Renovando votos 1

Ramón estaba lavando los platos, hacia una semana que habían regresado de la playa, de todo aquel revoltijo de situaciones que no quería recordar, le encantaba hacer los deberes del hogar, le reconfortaba en muchos sentidos. Pero ahí estaba de nuevo el timbre, que desgracia, desde que regresaron, cada que estaba solo, sonaba el dichoso, irrumpiendo su tranquilidad, ¿Qué era tan importante para que alguien fuera a la casa más lejana del pueblo? El hombre dejo molesto los platos, llevándose consigo la toalla con la que los secaba y abrió con enojo la puerta.

-Regalo de parte de la alcaldesa Poppy. – dijo un joven repartidor que traía consigo un ramo de rosas tan grande que apenas si lo podía sostener.

Ramón lo miro con tedio alzando una de sus cejas "¿Otra vez?" se cuestionó mentalmente.

-Gracias. – respondió tomándolo y dejándolo en el piso.

-No olvide los chocolates. –

-Claro, ¿Cómo hacerlo? –

-Wow. – exclamo el joven mientras le ponía enfrente la ficha que tenía que firmar de recibido. – le tengo envidia, me gustaría que mi novia fuera así de romántica, ella solo espera que yo le mande cosas. –

Ramón lo vio con desprecio, el chico se veía felizmente enamorado, este jamás se dio por ofendido a pesar de los bravos ojos del dueño de la casa.

-Que disfrute sus obsequios. – canto mientras se alejaba.

Cerro la puerta sin despedirlo.

-Es mi esposa, no mi novia… idiota. –

Tomo las flores y las llevo al final del pasillo donde aún había un lindo arreglo. Tendría que hallar la forma de mezclar ambos.

-Ayer también me mando flores, debería al menos esperar a que las otras se marchiten. –

Pero no lo hacía, todos los días, cuando ella se iba a sus chequeos con el médico o a comer con sus amigas, un regalo de su parte llegaba, recibió chocolates, relojes, flores, chaquetas, zapatos. Al volver a la cocina con la enorme caja de chocolates en sus manos, una ira cegadora nublo su conciencia, comenzó a azotar la caja contra la barra, haciendo que varios de los chocolates salieran volando, la dejo sobre ella y comenzó a recoger todos los que se había caído, encendió el triturador de alimentos del lavaplatos, con lágrimas en los ojos tomo los chocolates en sus manos y de forma brusca trato que todos entraran de una sola vez en el, casi se rebana un dedo haciendo dicha acción. Ahora tendría que calentar agua para que la grasa del chocolate se quitara. "Que estupidez", pensó.

Encontró que la mejor manera de deshacerse de los chocolates, bombones y dulces que le mandaba su esposa, era con ayuda de sus hijos, siempre dispuestos y felices de acabar con las cajas llenas de los manjares más caros de toda Villa troll, incluso, había terminado de un golpe con una caja de chocolates rellenos de vino, fue la primera vez que los gemelos sintieron los efectos del alcohol. Ramón no se preocupó, Blossom y Sage primero rieron, pasaron por un momento de euforia para finalmente quedarse dormidos en el sofá de la sala. El padre simplemente los ignoro, miraba con el pensamiento perdido por la ventaba de la cocina, secando los platos robóticamente. Se deshizo de la evidencia, subió a los niños a su cuarto y siguió metido en sus asuntos. Horas más tarde sonaría un par de golpea en la puerta de la entrada.

-¿El campo es libre? – se escuchó a Poppy preguntar.

-¿Qué? –

-¿Qué si los niños están abajo? –

-No… ellos están… tomando una siesta. – mintió sin problema.

-Excelente, quédate enfrente de la puerta, lo la abras, yo entro. –

-Claro. –

Ramón se cruzó de brazos enfrente del portal, esperando cual sea que sería la sorpresa que le tenía preparada. Se asomó un pie, luego un tobillo y la final una pierna completa, desnuda y tratando de verse sexi, más el hombre tenía puesta la vista en las cicatrices que quedaron del desastre, sabía que eso solo traería problemas. Poppy entro contenta.

