Tras el camino
Por Alisse
XIV. Un día en la vida de…
Un día normal en la vida de Shishio Makoto solía tener más de un tema principal, preocupación y también, emoción. Si bien pasaba la mayor parte de éste trabajando en su oficina, de vez en cuando la vida solía prepararle más de una sorpresa que simplemente lo dejaba con la boca abierta. Con tres hijos, dos de ellos extremadamente revoltosos para su gusto, una empresa a su cargo y una mujer que de vez en cuando demostraba no estar muy cuerda, ¿qué otra cosa podía esperar en su vida? Además, no podía negar que todo eso lo entretenía de sobremanera… demasiado, según su padre.
Era más que nada por eso que no se sorprendía demasiado cuando el día comenzaba con uno que otro tropiezo. Eso al menos le daba el indicativo de cómo iba a ir más o menos el día.
Durante el desayuno en su casa fue el primer signo de que todo el día sería demasiado extraño. Estando sentado, con Yumi a su lado, ambos se dedicaban a conversar sobre lo que habían oído en las noticias durante la mañana. Fue ahí que llegó con ellos Kaoru, con una cara que daba a entender que no estaba de humor para nada ni nadie.
Por supuesto que esto a Shishio no le interesó.
-¿Dormiste bien?- le preguntó a su hija, mientras comía. Con sólo ver la mirada que Kaoru le dio, comprendió que la pregunta estaba fuera de lugar. Por supuesto que no se sentiría intimidado por gestos como esos, así que insistió con otro tema. -¿Cómo les fue anoche?
-Excelente- contestó Kaoru, pero la sonrisa que mostraba daba a entender todo lo contrario. –Sobre todo cuando Sanosuke terminó tirado en medio de una pista de baile por agarrarse a golpes con otro tipo.
-¿Se puso a pelear?- Yumi hizo un gesto de disgusto que no se preocupó de disimular. –Típico de él, no se por qué me sorprendo, realmente.
-No fue su culpa, mamá- Kaoru hizo ojos al cielo, comenzando a comer; al parecer hablar del tema poco a poco mejoraba su humor. –En realidad se lo merecía, habían estado molestando a Megumi durante mucho rato y hubo un momento en que Sanosuke ya no lo soportó. Lo malo era que ellos eran unos matones y se lanzaron como cuatro en contra de él. Aoshi y Kenshin trataron de ayudarlo… aunque en realidad lo hicieron, evitaron que le rompieran la cabeza en el suelo.
-Supongo que después de eso, volvieron a la casa- dijo Shishio, sin querer hacer más comentarios sobre el posible estado en que quedó su sobrino. Si bien nunca le había caído bien (ni él ni su padre), tenía que reconocer que ambos eran bastante respetuosos, sobre todo con las mujeres. Él sabía que Sanosuke no iniciaría una pelea fuera, no al menos estando Kaoru a su cuidado.
-Por supuesto que no- contestó Kaoru, notándose no del todo feliz. –Hubiera estado bien que terminara ahí. Después tuvimos que lidiar con los guardias del local que querían que saliéramos, y ese sí que fue un problema. Al final mi cita con Kenshin fue una ruina…
Antes que Makoto o Yumi atinaran a hacer alguna pregunta al respecto, llegó con ellos Yahiko, prácticamente saltando por todos lados, demasiado hiperactivo para el gusto de su familia.
-¡Adivinen, adivinen, adivinen!- gritaba el niño, corriendo de un lado para otro sin preocuparse de si estresaba a su familia o no o si habían estado conversando de algo importante hacía un momento. -¡A que no adivinan, a que no lo hacen!
-¡Yahiko!- la primera en perder la paciencia fue Yumi, que levantó un poco la voz para llamar su atención. El chico la quedó viendo unos momentos, su felicidad olvidada. –Por favor, ven a sentarte y desayuna, tienes que ir a la escuela.
