En susurros y a escondidas

Rose ordenaba su baúl con penosa reticencia, anochecía y por la mañana, regresar a Hogwarts, se preveía como el fin de todo, acomodó su túnica de la escuela en el fondo de la pesada maleta y no dejó de maldecir para sus adentros mientras el resto de prendas la seguían, lo hacía a lo muggle, pensando que así, retrasaría más el momento.

De poder escoger, se quedaría allí, prolongando aquella fantasía eternamente, pero resultaba frustrante recordar que eso no era una opción, se acercó al armario, recogiendo las últimas prendas, dobló sobre la silla la ropa que vestiría al día siguiente y comprobó que su pijama continuase bajo la almohada, entonces, lo miró.

Seguía fuera de la maleta, extendido sobre la cama con magnificencia, aquel vestido negro que había lucido la fiesta de navidad, había acumulado miradas aceradas aquella noche, había percibido la envidia en los ojos de Astoria, y deseo brillar en los de Draco y no entendía como un simple vestido negro podía causar tal reacción exagerada, pero no pudo impedir sentirse enardecida.

Lo tomó entre sus manos, haciendo ondear graciosamente la falda, Rose sonrió, pero el recuerdo de la fiesta nada tenía que ver con su expresión, llevaba ese vestido cuando Draco la llevó a King's Cross, y se pasó la mano por el cuello, acariciando la fina joya que Draco le había regalado, y la nota que la acompañaba, y, de nuevo, el deseo de permanecer allí, fue más fuerte.

Suspiró, doblando el vestido, terminando así su equipaje, cerrando el baúl con una mueca entristecida, se decía preparada para regresar, pero sentía un nudo en la garganta y una punzada de inseguridad en el pecho, se sentó sobre su cama, acariciando el hurón que reposaba cómodamente sobre su almohada, se lo llevaría a Hogwarts y rendiría cuentas con Lily.

Tenía que hablar con ella, y esperaba con ansía la respuesta a su carta, aunque pensó que la pequeña Potter esperaría al expreso para regañar a su prima, y en cierto modo, eso era lo mejor.

Bajó su baúl al suelo, para poder tumbarse sobre la cama, el tiempo que le quedaba antes de bajar a cenar, estaba cansada, había sido un día largo, al que se había aferrado, creando la ilusión de que no iba a terminar, y había hecho imposibles por no separarse de Draco, huyendo ambos a escondidas, mientras ella luchaba por no arruinar el momento mencionando a Astoria y sus infantiles temores, dejando que él demostrarse, sin saberlo, que esa mujer mentía.

Unos nudillos llamaron a la puerta, y la puerta se abrió sin esperar respuesta.

-¿Has hecho la maleta, pelirroja?-Scorpius sonreía ampliamente y ella únicamente asintió, curiosa por la visita de su amigo- ¿Ansiosa por volver?

La chica se incorporó y dejó que el joven Malfoy se sentase junto a ella, con fingida indiferencia que él tuvo que notar, ambos conscientes de que era una sensación incómoda.

-¿Quién quiere volver a la escuela, Hyperión?-Replicó ella, divertida.

-Nadie salvo tú, te encanta Hogwarts-Esgrimió con el mismo gesto incrédulo de siempre, como si fuese algo imposible.

Ella hizo un mohín que provocó las carcajadas de Scorpius, el joven Malfoy apoyó un pie sobre el baúl de su amiga, adornado con el emblema de Hogwarts y el flamante león de Gryffindor.

-Echaré de menos esto-Ella lo dijo en voz alta y se mordió el labio inferior, entre arrepentida y aliviada, pero Scorpius sólo rió.

-¿Qué exactamente añorarás?-Inquirió-¿El desprecio de mi madre, la frialdad de mi padre o mis estupideces?

-Nada de eso, es… -Rose miró al chico y esbozó una sonrisa satisfecha, sólo para tranquilizarlo- ¿Podemos olvidarlo, Hyperión? Eres mi mejor amigo, nada puede contra eso, no me gustaría perderte por ser una…

Scorpius sonrió con tristeza antes de asentir con la cabeza.

-Calla-Exigió, cortando el discurso de la pelirroja-, no hace falta, Rosie, sé que tienes razón y olvidarlo y ser amigos es la mejor de las opciones, sobretodo sabiendo que no puedo competir con quién sea que te arranca esos suspiros.

