Disclaimer: Todos los personajes de Twilight pertenecen a la genial Stephanie Meyer. Yo sólo juego con ellos =)
* ¡IMPORTANTE! *
¡Hola Chicas! Ya por fin regresando por aquí después de unas semanas locas, me pasó de todo, regresé de viaje, tuve que ponerme al día con las clases, los exámenes... pero aquí estamos de vuelta ^^! Espero les guste este capítulo! Ando re-nerviosa por ello... No les hago demorar más, pero abajito lean lo que tengo que contarles! *-*
Besos, Lu.
NO DEJEN DE LEER "NOTAS"
Música recomendada:
- "Born to be my baby" - Bon Jovi.
- "With or without you" - U2
.:: Construyendo Fantasias ::.
Capitulo 14
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Construyendo Fantasías... en tu corazón, en tu vida, en tu intimidad o hasta en el fin del mundo... pero siempre al lado tuyo…
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— ¡Salgan ahora mismo! —volvió a decir la voz y me estremecí totalmente, Edward siguió sonriendo y se acercó aún más para susurrar algo en mi oído. No logré entenderlo porque las oleadas de calor aún golpeaban mi cuerpo mas una sensación extraña también se asomaba por mi subconsciente.
— Edward… ¿nos habrán escuchado? —le pregunté y el volvió a sonreír como si quisiese que fuera verdad.
— No mi amor… Es imposible que lo hayan hecho —delineó mi barbilla con sus dedos—. Este sitio tiene un nivel de aislamiento contra el ruido muy alto. El material que empleé no permite que nada se escuche afuera.
— Ohh… —respiré más tranquila pues aún no estaba del todo osada para enfrentarme a personas resentidas por el escandaloso ruido que seguro habíamos provocado—. Pero, ¿cómo es posible que nosotros si escuchemos lo que dicen?
— Teoría del aislamiento, Bella.
"Energía inicial es igual a la energía reflejada, disipada y absorbida…" Mi hombre era todo un científico, además de guapo y sexy…
— Siempre piensas en todo…
— Sí… —hizo una pausa— aunque no estoy seguro si no nos han visto… —sonrió sin vergüenza, totalmente descarado.
— ¡Edward! ¡Me dijiste que…!
— Sólo bromeaba cariño —rió angelicalmente—. Ya te he dicho, este sitio es privado y nadie ha podido vernos. Confía en mí —acunó mi rostro con sus manos mirándome con aquellas gemas esmeraldas que me volvían loca y se limitó a tocar mi boca con los dedos, rozando sin querer mis labios hinchados y adoloridos. Hice un pequeño gesto de malestar y él, con ternura, aproximó su boca a la mía para tocarla ligeramente con su lengua haciendo apenas contacto con los labios. Era su forma de sanarme y demostrarme lo mal que se sentía por dejar salir su lado salvaje, a pesar de ello, a mí me gustaba porque no había marcha atrás, estaba rendida a él—. Luego te haré el amor, Bella. Lo prometo.
Asentí sonrojada con el corazón hinchado de la emoción. Todas mis aventuras habían sido basadas en el erotismo, en el sexo puro, pero nunca había probado lo que era ser querida y respetada por un hombre… y la sensación era la más placentera y genuina del mundo.
Sí señor…
— ¿Estás segura que los viste entrar aquí? —preguntó la voz del hombre desde afuera haciéndonos entrar en razón nuevamente. Edward se inquietó un poco al reconocer la voz y al darse cuenta que era obvia la presencia de más personas afuera, en el vestíbulo.
Nos miramos con complicidad un segundo, compartiendo en mutuo silencio la más avezada aventura que habíamos tenido hasta ahora, para luego separarnos esbozando una sonrisa en nuestros labios. Se acomodó la ropa, se subió los pantalones y se colocó el saco mientras que yo arreglaba mi vestido tratando de alisarlo un poco. Acomodé mis ondas hacia delante pero mi cabello estaba hecho un desastre a pesar del gel que me untó Leah y el calor que salía desde mis entrañas seguía martirizándome y delatando, con el color carmín instalado en mis mejillas por mi última fechoría. Sólo faltaba una cosa…
Y él sabía muy bien qué era, pues su sonrisa ladina totalmente pícara me sonreía y me propinaba latigazos de éxtasis por todo mi cuerpo al tanto que se agachaba con agilidad para recoger mi tanga del suelo y jugar con ella entre sus dedos.
— Edward, dame mis bragas.
— No… esto va para mi colección —respondió engreído—. Me encanta que uses ropa interior de este color, Isabella… Es tan excitante verte de azul…
— Ed… —se acercó pausadamente a mi rostro y lo acarició con la punta de su nariz para luego darme un besito en la mejilla—. Dámela…
— No, la tendré aquí conmigo para recordar y recordarte quien es el dueño de tu cuerpo y tu voz —me habló sin titubear arreglándome con la mano izquierda el cabello, mientras con la otra, se guardaba mi tanga azul en el bolsillo pequeño de su saco como si fuese un pañuelo—. Ahora, deja de provocarme con tu boca y tus ojos, que soy capaz de volver a tomarte contra la mesa en este mismo instante.
Pasé saliva. ¡Diablos! me encantaba que me hablara así.
Mi hombre insaciable.
Mi niño caprichoso.
Mi chico sexy de voz segura y demandante, aquel que con una palabra te elevaba a los cielos más tornasolados y morbosos que pudiesen existir… estaba frente a mí, hablándome sin tabúes, sin tapujos, demostrándome solo el ardiente fervor con el que me deseaba…
Y era estupendo.
— Dame la mano Bella —con el fuerte martillar de mi corazón, le ofrecí mi mano. Con la otra cogí el tiramisú.
Conforme nos acercábamos a la salida, el barullo del vestíbulo iba aumentando y se podía escuchar las diferentes voces y sonidos con claridad. Como en el lugar donde estábamos no habia música ni ruidos, la puerta funcionaba como aislante interno pero como esponja absorbente del exterior poniéndonos al tanto de todo. No era solo una voz, eran varias las que estaban ahí esperándonos, en ese momento, el poco pudor que me quedaba comenzó a inundar mi consciencia y por más que quería negarlo, todo este asunto me ponía los nervios de punta.
— No te preocupes, Bella. Estás conmigo, nada puede pasarnos —Edward me sonrió dulcemente apretándome la mano para infundirme valor.
Abrimos la puerta y lo primero que vimos fueron los ojos azules de Jasper que nos miraba con aprobación y con una pequeña mueca de picardía como si supiera lo que momentos antes había sucedido. Su semblante estaba radiante pero con unas pequeñas arruguitas en la frente lo que me dio la impresión de que estuvo fastidiado, molesto o preocupado antes de vernos.
— ¿Que sucede Jas? —le preguntó mi novio en un tono tranquilo como si no hubiese pasado nada mientras que yo lo miraba con pena por haberme dejado llevar por el momento y haber dejado que mi sexy novio me tomara en pleno restaurante.
— ¿Qué hacían ahí adentro? ¡Hemos estamos esperando que nos abran la puerta desde hace siglos! —exclamó tratando de ocultar una sonrisa. Me volví hacia un lado y por detrás de la columna, vi asomarse a la "La abeja reina y sus subordinadas idiotas".
Sonreí. Así que ellas eran las que habían estado acompañando a Jasper todo este tiempo.
Volví a sonreír con malicia y me llevé un trozo de pastel a la boca disfrutando del sabor del chocolate y el café fundidos con el manjar blanco… una delicia, un pecado, una salvación para sentirme tranquila y descarada frente a las odiosas miradas de Irina y su séquito. Me miraron con censura, clavando los ojos en mi cabello, mi vestido y mis zapatos impecables. Fue un cruce de miradas, aquella que se da entre dos mujeres, entre dos gatas felinas en medio de la noche para defender su territorio y su clan. Cada una mostraba supremacía, dominio y conquista por el macho más fuerte de la manada, el cual debían defender. Una de ellas, Irina, mostraba celos, antipatía ante el inminente triunfo de su rival.
No la consideres tu rival, Isabella.
La miré de la misma manera que miré a Tanya.
— Estás consciente que lo que sea que hayas hecho adentro lo tengo grabado en mis cámaras, ¿no?
Edward se detuvo antes las palabras de su amigo y volteó a mirarme estoicamente. No había expresión en su rostro.
— Es imposible —murmuró. Le devolví el gesto apaciguándolo con mi inaudita valentía, pero sobre todo con el maldito y feliz cosquilleo implantado en mi estómago por la idea de saber que Irina podría saber lo que había pasado. En casos como estos, donde una debía mostrar quién era la que mandaba, las medidas a tomar tenían que ser arriesgadas y si ellas requerían intrepidez, una debía demostrárselo. "En la guerra y en el amor, todo vale, Isabella".
La aludida apretó la mandíbula y se tensó irradiando belleza y perversidad a la vez, su ego debía estar dolido pues una clara expresión de amenaza se asomó en su rostro cuando volvió a recorrerme con los ojos al ver que yo solo sonreía y llevaba otro pedazo de tiramisú a mis labios… ¿Qué cosa tenía Edward que hacía que ella reaccionara de aquella manera? ¿Verdaderamente le había roto el corazón? O… ¿buscaba otra cosa en él?... ¿qué podría ser? ¿Era sólo su ego herido? ¿Podría ser pecado pensar que el ego la cegaba?
— No lo sé… este video podría valer oro, señor Cullen —Jasper alzó una ceja bromeando.
— Depende de quién sea el mejor postor —respondió Edward siguiéndole la broma—. Pero todo este asunto es de Isabella y mío y sé cómo diseñé este lugar, Jas. Además, la belleza debe ser admirada como tal y lo que único que verás ahí, no es más que eso.
— ¡Qué encantador! —Dijo Jasper con un tono burlón que hizo que mi novio se pusiera aun más en guardia—. Sólo jugaba hombre… —le palmeó la espalda poniéndose serio—. Edward, en realidad te buscaba porque necesito que me hagas un favor.
— ¿Qué sucede?
— Mis padres me necesitan esta noche para resolver un caso que podría convertirse en juicio si no encontramos un solución cuanto antes. El cliente es una empresa de sociedad anónima cerrada muy reconocida aquí en Chicago y ha puesto una buena cantidad de dinero en su defensa. Debo revisar pilas de papeles, expedientes y todo documento que nos ayude a probar su inocencia.
— ¿Estás luchando contra una demanda?