-Me dieron de alta. – canto feliz.

-No, te quitaron la férula, es bastante distinto. – le comento molesto.

-Ramón, no seas negativo, ya estoy bien. –

-Aun no lo estas, que te la quitaran no significa que puedas hacer lo que quieras, ¿Qué te dijo el médico? –

Poppy hizo un puchero que Ramón ignoro.

-Dijo que necesito un poco más de reposo y seguir con la rehabilitación…pero – hizo una pausa ampliando más su sonrisa. – me dijo que ya podíamos, tú sabes "divertirnos". –

Al escuchar esa palabra Ramón casi tira un jarrón de mermada con la escoba, se repuso con rapidez, trato de no sonar nervioso.

-¿"Divertirnos"? ¿Ahora? Es… es que es… tú sabes, demasiado pronto, tal vez pase como la otra vez y sé que te sientes bien, pero la otra vez fue igual, te sentías bien y terminamos en el hospital, mejor esperemos y… -

-Ramón. – lo llamo de forma seria. – Yo quiero, sé que tú quieres, no hay nada ahora que nos lo impida y vamos a hacerlo, lo necesitamos. – dijo tomándolo del cuello de la camisa.

El atardecer estaba comenzando, el crepúsculo cayo con sus tonos naranja y rosado llenando el cielo, daba una sensación de calidez, aunque en la habitación de la pareja las cosas estaban ardientes, ambos estaban dando lo mejor de si, la dama no dejaba de dar gemidos delicados, cuidando de no ser demasiado fuertes para despertar a sus hijos, mientras su esposo, tenía que entretener su boca en besos y chupetones para no gritar, eso pensaba Poppy, más lo cierto era que Ramón lo hacía para no tener que decir nada.

El revote de la mujer sobre su cuerpo no era para nada provocador, cierto que estaba excitado, por simple mecánica solamente; estaba de nuevo con el mismo problema, salvo que esta vez era peor, ni gusto alguno encontraba en que ella sola se divirtiera, "¿Por qué hoy?" pensó, había pasado todo el día fregando los pisos, lavando la ropa, separándola, engrasando muebles, escribiendo un montón de informes del trabajo, estaba cansado, "Le hubiera dicho que no tenía ganas." Pensó de nuevo, "¿No se supone que estamos trabajando con nuestra comunicación? ¿En que no debíamos de forzarnos a esto?" pero luego esa voz era callada por otra en su conciencia que le gritaba "La engañaste, eres un maldito infiel, si ella quiere hacerlo hoy o mañana o en su oficina, cocina, en donde seas, te callas y lo haces." Claro, esa cosa que trataba de olvidar, pero simplemente no podía. Dejo escapar un suspiro, tenía que hacerlo, no era opcional, o tal vez si lo era, pero no se sentía así. Tendría entonces que pensar en algo para llegar, jamás lo había hecho, fantasear con alguien que no fuera ella, pero lo había escuchado comentar de las otras madres en las juntas de la escuela, "yo me imagino que lo hago con el protagonista de la telenovela de las 8, es mejor pensar en él que en mi fofo esposo." Pero había un problema con el plan, ¿En quién pensar? No veía la televisión, ni seguía algún programa, tampoco era fan de alguna película, actriz o modelo… "Modelo" pensó, si, si había alguien en que pudiera pensar.

Entrada la noche, mientras la mujer no paraba de hacer un monologo mencionando lo increíble del encuentro, en lo grandioso que era en la cama llenándolo de halagos y besos, él solo podía mirar al techo con los ojos bien abiertos, lo había logrado, se corrió sin problema con el simple hecho de imaginar que lo hacía con Antony y no con su esposa, ese sentimiento al fondo de su ser, ese pequeño e insignificante sentimiento de culpa que tras el pasar de los días pareció desaparecer, estaba renovado y crecía a pasos agigantados, igual que un cáncer. "¿Qué he hecho?" se preguntaba a sí mismo.