El chico recurría al humor, era lo último que le quedaba, y su tonta estupidez no podía costarle a Rose, Hogwartas no podría ser lo mismo si ellos dos no estaban juntos y organizaban travesuras con Albus, y Scorpius apreciaba eso por encima de todo, y esperaba en silencio poder ayudar a Rose, si las cosas con el chico misterioso iban mal al final.

Rose se sonrojó, a pesar de seguir incómoda, dejó escapar una risita ahogada y los ojos del muchacho brillaron al verla reír con él de nuevo.

-¿Amigos pues, Weasley?-Preguntó, abriendo los brazos para abrazar a la chica.

-Amigos, Malfoy-Aceptó ella, aliviada del todo y aceptando el gesto de Scorpius, sin poder evitar reír.

Rieron juntos durante un tiempo, Scorpius tuvo que enfrentarse al pequeño hurón de su amiga, que trataba de morder al joven cada vez que él se acercaba y Rose reía divertida ante tan extraña escena, la chica olvido de nuevo que iba a regresar a Hogwarts y que, tal vez, todo lo que había vivido era una farsa.

Ese pensamiento era como un virus, ella no quería tenerlo, quería alejarlo de ella, pues no era más que algo negativo y destructivo, falso, pero no podía, se apoderaba de ella, era más fuerte y sólo cuando Draco la tocaba y sonreía con ese gesto ladeado y la expresión en sus ojos se suavizaba, sólo entonces, Rose se sentía calmada, era su cura.

-Deberíamos bajar a cenar-Comentó Scorpius, poniéndose en pie y alejándose del hurón lo máximo que pudo.

La pelirroja asintió y ambos salieron juntos de la habitación de la chica, con sendas sonrisas en los labios e idénticas miradas serenas. Kossy se desapareció y se apareció junto a Draco que reposaba en su silenciosa biblioteca con un libro entre sus manos y acomodado en un sillón orejero tapizado con fina tela negra.

-Amo Draco-Lo llamó el elfo, temblando de antemano y preocupado por la posible reacción del hombre-, la cena está servida, la señorita Weasley y el amo Scorpius ya han bajado al comedor.

El hombre dejó su libro y miró al pequeño ser con indescifrable expresión, Kossy entrecerró los ojos, temiendo la pregunta que se avecinaba.

-¿Algo importante?-Preguntó, con la vista fija en la estantería de libros que había frente a él.

-No señor Draco-Repuso el elfo-, la señora Astoria no ha vuelto a pedir nada a Kossy-Contestó, apretando los ojos con fuerza, con todo su diminuto cuerpo en tensión-, la señora Astoria no sabe que el señor Scorpius estaba hablando con la señorita Weasley.

Los dedos de Draco repiqueteaban sobre el sillón, respiró con profundidad, las sospechas de Astoria habían crecido, ella le evitaba, él lo intuía y ninguno de los dos decía nada, si su esposa pensaba en Scorpius, tal vez, él y Rose podían salir del paso, a fin de cuentas, cuando el Sol despuntase el día siguiente, él sólo podría echarla de menos y tener fe en que ella continuase amándole del mismo modo en que siempre lo había hecho.

Se puso en pie, mirando a Kossy, que seguía con los ojos cerrados y los puños apretados, Draco se acercó al pequeño ser, con una sonrisa tranquila.

-Dile a Astoria que has visto a Rose y Scorpius-Señaló con un dedo al joven-, y Kossy, no es necesario que mientas, si Astoria te ha pedido que la espíes, recuerda que perteneces a los Malfoy y no a los Greengrass, ¿Entendido?

El elfo asintió, asustado y miró a su amo con una interrogación en sus ojos oscuros.

-¿Desea el amo Draco que le informe de lo que hace la señora?-Preguntó, esperando la respuesta afirmativa de Draco que no se hizo esperar-Confíe en Kossy, señor Draco, Kossy le ayudará a usted y a la señorita Weasley.

Draco dejó ver su desconcierto durante un instante y después salió de la estancia, encaminándose al salón donde la irónica última cena le esperaba, cuando entró, su hijo y Rose reían sentados a la mesa, uno frente al otro, a ambos lados de la cabecera, que él ocupó sin decir nada.

