Capítulo XIII
Segunda Parte
El tiempo no ha dejado de pasar. Y el pan tampoco ha dejado de venir cada mañana.
Ya el otoño empieza a convertirse en invierno nuevamente.
En todo este tiempo nada ha cambiado, o ha cambiado muy poco. Seguramente esto último.
He ido a visitar a mi madre en una ocasión, fue incomodo y doloroso; creo que acentúo la falta de Prim. Sin embargo, me ha servido; pude ver que ella también sufre, y aunque no lo comparta, comprendo porque me ha dejado. Sí, esa es otra de las cosas que he descubierto, me siento y me sentí abandonada por mi madre; quizás por eso que nuestra relación sea como es, o quizás no.
Gale me ha escrito, dijo que no pudo llamarme, que así era más fácil. Ha abandonado su puesto en el distrito 4, y se ha marchado a tareas pasivas, dice que prefiere ayudar a quienes se encuentren en inferioridad de condiciones, así que ahora administra uno de los centros de re inserción de habitantes jóvenes del Capitolio, donde se los capacita para realizar oficios o se les instruye en la situación de los distritos (es sorprendente como no tienen capacidades prácticas para casi nada, resulta que todos saben de moda, películas, maquillaje, unos pocos de negocios y administración, y nada más). Es irónico, pero creo que es el mejor lugar en que puede estar y donde va a ayudar a más gente.
Haymitch ya no se pasa nada de tiempo en su casa, ahora se la pasa "de visita" en casa de Effie, "ayudándola a superar el fantasma de la guerra"... Claro, porque toda su vida él, que se ha caracterizado por ser un alma caritativa y desinteresada, a puesto a los demás por sobre si mismo. Pfff. Yo creo que lo que pasa es que no se atreve a decir que está pillado, ¡y es que casi ya ni toma! y las veces que los he visto juntos, no despega los ojos de ella, de quién de su multicolor energía queda solo una opaca tranquilidad. De todas formas me alegro por ellos.
Sae viene todas las tardes de los jueves a tomar el té. En realidad, es una forma de decir, porque a ninguna nos gusta el té, pero siempre comemos algo, o un chocolate calentito o una de las delicias de Peeta...
Peeta. Vaya punto.
Su panadería ya se ha innagurado, es bastante sencilla y funcional, pero creo que pronto tendrá que extenderla, dado que prácticamente está surtiendo a todo el pueblo, y es el único lugar que ofrece un surtido de otros artículos de panadería, como postres. Tiene solo dos empleados, además de él, y entre los tres se reparten el trabajo, desde limpiar, hornear, y atender a los clientes.
Zoe trabaja para él. Y un hombre llamado Rufus.
Cuando fui a la inauguración, a la que fui cordialmente invitada por medio de una nota en mi canasta de pan diaria, tuve la oportunidad de hablar con Zoe. Es asquerosamente encantadora. Sencilla, simpática, amable, habilidosa, elegante y transmite tranquilidad al hablar. Además de que es muy bella. No me sorprende que siga saliendo de la casa de Peeta todas las mañanas, acompañada por él. Bueno, no todas las mañanas, hubo una en la que no salieron, supongo que debido a que él tuvo una crisis. De cualquier manera, las dos ocasiones en que hablamos (me la cruce en el mercado una vez) ella no dio signos de saber o de importarle el hecho de que yo haya tenido una relación con Peeta, aunque no sea la de los últimos tiempos debería saber la historia de "los amantes trágicos".
Tampoco es que su relación sea oficial, porque hasta donde sé no se lo han dicho a nadie, y nadie los ha visto juntos en una actitud comprometedora, pero sí que todos opinan que son "demasiado" buenos amigos, que están constantemente juntos y que hacen un "equipo perfecto". Sin embargo, el dolor de saber que Peeta ya no está conmigo sigue presente, en cada momento. El hecho de que esté o no con alguien más no me lo devuelve, porque ya no lo tengo. Y me siento incompleta.
Ya las lagrimas son menos; ninguna,una o dos los mejores días. Ya los días de quedarme en la cama son más esporádicos, y más sencillos de superar. Incluso el dolor es diferente. Ya no es aquel dolor desgarrador, desesperante; más bien uno más tranquilo, apagado y latente, pero permanente, el compañero eterno de cada momento.
Se podría decir que encontré la paz de la desesperación.
Ya no espero nada.
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En más de una ocasión he fantaseado con ir hacia la casa de Peeta y suplicarle que me perdone por todo el dolor que le causé, pedirle que por favor me dé una oportunidad, que ahora yo seré quien luche por los dos y decirle que lo amo.
