No creé "Twilight" ni a ninguno de sus personajes. Esto no lo hago con fin de lucro, aunque si me pegaran sería de lo más guay.


Porque todo hay que terminarlo con esperanza.

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Capítulo XIV: Feliz navidad I

"Navidad, navidad dulce navidad… es un día de alegría y felicidad".

El silencio los invadió, ninguno de los tres dijo una palabra más, Jacob tenía sus ojos sorprendidos mientras que Edward los tenía totalmente desorbitados. El viento sopló con fuerza, y eso significaba sólo una cosa, una tormenta se avecinaba.

Jake se removió en su lugar unos cuantos segundos, y luego lanzó una risotada al aire, fue con tal fuerza que Bella se sobresalto para luego mirarlo fijamente, mientras que éste se tomaba el estómago mientras reía a más no poder. Edward gruñó de la frustración y se agarro con tres dedos el puente de la nariz, mientras murmuraba a una velocidad vertiginosa seguramente algunas clases de blasfemias en cientos de idiomas. En unos cuantos minutos Jake paró de reírse y miró a Bella con una gran sonrisa, avanzó unos pasos y la tomó por la untura para elevarla varios centímetros del suelo.

- Sabía que no te lo tomarías mal Bellita – le dijo mientras le daba vueltas.

- Jake, creo que voy a vomitar – le dijo entre dientes mientras reía.

- Lo siento – se disculpó poniéndola en sus propios pies – es sólo que me pone bastante feliz.

- ¿Qué esperabas? – le preguntó cruzándose de brazos – mi novio es un vampiro.

- Creo que el chupasangre no esperaba esto – le dijo haciendo un gesto con su cabeza.

Bella se dio media vuelta y miró a Edward por unos segundos en silencio, vio confusión en su rostro y algo de dolor, suspiró con cansancio mientras que volvía a su posición original.

- Es mejor que te vayas Jake – le dijo en un susurro.

- Si eres tu la que me hecha – habló encogiéndose de hombros – me largo.

- No te enojes Jake – le dijo intentando sonreír – Feliz navidad.

- Aun no es navidad Bella – le recordó mientras abría la puerta de entrada – faltan unas horas.

- Vete ya Jacob Black – le dijo empujándolo hacia fuera.

- Adiós Bella, adiós vampiro – se despidió con un portazo.

La chica se dio media vuelta de nuevo, miró en todas direcciones pero no encontró ni rastro de Edward, caminó a paso lento hasta la sala, lo vio jugando con sus dedos sentado en uno de los sillones de la estancia. Suspiró sonoramente y comenzó a caminar hasta su dirección, se paró al frente de él y se lo quedó mirando por un buen rato.

Edward no iba a dar su brazo a torcer, se había enojado por la reacción de Bella, porque sí, él estaba celoso, estaba muy celoso de ese estúpido chucho que venía a estar con Bella, y él podía hacer cosas que él no podía con Bella. Estaba celoso, muy celoso de absolutamente todo, del aire que Bella respiraba, de las sabanas que la tapaban en las noches, de la ropa que cubría su cuerpo, de todo, absolutamente todo. Pero no iba a decirlo, no iba a aceptarlo… no iba a decir que era un maldito celoso.

- ¿No vas a hablarme? – le preguntó Bella mientras golpeaba su pie en el piso.

El silencio continuó, aunque fue Edward el que cambió de posición, poniendo ambos brazos en los brazos del sofá y una de sus piernas la descansó en la otra, haciéndolo lucir como una perfecta estatua de un Dios griego. El corazón de Bella se aceleró de la nada y carraspeó intentando que su voz sonara de nuevo normal. El chico sonrió, porque aunque no pudiera leerle la mente, sí podía sentir su sangre fluir con rapidez por su venas, podía sentir como su corazón se aceleraba y podía sentir como su respiración se entrecortaba.

De un segundo a otro Edward acorraló a la chica en la pared que tenía en frente y respiró en su cuello. La apretó contra él y sonrió ferozmente al sentir como Bella tiritaba ante su cercanía.