Él y Rose se saludaron con un discreto gesto y enigmáticas sonrisas, para después seguir ambos con sus propios asuntos, Draco inmerso en sus quebraderos de cabeza, Rose charlando animadamente con Scorpius, hasta que Astoria se dignó a bajar y los elfos sirvieron la cena de forma solícita.

La mujer se deleitaba lanzando miradas aceradas a la pequeña Weasley, que miraba el plato con fijeza y se concentraba en las palabras de Scorpius, miraba a Draco, de un modo comprensivo y sonreía con suavidad, quitando importancia al paripé de su marido, sin evitar la fingida pena que asqueaba tanto a Rose.

Llegados al postre nadie hablaba, la pesadumbre era palpable, Draco observaba el comportamiento alarmante de su esposa y el gesto temeroso de Rose, y un escalofrío recorrió su columna.

-Necesito hablar contigo-Susurró a Rose, cuando ella se inclinó sobre la mesa para alcanzar un pedazo de pastel de limón.

Ella asintió, alarmada, por un instante su traicionera mente, creyó que era el final, que ese era el momento en que despertaba en la realidad y todo se resquebrajaba, asintió con la cabeza, con la esperanza brillando en sus ojos y, aunque no la miraba, podía sentir la sonrisa de Astoria clavada en su espalda.

-0-

Fingió estar agotada y se retiró enseguida dejando sólo a Scorpius en el salón, Draco, taciturno, se había vuelto a encerrar en su biblioteca, apegado a un libro que no leía y a un ansia que ya no podía disimular.

Había ocurrido algo durante la cena, no estaba seguro de cómo entenderlo, pero Rose estaba asustada y él sólo podía esperar no ser el responsable, aunque pocas otras posibilidades había, las conversaciones con su hijo habían vuelto a la normalidad y quería creer que Astoria no tenía el valor para hacer nada, pero Draco Malfoy ya no podía estar seguro de nada.

Miró el reloj de pared, marcaba las once y lo consideró seguro para salir al pasillo en penumbra. Avanzaba en silencio, auspiciado por la penumbra y el frío de la noche, caminaba como un autómata, el camino lo tenía gravado en el cerebro, ahora ocupado en preguntarse si aquello era una buena idea.

No le hizo falta llamar, pues su puerta se abrió sin emitir sonido alguno y Rose Weasley, que le esperaba, se hizo a un lado para hacerle pasar, sus ojos marrones evitaban los de él y Draco se alarmó de repente, temiendo aquello que impedía que Rose le mirase.

Cerró la puerta tras él, y con dos agiles movimientos de varita, silencio la estancia y selló la puerta.

-¿Qué pasa?-Preguntó ella, dejando que él se sentase en la silla que había frente al escritorio, todavía con la vista fija en el suelo.

-Debería preguntar yo-Su voz fue involuntariamente dura y ella alzó la vista, sorprendiendo a Draco con aquella mirada llena de temor-. Rose, cuéntamelo, ¿Qué pasa?

La muchacha parpadeó, sin apartar la vista del hombre y avanzando hasta él un par de trémulos pasos.

-Se sincero, por favor-Suplicó, acercándose dos pasos más, convenciéndose de no apartar la vista, pero podía sentir los nerviosos gestos de Draco- ¿Seguiremos juntos cuando yo me vaya mañana?

El hombre abrió la boca, apenas fue capaz de decir nada, y sin comprender, atinó a ponerse en pie, cuando Rose se arrojó a sus bazos, luchando por no derramar lágrimas innecesarias y hundiendo la cabeza en el reconfortante pecho de él, que la envolvió entre sus brazos, con un brillo inseguro en su mirada que ella, por fortuna, no vio.

-¿Qué nos lo impide?-Preguntó con ironía, obligándola a mirarle a los ojos, de nuevo con seguridad, ella sonrió, serena, a pesar de comprender que él evitaba su pregunta.

Se mordió el labio inferior, sin dejar de mirarlo, hipnotizada por el modo en que esos ojos fríos se derretían cuando la miraba y esa sonrisa luminosa acudía a sus labios, Rose asintió con la cabeza y atesoró esa imagen antes de desvanecerla.