-Tienen que adivinar primero- dijo el niño, sonriendo feliz y volviendo a su actitud anterior. -¡Vamos, estoy seguro que pueden hacerlo!
-Mejor siéntate y tratamos de adivinar mientras desayunamos- sonrió Shishio, divertido por la situación y la mirada que Yumi le dio a su hijo. –No es bueno que te atrases y llegues tarde a la escuela sólo porque somos malos para las adivinanzas.
-Está bien…
Un tanto desanimado, el niño le hizo caso a su padre. Durante los próximos minutos los tres estuvieron lanzando ideas al azar sobre posibles situaciones que pudieran pasarle al niño y por qué estaría tan feliz. Por supuesto que éste contestaba a todo que no.
En eso estaban cuando Aoshi llegó a desayunar también. Su rostro pálido contrastaba demasiado con las marcadas ojeras que tenía debajo de sus ojos.
-Veo que no fuiste la única que dormiste mal, Kaoru- sonrió con cierta malicia Yahiko. Por respuesta, la niña lo quedó mirando feo, tentándose en lanzarle el vaso que tenía en su mano.
-Kaoru nos estuvo contando lo que pasó anoche- dijo Yumi, en un intento de hacer como que el tema de Misao nunca lo habían hablado y, por tanto, no habían discutido al respecto. -¿Qué ocurrió después con el guardia?
Aoshi miró de soslayo a Kaoru, quien en ese momento se dio cuenta que definitivamente había hablado de más. Antes de hablar, se dio el tiempo necesario para servirse el desayuno, y justo cuando Yahiko iba a comenzar de nuevo con su juego matutino, se decidió a hablar.
-Nada muy grave- contestó con su calma de siempre, tratando de bajarle la gravedad al asunto. –Debido a la pelea de Sanosuke hubo uno que otro daño en el lugar, por esa razón tuvimos que quedarnos más del tiempo previsto.
-¿Daños como cuáles?- preguntó Makoto, con cierta curiosidad.
-Vasos, botellas, cosas así- Aoshi se encogió de hombros, restándole importancia. –Lo típico si te pones a pelear en un pub.
-Tengo una pregunta- dijo Shishio, mirando atentamente cualquier reacción que pudiera tener el rostro de Aoshi o el de Kaoru. -¿Kenshin y tú no intervinieron?- a penas terminó de hablar, Kaoru comenzó a abrir la boca para contestar ella, pero Aoshi se adelantó a ella.
-Claro, ¿acaso crees que lo dejaríamos ahí solo?- dijo, hablando como si fuera lo más obvio del mundo.
-Estoy segura que estaban felices de ayudarlo- dijo Kaoru, notándose cierto resentimiento en su voz. –Se notaban felices mientras dejaban como estropajos a esos pobres tipos.
-Estaban molestando a Megumi- replicó Aoshi, enarcando una ceja ante el tono que su hermana utilizó. –No creo que se les deba llamar "pobres", no después de las barbaridades que llegaron a decirle. La verdad es que tienen que agradecer que no le dijeron una palabra a Misao o a ti, porque ahí sí que lo hubieran sentido.
Kaoru miró con cierto nerviosismo a su madre, sabiendo que tenía problemas en aceptar a la nueva novia de su hermano, quien, por cierto, no se molestó en esperar unos días antes de darle cierta formalidad a su nueva relación, al menos por respeto a la que fuera su ex novia. Pudo notar que Yumi apretaba los labios, pero no hizo ningún comentario.
-Ah, si, hablando de esa chica- dijo Makoto, aprovechando la oportunidad que se le dio de poner el tema durante el desayuno. -¿De dónde la conociste?
-Es actriz callejera- dijo Aoshi, en parte sintiéndose complacido por la cara de espanto que puso su madre, y la ceja enarcada de su padre ante sus palabras. Y como prácticamente no le interesaba la opinión de los otros dos, continuó hablando como si nada. –Aunque está estudiando teatro, tiene que trabajar para poder pagarse los estudios.