— No exactamente, más bien los acusan por malversación de fondos —respondió Jasper seriamente sin darse cuenta que esas cinco palabras me ponían los nervios de punta puesto que mi empresa constructora hacía lo mismo con los materiales—. En fin, las chicas están listas para ir a la fiesta de Heidi y Riley, pero no podré acompañarlas por las obvias razones. Así que te pido por favor estés pendiente de mi hermana y la cuides. Sabes que no puedo dejarla sola y mis padres no quieren que Elisa vaya a una discoteca siendo menor de edad sin supervisión adulta —pidió con acento sureño agarrándose el cabello y tirando de él como desesperado. Su voz no era la excepción—. No tienes idea del berrinche que acaba de hacer en la terraza —agregó con voz pesarosa.
— Irá Jacob, no veo cuál sea el inconveniente.
— ¡Por Dios Edward! ¡Jacob! una sola palabra, un solo nombre y un gran problema. Sabes como es él —se dirigió hacia mí y bajó el tono de su voz—: Discúlpame Bella por la forma de expresarme pero conocemos muy bien de que pie cojea Jake y mi hermana es extremadamente caprichosa para salirse con la suya, no quiero ni imaginar que pasaría si dejo a esos dos solos.
— Te entiendo —respondí de inmediato. Wow…sí que Jacob tenía una fama que lo precedía… No era del todo exagerado lo que Edward me decía de él…
¿Dudando de tu hombre, Isabella?
No.
— Bella, mi amor, ¿te molestaría ir a bailar o prefieres ir a descansar? —Edward se acomodó frente a mí haciendo caso omiso al resto para con sus manos levantarme el rostro y con su pulgar acariciar mis mejillas tiernamente. Se mostraba preocupado por mí, por nuestra intrépida aventura y sus consecuencias lo que hizo que mi corazón volviera hincharse y mis alas plateadas empezaran a brotar en mi espalda… él era único.
Negué. Por el rabillo del ojo vi a las "brujas" cruzarse de brazos y murmurar entre ellas, cosa que le importó muy poco a mi diablita ya que ella cogía la manzana que dejaron caer al suelo, la limpiaba y le daba un gran mordisco de pura satisfacción pues de mí, de nosotras dependía su diversión… Sí señor… era genial sentirse importante.
— No, no es ninguna molestia —le sonreí y me dirigí al castaño— Lo hago encantada, Jasper.
— ¡Genial! Lo dije, tienes una novia muy simpática Edward, aparte de ser muy linda —me guiñó el ojo.
El aludido bufó y su amigo silbó haciéndole fruncir más el ceño. Yo sólo reí mientras me elevaba por los aires gracias a mis hermosas alas…
.
Minutos después nos encontrábamos despidiéndonos de los señores Whitlock, los jefes de Edward y los padres de Heidi, quienes conversaban con elegancia a la vez que se servían de las bandejas de plata, copas de vino blanco. Eran pasadas las doce de la noche y recién la verdadera fiesta iba a empezar, para ello, debíamos ir al "Copacabana" en autos separados, pero la protección para Elisa incluía el transporte, ida y vuelta, de la discoteca a la mansión, y como si sus miradas de águila fuesen pocas, se sumaron en el asiento trasero el áspero genio de una de las hermanas Denali mientras que la otra, Irina, se iba en el coche último modelo del apacible Frank Vulturi, por lo visto, un muñeco de compañía más.
Cuando el auto se desvío de la Avenida Lake Shore y se decidió atravesar el malecón de la costa verde, una moto a toda velocidad pasó como si fuese una estrella fugaz formando una cola inmensa de humo y dióxido de carbono. Vi fruncir el ceño a Edward pero no cambió su temperamento para nada. Se mantenía tranquilo pero inquieto a la vez, como si la conversación que tenían Tanya y Elisa atrás fuese el peor ruido de su vida. Quería escuchar música, algo de jazz, o de Debussy, o de Beethoven, lo que fuese con tal de aliviar las arruguitas de su precioso rostro.
Jacob estacionó su moto en la misma línea blanca que el auto de Edward y lo miró de soslayo hasta que, apenas, cambió la luz rojo del semáforo a verde, se adentró velozmente en la aterciopelada noche mientras mi chico se sumió en sus pensamientos tan claros como míticos.
Atravesó el Melrose Park, hasta tomar la avenida Foster y llegar en cinco minutos al "Copacabana" un pub ubicado en una de las zonas de música en directo más conocidas de la ciudad. El edificio en sí había estado dedicado a la industria de principios del siglo XX y su dueño original había mantenido la arquitectura victoriana de la fachada, pero con el transcurrir de los años, las actividades que fueron desarrollándose en la zona hicieron que el edificio adoptara nuevas funciones y copiara a los negocios que se iban instalando hasta que, después de varios intentos y con un poco de arquitectura y diseño de interiores moderno, lograra convertirse en lo que era ahora, uno de los mejores clubes nocturnos de Chicago.
— ¿Te encuentras bien Bella? —me preguntó después de unos largos minutos, cuando Elisa y Tanya se perdían entre la multitud de la zona VIP.
— Sí.
— Estupendo, porque hoy es noche de Rock and Roll.
Atiné a sonreír porque sabía que llegado el momento no bailaría ni una sola canción. Me conozco y el Rock no es uno de mis bailes preferidos, menos sabiendo que mis dos pies izquierdos no podían dar ni siquiera un swing. Para Alice podría resultar un baile súper divertido ya que era una malabarista y tenía una gran agilidad con las piernas y para Leah podría resultar lo más aburrido del mundo porque ella prefería la salsa o el merengue por las raíces latinas que tenía… Pero para mí, era sólo un baile que me gustaba escuchar, pero no bailar… No, no y no… Mi fuerte era otro tipo de baile…
Oh sí… el baile sensual.
Quizá.
— ¿Te parece bien este lugar? Tenemos una gran vista a la pista de baile o, ¿prefieres el que está allá? —sugirió señalándome la mesa vacía que se encontraba al otro extremo del mezanine, también tenía vista a la pista de baile, pero, por el juego de luces, se mostraba como un lugar más tranquilo y discreto.
Perfecto para una buena ronda de besos y caricias.
— Ese está muy bien —le dije acercándome a su rostro para rodear su cuello con mis brazos y empezar a besarlo. Si cada sentido, si cada caricia por separado, era capaz de producirme una fuerte reacción emocional, el besarlo me transportaba al séptimo cielo… Cada beso, cada roce inesperado hasta la misma fusión de nuestros cuerpos por medio de los labios se parecía al choque, a la colisión de dos estrellas… No sabían la tranquilidad que era el volver a sentir sus labios… era como si no los hubiese tenido una eternidad, como si hubiera estado sedienta de él por años… sólo de él.
Terminamos de besarnos con un simple roce y vi a Edward sonreír en mi boca. Me miró de aquella forma que me deslumbraba y que me hacía olvidar donde estábamos, aquella forma en que sus ojos verdes tornasolados se fijaban en los míos como si quisiesen fijar su alma en ellos.
— El azul hace maravillas en tus ojos y en tu piel, Bella —me guió hacia el sillón de cuero negro y nos acomodamos uno al lado del otro.
El área VIP se caracterizaba no solo por encontrarse en el entrepiso del edificio sino por la utilización de colores lilas y azules haciéndolo más sofisticado y en contraste total con la gran pista de baile. Era una zona pequeña, la música no golpeaba de manera escandalosa y se podía conversar con tranquilidad; pero aún así, no había rastro alguno de Jacob ni del resto, lo que nos tenía sin cuidado, sobre todo a mí porque tenía a Edward a mi lado y era lo único que me debía interesar. Al instante que tomamos asiento, una chica se nos acercó y nos ofreció la carta de tragos, Edward me hizo elegir primero y escogí un Blue Long Island a lo que él imitó pidiendo además dos Ginger Ale. Mis favoritos. Siempre que salíamos con las chicas nos tomábamos dos de esas peceras azules alcoholizados para "entrar en onda" y bailar al ritmo de Leah.
— Isabella deja de mirarme con esa cara o quieres que todos se enteren de lo que soy capaz de hacer contigo en este preciso instante — Inténtalo. Oh sí… —Y no sería para nada suave —añadió con voz sensual pasando uno de sus brazos alrededor de mi espalda mientras que con los dedos sostenía un cigarrillo que segundos atrás sacó de una cajetilla blanca.
— Te ves muy sexy con un cigarrillo en la boca —exhaló el humo al costado y mi cuerpo palpitó—. El señor Cullen es también un chico malo.
— Todos tenemos un aire de maldad en nuestro interior, Bella.
— Pues a mí me pareces sexy… No puedo dejar de imaginarte con un cigarrillo en la boca mientras te las das del gran estafador encubierto en el casino de Las Vegas. Verte jugar Texas Hold'em debe ser una maravilla —le dije y él rio de lado.
— ¿Mafioso como Paul Newman? —Asentí—. Ves muchas películas mi amor… pero ¿sabes? Deberíamos ir un día a jugar juntos. Te sorprenderías del gran instinto que tengo para ganar —le dio otra caladita al cigarro de manera sexy.
— ¿Siempre eres tan pedante?
— No, pero si voy contigo, sería la envidia de todos, suficiente para enseñarles quién tiene el mejor premio del mundo.
— Ahí sí serías el gran "patán apostador patán Cullen"
— Me gusta como suena —me sonrió de oreja a oreja y apagó su cigarrillo en el cenicero para luego levantarse del sillón con rapidez—. Vamos a bailar. Esta canción me gusta.
— ¡¿Rock de los sesenta? —exclamé al escuchar las primeras notas musicales de la melodía.
— La misma.
— Yo no bailo, Edward… ¡Edward!
Y fue en vano.
Me arrastró a la pista de baile tomándome de la mano para darme un par de vueltas sobre mi sitio y empezar a moverse al compás de la canción de Elvis Presley…
The warden threw a party in the county jail.
The prison band was there and they began to wail.
The band was jumpin' and the joint began to swing.
You should've heard those knocked out jailbirds sing.
Let's rock, everybody, let's rock.
Everybody in the whole cell block
was dancin' to the Jailhouse Rock
Spider Murphy played the tenor saxophone,
Little Joe was blowin' on the slide trombone.
The drummer boy from Illinois went crash, boom, bang,
the whole rhythm section was the Purple Gang.
Let's rock, everybody, let's rock.