-Astoria lo sabe-Confesó, bajando la mirada para no ver la reacción de Draco-, nos vio… ella…

-¿Te hizo algo?-Draco la soltó, la furia brillaba en sus ojos y empezó a recorrer la estancia, frenéticamente- ¿Te dijo algo?

Rose dudó, podía verlo enfadado, podía intuir como la ira corría por su cuerpo, al tiempo que sus músculos se contraían y todo ese miedo que vio en sus ojos, no supo a que atribuirlo, pero la mirada de Draco, insistente la presionaba y tomó aire nerviosamente antes de ser capaz de decir algo.

-Ella me advirtió-Titubeó, pero la inquisitiva mirada de Draco se acentuó, de pie en el otro extremo de la sala-, me dijo que ya estaba acostumbrada, y que, por más ilusiones que quisiera hacerme, sólo era una más y que siempre volvías con ella.

Acabó con un hilo de voz, y Draco palideció notablemente, apartando la espalda de la pared y avanzando hacia la puerta a grandes zancadas.

-Espera-Rose lo tomó del brazo, obligándolo a parar, Draco se detuvo y se relajó por el contacto, pero en ese instante odió a Astoria más que nunca en su vida-, ¿Es verdad?

El hombre rubio la miró, sus centelleantes ojos suavizaron la expresión y comprendió lo estúpido que había sido y lo retorcida que podía ser Astoria.

-¡Claro que no!-Bramo, sobresaltando a la chica que dio un respingo y retrocedió un paso, soltando el brazo de él-, Rose-Su tono volvió a ser suave y la miró a los ojos, con incontestable determinación, rezando por que ella no hubiese creído las palabras de Astoria-, no es verdad, no sé qué te ha dicho Astoria, pero no es verdad. No voy a dejarte, Rose. ¡Escúchame!-La tomó de los hombros, con suavidad para que le mirara a los ojos- No pasará nada, pero confía en mí.

Rose asintió, y la duda abandonó sus ojos marrones, las manos de Draco, aferradas con fuerza a los hombros de Rose, se relajaron y la abrazó en un impulso, estrechándola contra él, pensando que así la retendría más tiempo, arañando el tiempo a duras penas.

-Lo siento-Draco se estremeció cuando el aliento de Rose chocó contra su cuello-, confió en ti, lo siento.

Las manos de Draco acariciaban el cabello de Rose, y su mente se serenó, olvidando que quería matar a Astoria, al tiempo que trataba de averiguar que pretendía su esposa.

-¿Qué vamos a hacer ahora?-Preguntó la chica, alzando la vista del hombro de Draco.

-Ella no dirá nada-Aseguró, con una sonrisa de obvio conocimiento. Astoria era una serpiente, una egoísta y rastrera serpiente, entenderla era sencillo y Draco, porque era como ella, podía comprenderla, nada haría si nada ganaba con ello y no ganaba nada si proclamaba el idilio de su marido-, si lo hace público pierde, pretende otra cosa, pero no que se sepa.

Si supuestamente lo decía para calmarla no daba mucho resultado, pero asintió con la cabeza, y esbozó una desvaída sonrisa.

-Pero podría decirlo a mis padres y entonces… los dos estamos muertos.

Draco no pudo contener una risilla, apenas audible en la quietud de la habitación y sonrió de un modo seguro a Rose, antes de soltarla con delicadeza y sentarse sobre la cama, mirando a la nada y pensando con rapidez.

-Tus padres no se van a enterar-Aseguró, con un gesto decidido-, no te preocupes Rose, Astoria no hará nada, sus intrigas no suelen ser algo brillante, no sé que pretende, pero no lo voy a permitir.

Ella asintió con la cabeza, acercándose a la cama y ocupando un lugar junto al hombre, que volvió a rodearla con sus brazos, con una sonrisa resuelta y una preocupación apremiante que reprimía con ímpetu.

-¿Me enviarás lechuzas?-Rose habló, tras escasos minutos de silencio, hasta que Draco asintió, poniéndose en pie, no sin besar a la chica antes, por si era la última vez que podía hacerlo.