Y en más de una ocasión he tenido oportunidad de hacerlo, cada vez que lo cruzo por la calle y me pregunta como estoy, pero en vez de decírselo digo "Bien, ¿y tú?" con la esperanza de que sea él el que diga que vacío sin mi, que me extraña y que me quiere en su vida nuevamente, pero no lo hace, contesta simplemente que bien, y hace un par de comentarios más, por educación, para luego seguir con su camino. Esas charlas jamás duran más de cinco minutos, y nunca es más de una en un mes.
Y me pregunto a diario, ¿Qué perdería si le digo lo que pienso y lo que quiero? Nada. Porque si su respuesta fuera contraria a mis sentimientos seguiríamos como estamos, y si fuera favorable lo ganaría todo.
Creo que en realidad temo que diga que ya no me quiere. O que no desea estar conmigo de ninguna manera. O quizás temo que me diga que sí, y echarlo a perder de nuevo. Diario me pregunto lo mismo, y sigo sin resolverlo, al igual que tampoco puedo resolver aquella pregunta que quedó gravada en mi cabeza: ¿valió la pena?
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Es jueves, y como todas las tardes Sae no tarda en aparecer.
- Niña, apresúrate, cada vez hace más frío. - dice mientras espera a que le abra la puerta.
Una vez dentro nos sentamos en la mesa de la cocina, que es la habitación más cálida de la casa, y ella saca unos pequeños bollos de queso. Mientras los comemos en un cómodo silencio, me mira y dice:
- Los he comprado de la panadería de Peeta, ¿verdad que están buenos?
- Sí, hace cosas más deliciosas constantemente - sonrío sin querer prestarle mucha atención al detalle, no es un tema que me guste hablar con los demás.
- Pero no es una receta de él, ¿sabes? - dice mirándome de soslayo- Es de esa chica, Zoe.
- Sí, sé que tiene buenas ideas - digo vagamente recordando un episodio en la casa de Peeta a raíz de otra idea culinaria de ella.
Sae permanece callada y el silencio se hace cada vez más incómodo, estoy por levantarme, para preparar un poco de chocolate, cuando ella dice:
- ¿Sabes también que van a abrir una panadería en el distrito de ella? - siento un leve dolor al escuchar el "van", pero una vez que mi cerebro registra el resto de la oración, siento una leve esperanza al pensar la posibilidad de que ella se vaya, y que quizás las cosas mejoren.
- ¿Y cómo hará Peeta sin ella aquí? ¿Contratará a más gente? - pregunto intentando ocultar la emoción en mi voz.
- Sí, imagino que contratará a dos o tres empleados más, ya que él se va con ella - responde Sae sin misericordia, sin ser consciente del dolor sordo que atraviesa mi pecho, y que empieza a sumirme en el más terrible de los vacíos - Creo que quiere empezar de nuevo, en un lugar donde el pasado no lo persiga, es lo que han hecho casi todos, ¿no?
No respondo, no puedo. No siento mi cuerpo, no siento nada. Es como si no fuera real, si lo estuviera viendo desde afuera. El tiempo se detiene, el espacio se vuelve absurdo. Lo veo todo sin ver nada, noto a Sae moverse, pero no importa. Nada importa, Peeta se va. Me deja completamente.
Ya no recibiré pan por las mañanas, al menos no de él. Ya no sentiré el olor a pan recién horneado, ya no lo veré salir de su casa, ya no lo cruzaré en las calles, ni lleno de harina a través de la ventana de la panadería, no veré sus ojos azules fijos en mí, ni como aprieta las manos cuando está nervioso, no escucharé su risa ni veré su sonrisa, esa que le dedica a todos; esa que hace mucho no tiene la mitad del brillo que tenía antes, esa que es solo una sombra de lo que fue...
- Katniss, Katniss, ¿me escuchas? - la voz de Sae llega a mi lejana, y noto mi cara mojada, es entonces que noto que estoy llorando, y que no puedo respirar del dolor en mi pecho - ¡Katniss por favor! ¡Responde!
Antes de saber lo que hago noto mi cuerpo moverse, y dirigirme a la puerta con un sollozo ahogado.
Veo las calles a medida que las atravieso corriendo, veo como me ve la gente, es que estoy solo con una camiseta, pero no siento el frío, ni cansancio, ni siquiera me siento respirar. Solo sé que debo llegar a Peeta.
Ya veo la panadería a la distancia. A unas pocas cuadras, a unos pocos metros. Empiezo a sentir el olor a pan, y sin darme cuenta ya estoy dentro. Pero no es suficiente, no veo a Peeta.