A los días subyacentes les llegaron sus nuevas horas de "diversión", a las que Ramón tenía que seguir recurriendo a su amante imaginario para poder complacer a su esposa. Era horrible tener que repetir la rutina, lo acostumbrado con los niños en la mañana, un poco de diversión con su esposa antes del mediodía, luego ella se iba a trabajar, una tarde de labor repudiándose a sí mismo, después el sonar del timbre, un nuevo mensajero con un nuevo regalo con una carta que decía "Te amo" a veces así de seco, otras con un bello texto lleno de ternuras, la llegada de los niños, después de ella, la comida, la cena, de nuevo "divertirse", engañarla. Que tormentosos tiempos, rogaba que algo extraordinario pasara y detuviera todo eso, un accidente, alguien enfermo, cualquier pretexto. Miraba por la ventana de la cocina al lavar los platos, pensando seriamente en que, si no pasaba nada de lo pensado, él mismo se arrojaría por un acantilado lo suficientemente alto para romperse ambas piernas, cuando alguien llamo a la puerta. "Otro regalo sin duda" pensó.

-Buena tarde, un obsequio de la alcaldesa Poppy. – Saludo contento el repartidor.

-Sí, gracias. – tomo el regalo sin ninguna emoción.

-Vaya, es sin duda el hombre más afortunado de toda Villa troll. –

-¿Disculpa? – Ramón había estado como en un trance hasta que escucho aquellas palabras.

-Me refiero a su esposa, es afortunado por tenerla. –

-Oh… Claro. –

-Dígame, ¿Qué se siente vivir con la mujer más romántica del pueblo? –

-¿Qué? –

-Ya sabe, no es que anduviera de chismoso, pero revise las últimas entregas, es sorprendente, cajas de chocolate, flores, obsequios, los hombres de la villa le tienen envidia, no hay día que no le mande algo, con una mujer así no debe de ser difícil mirar para otro lado, usted sabe a lo que me refiero. – comento en el mejor de los sentidos, pero aquello para nada agrado a Ramón.

-Que tenga buena tarde. – dijo tajante para cerrarle la puerta en la cara cuando este estaba por responderle.

"La mujer más romántica del pueblo." Pensó, "¿Qué piensa villa trolls de su esposa?" no era difícil saberlo, creían como siempre que era la mejor alcaldesa, madre y esposa de todos los tiempos "La más romántica" Ramón se lamentó "Claro, la mejor esposa, la más romántica, ¿y que sería el hombre que se atreviese a engañar a la mejor esposa de todos los tiempos? "Un maldito idiota infeliz." Se respondió a sí mismo. Ahora se cuestionaba cual era el fin de tantos regalos. "Solo intenta hacerme quedar mal, mostrarme que no tengo salida, es un castigo, eso es, me castiga." Estaba convencido, a esa conclusión llego entre lágrimas, le estaba quitando lo que Antony le dijo que tenía, opciones, a este grado, si él quisiera tener alguna, pasaría a ser el peor esposo y padre de toda la historia de Villa Trolls y ella sería la víctima, la mujer que dio todo, él el monstruo que lo desaprovecho. Ahora lo entendía, cada regalo no era más que un recordatorio diario de que no era, y jamás lo seria, libre.

Esa tarde lo niños irían a una pijama con uno de sus compañeros de la escuela, ya habían partido, el sol aún no se retiraba del todo cuando la dulce alcaldesa llego, con su clásica sonrisa de oreja a oreja.

-Ya llegué. – gritó contenta, sabiendo de sobra que tendrían muchos momentos divertidos con sus hijos fuera.

-Bienvenida. – le contesto desde la cocina sin ninguna emoción, sabía lo que quería, como deseaba salir corriendo por esa pequeña ventana que tenia enfrente.