- No sabes lo que me provocas Bella – le susurró el chico en el oído – No sabes lo que siento.

- Dímelo Edward, quiero entender – intentó decir la chica.

- No me gusta ese Jake, no me gusta Bella – habló besando despacio el cuello de la chica.

- ¿Por qué? – preguntó mientras cerraba los ojos.

- Es un lobo – argumentó.

- Y tu un vampiro – contestó rápidamente la chica.

- Es distinto – gruñó el chico.

- ¿En qué sentido? – le preguntó la chica mientras que intentaba separarse de él.

- Son especies muy inestables – volvió a decir.

- ¿Y tus constantes cambios de ánimo? – preguntó astuta mientras le sonreía mirándolo a los ojos.

El chico suspiró derrotado, la verdad es que no tenía argumentos para decirle a Bella que se alejara de ese energúmeno, porque él justamente estaba poniendo la vida de la chica en peligro. Se separó unos cuantos centímetros de Bella solamente para besar sus labios con cuidado, se alejó antes de que ella le correspondiera y le sonrió.

- Discúlpame – le dijo rozando su mejilla – estoy celoso.

- ¿Qué? – dijo sorprendida y alzó ambas cejas.

- Estoy muy celoso Bella, no me hagas repetirlo – dijo entre dientes mientras cerraba los ojos en signo de frustración.

- ¿De Jake? – volvió a preguntar mientas intentaba no reír.

- Sí de ese chucho rabioso – le dijo arrugando el ceño. Fue entonces cuando la chica se comenzó a reír en su cara, él se separó de ella y la observó con cuidado - ¿Qué?

- Jake es un amigo – le dijo entre risas – sólo un amigo.

- No creo que él piense lo mismo – le dijo bufando.

- A él le gusta otra chica Edward, me lo dijo… sólo nos tenemos un gran cariño – le explicó mientras se acercaba a él.

- Yo… - intentó hablar.

- Eres un tonto Cullen – le dijo besando la punta de su nariz.

- Te amo – le contestó sin saber más nada que decir.

- Y yo te amo a ti – contestó la chica mientras sus labios se rozaban.

Luego de aquella conversación, se encaminaron hasta llegar en unos cuantos minutos al hospital, caminaron por los pasillos ahora muchos más vacíos de gente hasta llegar a la recepción. Le preguntaron a la chica que estaba ahí por Charlie Swan y les dijeron que ya estaba dado de alta, así que simplemente fueron hasta su habitación para encontrarlo ordenando sus cosas.

La chica fue en su ayuda, sin embargo, fue Edward el que tomó la maleta y Charlie se lo agradeció en silencio. Edward conversó unos minutos con Carlisle antes de que el mismo le diera las instrucciones a Bella para con Charlie, así que en unos minutos estuvieron de vuelta en el volvo.

Bella no se separó de Charlie en todo el trayecto, pidiéndole disculpas en silencio, mientras que se abrazaba a él con más fuerza inconcientemente. Al tiempo llegaron a la casa vacía, mientras que el chico le ayudaba a subir las escaleras, la chica subió con ellos hasta llegar a la habitación de Charlie.

- ¿Bella, podrías dejarnos solos un momento? – le preguntó Charlie mientras que le sonreía con dulzura.

- Cla... claro – tartamudeó la chica, Edward asintió con la cabeza mientras que la chica salía de del cuarto.

- ¿De qué quieres hablar Charlie? – preguntó Edward, aunque él ya sabía la razón.

- Quiero hablarte de Bella – le dijo seriamente – no sé si ella ya te habrá dicho del por qué ella está en Forks.

- Sí ella me lo dijo hace algunos días – le contestó – me contó todo.

- Me alegro que haya tenido esa confianza, eso significa que eres importante para ella.

- Como ella lo es para mi

- Te ama muchacho, te ama mucho

- Yo también la amo señor, con toda mi vida

- Lo sé – le dijo sonriendo – créeme que lo sé. Quiero pedirte que la cuides, yo no puedo estar con ella todo el tiempo, pero tu sí, cuídala mucho Edward.