Everybody in the whole cell block
was dancin' to the Jailhouse Rock.
Number forty-seven said to number three:
"You're the cutest jailbird I ever did see.
I sure would be delighted with your company,
come on and do the Jailhouse Rock with me."
Let's rock, everybody, let's rock.
Everybody in the whole cell block
was dancin' to the Jailhouse Rock.
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Empecé a reír, no sabía qué hacer y él bailaba hermoso inclinándose ligeramente hacia mí moviendo sus caderas con maestría, con la misma que tiene cuando nos dejamos llevar por la desenfrenada pasión que nos caracterizaba. Edward me tomó de la mano derecha y me dio unas cuentas vueltas más para después enrollar su brazo en mi dorso y hacerme girar… wow… no sabía yo que podía bailar… aún así no paraba de reír. Traté de seguir su ritmo empezando a mover mi pie izquierdo y luego el derecho pero no me salía del todo bien… ¡Demonios! Ya me imaginaba la cara de Alice si me viera de esta manera, dando pena, de seguro estaría igual que mi diablita exhibicionista y malévola, totalmente ceñuda y con los brazos cruzados.
Edward, por el contrario, se carcajeó conmigo en todo momento y fue genial porque habíamos aprendido a compartir momentos íntimos fantásticos no solo en el ámbito sexual sino en el ámbito subliminal, sentimental, cosa nueva para mí. La música fue cambiando y él me atrajo hacia su cuerpo haciéndome apoyar mi rostro en su pecho para comenzar a bailar más despacio, bajando de ritmo y de cadencia; así nos mantuvimos por un buen rato hasta que empezó a sonar una canción de U2, "With or without you", una de mis preferidas desde que vi uno de los capítulos de la segunda temporada de Friends…
Bailamos pegadito, rozándonos y haciéndonos estremecer con cada respiro y roce.
La noche, madrugada o el día ya no contaba para mí, nos divertimos muchísimo, nos reímos, bromeamos, nos besamos, bebimos nuestros tragos, conversamos y admiré un par de veces más cómo salía el humo del cigarro de sus finos labios.
— Ya regreso, iré por unas bebidas —le dije parándome del sillón, pero él fue más listo y me atrajo de la mano para sentarme sobre sus piernas. Su boca quedó a centímetros de mi cuello y su aliento a menta y cigarro hizo que los nervios de mi columna se excitaran al máximo. Al parecer la posición también le afectó porque tragó saliva y sus manos fueron a parar a mis muslos.
— No vayas…
— Déjame mimarte… Quiero ser una buena novia después de todo lo que has hecho por mí hoy.
— No deseo tomar más alcohol, Isabella. Preferiría beber de ti… —dijo con voz de mando, iba a refutar pero él me calló con uno de sus dedos— Shhhh… sé que es difícil por la posición en que estamos, pero si sigues insistiendo en que irás por tragos, soy capaz de echarte en este mismo sillón y hacerte rendir de placer.
— Edward…
Oh… Mi niño caprichoso se convirtió en mi sexy cavernícola otra vez… Aquel que lo quería todo sin medir las consecuencias… y eso me encantaba, sí señor. A mí también.
— Solo si me dejaras acariciar por aquí… —susurró mientras sus dedos empezaban a juguetear por mis muslos haciéndome erizar la piel— o tocar por acá…—apartó mis piernas y siguió su recorrido adentrándose lentamente hasta mi sexo— para sumergirme dentro de ti e invadirme con tu ardor… —hizo pequeños círculos tratando de abrir la carne provocando que me humedeciera aún más y un escalofrío delicioso recorriese todo el largo de mi columna—…con eso… estaría más que satisfecho.
— Edward… No me provoques… —sollocé.
— No lo hago, solo te aviso lo que haré contigo si no te portas bien. Quiero con mis manos recorrer cada parte de ti... besarte y detenerme en tu sexo y que veas como desaparece en mi boca...
Morí.
Volé.
Ascendí al cielo.
O descendí al infierno.
Era fuego y calor… era hielo y era sudor.
No me importaba donde estaba… su aroma y sus palabras me inquietaban y me excitaban a tal punto que solo humedecía mis labios porque no podía dejar de temblar para hacer algo más mientras él seguía jugando con mi piel.
Gemí, las llamas me consumían. Necesitaba sus labios y lo besé.
— Me encanta que me hables así, Edward —le susurré sensualmente con el poco aire que me quedaba ejerciendo un poco de presión sobre su entrepierna. Él gruñó en aprobación y volví a besarlo—. Pero en verdad quiero complacerte esta noche… déjame ir —me paré de inmediato sin darle tiempo a nada. Cuando él reaccionó, yo ya estaba arreglándome el vestido disimuladamente, le mandé un besito volado y él solo rio echando su cabeza hacia atrás. Bello. Quizá me ganaría un pequeño castigo de su parte luego, pero que importaba, tenía ganas de consentir a mi hombre…
La barra de la zona VIP se encontraba en medio de la pista de baile, pero en ningún momento interrumpía el tránsito, es más, hacía que la discoteca se viera más fluida y ordenada porque el piso de bloques de vidrio la hacía resaltar y permitía que fuese el eje central y el más llamativo de toda la estancia. Los colores, verdes, azules y amarillos, acompañados de una sutil decoración tropical hacían que verdaderamente te sientas en alguna discoteca de alguna playa del Caribe, de aquellas que vi muchas veces en las revistas de viajes que guardaba en mi departamento. Si no podría viajar, al menos podría transportarme a exóticos lugares con el poder de la mente.
— Buenas noches, ¿podría darme dos Tequila Sunrise? —pedí amablemente posando mis codos en el vidrio de la barra, no esforcé mucho mi voz porque la música en esta área era baja.
— Enseguida señorita —me respondió el barman con una sonrisa—. ¿Desea que alguno de ellos le disminuya o aumente la cantidad de alcohol?
— No. Así está bien
— Así que tú eres la nueva acompañante de Edward… —dijo una voz detrás de mí. Al instante supe de quien se trataba pues ya me parecía raro que no me hubiera hablado en toda la noche. Por sus miradas, sabía que tarde o temprano, el rostro cínico, la máscara de perfección tendrían que caer.
— Hola Irina —le respondí volteándome. Me importó muy poco que ella sea rubia, exuberante y de ojos azules, yo tenía la esencia de Edward en mí, tenía su olor a hombre impregnado en mi cuerpo, había sido suya hacía unas horas y eso era lo que importaba y lo que me daba valor para empezar la lucha.
— Querida, nunca dije que podías tutearme. Tú y yo no tenemos el mismo nivel.
Saca la espada láser, Isabella… ¿Quién se cree esa?
— Lo mismo digo —respondí. Yo no tenía por qué esconderme ni amilanarme ante ella. Podré haber sido una miedosa en las relaciones sentimentales, pero no era ninguna idiota para no saber defenderme.
— Mira querida, seré clara —dio un paso más hacia mi—. Te lo voy a decir para que no salgas lastimada. No te hagas muchas ilusiones con Edward… vas a ver que al final del día sabrá quién y qué es lo que le conviene para su vida. Es lógico que sienta curiosidad por experiencias nuevas —dijo ella con un brillo envenenado en su mirada—. Quizá seas una simple ilusión, o un capricho pasajero, pero cuando se tenga que enfrentar y abrir los ojos a lo que le espera en el futuro, se dará cuenta del error y la pérdida de tiempo que fue estar contigo —finalizó con arrogancia, cada palabra, cada frase retumbaba en mi oído haciéndome hervir la sangre.
Si quería hacerme sentir mal, estaba muy equivocada. Nadie podía hacerme sentir mal, mucho menos amenazarme. Odiaba las amenazas.
— No necesito esto —espeté—. Edward no es un niño de kindergarden para no saber disertar entre lo que quiere y lo que ya no quiere. Si él no te ha buscado es porque ya no te quiere ver, es obvio, ¿no crees?
Irina entrecerró los ojos con recelo estudiando mis facciones. Lo mismo hice yo sin bajarle la mirarla. La guerra entre las dos felinas estaba iniciándose, dos mujeres por igual. Una, luchando con la frente en alto con el poder de su hombre como único escudo y la otra, mostrando su superioridad ante un escenario fuera de lo común, donde las dos teníamos las de ganar o las de perder.
— Lo has tenido para ti sola durante algunas semanas, espero lo hayas disfrutado, porque pronto, se dará cuenta de lo que realmente le conviene —volvió a remarcar esto último mientras transformaba su expresión en una sonrisa que no consiguió llegar a sus ojos—. Sigue sirviéndole de juguete barato para que descargue su furia y su rebeldía…
Me acerqué totalmente indignada. Tranquila. Esto no podía permitírselo. Irina ha mostrado el cobre… tu demuéstrale que eres una reina, al estilo dama inglesa.
— Repite lo que dijiste —dije con toda la calma de la que era capaz mientras intentaba mantener la compostura.
— Eres una regalada, dime, ¿crees que todo lo que vives es genuino? ¿Crees que nadie se ha dado cuenta de la forma animal con que te mira Edward? ¿Crees que no sabemos que hacían encerrados en el lounge?
— Eso no te importa —la miré con furia. Ella solo sonrió.
— Claro que no… tú eres la zorr…—apreté mi puño y ya me iba encima suyo cuando fui interrumpida por una voz rasposa a la vez que la susodicha fingía sentirse escandalizada.
— ¿Sucede algo, Irina? —los ojos de Frank Vulturi ardían con la exigencia de saber que pasaba, iban de mi pose de atacante ante su "damisela en apuros" a Irina.
— No... —respondió nerviosa—. Bueno, en realidad trataba de hablar con ella, pero me he dado cuenta que con gente fuera de nivel es difícil entablar conversación —su descarada arrogancia reavivó en mí el resentimiento por verme forzada a esta situación. Frank adoptó una expresión más severa, por lo visto, el papel de víctima le había quedado muy bien frente a aquel hombre—. Vamos Frankie, no vale la pena —frunció sus labios en una sonrisa falsa y se retiró enviando sus ondas platinadas hacia atrás. El moreno le pasó el brazo por la espalda como si estuviera consolándola y avanzaron entre la multitud hasta desaparecer.
Aparte de creída, amenazante, era una manipuladora de primera.
Que no te importe Isabella… Si quería armar contigo un escándalo, no lo ha logrado.
