XXII
Lo único que lograron acordar esa primera noche fue una serie de normas para la exploración que querían lograr.
- Tenemos que establecer algunas reglas- señaló Tomoyo.
- ¿Reglas?
- Ya sabes…reglas para entendernos.
- Bien. ¿Y qué propones?
- No ser exclusivos. De esa manera no sentimos que estamos en una relación.
- Me parece sensato- dijo Touya después de un silencio-. Creo que deberíamos establecer una especie de arreglo para vernos. Nos deberíamos ver en distintos lugares para no levantar sospechas.
- Es sensato- concluyó Tomoyo-. ¿Cada cuanto nos veríamos?
- Si por mi fuese, te tendría a mi lado todas las noches. Pero trabajo durante muchas horas tanto en la oficina como aquí. Y tú tienes tus cosas también que no quiero que descuides tampoco.
Tomoyo no pudo sentirse reconfortable por lo que le había dicho. Pero entendía su preocupación y la aceptaba: - Me parece coherente. Podríamos verlo en la semana.
Y así fueron planeando, semana a semana, tal cual una reunión, sus encuentros pasionales.
Cuando Touya lograba salir a almorzar y Tomoyo no tenía tareas extracurriculares, él la pasaba a buscar al colegio. La esperaba en una esquina, lejos del alcance de sus amigas, y terminaban en algún hotel donde no hiciesen mucha pregunta sobre la edad de la chica. Pero jamás se atrevió a llevarla a un motel. Solo disponían de una hora para despojarse de su ropa pero nunca se sintió menos intenso por ello.
La primera vez que fueron a un hotel, Tomoyo rebosaba de curiosidad. Recorrió la habitación con la mirada, como queriendo memorizar cada detalle de esa tarde. Se sentó en la cama, juguetonamente, esperando ansiosa a que Touya la tocase.
Tenían problemas logísticos ya que residían en distintas ciudades a una hora y media de distancia. Por ello debían planificar con tiempo sus visitas, pero toda espera valía la pena. La necesidad de tenerse no había disminuido y el libido iba en subida en cada encuentro. Pronto Tomoyo aprendió nuevas posiciones y nuevos movimientos que la hacían delirar. Ambos fueron conociendo sus cuerpos y aprendiendo de sus reacciones. Tomoyo sabía que Touya no tenía una sola posición predilecta. Al contrario; le encantaba la idea de cambiar de pose. Por su parte, Touya descubriría que Tomoyo enloquecía contra una pared o frente a un espejo, sintiéndolo por detrás.
Cuando la primavera comenzó a caer, retozaban en lo profundo del bosque de Tomoeda. Solo los árboles eran testigos del suspiro de los amantes. Tomoyo contra un árbol, sintiendo a Touya en todas partes, cubierta solamente con el cuerpo de él. Ella susurrando si podían hacer eso por el resto de sus días.
El bosque fue también testigo de otras tardes de pasión. Hubo un episodio en particular que Touya se dio cuenta de las inseguridades ocultas en Tomoyo. Estaban sentados en su auto observando el atardecer en el acantilado del bosque. Luego del saludo habitual, se dedicaron a abrazarse mientras tomaban café de un termo y comían masas dulces hechas por la propia Tomoyo.
- ¿Cómo fue tu primera vez?
- ¿Mi primera vez?- se dijo a sí mismo-. Fue con una mujer mayor. Cinco años mayor. Tenía unos diecisiete años.
- Eras más grande que yo.
- En mi época, éramos menos promiscuos. O tal vez no lográbamos concretar nada- bromeó Touya, tomando un sorbo de café.
- ¿Y con quién fue?
- Con Kaho. Tú la conoces. Ella era practicante en la secundaria Tomoeda. Y vinimos aquí en su viejo Mustang. Me preguntó si alguna vez había estado con alguien y le dije que no. Cuando quise creer, me estaba pidiendo que se lo hiciese en el capote de su coche- se aclaró la garganta-. Por detrás.
Hizo una mueca divertida mientras comía un trozo de masa y se chupaba los dedos para saborear el último trozo-. Kaho me enseñó muchas cosas que me hicieron mejor en esto.
- ¿Era buena en la cama?.