- Pierda cuidado Charlie, la cuidaré siempre – le dijo con tranquilidad, aunque él sabía que Charlie, no era tan iluso después de todo.

- Sé que lo mío no fue un accidente – le dijo acomodándose en la cama – por ello cuídate, tu y tu familia, aunque en realidad no sé para que lo digo – le dijo riendo entre dientes – sólo no permitas que le hagan más daño a mi niña.

- Mientras este a mi lado Charlie no le pasará nada – le afirmó el chico mientras le daba su mano.

- Confió en ti hijo – habló el hombre mientras estrechaba la mano con el vampiro.

Salió con el ceño fruncido de la habitación, Bella lo estaba esperando ansiosa abajo dando vueltas como leona enjaulada, cuando lo vio bajar se lanzó contra él y lo miró expectante.

- ¿Qué pasó? – le preguntó nerviosa.

- Nada, sólo… una conversación de hombre a hombre – le sonrió, besó su cabeza y acarició su mejilla – te vengo a buscar después de almuerzo, te amo.

Se quedó estática en su lugar y suspiró cansinamente, tenía que ponerse a cocinar.

Luego de unas cuantas horas metida en la cocina, terminó con todo y puso la mesa para poder comer algo, arregló una bandeja para Charlie y subió las escaleras hasta la habitación de su padre. Abrió la puerta y un sonriente Charlie la recibió. Él se incorporó hasta quedar sentado y ella uso la bandeja en su regazo para que así pudiera comer más cómodo.

- Apuesto a que tu tampoco me dirás de que hablaron – le dijo Bella mientras arrugaba el ceño.

- Dices bien querida hija – le dijo riendo.

- No es justo – habló haciendo pucheros – quiero saber.

- Tal vez, en cien años más lo sabrás – le dijo guiñándole un ojo - ahora ve a comer para que te arregles.

- Ya voy – le dijo - ¿qué pasará contigo papá?

Billy vendrá a hacerme compañía, no te preocupes – le dijo mientras acariciaba su mano. La chica se levantó de la cama con más tranquilidad y caminó hacia bajo nuevamente, fue entonces cuando comenzó a sonar el teléfono, corrió escaleras abajo tropezando en el último escalón, aunque por suerte logró afirmarse antes de caer. Levantó el auricular y saludo al de la otra línea.

- ¡Hola Bella! – chilló una vocecilla - ¿qué tal todo?

- ¿Alice, cómo conseguiste mi número? – le preguntó sorprendida de las habilidades de aquel duendecillo.

- Yo todo lo sé Bella – habló mientras se sentía como daba pequeños saltitos – aunque tendré que decirle a Edward que te regale un celular.

- Claro Alice, lo que tu quieras – le dijo suspirando - ¿a qué se debe tu llamado?

- Es algo cortito, tienes que venirte con otra ropa puesta, porque aquí yo te arreglaré – le dijo mientras reía por lo bajo.

- ¿Es necesario? – preguntó confusa.

- Muy necesario le dijo seriamente, así que más vale que hagas lo que digo – la amenazó.

- Ya, ya Alice, cálmate – le dijo Bella – nos vemos en unas cuantas horas más.

- Gracias Bella, adiós y mándale saludos a Charlie – le dijo feliz, mientras colgaba. Bella hizo lo mismo y fue hasta su plato servido, se sentó y comenzó a comer tranquilamente.

Navidad, como pasaba el tiempo, hace unos cuantos meses estaba encerrada en su casa y ahora estaba aquí con su padre, con un novio vampiro, y una familia loca y con su mejor amigo licántropo. Sonrió a medias, tal vez, su vida mejoraría después de todo lo que había pasado. Arrugó el ceño, hace bastante que no sabía nada de su tío y eso que lo había visto en Port Angeles, sacudió su cabeza y se concentró en comer, tenía que olvidarse de eso, hoy era noche buena.