— Sus bebidas señorita —me recordó la voz del barman. Giré mi cabeza y lo miré con extrañeza. ¿Qué había sido eso? ¿Qué mierda había sido eso? Con la cólera y el instinto de protección y supervivencia dentro de la selva bebí de un solo trago todo el tequila.
— Dame otro igual.
Regresé de inmediato al lugar donde estaba Edward con una rabia que no cabía en mi interior. Él se dio cuenta de mi estado de ánimo y de inmediato se paró para ayudarme con las bebidas.
— ¿Qué pasó mi amor? —me miró preocupado.
— Nada.
— Vamos dímelo. Si alguien te faltó el respeto o trató de sobrepasarse contigo, solo dime quién fue que yo me encargo del resto.
Me mordí el labio fuertemente. Si uno quiere que la relación avance, lo mejor es decir la verdad y compartir los problemas por más estúpidos o difíciles que sean. La clave para que todo marche bien, es la honestidad y con mentiras u omisiones no se podía construir el mundo. Y si yo quería sentirme realmente unida a él, debía confiar en su palabra y su protección.
— Hablé con Irina —dije por fin en una zona más tranquila, cerca a los sanitarios.
— ¡¿Cómo? —Gritó confundido—. ¿En qué momento…? ¿Qué te dijo? —se puso serio.
— Me encontró en la barra. Supongo que nos vio aquí y me siguió hasta allí para insultarme y advertirme del daño que me harás si continuara contigo.
— ¡Mierda! ¿Qué más te dijo? —preguntó enojado, su rostro adquirió un matiz extraño y puedo jurar que masculló más palabras para sí.
Le di unos cuantos detalles más pero omití la parte en que se hizo la víctima. No era necesario decirlo ni tampoco alargar este asunto. Eso era entre ella y yo.
— No debí dejarte ir. ¡Atreverse a tanto!
— Sé cuidarme sola, Edward. Ya te lo dije, no soy una muñeca de porcelana —le respondí apretando con fuerza el puente de mi nariz, la cólera palpitaba vivamente por mis venas.
— Lo sé Bella, lo sé… ¡Mierda! —gritó—. Pero debes entender que eres lo más importante que tengo ahora. Mi deber es defenderte y protegerte contra todos, Isabella.
— Edward… —dije acongojada. ¿Cómo era capaz de pronunciar tan bellas palabras en medio de un caos?—. Ven… —me acerqué y lo abracé con fuerza, expresándole en ese gesto todo el cariño que le tenía y lo feliz que me hacía su apoyo—. Quiero olvidarlo, Edward… solo fue un momento agrio que no quiero recordar.
— Nadie Isabella, nadie hará que tu y yo nos separemos —levantó mi rostro con suavidad—. Sé que eres una mujer fuerte y valiente que no tiene miedo a decir la verdad. Eso fue lo que me gustó de ti, eso es lo que me encanta... Pero déjate cuidar, mi amor… Ya estoy aquí.
Sonreí. Otro obstáculo más. Otro maldito obstáculo más. Pero, la vida está llena de ellos, ¿no? Sino no sería vida… así es Isabella… aprende a confiar y ser una princesa Leia guerrera.
— Ven… vamos a movernos un poco…
Terminaba de sonar "Sex on fire" y empezaba una canción muy ochentera, de aquellas que podías bailar lento y despacio y eso hicimos… nos movimos sin prisa, disfrutando de la cercanía del uno del otro hasta que la melodía cambió hacia un estilo pop-rock moderno, el cual nos encantó, sobre todo por la letra de la canción… ¿Irina nos vería?, ¡claro que lo hacía! Y era muy satisfactorio saber que teníamos público.
Rainy night and we worked all day
We both got jobs 'cuz there's bills to play
We got something they can't take away
Our love, our lives
Close the door, leave the cold outside
I don't need nothing when I'm by your side
We got something that'll never die
Our dreams, our pride
My heart beats like a drum (all night)
Flesh to flesh, one to one (and it's alright)
And I'll never let go cause
There's something I know deep inside
You were born to be my baby
And baby, I was made to be your man
We got something to believe in
Even if we don't know where we stand
Only God would know the reasons
But I bet he must have had a plan
Cause you were born to be my baby
And baby, I was made to be your man
— Naciste para ser mía, Isabella. Y yo nací solo para estar a tu lado —me dijo al oído.
— ¿Crees en el destino?
— Creo en todo lo que me haya llevado hacia ti… pero esto —llevó una mano a mi corazón— y esto —llevo la otra mano a mi cadera para apretarla contra sí— esto es fatalidad pura Isabella, es química asombrosa… es…
Sonreí acariciándole el cabello y atrayéndolo hacia mí para depositar sobre sus labios miles de besos muy pequeños recorriendo así toda su boca y la comisura de ella. Sabía lo que podía decirme y aún no estaba lista para escucharlo. Lo sentía, lo estaba sintiendo cada vez más dentro de mí… pero para ello, debía estar más preparada.
Light a candle, blow the world away
Table for two on a TV tray
It ain't fancy, baby that's OK
Our time, our way
So hold me close better hand on tight
Buckle up, baby, it's a bumpy ride
We're two kids hitching down the road of life
Our world, our flight
If we stand side by side (all night)
There's a chance we'll get by (and it's alright)
And I'll know that you'll be live
In my heart till the day I die
Cause you were born to be my baby
And baby, I was made to be your man
We got something to believe in
Even if we don't know where we stand
Only God would know the reasons
But I bet he must have had a plan
Cause you were born to be my baby
And baby, I was made to be your man
My heart beats like a drum (all night)
Flesh to flesh, one to one (and it's alright)
And I'll never let go cause
There's something I know deep inside
Cause you were born to be my baby
And baby, I was made to be your man
We got something to believe in
Even if we don't know where we stand
Only God would know the reasons
But I bet he must have had a plan
Cause you were born to be my baby
And baby, I was made to be your man
— Yo también lo siento igual, Edward.
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Después de este momento sublime, ya me sentía recorrer toda la avenida principal de Chicago con mis hermosas alas plateadas, me sentía resplandecer en medio de la noche con un aura de felicidad y emotividad al máximo que ponía celosas a las estrellas.
"Hoy miro al cielo y en ti puedo ver a la estrella que siempre soñé"
El tiempo pasó volando y el alcohol había hecho su efecto. Me sentía más tranquila y desinhibida, listísima para atacar a la primera zorra que se apareciese en mi camino… así como también muy dispuesta, con los vellos de mi cuerpo erizados, para disfrutar del toque sutil y erótico de Edward mientras bailábamos. Y fue así, que logramos disipar a Riley y Heidi que estaban de lo más felices bailando, el castaño pasó la voz a mi novio y se nos acercaron luego de terminada la música. Se unieron a nuestra mesa y conversamos un poco más. Heidi estaba más desenvuelta pero con la misma mirada envenenada hacia mí. Al parecer la influencia de la señorita perfección había tomado efecto en todas. No me sorprendía pues no era la primera vez que me topaba con gente como ella.
En medio de la charla me pareció ver a un hombre musculoso, de la misma contextura que Jacob, transitar entre las mesas, lo seguí con la mirada disimuladamente hasta que lo vi detenerse en una esquina poco iluminada donde se encontró con una rubia, parecida a Tanya. Quizá eran efectos de las copas o del cansancio o el dolor de pies lo que me estaba haciendo tener visiones, pero en un momento de la conversación, vi cómo ella lo observaba con una profunda expresión de indiferencia en el rostro antes que éste se volviera hacia el otro lado y encendiese un cigarro.
Era extraño, pero no quise inmiscuirme en asuntos que no me competían. Solo cuando fue la hora de irnos, Tanya demostró la poca cortesía que aún tenía para conmigo y dejó a Elisa sola para introducirse nuevamente en el pub alegando que su hermana la llevaría.
— Edward, no pienso irme contigo —refutó Elisa.
— Debes hacerlo, señorita. Tu hermano te dejó bajo mi responsabilidad y no puedo dejarte sola.
— Jacob me cuidará —respondió con firmeza sorprendiéndome… ¿por qué estas niñas eran tan pegadas a Jacob?
— No discutas Elisa. Nos vamos ahorita.
— Aún es temprano, pareces un viejo gruñón, exactamente como dice Jake. ¡Tienes veintiséis seis, no cuarenta y seis! —exclamó Elisa colocándose un sacón de terciopelo negro y una cartera a juego. Miró a Edward enojada, esperando una respuesta pero él solo abrió la puerta del coche y esperó hasta que ella entró al volvo maldiciendo por lo bajo. Él había ganado nuevamente frente a estas niñas, no obstante, todo el trayecto a la mansión de Jasper, se puso serio. Le acaricié el rostro con el dorso de mi mano demostrándole mi apoyo y él la buscó con sus labios para besarla, luego de esto, me acurruqué en mi asiento, sintiendo frío y cansancio. Estaba tan agotada por haber bailado con Edward, por haber enfrentado tantas emociones en una sola noche, que ya no daba más. Parecía una zombi.
Cuando llegamos a mi departamento, abrí los ojos, ni siquiera me había dado cuenta que Elisa ya no viajaba con nosotros, que había bajado del auto hacía media hora o menos. Edward me guió hasta el ascensor, luego a mi piso y me abrió la puerta como todo un caballero inglés.
— ¿Qué —bostecé— hora es?
— Las cuatro y media de la mañana. Vamos a acostarte Bella.
— No… —musité— yo… pero… yo… quiero —bostecé— oh discúlpame Edward… pero estoy muy cansada —él sonrió y me besó con dulzura.
— No lo había notado, pero eres hermosa así también, mi amor. Ven —me alzó con sus brazos y me llevó al dormitorio—… Es hora de dormir.
Moví mis piernas como niñita, articulé palabras incompletas, cosas inentendibles y sabrá Dios que otras cosas más habré dicho, sólo me dejé llevar por él, por la invitación que me hacía su cuerpo y su calor. Cuando mi espalda descansó en una superficie suave y acolchonada, sentí, como si fuese algo lejano, algunas caricias y besos por todo mi rostro y luego del último que depositó en mis labios, cerré los ojos y no los abrí más, sumergiéndome en un sueño maravilloso que al día siguiente no logré recordar pero que cristalizaba lo que iba sintiendo por él.