Atravieso a la poca gente que hay a estas horas y cruzo el mostrador, dirigiéndome a la puerta que da a la cocina.
Lo encuentro con las manos en la masa, literalmente.
- ¿Katniss? ¿Qué... - sin dejarlo terminar me lanzo a sus pies y empiezo a llorar como un niño pequeño, con mi cara enterrada en sus rodillas, abrazándome a sus piernas con toda la fuerza que poseo.
Siento como se queda tieso un momento, para luego tomar mis hombros e intentar apartarme, lo que solo hace que mi desesperación sea mayor, que me prenda más fuerte y mi llanto aumente.
- ¿Qué es lo que pasa? Dime, ¿te han hecho daño? ¡Katniss por favor contéstame! - oigo su voz cada vez más desesperada, y sus manos que aprietan mis hombros más fuerte. Yo solo puedo seguir llorando, ¿qué más puedo hacer?
- Katniss, ¡por favor! No me hagas esto, dime que pasa. Por favor, por favor - siento que su voz empieza a fallar, y que sus manos tiemblan.
Levantando un poco la mirada, veo sus ojos hermosos abnegados en lágrimas, y una completa expresión de dolor, derrota y desesperación. Seguramente un fiel reflejo de mi cara. Sus ojos encuentran con los míos y veo que la preocupación aumenta, y aprovechando el momento se desprende de mis brazos, y un desgarrador "No" se desprende de mi garganta.
Es lo más horrible que he oído en mi vida, y no puedo creer que sea yo quién haya proferido ese sonido, su cara se descompone y cae de rodillas al piso con sus manos en mi cara, yo solo sigo susurrando "no, no, no..." en progresiva desesperación.
- Katniss - su susurro apenas llega a mis oídos, pero aprovecho que ahora está en shock y me refugio en su pecho, escondo mi cara en el hueco de su cuello y lo rodeo con mis brazos, como hace segundos hice con sus piernas. Lo siento respirar profundamente, siento como una de sus manos va suavemente a mi espalda y la otra a mi cabeza, mientras lo oigo suspirar y murmurar suavemente - Está bien, está bien.
La paz me inunda, aunque sepa que no es eterno, el momento me transporta a otros tiempos, durmiendo con él, en paz y sin pesadillas.
El tiempo pasa, aunque no sé cuanto, en algún momento alguien ha entrado y él ha dicho algo, luego ya no se oyeron más ruidos desde fuera, y el tiempo siguió pasando, abrazada a él, sintiéndolo respirar, arrullada por sus murmullos que intentan tranquilizarme, adormecida por el olor de su cuerpo, que me hace sentir en casa, que hace que piense que todo estará bien.
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No sé hace cuanto que estamos así, hasta que lo siento removerse. Recobrando un poco de compostura, aflojo mis brazos y muevo la cabeza, de manera de quedar apoyada en su pecho, mirando hacia un costado. Peeta se adapta a la nueva postura y acaricia mi cabello. Luego de unos minutos lo escucho aclarase la garganta, y decir:
- Katniss, ¿qué ha pasado? - lo dice inseguro, como si temiese desatar nuevamente mi llanto.
Yo respiro profundamente, y levanto la vista, veo su rostro angustiado, con rastros de lagrimas secas en sus mejillas y una ansiedad latente.
- Yo... - empiezo, insegura de que decir - Lo siento - bajo la mirada y digo eso que me quema la garganta.
- Está bien, Kat, solo dime que pasa, no te preocupes - dice expectante, entiendo que cree que me disculpo por el episodio de recién, y la necesidad de explicarme empieza a desbordarme.
- Lo siento, Peeta, lo siento realmente. Siento todo lo que he hecho, y especialmente lo que he hecho contigo. Siento haberte usado en los primeros juegos, y durante el Quarter Quell, siento haber dudado de tí, siento haberme aprovechado de tus sentimientos, siento que hayas arriesgado tu vida por la mía, siento lo que te hicieron, siento que me hayas odiado y haberte obligado a quererte nuevamente, siento como te traté cuando te rescataron, siento haberte odiado por impedir que me suicide, siento todo - digo rápidamente, intentando ser clara y sin atreverme a mirarlo a los ojos - Siento haberte usado para alejar pesadillas, para aliviar el dolor. Siento no haber podido corresponderte de la manera en que te merecías, y siento haberte hecho tanto daño...
- Katniss, por favor, no te preocupes, no puedo culparte por no amarme, ya ha pasado, yo no...