Terminó de almorzar y lavó todos los platos para luego subir y arreglar todo para su pequeña estadía en la casa de los Cullen. Abrió su armario para poder ver que clase de regalo le había dejado Alice adentro. Se sorprendió al ver el vestido que había comprado en Port Angeles y además un collar con las letras "E" y "B" entrelazadas, sus ojos se cerraron y sonrió feliz, ese si era un lindo regalo y lo agradecía, aunque golpearía a Alice por gastar tanto dinero en ella.

La bocina del auto de Edward se escuchó y ella sonrió aun más feliz, bajó su bolso y se despidió de Charlie dándole un pequeño beso, cerró la puerta con llave y trotó hasta donde Edward la esperaba, besó sus labios con dulzura y la ayudó a subir al auto y cerró la puerta tras ella.

El camino se pasó rápidamente hablando de cosas sin sentido, pero que al fin y al cabo para ellos significaban todo. Ahora la idea de casarse era perfecta, así después de todo ella con dieciocho años podía casarse y alejarse de su tío, era perfecto. Edward había estado investigando acerca de ello y todo saldría perfecto, en unas cuantas semanas Bella sería completamente libre de tíos y al fin podrían casarse y ser felices como todo un cuento de hadas.

El auto plateado se aparcó en el estacionamiento de la casa Cullen, Edward se bajó rápidamente para poder abrirle la puerta a su amada, después de todo la caballerosidad era natural en Edward Cullen. Una pequeña duendecillo los esperaba en la entrada de la gran mansión, una gran sonrisa adornaba sus labios mientras que daba pequeños saltitos.

- Que bien que hayas venido Bella… hoy será una gran noche – gritó Alice

- No me quedaba otra que venir Alice – le dijo Bella haciéndose la abatida.

- No te preocupes Bella, será una gran navidad, lo he visto – le dijo guiñándole un ojo.

- Me pregunto que es lo que estas tramando duendecillo – susurró Edward mientras apretaba más a Bella contra si.

- No seas paranoico Eddy – le dijo empujándolo lejos de Bella – ahora Bella ven conmigo.

- Alice – susurró Esme – creo que Bella quiere pasar un momento con la familia, luego te la llevas.

- Bien – dijo cruzándose de brazos – pero después vendrás conmigo Bella.

- Claro Alice, lo que tu digas – le dijo rodando los ojos. Edward sonrió y entró con su novia de la mano.

Adentro estaba Emmett y Jasper ordenando todo perfectamente, mientras que Rosalie ponía guirnaldas en la gran escalera. Carlisle tenían un -gran gorro con un gran reno pintado en él. Bella se puso a reír en silencio mientras observaba a la que iba a ser su nueva familia arreglar todo para navidad.

- Hola gran Bella – saludó Emmett con una gran sonrisa – que bueno que hayas venido.

- Hola pequeño Emmett – saludo ella limpiándose las lágrimas que habían salido de sus ojos.

- Ya la hiciste llorar Edward – comentó Rosalie mientras una sonrisa tímida asomaba por su labios.

- No es eso… es que Carlisle está… - trató de decir, pero sólo logró reír mientras nuevas carcajadas salían de sus labios. Todos voltearon a ver a Carlisle, y Esme arrugó el ceño.

- La verdad es que no le encuentro la gracia… creo que te ves muy guapo – le dijo arreglando el gorro de reno que tenía puesto.

- Claro cariño – sonrió el hombre mientras seguía adornando el árbol de navidad.

Entonces Bella dejó de reírse y miró a su alrededor. Esme y Carlisle se veían tan unidos, tan felices, es como si hubieran sido hechos para estar juntos. Emmett jugueteaba con no de los rizos de Rosalie mientras esta reía tontamente, al tiempo que arreglaba la escalera y Alice, bueno era como si Alice fuera el planeta y Jasper fuera su satélite, como si todo girara alrededor de aquella duendecilla. Bella volvió a sonreír más ampliamente y Edward le besó la mejilla. Fue entonces cuando Bella deseo que su matrimonio fuera así de feliz con Edward.