-Esto es maravilloso, una noche al fin solo, Ramón, tengo muchas ideas maravillosas, o claro, podemos ponernos imaginativos cuando estemos… - Poppy al fin noto el está taciturno de su esposo y con tono preocupado le pregunto. - ¿Pasa algo? Ramón… - Miro la caja de chocolates en la barra, parecía que no la había abierto. - ¿No te gustaron los chocolates? son los mismos que las otras veces, pensé que como te los acababas… bueno, si no te gustan puedo comprar de otra marca, la que tú quieras. –

-¿La que yo quiera? –

-Claro, amor, los compro para ti. –

Ramón sintió hervir sus entrañas, estaba muy molesto.

-Si, Lo que yo quiera, siempre lo dices, lo que yo quiera, claro, no se podría esperar menos de la mejor alcaldesa, madre y esposa de toda villa trolls. – exclamo harto.

-No… no entiendo, ¿Qué tiene que ver que sea eso con los chocolates? – pregunto confundida.

-Por supuesto, nada, los chocolates son chocolate, como los dulces y las estúpidas flores que te aferras en mandarme todo el tiempo. –

-Espera, no entiendo, Ramón ¿No te gustan mis obsequios? –

-No, ¿Cómo crees? Los adoro… - comento sarcástico.

-Gracias a Dios, por un momento pensé que estabas molesto porque te regalaba cosas. –

-Poppy. –

-¿Qué? –

-Si estoy molesto por los obsequios. –

-¡¿Qué?! ¿Por qué? –

-"La mejor esposa de Villa trolls" "La mujer más romántica de la Villa" , ¿Sabes en que me convierte eso? Yo soy… soy el maldito idiota que engaño a la mujer más maravillosa de todas, ¿has pensado en el ridículo que me estas dejando? No, seguro lo haces, este era tú plan desde el inicio, para si alguien se llegara enterar de lo que paso en Cloud City tu brillante reputación de don perfecta no se manchara y que yo quedara como… como un maldito… - Ramón comenzó a hiperventilar, estaba tan molesto que no podía decir ya ninguna palabra.

-Ramón, estas paranoico…por Dios, no te he estado regalando cosas para hacerte sentir infeliz, yo quería todo lo contrario. – menciono con tono triste, casi llorando. – Yo quería que te sintieras feliz, pensé que si te llenaba de regalos sabrías lo importante que eres para mí, mira… yo me equivoque, te descuide, ni siquiera pensé que tenía que cuidarte y quería, trate con los regalos de …de que te sintieras importante y amado, no sabía que te molestaba recibirlos. –

-¿Qué son esos malditos regalos? ¿Quién le da regalos a la persona que le fue infiel? Poppy, no me los merezco. – se quejo.

-Si, te los mereces, Ramón, eso y más, eres el mejor esposo que alguien puede tener. –

-¡TE ENGAÑE! –

-No me importa. –

-¿Me recompensas entonces? ¿Me recompensas por serte infiel? Poppy… si yo estuviera en tu lugar, jamás te perdonaría. –

-Entonces es una gran suerte que no esté yo en tú lugar. –

-Te mentí, te miento todo el tiempo. –

-¿De que estas hablando? –

-No te das cuenta, jamás te das cuenta, ya no quiero seguir así. –

-¿A qué te refieres? – pregunto con tono asustado.

-Ya no quiero seguir con esta rutina, no quiero tener que mentirte cuando estamos juntos, no quiero tener que seguir compartiendo la cama contigo mientras pienso en otro, ya no quiero, ya no puedo vivir así. –

-Ramón, no te entiendo. –

-Jamás lo haces… -

-Lo intento, lo estoy intentando ahora, solo que tú esperas a que yo siga adivinando las cosas, no sé que es lo que sientes si no me lo dices… -

-Nunca te ha importado. –

-No puedo adivinar. – dijo aumentando su tono de voz.

-Tú nunca preguntas. – se quejó con enojo.

-¿Quieres que te pregunte? ¿Te fue difícil pedirlo? Muy bien Ramón, te voy a preguntar, ¿Qué es lo que quieres? – le grito con bastante enfado.

-¡QUIERO EL DIVORCIO! – le grito de vuelta.