- Lo era- dijo, mientras le daba un beso en su cabello. La observó con ternura, deteniéndose en su expresión. Sabía que su silencio no era bueno-. ¿En qué piensas?
- Quiero que me tengas así.
Touya la miró con el ceño fruncido-. ¿Así como?
- Como la tuviste a ella.
Touya la miró fijamente con un gesto pensativo. – Ni que nunca lo hubiéremos hecho de esa manera.
- No es lo mismo hacerlo en privado que en público- sentenció. Hizo un minuto de silencio mientras se rascaba la barba-. ¿Por qué siempre quieres probarte?
- Ya sabes que me gustan los desafíos- le dijo ella, mientras le repartía pequeños besos en su cuello.
También había aprendido lo mucho que le gustaban los extremos, cosa que lo asustaba y lo atraía a la vez. La observó nuevamente pensativo hasta que sonrió con resignación. Ella saltó del auto totalmente complacida, mientras el salió por la otra puerta observando a su alrededor en busca de algún caminante. Tomoyo lo esperaba sonriente, sentada en el capote con ansias.
- ¿Segura que quieres hacer esto?- le preguntó Touya, mientras ponía las manos en su rostro y un dedo se trasladaba en su mejilla-. Última oportunidad para cambiar de opinión…
Tomoyo lo silenció con un tierno beso antes de rendirse. Terminaron teniendo un orgasmo con un hermoso atardecer a los pies de Tomoeda.
- ¿Y?- le preguntó Tomoyo cuando aún recuperaban la respiración-. ¿Cómo estuve?
Tomoyo esperaba escuchar que con ella había sido mejor que con Kaho. Y Touya lo sabía-. La has superado con creces- le dijo, mientras depositaba un beso exhausto en su frente.
No eran una pareja estable, pero se veían lo habitualmente para considerarse amantes. Tomoyo no sabía si él tenía otros encuentros y no quería saberlo. Pero el sólo pensarlo le causaba malestar. En cuanto a ella, tuvo que arreglar las cosas con Eriol de la mejor forma posible. Lo llamó al día siguiente de su cumpleaños para encontrarse en un café y hablar de lo que había pasado en el Pub. No había terminado la frase, cuando Eriol sacudió la cabeza mientras se pasaba la mano por su oscuro cabello.
- Ya se lo que me vas a decir. Me vas a dejar, ¿verdad?.- Tomoyo quiso replicar, pero el levantó la mano en signo de protesta-. Bueno…fue mucha suerte que me hayas dado la oportunidad. Pero siempre supe que era segundo plato.
- Lo siento tanto- le susurró Tomoyo sinceramente-. Quiero que sepas que realmente me hubiese gustado quererte como tu me has querido a mí.
- Oh…en verdad te quise- le dijo él, agregando luego de un silencio-. No me merezco esto.
- Lo sé- susurró Tomoyo-. Soy conciente de que me porté muy mal contigo al escogerte como reemplazo, pero eras una muy buena alternativa.
- No me gusta ser la otra opción, pero pensé que contigo tal vez valdría la pena. Realmente deseaba ser tu novio.
- Fuiste un excelente novio. Y fui muy feliz a tu lado, pero no puedo negar lo que siento. O lo que no siento.
- ¿Acaso hay alguien más?
Tomoyo miró sus manos por un segundo intentando evitar su mirada-. No exactamente.
- Es muy simple: lo hay o no lo hay- le dijo fríamente.
- No sé si lo hay- le respondió ella, un poco fastidiada ante su pregunta. Era una cuestión que se la había preguntado en varias ocasiones. Pero siempre había evitado una respuesta concreta. Simplemente se limitaba a disfrutar de ese hombre y sus caricias, pero no pensaba en la incertidumbre del futuro-. No sé si lo hay. Solo sé que existe. Y es lo que quiero.
Hubo un silencio incomodo, en el que Tomoyo se removía de su asiento y Eriol la miraba pensativo. Solo cuando se puso de pie, ella lo miró expectante.
- Siempre fuiste buena en cumplir tus objetivos- dijo, mientras tiraba dinero en la mesa y agarraba su chaqueta-. Te deseo lo mejor- se encorvó levemente y agarró su mano con delicadez mientras depositaba un beso, alejándose rápidamente.