- ¡No! No entiendes Peeta, tu tienes razón en todo lo que has dicho, tienes incluso razón en irte y alejarte de mí; pero necesito decirte esto. Necesito que sepas que más que nada siento no haber aprovechado cada segundo desde el momento en que saliste de la habitación en el tren para pedirte perdón, y otra oportunidad, o decirte como me siento. Siento tanto no haberlo dicho cada vez que nos cruzamos por la calle, o no haber ido a buscarte para decirlo, siento no haberte encontrado la noche de la Gala de los últimos Juegos, siento ser tan cobarde, siento tener tanto miedo. Miedo de todo, de lo que siento, de mí misma, de perderte. De todo, menos de tí.
- Katniss, yo...
- No por favor, espera. Ya sé que te vas, ya sé que estás con Zoe. Y realmente lo comprendo, realmente entiendo que la quieras, porque ella es simplemente perfecta, es la mujer con la que siempre debiste estar, tan perfecta o casi tanto como tú. Y no puedo pedirte que me elijas, yo estoy rota. No queda nada que pueda ofrecerte. No queda nada que merezca la pena en mí. Y aún así Peeta, debo pedirte que por favor no me dejes, y que al menos pueda verte cada día, aunque sea a través de una ventana, o a lo lejos en la calle; eres todo lo que tengo y saberte cerca me hace bien. Me hace bien recibir mi canasta de pan todas las mañanas, y saber que tu lo hiciste, saber que a pesar de todo, sigues preocupándote por mí. Sigues ahí para mí, aunque sea a través de una hogaza de pan, yo te necesito.
Un tenso silencio sigue a mis palabras y aún soy incapaz de verlo a la cara, pero deseo con toda el alma que diga algo.
- Yo no sabía que el pan significara tanto para ti, Katniss - dice con un extraño tono de voz.
- No es el pan Peeta, eres tú, es el chico, el hombre, detrás de la canasta de pan. Es lo que me motiva a levantarme cada mañana, y me da esperanza por la noche - digo, sorprendiéndome de que aún me queden lágrimas para derramar.
El solo sigue acariciando mi cabello, yo me armo de valor y levanto la mirada. Peeta tiene sus hojos clavados en la pared de en frente y una dulce sonrisa en los labios, una expresión de paz adorna su rostro. Y esto solo me desconcierta.
- ¿No piensas decir nada, Peeta Mellark?
- ¿Y que quieres que diga, Katniss Everdeen? - dice, fijando sus ojos en mí - Solo voy a aclararte dos cosas: uno, que no sé de donde sacas tu información, pero yo no voy a ningún lado; y dos, que tampoco estoy con Zoe, ella...
- ¿Crees que soy idiota? ¿O esta es tu manera de pagarme todo lo que te hice? ¡La veo todas las mañanas salir de tu casa! Y sé que vas a irte con ella, a abrir una panadería en su distrito, no necesitas mentirme. - al final mi voz suena apagada y me alejo de su pecho, sentándome frente a él.
- Katniss, no es que quiera hacerte sentir tonta pero, somos panaderos. - dice en el tono con el que hablaría con una niña pequeña.
Eso me desconcierta completamente.
- Hacemos pan. El pan que te llevo entre otros. Por eso ella va a mi casa cada mañana. ¿Entiendes, verdad? No estamos juntos ni nada, por eso es que vamos a abrir una panadería en su distrito, ella tiene a su familia y a su prometido allí. Y yo solo iré un mes, o algo así, hasta que todo esté organizado, para luego volver.
Lo ridículo de la situación no deja de sorprenderme. He hecho y dicho semejantes cosas, solo por un malentendido, aunque tengo mis sospechas de que Sae lo haya hecho a propósito.
Peeta sigue mirándome, con esos ojos brillantes, fijamente.
- Yo... - las palabras se traban en mi boca - Yo... Lamento la escena. Pero no lamento lo que he dicho, porque es todo verdad. Por favor, Peeta, yo quiero estar contigo, como antes, como debió ser siempre. Aunque tú ya no me ames, prometo que yo sí puedo amarte por los dos. ¿Recuerdas? Yo sí puedo, yo lo haré. Estará todo bien, y nos querré por los dos, te cuidaré y haré todo lo que quieras, te esperaré cada noche con la cena incluso. No reclamaré, ni te pediré nada, solo que estés conmigo. Al menos dame una oportunidad, por favor, permite que lo intentemos.
- Yo no quiero que ames por los dos, Katniss - sus palabras atraviesan mi pecho, y más lagrimas salen de mis ojos - Yo no necesito que me cuides, ni que hagas todo lo que quiero, no quiero la cena todas las noches. Ni quiero seguir dejando una canasta de pan en tu puerta todas las mañanas. Lo siento.