-Buenas noches, Rose-Avanzó hasta la puerta, con lentamente, retrasando la separación lo máximo posible, sin dejar de mirar el pequeño cuerpo de la chica mirándolo, algo brillaba en sus ojos brillantes y ella se debatía por dejarlo a salir.

-Espera-Suplicó, cuando él todavía no había alcanzado el pomo de la puerta, y no pudo evitar sonreír cuando detuvo sus pasos y alzó una ceja, con curiosidad-, quédate conmigo esta noche, por favor.

Draco apartó la mirada de Rose, su cerebro le aconsejaba en contra, sus piernas avanzaban solas y asintió con la cabeza, sin consciencia de haberlo hecho.

Rose sonrió, cuando Draco se arrodillo frente a ella, gesto imposible en un Malfoy, sus ojos brillaban en la oscuridad, la luna entraba por la ventana y el rostro de Rose Weasley brillaba, sus mejillas sonrojadas resplandecían y Draco fue muy lento mientras se acercaba, sin valor para parpadear y podía notar como ella se tensaba, estremecida, cuando sus labios se encontraban al fin.

Su cerebro le aconsejaba en contra, pero no dijo nada cuando se separó de ella para volverla a besar de nuevo, no la advirtió del error que cometía al pedirle algo así, por más que su consciencia le obligase a hacerlo.

Sólo había aquella ansia incontrolable, por más que su cerebro le aconsejase en contra, dejó que sus manos se perdieran por el cuerpo de la chica, atrapó sus labios, obnubilado por sus suspiros y, por más que su inconsciencia le aconsejase en contra, habló:

-Rose, yo no debería…

No se separó de ella, sus alientos todavía se mezclaban y podía sentir el corazón acelerado de la joven, y la mirada temerosa en su rostro.

Sólo le besó, rogando porque así se aplacase la duda de Draco, su cerebro le aconsejaba en contra, pero él ya no podía escuchar, Rose era más fuerte, el silencio era más fuerte, Draco se dejó arrastrar, la siguió cuando ella se tendió en la cama, su rojo cabello, largo y ondulado, desparramado sobre la cama, como una cascada de fuego, era una invitación más, algo a lo que Draco no sabía resistirse.

Se acercó a ella con infinita delicadeza, los expectantes ojos de ella le atraían de forma incontrolable, hasta que apenas la rozó, sus labios acariciaron los de ella, con tanta suavidad que apenas creyó que la tocaba, dejando volar sus manos de nuevo, con ardiente delicadeza, sin atreverse a separar sus labios de los de ella, incapaz de esperar para que sus labios recorriesen la pálida y suave piel de ella, que se aferraba con fuerza a su cuerpo, que suspiraba su nombre, con aquella dulzura imposible, como jamás nadie lo había pronunciado, y él, frío y distante, apenas parecía ser el mismo, sus ojos brillaban cuando la miraba, sonrojada bajo su cuerpo, con aquella sonrisa tímida, su mirada confirmaba lo que sucedía y en silencio, sin pronunciar palabras innecesarias, pedía más.

Rose flotaba, las manos de Draco trazaban dibujos imaginarios sobre su vientre desnudo, como ella había soñado que él hacía, como se había atrevido a pensar cuando lo vio sentado en la fuente, jugando con el agua, cuando la besó por primera vez, las yemas de sus dedos recorrían su piel, escribían letras sin sentido, líneas intangibles, subían y bajaban con cuidado, hipnotizado de algún modo extraño y ella sólo podía sentir escalofríos, ramalazos de placer que transmitían esas manos maduras que entrelazaron las suyas, transmitían seguridad, pero tampoco había duda en los ojos de la joven Weasley cuando sus piernas atraparon las caderas de Draco y apretaba sus manos, buscando con desesperación sus labios y el rubio la besaba, movía su cuerpo con lentitud, con aquella necesidad de cuidar de ella, cuando la escuchaba gemir contra su boca y apenas podía contenerse él.

El frío y distante Draco Malfoy, conoció el amor gracias a Rose Weasley, se perdonó, olvidó que una vez escogió el bando equivocado, que, egoísta, vivía por sí mismo y los demás eran insignificantes, él, Draco Malfoy, se sentía insignificante ahora, vivía ese momento por ella, su vida, su propio placer, se reducían a ella, y se sentía pequeño, porque sabía que ella lo hacía por él y, rendido, lo agradecía con cada beso, cada caricia, cada suspiro que escaba de los labios de la joven.