- ¿Por qué tan feliz? – preguntó Edward mientras la miraba con devoción.

- Nada… es sólo el espíritu navideño – le dijo mientras besaba la punta de su nariz – Bueno, ¿en que ayudo?

- Con lo fatal que eres para los accidentes, en nada – dijo Emmett mientras reía.

- ¡Cállate Emmett! – lo reprendió Rosalie.

- Cariño, por qué no ayudas a Carlisle a hacer el árbol de navidad, creo que está un poco complicado con eso – dijo Esme mientras la tomaba por los hombros y le sonreía.

Y así estuvieron toda la tarde, ordenando lo que más podían y dejando todo completamente impecable. Las bromas iban y venían creándose así un ambiente agradable, dejando a un Jasper completamente feliz, e incuso Rosalie estaba disfrutando de toda esta parodia.

El tiempo pasó volando, hasta que Alice comenzó a molestar a todo el mundo para que se fuera a arreglar para la celebración. Tomó a Bella del brazo y la terminó arrastrando, mientras que Emmett reía a carcajadas por la situación y Edward arrugaba el ceño porque le habían quitado a su futura esposa, Alice alegó que se la devolvería en un par de horas, pero aun así para Edward no era suficiente.

Ya en la habitación de la duendecilla, comenzó el suplicio para Bella. Alice la sentó frente a un tocador con un gran espejo, comenzó a examinarla detenidamente y sonrió con suficiencia, Bella rodó los ojos, todo esto lo hacía para aparentar, al fin y al cabo Alice ya sabía perfectamente como trascurriría la noche. La levantó de su asiento y la metió al baño rápidamente con las instrucciones claras de que no se demorara tanto pero que se jabonara perfectamente. Bella rió internamente, sólo a Alice se le ocurría decir tales cosas.

Se metió a la bañera y dejó que el agua cubriera totalmente su cuerpo desnudo, logrando que todos los músculos se relajaran y la hicieran reconfortarse. Se lavó perfectamente todo el cuerpo mientras disfrutaba de los olores del baño. Se enjuagó el cabello y salió de la ducha con una toalla enrollada en su cuerpo. Alice ya la esperaba con una gran sonrisa en su rostro.

- Veo que me hiciste caso – le dijo riendo por lo bajo.

- Como no hacerte caso a ti, Alice – contestó Bella rodando sus ojos.

- Bien, ponte esto por mientras, tengo que peinarte y maquillarte – le dijo mientras que en un rápido movimiento volvía a sentarla en el mismo lugar de hace unos minutos atrás.

- Alice – llamó la chica – sólo intenta no ser demasiado…

- Sí, si… ya lo sé – dijo Alice – tú sólo relájate.

- Claro – habló Bella mientras intentaba hacer lo que la duendecilla le había dicho.

Sintió algunos tirones en su cabello, un secador de pelo, unos resortes, orquillas y otra gama de productos que no logró descifrar, con el miedo escrito en su cara abrió los ojos ante la orden de Alice, y se descubrió un hermoso y censillo peinado. Su cabello estaba tomado por la mitad dejando caer resortes de color caoba por sus hombros, un pequeño flequillo cubría su frente mientras que lo demás estaba hacia atrás, sonrió ante la creación de Alice, definitivamente ella tenía un don.

- Es hermoso Alice – le dijo la chica – muchas gracias.

- No hay de que – habló haciendo ademanes para restarle importancia – ahora tengo que maquillarte.

- Pero si sólo voy a estar aquí – le dijo Bella mientras hacía pucheros – no es necesario tanto arreglo.

- A Edward le gustara – canturreó Alice.

- Está bien duende – le gruñó – tu ganas.

- Siempre lo sé todo pequeña Bella – dijo guiñándole un ojo.

Pasó unos minutos más maquillando a Bella, logrando que sus ojos relucieran aun más y que sus labios parecieran más carnosos de lo que ya eran, sin embargo, todo parecía tan natural que Bella se quedó con la boca abierta viendo su reflejo.