Sus ojos no abandonan los míos, pero yo ya no veo nada porque las lagrimas nublan mi visión. Sé que debo irme, pero no encuentro la fuerza para levantarme; el hecho de que ya no quiera ni entregarme el pan me quita cualquier tipo de energía que tenga.
- Yo quiero que me reclames, me pidas cosas, quiero cuidarte, y hacer lo que quieres. Quiero consentirte y estar para tí en los días malos, quiero que seas lo último que vea al dormir y lo primero al despertar. No quiero dejar el pan en tu puerta, quiero llevarlo a tu cuarto, o en su defecto dejarlo en la mesa con el desayuno.
La sonrisa que Peeta tiene en su cara alumbra toda la habitación, y llena mi pecho. No puedo creer lo que está diciendo, no puedo creer que aún me quiera, o que piense en darme otra oportunidad.
- ¿Tu quieres decir que aún me quieres? - pregunto al fin.
- No, quiero decir que me pica el ojo - dice poniendo los ojos en blanco - Por supuesto que quiero decir que te quiero, te lo dije siempre, yo no puedo dejar de quererte ni querer a alguien más.
- ¿A pesar de todo? ¿Incluso lo de los últimos meses? - cuestiono incapaz de convencerme que el mundo sea un lugar tan bonito ahora.
- Sí.
- ¿Aún a pesar de el espectáculo que dí hoy?
- Sí.
- ¿Y a pesar de qué haya días en que me comporte como una niña y no quiera ni hablarte?
- Sí.
- ¿Y aunque...
- Katniss, ¡sí! Aun te amo, y siempre voy a a hacerlo. Así que deja de intentar convencerme de lo contrario.
- Está bien - digo sin ser consciente de la enorme sonrisa que alumbra mi cara, ni de la manera en que lo miro y de todo lo que transmito.
- Solo quiero saber una cosa - dice Peeta - ¿Por qué te tardaste tanto en decírmelo, Kat?
Sus ojos muestran un dolor profundo, así que me acerco a él y tomo su cara en las manos, acaricio sus pómulos marcados con los pulgares y sonrío levemente.
- Supongo que tenía miedo de que no me quieras ya, o que lo hagas pero hayas decidido que estás mejor sin mí.
- Eso no es posible, lamento lo que dije en el tren, no debí...
- No, todo lo que dijiste es cierto; y necesitaba escucharlo. Necesitaba ver las cosas desde otro punto, y comprender que a pesar de las pérdidas personales que hayamos tenido cada uno, todo esto valió la pena. Ahora somos libres, ¿no? Y contigo a mi lado, también puedo ser feliz.
Una dulce sonrisa llega a sus labios, y se acerca un poco a mí, cuando soy consciente de su intención, Peeta ya me está besando, y las cosquillas que siento en mi estómago indican que no es un sueño, que es real. Indican que todo puede salir bien está vez. Me siento en el aire, fuera de mi cuerpo.
Peeta se separa un poco y susurra sobre mis labios:
- Déjame ver si entendí... estás diciendo que me quieres, ¿real o no real?
- Real - digo, y vuelvo a besarle.
Bueno, gente, este es el final.
Espero que les haya gustado, yo no puedo dejar de pensar que no es lo que se merecen y que podría ser mucho mejor, pero prefiero acabarlo aquí antes que seguir haciéndoles esperar por las actualizaciones.
Realmente solo tengo dos cosas que decir:
- Disculpen, cada uno de los retrasos, las fechas incumplidas, y el ser incapaz de poner por escrito los mil y un escenarios que se me ocurrieron; lamento no haber podido darles una historia más completa y un poco más de mí.
- GRACIAS, infinitas gracias, creo que soy incapaz de poner por escrito que tan importante ha sido para mí saber que había alguien en algún lado que leía y que, al menos un poco, disfrutaba de lo poco que puedo darles. Gracias a aquella gente que leía en silencia. Gracias por cada review y cada PM, realmente no saben el poder de una opinión o de un comentario, fueron en más de una ocasión lo que impidió que borrase la historia.
La emoción y el miedo de publicar este capítulo, y marcar la historia como "Completa", es indescriptible. Pero me siento feliz de poder decir que es una tarea cumplida. Nuevamente, gracias por darme tanto, y perdón por darles tan poco.
Jamás dejen de contar una historia, ni callen lo que deseen decir. Les deseo lo mejor.
Un abrazo.
Fecha: 20/05/2013
Pd: si tienen alguna duda, o algún comentario, no se abstengan y hagánmelo saber, procuraré contestarlo (si no tienen cuenta en FF, déjenme una dirección de contacto por favor).