Rose tenía lo que había anhelado siempre, lo que se le negaba como algo prohibido e imposible, Draco la amaba, se tenían el uno al otro, no había otra cosa, no importaba nada más, se miraban a los ojos, miles de emociones en una mirada, la duda ya no existía para Rose, sus manos entrelazadas, contraídas en torno la de otro, sin apartar la vista, Rose pudo gemir una última vez, su nombre, Draco buscó el oído de ella, porque tenía que decirlo, porque ese era el momento, porque mientras su cuerpo se relajaba y sus brazos la abrazaban, era lo único que podía decir.

-Te quiero, Rose-Apenas fue un susurro, un gesto quedo que estremeció a la chica, la felicidad brillaba en sus ojos y buscó los de él, encontró esa sonrisa en sus labios, esa que, como ya no había dudas, era para ella, porque de verdad la amaba y por fin había encontrado el valor para decirlo y la besó otra vez, acunándola hasta verla dormir, entre sus brazos.

-0-

Aquel abrazo amenazaba con romperla en dos, sólo hacía fuerza para lograr respirar mientras correspondía el gesto de su padre, Ron fulminaba con odio a la familia de rubios que se mantenía a prudencial distancia.

Hermione Granger también abrazó a su hija, con aquel fulgor orgulloso que adornaba sus ojos y se limitó a preguntar si lo había pasado bien, Rose sólo podía asentir con efusividad y recuerdos de la noche anterior se repetían en su cabeza, provocando un sonrojo inexplicable en sus mejillas.

El expresó de Hogwarts empezó a emitir ese vapor blanco que anunciaba la partida del tren y los Potter, de la nada, aparecieron entonces, a toda prisa se abrían camino entras las familias, y cuando vio asomar a tío Harry, sólo fue capaz de sentir un escalofrío, adivinando la expresión de Lily antes de verla, su prima, un año menor, se lanzó a abrazarla, y cuando ella pudo corresponder el gesto Lily, con malicia, replicó:

-Ya te lo dije-Rose se indignó por la malvada sonrisita de su prima que auguraba una larga discusión posterior y el pitido del tren, sólo permitió un rápido saludo al resto de su numerosa familia, cuando Albus corrió junto a Scorpius y Rose corrió a recuperar su baúl, custodiado por los Malfoy.

-Gracias por invitarme, lo pasé muy bien-Se despidió, tendiendo la mano a Astoria, que hizo un mohín y rechazó el apretón-. Gracias señor Malfoy.

Sonaba tan ridículo, tan gravemente ofensivo que el gesto desconcertado fue igual en ambos, pero sólo estrecho su mano, con esa sonrisa, y esa descarga eléctrica que recorría sus cuerpos cada vez que se tocaban y Draco sólo la retuvo durante un segundo más de lo necesario, reticente a verla alejarse con sus amigos, con un vívido recuerdo y una promesa de futuro.

Rose apenas le lanzó una última mirada luminosa, con un fondo melancólico, antes de perderse de vista y él tomó aire, mirando a Astoria con indiferencia, apenas había desaparecido y podía decir que la añoraba, y que estaba destinado a hacerlo, pero no pensaba dejarla ir, en Junio, no pensaba perderla entonces.

Su esposa salió de la estación y Draco se limitó a seguirla, sus ojos fijos en el suelo, derrotado por el cisma que había sido Rose Weasley en su vida, fuente de alegrías y desdichas a partes iguales, en una sola persona, todas las emociones posibles.

Se tomaron de la mano, con asqueada aprensión y los ojos de Astoria llamearon, Draco frunció el ceño, y la miró con ese odio imposible de contener.

-Ya se ha ido, ahora vas a explicarme que quieres-Advirtió, cansado y cuando ella sonrió con maldad, giró sobre sus talones, con destino a su vacía y fría casa, triste ahora que ella ya no estaba allí.

Holaaaa!

Quise actualizar ayer, pero eran las cuatro de la mañana y no había terminado, me caía de sueño, pero espero que el cap compense

Nos vemos en los comentarios… espero que os guste, ya sabeis que hize lo que pude

Besos

Aivlis Malfoy.