- No te apresures Bella, falta el vestido – dijo Alice brincando hacia la prenda – Vamos, póntelo… deja que te ayude.

Las pequeñas manos de Alice se movieron como seda mientras ordenaba el vestido azul. Se acopló perfectamente al cuerpo de Bella deslizándose por su esbelto cuerpo hasta quedar a la medida justa. Fue entonces cuando Bella se dio cuenta de que esta navidad iba a ser increíblemente. La cadena – regalo de Alice – se colgó de sucuello e hizo que el conjunto por fin, estuviera terminado. Ambas chicas sonrieron con el resultado.

- Sí, realmente soy buena en esto – suspiró Alice mientras su sonrisa se agrandaba.

- Eres genial Alice, muchas gracias – respondió la chica mientras la abrazaba.

- Bien, iré a arreglarme – dijo la pequeña – no salgas de aquí.

- Bien – contestó haciendo un saludo militar. Alice sonrió y salió como bala de la habitación.

Mientras su futura esposa estaba encerrada en la habitación de Alice, Edward se daba vueltas como un loco por la sala ya completamente arreglada. Esme arreglaba los últimos detalles mientras que Emmett y Jasper mantenían una carrera de autos un su Xbox. La primera en bajar fue Rosalie que se quedó ayudando a Esme, Carlisle hablaba por teléfono con alguien del hospital y Edward, él seguía dando vueltas como desquiciado.

- Si sigues así vas a romper algo Edward – canturreó Emmett.

- Cállate Emmett – le gruñó.

- Hijo cálmate ya bajará Bella – le dijo Esme mientras le ordenaba su chaqueta.

- Estoy calmado Esme – le sonrió como pudo a su madre a lo que esta rió entre dientes.

- Te van a salir granos Eddy – gritó Emmett.

- Emmett – amenazó el chico mientras avanzaba hacia él.

- Oye, paz hermano… ahí está tu doncella – le dijo mientras apuntaba hacia arriba.

Edward volteó rápidamente hacia las escaleras y sonrió deslumbrado. Bella estaba hermosa, caminó hacia ella y le tendió la mano mientras la miraba a los ojos. Ella sonrió y tomó la mano de su futuro esposo.

- Bien hora de irnos – chilló Alice mientras tomaba del brazo a Jasper.

- ¿Irnos? ¿dónde? – preguntó Bella ligeramente confundida.

- A Seattle querida – le sonrió Esme - ¿No se lo dijiste Edward?

- Quería que fuera una sorpresa – dijo sonriéndole a la chica.

- En fin – canturreó la duendecillo - ¿Podemos irnos ya?

- Sí, si ya vamos – dijo Rosalie.

Todos salieron de la casa, cerraron la puerta con llave y cada pareja se fue en su auto correspondiente. Edward abrió la puerta del copiloto como siempre y Bella se sentó en aquel sillón como siempre. El auto ronroneó y con una acelerada se perdió por el sendero que los llevaba a la carretera.

Los cuatro autos hicieron una hilera por el camino, hasta llegar a Port Angeles, no se detuvieron ni un segundo en aquella ciudad y siguieron su camino a toda velocidad hasta su parada oficial. Bella sonrió mientras Edward la veía de re ojo, al perecer la velocidad era cosa de familia.

- ¿Por qué esa sonrisa? – preguntó el chico.

- Nada, simplemente, estoy feliz – contestó la chica con una gran sonrisa.

- Me gusta mucho verte así - le dijo el vampiro mientras sonreía feliz.

- Me alegra el estar contigo – habló sonrojándose, al momento que bajaba su cabeza y el cabello castaño le tapaba todo su rostro.

- Detesto que hagas eso – le gruñó Edward mientras que con su mano libre destruía la pared de cabello caoba – no me gusta que tapes tu rostro.

- Detesto tus cambios de humor – le dijo Bella mientras mostraba sus dientes blancos.

- Yo no cambio de humor – le dijo Edward claramente sorprendido.