La noticia de la ruptura se desperdigó por todo el instituto. Tomoyo escuchó todo tipo de comentario al respecto. Que él la había dejado por otra chica, que ella lo había engañado con una chica. Que sus padres habían prohibido su relación o que Eriol no había podido concretar su amor. Solo Sakura sabía sobre la verdadera razón- exceptuando la parte de su hermano- y planeaba mantenerla en secreto.
Sonomi la interrogó varias veces por lo mismo y solo se limitaba a decirle que no sabía lo que había sucedido. Solo hubo una vez en la cual se metió para decirle que tuviese cuidado con sus andanzas ya que alguien la podría descubrir. Lo que Sakura ignoraba era la gran razón que tenía para andar con cuidado.
Cuando ya habían pasado seis meses de su acuerdo, ambos se habían vuelto tan cómodos el uno con el otro que no carecían de motivos para alejarse.
- La exploración va demasiado bien como para desertar- le había dicho Touya una vez a Tomoyo cuando esta se atrevió a preguntarle disimuladamente como iba su plan a futuro.
Había momentos tan simples y eróticos que nunca habían experimentado. Como Tomoyo bailando delicadamente solo con una prenda interior, mientras Touya la observaba con una sonrisa lasciva sentado en el sofá. O Touya poniéndose el traje para irse a trabajar bajo la mirada de una Tomoyo complaciente. Tomoyo admiraba su madurez y sabiduría. Touya admiraba su inteligencia y su humor.
Pronto descubrieron su amor por los libros o la música y con frecuencia tendían a recomendarse títulos o algún álbum que les marcó el alma. No era raro ver a Tomoyo en la sala de Touya tocando su guitarra, intentando componer alguna canción. O Touya tocando en el piano mientras Tomoyo hacía bocetos de posibles diseños. El se asombraba de lo talentosa y madura que podía ser. Más de una vez se preguntó donde había estado esa Tomoyo y porque no la había conocido antes.
Tenía una mezcla de ternura sensual que lo derretía, haciéndolo sentir culpable pero carcomiéndose de deseo por tener más.
XXIII
La tarde de un aburrido y lluvioso martes se encontraban en la sala del apartamento de Touya. Era un día particular ya que Touya había arreglado para tener la tarde libre y Tomoyo había reducido sus actividades para que pudiesen verse. No estaban haciendo nada particularmente excitante, al menos no hasta el momento. Solo habían merendado y se sentaron en el largo sofá a escuchar música y leer. Algo tan simple en una situación tan perturbadora volvía todo muy surrealista.
- Tengo un libro para ti- le dijo Tomoyo, mientras se lo mostraba.
Touya sostuvo en sus manos un libro de tapa dura. Lo abrió con curiosidad y leyó la carátula: "Cuentos de Eva Luna" por Isabel Allende. El nombre de escritora sonó en su mente, recordando que esa autora era la predilecta de Sonomi. Advirtió la mirada instigadora de Tomoyo, y le dedicó una sonrisa ladeada mientras preguntaba:
- ¿Qué quieres que haga con esto?
- Que lo leas. Tú me diste una explicación para mezclarte en todo esto cuando me diste Lolita. Yo ahora te doy la mía.
- ¿De donde sacaste que él libro era una respuesta?
- Oh, vamos- dijo ella, poniendo sus ojos en blanco -. Hombre mayor que gusta de una joven en su cama. No pienses que no entendí la indirecta. Ahora te estoy dando aliento a que no te sientas de esa manera porque yo también lo deseo.
Touya analizó su mirada en silencio y volvió a observar el libro.
- Busca el segundo cuento- le ordenó, mientras se estiraba en el sofá y apoyaba su cabeza en su regazo.
Comenzó a leer un cuento llamado "Niña Perversa" en voz alta y grave. Trataba de una niña escuálida e invisible que vivía con su madre dueña de una pensión. Uno de los pensionistas era una cantante apodado el Ruiseñor, quien eventualmente sería el amante de su madre. La niña conocería su primer deseo por el sexo opuesto con su presencia, al punto de obsesionarse y desear que el la poseyera. Una tarde de jueves ella lo encontró en la cama de su madre durmiendo, y se metió en ella buscando su afecto. El se dejó llevar por sus caricias, hasta que no reconoció el cuerpo de su amante. Cuando abrió los ojos y vio que era la chiquilla, le apartó de él, diciéndole "Niña Perversa". Sin embargo, por el resto de su vida, quedaría marcado por su tacto, deseando tenerla entre sus brazos.