"Es intuitivamente que te llevo dentro
Es intuitivamente que has llegado a mi
Contigo me divierten todos los excesos
Se alejan mis dudas y venzo los miedos
Encuentro mis razones entre tus misterios
Me ato a la magia de este sentimiento
Y cada deseo se traduce en ti…"
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Al día siguiente desperté con una sonrisa, saboreando cada momento vivido de ayer. La noche anterior había sido un cúmulo de sensaciones, una tómbola de experiencias que giró y giró con una intrépida velocidad y que regresaba a mi consciencia como un carrusel de imágenes.
La cena… el tiramisú… la pelea con Irina… el pub… el baile… sus palabras… sus manos en plena posesión de mi cuerpo… sus labios recorriendo mi piel y marcando a cada mordisco lo que yo significaba para él: su propiedad.
Abrí mis ojos lentamente suspirando e inhalando el aroma más maravilloso que nunca en mi vida había olido. No sabía que hora era, pero no me quise mover ni un milímetro. Me encontraba desnuda con el cuerpo de Edward descansando a mi costado, su espalda totalmente descubierta era mejor que cualquier paisaje y un diminuto bóxer que cubría sus glúteos de albañil era el pecado más perverso de todas mis adicciones. Era tan fácil despertar con él…
Con una sonrisa triunfal, giré en mi sitio y empecé a recorrer su atlética y fornida figura, aquella que provocaba celos hasta al más perfecto dios griego. No me había detenido antes a admirar cada centímetro de su espalda. Tenía un sinfín de lunares de todos los tamaños que a cada movimiento de seguro formarían un desfile interesante. Su dorsal derecho tenía los lunares más grandes; llamada por el placer que sería verlo embestir desde arriba moviendo sus brazos y su cadera contra la mía, adueñándose de mi cuerpo, pasé mis dedos por cada uno de ellos… delineé cada pequeña mancha marrón que adornaba su piel blanca hasta llegar al triángulo lumbar, donde una curva prominente y perfecta se asomaba tras los calzoncillos diciéndome y mostrándome los inicios de su bien formado trasero… la mano me picaba por arañarlo, por apretar ese pedazo de músculo, de hastiarme con sus embestidas, de maravillarme con su fuerza y hombría y sobre todo, de verlo en plena acción donde el movimiento de sus músculos era una de las utopías más perfectas de la tierra.
— Hey —dijo con voz aterciopelada.
— Buenos días…
— Buenos días… —se me acercó—. Me hiciste cosquillas, Isabella, ¿qué tocabas?
— Solo te observaba… pareces un ángel durmiendo.
Me sonrió de la única forma que él solía hacer y me giró sobre la cama terminando encima mío. Posó sus labios sobre mi piel, recorrió tiernamente cada espacio de mi cuerpo desnudo haciéndome sentir poco a poco, la fuerza salvaje de su pasión.
— Me gustan tus lunares. Por más que quise contarlos, me fue imposible —le dije pasando mis manos por su espalda, su cabello castaño cobrizo se veía hermoso totalmente enmarañado.
— ¿Sabes lo que dicen acerca de contar los lunares?
— No.
— Pues… —empezó a besarme el cuello— si cuentas los lunares o tratas de contarlos…— posó sus labios en otras partes sensibles de mi cuerpo logrando excitarme— los lunares se reproducen más y más… y nunca… —llevó su boca a mis pezones erectos y los acarició con su cálida lengua— terminarán por desaparecer… nunca… —presentí una sonrisa austera y luego una corriente eléctrica me asaltó por completo al sentir como sus dientes tiraban, succionaban, se adueñaban de mis pezones mientras que él gruñía y se desesperaba al sentir mi humedad y el calor de mis entrañas golpear su piel, invitándolo al desenfreno y a la lujuria.
Cada sonido estremecía mi piel, embrujaba mis fantasías sublimes… no podía decirle con palabras lo que estaba sintiendo por él, me era difícil utilizar palabras cariñosas con él, me costaba decir frases tan románticas como las suyas, pero con mi cuerpo, con mis labios recorriendo su pecho, lo seducía, lo conquistaba sin ningún tabú. Nos entregábamos, nos olvidábamos de la existencia del tiempo, nos olvidábamos del mundo, solo nosotros dos existíamos en esta cama, en este lugar…
Y fue en ese instante, en el que con una simple mirada que lo significaba todo, me penetró, haciendo que mi rostro se contrajera de placer y sintiera estallar una tormenta enfurecida en mi cuerpo. Lentamente fue meciendo sus caderas bajo un ritmo lento y sensual, sacando y metiendo con suavidad para luego volver a arremeter con fuerza hasta el fondo haciéndome gemir y lloriquear de un placer y una sensación que jamás pensé sentir con un hombre…
Mi hombre… mi sexy capataz… mi chico misterioso pero romántico, aquel que deseaba ser amado y comprendido… aquel que desbordaba erotismo…
Era mío, y solo mío…
Los últimos sonidos, placenteros y excitantes, penetraron mis pensamientos a la locura de desearlo, querer tenerlo con más ímpetu, con más fuerza, hasta estremecerme el alma y haciendo que nuestra unión se tornase en una tormenta silenciosa… con eróticas y tiernas miradas naciendo de nuestros ojos.
"Como aguja en un pajar, te busqué sin cesar,
como huella en el mar, tan difícil de hallar
Tanto tiempo busqué, pero al fin te encontré...
y no quiero nada más que vivir en tus brazos…"
Y así pasamos todo el domingo… sin contar el tiempo, el espacio ni el lugar.
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Lunes. Día trágico. Primer día de la semana. Día de usar la guillotina. Día de regreso al mundo real. Odiaba los lunes porque ni el café ni el Redbull podían ir en contra de mi naturaleza de odiar las primeras horas de la mañana. Jessica siempre me esperaba con un cappuccino doble de caramel en mi escritorio, al lado colocaba mi Mug (*) con café cargado que había comprado con Alice hacía unos meses. Era mi rutina de siempre, algo aburrida, sin duda, pero desde que tengo a Edward en mi vida, todo había cambiado… y es que, ¿no les parece que todo podría funcionar mejor cuando sienten un abrazo sincero, un beso o unas palabras que les lleguen al alma?
A mí sí… y era, hasta ahorita, lo mejor que podía existir.
Isabella Swan, chica anti-citas, alérgica al compromiso y señorita libertinaje puro lista para embarcarse en la más terrorífica pero placentera aventura… ¡era realmente épico!
— Arquitecta Swan. ¿Recuerda el congreso de estudiantes que se desarrollará esta semana en Los Angeles? —parpadeé varias veces cuando el arquitecto Chang me llamó por mi apellido. Estábamos en plena reunión del mediodía y yo no dejaba de soñar despierta… como una enamor… ¡Shhh!
— Sí doctor, dígame, ¿sucede algo?
— Ha habido un cambio de planes, la arquitecta Sutherland no podrá asistir, mucho menos representar a nuestra empresa por motivos personales. Así que hemos hecho un cambio de planes, irá usted a dictar el seminario y ofrecer nuestros servicios. Sabe que nuestra idea de expansión está en pie y conquistar un mercado amplio y generoso como lo es California, sería un gran éxito para nosotros —abrí mis ojos desmesuradamente. Por el rabillo del ojo vi a James acomodarse en su asiento con burla, como si disfrutara de todo esto, y Victoria, la implicada en todo este asunto sólo sonreía con cara inocente. Malditos—. Desde luego tendremos que discutir ciertos asuntos, pero espero no haya problema.
— No lo entiendo doctor Chang —respondí—. No puedo abandonar una obra de construcción de un día para otro, tengo un horario y esquema que cumplir.
— No tenemos a otra persona capaz de desempeñar tal papel. Soy consciente que abandonará el proyecto, pero solo serán tres días. Después, podrá reintegrarse de manera habitual.
Viejo estúpido. ¡Claro! Cuando le conviene, me da permiso para viajar, pero cuando se trata de mis vacaciones o unos cuantos días libres es un "no" rotundo.
Su rostro se tornó ávido y serio, casi amenazante. Alzó su ceja derecha y tuve que aguantar la respiración y morderme la lengua para no sacarle en cara sus injusticias.
— Está bien doctor.
— Aquí tiene el expediente completo que Victoria había desarrollado. Puede darle una mirada —me alcanzó el folder y en cuanto ojeé las primeras hojas solo leí líneas que ya conocía de memoria. El trabajo que Victoria Sutherland pretendía presentar en el seminario de Los Angeles era el mío, ¡exactamente el mismo que presenté hace unas semanas! ¿Cómo se podía atrever a copiar mi trabajo y presentarlo como suyo? ¿Cómo tuvo acceso a mis documentos? ¿Acaso los dueños de la empresa estaban ciegos o eran tontos? ¿Qué le pasaba a todo el mundo?
— Y a su regreso se firmará el contrato de compra–venta del terreno ubicado al noroeste del lago Michigan. No lo olvide.
— Descuide, no lo haré.
Con un fuerte dolor de cabeza me fui a mi oficina no sin antes regocijarme con los moretones que tenía James en la cara, uno alrededor del ojo y el otro al lado de su boca, hasta podría jurar que su nariz estaba desviada hacia la izquierda… él no me dirigió la palabra, ni siquiera trató de mirarme para pedirme disculpas o alguna otra explicación y para mí fue lo de menos pues ya no lo quería en mi vida.
— Arquitec... Bella, no… te preocupes —me dijo Jessica pasadas las tres de la tarde al verme sumergida en miles de papeles como si fuese un avestruz. Conforme había pasado el tiempo, nuestro trato había mejorado y ya no era necesario recordarle que éramos de la misma edad y odiaba los 'usted'—. Lo harás bien y si te enamoras de las playas de Los Angeles, puedes reportarte enferma dos días más. Nadie tendrá que reclamártelo porque estás salvando de un fiasco a la empresa.
— Eso quisiera Jess, pero las cosas aquí se me están complicando.
— ¡Oh vamos Bella! Olvídate de los problemas y llévate a tu novio contigo, tómalo como unas pequeñas vacaciones, claro, haciendo caso omiso a lo aburrido que podría resultar estar sentada más de ocho horas en un auditorio lleno de estudiantes.
— ¡No me lo hagas más difícil!
— Sólo te lo recordaba —rio Jessica muy dulce y genuina. No tendría por qué negar su encanto, y junto a Mike, un ex contratista y víctima del "recorte del personal" de la empresa, hacían la pareja perfecta a pesar de los problemas económicos que atravesaban. Veían el lado positivo de la vida y eso me ayudaba mucho a competir con ánimo la gran batalla a la felicidad.