-Entonces… ¿es de procedencia humilde?- preguntó Makoto, como quien no quiere la cosa. Aoshi simplemente asintió, como si no fuera importante, mientras que Yumi cada vez tenía peor cara por lo que iba conociendo de ella.
-Sí- contestó Aoshi, ignorando olímpicamente a su madre y la reacción que tenía. Tanto Yahiko como Kaori miraba a sus padres y hermano mayor con cierta preocupación, ya que estaban seguros que si continuaban así, las cosas entre ellos no terminarían tan pacíficas. –Y no creo que ese represente mayor problema…- esta vez, Yumi quedó mirándolo con la boca un poco abierta, esperando que su marido hiciera cualquier comentario al respecto.
Se dio cuenta que había esperado en vano cuando él limpió su boca con la servilleta y comenzó a ponerse de pie.
-Creo que estamos justos en la hora- dijo Shishio, evitando de esa manera que hubiera cualquier tipo de conflicto en esos momentos. Según él, no había nada peor que terminar de comer con una discusión a cuestas. -Vayan a alistarse, Kaoru, Yahiko, para llevarlos a la escuela. Aoshi, en la oficina necesito tratar un tema un tanto delicado contigo, necesito que te des un tiempo para ir a verme.
Aoshi sólo asintió, poniéndose de pie y dejándolos. Makoto y Yumi sólo intercambiaron una mirada, mientras que cada uno se dirigía a hacer sus propios quehaceres.
Después del fiasco que había resultado en el desayuno, la verdad era que Shishio esperaba que sus horas en la oficina fueran bastante más placenteras. Esa idea se fue a pique cuando, mientras ingresaba al edificio, se encontró con alguien que definitivamente hubiera pagado para evitar tenerlo en frente.
-¡Hola, tío!- Shishio estrechó la mirada, considerando que era casi imposible que pudiera encontrarse con Sanosuke en la calle. Definitivamente alguien debía estarse riendo de él en esos momentos. –No haga eso, ¿es que no sabe que las arrugas salen más rápido?
-Sanosuke- murmuró, ignorando el comentario que el otro hizo y pidiendo paciencia a cualquier ser superior. –Que extraño encontrarme contigo.
-Toda la razón- dijo el otro, con una gran sonrisa… tan grande, que Shishio sospechó por algunos instantes que pudiera estar planeando algo en contra suya. –Tuve que dejar un encargo de papá a Aoshi, por eso vine.
-¿Encargo?- preguntó esta vez interesado. Era realmente raro que Souzo tuviera algún tipo de contacto con alguno de sus hijos. –No sabía que Aoshi se comunicaba con tu padre.
-¿Qué tiene de extraño?- contestó el otro, poniéndose las manos en los bolsillos. –Somos familia, ¿no?- Sanosuke no escuchó el murmullo de "lamentablemente" por parte de Shishio, así que simplemente le dio un palmetazo en la espalda, con la suficiente fuerza como para casi dejarlo estampado en el suelo. –Un gusto verlo, tío, espero que no se repita en mucho tiempo.
-Sí, lo mismo digo…- murmuró el hombre, mirando de mala forma a su sobrino.
Definitivamente las personas no elegían a su familia… si así fuera, se hubiera asegurado que el castaño no fuera cercano a él ni por casualidad.
Sanosuke se alejó canturreando feliz. Sin querer darle más vueltas al asunto, Shishio entró al edificio, teniendo la sensación que el día continuaría con ese patrón de mala suerte.
Fue un poco antes del almuerzo que Aoshi llegó a su oficina a conversar. Lo tuvo durante algunos momentos sentado en frente de él, mientras pensaba en las palabras con que pondría el tema sobre la mesa. Finalmente se decidió por lo más simple.
-Tú madre habló conmigo- dijo, a quemarropa. Por toda respuesta, Aoshi hizo ojos al ciedo, dándose cuenta hacia dónde iba el asunto. –Sobre lo de la chiquilla con la que estás saliendo.