-¿Qué piensas?- le preguntó ella, luego de unos minutos de silencio.
- Creo que esto me califica como pervertido- sentenció él, amargamente.
- ¿Lo crees?- preguntó, mientras cambiaba de posición sentándose a su lado.- Al contrario…creo que te concede el derecho de redimirte. Habla de que se necesitan dos personas para lograr esto. No hay victimas y victimarios en esto que estamos haciendo. Si la niña no hubiese buscado al Ruiseñor, este jamás se hubiese fijado en ella. Y lo mismo pasa aquí.
- Pero el Ruiseñor se detuvo y se dio cuenta del error que estaba cometiendo, deteniendo a la pequeña también.
- Eso fue porque ella se dejó aplacar. Pero de haber insistido, eventualmente se hubiese rendido a su voluntad- le susurró, mientras se colocaba lentamente en su regazo, quedando frente a frente. – Entonces yo seré tu niña pervertida y tu serás…- se acercó a él y esparció pequeños besos en el cuello – Mi pervertido.
Touya aceptó su boca, sintiendo la exploración de su lengua. Ya habían hablado suficiente. Tomoyo sintió sus fuertes manos en su cintura y espalda, mientras se deleitaba más de sus labios y sus dedos que agarraban con fuerza su cabello. Comenzó a desabrochar su camisa, pero no se la quitó. Repartió besos en su cuello, clavícula y senos. Desabrochó su corpiño sin breteles y lo tiró a un costado. Se dedicó a recorrer besar y tirar de su parte más sensible con sus dientes. Tomoyo le respondió con un gemido y no lo perdía de vista.
- ¿Confías en mí?- le susurro Touya.
- Aja- le susurró mientras le devoraba la boca nuevamente y exclamaba un gemido ante su tacto en la entrepierna.
- Levántate y siéntate sobre mí.
Tomoyo se levantó tambaleante y se volvió a sentar sobre el dándole la espalda. Podía sentir su erección a la altura de su trasero y un brusco movimiento le hizo notar que estaba en lugar correcto. Su cabeza quedó a la altura de su hombro para que Touya pudiese besarla. Observó como agarraba la corbata que estaba sobre la mesita del teléfono, aquella que llevaba puesta esa misma tarde. Tomoyo lo miró expectante mientras su visión era bloqueada por la corbata. Touya la notó impaciente y excitada, tal como esperaba.
- Parte de ser bueno en la cama, es saber crear expectativa- le susurró, mientras la sentaba en ángulo recto. Solo con sus manos recorrió sus pechos mientras mordisqueaba el lóbulo de su oreja-. Para mí, la expectativa con una mujer surge solo con verla; imaginarla como puede verse en la cama y hacerla gemir- Justo en ese momento, Tomoyo pronunció un leve sonido-. Y sino me equivoco, a ti también te va muy bien la expectativa.
Su mano derecha se detuvo en sus muslos, y comenzó a tocarlos solo con la yema de los dedos. Tomoyo se volvió a remover ante el nuevo contacto, acercándose más a Touya. Dejó que Touya abriese más sus piernas y tuvo contacto con su entrepierna, que por ahora estaba cubierta con una colaless. Solo el sentir de tacto sobre la tela la hizo suspirar.
- La imaginación es el mejor amigo de este juego- le susurró, mientras ambas manos iban a la colaless, arrancándosela de un tirón. Tomoyo volvió a gemir mientras recibía su tacto piel a piel-. Nosotros tenernos tanto juego previo encima que no necesitamos imaginación, pero nunca está demás…
Su mano derecho se mantuvo en su entrepierna, trazando círculos letales. Touya mantenía su otro brazo completamente enfocado en sus senos. – Te vengo deseando desde que te vi cambiándote para la boda. Te habías convertido en una mujer hermosa tan de golpe que me impacto. Pero no lo quería admitir. Luego tuvimos esa semana infernal en la cual no dejabas de tantearme.