— Lo sé Jess y te lo agradezco. Solo estoy un poco nerviosa.
Tenía menos de doce horas para dejar mi oficina impecable. Si debía de ausentarme por más de tres días, no podía ser descuidada y dejar siquiera algún papel importante regado por ahí, sobre todo los de la empresa. En este lugar era muy difícil encontrar a gente leal, podrían simular ser tus amigos para aprovecharse de ti, pero nunca estarían a tu lado si te sucediese algo malo. Y yo, no confiaba en ellos, salvo Alice y Jessica.
— Oh vamos Bella. ¿Te acuerdas de los días que faltaste para ver a tu padre en Forks? —asentí— ¡No pasó nada! Y eso fue sin permiso del jefe, ahora lo tienes... Así que, yo de ti, estaría escogiendo un lindo bikini...
— ¡Jess! ¡Voy a trabajar!
— El trabajo no dura veinticuatro horas, Bella.
— Buen punto —sonreí—. Eres una buena amiga, Jess, muchas gracias.
Siguiendo su consejo y sabiendo que dejaba mi oficina en buenas manos, respiré más tranquila...
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"Espérame en la caseta, llego en veinte minutos. Bella. Mal día."—Texteé lo que más parecía un telegrama.
Mi humor había empeorado desde que el doctor Chang se acercó a mi oficina después que Jessica salió, para recordarme ciertas obligaciones que tenía que cumplir y claro, no tuvo mejor idea que hacer hincapié en las posibles consecuencias de mis errores para con la empresa… sobre todo, las terribles repercusiones que tendría en mi trabajo… ¡Maldito viejo! Amenazas… amenazas y amenazas… ¿cuándo acabarían? No tenía idea, pero lo que me mataba y me cegaba de dolor era el fuerte dolor de cabeza que tenía y por más que había tomado dos pastillas de Ibuprofeno, el efecto analgésico no llegaba.
— ¿A dónde nos vamos? —me preguntó Edward mientras me cobijaba con sus brazos y me sobaba la cabeza. Lo primero que hice al verlo fue correr hacia él y poco me importó que no tuviera camiseta o que estuviera sudado, él se había convertido en mi verdadera salvación.
— Sólo iré yo Edward. El pasaje ya está pagado y la estancia en el hotel también.
— Voy contigo. No quiero dejarte sola —apuntó— ¿sabes la cantidad de accidentes que ocurren a diario en Los Angeles? Sin contar los temblores que sacuden la tierra cada dos días… Ni hablar Bella.
— Edward…
— No —sostuvo.
— Sólo serán tres días y viviré prácticamente en el campus. No tendremos tiempo para salir ni nada porque las exposiciones serán de ocho a seis de la tarde.
— Me da lo mismo. Compro el pasaje hoy mismo y a penas lleguemos al hotel, pido una Suite. No hay por qué discutirlo.
Awww… mi hombre, con casco y sin camiseta, con aroma y aliento varonil, mostrando sus rasgos celópatas, primitivos, era un sueño.
— Pero… ¿y tu proyecto con los Federline? —insinué.
— Empieza la próxima semana en Seattle. Y Riley se ocupará de él las primeras tres semanas. Prácticamente estoy libre y listo para acompañarte a donde quieras. Así que Isabella, no discutas, nos vamos a Los Angeles esta misma noche —aseguró.
Y así fue. Ni bien hablamos con Paul y los chicos informándoles la suspensión de la obra, fuimos directo a "Delta Airlines", la línea aérea, para conseguir su pasaje cuya tarifa de último minuto excedía el cincuenta por ciento… Pero, es más, Edward insistía tanto en comprar otros pasajes para ir más cómodos y sobre todo juntos durante el vuelo, que no me negué más y lo consentí… ¡No le podía negar nada! Yo ya no le podía negar nada… Eso sí, aporté la mitad del monto porque no quería que él se perjudicara conmigo.
A las siete de la noche Edward pasó a recogerme con un pequeño maletín de mano y me monté en el taxi rumbo al aeropuerto. Nuestro vuelo salió a las diez y media de la noche y lo pasamos de maravilla, bueno al menos las primeras dos horas, porque después del ajetreado día caí rendida, muerta de sueño. Llegamos a LAX y luego al hotel con el tiempo exacto para tomar una ducha, cambiarnos y salir hacia la universidad. Edward decidió vestirse elegante pero informal, con un pantalón de seda negro y una camisa azul noche mientras que yo me coloqué un conjunto de seda. Al ingresar presentamos nuestra credencial de arquitectos, la mía era celeste por la empresa y no pagué nada, en cambio Edward, tuvo que pagar casi el doble de lo normal porque no era invitado ni estudiante si no particular.
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Fueron horas y horas continuas de conferencias, charlas y formalismos… Todo era el infierno personificado. Amaba mi carrera, me gustaba asistir a seminarios y los temas expuestos eran interesantes, pero esta vez, me moría de sueño... No era tan tedioso del todo, pero si hicieran un vuelo de ocho horas con una escala de cincuenta y cinco minutos en Atlanta estarían como yo o incluso peor, por suerte el programa incluía un reconocimiento del nuevo campus universitario y un recorrido por algunos de los principales proyectos que los alumnos estaban realizando en una área especial para la construcción, así que, cuando el host nos invito a un tour, nos pusimos de pie, nos colocamos nuestros cascos blancos y…
Sucedió un déjà—vu…
Un shock.
Un despertar a mis sentidos.
Edward... Casco... Camisa... Mi perdición...
La inexorable atracción de mi cuerpo hacia él.
Nos mostraron una cúpula geodésica (*) construida por los alumnos del tercer año de Arquitectura. La semiesfera, parecida a un Iglú, estaba hecha a base de láminas de madera de cuatro por dos pulgadas unidas entre ellas por clavos largos de cinco centímetros. Había quedado excelente y era un prototipo para una posible casa de campo de aquí a unos años. Edward se alegró y se mostró curioso en todo momento con la explicación detallada que nos dieron sobre su fabricación hasta que, minutos después, fuimos trasladados a otro sector del campus donde otro grupo de estudiantes -del diplomado de "Especialización en construcción e innovación técnica"- se encontraba desarrollando un nuevo material a base de ladrillo.
—...Como es conocido, los muros hechos a base de ladrillos macizos de arcilla tardan minutos en ser demolidos y son más húmedos y costosos, quizá con el transcurso del tiempo, se construyan muros sólidos con materiales más livianos pero lo que nuestros alumnos están desarrollando es una propuesta interesante y cómoda para su bolsillo. Se trata del ladrillo súper liviano —expuso uno de los ingenieros encargados.
— Así es, este sistema constructivo combina la rapidez y limpieza de ejecución como los sistemas de construcción en seco, con la versatilidad de la construcción tradicional. Sus componentes son bloques…
— ¿Crees que pueda ser posible? —me preguntó la aterciopelada voz de Edward en mi oído haciéndome regresar a tierra.
— No lo sé. Lo que pienso es que la mezcla de concreto tiene menos cemento y más arena de lo habitual, por ello puede ser más fácil la demolición del muro.
— ¿No crees que el ladrillo sea en verdad súper liviano? —Negué con la cabeza—. Mmm... Podría ser —me respondió dudoso—. Lo que yo creo es que al cocer el ladrillo le están echando menos aglutinante y más materia prima.
— ¿Se puede hacer eso señor sabelotodo? —inquirí con ironía.
Rio bajito.
— Si señorita testaruda, se puede hacer —meneé mi cabeza y él me abrazó por detrás dándome un besito en la nuca y haciéndome sonreír. No podía haber más perfección que esta.
— También hemos desarrollado un modelo similar a los bloques CCA (*). Este prototipo de ladrillo se puede utilizar tanto para tabiques interiores como para muros exteriores y cumplen los requerimientos de resistencia necesarios para muros portantes a partir de quince centímetros de espesor. Son muy adecuados para viviendas, ampliaciones, refacciones… y son muy fáciles de trabajar por ser livianos —agregó el ingeniero con un orgullo comprensible. Su vanidad tenía motivo y era que estos chicos habían desarrollado un material innovador a la altura de las grandes fábricas.
— Wow… ¡eso sí me sorprende!
— ¡Socrática! —exclamó.
— ¡Shhh! Tonto —le tiré un codazo para que no hablara en voz alta.
— Hermosa.
— Ed…
— ¿Alguno de los arquitectos aquí presentes podría corroborar lo que estamos ofreciendo? ¿Algún voluntario para derrumbar este muro de ladrillo y probar así nuestro nuevo sistema no convencional de material prefabricado? —Solicitó la mujer que acompañaba al ingeniero, creo que era arquitecta también, luego prosiguió explicando—: Tenemos proyectado para inicios del próximo año, lanzar nuestro producto al mercado y distribuirlo a las grandes compañías gracias al convenio que se ha firmado con una de las ladrilleras más grandes del país, Hale & Asociados SAC…
— Y aquí es el momento cuando las teorías se vuelven realidad, mi amor.
— ¿Que quieres decir?
— No tardo, espérame aquí mi amor —me dio un suave beso en la frente y levantó la mano para ofrecerse como voluntario.
Edward y sus demostraciones prácticas. Todo le gustaba llevarlo a la práctica.
— ¡Muy bien! Gracias arquitecto…
— Cullen. Edward Cullen —al simple sonido de la voz sexy de Edward, los ojos de la mujer centellearon con un brillo que no lo catalogaría como normal.
— Arquitecto Cullen, sería mucho mejor si se quitara esa camisa. No queremos que el cemento ni la tierra la ensucien —sugirió la mujer.
Me quedé helada.
¿Por qué quería sacarle la camisa?
Claro, podría ensuciarse, pero Edward no traía ninguna camiseta debajo… justo hoy día no se colocó ningún BVD.
¡Maldita arpía!
Edward se sacó la camisa y maldita sea, ¿por qué tenía que ser tan perfecto?
Las cientos de miradas de las chicas de universidad se dirigieron a él, hacia el físico privilegiado que tenía, querían comérselo con los ojos, una de ellas empezó a dar saltitos y las otras murmuraban cosas inentendibles. La mujer, la maldita arpía, se quedó muda y sólo se contentó con sostenerle la camisa blanca mientras que su cuerpo adoptaba la pose característica de un felino al acecho.
Respiré varias veces para calmarme pero mi mente me mostraba muchas formas de acabar con todas estas.