-Si vienes a decirme tú también que no es lo que esperabas, estás perdiendo tu tiempo- gruñó Aoshi, cansado de la insistencia de sus padres sobre el tema. –Me extraña que hayas cedido ante la insistencia de mamá de meterte en mi vida.
-No se trata de eso- replicó Shishio. –Aunque también creo que debemos hablar de eso… en fin, no es de eso de lo que tengo que hablar contigo.
-¿Entonces?
-Es sobre lo que le dijiste a tu madre… sobre Ikumatsu.
Aoshi se acomodó en la silla, pensando que seguramente esa conversación tendría para largo. En parte agradeció el no tener que juntarse con Misao ese día para almorzar, porque seguramente tendría que haber cancelado.
-Ah, eso…- dijo el muchacho, tratando de no verse del todo sorprendido… aunque si lo pensaba bien, esa era una conversación que iba a ocurrir en algún momento no muy lejano. -¿Qué es lo que quieres hablar?
-Primero, quiero saber dónde te enteraste de lo que ocurrió con ella- dijo Shishio, no sintiéndose para nada intimidado por la seriedad de su hijo. -¿Hablaste con alguien?
-¿Tienes algún candidato de la familia que quiera contarnos lo que ocurrió con ella?- preguntó Aoshi, tratando de desviarse del tema. Estaba seguro que si la conversación se alargaba demasiado, terminaría diciéndole a su padre que también sabía que Ikumatsu estaba viva… y al menos de momento, no estaba interesado en eso. Shishio dudó en responder durante algunos momentos, y el otro lo notó, por lo que trató de desviar la conversación hacia otro lado. –Vamos, sabes muy bien que esta es una conversación entre gente madura.
-Está bien… el único interesado en hablar del tema es Souzo- contestó Makoto, negando levemente con la cabeza. –Y estoy seguro que por hacerme pasar un mal rato, no me sorprendería que te lo hubiera dicho sólo como un chisme. ¿Fue él?
El muchacho guardó silencio durante algunos momentos, pensando en qué contestar. Era verdad que Souzo le había contado toda la historia, pero fue porque él quería saber por qué la hija de Hoji estaba hablando como si fuera su tía, no para enterarse de una historia de amor que cada vez se parecía más a la propia.
-Sí, fue él- contestó Aoshi, sin hacerse problema por meter en el embrollo a su tío. –No creo que le vayas a reclamar porque lo hizo- agregó con un tono un poco más desafiante, que Shishio notó perfectamente.
-¿Y por qué fue?- preguntó el otro, y esta vez Aoshi guardó silencio. -¿Fue sólo por molestarme, cierto?
-No, claro que no. Ese asunto no te concierne para nada, así que no creo que deba contarte, al menos de momento- contestó, dejando a su padre con la boca abierta ante la seguridad que sus palabras eran dichas. -¿Es sólo eso lo que querías hablar conmigo?
Siempre sin rodeos. Esa actitud de su hijo siempre le había gustado, pero en esos momentos más bien le molestaban. Lo quedó mirando con cierta seriedad, el ceño un poco fruncido, mientras pensaba en qué más decirle.
-¿Se lo dijiste a tus hermanos?- le preguntó.
-Por supuesto que no, no tienen por qué enterarse- dijo el otro, haciendo ojos al cielo y hablando como si fuera lo más lógico del mundo. –Si lo que los preocupa a mamá y a ti es eso, no te preocupes, no tengo intenciones que ellos se enteren de mi boca lo ocurrido con Ikumatsu. Lo que sí, y teniendo eso mismo de experiencia, creo que debo decirles que me dejen tranquilo con Misao…
-Ella no es para ti…
-Eso es algo que tengo que decidir yo- lo interrumpió Aoshi, casi de inmediato y endureciendo bastante su voz, estaba decidido a no perder la batalla con sus padres; él no era como Katsura o Ikumatsu, él decidía su propio destino. –Estoy yo saliendo con ella; ustedes, como familia, son meros observadores.