Ahora Tomoyo sentía dos de sus dedos dentro de ella haciéndola derretir. – Touya, por favor…
- Esto no es para mi, pequeña- le explicó, mientras la arrimaba más a su cuerpo-. Desde el día que te vi con tu amiguita, supe que eras un peligro. Me tuve que tocar como un adolescente para terminar mi agonía.
Tomoyo sonrió con soberbia ante esa idea. Obviamente se sentía orgullosa de su respuesta. – No es mi culpa. Tú me provocaste primero cuando te fuiste con la pelirroja.
- ¿Nos viste?- le preguntó él, divertido.
- Si, y te odié. Los odié.
- ¿Por qué?
- Porque quería ser yo quien estuviese contigo en la cama. Que me tuvieses así, que gimieras por mí. - Ahora era Touya quien gruñía.-. Te quería sólo para mí.- se acercó a sus labios mientras le daba un beso posesivo sin dejar de tocarla.- También tuve que buscar otros métodos para apagar el fuego, pero te seguía deseando igual. ¡Touya!.
Sabía que ese era un grito de pedido, sobretodo porque ahora ambas manos estaban en su perdición. – La tarde que estuvimos en tu cuarto fue muy interesante, ¿no crees?- le dijo con voz profunda-. Te veías tan hermosa, triste y bella a la vez. No pude resistirte más. Te hubiera hecho tantas cosas…probablemente te hubiese hecho mía en la cama.
- ¿Y que más? – le susurró Tomoyo, mientras movía su pelvis en busca de tu tacto-. Te hubiera desnudado por completo y besado cada parte de tu piel hasta hacerte delirar.
- Y después yo te hubiese devuelto el favor. Tocaría tu miembro hasta que pidieras que me detuviese e iría derecho con mi boca, hasta saborear mi victoria.
- Rendida, te recostarías al colchón, quedando a mi merced. Mientras yo te hacía mía una y otra vez.
En ese momento, Tomoyo quedó rígida, llegando al fin. Demoró unos segundos en recuperar el sentido y la respiración. – Bendita sean tus manos.
- ¿Ves lo que un poco de imaginación puede hacer? En nuestro caso, las confesiones prohibidas sacaron lo mejor del juego.
Se quitó la corbata y se movió para observarlo. Parecía aliviado y calmado, como si nada de lo que hubiesen hecho les hubiera afectado. Pero Tomoyo sabía que el también debía estar excitado. Volvió a ponerse en la misma posición previa al juego y volvió a besar sus labios. Mientras profundizaba el beso sujetando su nuca, se le ocurrió una idea que asombraría. Despacho besos por su cuello, determinada a desabrochar su camisa.
El la observó divertido mientras luchaba con los botones. Acarició su pecho con sus pequeñas manos, siguiendo hasta su entrepierna. Comenzó a acariciarlo mientras mordisqueaba su pecho. No se percató de sus intenciones hasta que se deslizó entre sus piernas y la vio con una mirada decidida desabrochar su cinturón. En cuestión de segundos, su miembro estaba en su boca.
- Tomoyo- gruñó él, mientras sentía su boca y su lengua. Al no sentir su retroceso, solo pudo dejar caer su cabeza al respaldo del sofá y disfrutar.
No sabía con exactitud lo que estaba haciendo, pero sabía que le gustaba. Touya hacía sonidos que nunca había hecho pero le aseguraban su placer. Siguió así hasta que el teléfono comenzó a sonar. Observó como Touya no contestaba y solo continuaba concentrado en lo que le estaba haciendo. El teléfono dejó de sonar, pero segundos después el sonido del celular volvió a interrumpir la atmosfera. Touya agarró el celular como pudo y se puso tieso al ver quien llamaba.
- Detente- ordenó secamente, mientras se ponía rígido.
Al mirar al celular tenía tres mensajes de la compañía que decían LLAMAR URGENTE del número de la compañía. Ahora era la misma Sonomi la que lo llamaba con urgencia. Sintió la voz de Sonomi que le hablaba sobre unos contratos en recesión que debían cerrarse al finalizar la semana o perderían dinero.
Tuvo grandes problemas para concentrarse ya que Tomoyo no se había detenido y ya comenzaba a llegar a la parte más crítica.
- Tomoyo- le dijo, moviendo solo los labios-. Es tu madre. Por favor, detente.