Usa la espada láser Isabella y defiende a tu hombre como la princesa Leia.
Sí, la iba a usar, pero cuando Edward se colocó nuevamente el casco y me lanzó una mirada penetrante, mis piernas temblaron, parecían gelatina, no me creía capaz de estar un minuto más en pie. Mis labios estaban completamente secos, mi respiración se había vuelto pesada a tal punto que ya había perdido la capacidad de respirar, razonar y pensar normalmente… verlo ahí parado, con cara de niño caprichoso mostrando sus perfectos pectorales, sus brazos duros y su torso suave, estaba entibiando mis piernas lentamente.
Edward… casco… desnudez… perfección…
Edward con el torso desnudo…
Edward con el torso desnudo y el casco blanco…
Edward listo para follar con el torso desnudo y el casco blanco… ¿podría existir más perfección que esa?
Se sentó encima del vano de la ventana con sus piernas a los costados y tomó con sus manos el cincel y el martillo que habían colocado previamente allí. Volvió a mirarme con picardía como si leyera mis pensamientos y me sonrió antes de sumergirse a la más interesante tarea que mis ojos hayan podido ver jamás... Empujaba, golpeaba y ejercía presión con sus brazos para tratar de tirar el muro de ladrillo lo que originaba que cada músculo de su antebrazo y bíceps se hinchara y se contrajera a cada movimiento a la vez que distribuía la fuerza hacia su pecho desnudo y su abdomen.
Derrumbaba el muro con elegancia, con sensualidad, con hombría... Meneando la cadera para delante y para atrás haciendo que su pantalón de seda se temple en sus robustas piernas y su escultural cuerpo fuese la envidia de los hombres presentes y el centro de atención de las mujeres... Su casco, se movía al compás de su cuerpo mientras que finas gotitas de sudor empezaban a recorrer su frente y parte de su cuello, clavícula hasta caer precipitadamente por su pecho...
Toda una delicia.
De la misma manera que había derrumbado el muro de tu corazón, Isabella.
Mi capataz cavernícola y sexy se llevaba el diploma del año como miembro honorífico de la triple "E"… Exquisito, Excitante y Embriagador.
Sí señor.
— ¡Qué espalda que tiene!
—…pasó por mi lado y me enamoré de sus ojos…
¡Aish! Unos susurros a mi derecha me dijeron que no era la única que estaba embelesada por él, solo una pequeña parte analítica de mi cerebro hacía acto de presencia como fiera para atacar y dejarles en claro que ese hombre era mío, porque mis sentidos estaban en guerra, peleándose por descifrar el sentimiento que Edward hacía nacer en mí, no sólo sexual sino sentimental…
Al acabar su faena, yo seguía hiperventilando envuelta en una nube de algodón blanca que me elevaba por los aires olvidando al resto, sacándolos de mi radar que ni escuché lo que decían. Estaba tan excitada y mareada que Edward al cogerme la mano, una zona tan erógena, produjo que el calor de mis entrañas estallara… ya no podía más. Ese hombre me había mal acostumbrado, me había enseñado a desear cada fibra, cada parte, cada centímetro de su cuerpo sin importar el tiempo ni el lugar…
Era culpa suya que yo sea una completa exhibicionista…
Edward se detuvo en el baño exclusivo para profesores y entró para lavarse, yo ni corta ni perezosa, con un valor adquirido por las constantes hurras de mi diablita interna, entré al baño, totalmente provocativa y lo arrimé a la pared y lo besé como una desesperada.
Los aplausos de la diablita Isabella no demoraron en llegar mientras saltaba en un pié para luego detenerse y mirarme con orgullo. Regia. Oh sí… Malvada perversión.
— No puedo esperar, Edward. Hasta que te vea hacer lo mismo en mi obra de construcción, podría pasar cien mil cosas... Y no quiero. Te deseo ahora.
Fue en ese preciso instante que se cruzaron nuestras miradas y en la mía debió leer una señal de asentimiento mezclada con deseo porque me apoyó contra el tocador del cuarto de baño. El mármol frío atravesó la seda de mi blusa en claro contraste con el calor que ardía dentro de mi cuerpo mas no me importó.
— No tienes idea de las miles de formas que ideé para sacarte de esas conferencias y llevarte a otro lado Isabella —susurró—. Tu aroma, tu sola presencia me inquieta y me excita.
— Entonces, hazlo —mi voz era una exigencia brusca, una súplica de mi corazón de mujer—. Te deseo tanto Edward...
Edward sonrió y sus ojos brillaron maliciosamente a la vez que el deseo sexual se sentía en el ambiente. Deslizó las manos por los hombros y luego más abajo para acariciarme los senos a través de la tela lográndome quitar la blusa que llevaba puesta con una sutil rapidez y dejándola caer suavemente por mis brazos. Inclinó la cabeza y succionó a través de la seda de mi brasier. La humedad de su boca provocó que la tela se clavara en mis pezones excitados haciéndome arquear la espalda, ofreciéndole los senos con más convicción para que él los recorriera con los labios y la lengua.
Sin esperar a más, le saqué la camisa con una rapidez única y la lancé por algún lugar del cuarto. Ahora lo tenía para mi sola, expuesto a plenitud, con cada centímetro de su piel llamándome... Le coloqué las palmas de las manos en los músculos del pecho y las deslicé desde las costillas hasta la parte superior de su cadera donde comenzaba la sombra de su entrepierna, liberarle del cinturón y del cierre del pantalón me llevó apenas un segundo.
Edward gimió al sentir mis manos por su entrepierna, me miró y con el destello de furor listo para atacar, me recorrió el cuello hasta la curvatura de mis pechos con un solo dedo, tentándome, sintiendo cómo se calentaba lentamente mi piel. Aspiró mi aroma a fresias desde el cabello hasta mis hombros, llenó de besos y lamidas la piel de mi cuello, los lóbulos de mis orejas y la base de mi garganta mientras nuestras respiraciones, cada vez más agitadas, resonaban en la habitación creando una melodía erótica y sensual, una melodía que actuaba como aliciente al frenesí que recorría nuestros cuerpos... Volvió a besarme, mi lengua se enredaba con la suya en una tórrida batalla, mis brazos, aferrados a su cuello, lo instaban a acercarse más, a borrar los pocos milímetros que nos separaban mientras que sus manos me apretaban más y más, acercando mis nalgas a su entrepierna haciéndolas girar en círculos para que yo pudiera sentir la dureza de su físico y la dimensión de su excitación… me relamí los labios y casi grito al imaginar la joya que guardaba su pantalón de seda…
Me subió a la parte superior del tocador y aquel movimiento hizo que su atención se desviara hacia el espejo lateral, volví mi mirada hacia allí y un estremecimiento de deseo me atravesó el cuerpo cuando vi mi reflejo en el espejo. Allí estaba yo, apoyada semidesnuda con la falda enredada alrededor de los muslos en el borde de aquel mármol teñido de rosa con el cabello despeinado y los ojos brillando de un deseo erótico contenido, suplicando por más. La tela del sostén se mostraba oscura y húmeda allí donde él la había succionado y mis pezones se marcaban con claridad.
Edward gruñó ante tal imagen erótica y me levantó ligeramente para quitarme las braguitas alejándose de la apertura de mis piernas tan sólo lo suficiente como para deshacerse de aquel trocito de encaje antes de volver a colocarse entre mis muslos y atacar con sus dientes mis senos. Contemplé la escena a través del espejo, era riquísimo verlo morder, succionar y lamer al mismo tiempo que sus manos acariciaban mis muslos hasta desaparecer entre mis piernas y a la vez, era estimulante e hipnotizante ver cómo sus músculos resaltaban en cada gesto mientras que todo su cuerpo despedía un olor a desodorante de hombre muy excitante.
Su lengua siguió descendiendo más y más, besó mi vientre entero, dejó que la yema de sus dedos lo recorriera mientras se arrodillaba en el suelo y su boca quedaba exactamente a la altura de mi sexo, para poder degustarme a gusto. Su aliento era tibio, cálido, su respiración parecía que llegaba a mis entrañas. Sus dedos vagaban y abrían lentamente mis labios, con su dedo índice acarició mi interior, recorrió cada pliegue de piel, cada centímetro de carne mientras yo podía sentir cómo se iba mojando poco a poco con mis líquidos…
Mi respiración parecía cortarse ante cada caricia suya y mis manos no dejaban de acariciar su espalda, de arañarlo lentamente, de querer abarcar cada centímetro de su piel.
No tardó en adivinar qué era lo que quería e introdujo la punta de su lengua entre mis piernas haciéndome gritar. Con mis labios cerrados, pero muy húmedos, podía sentir cómo su áspera lengua me recorría, cómo besaba y cómo se abría camino dentro hasta llegar a mi clítoris.
Si verlo moder y succionar mis pezones a través del espejo era excitante... verlo sumergido en mi sexo sintiendo mi propio aroma, lamiendo y cerrando los ojos mientras inhalaba profundamente, enloquecido por mi... era la mejor imagen erótica que podría existir en la vida... El deseo, la lujuria despertó aún más y las ansias de sentir a mi hombre en mí, me empezó a llenar por completo.
Saboreaba, se deleitaba, se servía de mí para su placer mientras yo sentía que me desmayaba cada vez que lo sentía dentro de mí y no podía evitar que mis caderas se movieran a su ritmo, que mis manos empujaran su cabeza más y más hacia mí, como si quisiera meterlo completamente dentro.
Gemía, moría, jadeaba, estaba descontrolada, mareada y él lo disfrutaba, me estaba convirtiendo en su perdición…
— El templo de mi placer, Isabella, eso eres… —susurró mientras su lengua me lamía completamente y aceleraba el ritmo ante cada suspiro mío—. Al beber de ti, de tu esencia, comienza una especie de frenesí por todo mi cuerpo… —propinó otro lenguetazo, temblé—…que me hace sólo querer vivir y morir en ti… —mordisqueó mi clítoris y grité sintiendo los primeros estremecimientos del orgasmo.
¡Oh por Dios! Si esto no era el cielo, entonces ¿qué era?
El limbo, el infierno, el paraíso… era su boca, su vida Isabella.