-¿Estás seguro que ella te quiere?- preguntó Shishio, con desdén, tratando de buscar cualquier razón válida para poder interferir en la relación de ambos. –Podría apostar que ella quiere estar contigo sólo por la familia a la que perteneces.
-Creo que estás equivocado- replicó Aoshi tranquilamente y sin moverse, aunque por dentro la verdad era que se sentía arder por las provocaciones de su padre. –Sé que Misao no es así, así que no creo que tengas que preocuparte demasiado por tu preciado dinero. En todo caso, si lo que no quieren es compartirlo, no tengo problema en dejárselos a ustedes. La verdad no me importaría si me desterraras o me dejaras sin mi parte de la herencia, y sé perfectamente que a ella tampoco.
-No me amenaces, Aoshi…- previno Shishio.
-No es amenaza; pero quiero que tengas claro que, en caso que sea necesario dejar todo esto para poder estar con ella tranquilos, no tendré problemas en abandonarlo- afirmó, mirando directamente a su padre a los ojos. –Ahora, me voy a trabajar. Nos vemos.
Antes que pudiera decir cualquier cosa, Aoshi ya había dejado la habitación. Soltando un suspiro, se apoyó en el respaldo de su cómoda silla, frotando sus sienes. En esos días se hacía casi típico que le dieran jaquecas.
Sólo esperaba no tener más razones para que continuaran.
Lo último que Shishio hubiera esperado ese día, era una visita de un policía, fue por eso que enarcó una ceja cuando su secretaria le dio el comunicado, durante la tarde. Por supuesto que lo hizo entrar, y se encontró con Saito Hajime.
Ya a esas alturas estaba convencido que ese día había sido una real porquería, por lo que simplemente se dedicó a esperar a que le dieran la noticia.
-Un gusto conocerlo…- dijo Saito, con cierta ironía que no pasó desapercibida para Shishio.
-¿A qué se debe su visita?- preguntó Shishio, indicándole que se sentara en frente de su escritorio.
-Es un asunto sobre sus cuentas, señor Shishio- dijo Saito, sin rodeos y sacando un cigarrillo. –Pero supongo que usted está enterado de todo eso…- Shishio no quiso responder inmediatamente, recordando que solo el día anterior había estado revisando todas sus finanzas, encontrando más de una incoherencia en ellas. -¿Lo está, cierto?
-¿A dónde quiere llegar con todo eso?- preguntó Shishio, tratando de no sonar ni preocupado ni alterado, cosa que en esos momentos estaba sintiendo muy bien.
-Quiero que sepa que lo tengo vigilado, Shishio, y en cuanto descubra sus negocios sucios verá a toda la justicia caer sobre usted, por todos los daños que ha hecho.
Shishio no contestó, simplemente lo quedó mirando impasible, esperando que continuara hablando. Pero la verdad era que por dentro miles de preguntas pasaban por su cabeza, tratando de buscar explicaciones sobre la posible conexión de las incoherencias en sus cuentas y la acusación de Saito. Definitivamente tenía que empezar a buscar explicaciones.
-Lo que me dice no lo tomaré como amenaza- dijo Shishio, acomodándose en su asiento. –Pero creo que debería tener cuidado con lo que está asegurando, siendo que no tiene las pruebas suficientes aún.
-Como diga- Saito se puso de pie, hablando con desinterés. –tTmelo como una advertencia, nada más. Que tenga buena tarde.
Sin otra palabra, Saito se fue, dejando a Shishio pensando sobre su posible "buena tarde". Con la jaqueca que le estaba comenzando, tendría una tarde memorable, pensaba.
Era en días como esos, que Shishio creía firmemente que el Karma existía.
Hola a todos!
No tengo mucho que decir hoy, sólo espero que tengan una buena semana.
Saludos!