Ella no se iba a detener y el lo sabía. Con mucho trabajo, le suplicó a Sonomi que lo llamar en diez minutos para determinar los arreglos. Cortó el teléfono a tiempo para el comienzo del gran final.
- Tomoyo…ya estoy…Mierda- intentó advertir, mientras su dulce niña no se detenía y culminaba su trabajo como lo había comenzado.
Touya la observó temblando mientras se ponía de pie y se arreglaba la ropa. Se veía orgullosa de su logro.
- Lo que hace el morbo- concluyó Tomoyo, mientras se encaminaba al baño.
En el baño se cepilló su cabello y lavó su cara y dientes. Se observó al espejo satisfecha mientras se pintaba los labios de rojo como a Touya le gustaba. Salió del bañó para encontrárselo caminando por la sala hablando con su madre. Solo vestía el pantalón así que podía degustar su vista por cada músculo de su espalda y brazos. Se dio vuelta y la observó atentamente mientras seguía hablando con Sonomi.
- Sí. Más tarde te mandaré los documentos. No hay duda que se puede cerrar todo a tiempo. Si…no te preocupes de lo que hace ese idiota- la miró con apacibilidad mientras tocaba sus labios-. Te llama más tarde.
Cortó el teléfono sin dejar de observarla. Sujetó su rostro mientras devoraba sus labios con fervor. Realmente sentía la necesidad de besarla, incluyendo el hecho de besar su cuerpo. Se detuvo y apoyó su frente en la suya, mientras agarraba sus manos.
- ¿Dónde has aprendido ha hacer eso?
- En realidad nunca lo había hecho. Lo vi en Ninfomana hace un tiempo atrás y quise probarlo contigo- le respondió divertida.
El sonrió ampliamente mientras acariciaba su cabello.
– Eres una caja de sorpresas. Me gusta- admitió divertido-. Tengo que devolver el favor.
La volvió a besar con firmeza mientras le quitaba su blusa y la deslizaba al suelo. La sujetó de la cintura y la apretó más a él mientras ella rodeaba su cuello con los brazos. Con sus expertos dedos fue bajando el cierre de su pollera y deslizó sus manos a su trasero. Ella mordió su labio en señal de aprobación y siguieron así hasta que ya no tuvieron más aire.
- Voy a hacerte mía aquí mismo- le dijo en voz grave que le hizo erizar la piel-. Acuéstate en el suelo.
Ella obedeció con expectativa mientras el la observaba seriamente. Sintió su mirada observándola de una manera que nunca la había observado.
Mientras comenzaba a desabrocharse el pantalón, la observó con detenimiento. Ella yacía allí desnuda, con expresión tan dulce y tan sensual a la vez que quiso hacerle de todo. Lo miraba expectante e inocente y eso le bastó para catalogarla como una de las mujeres más lindas e interesantes con las que había intimado.
-¿En qué piensas?- le preguntó, observándolo con grandes ojos.
- Nada - le dijo el
-. Es que a veces me pareces algo de otro mundo.
Ella se sonrojó ante su comentario y sonrió de oreja a oreja. Se abalanzó a su cuello y lo mordisqueo, mientras que Touya la sujetaba de su cintura y se colocaba sobre ella. Sintió su mano en su entrepierna mientras besaba y mordisqueaba su cuello y senos. Solo pudo sujetarse a su cabello para soportar la presión de sus caricias. Pero fue cuando sintió su lengua en el bajo vientre que la volvió loca y ya no pudo mantener los ojos abiertos. Ahora solo pudo entregarse a las caricias de Touya Kinomoto. Cuando ya estaba convertida en gelatina, llegó a un múltiple orgasmo. No tuvo tiempo para sentir como Touya volvía a su altura, la abría de piernas y la embestía profundamente de una vez.
No importa cuantas veces habían estado juntos, siempre era excitante recorrerse la piel. Tal vez Tomoyo tenía razón y el morbo ocasionaba una atracción inacabable pero lo cierto era que Touya no tenía una misma mujer en la cama por mucho tiempo. Pero con Tomoyo no parecía aburrirse y realmente no quería dejarla de ver. Gimió al sentir su miembro más profundamente cuando cambió el movimiento de sus caderas. Elevó su pelvis para que quedara a su altura y siguió arremetiendo en ella mientras lo sentía lentamente. Era tan placentero que era casi doloroso sentirlo así.