Con sus palabras flotando en mi subconsciente y nuestro hermoso reflejo en el espejo, me atrajo hacía él para besarme y hacerme partícipe de mi propio sabor… Su erección amagó la ardiente y melosa humedad de mi entrada que ya comenzaba a latir de impaciencia… No podíamos espera más, el deseo nos llamaba… Colocó la cadera entre mis muslos y se introdujo en mí muy despacio, luchando contra la urgencia de hundirse en mi interior todo lo rápido y fuerte que pudiera. Observé su expresión y al ver sus ojos brillar y el color expandirse por su cuello y su pecho fue suficiente para desearlo con un apetito voraz, necesitaba sentirlo en plenitud, llenándome, embistiéndome. Apoyé mis manos al lado de sus caderas para mantener el equilibrio e instándolo a que me penetrara con más fuerza. Mis piernas se cerraron en torno a él dejando que su pelvis se soldara a la mía sin rincón alguno por donde pudiera pasar ni una brisa de aire. La unión de nuestros cuerpos era total… La textura, el roce de su piel con mi piel, de mi calor con su fuego, de sus movimientos, rápidos y certeros… eran magníficos.
— Y eres mía… sólo mía.
— Sólo tuya —murmuré y él sonrió.
Eran sus palabras… su sentido de posesión, su actitud de macho, de cavernícola… el paquete perfecto de un hombre…
Dejó vagar sus dedos por mi espalda por mi cuello para luego reemplazarlos con su boca descendiendo por mis senos, los olió, los tomó entre sus manos y después de acariciarlos, deslizó su lengua por toda su superficie hasta que se detuvo largamente en cada uno de mis pezones, los mordió suavemente, los estiró, los enloqueció mientras que yo sentía cómo su miembro crecía a cada embestida, casi podía sentir la sangre que fluía erráticamente por su cuerpo mientras su corazón y el mío latían con furia estimulando cada fibra de él.
Edward siseó y entonces fue incapaz de seguir controlando sus movimientos y nos dejamos llevar, todo rasgo de coherencia desapareció y sólo el ímpetu gobernó nuestros cuerpos… me penetró con dulzura pero con una fuerza tremenda mientras sus manos me tomaban de las caderas para intensificar y profundizar sus embestidas haciendo que un espiral de calor se formase en mi vientre quitándome el aire. Siguió moviéndose sin bajar el ritmo repitiendo mi nombre una y otra vez hasta que mi voz resonó guturalmente en la habitación y mis músculos internos colapsaron alrededor de su cuerpo. Clavé mis uñas en su espalda mientras él se derrumbaba sobre mí disfrutando ambos de las contracciones y palpitaciones que surgían de nuestra unión, de nuestra deliciosa unión…
Era increíble.
Exótico. Erótico. Excitante.
Era placer, desenfreno y loca lujuria.
Una nueva aventura para archivar en nuestra vida.
Nos mantuvimos así, sintiendo la respiración del uno en el oído del otro, el corazón martillar con fuerza y desesperación y el aliento y perfume de la unión de un hombre y una mujer como único afrodisiaco y testigo de una pasión y un cariño desenfrenado.
Pasaron segundos, quizás minutos...
Isabella Swan… abriendo su corazón a un extraño… ¡épico!
No, él ya no era un extraño.
Sólo díselo Isabella y cambiaré de opinión.
Iba a hablar, pero un recóndito sonido reverberó en el ambiente y nos hizo descender del cielo. Era de Jessica.
"Arq. Swan. Disculpe que la interrumpa, pero le informo que la firma del contrato de compra-venta del terreno del lago Michigan se realizará la misma tarde de su llegada, a las cinco y media en la notaria 'Amayo & Sons'. Que tenga buenas noches." —Un mensaje serio, sobrio como ella, pensé.
— ¿Todo bien, mi amor? —apartó un mechón de mi cabello.
— Sí, era Jessica recordándome cosas del trabajo… —suspiré y miré la hora del celular— pero… ¡se nos pasó la hora Edward! Tengo que exponer en un rato. ¿Qué pensaran si no llego a tiempo?
— Pues… dirán que la leyenda del monstruo que rapta hermosas y sexys jovencitas en esta universidad es cierta —rio besándome cándidamente en los labios.
— ¿Me raptaría capataz Cullen?
— Sin dudar, hasta el fin del mundo.
— No quiero que vuelvas a sacarte la camisa delante de otras mujeres —volvió a reír, pero esta vez con aquella angelical sonrisa que me apretaba el corazón— ¿de que te ríes?
— Es que te ves tan linda…
— ¡Ah no señor Cullen! —Objeté separándome de sus brazos—. O ¿le hubiera gustado que en su lugar, hubiese sido yo la que se sacara la blusa delante de todos para no ensuciarla?
Escuché un gruñido.
— No, diablos, ¡no! ¡Ni lo pienses Isabella! —refutó utilizando su auténtica tonalidad de posesión. Sin duda, se veía hermoso así…
— ¿Ves lo que te digo? —lo miré ceñuda y el bufó.
— Sí —dijo finalmente resignado—. Pequeña celosa… —quise volver a hablar pero él me calló sutilmente con un beso—… Eso demuestra que te importo.
— Pensé que ya lo sabías.
— Si, pero nunca el tiempo será suficiente para escucharte decirlo, Isabella... —sonreí. Mi corazón dio brinquitos de alegría y se preparaba para realizar un triple salto mortal del cual saldría orgulloso, sin duda...
Con la rapidez única que nos caracterizaba, nos vestimos entre juegos y besos para luego salir discretamente de los baños. Me arreglé lo mejor que pude y repasé mi discurso con una maestría que no me creía capaz. Edward me miró en todo momento mientras exponía frente a cientos de estudiantes y profesionales y nunca en mi vida me pude sentir más dichosa y segura como me sentí en aquel instante.
Sí, él entró en mi vida de forma intempestiva y le dio un giro de ciento ochenta grados.
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Esa misma noche, como las otras noches venideras, Edward que conocía muy bien Los Angeles, me invitó a dar una vuelta. Salimos a pasear observando el resplandor de las estrellas que adornaban la noche, despejada y llena de misterios. Recorrimos y caminamos de la mano el boulevard Wilshire, uno de los lugares más románticos que pudiesen existir y yo me encontraba maravillada, era la primera vez que venía aquí. Cambiar el cemento y el asfalto por la arena y el mar en tan solo unas horas no tenía precio. Siempre había sido una chica de pueblo, de Forks que no conocía más que la reserva de La Push, y por más que quise desprenderme del lazo paternal, no pude por la enfermedad que atacó a mi mamá Renée.
Pero, parecía que todo estaba cambiando ahora.
El cielo aquí era claro, nada comparado con la neblina nocturna de Chicago ni de Forks, la única diferencia era que en estos instantes, en mi pueblo, podríamos estar abrazados bajo la mirada preciosa de la luna en mi prado, mi lugar más preciado del mundo por encontrarse cerca a la casa de mis padres... Podríamos besarnos... reírnos, jugar...
— Un dólar por tus pensamientos, Bella —bajé mi mirada y recordé nuestra primera cita cuando me preguntó lo mismo.
— No creo que valgan tanto —me miró sorprendido y me abrazó inclinándome hacia él—. Además tú tienes la habilidad de leerme la mente.
— Bueno, mi habilidad para apreciar las cosas está siendo eclipsada por los ruidos en mi estómago —señaló él con un guiño—. ¿No tienes hambre?
— Ahora que lo dices —repliqué— creo que sería buena idea comer algo.
— Entonces te invito. Conozco un "bistró" cerca de aquí donde sirven muy buena comida —sugirió
— ¿Te arriesgarás a invitarme? —Bromeé—. Sabes que mi apetito y yo podríamos dejarte en la calle.
— Tomaré el riesgo —dijo él sonriendo y poniéndose de pie al mismo tiempo que me ofrecía su brazo al estilo de un caballero inglés y yo toda una dama.
Reímos y me llevó de la mano hacia el "Coco Palm", un restaurante magnífico y encantador con una hermosa vista de toda la ciudad.
Aquella noche, de pie en aquella terraza blanca del Resto-Bar, mientras contemplaba el cielo negro cuajado de estrellas, sentí de pronto que estaba a punto de empezar algo nuevo. Fue un golpeteo del corazón, un salto triple que me indicaba que podría estar a punto de perder o hallar algo importante…
Compartíamos sexo fantástico, rico y explosivo con un dosis exacta de ternura y preocupación (el uno con el otro), con una sola mirada bastaba para saber qué queríamos, qué necesitábamos el uno del otro, pero también, con la misma mirada extasiada, compartíamos el hecho de ser dos almas tan similares como opuestas que se habían encontrado en el mundo...y eso era lo interesante y excitante de nuestra relación. No sabíamos qué podía pasar la otra semana, o el otro mes o mañana, solo sabíamos que si dos corazones se habían encontrado por medio del destino, el azar era para algo y estaba dispuesta a averiguarlo con él... En cualquier parte, en el fin del mundo o debajo de un puente, pero siempre con él...
¿Podríamos ser Edward y Bella por siempre?
Sí, y contaríamos una gran historia, porque de las malas, buenas e inciertas decisiones, nacían las mejores historias de la vida...
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"Esta noche hay un charquito de estrellas y una mágica y radiante luna llena
…porque de tu mirada nació mi ilusión"
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Continuará...
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*NOTAS*
*Chicas, muchas gracias por leer, por esperarme, por aguantarme (u.u). Como ya les dije, ya estoy de regreso a mi ritmo habitual ^^
*Entren a mi perfil para que vean el Video/trailer del Fic (que me hizo Kalita *-*) Espero les guste, a mi me encantó! También en mi perfil, se encuentra un link de Facebook en donde encontrarán pics, gifs, avances, y otras cositas relacionadas al fic. =)
*Besos a mi beta, larosaderosas ! ;)
* Y un saludito especial a las chicas fundadoras del Team: Jeni, Kali, Gabi, Lis y Diana ! y también para el resto de las girls del FB! ^^
*¡Ah! ya grabé la entrevista para SpilledCoffe On a Fic... y les digo ¡que pena con mi voz! u.u #TragameTierra (quizá salga al aire este domingo, pero no estoy segura... )
Bueno las dejo, espero los tomates, lechugas, genkindamas, espadas lasers, y todo lo que deseen... u.u así como sus sugerencias y opiniones para lo que se viene =)!
Mil besos, LQM. - Lu.
¡y les deseo una MUY FELIZ NAVIDAD *-*! que la pasen genial y súper lindo con toda su familia y amigos. =D!
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P.D. en el perfil también estan las fotos y significados de algunos términos de arquitectura utilizados en el capítulo n_n