- Ajá, claro y yo soy la reina de España - rió la chica.

- No eres la reina de España, pero eres mi reina – le susurró Edward mientras acariciaba su mejilla, aquella que se sonrojó nuevamente ante el tacto frío de su chico.

Al pasar los minutos al fin llegaron a Seattle, las calles estaban atochadas para ser una noche de navidad, la gente caminaba deprisa por estas mientras que niños sonreían felices y emocionados. Bella sonrió al ver tanta alegría y tanta paz, se veía a todos tan esperanzados que simplemente todo se contagiaba.

Los cuatro autos de la familia Cullen se estacionaron en el aparcamiento más cercano de donde iban. Todos se bajaron, claro que los hombres primero para así poder ayudar a sus damiselas a bajar de sus carros, aunque en realidad las chicas no lo necesitaran, obviando el hecho de que Bella si.

Edward y Bella caminaron al último quedando más excluidos del resto, con más privacidad, sus manos estaban entrelazadas y ambos se sonreían como dos idiotas enamorados. Un fuerte estallido se escuchó en el cielo y luego luces de colores alumbraron sus cabezas, y es que fuegos artificiales hacían que todo pareciera más mágico que cualquier cosa. La chica sonrió como nunca, todo era realmente perfecto.

Edward la miraba a ella, miraba como su rostro se iluminaba, como sus ojos lucían emocionados mientras los colores cambiaban, como su piel blanca lucía más hermosa que nunca… fue entonces cuando lo entendió, él estaba completamente enamorado de Bella Swan, como jamás había estado de otra persona y como jamás lo estará de alguien más. Él sería capaz de arriesgar absolutamente todo por ella, porque ella era más importante que cualquier cosa, no iba a permitir que nada malo le pasara… no más, no cuando él estuviera ahí para protegerla.

Él la abrazó por la espalda y apoyó su quijada en el hombro de la chica y se quedó así, todo el rato que duraron el fuegos artificiales, era una forma de decirle que él estaba ahí por ella y con ella, y que jamás iba a dejarla, al no ser que ella lo alejara, cosa que jamás iba a suceder, porque Bella Swan, estaba total y absolutamente enamorada de Edward Cullen y porque su vida ya no tendría sentido sin él.

La mirada de Bella se posó en las parejas que tenía adelante, en Rosalie y Emmett que se besaban con tranquilidad mientras se abrazaban, sonrió sin querer, ambos eran tal para cual, eran tan distintos que era imposible tenerlos separados. Miró también a Alice y Jasper, sus manos estaban tomadas y ambos miraban las luces en el cielo, pero ella sabía que no era eso lo que miraban, ellos no tenían ojos para otra cosa que no fuera su amor.

Suspiró tranquila, tenía la esperanza de que su vida fuera como ellos, como vampira, y sobre todo estar con Edward por toda la eternidad, porque estaba segura de que de él, jamás se cansaría.

Se sobresaltó por la mirada paranoica que tenía Alice en sus ojos cuando se volteó.

- ¡Edward! – gritó la chica mientras veía a su hermano. El chico saltó ante tal grito y miró de inmediato a su hermana preocupado. Entonces todas las imágenes se vinieron a su mente.

Tenía que sacar a Bella de ahí, de inmediato.


Sé perfectamente que quieren comerme frita, pero es que no he tenido tiempo ni imaginación como para seguir con la historia, pero he sido iluminada y antes de que se me vaya la luz voy a seguir con el otro capítulo para subirlo en lo posible la otra semana. Por su comprención gracias.

En fin, millones de gracias por sus review's no saben lo feliz que me hacen y las cosas lindas que me dicen, soy realmente una chica feliz por ello. Así que no se olviden dejar uno por aquí y decirme que tal el capítulo, por cierto a esta historia no le quedan más de cinco capítulos, no se hagan ilusiones con un epílogo porque no va a ver, aunque tal vez si, no sé... nunca se sabe.

Saludos a todos y os quiero que no se olvide.