver a romperle el corazón. La misma que aún no sabía como contestar.
–Eso es lo menos importante ahora, Ino. –le dijo fingiendo seguridad – por ahora, lo que importa es lograr mantenerlos lejos de del peligro… – volvió a mirar hacia el techo y luego se recostó nuevamente con los brazos cruzados tras la nuca, antes de continuar. –ya veremos después como lo resolvemos.
Ambos se miraron serios, siendo conscientes de que, probablemente, nunca conseguirían resolver aquello. Volvieron a desviar la mirada hacia el techo y se quedaron observándolo con los brazos cruzados tras las nucas, las mentes en otro lugar y el corazón destrozado, pero satisfechos al estar seguros de que habían logrado su objetivo. Mantener a las personas que amaban, a salvo.
Pronto su conversación se desviaría hacia otro tema…
"Solo nosotros tres, y nadie más…"
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Horas más tarde, tres sombras moviéndose ágilmente en medio de la noche, a través de las complejas y entreveradas calles de Suna. Dichas sombras iban saltando de techo en techo con gracia y elegancia, con tal habilidad que nadie notó su presencia, ni siquiera el servicio de vigilancia nocturna de la ciudad oculta en el desierto, tal y como tenían previsto.
Las tres sombras fugitivas continuaron su camino movilizándose con destreza y sigilo, hasta que lograron llegar a su primer destino: las enormes e imponentes murallas que protegían dicha ciudad. Los tres recorrieron de largo la enorme construcción analizándola al detalle, hasta que lograron encontrar un punto con poca vigilancia. Y haciendo uso de sus grandes habilidades ninjas, lograron atravesarla y salir de la ciudad.
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Poco después, y ya con fuera de Suna, los tres se encontraban corriendo en medio del desierto, a paso apurado y con un destino ya trazado en sus mentes.
En plena carrera, una de las sombras se detuvo de golpe y desvió la mirada con nostalgia hacia atrás, hacia las ya lejanas murallas de la poderosa ciudad de Suna.
–¿Todo en orden? – preguntó otra de las sombras, al momento de pararse a su lado.
–Sí. – contestó la primera. – solo me estaba… despidiendo.
–Entonces, sigamos. – apenas terminó de hablar, continuó con su camino.
La primera sombra tardó un poco más en reaccionar. Volteó nuevamente y le echó una última mirada a la ciudad tras ella, antes de partir a su destino.
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"Adios, Gaara…"
Fin del capítulo.
A todos, gracias por seguir leyendo este fic. Este es el capítulo intermedio, que da paso a la segunda parte del fic. Espero seguir contando con su apoyo para la segunda parte. Ojo, tomen en cuenta que Gaara no es tan tonto como para creerse todo lo que ve...
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