- Tomoyo - la llamó, mientras la observaba totalmente entregada.
- ¿Sigo? No contestó nada. - ¿Sigo o quieres que te haga acabar?
Tomoyo, que amaba su forma de tener en cuenta su opinión, se decidió por lo segundo.
- Di mi nombre - le rogó con voz grave.
- Touya - gimió ella en un suplicio.
Sabía cuanto le gustaba decir su nombre. Se mordió su labio mientras sentía cinco profundas y dedicadas embestidas que le valieron un último e intenso orgasmo. Ambos quedaron despatarrados en el suelo por unos segundos hasta que Touya se dio cuenta que la estaba aplastando y se movió a su derecha. Ella se colocó sobre él, cubriéndolo con su cuerpo. A él no le molestó.
- ¿Todo bien, pequeña?- le preguntó mientras le daba un beso en su cabeza. Ella sonrió satisfecha por su pregunta. Le gustaba que le preguntase como estaba; la hacía sentir menos usada.
- Todo bien. Solo tengo cansancio exquisito- le dijo, sin poder abrir los ojos.
- Entonces duerme - susurró, mientras pasaba la mano por su espalda y también dormía.
Se despertó ya con la noche puesta. Se encontraba solo y no veía a Tomoyo por ninguna parte. Pensó que tal vez se había ido a su casa pero escuchó el ruido de una guitarra en su dormitorio. Se puso de pie y desperezó. Se puso los boxers tirados en el suelo y fue en busca de agua. Volvió a su dormitorio bostezando y se encontró con Tomoyo sentada en uno de los sofás al costado de su cama. Estaba en la oscuridad, desnuda y con la guitarra a sus piernas.
Tomoyo se había levantado con cuidado y al ver a Touya dormir profundamente, decidió no despertarlo y simplemente lo tapó con una manta. Se quedó vagando un rato por el dormitorio viendo que podía hacer. Y fue ahí cuando vio su guitarra. Una guitarra criolla posaba sobre el placard, abandonada por los años de desuso. La agarró con cuidado y tuvo el profundo deseo de tocarla. Verificó sus cuerdas y su sonido cuando Touya la interrumpió de su concentración.
- ¿Qué haces?
- No sabía que tenías una guitarra. ¿Sabes tocar?
- Un poco. La usaba cuando me juntaba con mis amigos hace más de una década.
- Se nota abandonada. Pero no suena mal- dijo ella, mientras recorría sus cuerdas.
- Cántame algo- le dijo él, mientras se sentaba frente a ella en la cama.
Tomoyo le brindó una iluminada sonrisa y se quedó en silencio pensando que canción tocar. Acomodó sus dedos a la melodía que quería interpretar.
When you were here before
Couldn't look you in the eye
You're just like an angel
Your skin makes me cry
You float like a feather
In a beautiful world
And I wish I was special
You're so fuckin' special
But I'm a creep, I'm a weirdo.
What the hell am I doing here?
I don't belong here.
I don't care if it hurts
I want to have control
I want a perfect body
I want a perfect soul
I want you to notice
When I'm not around
You're so fuckin' special
I wish I was special
But I'm a creep, I'm a weirdo.
What the hell am I doing here?
I don't belong here.
She's running out again,
She's running out
She's run run run running out...
Whatever makes you happy
Whatever you want
You're so fuckin' special
I wish I was special...
But I'm a creep, I'm a weirdo,
What the hell am I doing here?
I don't belong here.
I don't belong here.
Tomoyo terminó la canción cohibida. Porque solo sentía la mirada de Touya penetrando la suya. Le sonreía de manera dulce y melancólica. Era la situación más intima e intensa que habían vivido hasta el momento fuera de la cama. Y eso solo les daba más ganas de seguir lo que sea que estuviesen haciendo.
Nota de autor:
Buenas noches! Actualizando nuevamente esta historia.
Como verán tire un dato de porque elegí el título de este fic ya que esa historia me ayudó de inspiración para crear la trama.
Como soundtrack elegí Snow Patrol - The Lightning Strike y Creep de Radiohead.
Nos leemos pronto,
Aknuk.
